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Los niños salvajes (21)

DÉCADA DE LOS SETENTA

En 1970 una niña llamada Elmira Godayatova, se perdió en los bosques de Azerbaijan cuando seguía a su madre que se dirigía a la casa de su abuela, en la aldea de Milgam. La madre, en lugar de llevar a la niña a la casa, le ordenó que se regresara y la niña se perdió. Durante mucho tiempo, parientes, amigos. Vecinos y la policía buscaron en el bosque, pero todo fue inútil. Veintitrés días más tarde la encontró un guardabosques sentada debajo de un árbol. Según el Daily Mirror del 4 de julio de 1970, un periódico local informó: «Al parecer la niña fue encontrada por una familia de lobos, y se sabe que los lobos nunca atacan cerca de su hogar. Ella comió bayas y hierba, bebió agua de los ríos, y jugó con los cachorros». Elmira fue llevada al hospital para recuperarse.

El mismo Daily Mirror, en su edición del 15 de agosto de 1973, informa que unos pastores italianos encontraron a un niño desnudo de cerca de cinco años en 1971, refugiado en una cueva en los montes Abruzzi de Italia central. Los doctores creían que lo habían abandonado de bebé y que había sido criado por cabras o lobos de la montaña. Lo llamaron Rocco. Varias familias intentaron «domesticarlo» sin éxito, después de lo cual lo colocaron en un hospital psiquiátrico cerca de Milán. No había aprendido hablar y todavía comía con sus manos. Caminaba en cuatro patas y le gustaba que lo acariciaran – pero gruñía y se retiraba a las esquinas cuando tenía miedo.

En 1971, Goranka Cuculic, de cinco años de edad, se perdió en el bosque cerca de su aldea en Vranje, Yugoslavia. Tres días más tarde un granjero la encontró y contó que estaba con una osa y dos oseznos. La osa le lamía la cara, y ella jugaba con los oseznos y dormía sobre ellos en la noche en una cueva.

Sultanpur, una ciudad en Punjab, India, es una región con gran cantidad de casos de niños ferales. Fue ahí en donde se encontraron los cinco niños lobo que menciona Sleeman. En mayo de 1972, descubrieron otro niño, de cerca de cuatro años de edad, en el bosque de Musafirkhana, a unos 32 kilómetros de Sultanpur. El muchacho jugaba con cuatro o cinco lobeznos. Tenía la piel muy oscura, uñas largas y retorcidas, el pelo largo y callos en sus palmas, codos y rodillas. Tenía dientes afilados, comía en el suelo, cazaba pollos, le gustaba la oscuridad y la compañía de los perros y los chacales. Lo llamaron Shamdeo y fue llevado a la aldea de Narayanpur y de ahí a la misión católica en Sultanpur. Según el padre José de Souza, Shamdeo aprendió a estar parado verticalmente en cinco meses, y en el plazo de dos años él hacía tareas sencillas en la misión. Aunque dejó de comer carne cruda, todavía lo alteraba el olor de la sangre. Nunca aprendió a hablar, pero aprendió una cierto lenguaje de signos.

Al principio el jefe del pueblo, Narsing Bahaduyr Singh, se hizo cargo del niño durante cinco meses. Luego escapó pero fue nuevamente atrapado. En 1978 lo admitieron en la casa para indigentes de la madre Teresa, en donde una de las lavanderas lo reconoció como su hijo. Ahí lo encontró Bruce Chatwin en 1978. Murió en febrero de 1978 en Lucknow, donde le dieron otro nombre: Pascal (también fue conocido como Baloo). Nunca se pudo comprobar que Shamdeo haya vivido realmente con los lobos.

En el año 1973 en los alrededores de Tissamaharrama, un villorrio al sur de Sri Lanka, Pemawathie, una leñadora de 42 años, capturó un niño desnudo, de cabellos largos que caminaba a cuatro patas en compañía de monos y se alimentaba de frutos de los árboles. Tenía unos 11 años de edad. Ella lo llamó Tissa por la aldea. Era muy agresivo y gritaba como los monos. Parecía más un animal que un ser humano. El niño fue entregado a la policía y trasladado a un centro privado, a unos 16 kilómetros de la capital Colombo, administrado por la señorita L. P. Morawake.

Se dice que en ese centro ya se habían domesticado a otros dos «niños animales»: uno de ellos bebía leche directamente de la ubre de una vaca. Tres meses después de su admisión, Tissa todavía no aprendía a caminar verticalmente y todavía no hablaba, aunque podía comer alimento de un plato con su mano.

¿HISTORIAS FANTÁSTICAS O FANTASIOSAS?

The Jhoannesburg Times informó que en 1973 fue encontrado otro niño en Burundi, África, por misioneros o cazadores. El niño, de unos seis años de edad, jugaba con un grupo de monos y se comportaba como uno de ellos. Corría a cuatro patas o andaba contoneando el cuerpo. Comía con gran fruición frutas y legumbres, metiéndoselas a puñados en la boca. La antropóloga americana Diane Skelly dijo que estaba cubierto por una capa fina de pelo, que desapareció cuando comenzó a usar ropas. Intentó varias veces evadirse, pero al fin terminó humanizándose. Después de ser capturado tardó varios años para integrarse a la sociedad.

La historia llegó a oídos del doctor Harlan Lane quien había escrito un libro sobre Victor, el niño salvaje de Aveyron. Lane vio que esta era una oportunidad inmejorable de estudiar un caso de niños ferales en vivo. Se puso en contacto con el doctor Richard Pillard, un psiquiatra de la Universidad de Boston, y ambos fueron a Sudáfrica en busca del muchacho. Después de estudiarlo intensivamente, dijeron que había sufrido una «enfermedad desastrosa» a la edad de dos años, dando por resultado el retraso orgánico. Demostraron que él nunca estuvo en la selva y pudieron rastrear cada año de su vida. Su investigación fue trasladada al libro The Wild Boy of Burundi,

También en los setenta fue descubierta una mujer llamada María de Jesús en una aldea de Minas Gerais, Brasil. Los rasgos simiescos que presentaba se debían a una alteración de la formación genética. Tenía un problema de hirsutismo o hipertricosis. Pero en otro lado nos ocuparemos con mayor atención de María de Jesús.

Otra historia que suena fantasiosa ocurrió ese mismo 1973 (en febrero). Una tarde en febrero, el sacerdote local caminaba a través de la presa próxima a través del río Kuano, en el distrito Basti de Uttar Pradesh en el norte de la India, cerca de la frontera con Nepal, cuando vio un muchacho desnudo que corría a medio galope hacia el agua. Parecía dirigirse hacia la corriente principal. Se zambulló repentinamente y emergió un minuto más tarde con un pescado grande que comió, antes de flotar río abajo. El sacerdote contó a los aldeanos su avistamiento, y cuando describió al niño y estimó que tenía cerca de 15 años, una vieja mujer llamada Somni dijo que era su hijo Ramchandra que había sido llevado por el río cuando tenía un año.

Otro aldeano lo vio algunos días más tarde, y durante algún tiempo hubo un considerable interés local, y la gente se reunió en el río para verlo; pero no fue encontrado. Entonces en mayo de 1979, Somni lo vio descansando en un campo. Se acercó silenciosamente y reconoció una marca de nacimiento en su espalda. Él se despertó y huyó. Se montó una vigilancia estricta, lo atraparon y fue llevado a la aldea de Baragdava está cerca del pequeño río Kuano.

Era virtualmente lampiño y su piel negro ébano tenía un tinte verdoso. Se escapó de nuevo al río, pero su experiencia en la sociedad humana lo hizo tener menos miedo a los humanos, y venía a comer los tazones de espinacas puestos fuera del agua para él. Centenares de aldeanos, policías, funcionarios del departamento de irrigación, y periodistas lo vieron caminar, correr, o descansar en el agua, y permanecer sumergido por más tiempo de lo que los seres humanos ordinarios podrían aguantar. Entre los testigos estaba Nazir Malik, que preparó la historia para la revista Probe, de Allahabad, India.

Los empeines y los dedos del pie del muchacho eran muy duros y caminaba con un paso torpe, corría a medio galope, frecuentemente ponía una mano en su frente. No podía hablar (u oír, según algunos testigos). Comía pescados, ranas y otras criaturas marinas, carne cruda, vegetales frondosos, calabazas y chiles rojos. Alcanzaba los alimentos directamente con su boca. En los meses de verano cuando el Kuano se secaba, él se molestaba; pero cuando el río estaba lleno, se zambullía y gozaba en la corriente. Era un misterio cómo evitaba las quijadas de los muchos cocodrilos.

Somni tenía un extraño cuento de cómo fue concebido Ramchandra. En una tarde tempestuosa durante la estación del monzón, ella volvía de reparar una cerca alrededor del campo de la familia, porque su marido tenía fiebre. Ella tenía 40 años, y era madre de tres niños. Su camino fue bloqueado por un ser enorme que parecía más bien un espíritu en lugar de un hombre. Él la lanzó a la tierra y la violó bajo la lluvia. Tan repentinamente como apareció, desapareció.

Se creía localmente que hacía mucho tiempo un hombre santo se internó en el área. Luego descendió de las montañas para invocar a la diosa del agua, pero se ahogó cuando el pozo se llenó rápidamente. Algunos de los aldeanos creían que era el espíritu de este hombre el que poseyó Somni y después tomó al niño bajo su cuidado.

En 1985, Hubert Adamson, agente de estado en Hampstead con un interés en los niños salvajes, visitó Baragdava para descubrir más sobre el niño del río. Del lider de la aldea supo que el niño estaba muerto. Una tarde en 1982, a la edad de unos 24 años, él se había acercado a una tienda de chai en la aldea de Sanrigar, a unos 300 metros del río. Una mujer, asustada por su aspecto o rechazando posiblemente un torpe avance sexual, le lanzó agua hirviendo. Deslumbrado y adolorido, corrió de nuevo al río, para nunca emerger otra vez. Su cuerpo, ampollado y mutilado gravemente por las mordidas de los peces, fue encontrado más tarde en el río. La policía consideraba levantar cargos contra la mujer, pero éstos fueron desestimados.

En realidad, esos casos de niños lobo, niños mono, niños gacela o incluso niños avestruz, son en su mayoría puras fabulaciones. Incluso se ha puesto en duda la veracidad del caso de Kamala y Amala. Se ha dicho que posiblemente eran en realidad hijas de prostitutas rescatadas para evitarles la misma suerte, lo cual entroncaría con Rómulo y Remo, a los que, según una tradición evermerista, la que los amamantó no fue una loba-loba, sino una lupa humana (una puta).

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Los niños salvajes (19)

GENIE

En la ciudad más rica del planeta, Los Angeles, California, ocurrió uno de los casos más extraños de abuso infantil. En 1958 nació una niña a la que se le conoce con el seudónimo de Geanne o Genie (al parecer su nombre verdadero era Susan M. Willey). A los veinte meses de edad, el padre Clark Wiley, se dio cuenta de cierto atraso en su conducta y por eso decidió encerrarla en un cuarto, aislada del mundo exterior. La ataba con correas a una silla alta. La mantenía desnuda, sin hablarle, en una casa virtualmente silenciosa en los suburbios de California. Cuando hacía algo que molestaba al padre, éste le pegaba, le gruñía y le ladraba. Nunca utilizó la comunicación verbal. Como resultado, la niña nunca habló, solo emitía ruidos y gruñidos cuando le molestaba algo.

Ningún vecino se dio cuenta de su existencia. Las cosas continuaron así hasta 1970 en que la madre, Irene, decidió escapar con la niña, llevándola a rastras pues su estado no era muy bueno y no podía caminar correctamente. Apenas podía mantener una posición erguida. Solo andaba arrastrando los pies.

El caso conmovió a la sociedad americana. El padre fue condenado a prisión (terminó suicidándose de un tiro en la cabeza). La madre desapareció una vez que dejó a Genie en una oficina de bienestar social de Los Ángeles, llevándose al hijo mayor, John.

La niña fue internada en un hospital infantil para su rehabilitación. Fue estudiada por distintos especialistas, lingüistas, sicólogos y sociólogos, que intentaron integrarla y desarrollar sus capacidades. Inicialmente hizo un buen progreso, aceptó los vestidos, pero el proceso de aprendizaje del lenguaje fue poco exitoso. No consiguió hablar mejor que un niño de 3 o 4 años. Su vocabulario consistía de no más de 100 palabras sueltas, y sólo lograba hilvanar algunas frases sencillas. Nunca aprendió a hablar correctamente. Se comunicaba por medios no verbales: expresión corporal y algunos signos.

Unos doctores del hospital en el que estaba la adoptaron y Genie comenzó a vivir con ellos. Genie se masturbaba constantemente y en cualquier lugar, sin importarle si había o no gente a su alrededor, y se negaba rotundamente a dejar de hacerlo. Los padres adoptivos no podían soportarlo. El proceso se repitió varias veces. Luego de permanecer en muchos «hogares», Genie tuvo que ser recluida en una institución para enfermos mentales.

El escritor Russ Rymer escribió un libro sobre el caso, basado en un artículo suyo para el New Yorker. Rymer dice que durante siete años experimentaron con la niña tratando de probar sus teorías, en lugar de darle terapia de apoyo que pudo haberle permitido superar los horrores del confinamiento de su niñez. Al final llegaron a la conclusión de que su retraso fue la consecuencia de no haber sufrido una socialización como el resto de los seres humanos y los tratos recibidos. Ese trato tan cruel que haría realidad el experimento planteado durante la Ilustración de aislar a un niño para comprobar la teoría de que el estado más puro del ser humano es el del «noble salvaje». En ese sentido la sociedad en la que vive, sus influencias violentas, la agresividad, la mentira, etc. lo va degradando.

Pero parece que el resultado de ese «experimento» indica todo lo contrario. Los niños salvajes no son el ejemplo de una humanidad no corrupta. No son como pizarrones en blanco en los que se puede escribir y formar un ente social. El ser humano no se hace social, nace social y es el lenguaje lo que nos convierte en seres conscientes de nosotros mismos. Los seres humanos nos necesitamos para encontrar en el otro nuestra humanidad. Los niños salvajes encontrados después de la etapa de aprendizaje del lenguaje es casi seguro que no se puedan «recuperar» para la «civilización» como «gente normal».

La vida de Genie fue llevada a la pantalla en la película independiente Mockingbird Don»™n Sing.

ABUSO INFANTIL

Genie no fue la primera niña confinada (y desdichadamente tampoco será la última). 1897 se descubrió una niña de 7 años, Charlotte Deconinck, que fue encadenada desde su nacimiento a una mesa en el sótano de su casa, por su madre, una aldeana de Ghent, Bélgica.

Charlotte no sabía hablar. La historia es relatada por Carine Steverlynck en su libro Kleine Martelaars. Een historische document over misbruikte, kindermishandelinge, incest en prostitutie (Pequeños mártires. Un recuento histórico del abuso de niños, negligencia, incesto y prostitución).

En Estados Unidos, tan sólo unos 20 años antes de que se encontrara a Genie, se dieron dos casos de niños confinados.

El primero ocurrió en 1938 en Ohio. Se trataba de una niña llamada Isabelle que fue encarcelada junto con su madre sordomuda, por el abuelo de Isabelle. Entre madre e hija se estableció un código de comunicación gestual.

Cuando fueron rescatadas, Isabelle mostraba temor por los extraños y reaccionaba violentamente frente a los hombres. Los doctores comenzaron un «programa de entrenamiento» para educarla. Isabelle hizo grandes avances. En tan solo dos meses logró comenzar a vocalizar y a armar frases cortas. Nueve meses después había aprendido a leer y escribir. A los 16 meses poseía un vocabulario de entre 1,500 y 2,000 palabras.

A los ocho años y medio había alcanzado un nivel similar al de los niños de su edad. En tan sólo dos años había aprendido lo que a un niño normal le toma 6 años.

En ese mismo año encontraron a Anna, una niña de cinco años que vivía en Pennsylvania. Era hija de una mujer de 26 años, disminuida mentalmente que vivía con su padre. La niña comenzó a tener los mismos síntomas que su madre y fue llevada a varias instituciones para tratamiento. Inexplicablemente, luego de seis meses de tratamiento, fue encerrada en el ático en donde sólo se le proporcionaba leche para mantenerla viva.

Anna fue rescatada y luego de cuatro años de cuidados aprendió a caminar y hablar. Murió el 6 de agosto de 1942, a la edad de 10 años.

Las hermanas inglesas Louise y Mary fueron atadas a la cama desde su nacimiento. Su madre era una mujer con microcefalia y mentalmente retardada. Ambas niñas mostraban tendencias autísticas.

Louise tenía 3 años 6 meses, y Mary 2 años 4 meses, cuando fueron rescatadas por las autoridades a principios de 1973. No hablaban y parecía que tampoco eran capaces de oír.

Una niña que nació alrededor de 1960, llamada Kitty estuvo confinada durante siete meses junto con su abuela y una tía retardada en los pantanos de la Florida. Cuando cumplió 4 años, su abuela la llevó a California, en donde vivía su madre, y la dejó fuera de su casa.

La madre la dejó en adopción con una familia de ascendencia sueca. La niña aprendió hablar sueco.

En 1975 volvió a ver a su madre biológica. Ella le contó que quedó embarazada a los 15 años. Por ese entonces su padre contaba con 30 años. La madre tenía cierto retardo por lo que la dejó a cargo de su abuelo. Pero cuando Kitty tenía unos 6 meses de edad, su padre la raptó y la llevó a vivir con su amante en turno. La niña vivió con varias de las amantes de su padre, hasta que éste decidió enviarla con su madre, la abuela de Kitty, a la Florida. Allí fue confinada durante siete meses. De esa manera Kitty perdió por primera vez contacto con su madre, que fue internada en una institución mental durante cinco meses.

Pronto la abuela se dio cuenta que no podía hacerse cargo de la niña y de su hija retardada, por lo que decidió regresar a Kitty con su madre.

Para ese entonces la madre había tenido otros dos niños y pensó que era peligroso que vivieran con Kitty, por eso la dio en adopción a un matrimonio sueco que andaban en sus cincuentas.

Sus padres adoptivos regresaron a Suecia en donde Kitty se casó a los 20 años y tuvo dos hijos (niño y niña). Cinco años después abandonó a su esposo dejando a su hija, también retardada, a su cargo.

En el 2002 vivía sola en Suecia con un perro y 15 gatos

HISTORIAS DESGARRADORAS

Lucien Malson menciona a Yves Cheneau, un niño de 7 años que fue confinado en el ático por su madrastra. Ahí paso 18 meses hasta que en 1963 fue descubierto por un tío quien dio aviso a la policía.

Según el reportero Didier Leroux, quien visitó a Yves en un hospital de Nantes, el niño había olvidado cómo hablar.

Los gemelos Andrei Koluchova y Vanya Koluchova fueron encontrados en 1972, cuando tenían 12 años, encerrados por su madrastra en el ático.

Su madre murió poco después de que ellos nacieron. Los niños fueron recogidos por la asistencia social quien se hizo cargo de ellos durante un año. Luego los dejaron con una tía materna por otros seis meses.

El padre se casó y se los llevó a vivir con él. La madrastra decidió encerrarlos durante los siguientes cinco años y medio. Acostumbraba pegarles aprovechando la ausencia del padre que tardaba días fuera de la casa debido al trabajo.

Cuando los rescataron, descubrieron que presentaban retraso mental, problemas con el habla y enanismo por la mala alimentación. Los niños fueron adoptados por una mujer que los sacó adelante mediante programas de rehabilitación física y mental. Llegaron a convertirse en especialistas en electrónica. Ambos están casados y tienen hijos.

Cuando nació Adán, en 1973, fue abandonado por su madre. Pasó los primeros 16 meses de su vida en un reformatorio de niñas, en un cuarto sin ventanas, sin juguetes y sin compañeros de juego. Las autoridades colombianas no supieron hacerse cargo del niño.

La historia de la «Niña pollo de Portugal» no es muy diferente, pero de ella nos ocuparemos más adelante

Andrew Ward, el más famoso especialista de niños salvajes, recibió una carta en la que le informaban del caso de una niña a la que dieron el nombre de Madonna. Se trataba de una niña con Desórdenes de Personalidad Múltiple, tal vez generado por el consumo de alcohol de su madre y los traumas a los que fue sometida desde temprana edad. Se especuló que la madre era una consumidora de alcohol y de drogas cuando estaba embarazada.

Madonna y su medio hermano, Martín (también un pseudónimo), 1 año más grande, fueron vendidos a cambio de drogas a un traficante de 20 años y su amante de mediana edad. Estos, a su vez, la vendieron con propósitos sexuales.

Los trabajadores sociales encontraron a Maddona a la edad de 6 o 7 años en un pueblo rural. Estaba en pésimas condiciones: desnutrida, con algunos huesos rotos y problemas oculares.

La niña señaló que estuvo confinada en diversas etapas de su corta vida en lugares como cajuelas de automóvil, sótanos, ático e incluso un horno.

Presentaba once personalidades perfectamente desarrolladas. Muchas de ellas tenían un lenguaje de infante, pero otras abordaban temas de carácter netamente sexual. A diferencia de otros niños salvajes, sólo permanecía muda cuando entraba por primera vez en contacto con alguna persona. Luego, al conocerla, se convertía en una hábil conversadora, como si tratara de acaparar toda la atención.

Con la misma intención, Madonna se ofrecía sexualmente a cualquiera, hombre o mujer, niños o ancianos. Fue diagnosticada como predadora sexual e ingresada a una institución mental de alta seguridad, debido a su propensión por escaparse. Actualmente madonna es adulta y está en la prisión.

Dominique era una niña canadiense que fue encontrada en confinamiento en 1982, a la edad de 5 años. La encerraron en el sótano bajo el calentador. No tuvo ningún contacto con el mundo exterior de no ser por las ocasionales visitas de su madre y de un gato.

Fue rescatada por el doctor Aimée Leduc de Laval University, que la sometió a un programa de educación. Al igual que Isabelle, Dominique tuvo grandes progresos, que son relatados en el libro de Leduc: L»™histoire d»™apprentissage d»™une enfant «sauvage».

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Los niños salvajes (18)

LOS SESENTAS

El niño macaco de Teherán, de 14 años, fue encontrado en 1961.

En 1962, según un informe, los geólogos encontraron a niño de unos siete años que corría con una manada de lobos en una región del desierto de Turkmenistan, en el Asia central, al Sur de Rusia. Los hombres lanzaron una red sobre el muchacho, pero los lobos acometieron para protegerlo, rasgando la red. Al final, todos los lobos fueron asesinados. El niño mordió a uno de sus captores.

Cuatro años antes se había perdido un niño, llamado Djuma (niño salvaje), al que le habían enseñado a pronunciar algunas palabras. Contó a los antropólogos que su familia fue asesinada en una purga política y que su madre se acostó sobre él para protegerlo. Luego escapó y se unió a una manada de lobos. También contó cómo cabalgaba en el lomo de su madre lobo cuando iban de caza, y más tarde aprendió a correr en cuatro patas. Lo cuidaron en el Hospital Republicano en Ashkhabad y fue hasta años después que se acostumbró a dormir en una cama. En un informe de noticias de 1991, se decía que todavía se arrastraba en cuatro patas, comiendo solo carne cruda, y mordiendo cuando esta enojado. En ese entonces el doctor Rufat Kazirbaev, jefe de investigación psiquiátrica en el hospital, dudaba que perdiera sus modales de lobo.

France Press, del 24 de mayo de 1963, reportó a Yves Cheneau de Saint-Brévin, de 7 años, 1963. Se trata de un niño que creció confinado. Su madrastra lo encerró en el sótano de su casa, pero fue descubierto 18 meses más tarde por uno de sus tíos, quien dio aviso a la policía.

EN EL SAHARA OCCIDENTAL

En septiembre de 1961, el poeta, antropólogo, geólogo y explorador francés (de la región vasca), Jean-Claude Auger (alias Jean-Claude Armen), viajaba solo a través del Sahara español (Río de Oro) cuando se reunió con algunos nómadas de la tribu Nemadi, que le informaron sobre un niño salvaje que vivía a unos días de viaje.

Siguiendo la dirección indicada por los nómadas. Descubrió desde lejos, en el horizonte, un niño desnudo. Era «una forma humana desnuda… esbelta y con largo pelo negro, corriendo con saltos enormes entre una larga cabalgata de gacelas blancas».

Todos los animales, incluyendo el muchacho, corrieron al percibir el olor de Armen. Durante días el explorador intentó acercarse al muchacho, pero siempre obtenía el mismo resultado: la manada corría a refugiarse. Auger encontró un oasis pequeño de arbustos de espinas y palmas datileras y esperó la manada. Tres días más tarde, su paciencia fue recompensada: apareció la manada, pero al darse cuenta de su presencia volvieron a escapar.

Finalmente recordó aquello de «la música amansa a las bestias». Comenzó a tocar una pequeña galoubet (flauta berebere) y el método pareció dar resultados. El primero en acercarse fue un pequeño cervatillo. Poco a poco fue perdiendo el miedo. Llegó hasta Armen, lo olfateó y lamió sus manos. Instintivamente el explorador lamió el lomo del cervatillo, pensando que era un tipo de saludo. Luego vino una gacela hembra, seguida del macho líder de la manada. En todos los casos hubo olfateos y lamidas. Finalmente se acercó el chico y siguió el mismo protocolo. Mostró «sus ojos animados, oscuros, en forma de almendra y una expresión agradable, abierta»¦ parecía tener cerca de 10 años; sus tobillos son desproporcionadamente gruesos y obviamente poderosos, sus músculos son firmes y temblorosos; una cicatriz, donde un pedazo de carne se debe haber rasgado del brazo, y algunas incisiones profundas mezcladas con rasguños ligeros (¿los arbustos de espinas o las marcas de viejas luchas?) forman un tatuaje extraño».

Durante quince días siguió esta rutina hasta ganarse la confianza de los animales. Comprobó que el niño se había adaptado totalmente a la vida del rebaño. Iba desnudo sin resentir, aparentemente, los cambios de temperatura. Podía correr muy rápido y mantenerse con las gacelas, desplazándose tanto cuadrúpeda como bípedamente. La adaptación llegaba hasta el punto de olisquear y lamer a las gacelas como hacían estas entre sí. La adaptación era tan notable que Armen se preguntaba:

«¿Cómo pudo un niño atrasado, aún «ayudado» por los animales, seguir existiendo en un medio tan duro como el desierto?»

Armen cuenta en su libro El niño salvaje del desierto, que estuvo con él varias veces. Pastaba en la hierba, extraía raíces, y parecía ser aceptado a fondo por las gacelas como miembro de la manada. En sus huellas se podía apreciar que «el peso descansa sobre la parte delantera del pie y apenas deja impresión en la arena, lo que revela una rara flexibilidad».

Habitualmente crispaba sus músculos, cuero cabelludo, nariz y oídos, como el resto de la manada, en respuesta al ruido más leve. Incluso en el sueño más profundo parecía constantemente alerta, levantando su cabeza con los ruidos inusuales, aunque débiles, y oliendo alrededor de él como las gacelas.

El lenguaje de las gacelas no se limitaba a olfateos y lamidas. Había murmullos, rumores, resoplos y otros sonidos. También se comunicaban moviendo la cabeza, las orejas, el rabo y las pezuñas. El muchacho actuaba como cualquier otra gacela. Estiraba el cuello para olfatear; comía hojas y hierba sin utilizar las manos; olfateaba los rastros de orina y estiércol; crispaba los vellos y levantaba las cejas y orejas ante el más leve ruido. Otros signos le era imposible reproducirlos: algunos sonidos o los movimientos de la cola, que trataba de imitar colocando la mano en esa posición y moviendo los dedos. Por el contrario el joven, a diferencia de las gacelas, podía trepar a los árboles.

Auger describe cómo aprendió gradualmente a descifrar el significado de cada gesto y movimiento de las gacelas, que el muchacho compartía con la manada. Había un código complejo para indicar la distancia de las fuentes de alimento; y la interacción social con intercambios de lamidas y olisqueos. Todos los miembros lo olfateaban, pasaban sus morros entre sus cabellos e incluso le tironeaban con sus dientes. El niño estaba plenamente integrado al rebaño. Comía raíces del desierto con sus dientes, abría las ventanas de su nariz como las gacelas. Parecía ser herbívoro aparte de comer lagartos o gusanos ocasionales cuando no había plantas. El borde de sus dientes era plano como los de un animal herbívoro.

Había una gacela, una hembra mayor, que parecía tener una particular predilección por el niño. Quizá se trataba de la madre adoptiva.

El muchacho emitía una clase de grito mudo desde la parte posterior de su garganta con su boca cerrada, también pronunciaba una palabra: kal (khah), que al parecer significaba piedra o roca.

Como el muchacho de vez en cuando asumía un paso vertical, Auger supuso era hijo de un Nemadi, una tribu nómada, y que pudo haberse perdido durante alguno de los traslados o lo habían abandonado aproximadamente a los siete u ocho meses, cuando ya había aprendido a estar parado. Los nemadis son conocidos por su habilidad para correr rápido. Los niños comienzan a caminar a muy temprana edad. De esa manera se podía explicar que pudiera caminar como los humanos.

Armen comprobó que el niño sentía verdadero terror por el fuego, como las gacelas, y cuando oía tocar una flauta, su mirada se perdía y quedaba inmóvil. La música fue el medio que utilizó el profesor Armen para ganarse la confianza del niño.

Así pasó dos meses con la manada y ya que el muchacho parecía feliz, Armen lo dejó con su familia de gacelas, sin tomar ninguna fotografía para protegerlo de la interferencia humana, según dijo. El contacto de Armen con la manada fue intermitente. Tres años después en 1963, en su segunda visita, el explorador encontró que el chico había escalado en el rango del rebaño. Ahora ocupaba una segunda posición inmediatamente después del macho líder. Parece que la «madre sustituta» ya había muerto. En esta ocasión Armen tomó algunas fotografías.

En esta segunda visita, Auger volvió con un capitán del Cercle Militaire Française d’El Aioudj-Idjil y su ayuda de campo, guardando su distancia para evitar espantar la manada. La curiosidad los superó y el capitán no se contentó con sólo mirar, eventualmente y persiguieron al muchacho en un jeep para ver qué tan rápidamente podía correr. Esto lo asustó, aunque alcanzó una velocidad de 54 kilómetros por hora, con saltos continuos de cerca de 4 metros.

Sus perseguidores no pudieron continuar a través del terreno áspero, y la manada desapareció mientras que el jeep sufría una ponchadura. En 1966 los soldados americanos de la base de la OTAN en Villa Cisneros, intentaron atrapar al muchacho con una red suspendida de un helicóptero, pero fracasaron. Lo mismo ocurrió en junio y julio de 1970.

En 1971, al publicarse el libro de Armen en Inglaterra, The Daily Mirror envió uno de sus periodistas al Sahara para verificar la historia de primera mano. En su edición del 1 de febrero mencionaba que el niño que se desplazaba a saltos entre una manda de gacelas y que nunca fue capturado.

PARA HACERSE AMIGO DE LAS GACELAS

¿Cómo pudo el niño tener éxito en volverse animal con los animales? ¿Cómo dos especies aprendieron a comunicarse una con la otra y a comprender los significados de la otra, considerando que nacieron con diferentes medios de comunicación?

El etnólogo Vitus B. Dröscher describe un «truco» para hacerse amigo de los rebaños de cebras y antílopes (y que tal vez funcione con las gacelas):

«En las últimas horas del atardecer se coloca en una tienda de campaña móvil, «una roca caminante», que poco a poco se desliza hasta colocarse en medio del rebaño. Por la noche, cuando ya reina la oscuridad, se sale de la tienda de campaña y se sitúa entre los animales que duermen. Al día siguiente, cuando el rebaño despierta, ya es uno de ellos. Quien ha dormido con las cebras y los antílopes demostró ya que no es un enemigo y, por lo tanto, se acepta su compañía.

«El investigador tiene que prestar atención a no quedar dormido a la salida del Sol, cuando despierta el resto del rebaño, pues si siguiera durmiendo sería despertado con una buena coz, cariñosa, de algún miembro del rebaño, que en realidad sería el equivalente de despertar cariñoso de un amigo a otro, que vendría a decir: «Â¡Venga, despierta! Ahora vamos todos a beber y a desayunar, y te podría pasar algo malo si te quedas aquí solo». Pero una coz así, que nada representaría para una cebra, podría resultar muy dolorosa para el débil ser humano».

Es más que probable que esa coz «cariñosa» fuese mortal para un bebé de un año. Podríamos conceder que, de alguna «extraña» manera, el niño encontrado por Armen apareció un buen día en medio del rebaño de gacelas y que por ello fue aceptado por los animales; pero lo difícil es aceptar que haya sobrevivido despertando puntualmente todas las mañanas para seguir al rebaño.

También podríamos aceptar que los lobos lleguen a alimentar con carne a un bebe, pero sería más que difícil que éste se alimente de hojas y pasto. Finalmente, las fotografías que mostró Armen presentan a un niño básicamente europeo (¿francés?) y no a un descendiente de africanos que se mueven en caravanas. El caso es altamente sospechoso y más bien parece haber sido inventado por Armen para vender su libro, tomando como base la historia, también ficticia, del niño gacela de Siria.

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La estatua de Memnon

LA ESTATUA DE MEMNON

Luis Ruiz Noguez

Emparentado con el fenómeno de las arenas cantarinas podemos mencionar el curioso efecto sonoro producido por la, así llamada, estatua de Memnón (Μέμνων). Dicha estatua emitía sonidos semejantes a los producidos por las cuerdas de una lira, cuando caían sobre ella los rayos del Sol naciente.

Fue el faraón Amenofis III (1391 «“ 1353 a. C.), de la dinastía 18, quien mandó construir dos gigantescas estatuas de piedra de 23 metros de altura. Ambos colosos representaban la figura del faraón y resguardaban la entrada a su templo mortuorio en Tebas.

Los antiguos egipcios llamaban a la estatua del sur «Rey de reyes». Posteriormente se les dio el nombre de «Shammy» y «Tammy», que podría ser una corrupción de las palabras árabes para «izquierda» y «derecha». Hoy las conocen como «el-Colossat» o «es-Salamat».

Las estatuas se fabricaron con cuarcita proveniente de canteras de Giza y Gebel es-Silsileh. La estatua del norte representa a Amenofis III, con su madre, Mutememwia; la del sur es el mismo Amenofis con su esposa, Tiy y una de sus hijas.

Una gran inundación destruyó por completo el templo. Luego, sus piedras se usaron como cantera para otros templos. Los expoliadores fueron principalmente Merenptah y su hijo Ramses II.

MITOLOGÍA GRIEGA

Pero ¿qué tiene que ver un mítico héroe de la literatura griega (Memnón) con estas construcciones egipcias? No es necesario acudir a la carambola de tres bandas Grecia «“ Atlántida «“ Egipto, para explicar este asunto. La respuesta proviene de la mitología griega reinterpretada por los romanos.

Todo tiene un origen en los mundanos deseos sexuales de los dioses griegos. Afrodita maldijo a Eos (Aurora) y la condenó a tener un deseo constante por los mortales jóvenes. La ninfomanía de Aurora fue descubierta por Zeus, quien le arrebató a su amante en turno: Ganímedes. Aurora se tuvo que consolar con Tithonus, a quien secuestró y llevó a Etiopía[1]. A cambio de Ganímedes, Aurora pidió para Tithonus la inmortalidad, pero se olvidó de solicitar la eterna juventud[2] por lo que, al pasar el tiempo, Tithonus se fue haciendo cada vez más viejo canoso y encogido. Su voz se hizo chillona, y cuando Eos se cansó de cuidarlo lo encerró en su dormitorio, donde se convirtió en una cigarra. Lo peor de todo fue cuando Tithonus perdió la fuerza en su pene: Aurora dejó de interesarse en él.

Cuando Tithonus era todavía potente, engendró a Emathión. Este reinó en Arabia, probablemente la que en aquel entonces se llamaba Etiopía. Algunas versiones indican que Hércules, a su regreso del Jardín de las Hespérides, mató a Emathión porque trató de impedir que se llevara las manzanas de oro. Otras dicen que el enfrentamiento tuvo lugar cuando Hércules se disponía a embarcar en la copa del Sol para dirigirse hacia el Este, a la región del Caucazo.

Una tradición atribuye a Emathión la paternidad de Romo, uno de los fundadores de Roma. Pero la mayor parte de los autores no están de acuerdo con esto último.

Hércules, después de matar a Emathión, confió su reino a Memnón, hermano de aquel y también hijo de Aurora y Tithonus.

Memnón construyó su palacio en Ecbatana con piedras blancas y relucientes, recubiertas con oro. Invadió Egipto y luego el Oriente (Persia), llegando hasta la ciudad de Susa, no lejos del río Tigris, en donde construyó las murallas.

Cuando los griegos invadieron Troya, Memnón se embarcó con su ejército, y se dirigió a la ciudad sitiada para ayudar en contra de los invasores aqueos. Ahí no tuvo buena fortuna: encontró la muerte en manos de Aquiles.

Se dice que a su muerte todos sus soldados desaparecieron, convirtiéndose en pájaros. Al ser quemado en su pira funeraria, el propio cuerpo de Memnón se convirtió en cientos de pájaros, los cuales se mataron unos a otros. Estos pájaros, llamados Memnónidas, año con año regresan a la tumba de Memnón, que se encuentra sobre una colina a la salida del rió Aesepus, que nace de las montañas de Ida. Pero tros dicen que Memnón fue enterrado en Paltas, en la costa de Siria, frente a la isla de Chipre.

Su muerte fue y sigue siendo llorada por Aurora, por eso todas las mañanas aparece el rocío. Escribe Alberto Siliotti:

«Los antiguos griegos buscaron una explicación en la leyenda escrita por Homero, sobre Memnón, el hijo de Eos y Titon, quien fue muerto por Aquiles y reapareció en Tebas como estatua, y cada mañana se lamenta al observar como se eleva por los cielos su madre»

Un último favor pidió Aurora a Zeus: la inmortalidad para su hijo. Memnón no fue destruido y llega del Oriente, de donde nace el sol. Tanto en Susa como en Tebas existen templos en su honor. En palabras de George W. Cox:

«Eos, la madre de Memnón, aclara el cielo todas las mañanas para que su hijo se eleve y acompañe al sol en su diario curso por el cielo».

AMENOFIS SE TRANSFORMA Y NACE MEMNÓN

Aunque son dos las estatuas, originalmente se comenzó a hablar de «la» estatua de Memnón o «del» Coloso de Memnón. Técnicamente sólo la estatua de la derecha, la que da al norte, es la que originalmente se conocía como Coloso de Memnón.

Se ha sugerido que la estatua servía para propósitos astronómicos o que formaba parte de un rito perteneciente al culto del Sol. Pero la realidad es que «las» estatuas de Amenofis no tenían otra función que la de resguardar la entrada a su tumba. El sonido que emitía la estatua del norte no se conocía en tiempos de Amenofis. Su origen es más reciente.

Posteriormente, ganó terreno la creencia de que la estatua fue mutilada por Cambises (600 «“ 559 a.C.), en el siglo VI antes de nuestra era.

En el terremoto del 27 d. C., se dañó la estatua del norte. Se formó una cuarteadura que comenzó a emitir una nota musical al amanecer. La fisura recorría la estatua y durante la mañana, al aumentar la temperatura y la humedad, cuando la piedra era calentada por los rayos del Sol se podía oír, según unos, un escalofriante gemido, y según otros, un sonido parecido al de una campana.

Acudía mucha gente a presenciar el extraño fenómeno. Los viajeros romanos buscaron una explicación en la mitología y comenzaron a decir que era la estatua de Memnón, hijo de Aurora, la diosa del amanecer. Muchos venían desde lejos a escuchar los sonidos, incluyendo el Emperador Publio Elio Adriano (76 «“ 138 d. C.), en el 130 d. C. Los visitantes tenían que pasar varios días al pie del coloso para poder escuchar las notas. En algunos días no se oía nada.

El «arte» de los graffiteros no es un invento moderno. En la base, los pies y las piernas de los colosos, aquellos viajeros de los primeros siglos, dejaron su huella en numerosas inscripciones en griego. Los graffitos nos informan de la visita de personajes muy importantes, incluyendo emperadores romanos y gobernantes de Egipto. Algunos conservan la fecha. La inscripción más antigua data del reinado de Nerón César Druso Germánico (37 «“ 68 d. C.) a mediados del siglo I, y la última de Septimus Severus (193 «“ 210 d. C.), quien hizo reparar la estatua. La mayoría de los visitantes, no daban para más y escribieron en prosa, pero otros se arriesgaron con los versos. Entre estos últimos estaban Asklepiodotos (100 «“ 50 a. C.) y Julia Balbilla Philopappus ( -130 d.C.) poetisa de la Corte.

Cuando el emperador romano Septimus Severus, hizo reparar la estatua de Memnón, en el 199 d. C., la silenció para siempre.

LAS CRÓNICAS DE LOS ANTIGUOS

Estrabón Amaseia (63 «“ 21 a. C.) fue el primero en mencionar el sonido. Afirmó que él mismo lo escuchó, dijo que emitía un solo sonido y que éste se convertía en un sacudimiento terrestre, aunque no hay huella de que tal cosa ocurriera.

Según Décimo Junio Juvenal[3] (60 «“ 128 d. C.), Memnón producía muchos sonidos diferentes. En su Sátira número 15 escribió:

«Todo el mundo , Volusius Bithynicus, sabe que los monstruos eran objeto de reverencia y locura supersticiosa en Egipto. En unos distritos se adoraba a los cocodrilos, en otros reverenciaban al ibis serpenteante. También el mono de larga cola era un ser sagrado; su imagen dorada reluce en donde los mágicos acordes del mutilado Memnón hacen música, y en donde yacen las ruinas de la antigua Tebas con todos sus cientos de puertas. En cierta región todo un pueblo rendía culto a los gatos, en otra a los peces del río, y en otra más a los perros sabuesos; aunque Diana la cazadora no tenía un solo templo. Pero para el vulgar puerro o los dientes crujientes de cebolla, eso era una abominación. Los devotos, en efecto, deben ser gente que piensa que tales deidades crecen como coles de Bruselas en sus hortalizas».

En el siglo I, Gaio Plinio Cecilio Secondo, el joven (61 «“ 113 d. C.) se refiere a ella y Publius Cornelius Tacitus (55 «“ 120 d. C.), su contemporáneo, habla de:

«Memnón, un coloso de piedra que produce, al ser tocado por los rayos solares, un sonido vocal».

Cuando Pausanias (115 «“ 180 d. C.) vio la estatua en el siglo II, la cabeza y la mitad del cuerpo había caído por tierra, y la parte inferior seguía en un posición sedente. Pausanias la describe como la estatua del Sol, añadiendo que los tebanos le daban el nombre de Famenofes. Otros le llamaban Sesostris.

«Todas las mañanas, al alba «“escribe Pausanias-, emitía sonidos que uno podría comparar como los de un acorde de arpa o de lira».

«La estatua de Memnón «“escribió Lucius Flavius Philostratus (160 – 249)- está esculpida en piedra negra y representa a un joven imberbe cuyo rostro se encuentra dirigido hacia el Sol naciente, con los pies juntos de acuerdo con el estilo arcaico de escultura correspondiente al período de Dédalo, y con las manos aplanadas sobre los brazos de la silla, porque se encuentra sentado como si estuviera a punto de levantarse (4 o 5 palabras griegas intraducibles) la intención de sus ojos y boca son como las de alguien que está hablando; decían que no era tan maravilloso, porque parecían no hacer nada, pero cuando era tocado por el primer rayo del Sol, emitía un sonido tan pronto como dicho rayo alcanzaba sus labios, y parecía elevar jubilosamente sus ojos fulgurantes hacia la luz, como un hombre que se asolea».

Con el tiempo, la imaginación de los crédulos convirtió el ruido que emitía la estatua en sonidos musicales, e incluso en versos oraculares, tal como se encuentra registrado en una inscripción griega hecha sobre una piedra de la estatua.

Los sonidos que producía fueron atribuidos a una combinación de palancas que se dilataban bajo el calor de los rayos solares, liberando así una serie de lengüetas que vibraban. Muchos pensaron que se trataba de un aparato inventado por los sacerdotes egipcios. Athanasius Kircher (1601 «“ 1680) fue más allá y sugirió que dentro de la estatua podía haber estado realmente oculto un clavicordio.

Posiblemente nunca se confirme el mecanismo productor de sonidos, pero es muy probable que tenga un origen natural. La fisura que se formó en el terremoto del 27, se llenaba con aire. Los rayos solares, al calentar la estatua, dilataban estos gases y los hacían fluir por una pequeña rendija que llegaba hasta la boca produciendo así el sonido antes descrito. Esta hipótesis se ve confirmada por un fenómeno similar que fue observado por Alejandro de Humboldt (1769 – 1859) en su viaje a través de América. El explorador alemán encontró rocas que emitían sonidos musicales al salir el Sol, debido al aire que escapaba a través de sus muchas hendeduras.

BIBLIOGRAFÍA

Cox W. George, An Introduction to the Science of Comparative Mythology and Folklore, Singing Tree Press, Detroit, 1968.

Graves Robert, Los mitos griegos I y II, Alianza Editorial, Madrid, 1983.

Holland R., The Voice of Memnon, Edinburgh Review, July 1886.

Juvenal Décimo Junio, Sátiras, (XV, 5), Alianza Editorial, Madrid, 1996.

Letronne, J. A. La statue vocale de Memnon considérée dans ses rapports avec l’Égypte et la Grèce (= MMAF). Paris, 1833, Neuauflage, 1981.

Ovidio, Metamorfosis, Alianza Editorial, Madrid, 1995, XIII, 576 y siguientes.

Pausanias, Descripción de Grecia, Editorial Gredos, Madrid. Colección Biblioteca Clásica.(Nº 196), (I, 42, 3).

Siliotti Alberto, Guide to the Valley of the Kings, Barnes and Noble, New York, 1997, pag. 122.

Tácitus Publius Cornelius, Anales, Estudio preliminar de Francisco Montes de Oca. Editorial Porrúa, Col. S. C. 291, México, 1983, (Anales, Libro 2, 61).

Virgilio, Eneida, Editorial Limusa, México, 1997, IV, 584 y siguientes.

Existe una versión en PDF en la página de Micromegas.


[1] No a la Etiopía de África. La leyenda se refiere a un lugar en el Oriente.

[2] Selene se cuidó mucho de cometer este error y consiguió la juventud perpetua para Edimon.

[3] Autor de la famosa «Mens sana in corpore sano»

Los niños salvajes (17)

RAMU

La historia de Ramu, el «niño-lobo» de la India, es similar. En 1954 un obrero ferroviario, al echar casualmente un vistazo a un vagón que se encontraba en una vía muerta del ferrocarril de tercera clase, tropezó con un niño de mirada «completamente bestial» que jugaba en compañía de tres cachorros de lobo.

Los sucesos ocurrieron el 17 de enero de 1954 cerca de la ciudad de Laknau o Lucknow, estado de Uttar Pradesh, al norte de la India. El niño, de unos 10-12 años, no comprendía el habla, probablemente era retrasado mental. Era incapaz de andar sobre sus dos piernas, lo hacía con las rodillas y las manos, por lo que sus rodillas y las palmas de las manos estaban cubiertas de sólidas acrecencias callosas. Tenía los miembros deformados. Estaba totalmente desnudo. Su cuerpo está cubierto con cicatrices hechas, aparentemente por espinas y ramas agudas. En la nuca tenía unas cicatrices parecidas a las que dejan los colmillos de un perro. No hablaba, sólo articulaba sonidos no humanos, y se comportaba de manera agresiva. Los dientes los tenía deformes: puntiagudos y saliéndole de la boca. Comía frutas y carne cruda arrebatándola con sus dientes, lamía la leche de un plato y masticaba los huesos. Para dormir se arrinconaba en una esquina y protegía su cabeza como habitualmente hacen los lobos.

Fue llevado al Hospital de Balramphur en Laknau, a 400 kilómetros de la capital, donde recibió atención médica, pero también fue expuesto al público. La noticia causó verdadera sensación y se extendió por toda la ciudad, llegando a rebasar las fronteras de la India. Atrajo multitudes, aunque los boletos costaban algunos annas. Más de 12,000 lo visitaron durante las primeras dos semanas que Ramu estuvo «en exhibición» en el patio del hospital. Las 800 rupias ganadas fueron a una caridad, que por cierto, no cubría el caso de Ramu.

En el periódico The Hindu, del 10 de febrero de 1954 podemos leer:

«El «Niño lobo» de 7 años, que había estado internado en el Hospital de Balramhpur Hospital desde el 17 de enero, ha encontrado a sus padres. Se dice que pertenece a la comunidad Khatick y vivió en Lucknow. Según ellos, Ramu, como se conoce a este niño, fue raptado por un lobo mientras dormía en el regazo de su madre una noche hace seis años. Se hicieron esfuerzos desesperados para encontrarlo, y finalmente se creyó que había muerto. Una visita al Hospital de Balramphur después de los reportes de la prensa llevó al reconocimiento del «Niño lobo» por sus padres, quienes lo identificaron por una marca sobre su sien y una mancha azulosa en su muslo derecho».

En efecto, en medio de toda esta confusión, un pobre vendedor de frutas, llamado Prasad, se presentó con su esposa en el hospital donde se cuidaba al niño y pidió que se lo mostraran.

Ocho años atrás había desaparecido su hijo y, según él, lo más probable era que lo hubiera raptado un lobo, cuando la madre con el hijo dormían en el patio, en una estera.

«Si éste es mi hijo», indicó Prasad, «debe tener en la sien una pequeña cicatriz».

Y efectivamente, el niño poseía esa marca. Ramu le fue entregado a su padre. Pare ese entonces ya le había tomado el gusto al pan y los vegetales cocidos.

Pero Ramu no estaba interesado en la compañía de los seres humanos y particularmente les temía a los adultos, pero cuando fue llevado al zoológico se vio particularmente agitado cuando vio a los lobos. En una visita al zoológico no quiso alejarse de la jaula de los lobos y mordió a sus cuidadores que intentaron arrastrarlo. Esto, junto con el hecho de que Ramu lamía la leche del plato, desgarraba su comida y era feliz royendo huesos por horas, sugirió a los doctores que había crecido entre lobos y por eso le llamaron el Segundo niño lobo de Lucknow.

Un reporte proveniente de Nueva Delhi relata otra historia parecida:

«Ramu fue dejado a una distancia de doscientos metros de la entrada a la foresta. Apenas se hubieren alejado quienes lo cuidaban, el niño, que no habla, comenzó a gatear rápidamente hacia los primeros árboles, donde empezó a aullar. No tardaron mucho en contestarle no uno, sino muchos aullidos similares desde el fondo de la selva. Ante esta respuesta Ramu mostró una agitación singular y comenzó a girar sobre sí mismo para detenerse luego y repetir el llamado. Fue entonces cuando se asomó el largo hocico de un lobo oscuro que se acercó al niño pausadamente. (…). Ramu restregó sus labios contra el hocico del animal, que era en realidad una loba. Los cuidadores trataron de atrapar a la bestia pero ésta, tras intentar en vano subirse a un árbol, se perdió a la carrera entre el espeso monte».

Tiempo después, a la muerte de sus padres, Ramu fue internado en un asilo para indigentes. Ahí fue estudiado durante 15 años por un grupo de médicos y especialistas de toda la India y de otras partes del mundo. Nunca aprendió más de cuarenta palabras y sus avances fueron bastantes limitados. Se sentía intimidado por la presencia humana. Prefería la compañía de los animales.

Los periódicos reportaron que murió el 20 de abril de 1968.

Según datos estadísticos de la misma India, existen registrados 31 casos de niños salvajes, de los cuales 29 pudieron sobrevivir a las dificultades de la selva con la simpatía y cariño de los animales que los amamantaron.

Continuará…