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Designio… ¿inteligente?

DESIGNIO»¦ ¿INTELIGENTE?[1]

Mario Méndez Acosta

DarwinsBlackBox Diversos ejemplos de irracionalidad y de actitudes anticientíficas se hacen cada vez más evidentes en el ámbito político estadounidense, lo que amenaza con desbordarse hacia las esferas académicas y de la investigación científica; todo ello en medio de un escenario caracterizado por un elevado nivel de analfabetismo científico.

Impulsados por razones puramente religiosas, y por la debilidad de una fe religiosa personal contaminada por una ideología autoritaria «“que les hace demandar evidencia material para no sentirse amenazados por la razón-, los miembros de la derecha religiosa de los Estados Unidos han luchado por desterrar la enseñanza de las teorías evolucionistas en las escuelas públicas de su país por contradecir la doctrina del creacionismo divino contenida en la Biblia, la cual es defendida por algunos miembros de grupos fundamentalistas que han logrado escalar puestos de gran influencia en los tres poderes de gobierno.

Hasta hace no mucho, pretendían que en las escuelas se impartiera por ley la versión de la creación del mundo que se detalla en el Génesis; pero esta proposición resultaba ya de tal manera insostenible, ante la evidencia científica de que la Tierra y el Universo tienen miles de millones de años de antigüedad, que decidieron tratar de introducir en los planes de estudio un concepto seudocientífico denominado designio inteligente, un movimiento cuasi científico y cuasi religioso, promotor de la idea de que una fuerza invisible condujo, a lo largo de la historia del planeta, el desarrollo de la especie humana; una noción opuesta a las explicaciones que ofrecen la cosmología, la física, la bioquímica, pero sobre todo, opuesta a la teoría de la evolución darwiniana, que habla de un proceso guiado por la selección natural y por la supervivencia del más apto.

El llamado designio inteligente, que se intenta presentar como concepto alejado de la religión, señala que un ser todopoderoso interviene periódicamente para guiar la evolución de las especies de manera directa, impulsando saltos evolutivos importantes, así como avances y adaptaciones difíciles de explicar en algunos casos en los que ellos suponen la existencia, ya sea de un diseño pre-especificado, o bien de una complejidad irreductible.

En agosto pasado, el presidente George W. Bush, al hablar en la Casa Blanca ante un grupo de reporteros tejanos, señaló que «ambos lados de la cuestión deben ser enseñados en las clases de biología», y que las personas «deben ser expuestas a ideas contrastantes». Bush tendría razón desde un punto de vista filosófico, o religioso, pero los proponentes del designio inteligente pretenden que sus ideas se enseñen junto a la teoría de la evolución en las clases de ciencias biológicas, y para ello no existe base alguna.

TheAncestor'sTale La evidencia científica que apoya la teoría de la evolución es apabullante, conforma toda la biología contemporánea, y es el resultado del trabajo de investigación de miles de científicos durante más de doscientos años. En el ámbito de la ciencia, la evolución de las especies no es un tema abierto a discusión; solamente se debaten las condiciones en las que se producen fenómenos como la aparición de nuevas especies «“la especiación- y el grado en que los factores físicos externos influyen en la aparición y en la consolidación de las mutaciones genéticas.

El concepto de designio inteligente ni siquiera es una teoría o una hipótesis contrastable. Para ser teoría debería contar con un planteamiento bien desarrollado, diseñado a partir de observaciones congruentes con sus afirmaciones, de modo que se explicase de la manera más exhaustiva lo que se observa en la naturaleza. Además, una teoría científica debe tener un poder predictivo. La hipótesis del designio inteligente carece por completo de la capacidad de hacer predicciones verificables, y sólo se limita a señalar que, si algún fenómeno no lo ha explicado la biología molecular, éste se convierte en un ejemplo de la intervención divina. Sin embargo, cuando los científicos le encuentran una explicación, los proponentes del designio inteligente, simplemente han optado por buscar refugio para sus manipulaciones en el siguiente fenómeno aún no bien explicado por la ciencia. Su instituto oficial, denominado Discovery, manifiesta como su objetivo específico sustituir las ciencias naturales con un sistema en el que la intervención divina se invoque ante todo fenómeno cuya explicación científica se considere insatisfactoria en términos teológicos cristianos.

En realidad existe más evidencia en la naturaleza de la ausencia de ese designio inteligente que de su posible existencia. Las soluciones ineficaces, en algunas adaptaciones de los seres vivos, son innumerables, y los callejones sin salida evolutivos muestran que el puro azar es un mejor refeente que una deidad vigilante.

BIBLIOGRAFÍA

Dawkings Richard, The Ancestor»™s tale, Houghton Mifflin, New York, 2004.

Behe Michael, Darwin»™s Black Box: The Biochemical Challenge to Evolution, Free Press, 1996.


[1] Publicado originalmente en Ciencia y Desarrollo, No. 188, México, octubre de 2005, Págs. 32-33.

¿Recordamos vidas anteriores ?

¿RECORDAMOS VIDAS ANTERIORES?[1]

Mario Méndez Acosta

La creencia en la reencarnación posee gran atractivo para múltiples personas que no se conforman con que su existencia se limite al plazo concedido por la naturaleza. A favor de esa posibilidad se ha recurrido al argumento de que, bajo hipnosis, es posible recordar vidas anteriores, y muchos terapeutas practican el método de la regresión hipnótica para tratar de curar a los pacientes de sus malestares psicológicos, enfocando sus problemas como si fueran el resultado de traumas, faltas o errores cometidos en alguna vida anterior. Se han analizado varios casos de personas que aseguran recordar una existencia previa, pero en todos ellos se ha observado que el sujeto pudo obtener la información manifiesta en sus regresiones, a partir de las experiencias de su actual existencia. En ningún caso se ha podido comprobar que una persona sea capaz de recordar un idioma desconocido por ella, o información histórica novedosa y verificable de la época en que pretende haber vivido.

Aparte del hecho indiscutible de que los recuerdos, tanto a corto como a largo plazos, se almacenan en el cerebro por medios materiales como son los impulsos electroquímicos o puramente químicos, y que la memoria de todo tipo se aniquila con la destrucción traumática de estos archivos en el ser humano, no se ha podido demostrar la existencia de una memoria inmaterial, que pueda heredarse en una encarnación posterior, a pesar de haberse llevado a cabo experimentos clínicos controlados en un número significativo de sujetos, que ponen a prueba la hipótesis de que bajo hipnosis podemos experimentar regresiones a vidas anteriores.

Se ha demostrado que aun la regresión a etapas de la infancia de la persona hipnotizada representa una gran componenda confabulatoria del sujeto; es decir, que él mismo inventa o fantasea respecto a cómo debería expresarse o sentir un niño pequeño. Barber, Spanos y Chaves documentan en un estudio de 1974 que los individuos sometidos a regresiones no presentan una recuperación real de las características cognoscitivas, perceptivas o emotivas del infante normal.

Spanos Uno de estos investigadores, el psicólogo clínico Nicholas P. Spanos, de la Universidad Carleton en Ottawa, Canadá, llevó a cabo un experimento muy revelador sobre el supuesto recuerdo de vidas anteriores bajo hipnosis.

Primero se pusieron a prueba 110 sujetos, para determinar su sensibilidad a la sugestión hipnótica y se les aplicó la técnica de regresión, pidiéndoles retroceder en el tiempo hasta antes de haber nacido, además de solicitarles que describieran dónde estaban y quiénes eran. 35 de los sujetos afirmaron hallarse en una vida anterior, y todos señalaron que eran personas distintas y que vivían en otra época, siendo sus descripciones muy vívidas. Se observó que la mayor parte de estas personas creía previamente en la reencarnación y casi todas referían que en esa vida pasada poseían igual clase social, sexo, edad y raza a los que en realidad tenían; además, sin excepción, todos afirmaron que su personalidad pasada pertenecía a la cultura occidental.

En un segundo experimento, con un número equivalente de sujetos, se dividió a éstos en dos grupos, uno de control, a cuyos miembros nada se les comentaría antes de la regresión, en tanto que al otro se le proporcionaría una sugestión adicional, aclarándoles que no era raro que las personas en regresión ocuparan cuerpos de otro sexo, raza o clase social, y que bien podrían estar viviendo en una cultura exótica. Al grupo de control no se le dio información alguna sobre lo que deberían esperar de su persona en otra vida pasada, y ocurrió que, después del experimento, los sujetos del grupo de la sugestión adicional mencionaron significativamente una o más características sobre las que se les había advertido.

Se investigó a continuación si los sujetos podían mencionar datos históricamente correctos sobre la época en que aseguraban vivir, y la mayoría proporcionó información errónea con mayor frecuencia que la correcta, errores que habría sido imposible que cometiera un habitante de la época y del lugar en cuestión. Así, uno aseguraba haber sido piloto japonés durante la segunda Guerra Mundial, pero desconocía el nombre del emperador del Japón y afirmaba que 1940 era un periodo de paz para ese país (que estaba en guerra contra China, Inglaterra, Holanda y Australia, aunque no todavía con los Estados Unidos).

Otro sujeto afirmó que era Julio César «emperador» de Roma, y que vivía en el año 50 de nuestra era. Pero César nunca fue coronado emperador y murió en el año 44 antes de Cristo. Además, en esa época nadie denominaría al año en curso como «50 después de Cristo», sino que se hubiera referido a la era que parte desde la fundación de Roma. Se determinó que los detalles de las fantasías de estos individuos habían sido extraídos de experiencias de su vida actual, y el que se creía reencarnación de Julio César informó haber estudiado con interés la historia antigua de Roma.


[1] Publicado originalmente en Ciencia y Desarrollo, Volumen XXVII, Número 159, Julio/Agosto del 2001, Julio/Agosto del 2001, Págs. 98-99.

Marte ataca de nuevo

MARTE ATACA DE NUEVO[1]

Mario Méndez Acosta

TheMarsEffect La reciente aproximación, sin precedente alguno en la historia registrada, entre el planeta Marte y la Tierra, despertó, como es costumbre, una oleada de especulaciones entre quienes viven de la superchería y de la ignorancia pública. Ciertamente, ambos planetas no se habían acercado tanto desde hace 59 mil 618 años, y el rojizo lucero destacó durante el mes de agosto como la luminaria más poderosa del cielo nocturno, con excepción de la Luna. Marte se aproximó a 55 mil 718 millones de kilómetros, que es una distancia equivalente a 186 veces la existente entre la Tierra y la Luna.

Un mal testimonio del bajo nivel de cultura científica, y del llamado «analfabetismo numérico» que afecta a las sociedades modernas, fue el hecho de que en muchos medios informativos dichas cifras simplemente no se pudieron expresar con claridad, dando en su lugar cifras miles de veces mayores o menores.

Por lo pronto, alguien inició el rumor de que al acercarse Marte se robaría la atmósfera terrestre. Lo cierto es que ni siquiera la Luna, que queda mucho más cerca, causa el escape en nuestra atmósfera de una molécula de algún gas atmosférico. Otros, desde luego, atribuyeron algunas catástrofes y accidentes, y aún la onda cálida que afectó a Europa, a la cercanía del planeta rojo.

Ciertamente, aparte de la luz que nos llega del tan lejano Marte, no existe algún efecto mesurable mediante instrumentos en la superficie de la Tierra, que pueda alterar algún hecho en la vida de las personas o en la naturaleza de nuestro orbe.

Pero Marte siempre ocasiona inquietud, y así ha sido desde la prehistoria. Ello se debe sobre todo al color rojizo del brillo de la luz del Sol que refleja desde su superficie. El rojo es el color de la sangre, y desde tiempos inmemoriales se le ha identificado con el peligro. Aunque en el caso de Marte, ese tono se debe a la abundancia de óxido de hierro en su corteza.

Los caldeos consideraban que sus dioses residían materialmente en los planetas, y eligieron al lucero que ahora llamamos Marte, como residencia de su respectivo dios guerrero. El universo de los caldeos y de muchos otros pueblos de la antigüedad era muy sencillo. Tenía forma de baúl y en el fondo estaba la Tierra, mientras que en la bóveda se encontraban adosados los planetas movidos por una especie de ángel portador. El dios que residía en cada astro podía observar con claridad el comportamiento de los mortales, e influir en el mismo, y de ahí proviene la creencia en la astrología. A pesar de estas explicaciones, muchas personas siguen creyendo en que el planeta Marte posee algún tipo de influencia belicosa en la vida de las personas.

MichelGauquelin En los años setenta, el notable escritor francés Michel Gauquelin, un crítico de la astrología tradicional, detectó lo que consideraba una correlación directa entre las posiciones planetarias en el momento del nacimiento de una persona.

Aseguraba que hay una relación entre: Júpiter y la habilidad militar, Venus y los artistas, Marte y los grandes atletas o estrellas del deporte… A esta asociación se llamó «el efecto Marte». Gauquelin llamó «astrobiología» a la teoría correspondiente y llevó a cabo una serie de muestreos con importantes figuras del deporte francés, que tendían a mostrar una cierta correlación por arriba del mero azar entre el hecho de que Marte estuviera en ascendiente, en el momento del nacimiento del individuo, y su posible éxito en la disciplina que practicaban. Varios científicos han tratado sin éxito de replicar este experimento, usando muestras en verdad aleatorias. El más importante, una muestra al azar de 1066 grandes estrellas, ha sido el publicado en 1996 por el Comité Francés para el Estudio de Fenómenos Paranormales, llevado a cabo con procedimientos recomendados por el propio Gauquelin y con la colaboración de científicos como Yves Galifret, Evry Schatzman y el matemático holandés J. W. Nienhuys, quien definió la metodología para la revisión estadística, encontrando que no existía tal efecto. Sin embargo, a pesar de estos resultados, la idea de que Marte influye en el desempeño de las personas, no parece haber sido dañada

En la actual circunstancia, se ha atribuido la guerra de Irak a la aproximación planetaria; sin embargo, resulta notable que en el momento de la mayor proximidad, realmente el conflicto estuviera en una etapa latente, siendo de esperarse que las acciones bélicas se agudizaran en ese momento.

La actual cercanía de Marte ha sido aprovechada para enviar varias naves no tripuladas al planeta, con la misión de llevar a cabo una serie de estudios tendentes a reunir información sobre la posibilidad de enviar en un futuro cercano una expedición con astronautas.

Corre la leyenda de que existe algún tipo de influencia extraterrestre, causante de la destrucción o la pérdida de las naves no tripuladas. No obstante, en todos los casos de extravío o falla, se ha obtenido una explicación racional, y esos riesgos se han previsto ya en estos nuevos intentos. Se calcula que el costo de un viaje tripulado a Marte sería de aproximadamente cien mil millones de dólares, lo que parece mucho, pero representa el costo hasta el momento de la guerra en Irak.

Ello, desde luego, podría ser absorbido en parte por una mayor participación internacional en el intento, ya que muchos países tienen proyectos espaciales relacionados con la investigación del planeta rojo.

Lectura recomendada

Claude Bensky, et al. The Mars Effect. Prometheus Books, Amherst. N. Y: 1996.


[1] Publicado originalmente en Ciencia y Desarrollo, No. 173, México, noviembre-diciembre de 2003. Págs. 50-51.

Carta al Príncipe

CARTA AL PRÍNCIPE[1]

Mario Méndez Acosta

Dawkins En un discurso pronunciado el 17 de mayo del 2000, en la conferencia Reith, sobre el ambiente, el príncipe Carlos de Inglaterra, seguidor ferviente de la astrología, la homeopatía y otras disciplinas alternativas, y enemigo de la clonación y de los cultivos genéticamente modificados, se lanzó de manera frontal en contra de la ciencia moderna y señaló: «Â¡Fuera las manos científicos!, la manipulación de la naturaleza es una ofensa contra Dios y será castigada!» La reacción de la comunidad científica fue inmediata y, entre otros, el biólogo británico Richard Dawkins -proponente, entre otras ideas, de la hipótesis del gen egoísta- le dirigió la respetuosa carta, siguiente, respondiendo a sus críticas.

Su alteza Real:

Su discurso en la Conferencia Reith me entristeció.

Tengo gran simpatía por sus metas, y una admiración por su sinceridad. Pero su hostilidad contra la ciencia no va a servir a dichos objetivos y su respaldo a una serie de mal elegidas y mutuamente contradictorias opciones le hará perder el respeto que creo usted merece. Me olvido de quién fue el que señaló una vez: «Claro que debemos tener nuestra mente abierta, pero no tanto que dejemos que nuestros cerebros se nos derramen». Veamos algunas de las visiones filosóficas que usted parece preferir al razonamiento científico. Primero está la intención, «la sabiduría del corazón que murmura como una brisa a través de las hojas». Desdichadamente, todo depende de la intuición de qué persona elija usted. En los objetivos, aunque no en los medios, sus intuiciones y las mías coinciden, y comparto de corazón su objetivo de mantener una administración a largo plazo de nuestro planeta, con todo y su compleja y diversa biosfera. Pero, ¿qué hay de la sabiduría incisiva del negro corazón de Saddam Hussein?, ¿cuál fue el precio del viento wagneriano que murmuraba a través del torcido follaje de la mente de Hitler? El descuartizador de Yorkshire oía voces religiosas en su cabeza, que le impulsaban a asesinar. ¿Cómo decidimos cuáles voces internas e intuitivas escuchar y cuáles no?

Dawkins señala a continuación que sólo el método científico permite tomar esa decisión y prosigue:

Por otro lado, Señor, creo que usted tiene una noción exagerada de la naturalidad y de la agricultura «tradicional» u «orgánica». La agricultura nunca ha sido natural. Nuestra especie empezó a alejarse del estilo de vida del cazador recolector hace apenas unos diez mil años, plazo muy breve para ser medido en la escala evolutiva. El trigo, aunque sea integral, no es un alimento natural para el Homo Sapiens. Y tampoco lo es la leche, excepto para los niños. Casi todos nuestros alimentos han sido genéticamente modificados, mediante la selección natural -aunque no por mutación artificial-, pero el resultado es el mismo. Un grano de trigo es una semilla de pasto modificada genéticamente, lo mismo que un perro pequinés es un lobo genéticamente modificado. ¿Jugar a ser Dios? ¡Hemos jugado a ser Dios durante siglos!

Las multitudes gigantescas y anónimas entre las que vivimos empezaron la revolución agrícola, y sin la agricultura sólo sobreviviría una pequeña fracción de la actual población humana. Nuestra elevada población es un artefacto agrícola (tecnológico y médico), y esto es más antinatural que los métodos de control natal que condena el Papa por ser antinaturales. Aunque no nos guste, estamos ligados íntimamente con la agricultura y la agricultura, toda la agricultura, es antinatural. Dimos ese paso hace diez mil años.

¿Significa lo anterior que no podemos elegir entre los diversos tipos de agricultura en lo que se refiere a mantener el bienestar del planeta? Claro que no significa eso. Hay sistemas mucho más dañinos que otros, pero no tiene sentido apelar a «lo natural» o al «instinto» para tomar decisiones. Hay que estudiar la evidencia, ponderada y razonada científicamente. El arrasamiento y la quema de selvas (que por coincidencia es el sistema agrícola más cercano a lo «tradicional») destruyen nuestros bosques más antiguos. El sobrepastoreo (también ampliamente practicado por culturas «tradicionales») erosiona el suelo y convierte las praderas fértiles en desiertos. Yéndonos a nuestra propia tribu moderna, el monocultivo, alimentado por fertilizantes en polvo y venenos contra plagas, es muy malo para el futuro, y el uso indiscriminado de antibióticos para hacer crecer y engordar al ganado es algo peor.

Dawkins señala que existen riesgos claros en la manipulación genética que no son tomados en cuenta por quienes se oponen a la misma, pero los peligros que señalan quienes están en contra de toda acción de este tipo no se han materializado, ni lo harán, ya que son manifestaciones de un profundo desconocimiento sobre lo que pretende la manipulación transgénica. No hará daño su consumo al ser humano, pero sí puede propiciar la aparición de cepas de plagas mucho más resistentes en el futuro.

Y el científico prosigue:

Pero aun si la agricultura pudiera ser natural y fuera posible establecer una relación instintiva con la naturaleza, ¿es en realidad la naturaleza un buen modelo a seguir? Esto hay que pensarlo con cuidado. Efectivamente en un sentido, los economistas están en equilibrio armónico, y algunas de sus especies se hacen mutuamente dependientes, y esta es una de las razones por las que resulta criminal la acción de las empresas depredadoras, que destruyen la selva lluviosa tropical.

La naturaleza no favorece la planeación a largo plazo, sino que propicia la ganancia a corto plazo. Los madereros, los balleneros y otros buscadores de ganancias rápidas, que derrochan el futuro en beneficio de la codicia actual, hacen sólo lo que las criaturas salvajes han hecho a lo largo de tres mil millones de años.

El cerebro del ser humano es el primer fruto de la evolución que puede ver a largo plazo y tomar provisiones; planear un camino que lo aleje de la extinción y lo lleve a nuevas alturas distantes. La planeación a largo plazo y la posibilidad de administrar del planeta son algo nuevo en el mismo, existen sólo en los cerebros de las personas.

El futuro es un nuevo invento en la evolución, que resulta algo precioso»¦ y frágil. Debemos usar todo nuestro arsenal científico para protegerlo. Puede ser paradójico, pero si queremos sustentar al planeta en el futuro, lo primero que tenemos que hacer es dejar de pedirle consejos a la naturaleza, una gran especuladora darwiniana a corto plazo.

Claro que lo anterior suena deprimente, pero no hay ley alguna que diga que la verdad debe ser optimista, y de nada sirve matar al mensajero -la ciencia-. No tiene sentido preferir una visión alternativa del mundo sólo porque se considera más cómoda; de todas formas, la ciencia no es todo pesimismo, ni es un entre sabelotodo arrogante.

Cualquier científico que merezca ese nombre se adherirá a la cita de Sócrates: «La sabiduría es la conciencia de que uno no sabe.»

Lo que me entristece. Señor, es lo mucho que usted se estaría perdiendo al darle la espalda a la ciencia. Yo he tratado de escribir sobre la maravilla poética de la ciencia pero ¿podría tomarme la libertad de recomendarle un libro de otro autor? Se llama El mundo y sus demonios, escrito por el llorado Carl Sagan, y me permito llamarle la atención sobre su subtítulo: «La ciencia como una vela en la oscuridad».

El príncipe Carlos no ha respondido a la masiva de su leal súbdito, Richard Dawkins, biólogo evolucionista y profesor de la cátedra Charles Simonyl para el entendimiento de la ciencia en la Universidad de Oxford.

Referencias

El discurso del Príncipe se puede encontrar en esta dirección:

http://news.bbc.com.uk/hi/english/static/events/reith_2000/lecture6.stm

La carta de Dawkins puede encontrarse en la siguiente dirección:

http://digerati.edge.org/3rd_culture/prince/prince_index.html


[1] Publicado originalmente en: Ciencia y Desarrollo, Volumen XXVII, Número 158, México, Mayo/Junio del 2001. Págs. 94-95.

¿Existen los fantasmas?

¿EXISTEN LOS FANTASMAS?[1]

Por Víctor Vázquez Valenzuela

Hay en nuestro país una gran cantidad de personas que cree en los fantasmas; algunas, incluso, afirman que los han visto o sentido. Cuando se habla de fantasmas surgen inmediatamente dos temas de discusión: el de su apariencia y el de si realmente existen.

No hay acuerdo, entre los que creen en fantasmas ni tampoco entre quienes dicen haberlos visto, respecto a su apariencia, es decir, qué características tienen. Este desacuerdo se manifiesta desde la especificación de la consistencia de los fantasmas. Algunos sostienen que su consistencia es parecida a la de una tela suave, otros afirman que más bien parece un vapor o neblina más o menos difusa.

Por otro lado, algunos dicen que sólo se ve la silueta o contorno de los fantasmas, mientras que otros aseguran que se ve la imagen o figura completa.

Muchos de los que dicen haber visto fantasmas sostienen que éstos están dotados de vida, ya que hablan, respiran y se mueven, en tanto que otros afirman que se asemejan a un muñeco inmóvil e inerte. Algunos audaces que han tratado de tocar a un fantasma dicen que lo han logrado, mientras que otros afirman que su mano atravesó a estos seres, teniendo como consecuencia el que la mano se le haya hinchado y que durante varios días hayan tenido ardores intensos en esa mano.

Otro tema de discusión es el de si los fantasmas lo son de personas vivas o ya fallecidas. En esto las opiniones también se dividen: unos dicen que el espíritu de una persona, cuando esta pasa por situaciones especiales (como un accidente grave) se desprende de ella y se le aparece como fantasma a otra persona con la cual tiene lazos afectivos; esta persona puede ser un familiar, la novia o un amigo muy querido. Otros juran que han visto fantasmas de personas ya fallecidas. En las sesiones espiritistas se supone que se aparecen los fantasmas o espíritus de personas ya desaparecidas, invocados por él o la médium.

Los fantasmas pueden ser vistos por un solo individuo o por varios; inclusive, algunos autores afirman que los animales tienen una capacidad especial Para percibir la presencia de fantasmas, principalmente si estos son de sus antiguos dueños.

La pregunta más importante en relación al tema de los fantasmas es la de si estos existen. Nuestra respuesta es: NO. Los que creen en estos seres preguntarán: ¿Entonces cómo se explican las visiones de fantasmas?

Para comenzar, hay que señalar que un gran porcentaje de las personas que dicen haber visto a estos seres desencarnados creían en ellos aún antes de ver a uno. Son muy raros los casos de visiones de fantasmas en personas que no creen en ellos. La investigación psicológica, sociológica y antropológica moderna ha producido una gran cantidad de datos referentes a la creencia en lo oculto, como, p. ej., que es difícil que las personas crean en una o dos cosas relacionadas con lo oculto y paranormal, generalmente se cree en todo o casi todo (p. ej.: parapsicología, ovnis, brujería, etc.) Estos creyentes tienden a dar interpretaciones sobrenaturales a las cosas que no entienden. Esto se debe a muchas variables, siendo una de las importantes la relacionada con la educación, tanto la formal, recibida en una escuela, como la informal, recibida en el hogar y por los medios de difusión como revistas, radio y televisión. Esta educación tiende a producir en el niño y el adolescente una actitud de aceptación de todo lo sobrenatural. Muchos de nosotros todavía recordamos las historias de brujas, duendes y demás que nos contaba nuestra abuela.

Un ejemplo actual de la influencia de lo sobrenatural es el caso de la telenovela «El Maleficio», que ha producido en muchos televidentes la idea de que ciertas personas (brujos, chamanes) tienen poderes sobrenaturales. Pues bien, la psicología nos dice que vemos lo que queremos ver, y esto está determinado por nuestras creencias, deseos y expectativas. Esto nos explica porque a los creyentes en lo oculto constantemente les suceden hechos «inexplicables»; lo que pasa es que todo lo que no entienden, raro o inusual (como sacarse un premio en la lotería o que les llame por teléfono una persona en la cual está pensando) lo interpreta sobrenaturalmente o como un designio del destino.

Otro dato importante encontrado en la investigación psicológica actual es el de que el cansancio físico y psicológico facilita la percepción de ilusiones y alucinaciones. (Una ilusión es percibir deformadamente un estímulo; y una alucinación es percibir algo que no existe).

Pues bien, la psicología sostiene que una gran parte de las visiones de fantasmas no son más que ilusiones o alucinaciones visuales y auditivas. Pensemos en una persona que cree en los fantasmas, que está cansada física y mentalmente y que se encuentra en un lugar con una iluminación baja o deficiente; si esta persona ve una camisa o un abrigo, no sería difícil que lo interpretara como un fantasma. Se sabe que gran parte de las visiones de fantasmas se dan poco antes de dormirnos o poco después de despertar, en un estado de somnolencia, en el cual no hay una clara conciencia y control de lo que vemos, sentimos y pensamos. Es más, hay un tipo de sueño, llamado sumo hipnagógico (o alucinación hipnagógica) que se presenta precisamente en este estado de somnolencia. Durante este sueño, el sujeto ve cosas raras, y es muy común que vea caras y máscaras, que fácilmente pueden tomarse por fantasmas.

Por otro lado existe un período durante el dormir, llamado sueño NMOR (durante el cual hay movimientos lentos de los ojos) que puede explicar muchos casos de visiones de fantasmas. Durante este período el durmiente ve un lugar yermo, como una tierra de nadie, en el cual aparecen seres fantasmales. Se supone que todos, al dormir, pasamos por este período de sueño NMOR pero nunca lo recordamos; solo la investigación de laboratorio nos ha permitido llegar a conocer una serie de aspectos relacionados con este período. Un dato muy interesante es que las personas que se encuentran en este período, teniendo este tipo de sueños, si se les despierta, afirman que estaban despiertas, pero el electroencefalograma indica que estaban profundamente dormidas. Hay una gran cantidad de personas que afirman que vieron un fantasma cuando se encontraban acostadas, cuando se les pregunta si no era un sumo, contestan que no, que están absolutamente seguras de que estaban despiertas. ¿No sería que estaban en sueño NMOR?

Para terminar sólo queremos decir que, para que no se nos tache de escépticos intransigentes, estamos dispuestos a admitir la existencia de los fantasmas»¦ cuando veamos uno.


[1] Publicado originalmente en Excelsior, 1984.