Alien 8. Lagwagon

Alien 8 – Lagwagon

Would it make you feel much better

If it was you against the world

If you were an alien

If it were conspiracy

And would it hurt to live in comfort

If you found someone to trust

If you knew that you were with us

If we shared a common goal

But you will isolate, alienate

No one can appreciate

The poor miss understood

Can you see that I don’t care anymore?

Do you ever stop to listen

Are you a martyr for your pride

Does it makes you feel much better

When you are an alien?

Ingeniero White: Un caso de fantasía perinatal (Final)

III – CONCLUSIONES

A – Un balance de la situación

IngenieroWhite4 Habiendo presentado en detalle todos los aspectos testimoniales e investigativos del inusual encuentro y posterior abducción, tenemos por un lado la impresión general favorable del personal médico que lo atendió en el nosocomio del gremio al cual él pertenece (ferroviario), aún cuando se hayan focalizado en lo orgánico y funcional, a la par de la claridad y precisión con que responde á las preguntas que se le formulan.

Sin embargo, como contrapartida, extendemos a continuación una lista de los puntos que nos llevan a pensar de un modo diferente:

a) El habitual movimiento de gente, a la hora y lugar indicado, que el testigo dice no haber advertido.

b) La improbabilidad de que Díaz haya perdido el conocimiento por falta de aire en la esfera, de 16 metros cúbicos, en el breve lapso descrito; por citar un solo detalle.

c) La imposibilidad que haya realizado el trayecto entre Bahía Blanca e Ing. White, en los horarios que declara, pues no coinciden ni el tiempo invertido en ello, ni la hora en que debió pasar el transporte colectivo.

d) La diferencia horaria entre la que C.A. Díaz afirma haber llegado al Policlínico (16,15) y la que la guardia del nosocomio sostiene realmente haberlo hecho (17,30, y quedar internado a las 18,50).

e) La evaluación psicodiagnóstica, que arroja indicios pesimistas con algunos desarre­glos de personalidad.

En base a las indagaciones efectuadas en Bahía Blanca, Ingeniero White y Buenos Ai­res, a las consultas periciales y, en suma, a todo lo expuesto en este informe, estimamos probable que se trate de un fraude, pudiendo calificar al episodio como una misti­ficación creada por el mismo testimoniante.

B – La reconstrucción de los hechos

08 Ing White - El semanario sensacionalista Así refleja su fantástico relato La noche del sábado 4 de enero, Carlos A. Díaz se dirigió a trabajar y, habiendo sido visto por numerosas personas, cumplió sus tareas con absoluta normalidad.

Ing. White «“ El semanario sensacionalista Así refleja su fantástico relato.

Finalizada su labor en la madrugada del domingo 5, se retiró del lugar a la hora que declara. Pero, en vez de trasladarse a su domicilio de Ingeniero White, optó por quedarse en Bahía Blanca y tomar el transporte más accesible e inmediato que hubiere en esa fecha, que lo condujera a Buenos Aires. El medio más apropiado resultó ser el ferrocarril, cuyo pasaje no abona y cuya línea conoce en detalle, por ser operario de la empresa.

Como el horario de salida era a las 6,15 de la mañana, habría aprovechado para adquirir el periódico (luego utilizado como prueba), aparecido horas antes (2,45 aprox.).

Después del viaje de nueve horas, en que llegó a la estación Plaza Constitución a las 16,10, debido a una demora de 52 minutos, parece haberse irritado los ojos (quizá, mirando al Sol) y arrancado algunos pelos, como «pruebas» físicas que respaldarían su relato, e ineludible para su ingreso al hospital.

Una vez concretado, tomó uno de los varios transportes locales que lo condujera has­ta las proximidades del Policlínico Ferroviario Central en la zona de Retiro. De esta manera, Díaz habría llegado alrededor de las 17,30, y a fin de ser más persuasivo, justificó la extensión del tiempo hasta su llegada al mismo, enunciando una serie de da­tos inciertos (p. ejem., que una persona desconocida lo halló durmiendo en un paraje desconocido, etc.). Así comenzó el caso de C. A. Díaz. Así parece cerrarse el caso de C. A. Díaz.

C – El factor psicológico

09 Ing White - Caminando por un costado de las vías El episodio del 5 de enero de 1975 no ha de concluir con la exposición de los argu­mentos desfavorables y la reconstrucción hipotética de los hechos. Nuestra inquietud nos lleva a intentar desentrañar el proceso psicológico y sus contenidos simbólicos.

Ing. White «“ Caminando por un costado de las vías, afirma no poder olvidar el alucinante episodio con los ETs (Así).

El mensaje que el ovni comunica del inconsciente es un signo que aparece para que todo el mundo lo vea, y sea escuchado, revelando la psique, la personalidad.

Desde el punto de vista psicológico, el relato de Carlos A. Díaz describe contenidos fantásticos que, por su naturaleza claramente simbólica, demuestran que provienen del inconsciente.

Un estado de angustia[1] primigenia, que nos remite a una falta, a una separación, y que proviene de una situación traumática, no resuelta o elaborada, parece anteceder a relatos de este género. Una novela que aparece como un intento de eliminar esa angus­tia, restitutivamente como fantasía, delirio o alucinación, y que es, a la vez, exteriorización del conflicto subyacente.

La angustia, en cualquiera de sus diferentes formas (siguiendo un análisis estructural) nos permite descubrir la problemática del doble: fusión y separación (del yo y del objeto), unión y desunión. Como defensa patógena, provoca la regresión a etapas tempranas, que tienen al nacimiento como modelo, prototipo de angustia.

No trataremos aquí de tomar posiciones acerca de las controversias que provienen de concepciones psicogenéticas distintas y que sobrepasan nuestro análisis, sino, preci­sar en cierto modo el nivel de emergencia, las condiciones y la modalidad de expresión de una de sus manifestaciones. Tampoco consiste en determinar en este artículo si ta­les regresiones suponen un recuerdo real, o una construcción fantasmática.

La remisión a la angustia del nacimiento está fuera de toda polémica. Y es allí don­de la experiencia perinatal (esto es: antes, durante y después del nacimiento) se abre en la polaridad fusión (goce, alienación) y separación, o abandono (castración, arrojamiento).

La primera se vincula, según el modelo freudiano, con la «protofantasía», o fantasía originaria de la denominada vida intrauterina, también llamada «experiencia oceánica». Lugar de éxtasis, goce y completud en el cuerpo materno. La segunda nos conduce, en cambio, a la angustia primaria o traumática, de «real-angst».

La historia narrada por Carlos Díaz contiene esta problemática, encubierta, camufla­da en un relato ufológico que parece hacer «revivir» esa experiencia natal, sin poder despojarse de ese sentimiento (en su forma arcaica de aniquilamiento, deglución) y del dualismo (abducción-aducción, o por igual, retención-separación).

Una secuencia del relato de Díaz permite una comparación con las vivencias de la criatura dentro del vientre materno, teniendo en cuenta que las formas redondas o cóncavas suelen tener un significado femenino, confiriéndole al ovni (al margen de su de­notación física) un carácter generador y fecundador.

El ovni representaría para nuestro testigo la matriz o útero, al que describe cano un material fuerte y de color carne. Díaz aparece dentro del mismo en posición fetal; su estado transitorio es inconsciente y tiene la sensación de estar en vacío o ingravidez. Su subsistencia es posible por un orificio, o cordón umbilical, perdiendo la conciencia cuando se corta el flujo de aire que ingresa por él.

Las figuras que Díaz menciona son tres (podrían representar a su familia, dramatizando su situación vital); de ahí que la intención era expulsarlo de donde estaba contenido, aún cuando ellos mismos lo abdujeron, haciéndose incomprensible la resistencia de Díaz por quedar retenido en el recinto. Las seres que se dirigen a él haciéndole sentir su potencia, es una reacción del inconsciente cuando sentimientos de inferiori­dad y falta de significación amenazan la personalidad.

La figura más cercana (es el personaje más importante y singular), es la que lo toma de la cabeza, en tanto que las restantes lo hacen del pecho y del bajo abdomen, arrancándole pelos (la falta de pilosidad es, además, un rasgo de las criaturas), ame­nazando su integridad. Al respecto, digamos también que el organismo está constituido por cuatro sistemas principales: a) el sistema respiratorio (región torácica), b) sis­tema gastrointestinal (región abdominal), c) sistema cerebral (región craneana), y d) sistema muscular (todo el cuerpo). Cada uno de estos sistemas está directamente rela­cionado con un elemento del ambiente (atmosférico, físico, alimentario, social, cultu­ral), los que parecen estar en peligro de fragmentación.

La percepción indeterminada y desconocida de los seres parece analogarse con la del bebé, quien percibe aquello que lo rodea de manera global. Quizá pueda esto explicar la falta de detalles (sin manos, ojos, boca, nariz, orejas, genitales) de las figuras, pero sin duda nos revela el sentimiento de indiferenciación del propio sujeto, como se da en la criatura.

D – Percepciones de Díaz en presencia del ovni

10 Ing White -Uno de los estudios que le practicaron en febr 1975 y a los cuales se tuvo acceso Para su mejor entendimiento, enumeraremos en primer término las percepciones manifestadas por el testigo, y seguidamente «“en ­forma secuencial- los observados en las criaturas al momento de nacer, permitiendo su comparación:

a) Presencia de luz dentro del objeto.

b) Paralización de Díaz.

Ing. White «“ EEG: Uno de los tantos estudios que le practicaron en febrero de 1975 y a los cuales tuvimos acceso.

c) Absorción del testigo.

d) Observación de luz intensísima.

e) Desvanecimiento del testigo.

a»™) Dentro del vientre materno hay presencia de luz.

b»™) Sabemos que la madre es transmisora no sólo de ciertas inmunidades, sino también de fuertes erosiones que provocan contracciones en el útero, determinando la para­lización momentánea de la criatura.

c»™) Al final del embarazo, la criatura coloca la cabeza hacia abajo y la presión de la parte superior del abdomen de la madre desaparece, permitiéndole respirar con más facilidad y siente ser absorbido.

d»™) Al ingresar al medio ambiente exterior, aparece una luz intensísima, mucho más po­tente que la que había dentro de la matriz.

e»™) Después de nacer, la criatura -debido al desgaste de energía- pierde las fuerzas hasta desvanecerse.

E – Otros detalles del caso

El análisis del caso, nos permite inferir que habría en el testigo un intento de simbolizar algo de lo real. En esta línea de pensamiento, débese observar que la desaparición de Díaz se produce en las cercanías de su ámbito familiar (a 100 m de su casa), y la aparición se produce cercana a su ámbito natal (a 300 m del hospital de su gremio).

El hombre sin referencias conocidas, que tenía un vehículo «multicarga celeste», pa­rece representar el tutelaje que lo acuna. El periódico que utiliza como «prueba» le permitiría asirse un nombre, prueba de renombre y notoriedad, lazo social que intenta entramarse.

Finalmente, el papel que desempeña el número en el inconsciente, ofrece también motivos de reflexión. Los números son, gracias a sus propiedades individuales, portadores y mediadores de procesos psíquicos. Receptáculos de ideas y pensamientos relativos al mundo y su orden, como se manifestaría en la significativa reiteración por parte de Díaz del tres y del seis[2], tanto en su testimonio como en aspectos de su vida cotidia­na.

Infinidad de otros detalles del relato con claros contenidos simbólicos ponen al descubierto la raíz psicológica del pretendido encuentro, cuya interpretación no ha pretendido reducir el incidente a estas áreas, sino después de un examen exhaustivo del sujeto y de la situación narrada por él, dando por resultado la comprobación de su fraudulencia.

F – Consideraciones finales

Lo expuesto hasta aquí, nos permitió descubrir un novedoso horizonte ufológico para la interpretación intrapsíquica de las «abducciones». Ello nos conduce, a su vez, a formular algunas preguntas: ¿Esta relación perinatal se constituye en un patrón común de los relatos de abducciones, o de un segmento de ellos? En nuestra opinión, la naturaleza proteica y heterogénea de los informes torna improbable formular una explicación única para tan abundante casuística, siendo pertinente realizar un estudio específico, caso por caso. Sin embargo, nuestra convicción es que existe, al menos, un con­junto importante de sucesos abduccionistas en donde se observa cierta y significativa recurrencia al modelo perinatal.

De allí surge una segunda pregunta: ¿Hay en dichas regresiones un recuerdo o una fantasía acerca del nacimiento? La respuesta, desde luego, supera la investigación estrictamente ufológica, y quizá pierda interés al efecto, aunque los elementos hallados en este caso nos sugieren un contenido afectivo, simbólico y delirante.

G – Algo más

11 Ing White - C Díaz, 22 años después Dice haber viajado al centro de la Tierra Unos quince años después, a principios de octubre de 1990, el ferroviario Carlos Al­berto Díaz, ahora empleado de una empresa petroquímica, vuelve a cobrar notoriedad a través de los medios periodísticos, al declarar que el 14 de setiembre de 1988, viajó en una nave similar al centro de la Tierra, oportunidad en que -según sus palabras- tomó contacto con sus tripulantes intergalácticos y vio «animales prehistóricos y una comunidad de extraterrestres».

Ing. White «“ Carlos A. Díaz, 22 años después. Dice haber viajado al centro de la Tierra.

En declaraciones a un canal televisivo bahiense, y reproducido en los diarios de to­do el país (v.gr., Diario de Cuyo, SJ, El Heraldo, ER, Diario Popular, BA, La Opinión, SL), Díaz sostuvo que tampoco pudo hablar con los tripulantes de la nave («porque nosotros estamos materializados», dijo), pero exhibió muestras de lo que afirma ser trozos del cuerpo de los visitantes, a los que denominó «savia», agregando que son de estatura mucho mayor que la humana y se comunican mediante números del 0 al 28, en reemplazo de las letras del alfabeto.

Asegurando que esta fue la segunda vez que había viajado en un plato volador, auguró que volvería a hacerlo a mediados de ese mes, con destino a otra galaxia llevado por los extraños seres.

En rigor de verdad, la noticia no nos causó demasiada sorpresa. El episodio de 1975 aventuraba un nuevo «relato», como ocurre en muchas abducciones. Es que la tenacidad de la trama delirante de su proverbial historia, produjo la impresión de no haberse agotado en la tentativa. Un ejemplo típico es la denominada «compulsión a la repetición» producida en los sueños, donde el acontecimiento traumático vuelve sobre el sujeto procurando su ligadura, su representación, pero siempre en forma enmascarada, camuflada, mediante una cadena de significantes y, con ella, una significación como tratamiento de aquello que irrumpe desde lo real. En suma, se trata de un nuevo intento de simbolización, de inscripción psíquica.

Sin embargo, en la repetición siempre hay algo de lo nuevo, sin repetir exactamente lo mismo. No haremos de este último testimonio de Díaz un análisis minucioso, aunque será necesario señalar la existencia de una misma estructura, más allá del aspecto formal en cuanto a «los seres que lo abducen en una nave similar». Consiste aquí en referirnos, al menos sucintamente, a la naturaleza arcaica, al trasfondo regresivo del relato fabuloso aportado por Carlos Díaz: un viaje hacia el centro de la Tierra, la madre-tierra, en donde se hallan «animales prehistóricos», una clara evocación a su pre­historia, a su pasado remoto, y en una alegoría de los instintos del hombre, de las funciones naturales del cuerpo, de los impulsos.

Esta vuelta al origen, total y pleno, confronta al hombre con sus mitos, descubrien­do una estructura mítica singular, por cuanto se interroga por el nacimiento.

Carlos Alberto Díaz produce una compulsiva regresión y una identificación, consistente en su reproducción exacta. Al parecer, construye una realidad delirante, sistemati­zada, poniendo en el mundo exterior lo que le pasa internamente. Recurre a los símbo­los, pero con la apariencia de que no funciona de manera esperable el principio de realidad.

En este marco, el diagnóstico no parece resultar muy favorable. Tampoco podría pre­verse un pronóstico auspicioso, sin un tratamiento adecuado. No sería ocioso advertir que Díaz, en un futuro, podría aportarnos otros elaborados y -quizá- bizarros relatos de lo que serían más que expresión de las difíciles travesías por los laberintos de su psique.


[1] El término angustia es empleado en adelante en su sentido vulgar, comúnmente comprendido. Vale decir, denotado por signos contundentes de sufrimiento, de un padecimiento subjetivo.

[2] El tres tiene la calidad de número perfecto, la expresión de la totalidad y el acabamiento. Es el producto de la unión de cielo y tierra (madre). Nada se puede añadir, completa la triade. En el embarazo, superar el tercer mes da por fin un monto de ansiedad, por el temor de que se produzca un aborto espontáneo. El seis es el número de la creación, mediador entre el principio y la manifestación. En el embarazo, atravesar el sexto mes implica la seguridad de que el bebé está completo para nacer. Llamativamente, C. Díaz tenía una hija de apenas seis meses de edad cuando, al tiempo en que es convocado a ser padre, se «desencadena» el episodio.

Visiones del paraíso

Visiones del paraíso

Juan José Morales

Hace poco, en una de esas conversaciones que se deslizan hacia las reflexiones filosóficas, surgió una pregunta interesante: si la vida comienza al nacer y termina al morir, ¿por qué a los seres humanos nos inquieta tanto saber qué habrá después de la muerte «”si es que algo hay»” y en cambio no nos interesa saber qué hubo antes de nacer?

Eso me recordó un texto de Isaac Asimov, el gran científico y maestro de la ciencia ficción. Lo busqué en mis archivos, y al releerlo encontré unas buenas respuestas. Ateo convencido como lo fue hasta el fin de su vida, Asimov señala que «a pesar de la falta absoluta de pruebas, una gran mayoría acepta sin ninguna duda la existencia de la vida después de la muerte porque tales pensamientos son muy reconfortantes y estimulantes y acaban con la idea terrible de morir».

Ello probablemente se debe, dice, a que «la especie humana es la única que comprende que la muerte es inevitable», y que cuando los hombres cayeron en la cuenta de ello, deben haber experimentado un terrible choque emocional y una gran desazón. Para que la idea de morir les resultara más tolerable, se han de haber reconfortado imaginando que aquello no era el fin, sino sólo un paso hacia otra vida, que incluso podía ser más placentera. Y así nació el concepto del paraíso.

Después vendría el concepto de infierno como un lugar de castigo en que quienes se portaran mal en esta vida, no creyeran en Dios o no obedecieran a los sacerdotes, sufrirían atroces tormentos por toda la eternidad. Pero eso es harina de otro costal. Lo que me interesa por ahora es la forma en que las diferentes religiones conciben el paraíso.

Valhalla «El Cielo islámico «”escribía Asimov»” tiene sus huríes, siempre disponibles y virginales, de manera que se convierte en una casa de sexo eterna. El Cielo vikingo tiene a sus héroes celebrando banquetes en el Valhalla y luchando unos con otros entre festín y festín, de manera que se convierte en un restaurante y un campo de batalla eterno. Y nuestro propio Cielo por lo general se representa como un lugar en el que todo el mundo tiene alas, toca el arpa y canta himnos interminables de alabanza a Dios. ¿Qué ser humano con una inteligencia media puede creer en ninguno de esos cielos, o de los otros que ha inventado la gente? ¿Dónde hay un cielo con la posibilidad de leer, escribir, explorar, de mantener una conversación interesante o de realizar investigaciones científicas? Nunca he oído que exista ninguno.» Sencillamente, comenta Asimov, «la imaginación nunca ha logrado construir un Cielo útil».

Y coincido con él en que después de la muerte no me gustaría ir a dar a ese cielo de ángeles, nubes y música celestial y estar ahí toda la eternidad tañendo un arpa. Me sentiría «”valga la redundancia»” mortalmente aburrido. Pero no pienso convertirme al islamismo a cambio de la promesa «”bastante más atractiva desde luego»” de pasarme los siglos de los siglos acariciado por docenas de complacientes beldades (y, por cierto, ¿qué placeres esperan en la otra vida a las mujeres musulmanas?). Tampoco me interesan las comilonas y los combates del paraíso vikingo.

Me adhiero a lo que decía Asimov: «Puesto que soy ateo y no creo que existan Dios ni el diablo, el cielo ni el infierno, sólo puedo suponer que cuando muera todo lo que habrá será una eternidad hecha de nada. Después de todo, el Universo existía quince mil millones de años antes de que yo naciera, y yo (quienquiera que sea ese «yo») sobreviví a todo eso en el «no ser»».

Ya sé que a mucha gente puede parecerle terrible la perspectiva de que después de morir no haya nada «”y es precisamente ese temor lo que la lleva a la religión y sus promesas de vida eterna»”, pero a mí no. Como señalaba Asimov, después de todo «no hay nada aterrador en dormir eternamente. Sin duda, es mejor que el tormento eterno del infierno o el tedio eterno del cielo.»