Archivo por meses: marzo 2009
Pitchshifter. Hangar 84
Pitchshifter – Hangar 84
Theyve even found some bodies
And one of them was alive
We can show that to be on the shadow of a doubt
The question is however The question is what were they hiding
This is hanger 84/ this is hanger 84
1974
1974
This is hanger 84
1947
This is hanger 84
1947
This is hanger 84
1947 incident
I know it happened/ I know it happened
Roswell/ Roswell
I know it happened/ I know it happened
Roswell-Ros-Ros-Ros-Ros-Roswell
Tell the truth—Roswell
I know it happened
I know it was real-Roswell
I know it happened-I know it was real
The threats were real
They even found some bodies
Two (two) very- Small mutilated bodie
They were put into bodies there
Two (two)- Small mutilated bodies
They even found some bodies
One of them was alive
There was one still alive and was walking around and he said, I want you to know, you were never there, you never saw anything, you were not there, you don’t know anything. And this is a big desert out here, we can just take you in this desert and no1 would ever find your body,
the blips on the screen
The blips are dancing-dancing
The blips were on the screen
The blips were just dancing-dancing
The size of the craft id say possibly made about 20-25 feet.
We have military witnesses saying they were sworn to secrecy
The issue is, providing to the public w/e record may still exist, if any
So people can make their own determination
The issue is, providing to the public w/e record may still exist, if any
So people can make their own determination
Roswell/ Roswell /Roswell/ Roswell/ Roswell/ Roswell/ Roswell/ Roswell/ Roswell/ Roswell/ Roswell/ Ro/ Roswell/
There was one that was still alive and was walking around
There was one that was still alive and was walking around
El mito del Homo monstrosus
EL MITO DEL HOMO MONSTROSUS
Por Juan José Morales
Desde la más remota antigüedad, pasando por la Edad Media y el Renacimiento, la imaginación humana ha creado monstruos de todos tipos y tamaños. Además ha creído en su existencia real, sin tomar en cuenta que son producto de la fantasía desbordada.
Los sciápodos tienen una sola pierna y caminan a saltos, pero son más veloces que cualquier bípedo; además, cuando se sientan, pueden levantar esa única extremidad y usar su enorme pie como paraguas o Âparasol. Los blemianos, en cambio, Âcarecen de cabeza y tienen el rostro en el pecho; en tanto que las largas orejas Âde los panesios, les llegan más abajo del codo; por su parte los cinocéfalos, con cabeza de perro, no hablan sino que ladran.
Tales eran algunas de las extrañas criaturas que 4 siglos anÂtes de nuestra era habitaÂban la India, según testiÂmonios del médico persa Ktesias. Megástenes, embajador del rey babiÂlonio Seleucus I ante la corte de ChanÂdragupta, también se refería a esos seres fantásticos en sus informes diplomáticos y agregaba que una raza de sciápodos se distinguía porque su monopié apuntaba hacia atrás.
Mencionaba otras razas igualmente extrañas, como los hiborios, que vivían 1,000 años; los panesios, cuyas inmensas orejas les servían para dorÂmir -una de colchón y la otra como frazada-; y ciertos hombres sin boca con el olfato tan desarrollado que para alimentarse les bastaban los aromas de frutas, flores y carne asada.
IMAGINERÃA DESATADA
Hoy, todo eso movería a risa, pero durante 2,000 años, desde la Grecia clásica hasta fines del siglo XVI, ya bien entrada la época de los grandes descubrimientos geográficos, la maÂyoría de los europeos -incluso gente ilustrada- creyeron en la existencia de semejantes seres.
Los más conocidos eran los cícloÂpes, con su único ojo -que podía estar en la frente o el pecho-, pero había toda una constelación de monstruos de los más variados tipos: peludos, lamÂpiños, con uno, 3 o 5 ojos, sin ojos, cuadrúmanos, con labios descomunales, pico de ave, orejas de elefante o cuernos de cabra, con 8 dedos en cada mano, o con bocas tan diminutas que sólo podían alimentarse por medio de pajillas.
Algunos eran mezcla de humano y animal, como los hombres perro que se decía habitaban en Libia; o una combinación de animales, como los grifones, mitad león y mitad águila. Más aún: los había que en verano eran lobos y en invierno hombres.
A la difusión de estas fábulas conÂtribuyó el hecho de que los literatos y naturalistas de aquellas épocas escriÂbían de oídas y no por observación diÂrecta. De buena fe daban por ciertas las imaginativas descripciones de los viajeros y las avalaban con su autoridad.
Homero nunca dudó de la existencia de cíclopes, gigantes y pigmeos. Herodoto llegó a situar geográficaÂmente a las diferentes razas de monsÂ
truos; y su contemporáneo Empédocles afirmaba muy seriamente que braÂzos, piernas troncos y cabezas humaÂnas podían existir por separado y comÂbinarse entre sí o con partes de animaÂles para formar toda suerte de criatuÂras, a cual más asombrosa.
En la Roma clásica, Plinio el Viejo enlistó en su monumental Historia naÂturalis docenas de monstruos, algunos tan singulares como los esenos, que viÂvían sin compañía femenina pero aun así se reproducían.
La imaginación desatada alcanzó su cumbre en la Edad Media. El homÂbre del medievo, ignorante y confinaÂdo en los estrechos límites del feudo -donde podía pasarse la vida entera dentro de su aldea-, estaba dispuesto a creer todo lo que se dijera sobre la existencia de monstruos, si aun los saÂbios de la Iglesia discutían vivamente sobre su origen y naturaleza.
LEYENDAS TEOLÓGICAS
Sobre 2 puntos cruciales -la exisÂtencia misma de los monstruos y su naturaleza humana-, San Agustín puso las cosas en su lugar después de un sesudo análisis: podía haber razas de monstruos y todas descendían de Adán.
Sobre cómo habían adquirido sus deformes rasgos, los teólogos medieÂvales tenían una explicación muy simÂple: Satán había pervertido sus almas a tal punto que les hizo cambiar de apariencia externa, como ocurrió al impío rey Nabucodonosor, al que le crecieron plumas en vez de pelo y gaÂrras en vez de uñas.
Otros teólogos sostenían que aqueÂllos seres habían sido creados por el demonio para sembrar la confusión entre los hombres; y no faltaron las exÂplicaciones pretendidamente científiÂcas: los monstruos provenían de las antípodas (el inframundo), que de alÂgún modo escalaron el borde del munÂdo –
plano, según creían entonces-, y lograron colarse hasta este lado.
También había opiniones más inÂdulgentes: en la Gesta romanorum -una colección de fábulas moralisÂtas- se decía, por ejemplo, que los blemianos, carentes de cabeza, eran la encarnación de la humildad; y los paÂnesios de inmensas orejas, un modelo de devoción porque escuchaban la paÂlabra de Dios.
Tanto era el interés por los monsÂtruos en la Edad Media, que, en el siglo VII, Isidoro de Sevilla dedicó un voluÂmen entero de sus Etimologías -una de las primeras obras de carácter enciclopédico-, a describir las diversas razas y las regiones del mundo que haÂbitaban. Nació así el mito del Homo monstrosus.
Finalmente las leyendas se centraÂron en el mítico reino del Padre Juan, del que comenzó a hablarse en el siglo XII y se creía estaba en Ãfrica, la India o el Asia central, sin que nadie lo siÂtuara jamás con precisión.
En ese reino imaginario decían que se hallaba la fuente de la eterna juvenÂtud. Allí habitaban, además de seres humanos, todos los monstruos conceÂbibles.
Muchos viajeros que aseguraron haber visitado esa tierra, la describieÂron vívidamente -el último fue quizá el inglés Edward Webbe en 1590-, y su búsqueda contribuyó a los grandes viajes de exploración del siglo XVI. El propio Colón creyó haber pasado cerÂca de ella, en su obsesión por encontrar la ruta de las Indias.
La sirena de Londres
La sirena de Londres
El caso de la sirena Londres es folclore clásico. Aquí hubo una supuesta criatura, traída a la capital por un capitán Eades, quien compró el espécimen en 1822 a unos pescadores en Holanda, quienes afirmaron que la habían obtenido de pescadores japoneses. Eades vendió ilegalmente su propiedad, la octava parte de un buque, para financiar su compra. En aquel momento la sirena, sin duda, parecía real, una quimera de cuero con una cabeza como de un mandril, la mitad inferior de un gran pez, la nariz, senos, dedos, uñas y los ojos de un ser humano, y un cuerpo de más de tres pies de largo.
Eades decidió llevar su sirena de gira después de atracar en varios puertos y hacer rápidas ganancias de los habitantes deseosos de observar la monstruosidad. De ahí, el astuto capitán irá a Londres y verá su criatura expuesta en el Turf Coffehouse en St James Street, donde alquiló una habitación de un señor Watson.
Muchos naturalistas la vieron y todos estuvieron de acuerdo en que la criatura era en realidad una verdadera sirena.
¡Una sirena! – Una maravilla del mundo, la admiración de todas las edades, el tema de los filósofos, los historiadores, los poetas… puede verse en el número 59 de St James Street, todos los días, domingos desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde. Admisión un chelín.
…se puede leer en el anuncio que atrajo a miles de curiosos.
A pesar de que ganó mucho dinero con el espécimen, la burbuja se rompió pronto. Un señor Pickering que poseía la mayoría de los buques que Eades vendió, fue a la carga, y muy pronto acusó al capitán de fraude. Mientras tanto, un señor Clift, experto anatomista, se apresuró a echar agua fría sobre la autenticidad de la bestia. La sirena era simplemente una construcción inteligente de pescado, huesos humanos, materiales artificiales, y un mono.
El público había sido robado. El caos. En los meses siguientes Eades intentó azotar un caballo muerto, hasta que el café cerró en 1823. Nadie sabe realmente lo que sucedió a la criatura fraudulenta, pero Londres nunca había visto algo como eso.
http://londonist.com/2009/03/the_saturday_strangeness_37.php
Los Drácula
Los Drácula
Martin Ralf Peter, junto con el inglés Raymond McNally y el rumano Radu Florescu son los máximos estudiosos del drácula histórico: Vlad Tepes III Dracul.
En Los Drácula, Tusquets editores, Martin menciona la anécdota de que Vlad fue enterrado en la iglesia conventual de Snagov, bajo el altar. Dice que en 1931 abrieron la tumba y estaba vacía.
El escritor alemán menciona los métodos de tortura predilectos del llamado El Empalador, mutilar narices, orejas, dedos, órganos sexuales, cegar, quemar, hervir, despellejar, desmembrar, enterrar vivo, obligar a la víctima a presenciar la tortura de un ser querido, untarle los pies con miel y darlos a lamer a animales hambrientos»¦ Pero, sobre todos los métodos de tortura, el príncipe prefería el empalamiento:
«Para llevar a cabo este castigo se ponía al condenado boca abajo, se le ataban firmemente las manos a la espalda y las piernas se le mantenían bien separadas. Se le lubricaba el ano y por ahí metía el verdugo la estaca, lentamente, muy lentamente. Después, con todo y víctima, enderezaba el palo y lo lavaba en la tierra. La víctima, por su propio peso, se deslizaba por el palo hacia abajo hasta que éste, por fin, reaparecía por el hombro, por el pecho, por el estómago. Pero a veces la muerte de los infelices era lenta. Hubo casos de condenados que soportaron vivos la tortura hasta tres días. La velocidad de la muerte variaba según los casos y dependía tanto de la constitución de la víctima como de la dirección del palo. Por cierto, en un increíble refinamiento de crueldad del príncipe Vlad Tepes, pedía que la punta del palo no fuese del todo puntiaguda. Con ello evitaba perforar ciertos órganos y, por lo tanto, las fuertes hemorragias».
Ralf Peter agrega que el príncipe adquirió la costumbre de contemplar el espectáculo mientras comía y bebía opíparamente. Extraña relación entre comida y crueldad. Se dice que apenas investido con la Orden del Dragón y nombrado gobernante de la región, en 1436, organizó un gran banquete para celebrarlo, al final del cual mandó empalar a ciento cincuenta de los invitados, unos boyardos que supuestamente iban a traicionarlo.
En una ocasión, una tropa de turcos invadió Transilvania y Tepes los detuvo con su sistema predilecto de intimidación: mandó empalar a veinte mil magyares, y al verlos, los presuntos conquistadores retrocedieron empavorecidos. Hasta el famoso, y también cruel, Mohammed II, se sintió enfermo ante las hileras interminables de víctimas, que con un apagado gemido se pudrían al Sol y eran presa de los cuervos.
«El temor a los vampiros, dice Ralf Peter, se extendió de tal modo que en 1801 el obispo de Sige le pidió al príncipe de Valaquia, Alexander Moruzi, que impidiera que los campesinos continuaran desenterrando a sus muertos. Pero esto continuó y en varias ocasiones se habló y se sospechó de casos de vampirismo. Todavía en 1919 se produjo una exhumación a gran escala en Bukowina. Y unos años después, en la aldea de Amarasti, al norte de Dolj, tras la muerte de una anciana, sus hijos y nietos empezaron a morir. Presas del miedo, quienes quedaban abrieron la tumba y, según contaron, el cuerpo estaba intacto. Tomaron el cadáver, lo llevaron a un bosque y le extrajeron el corazón, del que manó sangre»¦ También en las proximidades de Cusmir se produjeron varios casos de muerte en una familia. Las sospechas decayeron sobre un anciano, falleció hacía poco tiempo. Cuando lo desenterraron, lo encontraron sentado en la posición de los turcos y completamente rojo, lo que hacía temer que él hubiera acabado con la familia, compuesta por gente joven, sana y fuerte»¦»