Construcciones ovni (54)

Carlsson1 Construcciones ovni (54)

Monumento ovni en Sibirienskogen fuera de Ängelholm, Noruega.

En Sibirienskogen-utanför Centrala Ängelholm es hoy uno de los monumentos más espectaculares que atraen a los visitantes a este lugar.

Fue aquí, el 18 de mayo de 1946, cuando Gösta Carlsson, que en ese entonces tenía 28 años, tuvo su encuentro con una nave en forma de disco. Gösta decidió construir un monumento de concreto, de tamaño natural, para Carlsson2 conmemoran la ocasión.

Si hacemos caso al tamaño, entonces seguro que sus tripulantes eran los diminutos marcianitos verdes.

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El rostro de Cristo en un cojín (pareidolia)

Rostro de Cristo «aparece en cojín» en la iglesia de Jesús Misericordiosos en Reunión

Artículo de: Agence France-Presse

15 de marzo de 2009

Cojin Miles de personas se han congregado en una iglesia católica romana en la isla francesa de Reunión, en el Océano Índico, después de que los creyentes dijeron que vieron el «rostro de Cristo» en los pliegues de un cojín de la iglesia.

Los oficiales de la Iglesia limitaron el acceso a la iglesia de Jesús Misericordioso en el este del distrito de Cambuston en Saint-Andre a unos pocos minutos por visitante, ya que el tráfico en la zona se hizo complicado.

Creyentes y curiosos llevaron sus cámaras para tomar fotos del cojín adjunto a la silla del sacerdote.

Antonieta, una feligrés de 82 años de edad, dijo que la cara era un «fenómeno divino», mientras las lágrimas caían de sus ojos.

«Esta iglesia es un lugar sagrado», añadió Lise-mayo, otra adoradora.

Las autoridades de Saint-Andre colocaron cuatro tiendas de campaña fuera de la iglesia el sábado por la tarde para que la masa de fieles pudiera seguir.

Un grupo de cerca de 30 feligreses que se habían unido a una ceremonia cristiana antes de la Semana Santa había sido el primero en notar la particular forma del cojín.

«Esto no es un milagro, es una señal de Dios», dijo el párroco Daniel Gavard.

El Obispo de Reunión Gilbert Aubry hasta ahora no ha comentado sobre el incidente que llegó pocos días después de los estallidos de violencia por el alto costo de la vida en la isla cuya economía depende del turismo y las subvenciones del Estado francés.

http://www.news.com.au/couriermail/story/0,23739,25189423-5012765,00.html

El cartílago de tiburón no cura el cáncer

EL CARTÍLAGO DE TIBURÓN NO CURA EL CÁNCER

Juan José Morales

SharkCancer Basada en la falsa asevera­ción de que a los tiburones no les da cáncer, ha flore­cido un productivo nego­cio de miles de millones de dólares anuales: la venta de cápsulas de cartílago, al cual se atribuye no sólo la cura de esa enfermedad, sino de muchas otras, entre ellas artritis, soriasis, espon­dilitis anquilosante, arteriosclero­sis, retinopatía diabética, diarrea, cálculos renales, el síndrome de Sjogren y el de Reiter, glaucoma y otros males de los riñones, lupus y sarcoma de Kaposi. Se dice que sirven igualmente para reforzar el sistema inmuno­lógico – y por ende hacer más resistente el organismo a cualquier infección-, cal­mar dolores musculares y erupciones alérgicas, acelerar la cicatrización de heridas, evitar las arrugas y aliviar las inflamaciones intestinales. En fin, punto menos que un curalotodo, una droga milagrosa sin igual.

Lo único malo de todo esto, es que nada ha sido probado. Tan es así, que sus fabricantes y promotores no se atreven a registrar el cartílago de tiburón como medicamento, pues ello les obligaría a demostrar cien­tíficamente las maravillas que le atribuyen. Astutamente, lo registran sólo como complemento o suplemento alimenticio, aunque en su publicidad insinúan -e inclu­so llegan a decir abiertamente – que tiene extraordinarias propiedades curativas y hacen vagas referen­cias a investigaciones científicas al respecto. Pero un informe de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos dice que «No existe evidencia confiable suficien­te sobre sus efectos en humanos como para pronunciarse en pro o en contra de su uso para tratar afec­ciones». En el caso concreto de los estudios sobre su acción anticance­rosa, subraya que «No fueron bien diseñados o no incluyeron compa­raciones con otros tratamientos». Por eso en Estados Unidos está prohibido afirmar que los productos de cartí­lago de tiburón curan el cáncer.

UN AVISPADO EMPRESARIO

WilliamLane Este gran engaño co­menzó a fraguarse allá por 1992, con un libro titulado Los tiburones no sufren cáncer, del Dr. William Lane, que si bien es bioquímico graduado en Ciencias de la Nutrición, no era científico sino empre­sario, presidente de la Asociación Norteame­ricana de Comerciantes en Pescado, promotor de inversiones en la industria pesquera y dueño de una gran empresa comercializadora de productos derivados del tiburón. En la obra se afirmaba -de ahí su título- que el tiburón es uno de los pocos animales que casi nunca enferman de cáncer, y ello lo atribuía a que su esqueleto, lo mismo que el de las rayas mari­nas, está formado por cartílago, no por huesos. De ahí sacaba la conclusión de que el cartílago de tiburón tiene propiedades anti­cancerosas. Como respaldo de tal afirmación citaba varias investiga­ciones, algunas muy cuestionables y otras más serias pero de nin­gún modo concluyentes ni defi­nitivas, pues sólo indicaron que tanto el cartílago de tiburón como el de ternero pueden modificar la circula­ción sanguínea y por tanto influir indirecta­mente sobre el desarro­llo de los tumores, sin que esto signifique en modo alguno que los curen o impidan que aparezcan.

Por supuesto, Lane comenzó a fabricar y vender cápsulas de car­tílago de tiburón, que – tras ser presentadas en el programa norte­americano de televisión de cobertura nacional 60 minutos- se con­virtieron en uno de los productos de «medicina alternativa» más vendi­dos en Estados Unidos. El boom se extendió rápidamente a otros países, México inclusive, donde varias empresas de productos natu­ristas las fabrican o importan del extranjero.

En junio de 2000, sin embargo, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos prohibió anun­ciarlas como tratamiento contra el cáncer y multó a los laboratorios de Lane con un millón de dólares por presentarlas así, pues se trataba de afirmaciones falsas sin ningún sustento científico. Pero las cápsu­las se siguen vendiendo con la eti­queta de suplemento alimenticio. Y en México, algunos fabricantes no tienen empacho en anunciarlas como medicamento anticanceroso. La publicidad de Pronat, una gran empresa cuyos productos naturistas se distribuyen en todo el país, ase­gura por ejemplo que el cartílago de tiburón «…impide la formación de redes venosas (vascularización) en los tumores, evitando que éstos reciban oxígeno y se nutran, pro­vocando su desaparición o por lo menos disminuye o controla su desarrollo» y que «…su poderoso sistema inmune es el que nos ayuda a combatir el cáncer, artritis y otras enfermedades degenerativas».

UN ENGAÑO CRIMINAL

La realidad, sin embargo, es que -contra lo que dicen el libro y la publicidad- los tiburones sí su­fren cáncer, y uno de los que pade­cen es precisamente el de cartíla­go, equivalente al cáncer de los huesos en un ser humano. Y hasta la fecha no existe un solo estu­dio científico serio en el cual se haya demostrado clara e inequí­vocamente, que el cartílago de tiburón hubiera hecho desapare­cer tumores cancerosos. Tampoco se ha comprobado ninguna de las otras propiedades medicinales que se le atribuyen. Por lo demás, en los estudios sobre sus supuestas propiedades, el producto se inyectó a los animales de laboratorio, no se les administró por vía oral.

Tomar cápsulas de cartílago de tiburón equivale a tirar dinero a la basura. Y no unos cuantos pesos. Los fabricantes y vendedores recomiendan -sin base médica algu­na – tomar 2 o 3 después de cada comida. Es decir, hasta una docena al día. Los precios varían según la marca y el distribuidor, pero el gasto puede llegar a casi 2,000 pesos mensuales.

Al vender a los enfermos de cáncer la ilusión de que podrán curarse -aunque sin prometérse­los explícitamente-, no sólo se les estafa haciéndoles gastar inútil­mente su dinero, sino que se pone en riesgo su salud, pues no existe ninguna supervisión oficial sobre la pureza o calidad de las cápsulas, cuya composición -calcio, fósfo­ro, proteínas, carbohidratos, fibra, agua y grasas- difiere considera­blemente entre una marca y otra. En un caso, resultó que contenían 99% de agua. Si su contenido de calcio es demasiado alto, pueden elevar hasta niveles peligrosos este mineral en la sangre, sobre todo si el paciente también toma anti­ácidos.

Pero lo peor de todo es que, convencidos de que se trata de una verdadera y muy cómoda cura para el cáncer – sin las molestias, incomodidades y a veces desagradables efectos colaterales de la radiotera­pia, la cirugía y la quimioterapia ­muchos pacientes abandonan tra­tamientos que realmente podrían salvarles la vida y mueren víctimas de este criminal engaño.