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Vuelve Perspectivas

Perspectivas

La prestigiosa revista electrónica Perspectivas vuelve a estar accesible, ahora desde esta misma web.

Perspectivas, editada por Kentaro Mori (Brasil), Luis Ruiz Noguez (México) y Diego Zúñiga (Chile), fue una verdadera enciclopedia cósmica, donde los casos vinculados a la ufología, las ciencias misteriosas, lo insólito y las historias más estrambóticas de la naturaleza se reunían para salir a flote, con buen humor y desde una perspectiva (de ahí el nombre) distinta. Con una calidad poco común, sus artículos, gracias a la cortesía de sus editores con la Fundación Anomalía, pueden desde ahora volver a consultarse en la red.

http://www.anomalia.org/perspectivas/index.html

Los Portulanos de Piri Re’is (Primera parte)

LOS PORTULANOS DE PIRI REIS

Después de la Primera Guerra Mundial los turcos, hastiados del sultán y de sus crueles arbitrariedades, se sublevan e instalan la república. Se designa como presidente a Mustafá Kamal Bajá Atatürk, que estuvo en el poder desde 1923 hasta 1938.

El nuevo régimen intentó suprimir las antiguas costumbres feudales e inició una época de cambios. Entre otros se decidió transformar el antiguo serrallo del palacio de Topkapi, en Estambul, donde tenía el sultán su harén, en un hermoso y bien dotado museo. Enviaron las odaliscas a casa y se hizo un inventario de lo que había adentro. A cargo de los trabajos se dejó a Halil E»™dhem, entonces director del Museo Nacional Turco.

El 9 de noviembre de 1929 se encontró, en la biblioteca del gineceo, dos mapas del mundo, o mejor, fragmentos, que se creían perdidos: los mapas de PÄ«rÄ« Muhyi «˜l Din Re»™is (PÄ«rÄ« Reis Ibn Hadji Mehemet, PÄ«rÄ«, almirante hijo del peregrino a la Meca Hadji Mehemet), cuyo verdadero nombre fue PÄ«rÄ« Reis Ahmet Muhiddin, o sencillamente PÄ«rÄ« Re»™is. En turco PÄ«rÄ« significa «admirable, sublime», y Re»™is, «animal»; por consiguiente PÄ«rÄ« Re»™is es más bien un subtítulo honorífico y no un nombre propiamente dicho.

Los mapas fueron dibujados en 1513 (919 d. H. o después de la Hégira, en el calendario islámico) sobre piel de gamuza y antílope con sustancias químicas. Muestran, además de los litorales, diversos dibujos entre los que podemos observar a los reyes de Guinea, Marruecos y Portugal. Se ve también un elefante y un avestruz en África. En América del Sur vemos una llama y un puma. Todos los dibujos poseen leyendas escritas en turco. Sólo se poseen fragmentos de estos mapas: la porción del Atlántico con sus costas americanas, europeas, africanas, árticas y antárticas. Es decir, la parte occidental del mapa. El tamaño de los mapas es de aproximadamente 85 por 60 centímetros. Aquí y allá se ven diversos dibujos de barcos y pájaros. Las montañas se indican por su relieve y los ríos con líneas gruesas. Los parajes rocosos se pintan de negro, las aguas arenosas y poco profundas con puntos rojos y los escollos no visibles en la superficie del mar se señalan con cruces. Casi todas las notas marginales fueron escritas en turco y sólo tres fueron escritas en árabe, en ellas se testifica que el autor es sobrino de Kemāl Re»™is y que su trabajo fue escrito y compilado de (sic) Gelibolu en el año 1513.

Lo «extraordinario» de los mapas es que, se dijo, habían sido creados por PÄ«rÄ« Re»™is basado en mapas dibujados por los griegos contemporáneos de Alejandro Magno. Otros «expertos», afirmaron que las fuentes eran anteriores al diluvio. También se dijo que habían sido elaborados desde un avión o un satélite artificial geoestacionario posado sobre Alejandría. ¿Es verdad todo esto? Veamos.

EL ALMIRANTE PIRI

De origen turco y cristiano (griego), PÄ«rÄ« Re»™is nació en el pueblo de Karaman, cerca de Konya, Gelibolu (Gallipoli), ciudad turca situada en la Península de Gallipoli, a orillas del mar Egeo, en el seno de una familia de grandes marinos turcos. Su padre fue el corsario HādjdjÄ« Meted (Hadji Mehemet), y su tío el mítico Kemāl Re»™is. Él mismo, en el prefacio de su libro, se llama hijo de HādjdjÄ« HaÄ·Ä«rÄ«, que quizá es un nombre que tomó para que rimara con PÄ«rÄ«. Otras fuentes citan que el nombre del corsario fue PÄ«rÄ« Muhyi «˜l-Din.

Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, pero debió ser a finales del sultanado de Mehemed II el Conquistador (1431-1481) o principios del de su sucesor, Bayaceto II (1481-1512).

En su juventud se unió a su tío Kemal Re»™is. Se distinguió durante las operaciones de la pequeña flota de su tío en las costas francesas y en Venecia. Cuando su tío abandonó la piratería y se unió a la flota del Imperio Otomano, durante el reinado de Beyazit II (o Bayaceto II), PÄ«rÄ« lo siguió y se hizo capitán. Las batallas de Modon e Inebahti (Lepanto), contra don Juan de Austria, le hicieron famoso. De acuerdo con el historiador von Hammer, «ganó mucha fama» por sus acciones en estas expediciones.

PÄ«rÄ« Re»™is fue un célebre héroe (para los turcos) o pirata (para los demás) del siglo XVI, que obtuvo numerosas victorias navales en todo el mediterráneo y mares vecinos, contribuyendo a asegurar la supremacía marítima del Imperio Otomano.

Extremadamente docto, utilizó sus conocimientos de castellano, catalán, griego, italiano, portugués y turco para descifrar viejos mapas que cayeron en su poder. Con ellos trazó dos mapas del mundo, uno en 1513 y el otro en 1528 (durante el reinado de Kanuní Süleyman o Suleimán el Magnífico).

En el prefacio del Bahriye evoca extensamente su primer mapa dibujado en su ciudad natal, Gelibolu, entre el 9 de marzo y el 7 de abril de 1513 (año 919 después de la Hégira). Indica que utilizó todos los mapas que conocía, algunos muy secretos y antiguos e incluso mapas orientales de los que sólo él tenía conocimiento en Europa en esa época. También dice haber utilizado un mapa trazado por el mismo Cristóbal Colón. Este último fue conseguido a través de un marino, miembro de la tripulación del genovés, que fue capturado por Kemal Reis. Esto ocurrió en 1507 cuando Kemal logró capturar siete barcos españoles frente a las costas valencianas.

PÄ«rÄ« Re»™is, continuó en la flota Otomana durante el reinado de Yavuz Selim (1512-1520) y Suleimán el Magnífico (1520-1566). Sirvió como ayudante de Barbaros Hayrettin Pasha, Gran Almirante de la Flota Imperial Otomana. En 1551 fue elevado al rango de Comandante en Jefe Ķapudan (Gobernador) de la Flota de Egipto, que entonces dependía del Imperio Otomano. Posteriormente formó parte de la tripulación del pirata Kahir Eddin Barbarroja, participando en el saqueo de Adén, Yemen y Mascate, en el Golfo de Omán, y del sitio de Hormuz.

En 1547 (945 d. H.) ocupó Adén perdiendo en las costas árabes varias de sus 31 naves. Tomó el puerto de MasÄ·at, sobre la Península de Arap, y se llevó muchos de sus habitantes como esclavos. Luego sitió la isla de Hormuz, en el Golfo Pérsico. Los isleños le ofrecieron tesoros, que él aceptó como pago de guerra y levantó el sitio. Al romperse el sitio regresó a BaÅŸra. En su camino a casa le llegaron noticias de que una poderosa flota portuguesa había bloqueado la entrada al Golfo Pérsico. Ordenó cargar todos los tesoros en tres barcos y dejó los otros 28 en BaÅŸra partiendo hacia Estambul. Mientras pasaba a través del bloqueo de los portugueses uno de sus barcos naufragó en la isla de Bahrain, pero se las arregló para regresar a salvo a Egipto con los otros dos. Finalmente logró llegar al Cairo con dos de sus barcos y todos los tesoros que había robado. Mientras tanto Ķobãd Pasha, el gobernador de BaÅŸra, uno de sus oponentes políticos, había reportado al Emperador en Estambul, que la expedición había fallado, «PÄ«rÄ« Re»™is ha regresado sólo con 2 barcos mientras que había partido con 31», sin mencionar los tesoros que había traído consigo. El Emperador Suleimán en un arranque de cólera, ordenó su ejecución, cometiendo uno de sus pocos errores en 46 años de reinado. Se dice que fue decapitado en El Cairo en 1554-1555 (962 d. H.), pero probablemente fue antes, en 1551 o 1552 y sus bienes fueron enviados a Estambul. Después de su muerte llegaron mensajeros de Hormuz que demandaban el retorno de los tesoros saqueados, naturalmente no tuvieron éxito. El puesto de Ä·apudan de Egipto fue dado a otro corsario, Murād.

EL BAHRIYE

Además de guerrero fue un hombre culto e inteligente y durante sus aventuras tuvo tiempo de escribir el Bahriye (El Libro del Mar o de la Navegación) que abunda en anotaciones pintorescas y vivaces sobre los puertos del Mediterráneo y en mapas diversos (215 en total) finamente dibujados por PÄ«rÄ« Re»™is.

En el capítulo sobre «El mar occidental» (Océano Atlántico) se expresa así sobre Colón:

«Se dice que un infiel llamado Colombo, que era genovés fue quien descubrió la Antilla[1]. En un libro que cayó en sus manos se decía que en el otro extremo del Mar Occidental, muy al Oeste, había costas, islas y toda clase de metales y también de piedras preciosas. Colombo era también un gran astrónomo. Los litorales y las islas que figuran en este mapa han sido tomados del mapa de Colombo. El citado Colombo, después de estudiar el libro durante largo tiempo, se dirigió a los Notables e Génova y les dijo: «˜Dadme barcos para ir allí y descubrir esas tierras»™. Ellos contestaron: «˜Oh, hombre necio, ¿cómo es posible encontrar límite alguno en el Mar Occidental, que se pierde en la bruma de la noche?»™ Colombo vio que nada podía esperar de los genoveses y se apresuró a ver al bey de España para referirle su historia en detalle. Le respondieron lo mismo que en Génova. Pero insistió tanto tiempo ante los españoles que su bey le dio finalmente dos barcos, muy bien equipados, y le dijo: «˜Oh, Colombo, si sucede lo que tú dices, te haré Rapudán de esa comarca»™. Y enseguida envió a Colombo al Mar occidental».

PÄ«rÄ« Re»™is menciona los datos proporcionados por el marino de Colón capturado por su tío Kemal:

«Los habitantes de esa isla vieron que la llegada de nuestro barco no significaba ningún mal para ellos; por consiguiente, tomaron pescado y nos lo llevaron en sus canoas. Los españoles quedaron muy contentos y les regalaron cuentas de vidrio porque Colombo había leído en su libro que a esos hombres les gustaban las cuentas de vidrio».

En la sección VI, PÄ«rÄ« Re»™is afirma que el libro de Colón data de la época de Alejandro Magno:

«Esta sección muestra cómo ha sido realizado este mapa. Nadie en este siglo posee uno similar. Ha sido elaborado y diseñado por el humilde suscrito. La carta es producto de estudios comparativos y deductivos hechos sobre veinte planos y Mappae Mundi, sobre ocho Djaferiye similares, que fueron trazados en los días de Alejandro, el Señor de los Dos Cuernos, y muestran el cuarto habitado[2]. Los árabes los llaman Djaferiye y se hicieron a partir de ocho mapas del tipo mencionado, de un mapa árabe del Hind[3] y otros que se supone fueron realizados por cuatro portugueses de los países de Sind, Hind y China y que fueron diseñados geométricamente; también ha sido realizado partiendo de un mapa diseñado por Colombo que muestra la región occidental. Reduciendo todos estos mapas a la misma escala, he llegado a esta disposición final. Hay que decir que si la carta de esos países es exacta y válida para los marinos, es igualmente exacta y válida para los siete mares».

PÄ«rÄ« cita a otros antecesores de Colón: Sanvobrandan[4], los portugueses Nicola Giuvan y Antón el Genovés. Termina diciendo que: «Nada hay en este libro que no se base en hechos. El más pequeño error hace inutilizable a todo mapa marino».

LOS PRIMEROS ESTUDIOS

Uno de los primeros analistas de los mapas de PÄ«rÄ« Re»™is lo fue el alemán Paul Kahle, de la Universidad de Bonn, quien los presentó en el XVIII Congreso de Estudios Orientales, celebrado en Leiden, Holanda, en septiembre de 1931.

Luego de haber sido descubiertos, en 1929, se sacaron varias copias que fueron enviadas a diferentes bibliotecas del extranjero. En 1953, un oficial de la marina turca envió una copia a la Oficina Hidrográfica de la Marina Norteamericana, en Washington, (aunque él desconocía que ya existían facsímiles en la Librería del Congreso y en otras librerías de los EU[5]). El mapa fue referido al cartógrafo M. I. Walters, quien a su vez lo remitió a su amigo, el especialista en mapas antiguos, capitán Arlington H. Mallery, experto cartógrafo, quien también trabajaba en la Oficina Hidrográfica.

En aquel entonces el capitán Mallery, ingeniero de profesión, navegante, arqueólogo y autor, había dedicado algunos años al estudio de antiguos mapas para determinar el posible itinerario seguido por las naves vikingas para alcanzar el continente americano.

Mallery había servido en los transportes de tropas durante la Segunda Guerra Mundial. Estaba obsesionado con el descubrimiento de América antes de Colón. Había escrito algunos artículos en donde trataba de demostrar que la lengua iroquesa poseía ciertos vocablos noruegos. Dos años antes de dar con los mapas de PÄ«rÄ« Re»™is (1951) había publicado el libro Lost America, con un prefacio de Mattew W. Stirling, Director de la Oficina de Etnología norteamericana, de la Smithsonian Institution. En el libro analizaba las sagas escandinavas y, ayudado de los portulanos[6] vikingos, pudo reconstruir la epopeya vikinga en Islandia, Groenlandia, Terranova y la costa canadiense.

La aparición de los portulanos de PÄ«rÄ« Re»™is abría nuevas perspectivas a su teoría. Él se llevó el mapa a su casa y regresó con algunos comentarios interesantes. Dijo que para él algunas de las tierras del sur podrían ser la Antártica, en específico la Tierra de la Reina Maud, actualmente bajo los hielos, lo que implicaba que alguien había dibujado este mapa antes de que aparecieran los hielos. Solicitó la colaboración de M. I. Walters, cartógrafo adscrito al Servicio Hidrográfico de la Marina Norteamericana y de R. P. Daniel L. Linehan, sacerdote de la Compañía de Jesús, sismólogo miembro del Observatorio Weston del Boston College y miembro integrante de las expediciones de la marina norteamericana a la Antártica durante el Año Geofísico Internacional. Al reverendo Dr. Francis Hieden, sacerdote jesuita, director del Observatorio de la Universidad de Georgetown. Estos investigadores dijeron haber descubierto que existían diversos accidentes geográficos que coincidían, según ellos, con lo conocido actualmente, aunque estaban desplazados de sus posiciones correctas. Dijeron haber encontrado que estos errores se debían a la proyección con la cual habían sido trazados. Por ejemplo, las distancias entre los puntos geográficos costeros y los distintos puertos eran correctas, pero su alineación parecía estar equivocada. El sistema de proyección empleado resultaba extraño, al menos para el profano.

Adolf Eric barón de Nordenskjold, un explorador sueco del siglo XIX, invirtió dieciocho años para verter la traducción de los portulanos al lenguaje cartográfico moderno, utilizando la proyección de Mercator. Una vez redibujados los mapas de acuerdo con esta proyección, empezaron a ocurrir hechos sorprendentes.

Algunos puntos geográficos, como la Tierra de la Reina Matilde[7], mostraban detalles desconocidos en el siglo XVI, supuestamente sin los hielos que la cubren en la actualidad. Puntos que PÄ«rÄ« Re»™is marca como islas, parecen ser picos montañosos subglaciares descubiertos por la expedición Antártica Noruega-Sueca-Británica de 1949-1952, y que fueron dados a conocer en el Geographic Journal, de junio de 1954.

Aparece la isla de Marajo, no descubierta hasta el año de 1543, aunque Gerhard Kremer, llamado el comerciante (Mercator), la situó en la desembocadura del Orinoco.

Se dice que también están las Malvinas[8], descubiertas en 1592, y las Schetland del hemisferio sur, y la península de Palmer.

NUEVAS INVESTIGACIONES

Los primeros resultados fueron dados a conocer en el Forum radial de la Universidad de Georgetown, el 26 de agosto de 1956, emisión radiofónica en forma de coloquio que dicha universidad venía haciendo todos los domingos a través de una emisora de Washington, D.C., y en la que tomaban parte eminentes personalidades científicas. En ese entonces Walters declaró:

«Este mapa del mundo tiene 5,000 años y aún más. Pero contiene datos que son todavía anteriores en muchos miles de años».

Por su parte Mallery dijo:

«En la época en que se hizo el mapa, no sólo era necesario que hubiera exploradores, sino también técnicos en hidrografía particularmente competentes y organizados, pues no puede dibujarse un mapa de continentes o territorios tan grandes como la Antártica, Groenlandia o América, si se es un simple individuo o apenas un pequeño grupo de exploradores. Se necesitan técnicos que conozcan de astronomía y los métodos para el relevamiento de mapas. No comprendemos cómo pudieron hacerse dichos mapas sin la ayuda de la aviación. Además, las longitudes son totalmente exactas, cosa que nosotros mismos sólo sabemos determinar desde hace apenas dos siglos».

Se distribuyeron resúmenes de estas pláticas, uno de los cuales fue a caer en manos de Charles H. Hapgood, historiador y geógrafo de la universidad de New Hampshire y del Keene State College, quien decidió investigar.

Hapgood era gran aficionado de los fenómenos paranormales, que había investigado las figurillas de Acámbaro[9], sostenía que Cristo había estado en América y era editor de libros psicografiados por mediums, es decir, la persona «idónea» para investigar este caso.

Hapgood inicialmente aseguró que los mapas fueron dibujados tomando como punto central de referencia la ciudad de Alejandría. Pero luego cambió de opinión al estudiar las rosas de los vientos que aparecen en el mapa de PÄ«rÄ« Re»™is. Las rosas de los vientos parecen reproducir el patrón del compás de los marinos. Algunas tienen 16 líneas y otras 32.

«Buscar el centro del mapa nos llevó tres años. Pensamos al principio que las líneas que se extendían desde los cinco puntos de proyección probablemente se juntaban en Egipto. Usamos varios métodos para proyectar las líneas a los puntos en donde se unían. Nuestra primera suposición para el centro del mapa fue la ciudad de Alejandría. Esto me parecía correcto ya que Alejandría fue durante mucho tiempo el centro de la ciencia y enseñanza del mundo antiguo. Me parecía que, si ellos hubieran decidido dibujar un mapa, los geógrafos de Alejandría naturalmente harían el centro en su ciudad.

«Sin embargo, esta suposición probó ser errónea. Apareció una contradicción. La gran rosa de los vientos en el Atlántico Norte se veía como si estuviera sobre el Trópico de Cáncer. Una de las líneas de su centro evidentemente iba directamente hacia el centro del mapa. Pero notamos que esta línea estaba en un ángulo recto de nuestro meridiano principal. Esto significaba, por supuesto, que era un paralelo de latitud. Ahora, el Trópico de Cáncer está a 23 ½º Latitud Norte, y por lo tanto el paralelo de la rosa de los vientos podría alcanzar un centro en Egipto a 23 ½º Norte. Pero Alejandría no está a esa latitud. Se encuentra a 31º Norte. Por lo tanto Alejandría no podía ser el centro de nuestro círculo».

Ayudado por uno de sus alumnos, Frank Ryan, y por el matemático Richard W. Strachman, descubrió que el mapa había sido diseñado partiendo de dos ecuadores. El error se debía a que el almirante turco se había basado en los datos de Eratóstenes, utilizando un radio de 66º 5″™, en lugar de 69º 5″™.

Según Hapgood este mapa, y el de Fineus, del que hablaremos más adelante, fueron dibujados a partir de mapas hechos en tiempos prehistóricos, antes de que el hielo cubriera la Antártica. Los cartógrafos debieron pertenecer a una civilización perdida de «antiguos reyes del mar», cuyas destrezas olvidadas fueron descubiertas posteriormente.

Estas locuras de Hapgood estaban avaladas por comentarios tan «técnicos y científicos» como los del comandante Harold Z. Ohlmeyer, de la US Air Force, quien en una carta dirigida a Hapgood, fechada el 6 de julio de 1960, escribe:

«Las líneas costeras debieron ser cartografiadas antes de que la Antártica quedara cubierta de hielo. Hoy en día, el hielo alcanza en este sector un grosor aproximado de una milla. No tenemos la más remota idea de cómo pueden encajar los datos de este mapa con los conocimientos geográficos de 1513».

En 1969 los doctores Walter Sproll y Robert Sinclair Dietz, científicos de la Enviroment Science Services Administration hallaron el punto exacto que unió en otros tiempos a la Antártica con Australia. Y ese punto, según Hapgood, venía indicado en el mapa de PÄ«rÄ« Re»™is. Sproll y Dietz declararon que la separación, resultado de la fragmentación de la original Pangea en lo que serían los continentes conocidos, tuvo lugar hace cuarenta millones de años. Linehan declaró que todos los accidentes topográficos y perfiles litorales de la Antártica coincidían con lo descubierto por la Task Force 43 norteamericana, mediante sondeos sísmicos realizados con explosivos a través de la corteza de hielo, de dos a tres mil metros de espesor.

OTROS MAPAS CURIOSOS

Existen otros mapas que parecen contener información «desconocida» para su época.

Está, por ejemplo, un mapa chino del año 1137 proyectado utilizando trigonometría esférica. Sin embargo el río Amarillo presenta varias desviaciones con la realidad.

El mapa Zeno, atribuido a los hermanos venecianos Nicolás y Antonio Zeno, quienes de acuerdo con un relato de su nieto en 1500, habían viajado a los mares nórdicos en 1380. El mapa fue encontrado en una catedral islandesa y muestra a Groenlandia dividida en dos partes, lo que de acuerdo con Hapgood, concuerda con los resultados de la expedición francesa de Paul-Emile Victor en los años 1947-1949.

El mapa del italiano Andrea Benincasa, de 1508, también muestra las costas escandinavas y de Groenlandia.

En 1519 Jorge Reinel publica su mapa mostrando el Océano Indico y Australia, que oficialmente fue descubierta en 1600.

Uno de los más famosos es el de Oronteus Finaeus[10] (llamado Oronzio Fineo en italiano y Orontius Finaeus en latín), trazado en 1531, que muestra la Antártica señalando el polo Sur. El mapa, llamado Nova el Integra Universi Orbis Descriptio fue comentado por Hapgood con estas palabras:

«La forma general del continente se parecía notablemente a las líneas del continente de nuestro mapa moderno. La posición del Polo Sur, más o menos en el centro del continente, en general parecía correcta. Las montañas que bordean la costa recordaban las numerosas cordilleras descubiertas en la Antártica en años recientes».

La carta o mapa de Oronce Fine, muestra alrededor del polo sur un gran continente llamado «Tierra Australis». Para los cultores de lo insólito esto demuestra que la Antártica ya era conocida antes de su exploración efectiva.. Pero lo que dibuja Oronce Fine en su mapa no es la Antártica sino una representación de una tierra mítica, compuesta uniendo la pequeña información disponible sobre la tierra de pocas regiones al extremo sur del mundo conocido.

Esa tierra mítica fue propuesta por los filósofos griegos, comenzando por Pitágoras. Desde antiguo se le dio el nombre de «Terra Australis Incógnita». El razonamiento para deducir su existencia se basaba en la esfericidad de la Tierra. Eratostenes, en el siglo III a. C., calculó, de manera aproximada, el diámetro de la Tierra. Los griegos creían que deberían existir esa tierras para compensar el peso de las tierras emergidas en el hemisferio Norte, de otra forma la Tierra quedaría «desbalanceada».

La idea de una «Terra Australis Incógnita» continuó durante siglos. Se escribieron libros y se dibujaron cartas geográficas que representaban ese continente fantástico aún antes de que Oronce Fine dibujara su mapa. Se trataba pues de un mito no distinto del paraíso terrenal, del reino del Preste Juan o del Dorado, que también eran representado a menudo en los mapas medievales y posteriores.

Varios especialistas ven las teorías de Hapgood con gran escepticismo; señalan que los cartógrafos medievales a menudo trazaban un continente meridional tan sólo para que el mundo se viera simétrico, y que muchos mapas antiguos son completamente inexactos pues sitúan países y costas a cientos de kilómetros de donde debían estar. Uno llegó a opinar que la Antártica de Finaeus es sencillamente un trazo adicional de África.

Después de las primeras exploraciones que siguieron al descubrimiento de América los navegantes llevaron noticias de tierras nuevas descubiertas al sur y esto consolidó la idea de que existía el continente mítico.

Ese gran continente que en la carta de Finaeus ocupa la mayor parte del sur del hemisferio se llama «Tierra Australis recenter inventa sed non plene cognita» que quiere decir Tierra Austral de reciente descubrimiento pero no completamente conocida. También de esto se entiende que no se puede tratar, como pretenden los escritores de misterios, de una representación del continente antártico antes de que se congelara (se ven los montes, valles, ríos…) sino de tierras de reciente descubrimiento y solo parcialmente conocidas por los navegantes de la época.

Sobre todo la Antártica verdadera no se encuentra en contacto con la América del sur, separada de ésta solo por el estrecho de Magallanes. El continente austral esta de hecho muy distante del estrecho y la parte más septentrional se encuentran a más de 1000 kilómetros al sur de la Tierra del Fuego. El mapamundi de Fineo es por lo tanto una carta aproximada, idealizada, donde la tierra sólo oteada por los navegantes vino a unirse en medio de ellas hasta formar un gran continente austral.

¿Cuáles pueden ser estas tierras «recenter inventa sed non plene cognita»? Una es seguramente la Tierra del Fuego, costeada por Magallanes en 1520, que para todo el siglo XVI se pensará que es una de las extremidades norteñas de la Tierra Australis. El mapa de Fineo por lo tanto no aparece, en la descripción de esa región, distinta de tantas otras del mismo período.

Pero también otra tierra, al extremo sur del mundo conocido, comenzó a ser visitada por los navegantes portugueses que en las primeras décadas del siglo XVI ellos mismos ya habían llegado hasta las islas del archipiélago indonesio.

En el mapa de Fineo se pueden ver por arriba las islas de Java y Timor, por lo tanto de aquel continente llamado «Tierra Australis», que se creía se extendía hasta el estrecho de Magallanes por lo tanto a la América del sur, también podría hacer la parte de Australia que se encuentra justo al sureste de Java y Timor. El gran golfo evidenciado en la Tierra Australis puede por lo tanto ser una representación primitiva del golfo de Carpentaria, al que dentro son reconocibles las dos islas, islas de Groote e isla de Wellesley.

La costa norte de Australia, y en particular la región llamada «Regio Patalis» a la derecha de un gran golfo, es reconocible también en muchos mapas de la mitad de los «˜500 y seguro había sido recorrida por los portugueses mucho antes del recorrido de Abel Tasman en 1642 o del descubrimiento «oficial» de parte del capitán Cook.

Escribe Kenneth Gordon McIntyre:

En los mapas del final de los ‘400 aparece ya de hecho el archipiélago indonesio (Java, Sumatra, Borneo, Celebes) y ciertamente muchos navegantes estaban al tanto de una gran tierra inexplorada al sur, y el mismo Marco Polo había hablado acerca de una gran isla al sur de Java, conocida por los chinos y rica de oro y de conchas.

Al principio de los «˜500 los portugueses habían iniciado la colonización de esas pequeñas islas distantes de Australia, que resultaron pertenecer a su jurisdicción. Habían llegado hasta Java y Malacca (1511) y Timor (1515), habían probablemente ya explorado las costas del norte de una gran tierra desconocida. La exploración de Mendonça al sur de Timor es de hecho de 1522. El navegante se fue a la búsqueda de las «Indias del Sur», citados en muchos historias de navegantes europeos y chinos. Cristóvão de Mendonça atracó en lo que al principio parecía una isla grandísima. Al regreso a Portugal De Mendonça guardó el descubrimiento en secreto para evitar que pudiera ser aprovechado por los españoles. La posición de la línea de demarcación entre España y Portugal en el Pacífico todavía era muy controvertida.

Una tierra muy extensa llamada «Gran Java», situada al sur de Java y Sumatra, aparece en muchos mapas franceses de los ‘500 que reportan nombres geográficos portugueses. Quizás habrían podido ser copiados todos del mismo mapa original trasfugado de Portugal por el obispo Miguel De Silva. Fue acusado por haber llevado ilegalmente fuera del país documentos reservados, y también mapas geográficos que eran considerados tales, porqué podrían proveer a otras naciones de información importante para las conquistas coloniales.

En aquellos tiempos los viajes y exploraciones no se emprendían por deporte, o deseo de saber. Lo importante era abrir nuevas rutas y encontrar las tierras, especies, metales preciosos, pero esa «Tierra Australis recenter inventa» siguió siendo por mucho tiempo inexplorada porqué no ofrecía una apariencia «distinta a costas áridas, habitadas poco por salvajes en condiciones casi inhumanas que no era posible entender». Australia aparece claramente en el mapa de Cornelius De Jode de 1593 y en los mapas del mundo del principio del siglo XVII, pero sólo hasta 1642 el holandés Abel Tasman navegó al sur de Tasmania y de Nueva Holanda, la actual Australia, descubriendo que esta tierra no pertenecía al mítico continente austral, pero era una isla grandísima.

Curioso también es el mapa de Hadji Ahmed (1559) muestra el perfil de las costas americanas, aunque posee grandes errores de proyección.

El portulano de Jehudi Ibn Ben Zara, de Alejandría, fue analizado por Jacques Victor, quien escribió:

«Es el mejor de todos, pero presenta tres anomalías: la desembocadura del Guadalquivir (actualmente un delta), se halla representada como si se tratara de una bahía; el mar Egeo está sembrado de islas, mientras que hoy se encuentra con muchas menos de las allí representadas; y finalmente, Ibn Ben Zara dibuja heleros en Irlanda e Inglaterra. Estos tres detalles sugieren la idea de que la carta original se remonta al final de la última glaciación».

Finalmente está el mapa de Philippe Buache, publicado seguramente después de 1739 porqué en él es citado el viaje del capitán Charles Bouvet quién había recorrido tierras nuevas al sur del cabo de la Buena Esperanza el primero de enero de ese año. En efecto el mapa parece muy extraño, el Polo Sur se encuentran al centro de un mar glacial y es circundado por dos islas más grandes que forman un continente austral inmenso. En este caso la semejanza con la antártica es más escasa, pero los magufos se atreven a decir que este mapa representa la Antártica antes que fuera cubierta por los hielos, hace cientos de miles de años.

También esta vez la verdad es mucho más simple y revela la manera de trabajar de estos autores. En este caso como ejemplo, no se han leído el texto, descripciones, y notas, presentes en el mapa de Buache, ya que si hubieran sido leídas habrían explicado claramente lo que deseaba representar el cartógrafo. Por otra parte se ocultó al lector una información muy importante, el hecho de que existen dos versiones de este mapa.

La primera contiene solamente la información verdadera sobre las tierras nuevas descubiertas recientemente al extremo sur del mundo: Australia, Tasmania, Nueva Zelanda, la isla de Bouvet con el Cabo de la Circuncisión, otra tierra al sur de la Tierra del Fuego (quizás una de las islas Shetland).

En el segundo el autor ha diseñado un continente imaginario uniendo con poca eficacia las costas explorada hasta ese período (diseñado en rojo), y llegando a crear por lo tanto al último heredero de la mítica «Terra Australis Incógnita» representada en muchos mapas del renacimiento. Buache por lo tanto no ha representado la Antártica como era hace cientos de miles de años sino ha trabajado solamente de fantasía. En particular Buache se ha inspirado, en el diseño de la forma de la Terra Australis, del mapamundi de Gerard De Jode de 1593, mientras que algunas denominaciones de partes de la Terra Australis (por ejemplo la Terre Des Perroquets) derivan del mapamundi de Gerard Mercator de 1541, que a su vez, para definir aquella tierra desconocida, citaba las historias de Marco Polo.

El mapa, en sus dos versiones, es abundante en información, toda concerniente a los viajes hechos al extremo sur del mundo conocido. En particular viene citado el capitán Bouvet, que descubrió el 1 de enero de 1739 un territorio nuevo al sur del Cabo de Buena Esperanza, llamado Cabo de la Circuncisión (el 1 de enero se dedica exactamente a esta tradición) y lo describió hablando de una gran montaña de hielo, amargo e inaccesible. Pero también él, como ya Magallanes con la Tierra del Fuego, no se da cuenta que aquella era una isla, pensó que era la parte septentrional del mítico continente austral. En los mapas de Buache el recorrido de Bouvet está marcado de manera exacta, con las fechas y la continuación de la ruta. En otra parte son descritos los icebergs encontrados en estos viajes. El Cabo de la Circuncisión se representa claramente en el segundo mapa y viene descrito como haciendo parte del continente austral.


[1] En aquella época nombre genérico para toda América.[2] Las tierras emergidas.

[3] India.

[4] San Brandán.

[5] De hecho Kemal Atatürk había enviado una hermosa copia multicolor al presidente Woodrow Wilson, en 1930. El mapa fue exhibido en Washington y posteriormente por todo Estados Unidos. Finalmente fue enviado a la Librería del Congreso

[6] Cartas marinas que incluyen informes y diversos comentarios. El término portulano, de «portolano», se deriva de las cartas navales que guiaban a los marinos de puerto en puerto.

[7] Maud.

[8] Falkland.

[9] Ver nuestro artículo sobre Acámbaro en Perspectivas

[10] Oroncio Fine.

El marcianito de Wiesbaden

EL HOMBRE(CITO) DE LA MÁSCARA DE GAS

John Quinn era un agente del FBI asignado a la oficina territorial de Nueva Orleáns. El 22 de mayo de 1950 recibió una curiosa fotografía, de parte de un informador desconocido, quien decía que la había comprado a otro individuo por un dólar, y que «la ponía en manos del gobierno», porque mostraba «a un hombre de Marte en Estados Unidos».

Se trataba de un evidente truco fotográfico. Para los agentes del FBI no les fue difícil investigar que su origen había sido una revista publicada en Wiesbaden, Alemania.

En la fotografía puede apreciarse un curioso ser «extraterrestre», de un solo pie en forma de pedestal, y cubierto con una especie de máscara antigás. El «hombrecito», de aproximadamente 1.10 metros de altura, estaba flanqueado por dos policías militares. Uno de ellos le toma de la mano (una mano palmeada), mientras que el otro sostiene un recipiente conectado, a través de un tubo, con la máscara antigás. Se supone que era un superviviente alienígena de un accidente OVNI, que era escoltado por los soldados para llevarlo a la base militar.

No se pudo determinar las identidades de los soldados retratados, ni la localización de la base militar donde se pretende fue tomada la fotografía.

La foto no se dio a conocer entre los medios ufológicos sino hasta treinta años después, en 1979, cuando Barry Greenwood, del Citizens Against UFO Secrecy (Ciudadanos Contra en Secreto de los OVNIs), CAUS, aprovechando el Freedom of Information Act (Acta de Libertad de Información), FOIA, solicitó copia de este documento al FBI. Fue así como tiempo después el grupo ufológico UFO Information Network (UFOIN), obtuvo esta prueba de «la visita de seres alienígenas a la Tierra», que luego sería publicada por William L. Moore en el libro del cual sería coautor con Charles Berlitz (El Incidente).

No sabemos si el FBI sólo proporcionó una copia fotostática, o si Moore, al darse cuenta del evidente truco fotográfico, trató de engañar a sus lectores publicando una fotocopia del documento, para maquillar un poco las manipulaciones del laboratorio fotográfico. El hecho es que no publicó la foto, sólo una fotocopia.

LOS UFÓLOGOS «DESCUBREN» EL FRAUDE

Doce años más tarde, la revista italiana Il Giornale dei Misteri, en su número de octubre de 1991, publicaba la explicación del caso. Se trataba de una fotografía publicada originalmente en el rotativo Wiesbadener Tagblatt, el 1 de abril de 1950. Era la ilustración de un artículo del periodista Wilhelm Sprunkel. El artículo reseñaba cómo un platillo volador había sobrevolado la ciudad de Wiesbaden, se había estrellado, y el piloto había sido capturado por los soldados norteamericanos estacionados en una base militar cercana.

El extraterrestre había sido trasladado al hotel Neroberg, de la misma ciudad, y mantenido ahí durante dos días, siendo sometido a diversos análisis e interrogatorios. No se informó cómo se estableció la comunicación. ¿Hablaba alemán o inglés?

El artículo venía acompañado por dos fotografías. En la primera aparecía un platillo volador sobrevolando la torre de la catedral de Wiesbaden. La segunda mostraba al «marcianito».

Los oficiales norteamericanos acantonados en Wiesbaden tomaron con escepticismo la historia. Dos días después comprobarían que habían tendido razón.

La edición del 3 de abril del Wiesbadener Tageblatt aclaraba a sus lectores que todo había sido una broma del día de los inocentes, que en los países sajones se celebra el 1 de abril (April fool»™s day).

La foto del platillo volador sobre la catedral no era sino el reflejo de la luz de una fuente sobre un cristal, y el alienígena era el producto de un cuidadoso fotomontaje, en el que un niño, que aparecía originalmente en la imagen, fue retocado y convertido en un extraterrestre de un solo pie.

Al parecer la idea de esta broma había tenido su origen en las declaraciones de Ray Dimmick sobre un supuesto OVNI que se había estrellado en las inmediaciones de la ciudad de México.

Si los alemanes se habían basado en un reporte originado en los Estados Unidos, los norteamericanos les regresaron la pelota plagiando la idea del reportaje. En la versión americana los sucesos ocurren en Arizona y también se publicaron dos fotografías: la del platillo volador (esta vez sobre el desierto, en lugar de sobrevolar una catedral), y la del «marcianito» (custodiado por agentes del servicio secreto, en lugar de policías militares)[1].

EL FRAUDE YA SE HABÍA DESCUBIERTO 10 AÑOS ANTES

Sin embargo los ufólogos, crédulos como siempre, habían llegado tarde a la fiesta. La explicación a este caso ya se conocía desde 1981. En aquel entonces James E. Oberg, asesor de la NASA y miembro del comité ufológico del Committee for the Scientific Investigations of Claims of the Paranormal (Comité para la Investigación Científica de los Reclamos de lo Paranormal), CSICOP, estaba preparando la publicación de su libro UFOs & Outer Space Mysteries. A Sympathetic Skeptic»™s Report, cuando contactó con Klaus Webnerr, quien había descubierto que todo había sido un fraude del periódico alemán. Se trataba de la foto del hijo del fotógrafo Peter Scheffler, quien había llevado al niño a la base norteamericana de Wiesbaden para fotografiarlo con los policías militares y luego hacer el truco del «extraterrestre».

El extraño aparato conectado a la máscara antigás del «extraterrestre» no era más que el depósito extra de combustible, que se coloca en la parte trasera de los jeeps. Existe otra fotografía de esa misma secuencia en la que aparece el vehículo militar y se puede observar el depósito. En la fotografía del extraterrestre no se ve ninguna sombra de la manguera que conecta su máscara con el depósito.

En definitiva, la foto del «marcianito» de Wiesbaden no era más que una broma perpetrada el día de los inocentes.

Esta es la versión publicada originalmente en el libro El Incidente de Charles Berlitz y William Moore. Era una simple copia fotostática.

Bosquejo que apareció en El Incidente. Aquí Berlitz y Moore le dan un segundo pie al «marcianito», para que pueda desplazarse.

Esta era la foto original, tal como apareció en el Wiesbadener Tageblatt.

La foto original, en donde aparece el hijo de Scheffler feliz por estar con los soldados.

En esta copia se puede ver el depósito de combustible y la manguera. Esta última no muestra sombra en el piso.

REFERENCIAS

Berlitz Charles & Moore L. William, El Incidente, Plaza Janes, Barcelona, 1981.

Oberg E. James, UFOs & Outer Space Mysteries. A Sympathetic Skeptic»™s Report, The Donning Company Publishers, Norfolk, Virginia, 1982.

Ruiz Noguez Luis, La conexión alemana, Contacto OVNI, edición especial La Autopsia extraterrestre, México, noviembre de 1995, páginas 16-17.

Sierra Javier, Inocentadas cósmicas, Más Allá, No. 34, diciembre de 1991.


[1] Ver: El OVNI que se estrelló en la Ciudad de México en 1950.

El primer marcianito

EL PRIMER MARCIANITO

En el mes de marzo de 1950, en la prensa americana y mexicana, aparecieron docenas de artículos sobre los, en ese entonces tan de moda, platillos volantes. Periódicos como Denver Post, Los Angeles Times, Los Angeles Examiner, Chicago Daily Times, Los Angeles News, Las Vegas Daily Optic, Los Angeles Daily News, The New York Times, Los Angeles Herald Express, The Mirror, Novedades, Excelsior, La Prensa, El Nacional, El Universal, Ultimas Noticias, El Mercurio, publicaron durante todo el mes noticias referentes a esas apariciones. Es decir, el tema de los platillos volantes se vendía como pan caliente.

Quizá el detonador de estos reportes periodísticos haya sido la aparición del famoso artículo del Mayor Donald E. Keyhoe en True Magazine[1], en enero de ese año en el que lanza por vez primera la hipótesis extraterrestre para explicar esos avistamientos. Pronto los periódicos de los Estados Unidos hicieron eco de la nueva moda. La influencia de la prensa americana llegó, obviamente, más allá de sus fronteras. En México tuvo gran incidencia, probablemente debida a la confluencia en tiempo de avistamientos de globos meteorológicos lanzados en esas fechas. Las noticias del otro lado del Bravo influyeron en que los mexicanos buscaran en el cielo los famosos objetos que se habían visto en Estados Unidos. Al ver en el cielo los globos (o Venus) pensaron, sin dudarlo, que se trataba de los famosos platillos voladores.

Durante esta oleada periodística el Denver Post publicó, el 9 de marzo, una de las notas más alucinantes: Yank claims he saw wrecked flying disk[2], a la que siguieron varios otros artículos en éste y otros periódicos.

El artículo decía que el gerente de ventas de la Apache Powder Co., el golfista amateur, Raymond L. Dimmick (1884-1966), había visto caer un platillo volador en la Ciudad de México. Entre los restos se encontraba el cuerpo de un humanoide de unos 64 cm de alto, de gran cabeza y cuerpo pequeño. El supuesto extraterrestre había muerto por el impacto. El platillo tenía unos 14 metros de diámetro y era impulsado con dos motores. Estaba construido de aluminio.

Las autoridades militares mexicanas acordonaron el área y recuperaron los restos[3].

Luego Dimmick dijo que en realidad no había visto el platillo. Afirmó que la historia se la habían contado dos de sus socios. Lo único que sí había visto era una tira de metal, de 1.8 metros de longitud por 20 cm de ancho y 2 cm de grosor[4].

El Denver Post[5] publicó la retractación de Dimmick junto con la historia de una curiosa conferencia de la Universidad de Denver, Colorado[6][7]. Un extraño personaje, del cual no se dio el nombre, habló durante 45 minutos ante un grupo de estudiantes. La plática había sido promovida por el profesor Francis F. Borman a fin de que sus estudiantes desarrollaran la habilidad de diferenciar la información de naturaleza científica, de aquella que no lo era[8].

Entre lo más sobresaliente de la conferencia fue la declaración de que en la primavera de 1948 habían sido capturados tres platillos voladores, en cuyo interior se habían encontrado sin vida, 34 seres que los tripulaban. El más pequeño de dichos seres medía 80 cm de estatura, y el mayor aproximadamente un metro[9].

El rector de la Universidad, Albert C. Jacobs, y el vicepresidente, Alfred C. Nelson, estaban un tanto disgustados con el profesor de astronomía, Borman, por no haberse tomado la molestia de, por lo menos, apuntar el nombre y la dirección de su invitado[10]. De no ser porque durante la charla se tomaron algunas fotografías, que fueron publicadas por el Post, nunca se hubiera conocido la identidad del conferenciante. Barron Beshoar, uno de los gerentes de Time-Life Incorporated, lo identificó como Silas Mason Newton, identidad que fue corroborada por Bill Berry, uno de los estudiantes presentes en la conferencia, quien dijo que le había servido de caddy en un torneo de golf en Lakewood[11].

Silas M. Newton era el presidente de la Newton Oil Company, una compañía dedicada a prospectar los lugares más idóneos para encontrar petróleo. Sus métodos eran bastante heterodoxos: utilizaba radiestesia.

Newton tenía cierta fama ya que había sido campeón de golf del Estado de Colorado en 1942. Él sería el artífice de uno de los más famosos y duraderos fraudes ufológicos sobre OVNIs estrellados de que se tenga noticia.

El caso de la conferencia de Newton acaparó los periódicos de aquella época[12].

LA HISTORIA DE RAY DIMMICK

Regresando al caso de Dimmick. El también golfista amateur dijo que los restos del platillo estrellado fueron enviados a una base militar secreta cercana a la Ciudad de México. La única base que conozco (que no es secreta), que está cercana a la Ciudad de México es el Campo Militar Número 1. En aquel entonces estaba fuera de la ciudad, pero hoy está dentro del área metropolitana.

Las autoridades mexicanas habían acordonado el área para poder recuperar el platillo. Dimmick afirmó que algunos militares norteamericanos habían visto el objeto, «pero por razones de seguridad militar se ha mantenido en secreto todo el asunto».

En Washington, D. C., los militares de más alto rango de la Fuerza Aérea, aseguraron no saber nada del asunto y declararon:

«Si algún militar norteamericano vio el objeto, tendrá que hacer un reporte»[13].

Al día siguiente Dimmick dio otra versión. En realidad él no había visto el platillo; dos de sus socios en el negocio de los explosivos y la pólvora, uno de ellos de México y el otro de Ecuador, habían sido los testigos. Dimmick nunca dio los nombres de sus amigos y socios. Éstos le habrían entregado una banda metálica proveniente del platillo, de 1.80 m de largo por 20 cm de ancho y 2 cm de grosor. El metal se parecía al aluminio, pero en realidad, según Dimmick, se trataba de un material desconocido en la Tierra.

«Creo que el gobierno ha adoptado una posición clara «“declaró Dimmick-, pero si no quiere discutir este problema por razones de seguridad, ¿por qué simplemente dice que no es cierto?»[14].

Años después Raymond E. Fowler (Official UFO Magazine, April, 1976), dijo haber localizado a un antiguo empleado de la inteligencia naval de los Estados Unidos, que aseguraba haber sido enviado a México para investigar la historia de Dimmick. Según Fowler, su testigo anónimo, le aseguró que había visto personalmente los restos del platillo e, incluso, había estado presente cuando los militares mexicanos subieron los despojos del humanoide a un camión.

Según los periódicos norteamericanos, el general brigadier Antonio Cárdenas Rodríguez[15], Director de Aeronáutica Militar, la antecesora de la Fuerza Aérea Mexicana, negó tener conocimiento del caso y afirmó que, ajustándose a la «Política del buen vecino», informaría sobre las observaciones que pudieran realizar los pilotos mexicanos. En realidad, como todo buen ufólogo sabe, esa es una de las mentiras típicas del cover up mundial. La Fuerza Aérea Mexicana se quedó con el platillo y mediante ingeniería inversa está desarrollando aviones supersónicos invisibles al radar (lástima que los gringos ya se les adelantaron).

Por su parte, el Dr. Gerard P. Kuiper, profesor de astronomía en la Universidad de Chicago, comentó, burlándose, que aunque el piloto caído en México era un hombrecito, era probable que los pilotos de las naves espaciales pudieran ser pequeños insectos o plantas inteligentes, ya que en su opinión, es lo único que podía vivir en Marte.

LOS REPORTES DESDE MÉXICO

Mientras tanto en México se tenía la primera oleada de platos voladores[16], y las noticias que llegaban a los Estados Unidos eran las siguientes:

El 2 de marzo dos estudiantes de astronomía, Luis Munch y Lauro Herrera, jugando con la cámara del telescopio del Observatorio Astronómico Nacional de Tonantzintla, en Puebla, dejaron abierto el obturador. Cuando se revelaron las placas apareció una raya luminosa, el trazo de un bólido. La fotografía fue publicada en el periódico Excelsior, y el reporte del suceso (y, al parecer, también la foto) fue reproducido en True Magazine. El doctor Luis Enrique Erro explicó que el objeto era un aerolito de 23 kilómetros de diámetro que pasó entre las órbitas de la Luna y la Tierra.

¿Un aerolito, el planeta Venus? La falta de más datos nos impide inclinarnos hacia una u otra explicación (en realidad creemos que era, indudablemente, una nave extraterrestre). Para el redactor de Los Angeles Times, el objeto parecía una lámpara de escenario[17].

El 9 de marzo, es decir, el mismo día en que Dimmick aseguró haber visto el platillo estrellado, el periódico El Nacional, órgano oficial de información del gobierno mexicano, informó que un científico de este país, creía que los platillos voladores provenían de Marte. La nota fue reproducida en Los Angeles Times[18].

Esa misma semana el periódico Excelsior publicaba una serie de artículos sobre la locura que se había apoderado de los mexicanos con los platillos[19].

El 14 de marzo cientos de personas dijeron haber visto volar cuatro platillos sobre la Ciudad de México[20] y otros más vieron un OVNI en Monterrey[21][22]. Dos americanos, de Colorado, que se encontraban en viaje de negocios, también pudieron observar el platillo[23]. Las noticias también se dieron en los periódicos americanos[24]. El NICAP recogió datos de este avistamiento.

Sin embargo, ningún medio de información mexicano se ocupó de la historia del platillo estrellado en plena Ciudad de México. Y nadie lo hizo porque esa era una mentira que ni siquiera el mismo Frank Scully se creyó[25].

Llegados a este punto, algunos lectores se preguntarán, ¿en qué momento aparece la famosa fotografía del «marcianito»? Dimmick nunca mencionó la existencia de tal documento.

LA HISTORIA DEL TALK OF THE TIMES

Tres meses después, a finales de junio de 1950, surgió otra noticia, calificada por oficiales de la Fuerza Aérea americana como la más descabellada de todas las de platillos volantes. El pequeño semanario Talk of the Times publicaba dos fotografías como prueba de la existencia de los platillos voladores. Se decía que habían sido tomadas en Arizona. La primera mostraba un enorme disco volante muy inclinado. El pie de foto decía:

«Tocado por bombas cohete, el disco explotó produciendo una lluvia de chispas y alrededor de 20 cápsulas plateadas cayeron a tierra de su interior».

La otra fotografía era la más interesante e impactante. Mostraba un pequeño ser de cerca de un metro de estatura y brillantes vestiduras. El «marcianito» era sostenido por dos hombres de impermeable que, indudablemente tenían una facha de agentes del gobierno. Detrás de estos personajes se podía ver a dos jovencitas que parecían perplejas y aterradas. El segundo pie de grabado decía:

«Al romperse una de las cápsulas, fue capturado el primer marciano. El testigo ocular McKennerich, de Phoenix, agente de la policía secreta, informa lo siguiente: «˜La importancia del momento me tenía asombrado. Por primera vez veía a un ser de otro mundo. Al mismo tiempo me sorprendía la desesperación del «hombre de aluminio». Su cuerpo estaba cubierto por una brillante hoja de este metal»™. El Observatorio de Phoenix estima que esta tela metálica puede servir de protección contra los rayos cósmicos».

Pronto los periodistas trataron de localizar al tal McKennerich, con resultados infructuosos, mientras que en el Observatorio de Phoenix informaron no saber nada del asunto.

La historia olía a fraude y ni siquiera era original. Se había plagiado lo de las cápsulas de las revistas y comics de Superman. Ninguno de los ufólogos de aquella época, incluyendo al mayor Donald E Keyhoe, se creyó la historia[26].

INTERPLANETARY INTELLIGENCE REPORT

Así estaban las cosas hasta ese momento. Teníamos dos cuentos o fraudes totalmente independientes. Uno supuestamente había ocurrido en México, mientras que el otro se ubicaba en Arizona.

Quince años después, en el volumen 1, número 4 de la revista Interplanetary Intelligence Report, órgano del grupo ufológico The Interplanetary Intelligence of Unidentified Flying Objects (IIUFO), de Oklahoma City, fundado en 1957, apareció nuevamente la fotografía mezclándola con la historia de Dimmick. Esta es la razón por la cual todo mundo cree que la fotografía fue tomada en México.

El IIUFO y su revista los dirigía Hayden C. Hewes[27]. Se publicaron un total de 9 números bimestralmente, desde mayo de 1965 hasta septiembre de 1966. En el último número (9) se anunció el cambio de nombre de la revista a International UFO Report, y la unión al consejo editorial de Robert Stiff y Chris Cooper. No se llegó a publicar ninguna revista con ese título. Hubo cambios y reestructuración, lo que llevó a renombrar la organización como The International UFO Bureau (IU-FOB). En enero de 1968 comenzaron a publicar una nueva revista, UFO Analysis Report, que desaparecería en junio de 1969, después de publicar nueve números.

La historia de la fotografía, tal y como la conocemos hoy día, fue tomada de ese boletín ufológico por diversos autores, entre ellos podemos mencionar a Antonio Ribera[28]. Otros, como el argentino Emilio Álvarez Ojea[29] y el italiano Gianni Lucarini[30], habían tomado como fuente a Keyhoe. Por cierto, Lucarini afirmó que en el platillo volador se habían encontrado dos extraterrestres, uno fue hallado muerto y el otro, el de la fotografía, vivió aún unos días.

LA METAMORFOSIS DE UN MITO

La historia se fue modificando con el paso de los años. En lo que todo el mundo estaba de acuerdo era en que la foto había sido tomada en México, así lo afirmaban escritores como Roy Stemman[31], Charles Bowen[32] y Robert Rickard y Richard Kelly[33]. Sin embargo, añadían que el extraterrestre había sido enviado no a los Estados Unidos, sino a Alemania, para ser examinado. Creo que esta versión tiene su origen en otra famosa foto de extraterrestres muy similar a ésta, de la que hablaré más adelante.

No obstante, nadie parecía haberse dado cuenta que los cuatro personajes que aparecen en la fotografía, sin contar al «extraterrestre», no tienen las facciones ni las características raciales de los mexicanos. Ese era un claro indicio de que la foto no había sido tomada en México.

La misma foto sufrió varias alteraciones. En las primeras investigaciones aparece un «extraterrestre» delgado, plateado, con botas y una especie de calzoncillo que le cubre sus órganos sexuales, y una capa al estilo de Superman. El las fotos más recientes, principalmente en las publicadas por Salvador Freixedo[34] aparece con un gran pene. Obviamente esa no era obra del ex-sacerdote, que lo que menos le interesa es escandalizar para vender sus libros.

Según el conspiranóico de Freixedo, eso se debe a que las autoridades le añadieron dicho apéndice para que «todo el mundo lo tomara a broma y hasta muchas almas pudibundas ni se atrevieran a mirarla».

En realidad sólo en las obras de Freixedo he visto ese «apéndice», lo que me hace sospechar que él fue quien modificó la foto, lo que concuerda con su estilo sensacionalista.

El mismo Freixedo comete otro error con esta fotografía. El antiguo sacerdote metido a ufólogo escribió:

«El primer atisbo que se tuvo sobre esto, aunque inmediatamente fue sepultado bajo montañas de desprestigio, fue nada menos que hacia el año de 1940, en Colonia, Alemania. Allí fue donde apareció por primera vez la famosa foto del hombrecito llevado de la mano por dos individuos que parecen agentes del FBI o de la GESTAPO. Tras ellos dos mujeres miran a la criatura con cara de asombro. La foto recorrió el mundo, que para aquellas fechas no había oído todavía nada de extraterrestres ni de otros planetas habitados».

Como ya hemos visto más arriba, la foto no tiene su origen en Alemania ni fue publicada originalmente en 1940.

Lo más reciente que hemos sabido de la fotografía es que la revista británica The Unexplained afirmó que había sido tomada en Ciudad Netzahualcóyotl, al poniente de la Ciudad de México.

En 1982, la desaparecida Contactos Extraterrestres publicó un comentario de Joseph Allen Hynek[35]:

«Esta foto es un fraude que ha estado presente durante años. Tenemos entendido que se originó en Alemania, y que el supuesto piloto del OVNI estrellado era en realidad un mono al que se le había rasurado el pelo».

Hynek estaba en lo cierto en lo referente a lo del mono. En realidad esta explicación ya la había dado en su momento Keyhoe y la había retomado Ribera.

Se trataba, en efecto, de un mono Rhesus afeitado, vestido con un «traje espacial» (gorro, capa, calzones y botas) y pintado de color aluminio. Lo que me sorprende es que el padre de la ufología, el experto máximo en OVNIs no conociera los trabajos de su compatriota Keyhoe y siguiera afirmando que la foto era original de Alemania. Bueno, en realidad no me sorprende mucho ya que Hynek era bastante menso.

Por su parte, Timothy Green Beckley, editor de UFO Review, declaró:

«La fotografía fue trucada en Alemania y tenía como objeto el ser una pura broma. Pero pronto mucha gente la empezó a tomar en serio, incluyendo al FBI, que sólo hasta hace poco la reportó como falsa. Había sido mandada al gobierno como un documento que probaba el hecho de que los alienígenas están entre nosotros».

Otras investigaciones reportan el caso de Ray Dimmick y la foto del «marcianito» como fraudes; algo que ya se sabía desde la década de los cincuenta[36][37].

La famosa foto del «marcianito» que se estrelló en la ciudad de México.

Donald E. Keyhoe

Raymond E Fowler.

Antonio Cárdenas Rodríguez.

Gerald P. Kuiper.

Luis Enrique Erro.

La primera plana del Excelsior informaba de la fotografía tomada por Munch y Herrera.

Esto fue lo que captaron las cámaras del Observatorio de Tonantzintla.

Frank Scully.

La foto fue relacionada con el fraude del Majestic 12 y el presidente Harry Truman.

El «marcianito» de México se ha ganado un lugar en la cultura popular moderna. Estas figuras se venden en Japón.


[1] Keyhoe E. Donald, Flying saucers are real, True Magazine, January, 1950.

[2] Anonymous, Yank claims he saw wrecked flying disk, Denver Post, March 9, 1950.

[3] Anonymous, 23-in pilot reported killed in «Saucer» crash, Los Angeles Examiner, March 10, 1950.

[4] Anonymous, Is your saucer view dim or Dimmick»™s?, Denver Post, March 10, 1950.

[5] Anonymous, D.U. students impressed by talk of flying disks and little men, Denver Post, March 10, 1950.

[6] Anonymous, «Disk» reports Start jitters, Chicago Daily Times, March 10, 1950.

[7] Severson Thor, Saucy saucer sauce. Shades of H. G. Wells and Jules Verne, Denver Post, March 12, 1950.

[8] Severson Thor, D.U. Professor places no value on saucer lecturer by Mister X, Denver Post, March 16, 1950.

[9] Anonymous, Saucer-talk middleman quiz target, Denver Post, March 12, 1950.

[10] Anonymous, Disk talk moves D.U. to screen lecturers, Denver Post, March 16, 1950.

[11] Severson Thor, Students identify saucer speaker, Denver Post, March 17, 1950.

[12] Anonymous, The University gets a deserved spanking, Denver Post, March 17, 1950.

[13] Anonymous, 23-in pilot reported killed in «Saucer» crash, Los Angeles Examiner, March 10, 1950.

[14] Anonymous, Is your saucer view dim or Dimmick»™s?, Denver Post, March 10, 1950.

[15] Como Comandante de la F.A.E.M. (Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana) participó en la reconquista total de las Islas Filipinas, en la toma de Formosa y en el asalto final a Japón. Después de su exitoso retorno, fue nombrado Director de Aeronáutica Militar.

[16] Escobar Sotomayor Héctor, La oleada de 1950, Perspectivas Ufológicas, Año 2, No. 6, Pág. 15-22, México, septiembre de 1995.

[17] Anonymous, Mexico sees flying saucers or something, Los Angeles Times, March 12, 1950.

[18] Anonymous, Scientist says saucers carry mars visitors, Los Angeles Times, March 10, 1950.

[19] Anónimo, Más reportes de platos voladores, Excelsior, México, 11 de marzo de 1950.

[20] Anónimo, Platos voladores, Novedades, México, 14 de marzo de 1950.

[21] Anónimo, Platos voladores en el Norte de la República, Novedades, México, 12 de marzo de 1950.

[22] Anónimo, Platillos volantes en la frontera, Excelsior, México, 12 de marzo de 1950.

[23] Anonymous, Experts sight tour «saucers» over Mexico City, Los Angeles News, March 14, 1950.

[24] Anonymous, Experts sight tour «saucers» over Mexico City, Los Angeles Daily News, March 14, 1950.

[25] Scully Frank, Behind the flying saucers, Henry Holt and Company, Inc., New York, 1950.

[26] Keyhoe E Donald, Platos voladores de otros mundos, Populibros La Prensa, México, 1955.

[27] Este personaje estaría involucrado en otro caso de OVNI-Crash. En la década de los noventa intentó obtener permiso para inhumar, o mejor dicho, para desenterrar al «extraterrestre» de Aurora.

[28] Ribera Antonio, Platillos voladores en Iberoamérica y España, Plaza & Janes, Barcelona, 1968.

[29] Álvarez Ojea Emilio, Confirmado, llegaron los OVNIs. Los platos voladores existen, Lasserre Editores, Buenos Aires, 1978.

[30] Lucarini Gianni, Los extraterrestres existen, Editorial ATE, Barcelona, 1976.

[31] Stemman Roy, Visitantes extraterrestres, Editorial Noguer, Barcelona, 1976.

[32] Bowen Charles, Platillos volantes ¿De dónde proceden?, en «Humanoides«, Editorial Debate, Madrid, 1986.

[33] Rickard Robert & Kelly Richard, Photographs of the unknown, New English Library, London, 1980.

[34] Freixedo Salvador, La amenaza extraterrestre, Editorial Posada, México, 1991.

[35] Anónimo, La verdad sobre la foto del ovninauta achicharrado, Contactos Extraterrestres, No. 139, 28 de abril de 1982.

[36] Clark Jerome, A catalog of early crash claims, International UFO Reporter, Jul-Aug, 1993.

[37] Randle D. Kevin, A history of UFO crashes, Avon Books, New York, 1995.

Cae un boludo en Pará

OBJETO DESCONOCIDO CAE EN GRANJA EN PARÁ

Rosangela Sampaio/vc reporter

Jueves 30 de agosto de 2006

Una esfera fue encontrada por un ganadero en Sao Félix do Xingu

Un objeto desconocido intrigó a la población del municipio de Sao Félix do Xingu, a 695 kilómetros de Belem (Pará). Una esfera revestida de un material similar al acero inoxidable, que mide cerca de 80 centímetros de diámetro y de aproximadamente un metro de altura, cayó en una propiedad rural del municipio. El propietario encontró el objeto la semana pasada.

El ganadero, que ya fue concejal del municipio, caminaba por la hierba cuando se encontró con el objeto. Informó a los oficiales del Servicio de Vigilancia de la Amazonia (Sivam). Los representantes del Organismo afirmaron que podía ser de un satélite de comunicaciones que posiblemente debería haber caído al mar, pero cayó en la propiedad rural.

Según el Sivam, por la velocidad con que el objeto debe haber caído, hubiera provocado una tragedia si hubiera alcanzado el área urbana de la ciudad. En la granja, no se alcanzó ningún animal o persona.

Los oficiales recogieron el presunto satélite y lo llevaron a la base en el Sao Félix do Xingu. La placa de identificación del objeto indica que debe ser propiedad americana.

Esta no es la primera vez que algo extraño cae en Sao Félix do Xingu. Hace cerca de seis años, un objeto cayó en las vecindades de una aldea Kayapo dejando un rastro de devastación en un radio de mil metros y provocando una gran de explosión. Ribereños afirmaron en la época haber visto una bola en llamas caer del cielo.

http://noticias.terra.com.br/brasil/interna/0,,OI1113465-EI306,00.html

Esta noticia fue distribuida por Vicente Juan Ballester Olmos en la lista de discusión Anomalist[1]. Agradecemos su valiosa contribución. La noticia, por asociación de ideas, nos recordó las esferas caídas en Sevilla en diciembre de 1965[2] (VJ es español; Sevilla está en España). Una foto de esas esferas me fue remitida por el doctor Roberto Enrique Banchs (esfera de Sevilla; foto de la esfera de Sevilla), quien además nos enviaba un artículo sobre las esferas de Ayacucho, Argentina[3] (tanto Ayacucho como Pará están en América, y en los dos lugares cayeron esferas). Dejando de lado la forma rebuscada en que funciona mi mente, rescato aquí una carta y el artículo inédito de Banchs.

Buenos Aires, 17 de octubre de 1996

Luis Ruiz Noguez

Perspectivas Ufológicas

Estimado amigo:

Te escribo esta carta en relación a un tema que, supongo, será del interés de quienes integran ese excelente grupo mexicano. Estoy refiriéndome a la aparición de ovnis en Chiapas y a la «extraña esfera» hallada en el rancho Miramar, tal como fuera publicado en Contacto Ovni Nros. 16 y 17[4]. A esa revista le envié una nota que adjunto, acompañada de algunos documentos fotográficos, que esperemos sean publicados en un próximo número[5]. Aún así, y por si acaso, les envío dicho material para que tomen ustedes previo conocimiento de su contenido, añadiendo en este caso algunos artículos periodísticos «“no expedidos a la popular revista mexicana- de las esferas halladas en Argentina en 1984. Como podrás advertir, mi breve artículo contiene otros datos no consignados en éstos, resultado de las pericias que realicé en dependencias de la Fuerza Aérea Argentina, donde se encuentra la esfera que muestra una de las fotografías[6].

Desde luego, si desean reproducir esa nota (o ampliarla, a través de los recortes que les hago llegar), están en libertad de hacerlo[7].

Con mi afectuoso saludo

Rúbrica.

El artículo que nos envió el doctor Banchs es el siguiente.

LA ESFERA ESPACIAL: ¿IDENTIFICADA?

Dr. Roberto Banchs

Los artículos publicados por Oscar Zapién Jimeno en Contacto Ovni números 16 y 17 respecto a la gran explosión y la esfera encontrada en la localidad de Pijijiapan, Chiapas, en enero de 1996, despertaron gran expectación y un sinnúmero de conjeturas en torno a la posibilidad de que se haya tratado de meteoritos, partes de un misil o de un satélite, una boya marina, e incluso una pieza de un tractor o un autobús.

Estimulando aún más la imaginación, no faltó quienes arriesgaron que probablemente era de origen extraterrestre, quizá restos de un ovni caído. Impresionados por el sonido a metal templado, parecido a una campana, se aseguró que nada parecido se conocía en la aeronáutica y que el hoyo producido «no corresponde a un objeto que cae desde la estratosfera» (?).

En este artículo intentaremos mostrar que la «extraña esfera» de Chiapas no se constituye en un hecho único o excepcional, y que es posible arrojar luces sobre el controvertido asunto. En tal sentido, mencionaremos dos casos de los cuales hemos de presentar los respectivos documentos fotográficos:

a) El primero de ellos fue publicado por el periódico ABC, de Sevilla, el 20 de diciembre de 1965, y muestra una esfera hallada en España, de características idénticas a la de Chiapas, en México[8].

b) El segundo caso ocurrió en jurisdicción de Ayacucho, Provincia De Buenos Aires, Argentina, cuando numerosos pobladores aseguraron haber observado un bólido envuelto en llamas que se precipitaba estruendosamente a tierra el 20 de febrero de 1984. Dos días más tarde se halló en ese preciso lugar una esfera de 40 centímetros de diámetro y 12 kilogramos de peso, como puede observarse en la fotografía, junto al autor de esta nota. Al ser golpeada con una varilla, produce un sonido como el de una campana de bronce.

La Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), de la Argentina, procedió a un detenido análisis, cuyos resultados fueron avalados por la NASA. Se trata de una aleación no ferrosa, amagnética, resistente al ataque químico, con elevado contenido de titanio y sin tratamiento termo-químico de endurecimiento. En efecto, su composición es la siguiente: Titanio 86.5%, Aluminio 7.1%, Vanadio 6.0%, y Cromo 0.4%. Activado un sensor Geiger, no se registró radiactividad alguna. Borrosamente se notan letras y números: 8M; 06; 3361; N08; 220K; 2540 y 50, además de una palabra similar a «MOC» (Recuérdese que muy cerca de la esfera de Chiapas, también se halló una placa metálica de unos 6 centímetros de longitud con el registro: P 1006).

El examen de la Fuerza Aérea Argentina concluye señalando que se trataría de «un depósito de combustible de oxigeno a elevada presión del tipo necesario para realizar maniobras de estabilización en los vehículos espaciales». Un informe de la NASA añade que estas esferas forman una figura similar a un anillo saturniano alrededor del satélite. En ellas se deposita combustible para ser utilizado por cohetes que corrigen, con pequeños impulsos, la ruta del satélite en caso de apartarse de su órbita. En cuanto a su procedencia, sostienen que se trata de un satélite soviético, mientras que la embajada de la URSS informó en la oportunidad que los restos hallados podrían pertenecer al satélite «Kravchenko»[9] lanzado en 1979 en Siberia (Precisamente, la seña «MOC» arriba indicada, es reveladora de su identificación como KOCMOC, es decir, Cosmos, como todos los envíos espaciales).

Lejos de pensar que los restos hallados en Chiapas son piezas técnicamente irrealizables por el hombre, o de irreconocible procedencia, los registros aquí presentados parecen alejar la idea de que habrían sido traídos o abandonados por máquinas o seres extraterrestres, extraños a nuestro planeta.

LAS ESFERAS DE AYACUCHO

En Marcianitos verdes ya nos hemos ocupado del caso de las esferas de Ayacucho[10]. Los datos adicionales obtenidos de la información enviada por el doctor Banchs son los siguientes:

En la noche del 10 de febrero de 1984, fue observado el paso de un objeto de intensa luminosidad, que dejaba una brillante estela y, en forma sesgada, caía a tierra. Seguía una trayectoria de Oeste a Este. Según información suministrada por el comisario Néstor Omar Vapore, los vecinos del lugar informaron que habían visto «un enjambre de luces», a la manera de un lejano fuego de artificio.

Fue hasta el 19 de febrero que un puestero de la estancia, Federico Tomás Zavaleta, quien durante una recorrida observó semihundida en la tierra, la comba de un objeto metálico que le pareció sospechosa. Creyó que se trataba de una bomba desprendida accidentalmente de un avión de guerra de la base Mar Chiquita perteneciente a la Fuerza Aérea. Inmediatamente comunicó la novedad al comisario de Ayacucho Néstor Vapore y lo acompañó al sitio preciso donde se encontraba la «pelota de metal» según la definió.

La estancia rural pertenecía al señor Aquiles Ferrati, ya casi en el linde de Ayacucho con Las Armas. El Clarín informaba a su lectores:

«Por su color (verde oliva) se pensó que su procedencia era de origen militar, ya que los satélites de comunicaciones son generalmente de color plateado o azul y sus inscripciones se hacen en letras doradas. En este caso, los números y siglas legibles son de color marrón oscuro, dijeron autorizados expertos consultados».

Pero Luis Oscar Lazzari, el herrero de Las Armas, dijo que la esfera era de color grisáceo, como un fondo de aluminio y permaneció incrustada en la tierra, estaba hueca, tenía un diámetro de 40 centímetros y pesaba 13.300 kilogramos.

El teniente Jorge Reyes, de la Base Aérea local, en compañía de dos subordinados partió hacia Ayacucho, con instrucciones de examinar el artefacto y conducirlo a Mar de Plata.

Reyes escuchó una explicación del comisario Vapore. Relató éste que durante la jornada había recibido numerosas llamadas, entre ellas de la embajada soviética. Le explicaron que tal vez el objeto hallado podría pertenecer al satélite Kravchenko lanzado en 1979 en Siberia. Le pidieron además que evitara tocar el metal.

Seguidamente la esfera, cuyo diámetro es de un metro y su peso de 12 kilogramos fue remitida al Centro Nacional de Investigaciones Espaciales, que opera en el edificio Cóndor. Como coordinador de este operativo actuó el vicecomodoro Olmedo. En su declaración registrada por Clarín dice:

«En uno de los extremos de la esfera se observa un canuto metálico fundido, seguramente durante su ingreso en la atmósfera terrestre lo mismo que los equipos que llevaba en su interior. Tampoco quedaba vestigio de las antenas, que habitualmente llevan todos los satélites.

«Aparte de registros numéricos muy borrosos (8M; 06; 3361; NO8; 220K; 2540 y 50) se observó una N mayúscula con la barra de derecha a izquierda y las últimas letras de una palabra que puede ser «MOC» reveladora de su identificación como KOCMOC es decir Cosmos, como todos los envíos espaciales».

En otra edición el Clarín también decía que el objeto caído en Ayacucho apareció, según los mapas, en la parcela de Manuel José Garmendia y hermanos. Esto generaba confusión en cuanto a quiénes eran los propietarios de la estancia en donde cayó la esfera ¿Ferrati o Garmendia?

En donde no hay ninguna confusión es que la segunda esfera cayó en el campo denominado Los Álamos, propiedad de Gustavo Lambertini. Los Álamos, esta a 6 kilómetros en línea recta del sitio donde apareció la primera esfera metálica.

La segunda esfera fue encontrada por el capataz, Nebel Curuchet, y se trataba de un aparato esférico de trece kilogramos de peso, caído allí en la noche del 9 de febrero.

El fragmento de satélite mostraba, tal como el anterior, haber sido sometido a la fricción en su ingreso a la atmósfera, con varias partes fundidas y una coloración marrón por la alta temperatura.

El oficial principal del puesto caminero de Las Armas «“Destacamento No. 43- Miguel Ángel Reynoso, junto con el inspector Rodolfo Enrique Luján fueron los encargados de retirar la bola. Ambos describieron el ingenio como «gemelo» del primero, pero con mucho más deterioro. Sus polos estaban derretidos y no llevaba ninguna inscripción ni cifras claves. Curuchet la descubrió en un potrero, a 500 metros de su vivienda, cuando apartaba ovejas de unas majadas.

No supo explicar la índole de lo que llamó «la bocha», pero la guardó en su casa, hasta que se enteró por los diarios del hallazgo de Ayacucho.

Clarín conversó con el ingeniero Pedro Nielsen, de la estación terrena de Balcarce. Sobre el tamaño real del satélite Nielsen expresó que debe ser mucho más grande que la esfera caída, aceptando que esta fuere un tanque para motores de estabilización del tamaño de una naranja. Los motorcitos controlan el efecto giroscópico del artefacto o permiten su giro rotativo.

La Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales, dependiente de la Fuerza Aérea Argentina, se hizo cargo del traslado de las esferas que fueron remitidas a la base aérea militar de Mar del Plata. Se consultó a los técnicos de la NASA quienes informaron que:

«Las dos esferas metálicas caídas del espacio en un campo de Ayacucho «“300 kilómetros al Sur de Buenos Aires, Argentina- son tanques de combustible de un satélite soviético.

«Estas esferas forman una figura similar a un anillo saturniano alrededor del satélite. En ellas se deposita combustible sólido para ser utilizado por cohetes que corrigen, con pequeños impulsos, la ruta del satélite en caso de apartarse de su órbita.

«Cuando el combustible se agota y el satélite ya no puede mantenerse en la posición en que fue depositado, debido a la atracción de la Tierra y se produce su indefectible caída.

«Las dos esferas de unos 12 kilogramos de peso, ingresaron en la atmósfera a una velocidad de 300 kilómetros por hora. Se estimó también que lo hicieron adheridas a otra pieza del conjunto que se destruyó por efecto de la fricción con la atmósfera».

Pero no serían los únicos objetos caídos del cielo. Edesio Gil y su esposa Mará Civetta, vivían en una casa ubicada en Ugarte 807, a dos cuadras de la ruta 27. La señora Civetta explicó que:

«Eran las 8.10 cuando pareció que algo se venía abajo. Esta es una zona muy tranquila y la explosión fue impresionante. Alarmada salí al patio y vi el objeto que, al tomarlo, estaba caliente.

«Pienso que puede ser de algún avión, ya que esta es una zona en que pasan constantemente».

El objeto presentaba un tono grisáceo, pesaba un kilo ochocientos gramos, y tenía una forma cilíndrica con un diámetro aproximado de 40 centímetros.

La Unidad Regional de Tigre hizo las investigaciones.

En el artefacto se podía leer A 67084-027. También se detectaba, en el lado opuesto, la inscripción Y47; los números 55 y 32 y una leyenda algo borrosa.

El objeto presentaba una soldadura muy particular y estaba algo abollado.

Los ovnis boludos seguirán cayendo; y los ufólogos boludos, también.


[1] Ballester Olmos Vicente Juan, Otro ovni «boludo» (dedicado a Luis Ruiz Noguez), Anomalist, miércoles 30 de agosto de 2006.

[2] Ruiz Noguez Luis, Los ovnis boludos (Primera parte), Marcianitos Verdes, http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/06/los-ovnis-boludos-primera-parte.html

[3] Ruiz Noguez Luis, Los ovnis boludos (4), Marcianitos Verdes, http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/06/los-ovnis-boludos-4.html

[4] Ruiz Noguez Luis, Los ovnis boludos (5), Marcianitos Verdes, http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/06/los-ovnis-boludos-5.html

[5] Banchs esperaba demasiado de una revista de ovnis. Los ufólogos no desean aclarar los casos pues se les acaba el negocio.

[6] En esa foto aparece el doctor Banchs y el pie de foto dice:

Esfera hallada entre Ayacucho y Las Armas, Provincia de Buenos Aires, Argentina, el 22 de febrero de 1984.

Descripción funcional: Se trataría de un depósito de combustible de oxígeno a elevada presión del tipo necesario para realizar maniobras de estabilización en los vehículos espaciales.

Material: Aleación no ferrosa, amagnética, resistente al ataque químico, con elevado contenido de titanio (86.5%).

Trayectoria de caída: Cálculos de simulación indican un impacto contra tierra en la velocidad aproximada de 210 Km/hora.

Características físicas: diámetro 40 cm; peso 12 Kg; espesor 7.5 mm.

[7] Desafortunadamente poco después dejó de aparecer Perspectivas Ufológicas y no pudimos reproducir el artículo de Banchs. Pero ahora lo pueden leer en Marcianitos verdes.

Los recortes de prensa son:

Anónimo, Afirman que son rusos restos de un satélite, Clarín, Buenos Aires, sábado 31 de marzo de 1984.

Anónimo, Hallaron otra esfera similar, Clarín, Buenos Aires, viernes 24 de febrero de 1984.

Anónimo, La esfera metálica aún no fue identificada, Clarín, Buenos Aires, sábado 25 de febrero de 1984.

Anónimo, La Fuerza Aérea analiza los restos del satélite, Clarín, Buenos Aires, viernes 24 de febrero de 1984.

Anónimo, Un objeto extraño hallaron en Tigre, Clarín, Buenos Aires, sábado 25 de febrero de 1984.

Petcoff Emilio, Ayacucho: hallan restos de un satélite, Clarín, Buenos Aires, jueves 23 de febrero de 1984.

[8] El objeto que aparece en la fotografía se trata de una de las tres esferas que cayeron en la provincia de Sevilla, España, el 7 de diciembre de 1965. Nota de Roberto Banchs.

[9] Esto, como ya lo habíamos informado en «marcianitos», fue una broma.

[10] Ruiz Noguez Luis, Los ovnis boludos (4), Marcianitos Verdes, http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/06/los-ovnis-boludos-4.html