¿A dónde se han ido todos los ovnis, yeti, demonios y fantasmas?
24 de febrero de 2026
Heslley Machado Silva
Ilustración de Moi Escudero para SKEPTIC
Teléfonos inteligentes, cámaras de alta definición y la desaparición de fenómenos paranormales y sobrenaturales: un análisis escéptico
En las últimas décadas, hemos presenciado una transformación silenciosa pero decisiva en la historia de las creencias humanas: la aparente desaparición de importantes fenómenos paranormales que durante milenios alimentaron mitologías, religiones, folclore e innumerables informes de supuestas manifestaciones extraordinarias. Ovnis sobrevolaban montañas y desiertos;1 criaturas colosales como Pie Grande, el Yeti o el Sasquatch vagaban por bosques remotos;2 espíritus, apariciones y entidades ectoplásmicas se materializaban en mansiones abandonadas;3 milagros ocurrían ante los ojos de los devotos;4 posesiones demoníacas desafiaban la explicación racional 5 Hoy, todos estos fenómenos parecen haber desaparecido para siempre, una intrigante coincidencia que surge precisamente en el momento en que la humanidad empieza a llevar en sus bolsillos (o mejor aún, en sus manos) cámaras de ultraalta definición capaces de registrar cada detalle de la vida cotidiana, o cualquier anomalía, con una precisión sin precedentes.6
Antes de examinar el papel de los teléfonos inteligentes, es importante distinguir las creencias de las manifestaciones. Las encuestas de opinión nacionales muestran que la creencia en los fenómenos paranormales sigue siendo alta. Una encuesta de Gallup de 2005 indicó que aproximadamente tres de cada cuatro estadounidenses creían en al menos un tipo de experiencia paranormal, incluyendo casas embrujadas, comunicación con los muertos y astrología.7 Los análisis de tendencias que agregan datos de Gallup, Harris, Pew y otros institutos muestran que, a pesar de los recientes avances tecnológicos, estas creencias se han mantenido notablemente estables, con solo pequeñas disminuciones en algunos elementos e incluso aumentos en creencias específicas como fantasmas y casas embrujadas.8 Una síntesis más reciente de Gallup, de 2025, muestra que el 48 por ciento de los adultos estadounidenses cree en la curación psíquica o espiritual y el 39 por ciento en los fantasmas, mientras que entre el 24 y el 29 por ciento respalda otras seis creencias sobrenaturales; En comparación con 2001, las variaciones son modestas, con descensos de solo 6 a 7 puntos porcentuales en fenómenos como la telepatía y la clarividencia.9 Las revisiones bibliográficas indican que, en diferentes países, las creencias en espíritus, ovnis y otros fenómenos extraordinarios siguen estando ampliamente difundidas entre las poblaciones modernas.10, 11, 12, 13
En otras palabras, las creencias persisten y se mantienen generalizadas, pero los supuestos fenómenos que deberían generar evidencia clara y reproducible parecen cada vez más ausentes precisamente en un momento en que poseemos tecnología capaz de registrarlos con gran claridad.14, 15 Este cambio invita a un ejercicio escéptico: ¿Por qué desaparecieron las apariciones paranormales y sobrenaturales justo cuando fue posible documentarlas inequívocamente? Durante siglos, el testimonio humano fue la fuente principal de tales relatos. Sin embargo, la literatura científica demuestra consistentemente que el testimonio, incluso cuando es sincero, constituye evidencia extremadamente débil: es susceptible a ilusiones perceptivas, sesgos cognitivos, expectativas culturales y recuerdos reconstruidos (y a menudo falsos).16, 17, 18
Evitan sistemáticamente las cámaras nítidas de alta resolución y toleran imágenes granuladas capturadas con cámaras antiguas o grabaciones amateurs movidas.
En las últimas décadas, los estudios cuantitativos sobre informes espontáneos de experiencias «anómalas» también revelan un patrón revelador: aunque la creencia sigue siendo alta, el número de personas que afirman haber experimentado personalmente fenómenos paranormales y sobrenaturales tiende a disminuir o estabilizarse en niveles bajos en comparación con décadas anteriores. Las encuestas de población en el Reino Unido, por ejemplo, indican que alrededor del 25 por ciento de los adultos informan haber visto un fantasma, un número menor que la prevalencia de la creencia en fantasmas, que se mantiene por encima del 40 por ciento.19, 20, 21 La discrepancia entre la alta prevalencia de la creencia y la menor prevalencia de experiencias reportadas sugiere que los relatos directos no acompañan la persistencia de la creencia, un patrón compatible con el creciente impacto de la tecnología de registro.
La evidencia experimental reciente refuerza esta fragilidad. Estudios contemporáneos muestran que hasta un 30 % de los participantes incorporan detalles falsos en sus recuerdos de eventos extraordinarios tras sugestiones mínimas o exposición a imágenes ambiguas.22, 23 Este tipo de vulnerabilidad cognitiva ayuda a explicar por qué, incluso antes de la fotografía, los informes de fenómenos sobrenaturales eran tan abundantes a pesar de la ausencia de documentación física fiable.
Con la popularización de la fotografía a finales del siglo XIX, surgieron los primeros registros de fantasmas, materializaciones y fenómenos espiritistas, casi siempre borrosos, sobreexpuestos, compuestos o manipulados.24 La ciencia escéptica de la época, desde Darwin25 hasta Houdini,26 ya había advertido sobre fraudes, trucos de iluminación y errores involuntarios. Aun así, estas imágenes alimentaron una fértil imaginación social, poco preparada para el tipo de análisis crítico que ahora consideramos trivial.
Sin embargo, algo fundamental cambió cuando los teléfonos inteligentes de nueva generación se hicieron omnipresentes. Nunca en la historia de la humanidad ha habido un momento en que miles de millones de personas poseyeran cámaras con estabilización óptica, sensores precisos, capacidad de grabación 4K y la capacidad de capturar fenómenos al instante y compartirlos en segundos.
Paradójicamente, esta misma infraestructura tecnológica ha alimentado toda una subcultura de «cazadores de fantasmas» y aplicaciones de detección de espíritus basadas en teléfonos inteligentes. La investigación etnográfica sobre las comunidades de cazadores de fantasmas muestra el uso intensivo de cámaras de alta definición, sensores de movimiento y aplicaciones que simulan mediciones paranormales, pero a pesar de millones de grabaciones, no se ha establecido ningún hecho verificable con respecto a la existencia de fantasmas de manera sólida.27, 28 Las evaluaciones independientes de estos grupos muestran además que la mayoría de las supuestas pruebas, sombras, ruido electromagnético o distorsiones de video, corresponden a artefactos ópticos o acústicos ya ampliamente descritos en la literatura técnica y a menudo replicables en condiciones controladas.29 Incluso protocolos de investigación más rigurosos, como el monitoreo de ambiente controlado con múltiples cámaras, nunca han producido resultados replicables o consistentes. En otras palabras, la capacidad de buscar evidencia ha aumentado exponencialmente, pero la calidad de la «prueba» permanece atrapada en artefactos, ambigüedades e interpretaciones ilusorias.
Curiosamente, los supuestos extraterrestres parecen preferir carreteras desiertas, pantanos o campamentos aislados y mantienen una timidez marcadamente selectiva.
Al mismo tiempo, los astrónomos equipados con potentes telescopios de alta definición que observan el cielo las 24 horas del día nunca han registrado una sola prueba sólida de objetos de origen no humano. Por el contrario, las encuestas sistemáticas realizadas por astrónomos profesionales estiman que más del 95 por ciento de los informes de ovnis investigados corresponden a satélites, reentradas de cohetes, aeronaves, globos o fenómenos atmosféricos comunes.30, 31 Este patrón ya se conocía antes de la adopción generalizada de teléfonos inteligentes, pero se ha vuelto aún más evidente a medida que los instrumentos de observación se han vuelto más precisos. Curiosamente, los supuestos extraterrestres parecen preferir carreteras desiertas, pantanos o campamentos aislados, y mantienen una timidez distintivamente selectiva: evitan sistemáticamente las cámaras nítidas de alta resolución, mientras que toleran imágenes granuladas capturadas con cámaras antiguas o grabaciones amateurs temblorosas.
La misma selectividad inexplicable afecta a las grandes criaturas míticas. Bigfoot, cuya existencia contradice toda lógica biológica, ya que ninguna especie de homínido podría sobrevivir en aislamiento absoluto durante cientos de miles de años sin dejar fósiles, huellas consistentes, heces o comunidades reproductivas, desapareció abruptamente con la llegada de los teléfonos inteligentes modernos. Investigaciones recientes en ecología y biomonitoreo de ADN ambiental, ahora utilizadas para rastrear especies raras, tampoco han detectado ningún rastro genético compatible con grandes primates desconocidos en América del Norte, incluso en regiones ampliamente muestreadas.32, 33 Este tipo de evidencia negativa refuerza la inverosimilitud biológica de un homínido de gran tamaño oculto. Cazadores, excursionistas, montañeros y residentes rurales, todos equipados con cámaras sofisticadas, han dejado de informar avistamientos del otrora esquivo primate. Lo que permanece vivo es solo el eco de viejas historias, siempre sostenido por huellas aisladas o secuencias de video temblorosas.
Los fantasmas y espíritus, igualmente, parecen haberse adaptado mal a los avances tecnológicos. Durante siglos, las afirmaciones de apariciones se extendieron globalmente, reforzando la idea de que lo sobrenatural era una característica universal de la experiencia humana. Sin embargo, cuanto más mejorábamos nuestra capacidad para registrar imágenes, más se refugiaban estas entidades ectoplásmicas en lo invisible, o en el pasado. Hoy en día, no existen registros precisos, verificables ni siquiera mínimamente convincentes. Es como si la propia ontología de estos seres fuera incompatible con sensores de alta precisión, como si lo sobrenatural hubiera desaparecido justo cuando finalmente pudo demostrar su existencia a los escépticos.
Desde un punto de vista metodológico, esta persistente ausencia de registros es consistente con los análisis de la filosofía de la ciencia aplicada a las afirmaciones paranormales: si un fenómeno supuestamente interactúa con el mundo físico, debería ser detectable por instrumentos físicos; si nunca lo es, a pesar del crecimiento exponencial de la sensibilidad de los instrumentos, entonces su existencia se convierte en una hipótesis cada vez más inverosímil.34
El mismo declive afecta a los milagros y exorcismos. Aunque aún circulan videos religiosos que muestran supuestas curaciones instantáneas, dichas grabaciones nunca presentan imágenes de alta definición, continuidad verificable ni documentación transparente. La investigación sociológica sobre rituales de sanación también muestra que, si bien millones de personas reportan experiencias subjetivas de «curación espiritual», no existe documentación en video de curaciones instantáneas y verificables que cumplan con criterios clínicos mínimos, como exámenes previos y posteriores independientes o un historial médico transparente.35 La literatura médica también documenta que muchas de estas afirmaciones pueden explicarse por diagnósticos imprecisos, remisiones espontáneas o sesgos de confirmación.36 Cuanto más sofisticada se vuelve nuestra tecnología de grabación, más raros parecen ser los eventos extraordinarios.
Los demonios, antaño tan presentes en las narrativas culturales, parecen haber desarrollado una profunda aversión a los equipos de alta resolución. Seres supuestamente tan poderosos, capaces de oponerse a dioses, atormentar a humanos de distintas civilizaciones, hacer que la gente hable lenguas extintas y levitar, ahora parecen aterrorizados por individuos comunes armados con dispositivos que finalmente podrían revelar su verdadero rostro.
Algunos podrían argumentar que estos fenómenos aún ocurren, pero la gente simplemente ha dejado de grabarlos, incluso llevando cámaras prácticamente las 24 horas del día. Sin embargo, tal hipótesis contradice por completo el comportamiento contemporáneo: vivimos en una era en la que las tendencias de baile triviales acumulan millones de visualizaciones, los accidentes menores se filman desde múltiples ángulos y cualquier animal inusual se vuelve viral en cuestión de minutos. Estudios sobre la psicología del intercambio digital muestran que el contenido inusual, amenazante o extraordinario tiene una probabilidad significativamente mayor de volverse viral, especialmente cuando incluye elementos visuales claros.37 Este patrón hace aún más improbable que fenómenos supuestamente extraordinarios ocurran sin grabaciones nítidas, o que alguien se abstenga deliberadamente de filmarlos o difundirlos.
Justo cuando estos fenómenos finalmente pudieron verificarse ante las cámaras omnipresentes, permanecieron invisibles.
En este contexto, sugerir que la gente presencia extraterrestres, primates míticos, milagros, fantasmas o demonios y simplemente se olvida de grabarlos es, como mínimo, un ejercicio de humor involuntario. En un mundo tan profundamente conectado e impulsado por lo banal y lo excepcional, un video que confirmara y demostrara definitivamente cualquiera de estos fenómenos generaría una cantidad casi infinita de «me gusta» y elevaría instantáneamente a sus creadores a la categoría de influencers altamente rentables y ampliamente reconocidos.
El patrón que emerge es claro y epistemológicamente elocuente: la disponibilidad masiva de dispositivos de grabación no ha reducido la prevalencia de creencias paranormales, pero ha hecho que la ausencia de evidencia sólida sea aún más sorprendente. Las encuestas de opinión indican que las creencias en fantasmas, casas embrujadas, ovnis o astrología siguen siendo generalizadas y, en muchos casos, se han mantenido estables durante décadas.38, 39, 40 Sin embargo, cuando todos pueden documentar el mundo con precisión casi forense, el territorio de lo sobrenatural no se expande hacia evidencia clara; permanece confinado a relatos ambiguos, videos granulosos y testimonios vulnerables a ilusiones perceptivas y sesgos cognitivos.41, 42 Las nuevas cámaras hacen más que capturar la realidad: hacen que sea cada vez más difícil sostener, sin vergüenza, aquello que depende de sombras y baja verificabilidad.
En este contexto, tiene poco sentido hablar del «fin» de las creencias paranormales; lo que observamos es un creciente desajuste entre las creencias persistentes y la ausencia de evidencia. En un planeta donde gran parte de la población lleva en sus bolsillos, manos o en el salpicadero de sus coches cámaras de alta resolución con acceso inmediato a las redes sociales, cabría esperar razonablemente una explosión de grabaciones nítidas de fantasmas, demonios, deidades intervinientes, ovnis o primates míticos, si dichas entidades realmente interactuaran con el mundo físico de forma mínimamente recurrente o plausible.43, 44
En cambio, lo que se acumula son décadas de encuestas de opinión que muestran creencias estables y un volumen colosal de «evidencia» que se derrumba ante el primer análisis escéptico. La coincidencia sigue siendo sorprendente: justo cuando estos fenómenos finalmente pudieron verificarse ante las cámaras omnipresentes, permanecen invisibles.
La explicación más parsimoniosa sigue siendo la misma que los escépticos han articulado durante mucho tiempo: no es que los fenómenos hayan decidido retirarse u ocultarse, sino que nunca hubo fenómenos paranormales que registrar, solo interpretaciones humanas de eventos naturales, ilusiones y fraudes.
Heslley Machado Silva es profesor de la Universidad Estatal de Minas Gerais y del Centro Universitario de Formiga, Brasil. Tiene un doctorado en Educación y títulos en Biotecnología y Biología Celular y Molecular. Su investigación explora la educación evolutiva, la intersección entre ciencia y religión, y la aceptación pública de la teoría evolutiva. También investiga el creacionismo, el diseño inteligente y la difusión de desinformación científica sobre la salud y el medio ambiente.
REFERENCIAS
3 Bane, T. (2016). Encyclopedia of Spirits and Ghosts in World Mythology. McFarland.
7 Moore, D.W. (2005). Three in Four Americans Believe in Paranormal: Little Change From Similar Results in 2001. Gallup News. https://news.gallup.com/poll/16915/three-four-americans-believe-paranormal.aspx
9 Yi, S. & Hogenboom-Jones, R. (2025). Paranormal Phenomena Met With Skepticism in U.S. Gallup News. https://news.gallup.com/poll/692738/paranormal-phenomena-met-skepticism.aspx
12 Hoogeveen, S., Wagenmakers, E.-J., Kay, A.C., & van Elk, M. (2024). Prevalence, Patterns and Predictors of Paranormal Beliefs in the Netherlands: A Several-Analysts Approach. Royal Society Open Science, 11(5), 240049. https://doi.org/10.1098/rsos.240049
13 Dean, C.E., Akhtar, R., Gale, T.M., Irvine, K., Grohmann, D., & Laws, K.R. (2022). Paranormal Beliefs and Cognitive Function: A Systematic Review and Assessment of Study Quality Across Four Decades of Research. PLOS ONE, 17(5), e0267360. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0267360
15 Yi, S. & Hogenboom-Jones, R. (2025). Paranormal Phenomena Met With Skepticism in U.S. Gallup News. https://news.gallup.com/poll/692738/paranormal-phenomena-met-skepticism.aspx
19 Dean, C.E., Akhtar, R., Gale, T.M., Irvine, K., Grohmann, D., & Laws, K.R. (2022). Paranormal Beliefs and Cognitive Function: A Systematic Review and Assessment of Study Quality Across Four Decades of Research. PLOS ONE, 17(5), e0267360. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0267360
21 Mackinlay, C. (2022, October 31). New Research Reveals Why One in Six Brits Believe They Have Experienced a Ghost. HullLive. https://www.hulldailymail.co.uk/whats-on/whats-on-news/new-research-reveals-one-six-7725748
23 Ost, J., Granhag, P.A., Udell, J., & Roos af Hjelmsäter, E. (2013). False Memory ? False Memory: DRM Errors Are Unrelated to the Misinformation Effect. PLOS ONE, 8(4), e57939. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0057939
26 Guzzo, G.B. (2019). Houdini Among the Spirits: As Lesson in Critical Thinking. Think, 18(52), 47–58. https://doi.org/10.1017/S1477175619000101
29 Nickell, J. (2012). The Science of Ghosts: Searching for Spirits of the Dead. Prometheus Books.
30 Montgomery, R. (2012). Aliens and UFOs: Physical, Psychic or Social Reality? BookLocker.com, Inc.
31 Kean, L. (2010). UFOs: Generals, Pilots, and Government Officials Go on the Record. Harmony Books.
32 Sykes, B.C., Mullis, R.A., Hagenmuller, C., Melton, T.W., & Sartori, M. (2014). Genetic Analysis of Hair Samples Attributed to Yeti, Bigfoot and Other Anomalous Primates. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 281(1789), 20140161. https://doi.org/10.1098/rspb.2014.0161
34 Boudry, M. & Braeckman, J. (2011). Immunizing Strategies and Epistemic Defense Mechanisms. Philosophia, 39(1), 145–161. https://doi.org/10.1007/s11406-010-9254-9
35 Csordas, T. (2002). Body, Meaning, Healing. Palgrave Macmillan.
37 Vosoughi, S., Roy, D., & Aral, S. (2018). The Spread of True and False News Online. Science, 359(6380), 1146–1151. https://doi.org/10.1126/science.aap9559
38 Moore, D.W. (2005). Three in Four Americans Believe in Paranormal: Little Change From Similar Results in 2001. Gallup News. https://news.gallup.com/poll/16915/three-four-americans-believe-paranormal.aspx
40 Yi, S. & Hogenboom-Jones, R. (2025). Paranormal Phenomena Met With Skepticism in U.S. Gallup News. https://news.gallup.com/poll/692738/paranormal-phenomena-met-skepticism.aspx
44 Yi, S. & Hogenboom-Jones, R. (2025). Paranormal Phenomena Met With Skepticism in U.S. Gallup News. https://news.gallup.com/poll/692738/paranormal-phenomena-met-skepticism.aspx
https://www.skeptic.com/article/where-have-all-the-ufos-yeti-demons-and-ghosts-gone/