No es cierto. Aunque usted no lo crea

EL ATAUD DE CHARLES COGHLAN

No está muy claro cuando nació Charles Francis Coghlan. Mientras algunos autores[1] afirman que fue en 1814, otros aclaran que fue en 1841[2][3]. Sin embargo, la fecha más probable es esta última. Tampoco se ha establecido, sin lugar a dudas, el sitio de nacimiento. Dwight Whalen dice que fue en París, mientras que Richard Winer, Vincent Gaddis, Tom Slemen[4] y Frank Edwards[5], apuntan a que fue en la isla Príncipe Eduardo. Para la leyenda lo más conveniente es la isla Príncipe Eduardo.

Su padre fue John Coghlan, unos dicen que era un rico inmigrante irlandés que vivía en Príncipe Eduardo, en las costas al Este de Canadá. Otros afirman que eran pobres, por lo que sus estudios primarios sólo los pudo hacer gracias a un subsidio del gobierno.

El hecho es que, tiempo después, Charles partió a estudiar a Inglaterra. Entre parientes y amigos (o gracias a la fortuna del padre) se reunió el dinero suficiente para enviarlo a estudiar leyes. Se graduó con honores pero desilusionó a su padre cuando decidió convertirse en actor profesional.

La leyenda afirma que cuando salió de su hogar, dijo, dirigiéndose a sus parientes:

“Si un día consigo la fama y la gloria en los escenarios, regresaré a ésta, mi ciudad natal, por muchos que sean los obstáculos que pudieran impedírmelo. Dios me devolverá a mi tierra”.

Pero esto se contrapone con el altercado que tuvo con su padre debido a su decisión de convertirse en actor. El anciano sentenció que en caso de que Charles no dejara sus ambiciones en el teatro, se debería olvidar de su herencia. Charles declaró que entonces él nunca más regresaría a Príncipe Eduardo.

EL ACTOR

De carácter extrovertido, de fácil palabra, Coghlan poseía una habilidad dramática excepcional. Sus estudios teatrales los realizó en París y Bristol. Su primera aparición la hizo en Londres en 1860 y se convirtió en el primer actor de la compañía Prince of Wales. A la edad de 19 años debutaba en los escenarios londinenses. Poseía una naturalidad y espontaneidad que pronto lo convertirían en figura prominente del espectáculo. Fácilmente se hizo de un lugar en los escenarios.

La carrera de Coghlan fue muy exitosa. Su fama como actor y su físico (alto, de pelo negro y de facciones viriles) atraían a las mujeres. Se dice que siempre estaba envuelto en algún escándalo amoroso. Le llamaban “el hipnotizador de mujeres” y corrían chismes sobre la cantidad de mujeres que se habían cruzado en su vida.

A los veintisiete años cosechaba aplausos de la crítica mundial al interpretar a Shakespeare. Trabajó con los más notables artistas de la época: Sir Johnston Forbes Robertson, Lillie Langtry, Minnie Maddern Fiske, Harrison Grey Fiske, Ellen Ferry Beatrice (Ellen Alice, como se llamaba realmente), Kate Ferry, Madge Robertson, George Rignold, y William Rignold, entre otros.

Su fama atravesó el Atlántico. Regresó a América en 1876. En la ciudad de Nueva York realizó varias representaciones. Actuó para la compañía de Augustus Daly, y luego para la Union Square durante la larga temporada de The Celebrated Case. Formó su propia compañía, Royal Theater Company, que se especializaba en los dramas de Shakespeare. Se presentó en Broadway y en el medio Oeste americano. Hizo papeles secundarios para la su hermana Rose Coghlan y para las señoras Langtry y Fiske, y en 1898 produjo la versión de Kean de Dumas, llamada The Royal Box, que estelarizaría con gran éxito hasta el final de sus días.

LA PREDICCIÓN

Se decía que Coghlan era demasiado supersticioso y regularmente visitaba a los adivinos y astrólogos. Un día Coghlan visitó una gitana que le vaticinó:

“Charles, serás muy famoso, pero tendrás una muerte a la altura de tu fama. No descansarás hasta que hayas retornado al lugar de tu nacimiento”.

Charles se impresionó por esta predicción y constantemente la relataba a sus amigos.

Según Winer, esta gitana o algún otro vidente le hizo esta otra predicción:

“No vivirás para ver el siglo XX. Serás enterrado en una ciudad del Sur, pero una gran tempestad se abatirá sobre esa ciudad y tus restos serán arrojados al mar”.

En noviembre de 1899 la compañía de Coghlan representaba Hamlet en Galveston, Texas. El 27 de ese mes, poco antes de un llamado a escena (o en medio del escenario, según Slemen), Coghlan se quejó de un malestar y al poco tiempo murió.

Al siguiente día los restos de Coghlan fueron colocados en un ataúd de madera de ciprés forrado de plomo, y fue enterrado en el cementerio de Galveston. El ataúd fue puesto en una cripta de granito.

Dos años después, el 27 de agosto de 1900, una de las tempestades tropicales más terribles, se gestaba en el Océano Atlántico. Al llegar al Caribe era todo un huracán, el peor que haya azotado las costas de los Estados Unidos. Los vientos eran de más de 350 kilómetros por hora. La presión bajó hasta 27.64 pulgadas.

El huracán llegó a Galveston el 8 de septiembre. Más de 6,000 personas perdieron la vida. Algunos suben el conteo de víctimas hasta 8,000. Se calcula que cerca de la sexta parte de la población de Galveston murió en la inundación. Los cuerpos eran recogidos en carretas para ser arrojados al mar. Cuatro mil casas fueron reducidas a despojos de madera, ladrillo y lodo. Las aguas del mar subieron casi siete metros. Los daños superaron los treinta millones de dólares.

Las aguas arrastraron hacia el mar no solo los restos de edificios, árboles y personas, sino que también llegaron al cementerio destruyendo criptas y desenterrando los muertos. Los cadáveres de gente fallecida hacía mucho tiempo se mezclaron con los muertos hacía poco y con los que había generado el huracán. Los ataúdes se hacían pedazos por la violencia de las aguas y sus restos fueron arrastrados hacia el golfo de México.

A la mañana siguiente las autoridades observaron que varios ataúdes habían sido arrastrados al mar. Uno de esos ataúdes arrancados por el huracán contenía los restos mortales de Coghlan. Los autores de libros de misterio creen que las aguas lo llevaron al Sudeste, arrastrado por la corriente occidental y la corriente del Golfo, cuya velocidad es de 120 kilómetros por día.

EL ATAUD FLOTANTE

En 1906, según Winer sin apuntar la fecha exacta, el Sky Plover encontró algo aterrador. La tripulación había terminado la comida del mediodía, cuando el vigía anunció:

“¡Naufragio! ¡Dos puntos proa babor!”

La tripulación oteo el horizonte y diez minutos después, los asombrados marinos vieron, en lugar de restos de naufragio, ¡varios ataúdes!

En efecto, eran cuatro ataúdes cubiertos de coral, conchuela, barnaclas, lama y otras protuberancias marinas. ¿Se trataba de los restos arrancados del cementerio de Galveston? Nunca lo sabremos pues según Winer los miembros del Sky Plover se negaron subir a bordo tan macabro hallazgo.

Pero, por otra parte, parece que esta es otra parte inventada de la leyenda. Nunca existió ninguna embarcación llamada Sky Plover.

Edwards, Gaddis y Winer afirman que la corriente del Golfo de México llevó el sarcófago hasta las cercanías de Terranova. Allí fue sacado de la corriente por una galerna. Luego flotó sin rumbo frente a la costa oriental del Canadá, hasta que en octubre de 1908, ocho años y un mes después de que el huracán azotara Galveston, llegó a las cercanías de la isla Príncipe Eduardo. Varios pescadores de la isla habían echado sus redes en el Golfo de San Lorenzo, cuando de pronto notaron una caja oblonga, cubierta con barnaclas, que flotaba en el agua, muy cerca de la isla.

Los marineros la amarraron a sus botes y la remolcaron a tierra. La caja estaba cubierta de moluscos marinos y escaramujos. Se le quitó la gruesa capa de conchas y deposiciones de las barnaclas, descubriendo que se trataba de un ataúd con una placa de plata en la cubierta que decía:

“Charles Francis Coghlan. Nacido en el año 1841. Muerto en 1899”.

A unos cuantos kilómetros se encontraba la aldea en donde había nacido y crecido el actor. Los restos fueron sepultados cerca de la iglesia donde había sido bautizado. Charles Francis Coghlan, al fin, había regresado a casa.

Bueno, eso es por lo menos lo que cuenta la leyenda, pero ¿Qué hay de cierto en todo esto?

¡AUNQUE USTED NO LO CREA!

Coghlan se casó en 1893, a la edad de 52 años, con Kuche Beveridge. Compró una residencia de verano en una granja de Fortune Bay, en la isla Príncipe Eduardo, donde poco después nacería su hija, Gertrude Coghlan.

El actor había “regresado” a la isla en vida y no como dicen los escritores, muerto y conducido por un ataúd.

Gertrude había casado con Augustus Pitou, promotor y actor que tiempo atrás había sido representante del propio Charles. Ambos habían gastado una fortuna en la búsqueda de los restos de su padre.

Consultó con los amigos de su padre, como Harrison Grey Fiske quien fuera el editor de teatro del New York Mirror; crítico y escritor notable, que también había producido las puestas en escena más notables del siglo XIX en Nueva York; propietario y editor del Dramatic Mirror[6]. Contrató detectives en Bayside, Long Island, en donde vivía la pareja, pero todo fue inútil. No se encontró ni la más pequeña pista.

El 15 de septiembre de 1927, la señora Coghlan leía Evening Post. Al final de su lectura se dirigió a la sección de Robert L. Ripley, Believe it or not! Su sorpresa fue mayúscula al ver que la nota principal[7] se refería a su padre:

“Charles Coghlan regresó a casa. El murió en 1897 y fue enterrado en Galveston. Cuando un trágico diluvio arrastró su ataúd hacia el mar y la Corriente del Golfo lo llevó, alrededor de la Florida, y después hacia el Norte, hasta la costa de la isla Príncipe Eduardo -a 2,000 millas de distancia-, donde había nacido”[8].

El corazón de Gertrude latió con fuerza. Si bien era cierto que Ripley estaba equivocado en dos cosas (Coghlan había nacido en París y su muerte ocurrió en 1899), tal vez el ataúd de su padre, finalmente, había sido encontrado.

La señora de Pitou se comunicó a la redacción del Evening Post. El editor la puso en contacto con Ripley. El dibujante afirmaba que aquellos datos procedían de la biografía de Lillie Langtry[9] y las memorias de Sir Johnston Forbes Robertson[10].

Gertrude sabía que esos dos actores habían trabajado con su padre, por lo que de inmediato compró un ejemplar de cada libro para leerlo.

En realidad en la autobiografía de la señora Langtry, The Days I Knew (Los días que conocí), se dice que el ataúd de Coghlan fue barrido hacia el mar, pero no se menciona el posterior hallazgo del ataúd, en la isla Príncipe Eduardo. El primero en mencionar este dato es Johnston Forbes en A player under three reigns (Un actor en tres reinos), en donde escribe:

“He hablado de Coghlan y sus actuaciones, pero me han contado un hecho curioso acerca del final de este excelente actor que debo hacer constar. Después de actuar en Romeo y Julieta, se comprometió para una obrita en el teatro Shaftesbury, que no tuvo mucho éxito. Retornó a América y nunca volvió a Inglaterra. Creo que al año siguiente murió en Galveston. Poco después de su entierro, azotó una violenta tormenta del Golfo, y las aguas barrieron su ataúd, entre otros, hacia el mar. La Corriente del Golfo lo arrastró alrededor de la Florida y por la costa Este, 1,500 millas, hasta isla Príncipe Eduardo, arrojándolo a la costa, no lejos de su casa”.

RASTREANDO UN ATAÚD

El Evening Post recibió una carta de Gertrude Coghlan:

“Por favor, verifique esta información. Si supiéramos que hay algo de cierto en esa versión, comenzaríamos de inmediato una búsqueda en la isla Príncipe Eduardo”.

El periódico se comunicó con Robertson, quien por cable contestó desde Londres:

“Me apena mucho no poder contestar categóricamente su mensaje. No recuerdo el conducto por el que me enteré de la suerte del cadáver de mi amigo; lo único que se es que quien propaló la noticia es una persona de toda mi confianza. En realidad creo que dos personas me contaron la historia. Realmente es chocante que este mito evidente haya sido incluido en mi libro. Supongo que su hija ha consultado a George Tyler, quien fue el agente de Coghlan por algún tiempo”.

Inmediatamente la señora Pitou y el Post se comunicaron con Tyler.

“He oído la historia del ataúd de Coghlan no una, sino varias veces. Amigos cercanos de él me han dicho que apareció en la isla Príncipe Eduardo. Fue arrojado por el mar a la costa, en Fortune Bridge. Recuerdo que una vez, hace años, cuando mencioné que había sido encontrado en la playa de Galveston, alguien me corrigió –no me acuerdo quién-, y me dijo que había sido llevado por la Corriente del Golfo hasta la isla canadiense. Me lo han dicho varias personas en quienes tengo confianza”.

Poco más se pudo averiguar en ese entonces. La leyenda continuó y pasó a ser un clásico de lo insólito, a pesar de que todo indicaba que era un fraude. Charles Coghlan no había nacido en la isla Príncipe Eduardo, aunque había comprado una propiedad en Fortune Bay, en donde está el Fortune Bridge que menciona la leyenda. Algunos mencionan que el ataúd se encontró, poco después del huracán, muy cerca de Galveston. ¿Cómo pudo flotar un ataúd recubierto con placas de plomo? Una placa de plata sobre el ataúd resulta muy ostentosa, aún para un actor de fama. ¿Inventó Robertson la historia, y luego que vio que su broma había llegado demasiado lejos (hasta la hija de Coghlan), trató de escurrir el bulto?

La historia del ataúd de Charles Coghlan se menciona en uno de los coros de The Dog Beneath the Skin. Otra mención se hizo en 1934 en The Chase (1934). Se puede leer una versión abreviada, en la página 178 de Players: 1928-1938, editada por Edward Mendelson en 1988.

CASI UN HOMÓNIMO

Años después saldrían a la luz nuevos datos que darían un giro a la historia.

El 10 de junio de 1965 The Guardian publicó el artículo Pintoresca y fantástica historieta del cadáver de Coghlan, firmado por Neil A. Matheson, quien había entrevistado al doctor A. A. “Gus” MacDonald, de 91 años por aquel entonces. El médico declaró al periodista que tanto él –que había practicado la medicina en Fortune Bay en 1908, cuando supuestamente se encontró el ataúd de Coghlan-, como la demás gente del pueblo, sabían que la historia era puro invento. Nadie conocía ninguna tumba de Charles Coghlan en esa sección de la provincia.

Por su parte la señora Beatrice Johnston, de Fortune Bay, calificó la historia de “pura patraña”.

Matheson concluía su artículo así:

“Lo único cierto acerca de la leyenda, hasta donde he podido averiguar, es lo concerniente al cementerio que fue barrido por las aguas en Galveston”.

Por las mismas fechas en que desapareció el ataúd de Coghlan, murió el también actor de teatro Charles P. Flockton, en Los Angeles, California (1904). De acuerdo con The Guardian de Charlottetown, del 5 de octubre de 1950, el último deseo de Flockton había sido que su cuerpo fuera cremado y que sus cenizas fueran enterradas en su casa de Cabo Abell, en Fortune Bay, isla Príncipe Eduardo. Todo esto se cumplió y los restos de Flockton descansan actualmente bajo un monumento de piedra.

Parece que en el asunto esta involucrado una confusión de nombres. Charles Coghlan y Charles Flockton suenan parecidos. Los dos eran actores con propiedades en Fortune Bay, y los dos murieron alrededor del año en que ocurrió la tragedia de Galveston.

Recientes investigaciones apuntan a esta hipótesis[11][12].

La historia del ataúd de Coghlan fue tomada por Albert A. Brandt para la revista Fate[13] y es probable que esa haya sido la fuente de Edwards. Posteriormente Gaddis la incluyó en su libro, de donde la tomó Winer, quien además inventó el caso del Sky Plover. La historia de los ataúdes flotantes es apócrifa. No se conoce de la existencia de ningún Sky Plover, se sabe que un Sky Dove se hundió en 1908, pero no se recuerda que haya tenido un encuentro con ataúdes en el mar.

Los escritores de temas paranormales constantemente reciclan sus mentiras, por lo que dudo mucho que a esta historia la podamos meter en un ataúd para enterrarla. Continuará flotando por años en el mar de las leyendas.

BIBLIOGRAFÍA

Anonym, Drama at Abell’s Cape, The Island Magazine, Spring/Summer, Canada, 1979.

Anonym, The Charles P. Flockton Comedy Company, The Island Magazine, Spring/Summer, Canada, 1982.

Barret Andre, Les Premiers Reporters Photographes, 1848-1914, Paris, 1977.

Brandt A. Albert, The man who came home, Fate, June 1952.

Edwards Frank, Strange world, Lyle Stuart, New York, 1959.

Gaddis Vincent, Verdaderos misterios del mar, Editorial Diana, México, 1974, pág. 57.

Langtry Lillie, The Days I Knew,

Ripley L. Robert, Believe it or not!, Evening Post, September 15, 1927.

Ripley L. Robert, The Omnibus Relieve It or Not!, Stanley Paul, London, sin fecha.

Robertson Forbes Johnston, A player under three reigns, Little, Brown & Co., Boston, 1925.

Slemen Tom, The coffin came home. Charles Coghlan, Artículo en Internet, 2001.

Whalen Dwight, Charles Coghlan nunca volvió a casa, Destino, Volumen 1, Número 4, Florida, 1979, pág. 30.

Winer Richard, Nuevos casos en el Triángulo de las Bermudas, ATE, Barcelona, 1977, pág. 75.

Charles Francis Coghlan.

Lillie Langtry.

Minnie Maddern Fiske.

Ellen Terry Beatrice.

En primer plano, de barba blanca., Harrison Grey Fiske.

Cartel de la obra The Royal Box.

Diversos aspectos de la destrucción dejada por el huracán de 1900.

La ciudad quedó en ruinas.

El huracán destruyó y arrasó casi por completo la ciudad de Galveston.

Cuando bajaron las aguas, la destrucción era más que evidente. El mar fue la fosa común para cientos de las víctimas del huracán.

Cartel de The Privateer, en la producción de Morrison.

El actor inglés Sir Johnston Forbes Robertson.

Fotografía de Charles P. Flockton, en la época en que murió Charles Coghlan.


[1] Gaddis Vincent, Verdaderos misterios del mar, Editorial Diana, México, 1974, pág. 57.[2] Whalen Dwight, Charles Coghlan nunca volvió a casa, Destino, Volumen 1, Número 4, Florida, 1979, pág. 30.

[3] Winer Richard, Nuevos casos en el Triángulo de las Bermudas, ATE, Barcelona, 1977, pág. 75.

[4] Slemen Tom, The coffin came home. Charles Coghlan, Artículo en Internet, 2001.

[5] Edwards Frank, Strange world, Lyle Stuart, New York, 1959.

[6] Barret Andre, Les Premiers Reporters Photographes, 1848-1914, Paris, 1977.

[7] Ripley L. Robert, Believe it or not!, Evening Post, September 15, 1927.

[8] En una de las colecciones de los libros de Ripley, Ripley L. Robert, The Omnibus Relieve It or Not!, Stanley Paul, London, sin fecha, se proporciona esta información adicional:

“El actor Charles Coghlan fue enterrado en Galveston, Texas, en 1897. Después de un huracán y un diluvio que azotó el sitio en 1900, su ataúd fue arrastrado al mar y llevado por la Corriente del Golfo por más de 2,000 millas, bordeando Florida, hasta la isla Príncipe Eduardo, en donde había nacido el actor”.

[9] Langtry Lillie, The Days I Knew,

[10] Robertson Forbes Johnston, A player under three reigns, Little, Brown & Co., Boston, 1925.

[11] Anonym, The Charles P. Flockton Comedy Company, The Island Magazine, Spring/Summer, Canada, 1982.

[12] Anonym, Drama at Abell’s Cape, The Island Magazine, Spring/Summer, Canada, 1979.

[13] Brandt A. Albert, The man who came home, Fate, June, 1952.

Un pensamiento en “No es cierto. Aunque usted no lo crea”

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