Autor de “Proof of Heaven” ha sido completamente desacreditado por la Ciencia

Autor de «Proof of Heaven» ha sido completamente desacreditado por la Ciencia

Associated Press

Esther Zuckerman

largeUn libro llamado Proof of Heaven está destinado a provocar viscos, pero su autor, Eben Alexander, tuvo espacio en un artículo de Newsweek y en programas como el de Fox & Friends para detallar sus reivindicaciones. Leer esos endosos – y casi 15 millones 2 millones de copias vendidas – los que quieras, pero en un nuevo número de Esquire, Luke Dittrich muestra los grandes agujeros en la historia de Alexander, con lo que cuestiona la calificación del autor como un neurocirujano (que se supone legitima su afirmación) y la exactitud de su viaje best-selling.

En su libro, Alexander afirma que cuando él estaba en un coma causado por meningitis bacteriana por E. coli, se fue al cielo. Por supuesto, la pieza de Dittrich no es la primera vez que el texto de Alexander ha sido cuestionado. En abril, Michael Shermer en Scientific American explica cómo «la evidencia del autor es prueba de alucinación, no del cielo». Pero Dittrich cuestiona no lo que Alexander sufrió sino como lo hizo. Mientras Dittrich analiza problemas legales que Alexander tuvo durante su tiempo en practicar neurocirugía, quizás la pieza más condenatoria del testimonio proviene de un médico que estaba de guardia en la sala de emergencias cuando Alejandro llegó en 2008. La Dr. Laura Potter explica que «tuvo que tomar la decisión de simplemente ponerlo en un coma inducido químicamente». Pero no es así como Alexander lo cuenta, según la investigación de Esquire:

En Proof of Heaven, Alexander escribe que él pasó siete días en «estado de coma causado por un raro caso de meningitis bacteriana por E. coli». No hay ninguna indicación en el libro de que fue Laura Potter y no la meningitis bacteriana, quien indujo su estado de coma, o que los médicos de la UCI mantuvieron su estado de coma en los días que siguieron a través del uso de anestésicos. Alexander también escribe que durante su semana en la UCI estaba presente, «sólo en el cuerpo», que el asalto bacteriano lo había dejado con un «cerebro todo destruido». Señala que mediante la comprensión científica convencional, «si usted no tiene un cerebro trabajando, puede que no sea consciente», y un punto clave de su argumento a favor de la realidad de los reinos que afirma haber visitado es que su memoria pudiera no haber estado alucinando, ya que él no tenía un cerebro capaz de crear una experiencia consciente, incluso alucinatoria.

Le pregunté a Potter si el estado maníaco o agitado que mostraba Alejandro cada vez que le quitaba los anestésicos durante sus primeros días de coma coincidía con su definición de conciencia.

«Sí», dice ella. «Consciente pero delirante».

En la entrevistas, Alexander pide a Dittrich de Esquire no sacar a relucir las discrepancias en su historia. La cuenta de Twitter del neurocirujano convertido en autor ha estado en silencio esta mañana, pero le dijo al programa Today que él sostenía «todas las palabras» en el libro y denunció la historia de la revista como «cínica» y «cherry-picked».

Leer el resto de la historia de Dittrich, que está detrás de un pequeño muro de pago, aquí.

http://www.theatlanticwire.com/entertainment/2013/07/proof-heaven-author-debunked/66772/

Ver: https://marcianitosverdes.haaan.com/2012/12/la-muerte-de-las-experiencias-cercanas-a-la-muerte/

Ciencia, luciérnagas y lámparas LED

IMPACTO AMBIENTAL

Ciencia, luciérnagas y lámparas LED[1]

Juan José Morales

Mucha gente conoce las modernas lámparas LED, que como fuente de luz utilizan diodos emisores de luz (de ahí su nombre, que es un acrónimo de Light-Emitting Diode, su denominación en inglés). Pero poca gente conoce a las luciérnagas y los cocuyos, porque estos animales han sido ahuyentados de pueblos y ciudades por las lámparas del alumbrado público y doméstico, que opacan y vuelven casi imperceptibles los destellos luminosos con los que machos y hembras indican su presencia para encontrarse y aparearse.

Pues bien, resulta que al estudiar a las luciérnagas, científicos europeos y canadienses encontraron un medio para mejorar la eficacia y la capacidad luminosa de las lámparas LED. Pero para entender esto mejor, hay que recordar que luciérnagas y cocuyos emiten lo que se conoce como luz fría, porque se produce sin emisión de calor en ciertos órganos formados con la propia grasa del cuerpo del insecto y es resultado de una reacción química entre dos sustancias llamadas luciferina y luciferasa, que manufactura constantemente en su organismo. Esos órganos luminiscentes tienen tres capas: una interna constituida por células llenas de cristales microscópicos de sales de ácido úrico que actúan como reflectores, una capa media formada por células en las cuales ocurre la reacción entre luciferina y luciferasa, y finalmente la capa externa, transparente, que actúa a manera de lente para dirigir la luz hacia afuera.

imageAunque no lo parezca, el diseño de esta lámpara LED de nitruro de galio, se inspiró en el recubrimiento del órgano luminiscente de las luciérnagas. Gracias a ello, con la misma energía produce 55% más luz que las lámparas usuales de ese tipo.

Al estudiar la estructura de esa capa exterior, constituida por escamas de cutícula «”la sustancia dura, rígida, que recubre el cuerpo de los insectos a manera de esqueleto externo o exoesqueleto»”, se observó que están distribuidas y acomodadas de tal manera que optimiza la emisión luminosa, dirigiendo casi toda ella hacia el exterior para así minimizar las pérdidas. A partir de ese hallazgo, se pudo diseñar un nuevo tipo de lámparas LED que, con el mismo consumo de energía, producen 55% más luz que las comunes.

Como se ve, las aplicaciones prácticas de la investigación científica surgen en el lugar y el momento menos esperados. Difícilmente alguien pudiera haber imaginado que un estudio sobre la disposición geométrica de las escamas de cutícula en los órganos luminiscentes de las luciérnagas, pudiera servir para algo más que satisfacer la curiosidad de un entomólogo.

Y como creo que hoy amanecí con un talante analítico y reflexivo, me parece que la lección que de esto puede sacarse, es que a los científicos no se les debe exigir «”como hacen algunos políticos y tecnócratas carentes de visión»” que sólo se dediquen a investigaciones que puedan tener aplicaciones prácticas inmediatas y arrojar resultados económicos tangibles. Si a los pioneros de las investigaciones sobre la electricidad y el magnetismo se les hubiera impuesto tal obligación, todavía estaríamos alumbrándonos con velas y hachones, no tendríamos motores eléctricos y sólo podríamos escuchar música en vivo o «”si acaso»” en rudimentarios fonógrafos.

Y para terminar, algo que ya hemos comentado en otra ocasión: que luciérnagas y cocuyos, aunque a primera vista pueden parecer iguales «”o nombres comunes de un mismo insecto»”, en realidad son muy distintos y pertenecen no sólo a especies sino a familias zoológicas diferentes: las luciérnagas a la de los lampíridos y los cocuyos a la de los elatéridos. Y mientras las primeras existen en todos los continentes y tanto en regiones tropicales como templadas, los cocuyos son exclusivos del trópico americano. Por ello aquí, en la península de Yucatán, tenemos luciérnagas y cocuyos, aunque «”repetimos»” cada día resulta más difícil verlos, excepto si se sale al campo.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 12 de julio de 2013.

El misterio de las centellas (848)

El misterio de las centellas (848)

Leí un informe sobre una centella clara que una persona vio como bolas de lágrima cayendo. Vi lo mismo durante el inicio del mal tiempo. Parecía una forma de huevo de unos 10 pies de diámetro desde donde yo estaba. Era como una gota de mercurio. La historia de ovnis muestra que brillan debido a un vapor de mercurio disipado por el motor.

Manuel Paredez

USA