IMPACTO AMBIENTAL
Un preocupante caso de rabia en Cancún[1]
Juan José Morales
Todo médico sabe que si una persona está expuesta al contagio con el virus de la rabia «”o hidrofobia, como también se le llama»”, debe recibir tratamiento especializado de inmediato, pues una vez que aparecen los síntomas de la enfermedad «”a veces muchas semanas o meses después de la infección»”, es casi inevitable la muerte del paciente.
Por eso no puedo menos que sentir preocupación por la denuncia que he recibido de Flor Tapia Pastrana, colega periodista y activista por los derechos de los animales respecto al caso de un perro con diagnóstico de rabia cuyo cadáver fue turnado al Centro de Atención Canina (CAC) de Cancún pero que no fue tratado adecuadamente.
En un escrito que entregó el pasado viernes en la secretaría general del ayuntamiento de esa ciudad «”después de haber esperado inútilmente durante dos horas sin ser recibida por el secretario, Víctor Olvera Cen, para exponerle este grave asunto»”, señala nuestra compañera que el CAC recibió hace 15 días el cadáver de un perro con diagnóstico de rabia. Conforme a los protocolos establecidos para estos casos, un profesionista debidamente capacitado debió cortar la cabeza del animal y extraer el encéfalo para examinarlo y confirmar el diagnóstico. Sin embargo, no se siguieron tales normas. La veterinaria del establecimiento rehusó encargarse de ello y se obligó a hacerlo a un trabajador, que obviamente no tiene la preparación necesaria, «rompiendo con esto todas las normas y protocolos médicos de protección y salud». Todo ello, añade el documento, «con pleno conocimiento de la directora del CAC».
Un caso de rabia, detectado en un perro casero y bien cuidado, demanda la intervención de las autoridades para prevenir un brote de tan peligrosa enfermedad entre los cada vez más numerosos canes callejeros que abundan en la ciudad.
«Como resultado «”continúa el escrito»”, no sólo el trabajador está bajo el enorme riesgo de contraer la enfermedad, sino que se han negado a brindarle el respaldo médico adecuado».
Añade nuestra colega que «esto es del conocimiento absoluto de la Jurisdicción Sanitaria N° 2, que es la que recibió el encéfalo y lo envió a Chetumal para confirmación de diagnóstico», el cual resultó positivo.
Ciertamente, este es un asunto muy preocupante, que amerita la atención de las autoridades. El perro en cuestión «”hay que recalcarlo»” no era un animal callejero sino doméstico, bien cuidado y atendido, propiedad de una familia que habita una zona de clase media alta de la ciudad (los miembros de la familia, dicho sea de paso, al ver la despreocupación de las autoridades ante el caso optaron por viajar a la
ciudad de México para ser atendidos médicamente). Es necesario esclarecer, entonces, cómo ese perro contrajo la rabia y si se trata de un caso aislado o de un brote que exija control inmediato.
A este respecto, hay que señalar que desde hace bastante tiempo, en la administración del actual presidente municipal de Cancún, Paul Carrillo, prácticamente se han dejado de realizar campañas de vacunación antirrábica, lo cual aumenta los riesgos de un brote. Hay que evitar, sin embargo, medidas precipitadas e ineficaces como la captura y exterminio masivo de perros callejeros.
Y, desde luego, antes que nada y muy especialmente, hay que brindar atención médica urgente y completa al trabajador que fue expuesto al contagio.
Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx
[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 11 de julio de 2016