ESCRUTINIO
Lo que podemos aprender de Namibia[1]
Juan José Morales
Namibia es uno de esos países de los que poca gente ha oído hablar. Incluso, muchas personas ignoran hasta su existencia misma, pues es una nación muy joven: logró su independencia apenas en 1989 después de haber sido por mucho tiempo colonia alemana, luego británica y después un apéndice de Sudáfrica.
Namibia es un desierto extremo. La vegetación «”en aquellos lugares donde la hay«” se limita a arbustos y matorrales. Carece también de recursos minerales importantes. Pero el gobierno ha sabido aprovechar los atractivos del país para desarrollar el turismo y actualmente recibe un millón de visitantes por año.
Situado en el suroeste de Ãfrica al sur de Angola, frente al océano Atlántico, cubre 825 mil kilómetros cuadrados y es un gran desierto famoso por su litoral, conocido como Costa de los Esqueletos por los numerosos restos de ballenas encalladas y de buques que ahí naufragaron.
Pero si poco se sabe de Namibia, mucho hay que aprender de ese joven país, que pese a lo inhóspito de su territorio y la falta de recursos naturales «”salvo algunos yacimientos mineros»” ha sabido lograr un notable grado de desarrollo mediante el inteligente aprovechamiento de su paisaje y su fauna con fines turísticos. Pero, sobre todo, ha logrado que ese desarrollo se traduzca en bienestar para su población y no sólo en ganancias para unos pocos empresarios.
De acuerdo con un reportaje publicado en el diario español El País el pasado 9 de julio, «este país de 2,4 millones de personas ha logrado enormes avances en 25 años»¦ A pesar de que los precios de las materias primas han estado cayendo, ha logrado mantener un fuerte crecimiento del producto interno bruto «”se estima un 4,5% en el año 2015″” tras un crecimiento promedio de casi el 4,2% a partir del año 1991 hasta 2014.» Pero sobre todo, como decíamos, la población ha sido beneficiada.
El reportaje agrega que «La tasa de pobreza ha caído a la mitad, del 69% en 1993 a menos del 30%; además, la pobreza extrema (el número de personas que viven con menos de 1.90 dólares al día) disminuyó en un nivel similar, desde casi el 53% a menos del 23%.»
Ha habido sustanciales avances en materia de educación y salud pública «”los casos de paludismo, por ejemplo, disminuyeron 97% en diez años»” y la atención médica, si bien no es gratuita, tiene un costo muy bajo, a tal grado que muchos habitantes de la vecina Angola viajan a Namibia para consultas médicas y hospitalización.
Desde luego, hay problemas, como una elevada tasa de desempleo y gran número de casos de sida. Pero en términos generales, el progreso es manifiesto.
Antes de seguir adelante, conviene subrayar que el reportaje en el cual se da cuenta de los impresionantes progresos de Namibia en materia económica y de verdadera justicia social, fue realizado por dos personas que en verdad saben de estas cosas: Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía, en colaboración con Anya Schiffrin, directora del programa de comunicación y medios de la universidad norteamericana de Columbia.
Desde luego, cabe preguntarse cuál ha sido la clave para que en tan corto tiempo lograra tan importantes avances un país tan pobre, que arrastraba además el lastre de su pasado colonial y de su larga lucha por la independencia y contra la política de segregación racial impuesta por el gobierno sudafricano. La respuesta quizá quede suficientemente clara en este párrafo del reportaje:
«El país también cuenta con calificaciones entre las más altas de Ãfrica en el índice de percepción de la corrupción (IPC) que prepara Transparencia Internacional.»
Ahí está la clave: si se quiere progreso y auténtico desarrollo, hay que eliminar la corrupción.
[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 20 de julio de 2016