PATRONES
Marla Peña
Crecí escuchando a mis familiares hablar de sus experiencias de avistamientos de ovnis y fenómenos paranormales. Relatos de osnis, ovnis, chupacabras y fantasmas eran algo común en mi ciudad natal y sus alrededores (frontera entre Texas y México) durante los años 70 y 80.
Pero aparte de todas esas historias fascinantes y mi propia experiencia, hay un misterio que encabeza mi lista personal de intereses: Los patrones.
Algo que sé que todos notan es el patrón que se hace presente cuando mueren las personas.
Cuando pasa un evento desafortunado, nunca escuchará del incidente, sin saber de «al menos» dos personas que sufren la misma suerte en los días o semanas que siguen.
Siempre me decía a mí misma: «Esto no es más que sólo una mera coincidencia», y luego, por supuesto, me gustaba leer y escuchar todo tipo de teorías al respecto. Sin embargo, siempre todo me parecía convincente.
Sé que la gente muere todos los días, pero cuando usted ha vivido en un pueblo tan pequeño como yo, usted conoce la fea dinámica de interacción que opera dentro de una pequeña población, y que se llama: «chismes». Casi todo el mundo (por desgracia) conoce todo sobre tu vida y viceversa. Así que, si algo importante sucedía en mi ciudad natal, todo el mundo lo conocería, especialmente si el tema tenía un tono trágico. Por esa razón, era muy fácil darse cuenta de esos patrones.
Cada vez que oía hablar de la muerte de alguien, yo sólo quería encerrarme en la casa y permanecer allí durante el mes siguiente. Yo sé que usted puede morir, no importa donde esté, pero estaba muy asustada para saber que al menos 2 o más personas compartirían el mismo destino en los próximos días siguientes.
Cuando un evento de esta naturaleza se produce en forma aleatoria, es razonable llamarlo coincidencia. Sin embargo, personalmente creo que lo que no es una coincidencia es que el comportamiento repetitivo una vez que el primer incidente tiene lugar.
¿Qué es esta fuerza, que, una vez que toca un punto, barre con quien se interpone en su camino?
Un evento de esta naturaleza me golpeó en una forma muy personal en 2001. Todo comenzó en la cuadra de al lado de donde estaba ubicada mi casa. Un amigo de mi padre (un joven y aparentemente sano) murió repentinamente de un ataque al corazón. Poco después, su vecino se murió. Entonces me di cuenta que mi vecino (en mi misma cuadra) murió de cáncer. Luego, el vecino de enfrente de su casa (ataque al corazón) y luego el vecino de enfrente de mi casa (cáncer).
Recuerdo que estaba en el porche de mi casa hablando con mi papá acerca de la reciente muerte de su vecino. Tratando de bromear con él, le dije: «Mejor nos mudamos o vamos a ser los siguientes», nos reímos y me olvidé de todo. Pero, lamentablemente mi padre falleció poco después de un ataque al corazón. Tenía 54 años.
Un querido amigo mío, que en ese momento era un sacerdote católico, fue a mi casa por un par de días para hablar conmigo. Ya que era muy versado en el mundo teológico, quise aprovecharme con el fin de obtener algunas respuestas muy necesarias. Intenté tener un pensamiento más crítico y menos de la fe ciega de él, pero mis esfuerzos fueron en vano. Todas mis frustraciones y preguntas sin respuesta me hicieron la blasfema que soy hoy.
Permítanme ser muy clara, no tengo ningún problema en creer en Dios, sin embargo, tengo un problema muy grande cuando se trata de religión y de sus, muy cuestionables, métodos.
Me parece más útil escuchar las ideas originales de otras personas. De los amigos, a los invitados podcast, a leer libros y ver películas como The Matrix Trilogy, Los Otros y El Sexto Sentido. Yo personalmente creo que hay más verdad allí de lo que nos damos cuenta.
Pero la idea que más resuena: Como la forma impredecible que los patrones climáticos parecen tener, al menos sabemos que, en determinadas condiciones ocurren diferentes cosas (rayos, granizo, nieve, etc.) Lo inexplicable es sólo una parte de la naturaleza que a la larga será reconocida científicamente. Me pregunto si algún día en un futuro no muy lejano seremos capaces de descubrir y predecir los elementos que desencadenan los, hasta ahora inexplicables, patrones en la vida.