QUE NO LE DIGAN, QUE NO LE CUENTEN
Mitos y realidades sobre «lo natural»[1]
Juan José Morales
Entre las diversas razones por las que algunas personas recurren a las llamadas medicinas alternativas, hay tres que me gustaría comentar hoy. En primer lugar, la idea de que «nada se pierde con probar». En segundo, que «como son naturales, no causan daño». Y por último, que «son mejores porque no tienen efectos colaterales».
Respecto a la primera idea, es falsa. Sí se pierde algo al utilizar seudoterapias o falsos tratamientos: se pierde tiempo valioso y la oportunidad de recibir un tratamiento adecuado. Muchas enfermedades son curables o controlables si se detectan oportunamente, pero si el paciente no acude a un médico cuando todavía hay posibilidad de hacerlo, corre el riesgo de que su mal se agrave tanto que ya ningún tratamiento surta efecto.
De tiempo en tiempo, las autoridades sanitarias confiscan grandes cantidades de productos «naturales» cuya amañada publicidad hace creer que se trata de medicamentos pero en realidad son sólo cosméticos, vitaminas o complementos alimenticios sin ningún valor terapéutico.
Un caso notable en ese sentido, fue el de Steve Jobs, el fundador de Apple. Víctima de un tipo de cáncer que en sus inicios puede ser eliminado con cirugía, rehusó sin embargo operarse y se puso en manos de un charlatán, cierto Dr. Dean Ornish, quien afirma que con sólo cambiar de forma de vida y seguir cierta dieta que él recomienda, se puede detener y curar cualquier enfermedad sin necesidad de medicamentos ni cirugía. Cuando finalmente Jobs vio que la seudoterapia de Ornish no servía para nada y aceptó ser intervenido quirúrgicamente, ya era demasiado tarde y murió.
La segunda idea, la de que por ser «naturales» los llamados medicamentos o tratamientos alternativos resultan enteramente inocuos, también es errónea. Natural no es sinónimo de inofensivo. Ahí tenemos a la cicuta, o Conium maculatum en la clasificación botánica, la planta venenosa cuyo jugo se hizo beber a Sócrates cuando fue condenado a muerte. No sé si alguno de los discípulos del filósofo le dijo: «No se preocupe, maestro. No le hará daño. Es un producto natural».
Las infusiones de anís estrella «”Illicium verum para los botánicos»” fueron usadas durante siglos en medicina popular, sobre todo para aliviar los cólicos de los bebés. Pero ese producto, 100% natural, es tóxico y desde hace años las autoridades sanitarias de muchos países, entre ellos México, prohibieron su venta.
Incluso tomar grandes cantidades de vitaminas, cosa que parece no causar ningún daño, puede ocasionar serios problemas hepáticos.
Para terminar, tenemos aquello que tan machaconamente se repite en la publicidad de muchos productos naturistas y suplementos alimenticios que se hacen pasar por medicamentos: «no tiene efectos colaterales». Si no los tiene, es porque desde el punto de vista médico no sirve para nada, salvo para dejar ganancias a sus fabricantes, o tiene efectos tan tenues que resultan inapreciables.
Un auténtico medicamento, efectivo contra alguna enfermedad o condición, usualmente tiene efectos colaterales. Pero sus beneficios son mayores que las molestias o inconvenientes que causa o los riesgos que implica su consumo. Tal es el caso del ácido acetilsalicílico, mejor conocido como aspirina, el medicamento de mayor uso en el mundo. Nadie duda de su eficacia como analgésico y antipirético, y para prevenir infartos cardíacos. Pero todo médico sabe que, como efecto colateral, provoca irritación estomacal y por tanto hay que tomarla en cantidades limitadas y preferentemente con alimentos. Por cierto, y dicho sea de paso, el ácido acetilsalicílico se aisló de la corteza de los sauces, árboles del género Salix «”de ahí su nombre»”,y posteriormente fue sintetizado, así que en cierto sentido también puede considerársele un producto natural.
En fin, no hay que caer en la ilusión de que todo producto o tratamiento «natural» es benéfico e inofensivo y nada se pierde con probarlo.
Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx
[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 30 de abril de 2015