EL FRAUDE DE LA «MEDICINA ALTERNATIVA»
Por Juan José Morales
Cada vez más difundida entre personas dispuestas a creer cualquier disparate en vez de ponerse en manos de médicos competentes, sólo sirve para extraerles dinero y, en el peor de los casos, acelerar la muerte.
Todo es cuestión de enÂfoque y terminología. Cualquiera tildaría de charlatanería proponer a un paciente aquejado de cáncer o cálculos reÂnales curarse con emÂplastos de hígado de rana, sangre de cordero nonato y hojas de mandráÂgora; o con un brebaje a base de biÂlis de cerdo, pelos de lobo y hojas de enebro arrancadas a medianoche en medio de una tormenta y en un cruÂce de caminos. Pero calzar zapatillas con suela «biomagnética», tomar «principios activos químicos con alÂta carga vibracional», meterse bajo una pirámide de lona para restableÂcer el equilibrio energético interno, o manipular el lóbulo de la oreja o la planta del pie para vigorizar las coÂnexiones nerviosas que estimulan la actividad de los riñones, es consideÂrado con seriedad por mucha gente como «medicina alternativa».
La lista de estos supuestos proÂcedimientos curativos es muy larga y no cesa de extenderse. Las hay, como la iridología y la reflexología facial, cuyos practicantes afirman poder diagnosticar enfermedades de todo tipo con sólo observar detenidamente el aspecto del ojo o del rostro del paciente. Más «cientíÂficos» en apariencia pero igualmenÂte embaucadores son aquellos que dicen poder hacer lo mismo obserÂvando al microscopio una gota de sangre – no analizándola, sino simplemente mirándola -, ya sea fresÂca o cristalizada.
TIRONCITOS DE OREJA
Y si alguno de esos timadores le pellizca a usted la oreja, no neceÂsariamente lo estará reprendienÂdo o haciéndole un cariño. Quizá sea uno de esos auriculoterapistas, según los cuales todos los órganos del cuerÂpo están representados en la oreja, y examinándola solamente por fuera se puede saber si alguna parte del orgaÂnismo sufre un padecimiento. Es más: sostienen que son capaces no sólo de diagnosticar la enfermedad, sino tamÂbién de curarla mediante adecuadas manipulaciones de la oreja misma, ya sea pinchándola con agujas, opriÂmiéndola delicadamente con pinzas o aplicándole suaves masajes.
Masajes también, pero bastante más eróticos, utiliza la senoterapia o masoterapia, exclusiva para mujeÂres. Según su lujurioso inventor, es posible detectar enfermedades por la forma de los pechos femeninos – el diagnóstico exige tentarlos e incluso curarlas sin necesidad de medicamento alguno, sino a fuerza de masajes en los senos.
Otra seudomedicina a base de masajes, pero en los pies, es la digiÂtopuntura. A diferencia de la acuÂpuntura no se utilizan agujas: sólo se oprimen con los dedos ciertos punÂtos de las extremidades inferiores supuestamente conectados a cada uno de los sitios del organismo y basta su manipulación para devolÂver la salud a un hígado o un estóÂmago enfermos. Y por si alguien puÂdiera tener problemas de cosquillas en la planta del pie, ya se inventó la quiroreflexoterapia, procedimiento análogo aplicado a las manos. A los pies está enfocada también la refleÂxoterapia podal, que se vale de las llaÂmadas alfombrillas de masaje y las plantillas para calzado, actuantes mientras el paciente camina.
Están de moda igualmente los métodos de diagnóstico y curación basados en hipotéticas energías supuestamente emanadas del cuerÂpo pero imposibles de registrar o medir con prosaicos y vulgares insÂtrumentos, pues son de naturaleza «anímica» o «espiritual». La biorresoÂnancia, por ejemplo, asegura captar – aunque no dice cómo – ciertas ondas electromagnéticas corporaÂles. La aurografia, por su parte, se baÂsa en los colores del «aura» poseída – afirman sus entusiastas – por toÂdo ser humano. Por supuesto, únicaÂmente los «especialistas» la pueden fotografiar e interpretar.
Hay también toda una gama de «sensoterapias», que supuestamenÂte se valen de los sentidos para «controlar la energía vital» y así cuÂrar cualquier enfermedad imaginaÂble o inimaginable. La cromoteraÂpia lo hace mediante colores, la aromaterapia emplea suaves olores, y la musicoterapia, con música.
MASOQUISMO Y FLORECILLAS DEL CAMPO
No faltan quienes prometen curar el cáncer con campos magnéticos, dosis masivas de vitaminas o mezclas de sustancias en las que se incluye algún compoÂnente misterioso cuya identidad se niegan a revelar «para evitar su plagio por los tiburones de la industria farmacéutica».
Hay asimismo seudomedicinas naÂturistas basadas en la premisa de que solamente lo natural cura – sus pracÂticantes se auto asignan el pomÂposo título de naturópatas – y recoÂmiendan ayunos, dietas especiales, enemas de cafeína, baños fríos, beber agua casi al punto de reventar, apliÂcarse sobre el cuerpo montones de barro, tomar infusiones de hierbas y un sinfín de remedios parecidos.
La orinoterapia o uroterapia proÂmete curar todo tipo de enfermedaÂdes y mantener a quien la practique sano y fuerte como un toro con sólo beber su propia orina todos los días. También existe la coproterapia, consistente en comer los propios excrementos.
La grafoterapia no es tan nauseaÂbunda. Sólo emplea papel y lápiz o bolígrafo, porque – dicen los grafoÂterapeutas – a través de una simple hoja manuscrita por el paciente se revela con toda claridad y detalle cualquier enfermedad, muchísimo mejor que con una radiografía, un electrocardiograma o una tomograÂfía. No sólo eso: si el paciente corriÂge su manera de escribir… ¡sanará de esos padecimientos!
Para masoquistas ya se inventó la algioterapia, útil para curar un sinfín de enfermedades y devolver el bienestar físico y mental con sóÂlo provocar dolor al paciente para «activar mecanismos olvidados por el hombre moderno».
Quien no desee sufrir, puede opÂtar por las florecillas del campo del doctor Bach. Son «elíxires florales» preparados con gotas de rocío recoÂlectadas de los pétalos de las flores, que ahí absorben una «vibración floral capaz de llegar a las causas de la enfermedad» y acabar con ella en un 2 por 3.
Todo esto – y mucho más – pueÂde parecer sólo curioso, divertido, riÂsible, absurdo o francamente estúpiÂdo. Pero sirve para engañar y estafar a millones de ingenuos o desesperaÂdos. Peor aún: gente que podría ser curada con los procedimientos y los medicamentos científicos termina muÂriendo al ponerse en manos de esos timadores. Y de ello son en buena parte culpables aquellos medios de comunicación empeñados en difunÂdir Y hasta ensalzar las llamadas mediÂcinas alternativas como si fueran verdadera ciencia.