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Ciencia y seudociencia, cómo distinguirlas

CIENCIA Y SEUDOCIENCIA, CÓMO DISTINGUIRLAS[1]

Mario Méndez Acosta

El pensamiento mágico, como una forma sencilla y adaptada a nuestras expectativas de conocer el mundo que nos rodea, ha acompañado a la humanidad desde que fuimos capaces de hacemos preguntas sobre el Universo, nuestra presencia y la finalidad que puedan tener la existencia y la misma realidad. En un principio, la explicación de que todo lo que ocurre gira en torno a nuestras expectativas y a la intervención de entidades todopoderosas que nos favorecen o nos hunden a capricho, resultó suficiente para satisfacer esa curiosidad.

En época de los griegos, empezó a surgir un nuevo tipo de explicación sobre el mundo, que se basaba fundamentalmente en la noción de que el mismo es autoexplicable. Es decir, todo lo que ocurre en éste, incluyendo nuestra presencia y nuestro destino, pueden ser explicados por factores inherentes a la naturaleza y no es necesario acudir a una explicación mágica que implique la influencia de fuerzas ocultas o externas a esa naturaleza: a esa explicación le hemos denominado ciencia.

La ciencia tiene la característica fundamental de que todos sus conocimientos y explicaciones son provisionales y están sujetos a la posibilidad de ser refutados y sustituidos por una explicación mejor.

El progreso científico es, entonces, el crecimiento acumulado de conocimiento a lo largo del tiempo, en donde las características útiles se retienen y las que no lo son se abandonan, todo ello basado en el rechazo o la confirmación de afirmaciones comprobables.

La mayor parte de las explicaciones científicas se pueden expresar como leyes. Una ley científica es la descripción de una acción o fenómeno que se repite con regularidad y que permite una refutación o una confirmación, lo cual puede ser verificado o replicado por cualquiera con los medios adecuados. La ciencia es, pues, un conjunto de conocimientos o afirmaciones con un referente real, ubicado en el mundo natural, aunque también puede referirse a relaciones lógicas entre los números o magnitudes asociadas con los fenómenos naturales.

La ciencia ha logrado avanzar con dificultades. Luego de sufrir un retroceso y un estancamiento de casi dos milenios después de la decadencia de los griegos se ha convertido en la explicación más aceptada y fructífera del Universo, sobre todo a lo largo de los últimos 500 años. La explicación científica de los fenómenos naturales casi siempre entra en contradicción con las explicaciones mágicas previas, lo que provoca una lucha permanente entre religión y ciencia. Pero las religiones inteligentes aceptan el conocimiento científico y optan por describir sus explicaciones previas como alegorías simbólicas; en cambio, las religiones necias, sobre todo las integristas o fundamentalistas, insisten en que las explicaciones de sus textos son literalmente reales y que la ciencia actual es un engaño malévolo, destinado a destruir la fe de las personas; o bien, que la ciencia es una construcción social arbitraria de la cultura de Occidente, cuyas conclusiones y conocimientos son tan válidos como los de cualquier otra cultura humana, incluyendo las más primitivas. Quien crea esto simplemente se coloca al margen del progreso y del conocimiento, con lo cual se quedará relegado en la historia.

Pero la ciencia debe enfrentarse a otros remanentes de ese pensamiento mágico que se niega a morir y que, sobre todo, se niega a aceptar ese descubrimiento fundamental de la ciencia: el hecho de que el Universo es totalmente indiferente a nuestros deseos y conveniencia, por lo tanto, es posible hallar atajos o caminos fast track para el logro de nuestras aspiraciones. Sin embargo, en muchos casos el pensamiento mágico se disfraza con los ropajes de la ciencia. Quienes lo proponen buscan la credibilidad y la aceptación de la comunidad científica y del público simplemente reproduciendo la terminología y cumpliendo algunos de los rituales externos de la actividad mítica.

La pseudociencia es fácil de detectar, ya que una de sus características fundamentales es la de ofrecer algo a cambio de nada. Algo así como lo que los estadounidenses llaman un «almuerzo gratis», cuando al mismo tiempo señalan que no existe tal. La pseudociencia ofrece llevar a cabo un trabajo sin mediar esfuerzo. Ello ocurre, por ejemplo, con la parapsicología, que asegura la existencia de algo llamado telequinesia o telekinesis, una supuesta facultad mágica que permite mover objetos con la mente, o el caso de quienes ofrecen máquinas del movimiento perpetuo o fuentes inagotables de energía gratuita y no contaminante. Entre éstos encontramos a quienes tratan de encontrar cláusulas de escape a las leyes de la termodinámica, que prohíben crear energía de la nada o transferir energía de objetos fríos a objetos más calientes. Algunos otros proponen obtener energía del vacío aprovechando algunos aspectos curiosos de la mecánica cuántica.

La pseudociencia le ofrece al público incauto la posibilidad de obtener conocimiento sin necesidad de un laborioso aprendizaje, en esto se incluyen actividades como la clarividencia, la precognición, la predicción astrológica o la posibilidad de enviar mensajes a una velocidad mayor a la de la luz o hasta en forma instantánea, como se afirma que puede lograr la telepatía. Todo ello implica conocer los efectos antes de que las causas se produzcan. Otras pseudociencias como la grafología, la frenología y los biorritmos, también intentan brindamos conocimiento sin existir un esfuerzo sobre la naturaleza humana.

La pseudociencia ofrece también salud y curación a las enfermedades de una manera barata infalible e indolora. En lugar de los altos costos, riesgos e incertidumbres de la medicina científica, la pseudociencia ofrece panaceas basadas en teorías alegóricas sobre lo que son la salud y la enfermedad. La famosa Agua del Tlacote curaba todas las enfermedades.

La pseudociencia ofrece hablar con los muertos y garantiza la inmortalidad o la posibilidad de separar a voluntad el espíritu del cuerpo. Todos los sueños de la humanidad son atendidos por alguna pseudociencia.

Hay otras características inseparables de la pseudociencia. En lugar de presentar evidencia sobre lo que ocurre realmente y cómo ocurre, la pseudociencia se basa en una serie de postulados básicos inatacables, creados generalmente por un fundador, que es venerado, y cuyas enseñanzas se convierten en una especie de texto sagrado. La investigación que se llega a hacer al respecto está destinada a validar esas creencias básicas y todo experimento que las refute es desechado o mal interpretado.

Nadie está libre de caer bajo la influencia de algún tipo de creencia pseudocientífica, ya que son en verdad seductoras. Aunque tampoco hay que despreciar o burlamos de quienes las profesan. Lo que conviene hacer es sembrar en sus mentes la semilla de la duda, ya que muchas veces sucede que no han tenido acceso a información crítica sobre eso que llegan a creer a pie juntillas.


[1] Publicado originalmente en Ciencia y Desarrollo No. 168, México enero febrero de 2003, Págs. 48-49.

Fred Hoyle, el iconoclasta

FRED HOYLE, EL ICONOCLASTA[1]

Mario Méndez Acosta

FredHoyle El pasado agosto de 2001 falleció sir Fred Hoyle, astrónomo real de la reina de Inglaterra, nacido en Bingley, Gran Bretaña en 1915, quien indudablemente fue uno de los más grandes cosmólogos del siglo XX, creador, junto con Hermann Bondi y Thomas Gold, de la llamada teoría del estado estacionario del universo la cual, durante más de 35 años rivalizó con la teoría del Big Bang, o de la Gran Explosión, como una atractiva explicación científica del origen del cosmos. Se trata de una extensión, para la dimensión temporal, del llamado «principio de la mediocridad», mismo que postula que no vivimos en una galaxia privilegiada, ni en un sistema solar privilegiado, ni nuestro Sol es una estrella especial de algún tipo. Dicho principio asegura también que las mismas leyes de la física rigen en cualquier punto del cosmos y que nuestro lugar en éste nada tiene de notable. La teoría del estado estacionario agrega, además, que no vivimos en un momento privilegiado en el tiempo, pues no existen tales, por lo que nunca hubo un momento privilegiado en el que todo fue creado, sino que el universo es el mismo en todo lugar yen todo tiempo de su existencia, que desde luego es eterna. Lo anterior quiere decir que el cosmos es infinito y que siempre ha tenido y tendrá la misma apariencia.

HermannBondi Pero para cuando Hoyle -quien en plan de burla bautizó con el nombre de Big Bang a esa teoría-, propuso la del estado estacionario (después de haber visto la película The dead of the night), ya se sabía que el universo se expande; para justificar cómo podía ser que éste, infinito de acuerdo con el modelo estacionario, no se hubiera ya enrarecido al grado de que las estrellas no se pudieran ni siquiera ver unas a otras, Hoyle postuló un nuevo principio; el de la creación continua de la materia.

Es suficiente, así, con la creación anual de unos cuantos electrones y protones por pársec cúbico, para contar con materia nueva suficiente, capaz de lograr la formación de nuevas estrellas y para que el universo no se vuelva cada vez más tenue y menos denso. La tasa de creación de nueva materia requerida es tan baja que no se podría detectar con los instrumentos que poseemos.

ThomasGold Para Hoyle lo anterior resultaba tan arbitrario como suponer que toda la materia existente del universo se hubiera creado, toda junta, hace unos 15 mil millones de años, como lo supone la teoría del Big Bang. La discusión siguió sin decidirse durante casi tres decenios, hasta que en los años sesenta se descubrió la radiación de fondo del cosmos; un ruido electromagnético muy tenue procedente de todos los confines de la esfera celeste; se demostró que dicha radiación sólo podía ser el eco o vestigio de la gran explosión, e indicaba que en todo el universo se mantenía una temperatura ambiental de poco más de tres grados arriba del cero absoluto, residuo de las terribles temperaturas que sufrió el cosmos en los primeros momentos de su creación. Se determinó también que en el universo visible no hay suficientes estrellas tan viejas como para demostrar la existencia del cosmos desde un tiempo infinito en el pasado

Chandra1 Hoyle, reconocido ya por ser el descubridor de los mecanismos que permiten la formación de átomos más pesa dos que el hidrógeno y el helio, en el interior de las estrellas -indudablemente su máxima aportación a la astrofísica-, jamás aceptó la derrota de su teoría cosmológica favorita, lo que lo orilló a proponer y defender una serie de hipótesis pseudocientíficas que arruinaron su prestigio, al grado de no haber recibido el premio Nobel por sus descubrimientos sobre la evolución de las estrellas.

Fred Hoyle es una prueba viviente de cómo una mente brillante se puede echar a perder totalmente. Después de haber contribuido al conocimiento sobre el cosmos como pocas otras personas del siglo, su despecho ante la derrota de su teoría cosmológica predilecta lo llevó a convertirse en una especie de máquina superinteligente generadora de teorías irracionales -aunque también una serie excelente de novelas y relatos de ciencia ficción-o Hoyle afirmaba así que la vida en la Tierra había sido sembrada por una inteligencia superior, que no era Dios, sino algo distinto. Aseguraba además que el Universo es una entidad inteligente capaz de conocerse a sí misma. Propuso que todas las enfermedades virales, y todos los virus, incluyendo el del sida, han llegado desde el espacio.

Isaac Asimov Se declaró también antidarwinista, pero sin aceptar el creacionismo religioso. Afirmaba que esa inteligencia superior se hacía presente aquí para causar extinciones periódicamente (cada treinta o cuarenta millones de años), y propiciar la evolución de nuevas variedades de animales intelectualmente más capaces. Afirmó también que el arqueoápterix, famosa ave fósil que muestra la transición entre los dinosaurios y las aves modernas, es una falsificación, en todos los ejemplares que se han encontrado, en los cuales se distingue el plumaje impreso en la roca. Este fósil contradice su hipótesis sobre la inexistencia de estados de transición entre las especies al evolucionar unas de otras.

Junto con el físico indostano Chandra Wicramansinghe, propuso una compleja teoría en torno de la evolución de la vida en las colas de los cometas, y en las nubes de materia que rodean a las estrellas en formación. Aseguraba que hay ocultos en el mundo varios meteoritos del tipo de las «condritas carbonáceas» que contienen bacterias extra terrestres.

WillyLey Propuso también un gigantesco sistema para generar energía gratis, que implicaba aprovechar el diferencial de temperatura que hay entre el agua del fondo del mar; que está casi a la temperatura de congelación, y la de la superficie, más cálida. No parecía importarle violar con ello la segunda ley de la termodinámica.

Desde luego, cada una de las afirmaciones de Hoyle ha sido refutada con detalle, pero él jamás se dio por aludido. En realidad, postular que la vida se originó en el espacio exterior; simplemente pospone la explicación del origen de la vida, y resulta mucho más complicado describir su origen en el vacío del espacio, en donde no hay las condiciones hospitalarias de nuestro planeta.

No hay evidencia alguna de que el Universo pueda tener algún tipo de conciencia o mente, lo cual implicaría algún tipo de intercambio de información modulada entre sus distintos componentes -que serían las galaxias-, como ocurre con las neuronas en el cerebro humano.

Por otro lado sí se ha podido detectar cómo evolucionaron y han mutado los virus de las diversas enfermedades que comparten nuestra estructura bioquímica, lo que demuestra un origen común.

GeorgeGamow La explicación que proporciona el neodarwinismo a la aparición de todo tipo de especies y adaptaciones al medio ambiente es satisfactoria, y no es necesario acudir a soluciones vitalistas o de origen extraterrestre. La irracionalidad de Hoyle en sus últimos años, como francotirador contra la ciencia establecida, contrasta con su brillantez como divulgador en los años cincuenta y sesenta’ cuando ganó el premio Kalinga a la divulgación científica, y rivalizó con Isaac Asimov, Willy Ley y George Gamow en la publicación de libros maravillosos sobre astronomía y cosmología, que, como Las Fronteras de la Astronomía, fueron calificados por los críticos como tan importantes como el Origen de las Especies de ese mismo Darwin del que después llegaría a convertirse en su mas severo detractor.

Referencias

The Intelligent Universe. Fred Hoyle. Ed. Ho1t Rinehart Winston, NY 1983.

The Frontiers of Astronomy. Fred Hoyle. Mentor Books, NY 1955.

The Origin of the Universe. John D. Barrow. Basic Books NY. 1994.


[1] Publicado originalmente en Ciencia y Desarrollo No. 164, México, mayo junio de 2002, Págs. 94-95

Terror y pensamiento mágico

TERROR Y PENSAMIENTO MAGICO

Mario Méndez Acosta

La mente del ser humano está excelentemente adaptada para distinguir y reconocer patrones en la naturaleza. Durante millones de años, nuestros antepasados fueron adquiriendo especial destreza para reconocer información oculta en nuestro medio ambiente, lo cual hizo que nos convirtiéramos en expertos en reconocer la presencia de peligros escondidos y de depredadores al acecho, o también de la existencia de alimentos y manantiales difíciles de localizar, así como de otros recursos útiles en la selva o en las praderas en donde evolucionamos. Sin embargo, esta tendencia a encontrar trascendencia en la información que recabamos provoca que en ocasiones encontremos explicaciones mágicas a fenómenos naturales carentes por completo de las mismas. Esta faceta de la mentalidad humana se puso de manifiesto especialmente ante los recientes actos terroristas contra Estados Unidos.

Nostradamus Así, a las pocas semanas del ataque de septiembre 11 en contra de las Torres Gemelas del WTC, en la ciudad de Nueva York, un torrente de correos electrónicos empezó a circular en la Internet, afirmando que el ataque había sido previsto por el astrólogo y vidente francés Michel de Nostradamus, quien vivió en el siglo XVI.

Alrededor de una docena de cuartetas rimadas fueron dadas a conocer, algunas de ellas totalmente inventadas, otras eran versos originales parcialmente alterados, pero ninguna en realidad predecía la tragedia.

Tales afirmaciones no representan algo nuevo, ya que después de toda tragedia de grandes proporciones, no faltan supuestos profetas que aseguran haber pronosticado con exactitud los eventos. Psíquicos, videntes y adivinos salen de sus madrigueras con relatos de premoniciones trágicas, o presentando predicciones que supuestamente se escribieron antes de los hechos, pero lamentablemente no se publicaron.

EdgarCayce De manera simultánea, aquellos que creen en las profecías se dedican buscar en los registros de montones de manuscritos y cuartetas de pretendidos profetas, como Edgar Cayce o Nostradamus, tratando de inyectarles vida a sus rancias afirmaciones. Esto parece tener por objeto satisfacer la necesidad psicológica de participar, aunque sea un poco, en la expresión de los sentimientos y emociones que despierta un hecho de esta naturaleza; o bien, ganar cierta notoriedad.

Ejemplo de una de las profecías enviadas por correo electrónico es el siguiente:

Dos aves de acero caerán del cielo en la metrópolis.

El cielo arderá a los cuarenta y cinco grados de latitud el fuego se acerca a la nueva gran ciudad

Inmediatamente, una enorme y extensa llama brota

En meses, los ríos rebosarán de sangre los no muertos vagarán por la Tierra durante un breve tiempo.

Se armó mucho alboroto en torno de la segunda línea, ya que la ciudad de Nueva York (la supuesta Metrópolis) se encuentra cerca de los cuarenta grados de latitud norte -aunque no a los cuarenta y cinco-.

Nueva York no es una ciudad nueva, ya que es una de las urbes más viejas del continente. No fue sino hasta 1569, tres años después de la muerte de Nostradamus, cuando Mercator elaboró un mapamundi incluyendo el sistema de coordenadas con la latitud y longitud de cada punto claramente expresadas, aunque por supuesto, hay la posibilidad de que esto también haya sido predicho por Nostradamus. El nombre de «Metrópolis» revela más bien que el autor del fraude está influido por las historietas de Supermán.

Este fragmento es un híbrido de líneas auténticas de Nostradamus y otras apócrifas, aunque el autor fue descuidado y un poco de observación revela que se trata de una falsificación, ya que carece de la forma de cuarteta bien redactada, pero la parte de las dos aves de acero resulta extraña, pues el acero no se usó extensamente sino hasta 300 años después de la muerte de Nostradamus.

Otro párrafo se lee:

En la ciudad de Dios habrá un gran estruendo dos hermanos serán apartados con violencia por el caos mientras que la fortaleza resiste.

El gran dirigente sucumbirá,

La tercera gran guerra se iniciará cuando la gran ciudad arda.

Nostradamus, 1654.

Dado que Nostradamus murió en 1566, el fragmento resulta obviamente apócrifo. Pero este verso en realidad fue publicado hace unos seis años en la página de Internet de una universidad canadiense, como parte de un ensayo sobre qué tan fácilmente se pueden crear profecías que suenen trascendentales usando imágenes muy vagas. Resulta irónico que lo publicado en un principio como un ensayo escéptico, cuya finalidad era cuestionar la existencia de las profecías, se haya hecho circular intencionalmente como algo real.

Clifford El autor, Clifford Pickover, creó hace poco tiempo un engaño crítico similar al difundir las supuestas Profecías de Antinoo, con versos incoherentes presentados como profecías recientemente descubiertas. Antinoo fue un joven favorito del emperador Adriano que posteriormente se vio deificado como figura mitológica. Sobre sus profecías, algunos creyentes ingenuos crearon interpretaciones en tomo a diversos hechos reales con gran facilidad. Pickover califica sus profecías como pruebas Rorschach verbales en las que los lectores modernos pueden interpretar descripciones vagas de lo que se les antoje (Las pruebas Rorschach son unas manchas simétricas de tinta, que se muestran a los examinados para invitarlos a hallar interpretaciones sobre las figuras que alcanzan a distinguir).

Otra fuente de irracionalidad desatada por los atentados se puede encontrar en las interpretaciones numerológicas relacionadas con las fechas y demás números relacionados con los hechos del día 11 de septiembre.

Así se ha señalado cómo el número 11 aparece en varios momentos, en la fecha, el número del vuelo, en el número de letras de la palabra Afganistán en inglés, etc. Sin embargo, esa serie de coincidencias, que a primera vista resulta impresionante, sólo es resultado del comportamiento real de los fenómenos aleatorios; de hecho, los estadígrafos han resaltado que las series de números verdaderamente aleatorios deben incluir una cierta cantidad de coincidencias para realmente serlo. Un conjunto de números presentados supuestamente al azar, pero que nunca muestre ciertas regularidades, no representa una serie en verdad aleatoria. Lo anterior quiere decir que las coincidencias deben presentarse con una frecuencia calculable; la ausencia de esas casualidades resulta un fenómeno extremadamente improbable, y en general ello revela que alguien le ha metido mano a la serie numérica, supuestamente representativa de un fenómeno real, para presentada como un auténtico fruto del azar.

El factor común de estos intentos por elucidar mágicamente los grandes desastres resulta ser el hecho de que ninguna de estas interpretaciones podía haber servido para prever lo ocurrido; la interpretación mágica de predicciones caprichosas o de la presencia de números u objetos sólo sirve para elaborar sobre ellas después de ocurridos los hechos, careciendo así de aquello que los expertos llaman aplicabilidad tecnológica.

Referencias:

Radford, Benjamin. Bogus Nostradamus Prophecies. Skeptical Inquirer. No. 25-6. November 200 l.

Radford, Benjamin. Bogus Nostradamus Prophecies. Skeptical Inquirer. No. 25-6. December 200 l.

Publicdo originalmente en Ciencia y Desarrollo No. 163, México, marzo abril 2002.

Designio inteligente

DESIGNIO INTELIGENTE[1]

Mario Méndez Acosta

Los biólogos y paleontólogos estadounidenses viven sujetos a un increíble asedio de parte de los grupos religiosos fundamentalistas, y los órganos de gobierno o de control de la enseñanza en diversos estados, hacen que en los programas de aprendizaje de las ciencias biológicas de secundaria y de estudios superiores se elimine toda referencia a la evolución darwiniana de las especies o bien, obligan a que ésta se considere como una simple hipótesis, para favorecer así la interpretación bíblica de la creación. Una y otra vez, los educadores y científicos han ganado juicios que les permiten seguir adelante con su labor, sin embargo, la tarea de defensa es desgastante y muchos editores, para ahorrarse problemas, eliminan toda referencia a la evolución en sus textos de biología, problema que no existe en México, por la sencilla razón de que tanto Pío XII como Juan Pablo II la aceptaron como una explicación muy probable del desarrollo de la vida en el planeta.

Pero los creacionistas han evolucionado. Muchos de ellos, sobre todo los integrantes de los medios académicos, ya no defienden directamente la versión del Génesis ni sostienen que el mundo fue creado en siete días hace unos diez mil años. A cambio de ello afirman que existe algo que denominan «designio inteligente», según el cual, la bioquímica de la vida, y la aparición de especies cada vez más complejas no pueden explicarse mediante la teoría de la selección natural propuesta por Darwin, y aseguran que tanto para la presencia de la vida como para entender ciertos momentos de sus complejos avances, no queda otra explicación que la intervención sobrenatural de una inteligencia superior; es decir, que la vida en la Tierra es evidencia clara de un designio inteligente. La mayoría de los científicos no hace mayor caso de la serie de publicaciones de este tipo y de los ataques en revistas abiertamente seudocientíficas o de baja calidad académica. Al ser confrontado por alguien, para que opinara sobre la intervención divina en el proceso evolutivo, el biólogo Carten Brecht señaló que si eso era verdad resultaba evidente que el Señor tiene gran predilección por los coleópteros (escarabajos), ante el descomunal número de especies que existen de este tipo insectos.

Uno de los más conocidos proponentes de la hipótesis del designio inteligente es Michael Behe, bioquímico de la Universidad de Lehigh, en Pennsylvania. Según él, la complejidad de las moléculas del material genético, constituido por el ADN y el ARN, es tal que no existe posibilidad alguna de que de las sustancias existentes en los mares de la Tierra durante el precámbrico pudieran haber surgido compuestos tan complejos y especializados, a los que llama «máquinas moleculares irreductiblemente complejas». Asimismo, rechaza los experimentos de Stanley Miller y Harold C. Urey, quienes en los años cincuenta, en un laboratorio, simulando las condiciones de vida en el océano y con descargas eléctricas similares a los rayos primitivos, obtuvieron los aminoácidos, compuestos orgánicos muy complejos, sin embargo, los intentos por obtener compuestos todavía más complicados, sobre todo las moléculas autorreplicantes, han fracasado. Muchas teorías se han propuesto respecto a cómo se podría haber dado ese salto, pues resulta evidente que, en las condiciones naturales el surgimiento de la vida tardó por lo menos 500 millones de años -y no unas pocas semanas en cualquier laboratorio-, pero aún así es claro que no se conoce cómo surgió ese primer antepasado, capaz de reproducirse haciendo copias de su propio material genético. Lo anterior no justifica una explicación sobrenatural, misma que, de existir, necesitaría a su vez justificar por qué ocurrió en ese momento y no en una etapa posterior de la evolución.

Por fortuna, existe evidencia de que en el fondo de los mares, en los sitios de donde surge material ígneo del interior el planeta, se presentan condiciones mucho más afines al desarrollo de moléculas complejas. Las objeciones de Behe están siendo respondidas una por una, y hay varias explicaciones teóricas de cómo dichas máquinas moleculares pudieron haber evolucionado de mecanismos más primitivos.

Otro proponente de la hipótesis ad hoc del designio inteligente es William Oembski, teórico de la información, quien señala que la evolución darwiniana, o sea la selección natural, es incapaz de acumular los datos novedosos que requiere un proceso evolutivo. Lo anterior se basa en algunas observaciones sobre el comportamiento de las partículas atómicas, mismo que casi siempre muestra características reversibles, en tanto que los fenómenos irreversibles y los cambios hacia una complejidad mayor ocurren en el mundo macroscópico, y hasta en simulaciones con juegos de computadora es posible observar cómo la selección natural acumula informes útiles y nuevos de generación en generación, estructuras viables creadas por azar que sobreviven mejor que otras variantes menos aptas para reproducirse. Lo interesante es que las objeciones de Oembski, lo único que hacen es subrayar lo poderoso de los procesos darwinianos, si se les da el tiempo suficiente, y una tasa de mutaciones aleatorias lo bastante elevada como para producir rápidamente variantes mejor adaptadas a cada cambio del medio.

Lo curioso del caso es que si consideramos que en efecto son verdaderas, las objeciones de los proponentes del designio inteligente, la conclusión que podemos sacar es poco útil para cualquiera que desee conocer la realidad del universo. Se concluiría así que es inútil seguir investigando en la bioquímica del origen de la vida, y que pierden su tiempo los miles de laboratorios que van logrando esclarecer estos difíciles problemas en el mundo. Se concluiría también que existe una deidad creadora de un universo con leyes y fenómenos naturales que casi alcanzan a explicar el funcionamiento de toda la materia, excepto en el caso en que ella tiene que intervenir personalmente para cubrir un salto entre materia orgánica y ciertas estructuras, también orgánicas, un poco más complejas, que logran construir sus propias réplicas y que no ha sido posible explicar con claridad por parte de los científicos. Extraño designio sería ese.

REFERENCIAS

Behe, Michael J. Darwin ‘s Black Box, Free Press, N.Y. 1996.

Oembski, William A. The Bridge Between Science and Theology, Downwers Grove, 1999

Taner Edis. «Darwin in Mind», Skeptical Inquirer, Vol. 25 No. 2, marzo-abril 2001, Arnherst, N.Y.


[1] Publicado originalmente en Ciencia y Desarrollo No. 160, México, septiembre-octubre del 2001, Págs. 96-97.

Materia negativa

MATERIA NEGATIVA

Mario Méndez Acosta

La ilusión de lograr aquello que las leyes de la física y la naturaleza del cosmos nos dicen que no se puede, ha llevado a muchos estudiosos, inconformes con esas restricciones, a proponer salidas teóricas que podrían cumplir tales sueños. La ilusión de obtener energía ilimitada, limpia y gratuita, de conocer el futuro, o más bien dicho, de saber los efectos antes de que las causas se materialicen, estimula la imaginación de muchos inconformes con el hecho de que, al menos en este universo, no se puede obtener algo a cambio de nada, o como lo expresan los anglohablantes, no existe tal cosa como un almuerzo gratuito.

Uno de los conceptos más interesantes propuestos dentro de esta corriente es el de la posible existencia de algo que se puede llamar «materia negativa». Se trata de agregados de partículas elementales, tal vez, organizadas en átomos, que tienen masa negativa. No hay que confundir la materia de masa negativa con la antimateria, esta última constituida por partículas de masa positiva, pero de carga eléctrica de signo opuesto a la de la materia común y corriente. Tampoco debe confundirse con la llamada materia oscura, que supuestamente aporta más del 90% de su masa a las grandes galaxias y que, como se ha comprobado, no se encuentra en las estrellas que las integran.

Forward Un físico estadounidense y autor de ciencia ficción, el doctor Robert L. Forward, se ha dedicado a estudiar con toda profundidad y rigor las extrañas implicaciones de la existencia de la materia de masa negativa, su interacción con la materia de masa positiva y las fantásticas aplicaciones tecnológicas que podría tener en el diseño de un propulsor o motor para conducir naves interestelares con un altísimo rendimiento energético. El efecto clave que permitiría aprovechar la materia negativa, si ésta existiera, es que puede demostrarse analíticamente que un objeto de masa negativa rechazará gravitatoriamente tanto los objetos de masa negativa como de masa positiva. Es decir, en esta masa negativa, el vector de la fuerza de gravedad que actúa en un punto del campo que genera, tiene el signo cambiado o, más bien dicho, la dirección contraria. Por su parte, la materia común y corriente, con masa positiva, atraerá gravitacionalmente tanto otros objetos de masa positiva como aquéllos de masa negativa.

Lo anterior significa que si colocamos juntas dos esferas del mismo tamaño y densidad -flotando en el espacio, lejos de toda fricción y de la interferencia de la gravedad de la Tierra-, una de masa positiva y otra de masa negativa, la última será atraída por la de materia positiva, pero ésta a su vez será rechazada por la negativa y se alejará de ella de inmediato con igual aceleración, manteniéndose las dos a la misma distancia. Ambos objetos empezarán, entonces, a trasladarse con un movimiento uniformemente acelerado a lo largo del eje que une el centro de las dos esferas en dirección a la de materia positiva. Asimismo, se puede demostrar que este fenómeno respetaría las leyes de la conservación de la materia, la energía y el impulso.

Forward demuestra, además, que si a ambos objetos se les liga con un resorte tensado y enganchado a las dos esferas en cada extremo, la aceleración del movimiento se incrementa en la misma medida que la fuerza que se dé al resorte en tensión, por lo que la aceleración del par de esferas podría controlarse al regular la tensión del mismo resorte. Forward diseñó así un propulsor práctico que puede constituirse en un motor de una nave interestelar utilizable. Se trata del propulsor Nullor -o anulador-, consistente, ya no en dos esferas, sino en dos grandes anillos, uno hecho de materia positiva y el otro de materia negativa’ cuya distancia puede regularse.

Según Forward, con este diseño, en el punto medio del eje central, que une a su vez el centro de los huecos interiores de los dos grandes anillos, se produce una fuerza -una antiaceleración- que anula de manera exacta el efecto que tendría en un posible tripulante la aceleración de todo el sistema, convertido ya en nave interestelar; y de este modo desaparecería el inconveniente que limita el poder de aceleración de una nave de este tipo a la resistencia del ser humano. Dicha resistencia no es mayor a 10 veces la aceleración de la gravedad por un periodo no muy prolongado. El propulsor anulador permite aceleraciones ilimitadas y el traslado de un pasajero en un tiempo muy breve a cualquier punto de la Vía Láctea o de galaxias cercanas, todo esto sin violar ninguna ley de la conservación de la energía o restricción relativística.

Cada nave del tipo mencionado tiene una masa total igual a cero, por lo que en teoría puede acelerarse por arriba de la velocidad de la luz, dado que este límite sólo se aplica a objetos con masa y por lo tanto con inercia. Lo anterior también indica que en ese punto, entre los dos anillos, no se presentarán los efectos relativistas de desaceleración del transcurso del tiempo para el pasajero y, así éste experimentará el mismo transcurso del tiempo que percibe un observador en reposo relativo.

Lo anterior suena muy bien, y si acaso en el futuro existe una solución al problema del viaje interestelar práctico, tendrá que salir de un hallazgo o desarrollo exactamente de este tipo. Pero, de momento, el problema en este caso es dónde puede uno encontrar materia de masa negativa. Para los que han analizado de manera crítica las teorías de Forward, estas fabulosas conclusiones sólo revelan que algo como la materia de masa negativa no puede existir, y él replica que en el universo se han localizado, en las regiones intergalácticas, enormes zonas vacías, carentes totalmente de galaxias visibles, que actúan como burbujas en la enorme espuma cósmica. Si en tales burbujas existiera materia negativa, la distribución de las galaxias sería la que se observa.

Pero el problema es que esa materia oscura necesariamente tiene que tener masa positiva. El comportamiento de la expansión del universo a largo plazo muestra que la cantidad de masa en el mismo es mucho más elevada de lo que representan las galaxias visibles, y la materia oscura es de masa positiva.

La teoría de la supersimetría de la materia postula la existencia de todo un conjunto dual de partículas subatómicas, similar al que forman las partículas de materia común y corriente. Sin embargo, la conclusión que han sacado los teóricos es que esta materia, de existir en forma organizada, no interactuaría con la materia ordinaria, pasaría a través de ella, como si fuera un fantasma así, la única interacción sería el efecto gravitatorio que ejercerían una sobre otra, y éste resultaría de atracción. Esa materia dual no es la materia negativa que busca Forward.

Higgs En realidad, el problema de fondo está en que lo que le brinda masa a las partículas que la poseen, los bariones, parece que forman cierto campo creado por una partícula hipotética, llamada el bosón de Higgs -en honor del físico que la postuló, Peter Higgs, de la Universidad de Edimburgo. En el modelo estándar de las partículas elementales, ahora en vigor, no hay necesidad de postular un antibosón de Higgs, que otorgue masa negativa a las mismas y, así, el sueño de la materia negativa y del vuelo translumínico tendrán que esperar a otra solución teórica creíble más afortunada.

Referencias

Forward, Robert L. «The Negative Matter Space Drive», Analog, agosto de 1990.

Forward, Robert L. «Negative Matter Propulsion», Journal of Propulsion and Power, enero de 1990.

Lederman, Lean. The God Partic1e, Delta Books, 1993.