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El Monstruo del Loch Ness. Los primos de Nessie (1)

EL MONSTRUO DEL LOCH NESS. LOS PRIMOS DE NESSIE (1)

El primer zoólogo que defendió públicamente la existencia de la ser­piente de mar[1] fue el profesor Antoon C. Oudemans, director del Jardín Zoológico de Holanda y miembro de la Real Sociedad Holandesa de Zoología. Publi­có en 1892 un libro de 592 páginas[2], que comprende 200 informes de mari­nos que han afirmado haber visto el extraño animal.

Otro autor, esta vez inglés, que le dedicó un libro a la serpiente ma­rina fue el coronel Rupert T. Gould[3], que después se haría famoso por ser uno de los primeros investigadores del Loch Ness y su monstruo.

Este monstruo, Nessie, se ha convertido en la más famosa «serpiente marina» de nuestros días, o por lo menos a la que se le han dedicado más ensayos.

Si hacemos caso a las consejas populares resulta que el Loch Ness no es el único lago con «monstruos». Abundan en todo el mundo, aunque para encontrarlos ni siquiera es necesario alejarse de Escocia. Dentro de la misma Gran Glen (falla que dio origen al lago Ness) se encuentran otros lagos, como el Lochy y el Linneh, los cuales poseen amplios historiales sobre sus propios monstruos.

Además de Escocia, en Irlanda, Noruega, Suecia, Suiza, Finlandia, Rusia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Argentina, Chile, China, Perú, Indonesia, Japón, México y los países africanos ribereños del lago Victoria cuentan con monstruos parecidos a Nessie. Esta es la historia de estos «primos» de Nessie.

EL REINO UNIDO

Un poco más al norte del Loch Ness, casi unidos al mar, están el Loch Shiel y el Loch Morar, ambos muy semejantes al primero. Son lagos de gran longitud, angostos, profundos y con aguas oscurecidas por la turba. Se dice que cada uno de estos lagos tiene su propio monstruo: «Seilag» o el mons­truo del Loch Shiel, y «Morag» o el monstruo del Loch Morar.

Morag es con mucho más famoso que Seilag. En su libro «Cuentos y leyendas de Escocia», Barbara Kerr Wilson nos habla de un Kelpie o caballo del agua y de una hermosa doncella. En esa narración, Morag no es el Kelpie si­no la hermosa hija de un campesino llamado Donald McGregor.

Se cuenta que McGregor había construido una cabaña junto al solitario loch, para pasar el verano y cuidar de cerca a su rebaño. Pero «un terrible monstruo residía en las profundidades del lago y cometía depredaciones en las colinas circundantes: era un Kelpie, y ningún hombre podría describir el aspecto del monstruo, porque de todos aquellos que habían esperado a ver algo más que una fugaz vislumbre cuando la terrible criatura surgía de las aguas negras del loch, no había quedado nadie vivo para contarlo…»

McGregor había llevado consigo a su hija, que cuidaba de la cabaña mientras él no estaba. Un día, Morag recibió la visita de un joven extraño pero hermoso. Era el «caballo del agua» que podía adoptar cualquier forma a voluntad «porque disponía, de una magia maligna». Su forma normal era «negra y enorme, y dos agudos cuernos satánicos sobresalían de su monstruosa cabe­za».

A pesar de ser verano, Morag advirtió que el joven tenía las ropas em­papadas. Le preguntó por qué era eso, y él le contestó que había dado un mal paso y caído al agua.

Morag le ofreció ropa seca e intentó peinar su negra cabellera. Al pa­sarle el peine advirtió enormes trozos de algas en los cabellos del joven.

Inmediatamente se dio cuenta del peligro que corría. Echó a correr gritando en busca de su padre. El kelpie la siguió intentando atraparla, pero ella saltó por encima de un arroyo que corría junto a la cabaña con lo cual bur­ló a su perseguidor, porque (como todo mundo sabe en Escocia) en caballo del agua no puede cruzar sobre agua que corre.

Elizabeth Montgomery Campbell y David Salomon han investigado más profundamente las andanzas de Morag (el monstruo). Fruto de esas investigacio­nes es un libro[4] del cual Elizabeth escribió diez capítulos y David tres. Entre los dos escribieron el capítulo final.

Para estos autores el encuentro más impresionante ocurrió en 1969, du­rante la noche del 16 de agosto. Esa noche, Duncan McDonnell y William Simpson regresaban de una excursión de pesca por el lago, cuando de improviso su lancha chocó pesadamente contra un enorme objeto oscuro y semisumergido. Apenas repuestos del impacto, se percataron de que el inmenso objeto ¡esta­ba vivo! Simpson golpeó la enorme mole con uno de los remos que se partió en sus manos. El animal, que medía unos diez metros de largo y era «feo, muy feo», reaccionó ante esto sacando la cabeza fuera del agua y dejando al descubierto su cuello firme y vigoroso. Sumamente alarmado, Simpson decidió utilizar el rifle que habían llevado consigo, aunque le fue imposible hacer blanco, pues la bestia ya se había sumergido.

Los reportes sobre Morag van desde 1895 hasta 1971. En octubre de este año un equipo de 25 biólogos de la Universidad de Londres estuvo investigando en las aguas del lago. Dos universitarios dijeron haber visto la estela dejada por el monstruo.

Otros testigos afirman que Morag tiene una cabeza como de serpiente y varias jorobas[5].

Adrian Shine del FRGS, fundó The Loch Ness and Morar Project. En su primera expedición realizó un búsqueda con un barco con fondo de vidrio, de nombre Pequod, cerca de la costa en busca de restos y un mini sumergible llamado Machan (Indio para «Oculto») se bajó al límite de visibilidad y se uso para mirar hacia arriba con la esperanza de ver o fotografiar la silueta de un gran depredador que pudiera estar presente.

Desde el primer día el señor Shine consiguió atraer a las universidades a colaborar con el proyecto y se inició un estudio la biología de los lagos.

Desde esos primeros días, el Proyecto siguió dos caminos. Uno de ellos era la «caza del monstruo», y el otro era el estudio de los lagos como los entornos.

El estudio del medio ambiente está en marcha, pero la «caza del monstruo» realmente ha concluido en la opinión del Proyecto. El agua clara de Morar no trajo resultados.

OTROS LAGOS

Otta F. Swire nos informa, en su libro «Las tierras altas y sus leyen­das»[6], que los caballos del agua aparecen en diferentes formas y colores, y en distintos lugares. Por ejemplo, en el río Spey hay un caballo de agua de color amarillo, que originalmente sólo raptaba muchachas pero después le dio por las parejas casadas.

Otros lugares con kelpies son: el Loch Pityoulish habitado por un caballo del agua del tamaño de un pony y que sólo se lleva a los niños que se portan mal con sus padres. Se dice que, en una ocasión, se llevó sobre el lomo a nueve niños juntos.

El Loch Oich, al oeste del Ness, es un lago chico y pantanoso conecta­do con el Loch Ness a través del río Oich. En el nombre («El lugar del te­rror») lleva la fama. Lo habita un caballo del agua que le gusta perseguir ciervos y ovejas a los que arrastra al loch para sentarse en sus cabezas hasta que mueren ahogados.

En el Loch Shin vive un caballo del agua dorado, como se dice que han sido siempre los caballos del agua en el norte y el este de Escocia, en tanto que en el oeste son más comunes los caballos del agua de color negro.

En el diminuto Loch Borralan el caballo del agua es un ser tan hermoso y tan ricamente enjaezado, que los pescadores quedan confundidos admirando su belleza.

También se ha informado de la presencia de monstruos en el Loch Linnhe, de aguas saladas. Lo cual delata a las claras el mito del monstruo. Los animales no viven, en general en agua dulce y salada.

El misterioso monstruo de Falmouth que habita el río Helford, en Cor­nualles, mide entre 10 y 25 metros y se parece mucho al monstruo del Loch Ness: tiene un largo cuello y una cabeza pequeña.

A finales del siglo veinte se informó que jóvenes y hermosas brujas se bañaron desnudas para incitar a uno de estos monstruos a abandonar su guarida. Las jó­venes brujas, miembros de una sociedad de hechicería, estaban persuadidas que el misterioso monstruo de Falmouth seria sensible a sus encantos y res­pondería al llamado. Al parecer al monstruo le interesaron más las hembras de su propia especie pues, olímpicamente, desdeñó los encantos de las bru­jas[7].

En junio de 1968 el Evening Herald de Dublín anunció que el adole­scente Gay Dever corría en bicicleta por la orilla del lago Glendarry, en Achill Island (condado de Mayo), cuando vio una criatura monstruosa que sa­lía andando fuera del agua y desaparecía dentro del bosque.

«Tenía unos doce pies de largo -dijo Dever-, era mucho mayor que un caballo, y de color oscuro. Se movía a saltos, al estilo de un canguro. Tenía la cabeza larga, como una oveja y el cuello y la cola largos. Las patas traseras eran mayores que las delanteras».

Otros lagos irlandeses que cuentan con monstruos son el Pooka y el Piast.

Todo hace suponer que los kelpies son un bello mito inventado para mantener bajo control a los niños hiperkinéticos.

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[1] Anónimo, El misterio de la serpiente de mar, Tema, (3), 14-23, 15 de julio de 1976.

[2] Oudemans C. Antoon, The great sea serpent, E. J. Brill Lonzac, London, 1892.

[3] Gould T. Rupert, The case of the sea serpent, Geoffrey Bles, London, 1930.

[4] Montgomery Campbell Elizabeth & Salomon David, The search of Morag, Walker and Company, London, 1973.

[5] Dinsdale Tim, Project water horse, Routledge and Kegan Paul, London, 1975.

[6] Swire F. Otta, The Highlands and their Legends, Oliver & Boyd, Edinburgh, 1963.

[7] Cable de la agencia AFP, Jóvenes brujas contra un monstruo, Londres, 1 de mayo de 1976.

El Monstruo del Loch Ness. El Monstruo del Silver Lake

EL MONSTRUO DEL LOCH NESS: EL MONSTRUO DEL SILVER LAKE

EL MONSTRUO DE SILVER LAKE

Para Joe Nickell[1] se trata de una historia inventada, que incluso se la creyeron los líderes máximos de la criptozoología[2], pero es tan divertida que no podemos dejar de mencionarla.

En la noche del 13 de julio de 1855, la pesca no había sido buena. Alonso Scribner había decidido regresar al embarcadero en el Condado de Wyoming, Nueva York, cuando, repentinamente, a cierta distancia de la popa del bote en el que viajaba Scribner acompañado por tres adultos y dos muchachos, apareció un objeto largo. Al principio semejaba un leño de 30 a 40 metros de longitud, y el grupo no le prestó mucha atención; pero de pronto desapa­reció bruscamente y reapareció en otro sitio.

«Â¡Chicos -grito Scribner-, aquello se mueve!»

«Su cabeza se encontraba ahora a tres varas (aproximadamente 15 metros) de la barca -informaba Truman S. Gillett en el Wyoming County Times del 18 de julio de 1855-, y, al acercarse, las aguas se partían a uno y otro lado, como si se acerca­ra, tranquilamente, sin prisas, una embarcación».

Asustado, Scribner trató de cortar la soga del ancla, pero en su exci­tación tiró el cuchillo al agua. Tuvo que izar el ancla perdiendo algunos segundos en la operación. Este tiempo lo aprovechó el monstruo para acercarse más a la embarcación.

«La serpiente, ahora ya no había duda que eso era, se disparó en el agua a unos cuatro metros de la popa del barco, cerca del timón, la cabeza y la parte delantera del monstruo se elevó por encima de la superficie del agua…

«Todos los del bote pudieron ver perfectamente a la criatura -continuaba el reportaje del Wyoming County Times- y coinciden en representarla como un monstruo de aspecto tremendamente horrible y repulsivo. En el extremo opuesto del bote, a cosa de vara y media (casi 8 metros) hacia el nordeste, se veía por entero el otro cabo de la serpiente, azotando las aguas con la cola. Cuando la parte delantera se sumergía debajo del agua originaba unas olas tales que casi volcaban la barca y suspendían el manejo regular de los remos.

«El grupo llegó a la orilla sin novedad, aunque la mayor parte de sus componentes estaban tan llenos de miedo que casi habían perdido la cabeza.

Pronto, se informaron otros avistamientos, y la excitación se difundió.

«La noche siguiente, otro grupo de jóvenes se hallaba en el lago, cuando he aquí que oyeron un ruido como de una soga de remolque al levantarse fuera del agua. Miraron a su alrededor y vieron la forma de un arco sobre el agua, el centro del mismo sobresaliendo un poco de la superficie, pero ambos extremos escondidos a la vista».

Este informe sería de vital importancia cuando los acontecimientos llegaron a su culminación. El objeto fue descrito como de 3 a 4 metros de lon­gitud y treinta centímetros de diámetro.

Este segundo informe eliminó completamente las dudas: ¡efectivamente una serpiente de mar habitaba el hasta entonces tranquilo lago Silver.

El lago Silver se encuentra en la parte noreste del estado de Nueva York, a unos 80 ki1ómetros al sur de Buffalo. Mide 6 kilómetros de longitud por kilómetro y medio de anchura.

Como se informa en un folleto de 1880, The Silver Lake Serpent, «La gente vino a pie, en carro, a caballo, y de hecho, por cualquier medio de locomoción a su alcance, para ver si podía echar un vistazo al monstruo, y los hoteles que habían encontrado «˜un filón de bonanza»™».

La noticia del monstruo del lago Silver se extendió por toda la Unión Americana y comenzaron acudir al lugar numerosos curiosos, periodistas y cazadores. El Wyoming County Times del 25 de julio de 1855 comunicaba que «un indio de cincuenta años llamado John John dijo haber visto un monstruo «tan grande como un barril de harina»».

Pronto se formó una especie de LNPIB, la «Sociedad de Vigilancia» en la cercana ciudad de Perry, a un ki1ómetro poco más o menos del lago. Pero el monstruo parecía tener una inteligencia extraordinaria. «Atacaba» en donde menos se esperaba. El 27 de julio espantó a Charles Hall y su familia. «Todos permanecieron quietos, sentados en el bote, mirando a aquel ser. Al principio les pareció de color oscuro, pero, a medida que se alejaba, aden­trándose en el agua, era de un color más claro, de un color cobre. La cabe­za y la parte delantera sobresalían del agua una yarda, al menos, y en el lomo parecía tener una aleta tan ancha como la mano de mi padre. La cabeza tenía unas 15 o 16 pulgadas de contorno, nada menos, y el lomo era mucho más grande… lo dicho (la cabeza) era tan grande como una cabeza de terne­ra».

El redactor del Wyoming County Times escribió: «La existencia de un pez o una serpiente monstruosos en las tranquilas aguas del l ago Silver ha quedado demostrada más allá de toda duda razonable, si en verdad quedaba lugar para dudas durante la semana pasada».

Otros periódicos del estado de Nueva York aseguraron a sus lectores que el monstruo había sido «visto repentinamente durante estos treinta años últimos en el lago Si1ver».

No cabía duda, el monstruo había puesto a la ciudad de Perry en el ma­pa y «todo mundo» iba allí con la esperanza de ver a la enorme, serpiente. Perry había pasado al primer plano después de haber sido una ciudad de barro. Su nombre original había sido «Mudville» (o ciudad del barro). El mons­truo había salvado a la ciudad del desastre económico. Algunos años antes se había declarado en quiebra la compañía de diligencias entre Perry y Batavia debido al desarrollo de los ferrocarriles.

Ahora, todo volvía a sonreír en Perry. El único hotel del pueblo esta­ba lleno hasta los topes y seguían llegando más turistas. El dueño del ho­tel, Artemus B. Walker (1813-1889) había sido también el dueño de la compañía de diligencias y era uno de los miembros de la Sociedad de Vigilancia encargada de entre­vistar a los testigos. Las declaraciones eran de todo tipo. Edwin Fanning, por ejemplo, declaró el 15 de agosto lo siguiente:

«En el lugar de la boca de la ensenada y a unas 50 varas (250 metros) de donde yo estaba, una serpiente monstruosa emergió del agua, exhibiendo al menos 8 pies (2 metros) de la parte delantera de su cuerpo fuera de la superficie. Al cabo de unos segundos, desapareció; pasados unos tres minutos más volvió de nuevo a la superficie, dejando al descubierto la misma longitud, aproximadamente, que antes. Permaneció en la superficie tres minutos, al menos, revolviéndose de manera similar a como lo hace una serpiente. Tenia el cuerpo tan recio como un barril grande; y la cabeza de un pie de diámetro, aproximadamente, en su parte más ancha. Lanzaba agua por la boca hasta cuatro pies de altura, al menos, y volvía a caerle encima como el jugo de agua de un surtidor. Su longitud, pensaría yo, era al menos de un centenar de pies».

EL INCENDIO

La Sociedad de Vigilancia instaló una torre en la punta norte del lago. Se apostaron centinelas las 24 horas del día. El cazador independiente Jo­shua Jenks logró ver al monstruo pero lo cogió tan de improviso que falló por completo el disparo.

Llegaron otros muchos cazadores dispuestos a todo. La misma Sociedad de Vigilancia organizó a un grupo, The Experiment Company, para darle ca­za al monstruo. Pero éste nuevamente demostró su ingenio. Las apariciones disminuyeron y cesaron en 1856; pero las multitudes seguían acudiendo.

En 1857 un incendio destruyó el hotel de A. B. Walker, el Wolker Hou­se Hotel.

«Los bomberos se apresuraron al lugar de los hechos para apagar el fuego. Cuando llegaron al ático encontraron una extraña vista. En medio de las llamas vieron una gran serpiente verde de tela y alambre en espiral».

Lógicamente Walker no se quedó en Perry el tiempo necesario para cobrar el seguro contra incendio; partió inmediatamente para Canadá. Todo mundo lo buscaba para lincharlo.

LA SERPINETE (DE GOMA) DEL LAGO SILVER

En 1915 el periodista Frank D. Roberts, del Record de Perry, se tomó la molestia de investigar todo el asunto de la serpiente. Los hechos habían ocurrido de la siguiente manera:

«En Perry, los negocios, en el ramo de hostelería, estaban bastante dormidos, por varias razones. Se habían estudiado recursos para mejorar la situación, y al difunto A. B. Walker le corresponde el honor de concebir el proyecto de crear la Serpiente de Mar del Lago Silver. Al confiar la idea a unos cuantos amigos suyos, entre los más íntimos y dignos de confianza, halló que la aprobaban al momento y sin rodeos. De los varios planes examina­dos, el siguiente fue considerado el más práctico y el que con mayor seguridad había de triunfar. Construirían la serpiente con un cuerpo de unos 60 pies de largo, cubierto de una tela impermeable, sostenida interiormente por alambre enrollado. Había que abrir una zanja he instalar una conducción de gas desde los sótanos de una choza situada en el costado oeste del lago hasta la orilla del mismo. Un gran par de fuelles, como los usados en las herrerías, escondidos en el sótano de la choza, estarían conectados con aquel extremo del tubo, y un delgado y ligero tubo conectaría este extremo del tubo grande del lago con la serpiente. El cuerpo lo pintarían de color verde fuerte, añadiendo unos puntos amarillos brillantes para darle aspecto más repulsivo. Los ojos y la boca habían de ser de color rojo. El plan para manipular la serpiente era sencillo. La llevarían al lago y la sumergirían, y luego, cuando todo estuviera dispuesto, harían funcionar los fuelles e insuflarían aire dentro de la serpiente, con lo cual ésta, naturalmente, emergería fuera de la superficie. Además, colocarían pesos en diferentes partes del cuerpo, para asegurarse de que se hundiera en cuanto dejaran escapar aire. En la parte delantera del cuerpo atarían tres cuerdas, una extendién­dose hacia la orilla donde se encuentra actualmente la nevería; otra cruzado el lago, y otra hacia el cenagal del extremo norte; o sea que, con ayuda de estas tres cuerdas se podía mover la serpiente hacia cualquier dirección.

«El grupo de amigos pasó muchas noches construyendo el ingenio. Se di­ce que la serpiente la fabricaron en la vieja tenería Chapin, que, como se recordará, estaba situada en el barranco de salida. Al final quedó termina­da, y la llevaron al lago y la sumergieron a una profundidad de unos veinte pies. Uno de los hombres fue a la choza a mover los fuelles, y los otros se quedaron donde estaban para ver el fruto de sus fatigas. No tuvieron que esperar mucho, porque de súbito la cabeza de la serpiente apareció y se elevó graciosamente hasta una altura de unos 6 pies sobre la superficie. Otras partes del monstruo se hicieron visibles, y la construcción entera parecía tan animada de vida que hizo correr unos escalofríos por los cuerpos de sus autores. Los cuales la remolcaron de un lado para otro durante un rato para cerciorarse de si permanecía erguida y funcionaba bien en todos los aspectos. Luego se dio la señal, los fuelles dejaron de inyectar aire, y el monstruo que había de situar a Perry y el lago Silver «en el mapa» para siempre se hundió rápidamente, y pronto hubo desaparecido de la vida. El ensayo general había sido un éxito completo, mayor aún de, lo que se prometían los constructores.

«Lo que había que hacer ahora era esperar el momento favorable para «soltar al monstruo» sobre la gente. La noche del viernes 13 de julio de 1855, uno de los confabulados informó que una barca llena de gente dedicada a la pesca se encontraba cerca de donde estaba escondida la serpiente. Como se daban otras circunstancias favorables se decidió que había llegado el momento propicio para inaugurar la función. Una comedia que estaba destina­da a durar más y a poner los nervios más en tensión de lo qué ninguno de ellos hubiera soñado nunca.

«Al cabo de varias semanas de auténtica y entusiasmada excitación, de regocijo y de un tremendo aumento de las ganancias en el hotel, empezó a alborear en la mente de los implicados la idea de que las cosas se les pon­drían harto difíciles por aquella parte del país si se descubría el engaño.

En dos o tres ocasiones parecía que sólo un milagro había impedido que se descubriera, y finalmente, después de un par de veces de haber escapado por los pelos, se decidió que la serpiente de mar había cumplido sobradamente con su deber, había llenado el objetivo para el cual fue construida y ahora tenía que desaparecer definitivamente. En consecuencia, la sacaron del lago y la guardaron en el sótano del hotel.

Pasado el tiempo ya calmados los ánimos, Walker regresó a Perry y fue recibido como un héroe; después de todo, había logrado aumentar los ingre­sos de los lugareños.

John A. Keel que rescató este relato de las páginas de los periódicos del siglo pasado dice que actualmente, cada año, la Cámara de Comercio de Perry orga­niza un Festival de la Serpiente de Mar[3].

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[1] Nickell Joe, The Silver Lake Serpent. Inflated Monster or Inflated Tale?,

[2] Mackal P. Roy, Searching for Hidden Animals. An Inquiry into Zoological Mysteries, Doubleday, New York, 1980, Pags. 209.

[3] Keel A. John, El enigma de las extrañas criaturas, Editorial ATE, Colección Libro Expres, Barcelona, 1981, (Strange Criaturas from Time and Space, 1970).

El Monstruo del Loch Ness. La tecnología a la caza de un mito (3)

EL MONSTRUO DEL LOCH NESS: LA TECNOLOGIA A LA CAZA DE UN MITO 3

EXPERIENCIAS CON EL SONAR

La primera expedición para estudiar el Loch Ness fue la de Sir John Murray en 1901. Murray utilizó termistores para medir la temperatura del lago desde un barco anclado en la Abadía de Fort Augustus.

Durante esta expedición uno de los monjes de la abadía usó un traje de buceo para observar el crannog sumergido en Inchnacardoch Bay, en la Isla Cherry.

Diez años después regresó Sir Murray para medir la profundidad del lago utilizando un cable de sondeo. Encontró el valor de 230 metros.

Pasaron las dos Guerras mundiales hasta que en 1960 el doctor Tucker, del Museo Británico, organizó una expedición en 1960, pero esta aventura por poco se cancela cuando Tucker fue despedido del Museo por su poco común interés en el «monstruo del Loch Ness».

Tucker haló con su amigo, el ingeniero graduado de Cambridge, Peter Baker, y éste corrió con los gastos.

La expedición utilizó una serie de cámaras y ecosondas, pero sus resultados fueron explicados como errores en el barrido del sonar.

En 1961 la Universidad de Birmingham verificó la salinidad, acidez, contenido de oxígeno y penetración de la luz en el lago. También se detectó la termoclina y se hizo un registro más exhaustivo de la fauna.

En el 62 le tocó a la Universidad de Cambridge. Durante tres semanas llevaron trabajos de dragado y medición de la biomasa. Sus resultados demostraban una biomasa insuficiente para alimentar una colonia e grandes depredadores.

Después de las expediciones de las universidades de Birmingham y Cambridge, el LNPIB decidió realizar una vigilancia de manera metódica con cámaras de cine de 35 mm con telefotos montadas en el campamento base en Achnahannet, así como en los vehículos que se ocuparon de otros lugares durante los largos días de los meses de verano. Además realizaron pruebas con sonar, atractores de peces, submarinos, experimentos acústicos subacuáticos y fotografía submarina.

A pesar de la organización y disciplina de los miembros del LNPIB, sus resultados fueron decepcionantes[1] luego de todos esos años de vigilancia. Sin embargo lograron organizar la mayor parte de la documentación referente al lago y su monstruo. Registraron las fotografías, películas y experiencias con el sonar; recogieron casi un millar de relatos y eliminaron muchas de las causas de error. Llegaron a la conclusión que ni las fotografías, películas y registros de sonar mostraban, más allá de toda duda razonable, que hubiera un animal desconocido en el Loch Ness.

EXPEDICIÓN TUCKER

Clem Skelton, director cinematográfico independiente y asesor del Loch Ness Phenomena Investigation Bureau (LNPIB)[2] sugirió utilizar un aparato de sonar, localizado en un extremo del lago por la forma casi longitudinal de este último, el aparato podría recorrer toda su superficie con cada barrido de su haz.

La idea fue recogida por el profesor Gordon D. Tucker, jefe del Depar­tamento de Ingeniería Eléctrica y Electrónica de la Universidad de Birmingham, Inglaterra.

A finales de 1967 y principios del 68, Tucker utilizó un «sonar digital», un prototipo, en donde las entradas acústicas son llevadas a un computador digital, donde se les procesa y selecciona antes de ser transmitidas a un osciloscopio para su observación. El alcance del transductor era de 800 metros. El dispositivo se fijó bajo el agua en Temple Pier en la bahía de Urquhart y se dirigió hacia la orilla opuesta, de tal forma que cualquier objeto que pasara frente a él sería registrado.

A este equipo se acopló una cámara cinematográfica de 16 mm que había sido sincronizada con la pulsación energética captada, de manera que el re­torno acústico en forma de eco de cada una de las emisiones era fotografiado tal como quedaba registrado en la pantalla del osciloscopio.

Se utilizaron 14 rollos de película, el equivalente a unas 150 horas de vigilancia. Se suponía que el aparato podía distinguir objetos con una separación de un metro. El equipo sólo proporcionaba información en profun­didad, con un error máximo de 2º, no se tenía acceso a la información iz­quierda-derecha (azimut). En otras palabras, el equipo captaba los objetos que se encontraran en una zona limitada por un cono de 12º, tal como se presentarían a vista de pájaro.

Tucker escribió un artículo en donde describía los resultados de sus experimentos. Empero, esta nota no llenaba todos los requisitos que impone Nature (la revista científica más prestigiosa) a todo el material que se publica en sus páginas.

Tucker, ayudado por el doctor Hugh Braithwaite, reorganizó sus notas y envió una comunicación a la también excelente revista inglesa New Scientist[3] en donde informaba que había detectado ecos en el lago de lo que ellos «suponían debía ser el fabuloso monstruo del Loch Ness, ahora observado por vez primera en sus actividades submarinas».

Según Tucker se captaron varios registros animados de seis metros (20 pies) de longitud ascendiendo y en la parte inferior del loch.

El artículo del New Scientist despertó la polémica en el mundillo científico. Los directores de la revista Nature escribieron el siguiente editorial en su edición del 28 de diciembre[4]:

«El monstruo fue captado con un nuevo tipo dé equipo desarrollado en la Universidad de Birmingham y montado en el Loch durante las dos últimas semanas de agosto. Dos objetos, uno de cerca de 50 metros de longitud y otro mucho más pequeño que ascendían a una velocidad de 7.5 metros por segundo, fue lo que captó el sonar. Estos ingenieros excluyen la posibilidad de que se trate de peces.

«El equipo de sonar usado por los ingenieros de Birmingham fue probado por el Fisheries Laboratory de Lowestoft en donde se descubrió que era pro­penso a una intolerable tendencia a la ambigüedad. Por ejemplo, dos blancos del mismo rango pero diferente origen tienden a aparecer en la pantalla como un solo objeto mientras, bajo ciertas circunstancias, un banco de peces o un solo pez nadando horizontalmente a través del haz del sonar puede dar la impresión de un objeto con una alta velocidad de inmersión».

El doctor Peter F. Baker, del Emmanuel College, Cambridge, trató de defender la posición de Tucker en una carta al editor publicada por Nature el 11 de enero de 1969, pero sin lograrlo.

EXPEDICIÓN CARROLL

El investigador del Acuario de Nueva York, Andrew Carroll, propuso una operación de barrido móvil con un sonar en el Lago Ness. El proyecto fue financiado por la fundación Griffis (por Nixon Griffis, el entonces director del acuario).

El barrido por arrastre, se llevó a cabo en octubre usando el Ragintea. Uno de los barridos hizo contacto con un fuerte, eco animado durante casi tres minutos al norte de Foyers.

Se determinó que el objeto debería medir unos 20 metros ya que la intensidad del eco de retorno fue dos veces mayor a la esperada en una ballena piloto de 10 pies.

En ese mismo año se utilizó un submarino, el Viperfish, para sondear las profundidades del lago. El proyecto estuvo a cargo de Dan Taylor, bajo el patrocinio de la World Book Encyclopedia. El submarino se sumergió el 1 de junio, pero como tuvo muchos problemas técnicos y no produjo nuevos datos, se canceló la operación.

Se trató de pasar la estafeta a un submarino, sin nombre, construido por Westinhouse, que era transportado por The Deep Star III, construido por General Dynamics, pero también se canceló la operación.

El Piscie, propiedad de Vickers, Ltd., tuvo mejor suerte. Este submarino se utilizó para filmar la película La vida privada de Sherlock Holmes, con un maniquí del monstruo del Loch Ness. Cuando el monstruo ficción se soltó del Piscis durante la filmación y se hundió en el fondo del loch, los ejecutivos de Vickers aprovecharon la pérdida y la «˜fiebre del monstruo»™ para permitir que el submarino hiciera un poco de exploración.

Se supone que captaron un gran objeto con el sonar del submarino y cuando el piloto trató de acercarse, el eco desapareció rápidamente del sonar. Algunos dicen que en realidad fue sólo una declaración para promocionar la película.

LOVE

Durante el verano de 1969, llegó a Inverness la primera expedición norteamericana en busca de Nessie. Esta expedición fue organizada por la Field Enterprises of America y contaba con equipos de radar muy modernos y con un mini submarino. Al frente del equipo se encontraba el experto en sonar y electrónica Robert Love.

Según Love: «Los pases de búsqueda móvil con una embarcación de sonar produjeron en 1969 nuevas pruebas de que existe un animal, por lo menos, de grandes dimensiones en las profundidades del lago Ness en Escocia».

Esta claro que existe una gran variedad de dispositivos y máquinas ca­paces de ampliar los límites de los sentidos humanos. Sin embargo, y en úl­tima instancia, los resultados que nos dan estos aparatos son analizados y captados por los sentidos del hombre via una imagen producida por la panta­lla de un osciloscopio, via un registro en una banda de papel, o a través de la observación directa del propio fenómeno. Los resultados obtenidos en el lago Ness por las diversas expediciones están sujetos, por tanto, a estas mismas condiciones.

En otras palabras, el error humano siempre estará presente en todas las investigaciones de este tipo y nunca podremos eliminarlo.

Esto fue lo que ocurrió con los experimentos de Love. En 1983 los ingenieros americanos Rikki Razdan y Alan Kielar descubrieron errores matemáti­cos y de interpretación en los resultados de las expediciones anteriores. Los objetos que habían sido reportados con movimiento propio eran estacionarios y los equipos de sonar eran los que se movían ya sea llevados por la corriente o porque sim­plemente estaban acoplados a una embarcación en movimiento[5].

Los mismos Razdan y Kielar colocaron un arreglo de 144 aparatos de so­nar cubriendo un área de 900 metros cuadrados. Prácticamente nada viviente en el Loch podría escapar de ser detectado por este impresionante equipo. Después de seis semanas de rastreo continuo los ingenieros se dieron por vencidos: no habían podido detectar al famoso monstruo.

EXPEDICIÓN MACKAL

En 1970 el biólogo y profesor de la Universidad de Chicago, Roy Mackal, organizó la que llegaría a ser conocida como la «Big Expedition». Mackal llevó hidrófonos que desplegó a todo lo largo del Loch. Se registraron «chirridos parecidos a los de los pájaros».

En octubre se registraron «golpes» y «clics» con otro hidrófono en la bahía de Urquhart. Estos sonidos eran seguidos por una «turbulencia» que fu interpretada como la cola de un gran animal en movimiento.

Se pensó que eran animales utilizando la ecolocalización para atrapar a sus presas. La intensidad de las llamadas era mayor a profundidades de menos de 100 pies. Los miembros del LNPIB decidieron intentar la comunicación con los animales que producían los sonidos al reproducir las llamadas grabadas anteriormente en el agua y escuchar a través de hidrófonos. Los resultados fueron muy diversos. A veces los patrones o la intensidad del llamando cambiaba, pero a veces no había cambio en absoluto.

SATELITES ARTIFICIALES Y CEBOS SEXUALES

En 1980 Roger Parker, director de una empresa de investigación marina, contrató los servicios de un satélite artificial francés para dar con el paradero del monstruo del Loch Ness.

Parker colocó a todo lo largo del lago Ness tres boyas dotadas de un sistema electrónico para registrar cualquier movimiento, sonido o cambio de temperatura en las profundidades del lago. Toda la información era transmi­tida por los sensores flotantes al satélite francés Argos, y éste la envia­ba a Tolouse, en Francia, donde Parker la recibía por teléfono.

«El uso del satélite es mucho más barato que si colocáramos un recep­tor en tierra y sólo cuesta unas 5 libras (10 dó1ares) por hora» -dijo Par­ker[6].

Parker tenía una experiencia de tres años en la utilización de este tipo de boyas, pero de nada le sirvió pues nunca logró detectar al «monstruo».

Un año antes, Robert Rines (el mismo de las fotografías) pretendió usar dos delfines amaestrados para filmar a Nessie.

Había pedido asesoría del Instituto Oceanográfico de California y del Departamento de Marina de los Estados Unidos para entrenar dos delfines que recorrerían el fondo del lago, provistos con cámaras de televisión inalámbricas[7].

No se sabe cuales fueron sus resultados, pero al parecer fueron negativos lo mismo que los «engaños o cebos sexuales» que había utilizado con an­terioridad[8].

OPERACIÓN DEEPSCAN

Del 9 al 11 de octubre de 1987, se llevó a cabo la Operación Deepscan – la mayor exploración con sonar del Loch Ness. Veinte pequeñas embarcaciones equipadas con aparatos de sonar fueron desplegadas, barriendo de arriba abajo el Loch Ness en línea, formando una «cortina de sonar». El organizador era Adrian J. Shine, quien dijo que los objetivos científicos del proyecto eran estudiar la distribución de los recursos pesqueros, la temperatura del agua, y el contenido del loch.

Se detectaron muchos objetos estacionarios. Sólo hubo tres contactos de sonar en movimiento. Después de analizar las imágenes de sonar se pensó que podrían ser peces de gran tamaño o tal vez desechos. No se encontró ninguna colonia de monstruos a pesar de haber peinado por completo el lago.

DISCOVERY Y OTRAS TELEVISORAS

Discovery Communications lanzó su propia expedición en 1993. Se siguieron varias vías. Una de ellas fue una nueva investigación de la fauna del lago: se descubrió una nueva especie de nematodo. También se realizaron mejoras y análisis a la película de Tim Dinsdale, la foto del cirujano y las fotos e la aleta de Rines.

También encontraron, usando un equipo de sonar, que el lago presenta una rara especie de perturbación submarina debida a la energía almacenada generada por los vientos. Esto provoca un desequilibrio entre las capas más cálidas y más frías del loch. Todos los resultados fueron mostrados en un programa llamado Loch Ness Discovered.

Loch Ness Monster: Search for the Truth, fue el programa que mostraba los resultados de la expedición del Global Underwater Search Team (GUST) de 2001.

La BBC no pudo encontrar ningún rastro de un «monstruo marino» en el Loch. Durante su expedición de julio del 2003, en la que utilizaron 600 haces de sonar separados. El equipo de la BBC llegó a la conclusión de que Nessie simplemente no existe.

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[1] De hecho esta fue la razón de que cancelaran todas sus actividades hasta 1972.

[2] El LNPIB fue fundado en 1961 por Richard Fitter, Sir Peter Scott, James David MP y la autora de More Than A Legend, Constance Whyte. Su sede se encontraba en 23 Ashley Place, London SW1, Inglaterra

[3] Braithwaite Hugh, & D. Gordon Tucker, Sonar picks up stirrings in Loch Ness, New Scientist, 40, 664-666, 19 de diciembre de 1968.

[4] Editorial, Monsters by sonar, Nature, 220, (5174), 1272, 28 de di­ciembre de 1968.

[5] Anonimo, The (retouched) Loch Ness monster, Discover, 2, (9), 6, septiembre de 1968.

[6] Cable de la agencia EFE, Caza al monstruo del lago Ness, Londres, 5 de enero de 1980.

[7] Noticiero de lo insó1ito, Delfines en busca de Nessie, DUDA, (407), 1, 18 de abril de 1979.

Harris Chris, El hombre que más ha visto al monstruo de Loch Ness, DUDA, (413), 3-4, 30 de mayo de 1979.

[8] Cable de la agencia AFP, Trampa sexual para Nessi, Londres, 10 de febrero de 1976.

El Monsruo del Loch Ness. (Evidencia fílmica 1)

EL MONSTRUO DEL LOCH NESS: LA TECNOLOGIA A LA CAZA DE UN MITO 1

Si hay un monstruo que en lo personal nos gustaría que existiera es precisamente éste: el «monstruo» del Loch Ness.

Su existencia proporcionaría una enorme y valiosa información a la ciencia. De vivir un animal prehistórico en el lago Ness, al capturarlo y estudiarlo, podríamos conocer las características de sus antepasados: piel, peso, dentadura, comportamiento, etc. y probablemente, si se corre con suerte, podríamos solucionar definitivamente el enigma de la súbita desaparición de los dinosaurios.

Pero hasta el momento estas son sólo ilusiones. Nadie ha aportado una prueba convincente para demostrar la existencia de Nessie. Al menos las fo­tografías no lo han hecho.

En esta ocasión nos ocuparemos de las películas y de otras técnicas, como el sonar o los satélites artificiales, que han sido usadas en la bús­queda del elusivo monstruo. ¿Toda esta tecnología proporciona la prueba irrefutable sobre la existencia de Nessie? Veamos…

LA PRIMERA PELICULA IRVINE

Desde 1936 se han registrado 27 películas más tomadas de Nessie y cientos de otros avistamientos registrados oficialmente. Probablemente la primera película de que se tiene noticia sea la to­mada el 12 de diciembre de 1933 por Malcolm Irvine, Stanley Clinton y Scott Hay.

Irvine pasó tres semanas en el loch antes de obtener las escenas que quería. Utilizó una cámara de 16 mm equipada con una lente de 75 mm. ¿Una embarcación? ¿Nessie? ¿Una nutria? Nunca lo sabremos porque la película se encuentra perdida.

PELÍCULA FRASER

Lo mismo podemos decir de la película de James Fraser, miembro de la expedición de Sir Edward Mountain, tomada el 15 de septiembre de 1934. De esta película conocemos menos pues nunca se publicó ningún cuadro, mientras que de la película de Clinton, Irvine y Hay se llegaron a publicar dos cua­dros: uno en The Times de Londres del primero de abril de 1934 y otro en el libro de Burton[1].

Fraser era un cartero, miembro de un grupo de cazadores de monstruos que intentaban filmar al monstruo. Para ello contaban con una cámara de 16 mm que utilizaba una lente de 150 mm. Ese 15 de septiembre vieron un cuerpo entre dos y dos metros y medio de largo que se movía a poco más de un kilómetro de distancia.

Entre varias escenas de turbulencias en medio del lago, los miembros de la Linnaean Society, lograron identificar al «monstruo» como una vaca marina.

PELÍCULA MCRAE

También en 1934 un médico retirado de nombre McRae alquiló una casa de verano cerca del Loch Ness y se dedicó a montar guardia con la esperanza de filmar al «monstruo». Escribió que había tenido un éxito superior a todas sus expectativas. Justo después del alba, en una fría madrugada estival, dijo ha­ber visto al monstruo flotando, aparentemente dormido, en la superficie del lago. Tomó casi cinco minutos de película.

El filme de McRae quedó en poder de ciertas personas encargadas de preservarlo. Los depositarios de la pe1ícu1a fueron: Alastair Dallas, de Tolbooth House, Kirkcudbright, coronel Sir Donald Cameron, de Lochiel; y un tercer individuo innominado. Estas personas son las únicas que han visto la película y hace varios años declararon que mostraba a un monstruo con un cuello largo, tres jorobas, una cabeza puntiaguda y ojos rasgados. En la película se puede ver un pájaro que aterriza sobre una roca en la lejanía. Considerando esto y comparado con una em­barcación anclada cerca, la criatura en la película sobrepasaba los 64 metros de largo (!?)

A1 parecer, McRae recurrió a esta medida de hacer un legado secreto debido al ridículo en que caía todo aquel que tomaba el asunto del monstruo seriamente.

Según F. W. Holiday[2], Alastair Dallas le confió que la película ha­bía sido tomada a la distancia de unos noventa metros. Muestra una cabeza de forma cónica unida a un cuello enorme con una hirsuta melena f1exible y fibrosa más que capilar. La cabeza tiene dos protuberancias. El animal dio varios tumbos en el agua, mostrando una aleta delantera gruesa y carnosa.

Holiday informa que fue tomada una segunda película en el Loch Duich. En ella aparece un animal en la orilla que balancea su cuello sobre un mon­tón de algas.

Lo curioso es que el relato de Holiday es refutado por el propio Da­llas, según Alan Nilkins. Este entrevistó a Dallas y encontró varias discrepancias: se trata de una sola película, no de dos; no muestra ningún cuello; no existe depósito alguno; e ignora donde se encuentra la película.

El propio Dallas tuvo un avistamiento e hizo varios dibujos del animal que observó en el lago.

Otro detalle es que, mientras McRae afirmó que el animal estaba «apa­rentemente dormido», los informes posteriores nos dicen que estaba dando «varios tumbos en el agua».

La última información recopilada por los investigadores indica que los supuestos depositarios de la película están hoy todos muertos[3].

LA SEGUNDA PELÍCULA IRVINE

Malcolm Irvine tomó una nueva película el 22 de septiembre de 1936. Muestra un objeto oscuro de forma irregular dejando una gran turbulencia en la parte trasera. El objeto se dirigía a Foyers y parece tener unos diez metros de largo.

Nessie apareció en el lado este del loch a unos 100 metros de Inverfarigaig, frente al Castillo de Urquhart. Irving dijo:

«Estábamos tan emocionados y encantados cuando apareció el monstruo, porque nos llegaba la oportunidad que tanto habíamos esperado. En medio de la excitación no tuvimos tiempo de ajustar adecuadamente las cámaras Lo que se ve en la pantalla dura menos de un minuto, pero al parecieron horas cuando la estábamos haciendo. Definitivamente se trata de un enorme cuerpo animado con dos jorobas como camello «“ eso es muy claro».

Iain McMillan, otro testigo ocular que aparece en la película dice: «En primer lugar, vimos la cabeza y el cuello, luego dos jorobas una detrás de la otra y, a continuación, algo que se movía de un lado a otro, como una cola».

Los cineastas calcularon que el objeto se movía a unos 4 metros por segundo. En la película recorre una distancia de aproximadamente unos 100 metros, dejando olas y espuma a su paso.

Cuando la película de la criatura fue mostrada en la Linnaean Society, un organismo que clasifica los animales, nadie pudo dar una explicación de lo que podría ser.

Luego, la compañía de Irvine, Scottish Film Productions Company, de Glasgow, hizo un cortometraje que fue exhibido en los cines de todo el país en lo que fue un precursor de Pathe News, con el título: «The Loch Ness Monster – Proof At Last», que despertó la leyenda de Nessie.

Las granuladas imágenes en blanco y negro de una masa oscura moviéndose con lentitud a través de las grises aguas fueron mostradas en los cines de Gran Bretaña, como la prueba final del monstruo del Lago Ness y provocó la manía inglesa sobre Nessie que ha continuado hasta el día de hoy.

Pero luego ese cortometraje permaneció perdido por 65 años, hasta que fue encontrado en el 2001 por Janet McBain, curadora del Scottish Screen Archive. La película había ido a parar al antiguo Scottish Film Council quien la tenía arrumbada entre cientos de otras películas en latas de estaño oxidadas.

McBain dijo: «La existencia de la película fue bien documentada en su momento pero desapareció sin dejar rastro y la mayoría de la gente pensaba que se había destruido y perdido para siempre.

«Pero cuando la compañía salió del negocio en la década de 1930, donó todo sus películas al Scottish Film Council. El Consejo, a su vez, parece que la tiró en un viejo almacén junto con cerca de otras 20,000 latas de películas antiguas y olvidadas por ellos.

«Las latas fueron transmitidas al Scottish Screen Archive y poco a poco hemos venido trabajando en la colección, para visualizar, catalogar y descubrir exactamente lo que hay en cada lata».

Ella añadió: «El hallazgo es aún más notable, porque hace 15 años hablé con una anciana, que trabajaba para Irvine y estaba con él el día en que la película fue tomada. Ella me contó una historia notable. Irvine, de hecho, había visto por primera vez al monstruo tres años antes, pero su cámara se atascó y sólo tenía unos pocos segundos de película».

La película de Malcolm Irvine se exhibió en un programa especial de la noche de San Andrés, de Scotland on Film, a las 10 p.m. en la BBC Two.

PELÍCULA CURRIE

James Currie, gerente de banco retirado, tomó una película en sus vacaciones de 1938. Su película fue depositada en la bóveda de un banco londi­nense bajo estrictas instrucciones de que debería permanecer allí «hasta que llegue el momento el que estas materias sean abordadas con seriedad».

Según los informes de la época, Currie insta1ó su cámara profesional de 150 mm, equipada con un lente telescópico de 6 pulgadas, en la orilla sur del lago Ness, justo frente a la bahía de Urquhart y mantuvo su vigilancia casi constante por diez días «“»tengo todo el tiempo del mundo»- dijo. El día décimo primero, avistó una criatura alargada como serpiente que se movía a gran velocidad a unos 270 metros de la orilla. «De repente, tres jorobas emergieron de las aguas –escribió Currie-. Luego un largo cuello y una pequeña cabeza triangular. El monstruo era de color café grisáceo y provocaba grandes olas al desplazarse».

Aseguró haber rodado unos tres minutos de película que posteriormente fue procesada por los laboratorios Kodak en Londres. Desafortunadamente parece que todavía no ha llegado «el momento en que estas materias sean abor­dadas con seriedad», y lo peor de todo es que nadie sabe cuando llegará ese momento. ¡Todo es tan ambiguo!

PELÍCULA TAYLOR

El 29 de mayo de 1938 un turista sudafricano, G. E. Taylor, obtuvo otra película. Es la primera película en color del monstruo del Loch Ness. Taylor utilizó una cámara de 16 mm. En ese momento, al ser entrevistado por los periódicos, Taylor declaró:

«Se trataba de un cuerpo muy largo y redondeado que terminaba en un largo cuello que era casi lo único que sobresalía, pues el resto del cuerpo estaba a cerca de medio metro bajo la superficie. Su color era un gris muy oscuro casi negro, estaba desplazándose cerca de la orilla opuesta a Foyers y pude verlo a una distancia de unos 200 metros. Esto fue aproximadamente a las 12 del mediodía».

Luego fue a buscar a uno de sus amigos y regresó para ver que el monstruo todavía estaba en el lago, aún más cerca que antes, a 150 metros de distancia. Taylor volvió a tomar su cámara y lo filmó nuevamente.

El rollo completo fue enviado al escritor Maurice Burton, que a su vez lo remitió al United Kyndom National Institute of Oceanography (el actual Southampton Oceanographic Centre) que encontró que se trataba de «un objeto inanimado entre tantos que flotan en el lago».

Una de las pocas personas que ha visto la película, y que además la tiene en custodia, es Maurice Burton. Desafortunadamente Burton no ha dejado que nadie la analice lo cual le resta credibilidad.

Burton publicó una foto en su libro «The Elusive Monster»; antes de que se jubilara. El doctor Roy P Mackal, declaró que la foto era una «prueba positiva», según Janet y Colin Bord[4].

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[1] Burton Maurice, The elusive monster, Rupert Hart David, Ltd., London, 1961.

[2] Holiday F. W., The great Orm of Loch Ness, Faber & Faber, Ltd., Lon­don, 1963.

[3] Wallace Paul, ¡El monstruo de Loch Ness en vivo y en directo!, 2a de Ovaciones, 12 de julio de 1977.

[4] Janet Bord y Colin Bord, Alien Animals, Granada, Londres, 1986, Pag. 18.

El Monstruo del Loch Ness (Evidencia fotográfica 3)

EL MONSTRUO DE LOCH NESS: LA EVIDENCIA FOTOGRÁFICA 3

FOTO SHIELS

Anthony «Doc» Shiels afirmó que tomó dos fotos de Nessie el 21 de mayo de 1977, mientras acampaba al lado del Castillo de Urquhart.

Una de las cosas que llama la atención es que no hay ningún movimiento del agua alrededor del «cuello».

Los escépticos llaman a esta foto el «Muppet del Loch Ness», y dicen que la fotografía fue producida por el interés público generado por la criatura en descomposición encontrada por el barco pesquero japonés Zuyu Maru, el 25 de abril de 1977, frente a la costa de Nueva Zelanda.

Una de estas fotografías fue reproducida tanto en el Cornish Life como en el London Daily Mirror el 9 de junio de 1977. Las dos fueron impresas en Fortean Times (N º 22, verano de 1977).

Shiels era un cazador de monstruos profesional, showman, «mago» y psíquico que tenía muy poca credibilidad. Está asociado con varios fraudes, incluyendo fotografías de Morgawr (un monstruo marino de Cornualles), que terminó por convertirse en un modelo de plastilina.

Darren Nash dice: «Es poco conocido que Shiels utiliza estas fotos para promover una, digamos, interesante teoría sobre el monstruo del Lago Ness… A saber, que es un inmenso cefalópodo de agua dulce: la «cabeza y el cuello» que vemos en esta fotografía es, en realidad, una especie de probóscide que salen de la cabeza del calamar. Lo blanco es en realidad uno de los ojos del calamar».

Shiels redactó un artículo para Fortean Times sobre los calamares del Lago Ness – los llamó elefantes calamares.

Él mismo comentó que aunque tomó las fotos del monstruo del lago, no cree en ellos.

FOTOS HARMSWORTH

«He vivido observando el lago durante más de veinte años y sólo tuve un avistamiento… Mi esposa no ha tenido avistamientos y, sin embargo, tenemos un gran ventanal que nos permite ver muchas millas cuadradas de la superficie. No obstante, me acercó un sin fin de veces a personas que sólo han pasado unos días aquí y están convencidos de que han visto algo inusual, cuando, por supuesto, todo lo que han visto son patos, estelas de barcos o ramas. Estas personas no tienen idea de lo tonto que suenan».

Quien así se expresa es Anthony Geoffrey Harmsworth, uno de los principales investigadores de los fenómenos del Loch Ness. Harmsworth logró tomar una foto que publicó en su boletín The Loch Ness Inquirir, en el número de Febrero del 2006, veinte años después de su observación.

Una mañana de 1986, durante la Operación Deepscan Harmsworth captó esta imagen con su cámara Canon Sureshot de lente fija.

«El objeto cruzó el lago en diagonal por algunos minutos antes de desaparecer de la vista de repente. Después revisé el lago con prismáticos durante algún tiempo, y nada volvió a la superficie… No eran patos, no eran estelas, ni troncos, ni nutrias, ni monstruos. Siempre he pensado que el objeto era de aproximadamente seis pies (2 metros) de largo, pero, incluso desde el punto de vista familiar de mi propia casa, es difícil juzgar el tamaño y la distancia».

FOTO BACKMAN-JOHNSON

En el año de 1992 le dan la vuelta al mundo nuevas fotos tomadas en el lago a un cuerpo que se desplazaba rápidamente por la superficie en su zona central. Las imágenes fueron tomadas por los protagonistas de este avistamiento: La señora Carina Johnson y el eñor Benny Beckman.

Fotos tomadas por Benny Backman y Carina Johnson en 1992

FOTO JONES

Extracto del Irish Independent del sábado 23 de octubre de 1999:

«Las cámaras del Loch Ness Live han rastreado constantemente en el misterioso loch con la esperanza de echar un vistazo de su elusivo monstruo. El 5 de junio de 1999, Mike y Nora Jones de Galveston, Texas, afirmaron ser los primeros en ver a Nessie en la Red. Mientras navegaban en un sitio que tiene una webcam, en tiempo real, que vigila el lago, vieron una figura que aseguran es Nessie. Contactaron con los propietarios de los sitios que han publicado una fotografía que permite que los visitantes de la red juzguen por si mismos».

FOTO ALLEN

Desde 1984, cada año Kevin Allen viaja al lago Ness acompañado por su esposa e hijas. Un día no determinado de septiembre del 2002, obtuvo estas imágenes, entre las 7:20 y 7:35.

FOTO TAKALA

Mikko Takala es un comentarista e investigador local del monstruo de Loch Ness. El 30 de julio del 2005, a las 17:14 horas, tomó una foto de la criatura.

Takala calcula que medía unos tres y medio metros de largo y estaba a unos cincuenta metros de la costa. La foto se puede ver en este sitio.

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