Mundos en confusión

MUNDOS EN CONFUSION

Mario Méndez Acosta

Velikovsky Uno de los problemas a que se enfrenta la opinión publica educada en todo el mundo es el de poder distinguir entre lo que es una especulación o hipótesis científica real, que intenta encontrar explicación de lo que ocurre en el uni­verso o de las leyes que lo rigen, y lo que no es más que la ocurrencia de una suposición cualquiera acerca de la ín­dole de los fenómenos científicos y la propia historia del cosmos o de la naturaleza en nuestro planeta. El mejor ejemplo de cómo la ignorancia de los principios básicos de la física en efecto impide a las personas distinguir entre lo que sí puede y lo que simplemente no puede ser, está en el caso de las insólitas teorías de Immanuel Velikovsky. Según este psiquiatra estadounidense de origen ruso, quien publicó su libro Mundos en colisión en 1950, gran parte de los milagrosos casos que se narran en el Antiguo Testamento, como el diluvio universal; las plagas de Egipto en tiempos de Moisés; la apertura de las aguas del Mar Rojo; la caída del maná en el desierto, con el que se alimentaron los israelitas; la detención del Sol por órdenes del juez Josué en la batalla de Gabaón entre éstos y los cananeos; la caída de las murallas de Jericó, y varios hechos más fueron causados porque en esos tiempos una gigantesca explosión, ocurrida en el planeta Júpiter, expulsó del mismo una gran masa de materia incandescente, que se convirtió primero en cometa, el cual cruzó una y otra vez las órbitas de la Tierra y de Marte, causando todos esos portentos en nuestro planeta; hasta llegar un día a estabilizarse, transformándose en el planeta rocoso que hoy conocemos como Venus. Todo ello, según Velikovsky, ocurrió alrededor del año 1500 antes de la era cristiana.

ScientistsConfrontVelikovsky En su libro, Velikovsky también aseguraba que los gases de la cola del cometa llevaban hidrocarburos -compuestos orgánicos de carbono e hidrógeno-, algo que ya se había detectado en ese año de 1950, gracias al análisis espectroscópico de la cola de los cometas. Estas sustancias orgánicas, decía Velikovsky, al entrar en contacto con la atmósfera terrestre se transformaron en el prodigioso maná, que según el Éxodo llovía del cielo y alimentaba a los judíos mientras pasaron cuarenta años vagando en el desierto del Sinaí. El problema aquí es que los hidrocarburos, como la gasolina, no son comestibles. Son los carbohidratos -compuestos de carbono, hidrógeno y ¡oxígeno!- los que sí lo son, y las colas de los cometas no llevan vestigios de carbohidratos, sino de hidrocarburos, un com­puesto más sencillo, que aunque suene parecido, es algo por completo distinto en sus cualidades.

Immanuel Velikovsky publicó sus ocurrencias, verti­das con un lenguaje erudito y cientos de datos de referen­cia, en la editorial Macmillan, una de las más prestigiosas y serias de los Estados Unidos. De inmediato, los astróno­mos, astrofísicos y cosmólogos, así como varios físicos y químicos, protestaron airadamente contra este hecho, lo cual fue interpretado por la comunidad intelectual, dedicada a las humanidades, como un acto inquisitorio y de censura contra un pobre y heroico hereje, que se había atrevido a desafiar al establecimiento científico ortodoxo.

MartinGardner Con todo y lo descabellado y gratuito de tales hipóte­sis, las mismas fueron aceptadas sin chistar a partir de 1952, por muchos pensadores e intelectuales sin formación científica, para quienes la ciencia a fin de cuentas no es sino una opinión más, y una disciplina definida por las estructuras del poder vigentes en la época presente. Pero en esta ocasión la historia, una de las humanidades más útiles e ilustrativas para la toma de decisiones en el ac­tual momento, ha salido a la ayuda de la ciencia. El sim­ple hecho, por ejemplo, de que existan registros babilóni­cos muy anteriores a la época en que debió haber ocurrido el Éxodo bíblico y que testifican que ya Venus brillaba en el firmamento, tanto como lucero matutino como vesperti­no, hubiera bastado a cualquier persona medianamente educada para rechazar las ideas de Velikovsky. No hay que olvidar que Venus, lo mismo que la diosa Ishtar dentro del panteón de los caldeos, existía como una deidad funda­mental en la creciente fértil del medio oriente, plenamen­te identificada con el brillante astro que se observa, ya sea al amanecer o en los atardeceres, según su ciclo avanza a lo largo del año.

IsaacAsimov Sin embargo, muchos pensadores de principios de los cincuenta, movidos únicamente por un rencor en contra de lo que consideraban arrogancia de sus contrapartes del mundo científico, se dedicaron a defender a Velikovsky como un ejemplo de libertad intelectual amenazada por el dogmatismo. Así, entre los divulgadores de la ciencia que han analizado este conflicto están Martin Gardner, Isaac Asimov y Carl Sagan. Asimov, por ejemplo, comprendió lo profundo de la desinformación que afectaba a los filósofos e historiadores acerca de lo que en verdad pretende la ciencia. Eso lo decidió a encabezar una acti­vidad mixta de difusión del conocimiento y del método científico, convirtiéndose también en historiador.

Martin Gardner se dedicó a documentar cómo la in­sistencia de Velikovsky de señalar que el viaje de lo que sería Venus desde la órbita de Júpiter hasta la que ocupa actualmente implicaría que el astro, convertido en come­ta, tendría que haber maniobrado en forma muy comple­ja, casi como si tuviera voluntad propia, para aparecerse en la cercanía de la Tierra cada vez que los hebreos nece­sitasen de una intervención milagrosa.

SaganVelikovsky Por su parte, Carl Sagan organizó un encuentro en 1976 entre los científicos y el propio Velikovsky, en el cual se dieron a conocer los datos obtenidos por las sondas, que ya habían llegado a Venus, y contradecían la opinión de Velikovsky sobre la naturaleza del planeta vecino. Sin embargo, toda la evidencia del mundo no bastó para convencer a los seguidores de este científico, quien salió de esa reunión convencido de que había sido el vencedor.

Venus es un planeta hecho de roca y metales pesados, como la Tierra, en tanto Júpiter es de materia gaseosa, y sólo se especula que pudiera tener muy en su interior un núcleo metálico incandescente. Nada de lo que pudo haber ex­pulsado por una simple explosión volcánica podía haber­se constituido en un planeta tan similar geológicamente a la Tierra como es Venus, cuya elevada temperatura en la superficie se debe al efecto invernadero que ocasiona su atmósfera, con un alto contenido de bióxido de carbono y no porque todavía mantenga el calor de la energía libe­rada por la explosión, según llegó a señalar Velikovsky en sus últimos años de vida.

CarlSagan Lo interesante del caso Velikovsky es que, después de un inicio en el que sí se reflejó cierto nivel de intoleran­cia, los científicos reaccionaron finalmente con gran generosidad ante las afirmaciones del psiquiatra metido a especulador cósmico, y nunca se negaron al debate, acti­tud que fue respondida con acusaciones de conspiración y mayor dogmatismo.

Este artículo se publicó originalmente en Ciencia y Desarrollo, No. 153, México, julio-agosto de 2000.

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