Pitchshifter. Hangar 84

Pitchshifter – Hangar 84

Theyve even found some bodies

And one of them was alive

We can show that to be on the shadow of a doubt

The question is however The question is what were they hiding

This is hanger 84/ this is hanger 84

1974

1974

This is hanger 84

1947

This is hanger 84

1947

This is hanger 84

1947 incident

I know it happened/ I know it happened

Roswell/ Roswell

I know it happened/ I know it happened

Roswell-Ros-Ros-Ros-Ros-Roswell

Tell the truth—Roswell

I know it happened

I know it was real-Roswell

I know it happened-I know it was real

The threats were real

They even found some bodies

Two (two) very- Small mutilated bodie

They were put into bodies there

Two (two)- Small mutilated bodies

They even found some bodies

One of them was alive

There was one still alive and was walking around and he said, I want you to know, you were never there, you never saw anything, you were not there, you don’t know anything. And this is a big desert out here, we can just take you in this desert and no1 would ever find your body,

the blips on the screen

The blips are dancing-dancing

The blips were on the screen

The blips were just dancing-dancing

The size of the craft id say possibly made about 20-25 feet.

We have military witnesses saying they were sworn to secrecy

The issue is, providing to the public w/e record may still exist, if any

So people can make their own determination

The issue is, providing to the public w/e record may still exist, if any

So people can make their own determination

Roswell/ Roswell /Roswell/ Roswell/ Roswell/ Roswell/ Roswell/ Roswell/ Roswell/ Roswell/ Roswell/ Ro/ Roswell/

There was one that was still alive and was walking around

There was one that was still alive and was walking around

El mito del Homo monstrosus

EL MITO DEL HOMO MONSTROSUS

Por Juan José Morales

PanesioNuremberg Desde la más remota antigüedad, pasando por la Edad Media y el Renacimiento, la imaginación humana ha creado monstruos de todos tipos y tamaños. Además ha creído en su existencia real, sin tomar en cuenta que son producto de la fantasía desbordada.

Los sciápodos tienen una sola pierna y caminan a saltos, pero son más veloces que cualquier bípedo; además, cuando se sientan, pueden levantar esa única extremidad y usar su enorme pie como paraguas o ­parasol. Los blemianos, en cambio, ­carecen de cabeza y tienen el rostro en el pecho; en tanto que las largas orejas ­de los panesios, les llegan más abajo del codo; por su parte los cinocéfalos, con cabeza de perro, no hablan sino que ladran.

Tales eran algunas de las extrañas criaturas que 4 siglos an­tes de nuestra era habita­ban la India, según testi­monios del médico persa Ktesias. Megástenes, embajador del rey babi­lonio Seleucus I ante la corte de Chan­dragupta, también se refería a esos seres fantásticos en sus informes diplomáticos y agregaba que una raza de sciápodos se distinguía porque su monopié apuntaba hacia atrás.

Mencionaba otras razas igualmente extrañas, como los hiborios, que vivían 1,000 años; los panesios, cuyas inmensas orejas les servían para dor­mir -una de colchón y la otra como frazada-; y ciertos hombres sin boca con el olfato tan desarrollado que para alimentarse les bastaban los aromas de frutas, flores y carne asada.

IMAGINERÍA DESATADA

CinocefalosMandeville Hoy, todo eso movería a risa, pero durante 2,000 años, desde la Grecia clásica hasta fines del siglo XVI, ya bien entrada la época de los grandes descubrimientos geográficos, la ma­yoría de los europeos -incluso gente ilustrada- creyeron en la existencia de semejantes seres.

Los más conocidos eran los cíclo­pes, con su único ojo -que podía estar en la frente o el pecho-, pero había toda una constelación de monstruos de los más variados tipos: peludos, lam­piños, con uno, 3 o 5 ojos, sin ojos, cuadrúmanos, con labios descomunales, pico de ave, orejas de elefante o cuernos de cabra, con 8 dedos en cada mano, o con bocas tan diminutas que sólo podían alimentarse por medio de pajillas.

Algunos eran mezcla de humano y animal, como los hombres perro que se decía habitaban en Libia; o una combinación de animales, como los grifones, mitad león y mitad águila. Más aún: los había que en verano eran lobos y en invierno hombres.

A la difusión de estas fábulas con­tribuyó el hecho de que los literatos y naturalistas de aquellas épocas escri­bían de oídas y no por observación di­recta. De buena fe daban por ciertas las imaginativas descripciones de los viajeros y las avalaban con su autoridad.

Homero nunca dudó de la existencia de cíclopes, gigantes y pigmeos. Herodoto llegó a situar geográfica­mente a las diferentes razas de mons­Blemianotruos; y su contemporáneo Empédocles afirmaba muy seriamente que bra­zos, piernas troncos y cabezas huma­nas podían existir por separado y com­binarse entre sí o con partes de anima­les para formar toda suerte de criatu­ras, a cual más asombrosa.

En la Roma clásica, Plinio el Viejo enlistó en su monumental Historia na­turalis docenas de monstruos, algunos tan singulares como los esenos, que vi­vían sin compañía femenina pero aun así se reproducían.

La imaginación desatada alcanzó su cumbre en la Edad Media. El hom­bre del medievo, ignorante y confina­do en los estrechos límites del feudo -donde podía pasarse la vida entera dentro de su aldea-, estaba dispuesto a creer todo lo que se dijera sobre la existencia de monstruos, si aun los sa­bios de la Iglesia discutían vivamente sobre su origen y naturaleza.

LEYENDAS TEOLÓGICAS

Sobre 2 puntos cruciales -la exis­tencia misma de los monstruos y su naturaleza humana-, San Agustín puso las cosas en su lugar después de un sesudo análisis: podía haber razas de monstruos y todas descendían de Adán.

Sobre cómo habían adquirido sus deformes rasgos, los teólogos medie­vales tenían una explicación muy sim­ple: Satán había pervertido sus almas a tal punto que les hizo cambiar de apariencia externa, como ocurrió al impío rey Nabucodonosor, al que le crecieron plumas en vez de pelo y ga­rras en vez de uñas.

Otros teólogos sostenían que aque­llos seres habían sido creados por el demonio para sembrar la confusión entre los hombres; y no faltaron las ex­plicaciones pretendidamente científi­cas: los monstruos provenían de las antípodas (el inframundo), que de al­gún modo escalaron el borde del mun­do –SkiapodaAldrovandiplano, según creían entonces-, y lograron colarse hasta este lado.

También había opiniones más in­dulgentes: en la Gesta romanorum -una colección de fábulas moralis­tas- se decía, por ejemplo, que los blemianos, carentes de cabeza, eran la encarnación de la humildad; y los pa­nesios de inmensas orejas, un modelo de devoción porque escuchaban la pa­labra de Dios.

Tanto era el interés por los mons­truos en la Edad Media, que, en el siglo VII, Isidoro de Sevilla dedicó un volu­men entero de sus Etimologías -una de las primeras obras de carácter enciclopédico-, a describir las diversas razas y las regiones del mundo que ha­bitaban. Nació así el mito del Homo monstrosus.

Finalmente las leyendas se centra­ron en el mítico reino del Padre Juan, del que comenzó a hablarse en el siglo XII y se creía estaba en África, la India o el Asia central, sin que nadie lo si­tuara jamás con precisión.

En ese reino imaginario decían que se hallaba la fuente de la eterna juven­tud. Allí habitaban, además de seres humanos, todos los monstruos conce­bibles.

Muchos viajeros que aseguraron haber visitado esa tierra, la describie­ron vívidamente -el último fue quizá el inglés Edward Webbe en 1590-, y su búsqueda contribuyó a los grandes viajes de exploración del siglo XVI. El propio Colón creyó haber pasado cer­ca de ella, en su obsesión por encontrar la ruta de las Indias.

La sirena de Londres

La sirena de Londres

Eades El caso de la sirena Londres es folclore clásico. Aquí hubo una supuesta criatura, traída a la capital por un capitán Eades, quien compró el espécimen en 1822 a unos pescadores en Holanda, quienes afirmaron que la habían obtenido de pescadores japoneses. Eades vendió ilegalmente su propiedad, la octava parte de un buque, para financiar su compra. En aquel momento la sirena, sin duda, parecía real, una quimera de cuero con una cabeza como de un mandril, la mitad inferior de un gran pez, la nariz, senos, dedos, uñas y los ojos de un ser humano, y un cuerpo de más de tres pies de largo.

Eades decidió llevar su sirena de gira después de atracar en varios puertos y hacer rápidas ganancias de los habitantes deseosos de observar la monstruosidad. De ahí, el astuto capitán irá a Londres y verá su criatura expuesta en el Turf Coffehouse en St James Street, donde alquiló una habitación de un señor Watson.

Muchos naturalistas la vieron y todos estuvieron de acuerdo en que la criatura era en realidad una verdadera sirena.

¡Una sirena! – Una maravilla del mundo, la admiración de todas las edades, el tema de los filósofos, los historiadores, los poetas… puede verse en el número 59 de St James Street, todos los días, domingos desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde. Admisión un chelín.

…se puede leer en el anuncio que atrajo a miles de curiosos.

A pesar de que ganó mucho dinero con el espécimen, la burbuja se rompió pronto. Un señor Pickering que poseía la mayoría de los buques que Eades vendió, fue a la carga, y muy pronto acusó al capitán de fraude. Mientras tanto, un señor Clift, experto anatomista, se apresuró a echar agua fría sobre la autenticidad de la bestia. La sirena era simplemente una construcción inteligente de pescado, huesos humanos, materiales artificiales, y un mono.

El público había sido robado. El caos. En los meses siguientes Eades intentó azotar un caballo muerto, hasta que el café cerró en 1823. Nadie sabe realmente lo que sucedió a la criatura fraudulenta, pero Londres nunca había visto algo como eso.

http://londonist.com/2009/03/the_saturday_strangeness_37.php

Los Drácula

Los Drácula

losDracula Martin Ralf Peter, junto con el inglés Raymond McNally y el rumano Radu Florescu son los máximos estudiosos del drácula histórico: Vlad Tepes III Dracul.

En Los Drácula, Tusquets editores, Martin menciona la anécdota de que Vlad fue enterrado en la iglesia conventual de Snagov, bajo el altar. Dice que en 1931 abrieron la tumba y estaba vacía.

El escritor alemán menciona los métodos de tortura predilectos del llamado El Empalador, mutilar narices, orejas, dedos, órganos sexuales, cegar, quemar, hervir, despellejar, desmembrar, enterrar vivo, obligar a la víctima a presenciar la tortura de un ser querido, untarle los pies con miel y darlos a lamer a animales hambrientos»¦ Pero, sobre todos los métodos de tortura, el príncipe prefería el empalamiento:
«Para llevar a cabo este castigo se ponía al condenado boca abajo, se le ataban firmemente las manos a la espalda y las piernas se le mantenían bien separadas. Se le lubricaba el ano y por ahí metía el verdugo la estaca, lentamente, muy lentamente. Después, con todo y víctima, enderezaba el palo y lo lavaba en la tierra. La víctima, por su propio peso, se deslizaba por el palo hacia abajo hasta que éste, por fin, reaparecía por el hombro, por el pecho, por el estómago. Pero a veces la muerte de los infelices era lenta. Hubo casos de condenados que soportaron vivos la tortura hasta tres días. La velocidad de la muerte variaba según los casos y dependía tanto de la constitución de la víctima como de la dirección del palo. Por cierto, en un increíble refinamiento de crueldad del príncipe Vlad Tepes, pedía que la punta del palo no fuese del todo puntiaguda. Con ello evitaba perforar ciertos órganos y, por lo tanto, las fuertes hemorragias».

Ralf Peter agrega que el príncipe adquirió la costumbre de contemplar el espectáculo mientras comía y bebía opíparamente. Extraña relación entre comida y crueldad. Se dice que apenas investido con la Orden del Dragón y nombrado gobernante de la región, en 1436, organizó un gran banquete para celebrarlo, al final del cual mandó empalar a ciento cincuenta de los invitados, unos boyardos que supuestamente iban a traicionarlo.

En una ocasión, una tropa de turcos invadió Transilvania y Tepes los detuvo con su sistema predilecto de intimidación: mandó empalar a veinte mil magyares, y al verlos, los presuntos conquistadores retrocedieron empavorecidos. Hasta el famoso, y también cruel, Mohammed II, se sintió enfermo ante las hileras interminables de víctimas, que con un apagado gemido se pudrían al Sol y eran presa de los cuervos.

«El temor a los vampiros, dice Ralf Peter, se extendió de tal modo que en 1801 el obispo de Sige le pidió al príncipe de Valaquia, Alexander Moruzi, que impidiera que los campesinos continuaran desenterrando a sus muertos. Pero esto continuó y en varias ocasiones se habló y se sospechó de casos de vampirismo. Todavía en 1919 se produjo una exhumación a gran escala en Bukowina. Y unos años después, en la aldea de Amarasti, al norte de Dolj, tras la muerte de una anciana, sus hijos y nietos empezaron a morir. Presas del miedo, quienes quedaban abrieron la tumba y, según contaron, el cuerpo estaba intacto. Tomaron el cadáver, lo llevaron a un bosque y le extrajeron el corazón, del que manó sangre»¦ También en las proximidades de Cusmir se produjeron varios casos de muerte en una familia. Las sospechas decayeron sobre un anciano, falleció hacía poco tiempo. Cuando lo desenterraron, lo encontraron sentado en la posición de los turcos y completamente rojo, lo que hacía temer que él hubiera acabado con la familia, compuesta por gente joven, sana y fuerte»¦»