La gentrificación y Los Ovnis
16 de julio de 2025
Roberto Remes
El domingo pasado comí con mi familia en Los Ovnis, una taquería fundada en 1965. Son buenos, no los mejores, pero a mis hijos y a mi esposa les agradaron. Para mí tenían un ingrediente extra: nostalgia. Me recordaban los tacos que comía con mi madre en Nicolás San Juan y División del Norte.
De niño también iba al Tizoncito de Tamaulipas y Campeche, una franquicia que despegó como cohete. Los Ovnis, en cambio, se quedaron con una sola sucursal en la Verónica Anzures. Eso sí: con estacionamiento propio. Un lujo para cualquier taquería en esta ciudad.
¿Qué va a pasar con Los Ovnis en los próximos años? ¿Y qué tiene que ver eso con la gentrificación?
Si yo fuera dueño de la marca, aprovecharía su historia para expandirme: estrategia, llamados a inversionistas, crédito, imagen renovada, pero sin perder la esencia. Manual básico de marketing.
Si fuera desarrollador inmobiliario, calcularía el valor del terreno, diseñaría un edificio de departamentos y conservaría la taquería en planta baja. Estoy seguro de que más de uno ya se los ha planteado.
Si fuera franquiciante, les haría una oferta para instalar mi propia marca. Sesenta años de historia, al bote de la basura… pero más pesos constantes y sonantes.
Si fuera anticapitalista, marcharía con pancarta antigentrificación y quizá vandalizaría otra taquería “fresa”, mientras grito que el capitalismo es gentrificador.
Si fuera Jefe de Gobierno, impulsaría políticas públicas para proteger negocios con historia. Evitaría que cierren y terminen convertidos en lugares genéricos, como pasó con La Bella Italia, Las Flautas, la Hostería de Santo Domingo, las demás sucursales de Los Ovnis, entre otros.
Pero si fuera Jefe de Gobierno, daría certeza para abrir negocios en lugar de cerrarlos —como lo hace hoy el INVEA, en complicidad con algunas alcaldías que operan mediante extorsión institucionalizada. También frenaría el crecimiento del comercio informal como competencia desleal. En vivienda, definiría con claridad dónde sí se puede construir y dónde no, con una meta concreta: eliminar el rezago habitacional en cinco años.
Y mientras se habla de gentrificación sin mayores bases, las verdaderas causas siguen fuera del debate. Los precios disparados de renta y vivienda no nacen del “hipster extranjero”, sino de la ausencia de política pública: planeación urbana inexistente, incapacidad de regular, falta de producción de vivienda y locales comerciales.
La Ciudad de México no tiene estrategia. Tiene excusas. Tiene funcionarios que se lavan las manos. Carece de rumbo. Lo que sí necesitamos es producción de locales comerciales asequibles para que los negocios de barrio sobrevivan. Hay que frenar el alza en las rentas —no con decretos, sino con más oferta. En vivienda, lo mismo: dar certeza para construir más, pero también detener a los desarrolladores abusivos que amenazan a adultos mayores y a quienes no pueden defenderse, con tal de quedarse con terrenos bien ubicados.
La autoridad debe facilitar, no estorbar. Medir lo que hace y lo que deja de hacer.
Pero sé lo que va a pasar: lo contrario. Palabrería desde el gobierno, protestas violentas, negocios tradicionales reemplazados por franquicias, más odio al que viene de fuera, más culpa repartida a los adversarios políticos. Y un gobierno que no sabe por dónde va ni se deja ayudar.
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