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Fuego de San Elmo (Final)

CEPILLOS Y DESCARGAS EN CORONA

Durante las tormentas y en los casos en que el campo eléctrico de la atmósfera se hace especialmente grande (tormentas de nieve o polvo, ráfagas de granizo, etcétera), frecuentemente se observan descargas luminosas, de un tipo especial, en puntos y bordes puntiagudos de objetos que sobresalen de la superficie de la tierra. Estas descargas «“los fuegos de San Elmo- ocurren frecuentemente en las montañas que poseen proyecciones puntiagudas de rocas, torres árboles, etcétera. Usualmente van acompañadas de un estallido o silbido característico. Pueden durar varias horas y se observan en cualquier parte y en todas las estaciones del año[1].

Las descargas silentes son simplemente una forma en «cepillo» de la descarga en corona. Estas descargas aparecen cuando la fuerza del campo alcanza grandes valores cerca del electrodo (punta). En el estado inicial de la descarga en corona aparece cerca del electrodo una descarga auto sostenible «“cuando la fuerza del campo no es muy grande-, debida a los movimientos de los iones formados bajo la influencia de los ionizadotes atmosféricos. Su corriente es pequeña e independiente de la densidad de formación de iones. Cuando la fuerza del campo alcanza cierto valor crítico, el cual está determinado por la forma del electrodo y por la densidad del aire, el gas comienza a brillar repentinamente, con una luz azul cerca del electrodo y aparece un sonido característico, mientras que la corriente en el punto se incrementa a valores de micro amperes o más.

El calentamiento y brillo son una consecuencia de la ionización y excitación de las moléculas del gas y de los átomos del mismo, bajo la influencia de los electrones acelerados por el intenso campo electromagnético.

El tamaño de este brillo se incrementa con un posterior aumento, y aparece sobre la punta un cono en forma de brocha, consistente en finas y luminosas corrientes, que se mueve rápidamente.

El brillo se distribuye regularmente dentro de un cono de cerca de 90° en el vértice (extremo de la punta), cuando la punta está cargada positivamente (corona positiva). Se desarrolla una avalancha de electrones desde el extremo de la corona hacia la punta; mientras que los iones positivos permanecen estáticos dejando un espacio cargado positivamente, el cual debilita el campo en la vecindad inmediata de la punta. Debido a esto, la corona parece estar localizada no sobre la punta directamente, sino a una corta distancia de la misma. La longitud de las descargas en brocha alcanza algunas veces los 45 centímetros.

En las coronas negativas el desarrollo de las cintas empieza en la misma punta y los electrones viajan en el espacio alrededor de la punta, donde se combinan con las moléculas del gas, dando la apariencia de que existe un espacio cargado negativamente. Esta corona es más pequeña y más estrecha que la positiva; la longitud de las cintas es de 2 ó 3 centímetros. Las cargas espaciales alrededor de la punta tienen el mismo signo que la punta misma y pueden debilitar el campo si no existe una difusión en el espacio que las rodea, y con ello provocar la extinción de la corona. Por lo tanto, esta corona, por lo regular, no es constante y fluctúa continuamente ya que tiene un carácter intermitente.

Bajo condiciones naturales, la corriente de la punta «i», el campo eléctrico «E» y la velocidad del viento «v» están relacionados como sigue:

I = k(E «“ C)v

donde «k» y «C» son constantes que dependen de la forma y dimensiones de la punta, del signo del campo y de otros parámetros.

SAN ELMO DE LA MONTAÑA

Camille Flammarion relata en su libro The Atmosphere[2] un caso interesante acerca de los fuegos de San Elmo en las montañas, del que es autor el célebre naturalista francés Ferdinand de Saussure. En 1867 estuvo con varios compañeros en una cumbre en los Alpes, de más de tres kilómetros de altura.

«Los que habían realizado la escalada acababan de dejar junto a una peña sus bastones con conteras de hierro y se disponían a comer, cuando Saussure sintió en los hombros y en la espalda un dolor, que parecía estar producido por agujas que se le hincaran lentamente en el cuerpo» «suponiendo «“dice Saussure- que en mi capote habían caído alfileres, me lo quité, pero no sentía alivio, sino, por el contrario, el dolor se hizo más intenso y se extendió a toda la espalda, desde un hombro a otro; este dolor iba acompañado de cosquilleo y de pinchazos dolorosos, como si por mi piel anduviera una avispa y la llenara de picaduras. Después de quitarme rápidamente mi segundo abrigo, no encontré nada que pudiera producir esta afección. El dolor proseguía y empezó a parecerse a una quemadura. Pensé que se había inflamado mi jersey de lana. Estaba ya dispuesto a desnudarme, cuando me llamó la atención un ruido parecido al abejorreo. Este ruido procedía de nuestros bastones apoyados en la peña; era semejante al ruido que hace el agua caliente en vísperas de arrancar a hervir. Todo esto duraría unos cinco minutos.

«Comprendí entonces que la sensación dolorosa era debida al flujo eléctrico procedente de la montaña. Sin embargo, como era de día, no vi ningún resplandor en los bastones. Estos producían el mismo ruido agudo cuando, teniéndolos en la mano, dirigíamos las conteras de hierro hacia arriba, hacia abajo y horizontalmente. Del suelo no salía ningún sonido.

«Al cabo de algunos minutos sentí que se me erizaban los pelos de la cabeza y la barba, parecía que me estaban pasando una navaja de afeitar seca por la barba fuerte y crecida. Mi joven ayudante gritó que se le erguían los bigotes y de la parte superior de sus oídos emanaban fuertes corrientes. Al levantar la mano sentí cómo la corriente salía de mis dedos. En una palabra, la electricidad emanaba de los bastones, de las ropas, de los oídos, de los pelos, de todas las partes salientes del cuerpo.

«Abandonamos rápidamente la cumbre de la montaña y descendimos unos cien metros. A medida que íbamos bajando, nuestros bastones emitían cada vez un sonido más débil; por fin el sonido se hizo tan sordo, que sólo podía oírse llevándose el bastón al oído»»

Yákov Isidórovich Perelmán presenta otros casos interesantes de aparición de los fuegos de San Elmo en su libro Problemas y experimentos recreativos[3].

«La emanación de electricidad de las peñas prominentes se observa con frecuencia cuando el cielo está cubierto de nubes bajas que pasan a poca altura de las cumbres.

«El 10 de julio de 1863, Watson y varios turistas más, ascendieron al puerto de Jungfrau (en los montes suizos). Hacía una mañana magnífica, pero ya cerca del desfiladero, los viajeros tuvieron que aguantar un viento fuerte con pedrisco. Se oyó el horrísono bramar del trueno, y poco después Watson percibió un sonido silbante procedente de su bastón; este sonido era parecido al de un calentador en que se inicia la ebullición. Los viajeros se detuvieron, y notaron que sus bastones y hachas emitían el mismo sonido y no dejaron de sonar ni después de clavar uno de sus extremos en tierra. Uno de los guías, que se quitó el sombrero, comenzó a gritar que le ardía la cabeza. Y, efectivamente, sus cabellos estaban erizados como si los tuviera electrizados. Todos experimentaban sensación de cosquilleo en la cara y en otras partes del cuerpo. Watson tenía los cabellos completamente en punta. En los extremos de los dedos, cuando los movíamos en el aire «“dijo Watson-, se oía el silbido eléctrico».

FUEGOS DE SAN ELMO EN EL INFORME CONDON

El siguiente es un reporte de un piloto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, que apareció en el Informe Condon, Capítulo 7, Sección 8[4] habla de los Fuegos de San Elmo pero se detiene en la descripción de las centellas en aviones en vuelo:

«Las centellas más pequeñas siempre las asocio con el fenómeno conocido como Fuegos de San Elmo, sin embargo, el Fuego de San Elmo consiste generalmente de una especie de tela blanca que cubre los extremos de los aviones. No es muy brillante ni cegadora, pero si irrita los ojos y evita una buena recepción de radio. La «˜bola pequeña»™ varía de tamaño de 5 cm a 46 cm de diámetro y generalmente «˜rueda alrededor»™ del avión sin verse afectada por su movimiento. En una ocasión una bola pequeña (de unos 15 cm de diámetro) de color blanco amarillento, se formó en la punta de mi tanque izquierdo, de mi F-94B, y luego rodó por el ala, subió por la carlinga, cruzó el ala derecha hasta el otro tanque y de ahí comenzó el trayecto inverso. Por un momento la deje de observar, pero mi copiloto me dijo que había desaparecido espontáneamente, tal y como había llegado. Yo había visto este tipo de fenómenos varias otras veces, pero nunca por un periodo de tiempo tan prolongado. Estimo que este episodio tendría una duración de unos dos minutos. Algunas veces las bolas son azules, azul verdoso, o blancas, pero hay más azul verdosas y blanco amarillentas. Podría interesarle que después del paso de la bola sobre mi avión, éste fue golpeado por tres ocasiones por relámpagos convencionales, los cuales fundieron unos 10 cm del extremo de los depósitos y soldaron otros 10 cm de la sección que cubre mis luces de cola».

Thomas Bowen, un estudiante de postgrado de la Universidad de Colorado estaba escalando el Chimborazo, una montaña aislada en Ecuador, cuando tuvo una experiencia similar. En el Informe Condon también aparece este relato.

La montaña es en realidad una meseta con un diámetro de unos 400 metros y una altura de 6,266 metros sobre el nivel del mar. El y su compañero dejaron el campo, a 5,700 metros, la mañana del 1 de marzo de 1968. A las 10 a.m. se comenzaron a formar nubes en la cresta, y empezó a caer una pequeña cantidad de granizo. Cuando alcanzaron la meseta, entre las 2 y 2:30 p.m. estaba completamente nublada. Justo cuando comenzaron a tomar las tradicionales fotografías, el granizo comenzó a caer más fuerte. Repentinamente sintieron una extraña sensación en sus cabezas, que describieron como descargas eléctricas acompañadas de sonidos y zumbidos. Sus goggles de aluminio comenzaron a vibrar, y su cabello se paró en punta. Los deportistas se hundieron en la nieve y esperaron. La tormenta se oía a la distancia. Pronto se dieron cuenta que en cuanto sacaban la cabeza del refugio, regresaban los efectos eléctricos. Parecía como si tuvieran una capa que los oprimiera. Después de esperar por media hora, se arrastraron sobre sus estómagos, durante una hora y media, hasta recorrer la totalidad de los 400 metros y poder bajar por la pendiente. Después de descender 60 metros, encontraron que, finalmente, se podían poner de pie. En este momento la caída de granizo y los sonidos de la tormenta habían cesado.

Fue por estas características que el fuego de San Elmo era considerado como un maleficio satánico o como un aviso del santo varón para que los marinos se precavieran sobre la inminencia de la tormenta[5].

En muchos casos de modernos encuentros cercanos, los testigos han mencionado esa especie de «campo electromagnético», la sensación de enfrentarse a «energías desconocidas». Se habla del famoso «efecto electromagnético» que produce interferencias en aparatos eléctricos e, incluso, llega a detener automóviles. Qué podemos decir de los supuestos abducidos que mencionan cómo su cuerpo es perforado por minúsculas agujas, con las que los extraterrestres los inspeccionan, a la vez, que les implantan objetos desconocidos para monitorear sus movimientos. No olvidemos, tampoco, las luces como parte esencial del fenómeno San Elmo y que bien se pueden asimilar a la iconografía ufológica. Están, también, los efectos de parálisis que bien pueden ser confundidos con los síntomas que presenta una persona expuesta a intensos campos eléctricos. Y recordemos que Michael Persinger ha señalado la importancia de estos campos en la formación de visiones o alucinaciones provocadas por la estimulación del lóbulo temporal. Finalmente mencionemos que muchos cultos ufológicos y otros tantos de la nueva era, acostumbran «cargar las pilas» en lugares elevados como montañas y pirámides. Para estos adoradores de lo desconocido podríamos tener una recomendación: en lugar de ir a Teotihuacan el 21 de marzo, inténtenlo en cualquier montaña elevada, solitaria y sin árboles en una época del año que vaya de finales de mayo a finales de octubre. Si no se «cargan de energía» por el efecto corona, con suerte, podrían recibir la descarga de un rayo que los enviaría directamente a «otros niveles».

Otro consejo para personas más cuerdas: cuando en la montaña sienta la presencia de electricidad estática o vea algún fenómeno tipo San Elmo, descienda rápidamente o busque refugio. Todo indica la proximidad de una tormenta, que puede presentarse entre media hora y dos horas después. No trate de tener un «encuentro cercano» ni «cargarse las pilas».

Sin salirnos del aspecto ufológico del fuego de San Elmo tendríamos que mencionar que las famosas «Luces de Marfa», también fueron explicadas como una descarga en corona por Kahl y Curt Laughlin, éste último superintendente del Observatorio McDonald, cercano al lugar[6].

No cabe duda que los fuegos de San Elmo son un fenómeno desconcertante que ha dado lugar a infinidad de leyendas.

REFERENCIAS

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Anonym, St. Elmsfeuer auf den Orkney-Inseln, Annalen der Physik und Chemie, Leipzig, vol. XXXXVI, 1839, No. 4, p. 659-660.

Anonymous, Artificial Aurorae, Symon’s Monthly Meteorological Magazine, 18:33, 1883.

Anonymous, Curious Electrical Phenomenon on Pike’s Peak, Scientific American, 47:16, 1882.

Anonymous, Remarkable Discharge of Atmospheric Electricity, Scientific American, 58:210, 1888.

Anonymous, Remarkable Electrical Phenomenon, Quarterly Journal of the Royal Meteorological Society, vol. 22, 1896, p. 295.

Anonymous, Silent Discharges, Knowledge, 10:26, 1913.

Anonymous, St. Elmo»™s fire, Astronomie-Québec, November-December, 1991, p. 12-13.

Anonymous, The Fires of St. Elmo, Scientific American, 41:234, 1879.

Anonymous, The Flying Dutchman, Scientific American, vol. 54, 1886, p. 279.

Botley Cicely M., St. Elmo’s Fire in Egypt, Meteorological Magazine, 73:96, 1938.

Bowlker C. A. C., Atmospheric Electricity, Nature, vol. 40, p. 55, May 16, 1889.

D’Amato A., La leggenda di S. Elmo, Lares, vol. VIII, No. 4, December 1937, p. 319-320.

De Ritis Beniamino, Ortona, Rome, T. Aquino, 1925. (Algunas páginas sobre la llamada «Lume di San Tommaso», un «meteoro» extraño que se ve en ocasiones sobre la iglesia de Ortona, en el Mar Adriático, desde el siglo XIII)

Felici Maria Luisi, Alla scoperta dei fuochi di Sant’Elmo, Il Giornale dei Misteri, Florence, Tedeschi, No. 351, January 2001, p. 25-26.

Grigor’ev A. I., Capillary electrostatic instabilities, texto en Ruso, 2000, p. 37-43, on line en: http://www.issep.rssi.ru/pdf/0006_037.pdf

Kleefeld Alwin, Eine Beobachtung des Sanct-Elmsfeuer, Annalen der Physik und Chemie, Leipzig, vol. CXII, 1861, No. 4, p. 643-644.

Lorscheid S., St. Elmsfeuer in Münster, Annalen der Physik und Chemie, Leipzig, vol. CXLIX, 1873, No. 7, p. 431-432.

Lucas Robert, Electrical Phenomenon in Mid-Lothian, Nature, 32:343, 13 August 1885.

M. J. McV., St’Elmos Fire, Nature, vol. 89, p. 7, 1912.

Mohr, Beobachtung eines St. Elms-Feuers, Annalen der Physik und Chemie, Leipzig, vol. XXXIV, 1835, No. 2, p. 370-373.

Morr F. T., Curious Electric Phenomenon, Nature, 1st July 1880, p. 193.

Napoletano Raffaele, I fuochi di Sant’Elmo. Studio critico, Nola, Tipografia Rubino, 1932, p. 78.

Ossola Franco, Dizionario Enciclopedico di Ufologia, Milano, SIAD, 1981, volume 1, «Fuochi fatui» e «Fuochi di Sant’Elmo», p. 399-401.

Pietro (Colonna) Galatino (OFM), De arcanis catholice veritatis, impressun in Orthone maris, XV februari 1518 apud Hyeronimus Soncini. (En el colofón, en una nota del editor, el tipógrafo judío Hyeronimus Soncini, documenta por vez primera las luces misteriosas de Ortona, en la costa del Adriático. Es «Il lume di San Tommaso» que se dice se ve sobre la catedral de Ortona, especialmente durante las tormentas.).

Piper Ferdinand, Das St. Elmsfeuer, Annalen der Physik und Chemie, Leipzig, vol. LXXXII, 1851, No. 2, p. 317-326

Saint-Laurent France, Effet Couronne et Décharges Electro-Atmospheriques, The Journal of Meteorology, England, vol. 16, No. 161, September, 1991, p. 238-241. (Luces recurrentes vistas por observadores cualificados en Quebec en 1988-89 relacionadas con descargas atmosféricas, e. d. Fuegos de San Elmo)

Tomlinson Charles, Atmospheric Electricity, Nature, vol. 40, p. 102, May 30, 1889.

Traill William, St. Elmo’s Fire Seen in Orkney, Edinburgh New Philosophical Journal, 23:220, 1837.

Traill William, St’Elmo’s Fire Seen in Orkney, Franklin Institute, Journal, 24:362, 1837.

van der Pohl Balthasar, Bead-Corona on Radio Antenna, Nature, vol. 130, No. 3287, October 29, 1932, p. 662.

Watt J. B. A., Electric Phenomenon, Nature, vol. 32, 1885, p. 316.

Zibra Ernst von, Elsmsfeuer und Erd-Erschütterungen in Franken, Annalen der Physik und Chemie, Leipzig, vol. XXXXVI, 1839, No. 4, p. 655-658.

Diversas fotografías de descargas en cepillo y corona en el laboratorio.

Camille Flammarion, relató varios episodios de Fuegos de San Elmo en su célebre The Atmosphere

El naturalista y lingüista francés Ferdinand de Saussure tuvo un «encuentro cercano» con un fuego de San Elmo.

Yákov Isidórovich Perelmán fue uno de los mejores divulgadores de la ciencia del siglo pasado.

El doctor Condon también se ocupó de los fuegos de San Elmo, a través del doctor Altschuler, como posible explicación para algunos casos de Ovnis.

Persinger es el científico que más ha estudiado los fenómenos lumínicos «anómalos»

Algunos han interpretado las luces de Marfa como un efecto de la electricidad atmosférica.

El doctor Martin D. Altschuler, físico de plasmas, fue el encargado de redactar el Capítulo 7, sobre electricidad atmosférica.

La electricidad estática que se forma en días de tormenta y sobre las montañas puede, literalmente, poner los pelos de punta.

Efecto corona, mejor conocido como Fuego de San Elmo, en líneas de alta tensión.

Dibujo de Jim Brogden: capilla en los Alpes, con Fuego de San Elmo.

Ilustración de principios del Siglo XX que muestra unos marinos tratando de arriar las velas durante una tormenta. En el extremo de la verga aparece una «Luz de Pedro» o Cozmozant (Fuego de San Elmo).

El efecto más impresionante es cuando en alta mar todos los palos y mástiles del barco se ven coronados con una descarga en corona.


[1] Tverskoi P. N., Physics of the atmosphere. A course in meteorology, NASA Technical translation, NASA TT F-288, NTIS; Sprinfield, Va., 1965.[2] Flammarion Camille, The Atmosphere, J. Glaisher (ed.), Harper and Brothers, New York, 1874.[3] Perelmán Yákov Isidórovich, Problemas y experimentos recreativos, Editorial MIR, Segunda edición, Moscú, 1983, páginas 104-105.

[4] Altschuler D. Martin, Atmospheric Electricity and Plasma Interpretations of UFOs, Section 8, in Condon Edward U,. Scientific Study of Unidentified Flying Objects, Chapter 7, Dutton, New York, 1969.

[5] Morales Juan José, Mitos y leyendas del mar, Editorial Posada, Colección OMNIA, México, 1984.

[6] Mulholland Derral, What are those lights?, Science 84, Vol. 5, No. 2, marzo 1984, p. 32.

Fuego de San Elmo

FUEGOS DE SAN ELMO[1]

 

«I boarded the Kings’ ship; now in the beak,

Now in the waist, the deck, in every cabin,

I flamed amazement; sometimes I’d divide

And burn in many places; on the topmast,

The yards and bowsprit, would I flame distinctly,

Then meet and join.»

«He abordado la nave del rey «“dice Ariel en La Tempestad-, y ora sobre proa, ora en los costados, ora en cubierta, ora en las cámaras, por doquier he encendido el asombro. Tan pronto me dividía, y ardía entonces por aquí y por allá, y llameaba separadamente en el palo mayor, en el bauprés y en las vergas, como me reunía de nuevo juntando todas mis llamas»¦»

 

La Tempestad, Acto I, Escena 2[2]

 

San Elmo o San Erasmus (303 d. C.?, Formia, Italia) fue uno de los primeros obispos cristianos. Es el patrono de los marinos quienes lo asociaron románticamente al fuego de San Elmo (o San Telmo). Es uno de los mártires que constituye los «Catorce santos de ayuda», un grupo de santos venerados conjuntamente en la Alemania medieval. Fue obispo de Formia (antigua Formiae) donde murió martirizado, probablemente durante la persecución de cristianos por el emperador Diocleciano. De acuerdo con el Papa San Gregorio I el Grande, sus reliquias están en la catedral de Formia. Después de que los sarracenos destruyeron Formia en el 842, el cuerpo de Erasmus fue transferido a Gaeta (Italia). Varios actos espurios han embellecido la leyenda. De acuerdo con esto, él fue obispo de Siria y resistió milagrosamente las torturas de Diocleciano en Líbano y después fue guiado por un ángel a Formia. Se le confunde con el sirio San Erasmus de Antioquia (25 de noviembre), aunque algunos proponen que es la misma persona.

San Rudolf escribió la biografía de San Elmo hacia el año 1130. En su «Vida de San Elmo», escribe:

«Una noche de gran tormenta, San Elmo se dirigió a visitar al Obispo de Auvergne, Ranco, quien se encontraba en cama por enfermedad. Los discípulos de Elmo le acompañaban en el camino, pero era tal la oscuridad, que prácticamente estaban imposibilitados de seguir adelante.

«Elmo comenzó a encender una vela, lo cual sorprendió a sus discípulos ¿Acaso pretendía San Elmo que tal vela permaneciera encendida enfrentando semejante noche torrencial?

«Pese a las dudas de sus acompañantes, la lluvia que caía a cántaros y las ráfagas de viento no pudieron apagar la vela, y San Elmo logró llegar a su destino.»

Debido a esta leyenda, San Elmo ha sido adoptado como patrono de los marinos del Mediterráneo, quienes han visto el destello que acompaña a la descarga en cepillo que aparece sobre los mástiles de los barcos durante las tormentas. Elmo es la corrupción italiana de Erasmus (a través de Ermo), otras derivaciones etimológicas incluyen Ramus, Eramus, Ermo, Elm, Elme y Telmo. Este último es en realidad el pseudónimo adoptado por Pedro González, el cual los marinos españoles y portugueses veneran como patrón. De aquí que en Portugal el fenómeno se conozca como «Luces de Pedro». La fecha de veneración del santo es el 2 de junio. Este San Telmo es venerado en España, y especialmente en Sevilla. Nació en Astorga hacia 1190 y que murió en Tuy en 1246. Fue primero canónigo en Astorga para después ingresar en la orden dominica, donde destacó como predicador elocuente, sabiéndose que acompañó al rey Fernando III El Santo en sus conquistas. Se le representa en pinturas en donde el santo aparece en pie, revestido del hábito negro y blanco propio de los dominicos; lleva en su mano derecha una vela encendida, aludida a la luz que se considera como fuego de San Telmo, y en la izquierda una pequeña nave como símbolo de protección hacia los navegantes.

También se le ha llegado a conocer como San Nicolás y San Hermes, Corpusante o Corpus Santos.

Al fuego de San Telmo, fuego de San Elmo, feu Saint-Elme o St. Elmsfeur se le conocía con el nombre de Helena por los romanos, en el caso de que fuese una llama solitaria, y si la llama era doble, Cástor y Pólux. Creían que era el númen protector de Cástor y Pólux.

Séneca decía que eran estrellas que se posaban en los palos de los buques.

Julio César escribió en sus Comentarios de la guerra de las Galias:

«En el mes de febrero, alrededor de la segunda hora de la noche, apareció repentinamente una nube seguida de una tormenta de granizo, y en la misma noche las puntas de las lanzas de los soldados que pertenecían a la Quinta Legión, parecían estar en llamas».

Francesco Antonio Pigafetta, quien acompañó a Magallanes en su expedición (1519-1522), relata con gran viveza, la aparición de este fenómeno en el transcurso del viaje. El cronista del viaje escribe, en su «Relazione in torno al primo viaggio di circumnavigazione, noticia del Mondo Nuevo con le figure dei Paesa scoperti», lo siguiente:

«Aparecía en más de una ocasión el cuerpo Santo, esto es, Santo Elmo, como otra luz entre las nuestras, sobre la noche oscurísima; y de tal esplendor cual antorcha ardiendo en la punta de la gabia («¦) Cuando esa bendita luz determinaba irse, permanecíamos medio cuarto de hora todos ciegos, implorando misericordia y creyéndonos muertos ya».

Cristobal Colón, en su segundo viaje reportó uno de estos avistamientos:

«(Una) flama fantasma que danzaba entre nuestros marinos y que luego se quedó quieta como una vela quemándose brillantemente sobre el mástil… Cuando aparecía no había peligro».

Pocos años después Alvar Núñez Cabeza de Vaca sufrió tan fuerte impacto, al enfrentarse con uno de estos meteoros, que en su «Relación de los naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca», escribió:

««¦más estábamos cerca de la muerte que de la vida («¦) estuvimos pidiendo a Nuestro Señor misericordia y perdón de nuestros pecados».

En una nota de Francis Bacon sobre los trabajos de Plinio, afirmaba:

«Si es uno sólo, pronostica una tormenta severa, que puede ser todavía más intensa si la bola de fuego no esta adherida al mástil, sino que rueda y danza sobre él. Si hay dos de ellas, en el momento en que la tormenta se ha incrementado, se puede tomar como un buen signo. Pero si hay tres, seguramente la tormenta será terrorífica».

Charles Darwin escribió en una carta a J. S. Henslow que una noche cuando el Beagle estaba anclado en el estuario de Río de la Plata:

«Todo estaba en llamas, el cielo con sus relámpagos, el agua con sus partículas luminosas, y aún todos nuestros mástiles estaban coronados con una flama azul».

La aparición del Fuego de San Elmo se consideraba como un buen presagio, ya que comúnmente aparecía cuando la tormenta estaba amainando. Por eso se interpretaba como el resultado de las plegarias de los marinos dirigidas al santo.

En su novela Moby Dick, Herman Melville hace decir a Ismael:

«Todos los palos y las vergas estaban coronados con un fuego pálido, y al tocarse, tres relámpagos con tres anillos estrechos de flamas blancas, en cada uno de los tres mástiles, se quemaban en el aire sulfuroso, como gigantescos ciros en el altar… juro que en todos mis viajes nunca había oído que el dedo flamígero de Dios hubiera caído sobre la nave…»

Además de los mástiles de los barcos se les ha visto en las chimeneas, las torres y campanarios de las iglesias, las copas de los árboles y las cumbres de las montañas. Incluso se ha reportado en los cuernos del ganado, saltando de cuerno a cuerno. En el siglo XII un grupo de soldados vio como una «estrella» caminaba sobre los cuernos de un toro que se encontraba en una colina en la que luego se fundaría la ciudad de Teruel. En el escudo de la ciudad aparece la imagen del toro y la luz, recordando su origen.

Al iniciar la era de la aviación, el Fuego de San Elmo se trasladó de la tierra y los mares hacia el cielo. Ahora aparecía en los extremos de las alas, en las hélices y las antenas de los aviones. Incluso alteraba las comunicaciones de radio (efecto electromagnético).

Usualmente es de color púrpura, azul, blanco-azulado o blanco. La «flama» no desprende calor y dura unos minutos y hasta horas, pues no se consume. Algunos creen que el relato bíblico de la zarza ardiente, que no se consumía, pudiera tener un origen en este fenómeno. Ocasionalmente se reporta un ruido eléctrico. Lo que me recuerda que Moisés creía que Dios se comunicaba con él a través de la zarza; lo mismo que los extraterrestres hacían con Shraver a través del zumbido de su máquina de soldar.

Cuando Benjamín Franklin inventó el pararrayos se dio cuenta queel fenómeno aparecía en la punta de esos aparatos:

«Lejos de la nube y silenciosamente, antes de que estalle, en la punta se puede ver una luz como el corpuzante de los marinos».
En la novela San Elmo, escrita por Augusta Juana Evans, posteriormente a la Guerra Civil norteamericana, se narra la historia del santo. La novela fue tan popular que muchas poblaciones en los Estados Unidos fueron bautizadas con su nombre en Alabama, Tennessee, Georgia, California, Colorado, Illinois, Kentucky, Louisiana, Mississippi, Missouri, New York, Texas y Virginia. Augusta Evans era una firme antifeminista. En todas sus novelas, nunca fue más que una escritora mercenaria. Era tan superficial, moralista y pomposa que The New York Times se mofaba regularmente de ella, y una vez publicó una parodia de San Elmo, «San Twelmo».

Estos «fuegos» han provocado también pánico y leyendas en la imaginación popular. Pueden ser vistos, a veces, sobre los mástiles y las vergas de los barcos, sobre las torres de las iglesias, inclusive sobre las copas de los árboles, en días de tormenta. Este fenómeno era muy acentuado en los veleros, que generalmente llevaban varios mástiles y mucho aparejo. La aparición de esta luminosidad en la oscuridad era de efectos sorprendentes para los supersticiosos marinos de antaño, que desconocían la causa del fenómeno.

«Ciertas piezas de ropa, sobre todo las de nylon, acumulan electricidad estática en alguna cantidad; en la oscuridad produce una lluvia de chispas, por ejemplo al quitarse la ropa. A veces, estas ropas quedan rígidas o se mueven, pareciendo un «fantasma», aún cuando estén colgadas de las perchas, por efectos de pequeñas descargas eléctricas»- según el padre Óscar González Quevedo[3].

Existe una evidente e íntima conexión entre el más inofensivo de estos fenómenos flamígeros y los Cozmozants (o cuerpos santos) de electricidad estática que juegan en torno a los extremos de los mástiles de los barcos en alta mar. Esta carga estática fue la responsable de la catástrofe del Hindenburg. Se piensa que uno de los depósitos de gas, lleno de hidrógeno, había comenzado a dejar escapar su contenido antes de llegar al punto de amarre de Lakehurst. En los cientos de metros cuadrados de la superficie del gigantesco dirigible alemán, se había formado una gran carga de electricidad estática a causa de la fricción con el aire. Una chispa, producto de esa carga, produjo la ignición del hidrógeno[4].

LA DESCARGA EN CORONA

El fuego de San Elmo es un tipo especial de descarga eléctrica, llamada Descarga en Corona, que puede ocurrir en los objetos cuando el campo eléctrico cerca de ellos se incrementa por alguna razón. La descarga es luminosa y puede estar acompañada de un sonido audible. La Corona Eléctrica es un efluvio que se produce alrededor de los conductores cilíndricos, cuando se encuentran sometidos a una gran diferencia de potencial con respecto del aire ambiente[5]. La carga atmosférica induce cargas en los mástiles y estructuras elevadas. El resultado es una luminosidad esférica notable alrededor de aquellos puntos.

Los fuegos de San Elmo son de forma ovalada, inmóvil, de tamaño entre 10 y 40 centímetros y de color blanco o azul[6].

El fenómeno ocurre en las puntas de los objetos en donde la fuerza de potencial alcanza valores de cientos de volts por centímetro. Cuando el potencial es superior a esos valores, la corriente empieza a fluir, de acuerdo con la ley de Ohm, por lo que no se podrá observar el fenómeno. En un día normal la fuerza del campo eléctrico en la atmósfera es de alrededor de 1 volt por centímetro. Al inicio de la formación de un cumulonimbus (nubes de tormenta), el campo se incrementa hasta unos 5 volts por centímetro, y justo entes de la descarga de un relámpago el valor se eleva a miles de volts por centímetro. De ahí que el Fuego de San Elmo sólo aparezca cuando el campo eléctrico es muy elevado, esto es, en la vecindad de las tormetas o tornados. Se ha reportado, por ejemplo, la presencia del fenómeno en navajas, cuchillos y otros objetos filosos durante la aparición de tornados[7].

Estos fuegos por lo regular se relacionan con la acción de los cristales de hielo, nieve o granizo. Las colisiones de los cristales de hielo en las nubes, su rompimiento e interacción con gotas de agua subenfriadas produce descargas eléctricas que causan estática en la radio y frecuentemente descargas luminosas. El movimiento de torbellinos de partículas de humo, nubes de humedad y cristales de hielo, provoca cambios en el potencial y puede afectar el campo magnético.

El efecto corona es una luminiscencia debida a la recombinación de átomos ionizados por elevados campos electrostáticos. Es susceptible de manifestarse en la proximidad de conductores de energía eléctrica de alta tensión (220,000 volts), cuando la separación de los conductores (de 3 centímetros de diámetro) es inferior a los 5 metros, y las condiciones atmosféricas le son propicias (altos índices de humedad).

La corriente eléctrica fluye de los puntos que tienen un potencial más elevado a los de menor potencial. Sin embargo, cuando el potencial eléctrico del campo es lo suficientemente elevado, los electrones de las moléculas con un mayor potencial, adquieren la energía suficiente para escapar de la molécula y pueden colisionar con otras, sin ser capturados. Cuando ocurren las colisiones entre estos electrones libres, las moléculas ionizadas y las moléculas no ionizadas del aire, se produce una luminosidad. Cuando estas colisiones están confinadas a un volumen pequeño, como lo es las puntas de los mástiles o de otros objetos, la luminosidad puede hacerse visible como un destello azul o blanco.

Cerca de las puntas que se proyectan en la atmósfera, las líneas de fuerza eléctrica se reflectan de su posición normal y tienden a concentrarse en la punta. Cerca de este punto, la fuerza del potencial de campo eléctrico es considerablemente mayor que la de sus alrededores. Esta es la razón por la cual funcionan los pararrayos. Cuando se encuentran puntos con una elevación considerable sobre terrenos planos, el campo eléctrico en la punta puede alcanzar los 200 volts por centímetro y formar un Fuego de San Elmo. También esta es la razón por la cual es sumamente peligroso cruzar un terreno plano en época de tormenta: el cuerpo se transforma en un pararrayos.

Philip J. Klass, quien ha publicado varios trabajos para tratar de explicar los avistamientos de ovnis[8], estudió la oleada de Exeter, New Hampshire y quedó impresionado por la cantidad de observaciones que informaban de objetos vistos cerca de líneas de alta tensión. Exeter está lo suficientemente cerca de la costa como para que se forme sal en los cables de alta tensión, lo que facilita los efectos de la descarga en corona, dando lugar a la aparición de bolas luminosas de gas ionizado sobre los transformadores y líneas de alta tensión[9].

ALGO DE INGENIERÍA ELÉCTRICA

La siguiente sección se la puede saltar aquel lector que no tenga conocimientos de física. Puede retomar la lectura después de la tabla de plasmas. Recomendamos que los que manejen algo de física y deseen comprender un poco más el mecanismo de formación de los fuegos de San Elmo, lean los siguientes párrafos.

Como se ha visto, si un voltaje entre un conductor en una línea de transmisión excede un valor crítico, se produce un sonido como de siseo en el lugar en donde aparece un destello alrededor del conductor (corona). El voltaje crítico depende del diámetro del conductor, la rugosidad de la superficie y su distancia a otros conductores. La corona se produce por la ionización intermitente del aire que rodea al conductor, produciendo ondas de alta frecuencia y provocando pérdidas de energía e interferencia en radios y televisores cercanos (¡He aquí el famoso efecto electromagnético!). La única forma práctica de minimizar la corona es incrementando el diámetro del conductor. Al nivel del mar, por ejemplo, es necesario un diámetro mínimo de una pulgada, para una línea de 230 KV; de 1.5 pulgadas para una de 330 KV y de 2.5 pulgadas para otra de 500 KV. Los tamaños se deben incrementar a mayores alturas[10].

Se prefiere al aluminio para líneas conductoras de voltaje extra-alto, a pesar de que su conductividad es menor que la del cobre. La mala conductividad del aluminio resulta ventajosa porque se requiere un gran diámetro (especialmente con un centro de acero) para altos voltajes.

Dijimos que para 500 KV el conductor debe ser de 2.5 pulgadas o más. Tales conductores pesan cerca de 6 kilogramos por metro, por lo que son difíciles de manufacturar, trasladar e instalar. Para subsanar estas dificultades se instalan dos o más cables (llamados subconductores) de diámetro mucho más pequeño, espaciados un pie o más, en lugar de un solo conductor. Este arreglo conocido como haz de conductores, hace decrecer la impedancia de la línea e incrementa la capacidad de carga eléctrica en un 25% o más.

En términos generales los fuegos de San Elmo son plasmas. Un plasma es una colección de cargas positivas y negativas de igual densidad que forman una distribución neutra de materia. Pueden existir en sólidos (como electrones excitados en metales), en líquidos (como sales disueltas en agua), pero es más común relacionarlos con los gases. Se cree que aproximadamente el 99% de la materia en el universo se encuentra en esta forma. Se considera como el cuarto estado de la materia. Es un medio conductor, en general compuesto de electrones e iones positivamente cargados. Las auroras, relámpagos y arcos eléctricos (de soldadura) son plasmas.

En general un plasma es una mezcla compleja de muchos tipos diferentes de partículas en movimiento térmico rápido. Las propiedades básicas del plasma son independientes de sus propiedades químicas y están determinadas en primer lugar por las leyes de conservación de energía y momentum y por la conducta de los electrones. Se usan métodos estadísticos para estudiar los plasmas. La densidad (η) y la temperatura cinética (T) son los parámetros básicos. El promedio de la energía cinética por partícula es de 1.5 veces la constante de Ludwig Boltzman por T, o sea 3/kT. La presión está definida por ηkT. En equilibrio termodinámico todas las temperaturas son la misma e (ignorando las interacciones de partículas) la suma de las presiones cinéticas es la fuerza por unidad de área en el continente. Se puede hacer una clasificación básica de plasmas en términos de densidad electrónica (ηe), temperatura electrónica (Te) y grado de ionización, o fracción de plasma ionizado.

Uno de los parámetros más importantes asociado con los plasmas es la longitud de Debye, un concepto similar al introducido en 1923 por los químicos Meter W. Debye y Walter K. F. Huckel[11] en su teoría de los electrolitos fuertes. En un plasma la longitud de Debye es la máxima distancia en la cual una gran diferencia en el número de cargas positivas y negativas puede ocurrir. Esta es una constante (h) que es igual a 69 (Te/ηe)1/2 dada en metros. Para distancias mayores de h, existe una casi-neutralidad, pero para distancias menores, un ion positivo puede ejercer una fuerza sobre un electrón. Este fenómeno lleva a la definición cuantitativa del plasma: un gas ionizado es un plasma si la dimensión física del gas es mucho menor que h.

Cuando el plasma no está en equilibrio y, especialmente cuando tiene corrientes eléctricas (movimiento general de los electrones relativo a los iones positivos), la interacción de partículas dentro de la esfera que tiene un radio de Debye se explica mejor en términos de colisiones binarias equivalentes. Esto es, sí es posible sumar las muchas interacciones simultáneas entre las partículas dentro de tal esfera en tal forma que pueda representarse como una serie de eventos discretos solamente entre dos partículas. El número de tales eventos se llama «frecuencia de colisión».

La frecuencia angular (Wp) de las oscilaciones del plasma es igual al promedio de la velocidad térmica del electrón por H o:

Wp = 56(ηe)1/2 (en radianes por segundo)

A temperaturas del orden de 1,000,000 °K, los átomos han sido despejados de todos sus electrones y pueden ocurrir reacciones nucleares.

Los plasmas pueden emitir Bremsstrahlung (radiación por frenado de electrones en colisiones elásticas). La potencia (energía por unidad de volumen) radiada es proporcional a la raíz cuadrada de Te.

Cuando un electrón es capturado por un ion positivo, emite un fotón (luz). Esto se llama Recombinación radiativa.

Como hemos dicho, el 99% de la materia en el Universo se encuentra en estado de plasma. Esto no es una exageración, puesto que el Universo se generó de una violenta explosión que inicialmente consistió en una «bola de fuego» de plasma de hidrógeno completamente ionizado.

En la siguiente Tabla podemos ver los diferentes tipos de plasmas que se encuentran en el Universo, junto con su densidad electrónica (ηe) y temperatura electrónica (Te).

PLASMA ηe (1/m3) Te (°K)
Sol    
Centro 1031 1.5 x 107
Fotosfera 1020 4,200
Cromosfera 1017 a 1020 5 x 105
Corona 1013 1.5 x 106
Viento solar (cercano a la Tierra) 5 x 106 4 x 105
     
Espacio Interestelar    
Regiones H II 106 104
Regiones H I 102 100 a 125
     
Espacio Intergaláctico 1 3
     
Tierra    
Magnetosfera exterior 107 a 106 104
Plasmosfera 1010 a 109 104
Ionosfera 1011 a 1012 250 a 3,000
     
Metales 1028 104

Continuará…

Portada de La tempestad en donde podemos ver a Ariel.

Varias representaciones de San Telmo. En este caso se trata del dominico Pedro González.

Busto de Diocleciano.

San Gregorio I El Grande.

Estatuas de Cástor y Polux en Roma.

Busto de Séneca.

Busto en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Julio César reportó haber observado Fuegos de San Elmo durante la guerra de las Galias.

Retrato de Magallanes en la Torre de Oro, Sevilla. El marino fue otro de los testigos del fenómeno eléctrico, durante su viaje de circunnavegación al mundo.

Museo de la Marina de Lisboa. Cristóbal Colón.

Alvar Núñez Cabeza de Vaca y un busto del marino.

Science Museum de Londres. Roger Bacon.

Dos dibujos de Plinio.

Charles Robert Darwin, en una fotografía de 1860. El naturalista inglés vio el fenómeno durante su famoso viaje en el Beagle

J. S. Henslow, corresponsal de Darwin.

Retrato de Herman Melville por A. W. Twitchell, 1847. En su famosa novela, Moby Dick, relata un episodio de corpo santo.

Otro retrato de Melville.

Probablemente en el origen de la ciudad de Teruel se encuentre un fenómeno del tipo de Fuego de San Telmo. Su escudo puede ser prueba de ello.

Dos dibujos del famoso experimento de Benjamín Franklin que daría lugar a la invención del pararrayos y a la posterior comprensión del Fuego de San Elmo como un fenómeno electromagnético.

El padre y parapsicólogo Óscar González Quevedo.

Explosión del Hindemburg provocada por la electricidad estática.

Philip Klass inició su carrera de escéptico profesional explicando los avistamientos de New Hampshire como producto del efecto corona sobre las líneas de alta tensión.

El famoso físico alemán Ludwig Boltzman.

Fotos de Fuegos de San Elmo en el laboratorio.


[1] Este artículo se publicó como Ruiz Noguez Luis, Fuegos de San Elmo, Cuadernos de Ufología, No. 9-10, 2da Época, Santander, sept.-dic. 1990, págs. 153-157.[2] Shakespeare William, Obras completas, La Tempestad. Planeta Agostini, 1990.[3] Quevedo González Óscar, ¿Qué es la parapsicología?, Colección Esquemas No. 98, Editorial Columbia, Séptima edición, Buenos Aires, 1973, páginas 50-51.

[4] Harrison Michel, Fuego en el cielo, Ediciones Martínez Roca, Colección Fontana Fantástica, Barcelona, 1980, páginas 49-50.

[5] Loeb B. Leonard, Electrical coronas. Their basic physical mechanisms, University of California Press, 1965.

[6] Robiou Lamarche Sebastián, Posibles ambigüedades sobre OVNIs, Stendek, Año IV, No. 13, junio 1973, páginas 18-21.

[7] Coffman A. John & Browne R. William, Corona chemistry, Scientific American, june, 1965.

[8] Klass J. Philip, Plasma theory may explain many UFOs, Aviation Week and Space Technology, Vol. 75, No. 23, 22 august de 1961, p. 52.

Klass J. Philip, Many UFOs are identified as plasmas, Aviation Week and Space Technology, Vol. 75, No. 23, 22 august 1961, p. 52.

Klass J. Philip, UFOs: Identified, Random House, New York, 1968.

Klass J. Philip, UFOs: Explained, Random House, New York, 1974.

Klass J. Philip, «letter», Astronautics and aeronautics, October 1975, p. 4.

Klass J. Philip, UFOs. The public deceived, Prometheus Books, New York, 1983.

[9] Hourcade W. Milton, Fenómeno OVNI desafío a la Ciencia, Ediciones de la Plata, Colección Periodismo y Testimonio, Montevideo, 1978.

[10] Barthold L. O. & Pfeiffer H. G., High voltage transmissions, Scientific American, may, 1964.

[11] Debye W. Peter & Hückel K. F. Walter, Physikalische Zeitschrift, No. 24, 1923, p. 185 y 305.

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Puede parecer una mota de polvo en la lente de la cámara fotográfica pero el punto minúsculo, azul claro en esta foto es Tierra, el punto más lejano desde él que se le ha visto.

La foto fue tomada por las cámaras fotográficas ultra alta potencia a bordo de la nave espacial Cassini, que se está moviendo en órbita alrededor de Saturno casi 1.5 billones de kilómetros de nuestro planeta.

«Nada tiene más poder de alterar nuestra perspectiva de nosotros mismos y de nuestro lugar en el cosmos que estas imágenes de la Tierra que recogemos de lugares lejanos como Saturno,» dijo Carolyn Porco, que está a cargo de analizar las imágenes de Cassini en el Space Science Institute en Boulder, Colorado.

La sonda Cassini -una misión entre la NASA y la Agencia Espacial Europea- fue lanzada en 1997 y ha pasado cuatro años examinando Saturno.

Lea la historia completa aquí.

http://www.metro.co.uk/weird/article.html?in_article_id=19955&in_page_id=2

Los anillos de Poza Rica

EL OVNI DE POZA RICA

DE CÍRCULOS, OVNIS E IMAGINACIÓN[1]

Óscar García

Durante los últimos años, y en comparación con otros países, la ufología mexicana había contado con muy pocos reportes referentes a supuestos aterrizajes; sin embargo, cuando el tema comienza a ponerse de moda en los medios de comunicación, y sutilmente entra en la conciencia del pueblo, no es raro que recibamos noticias sobre incidentes espectaculares como el que nos ocupa esta ocasión.

«Más de 250 habitantes vieron durante dos horas un «˜platillo volador»™ de aproximadamente 10 metros que además, posteriormente aterrizó, dejando plasmadas dos huellas en el piso en dos lugares separados entre sí por más de 3 kilómetros».

Esta era la información dada a conocer por el diario El Norte de la ciudad de Poza Rica, en el Estado mexicano de Veracruz. La nota apareció en la sección policíaca de dicho rotativo con fecha 23 de mayo de 1992.

«Poza Rica «“ Veracruz.- Un objeto no identificado (ovni) de aproximadamente 10 metros de diámetro, que desprendía un brillo inmenso y bastante extraño, fue visto por más de 250 habitantes de la Parcela 14, quienes reportaron a las autoridades policíacas la presencia del platillo volador que causó expectación entre quienes por espacio de dos horas apreciaron el objeto que pendía en el aire sobre un cerro».

IMPORTANCIA DEL CASO

Independientemente de la importancia directa que el caso pueda tener, su importancia en México es fundamental ya que sirvió de detonante a toda una serie de reportes, así como modelo de lo que debería ser la huella de un ovni.

La historia se divide en dos partes principales, el avistamiento y la aparición de las presuntas huellas del aterrizaje; además de diversas ramificaciones, que narran cómo los círculos «fosforescían», la aparición del ovni diariamente (como en toda psicosis colectiva), el presunto choque del ovni (Ufo crash tan de moda últimamente) y su posterior recuperación por el Ejército Mexicano. Todo esto en medio de investigaciones secretas de la NASA, agentes desinformadores vestidos de negro (los ya famosos «men in black»), etc.

EL OVNI

Todo comenzó al atardecer del viernes 22 de mayo de 1992 en unas canchas de basketball, situadas n la parte superior de la Escuela Primaria Pública Ignacio Zaragoza, en la colonia Parcela 14, en la ciudad de Poza Rica, Estado de Veracruz, a unos 293 kilómetros de la Ciudad de México.

El testigo más importante del avistamiento es la señora Zitha Alicia Azuara, profesora de la primaria Ignacio Zaragoza.

«Era un día muy soleado y hacía bastante calor, había mucho sol, estábamos en recreo. Eran las 10:30 de la mañana y los niños jugaban en la cancha de basketball.

«Los niños miraban un resplandor que había y decían que era una nave espacial. Algunos muchachos me llamaron para que lo fuera a ver, me avisaron dos o tres veces, pero no les creí, pues los niños son muy fantasiosos.

«Aproximadamente a las 11:00 noté que algunos niño seguían en la cancha, pero yo entré a mi salón dispuesta a dar la clase. Al notar que faltaban algunos alumnos, les pregunté a sus compañeros dónde estaban y me contestaron que viendo el platillo volador. Intrigada les pregunté si era cierto lo del platillo, a lo cual respondieron que sí.

«Todos salimos del salón y fuimos donde estaban el resto de los niños.

«Para mí no era un sólido, sino más bien una especie de pared o lámina, una especie de espejo brillante de unos tres metros de altura, que no lastimaba la vista.

«En ese momento pedí a algunos niños que fueran por una maestra compañera mía, la profesora Isabel Lira; ella llegó minutos después, y en ese momento la lámina hizo una especie de oscilación (sic) y se sumergió detrás de las palmeras, salió de nuevo y se volvió a meter para no volver a aparecer más.

«Nadie de los que estábamos ahí quisimos decir nada. Una señora insistía en que llamáramos a los periódicos, pero yo me opuse: no fueran a creer que tuvimos un espejismo colectivo (sic).

«En la tarde me llamaron a casa por teléfono las autoridades para que les platicara lo que había visto. Yo no se si fue algo anormal o un experimento que hayan hecho por ahí».

LAS HUELLAS

Ese mismo viernes, en la tarde, en las cercanías del lugar de la observación, aparecieron una extrañas huellas.

Se trataba de dos círculos concéntricos de gran tamaño, que fueron visibles durante 8 días.

Según la profesora Azuara, los círculos aparecieron el día viernes en la tarde, lo cual «comprueba» que tienen relación con lo visto en la mañana por ella y sus alumnos.

En este punto encontramos algunos detalles que nos hacen dudar de la relación que pueda haber entre ambos hechos.

Ese viernes en la tarde, el lugar de la observación fue visitado por el periodista Felipe Pérez Peralta, quien redactara la nota sensacionalista aparecida en el periódico «El Norte», en la cual no se hace referencia a las supuestas huellas.

No fue sino hasta el sábado 23 de mayo[2] cuando, junto al jardín de niños Polantay, apareció un círculo de aproximadamente 12 metros de diámetro conformado aproximadamente por 8 anillos de 15 centímetros de ancho cada uno.

En esas mismas fechas (el lunes 25 de mayo), en el rancho llamado El Edén, situado en las cercanías del lugar donde supuestamente se vio que se ocultaba el objeto del día 22 de mayo, aparecieron otras huellas.

Sigamos el relato de la profesora Azuara:

«Era igual al círculo del campo de fútbol de acá arriba. Se veía perfectamente. La tierra estaba calcinada. Esta huella duró mucho tiempo, pues fui a verla 15 días después y ya había vegetación a su alrededor, mas no donde se posó el ovni: ahí la tierra estaba calcinada y reseca.

«Otra cosa muy curiosa es que parece que tomaron como punto de referencia para posarse, 4 arbolitos que estaban estratégicamente marcados como si fueran los 4 puntos cardinales, y las ramas de los árboles aparecieron quemadas.

Con el mismo sensacionalismo de la nota de prensa anterior, el diario «El Norte» narraba, a petición del público, las nuevas noticias alrededor de los incidentes ovni. Así pues, en su edición del jueves 28 de mayo, en pluma del periodista Jorge Levario, se informa de la aparición de una nueva huella.

«Poza Rica.- Temor, incertidumbre, miedo, curiosidad, morbo, todos estos agentes colectivos se han manifestado en torno a la aparición de objetos volantes no identificados que han aparecido en la porción Este de la urbe petrolera.

«Frente al rancho El Edén, en la carretera a Santa Águeda, frente a la estación de radio, hay un camino de terracería que conduce a los pozos 226 y 268 de Petróleos Mexicanos, avanzando unos 500 metros, luego hay que avanzar sobre el lado izquierdo y caminar paralelamente a la carretera hasta una pequeña cima, ahí aparece otra huella con las mismas características de la aparecida en la Parcela 14.

«El señor Jacobo Hernández, de 45 años de edad, vigilante de uno de los ranchos de este lugar, aseveró a este medio de información, haber visto un fuerte resplandor, como el flashazo de una gigantesca cámara. Al instante desapareció el espectro y se apagó la luz de la torre de la difusora, luego, en pequeños instantes se fue la luz y volvió, el señor Hernández dice que eso fue todo lo que vio además de sentir una masa de aire caliente, pero no escuchó ruido alguno.

«Al otro día, el señor Roberto Ruiz Montoya, de ocupación campesino, encontró en una de las cimas un extraño círculo de aproximadamente 10 metros de diámetro, y en medio de éste, otro más pequeño, como de unos cinco metros, este hallazgo fue aproximadamente a las 06:45 horas y coincide exactamente con la posición que el señor Hernández señala como por donde se vio el resplandor».

«Personas vecinas del lugar[3] han observado que han pasado elementos de la Armada, también se logró ve a un elemento de la policía preventiva, e incluso, un radioaficionado[4] interceptó una llamada diciendo que «˜habían localizado el objeto»™. En el área del fenómeno se detectó radiación en un punto uno. Según versiones de ingenieros que trabajan en PEMEX[5], aun cuando no lo atribuyen a un objeto volador, trascendió en forma extraoficial que se procedió al levantamiento de un objeto extraño, como si fuera un satélite, al cual subieron a un pesado trailer pero no se sabe más del asunto[6].

«Diario El Norte se trasladó hasta el lugar de los hechos y pudo constatar que efectivamente hay una huella de características particulares y en el entorno cuatro árboles y a un costado, una laguna; los árboles están quemados por debajo de sus ramas, por lo que se presume que el ovni que aterrizó tomó como punto de referencia los cuatro árboles».

Entrevistamos a Jesús Gabriel Paredes Flores, comandante de policía de Poza Rica, quien informó:

J. G. P. F. Mira, ponte a pensar, yo estoy de acuerdo en que puede existir gente en otros planetas, pero tú metes un carro, y le das toda la vuelta completa al volante, y haces un círculo, ¿no es cierto?, porque un oficial de aquí le hizo así e hizo un círculo perfecto, únicamente que en este caso a fuerza hay salida o entrada y ahí no había salida o entrada. Vimos los círculos que estaban ahí, pero jamás un aparato o un objeto volador, vimos las huellas, efectivamente estaban las huellas en el Campo 5 de mayo, en la Parcela 14.

O. G. Aparecieron otros círculos en El Edén, ¿los fueron a ver?

J. G. P. F. Sí. También fui personalmente a verlos.

O. G. ¿Qué es lo que había?

J. G. P. F. Pues nada más un círculo con pasto quemado. El pasto estaba achicharrado.

O. G. ¿Era igual que el del Campo 5 de mayo?

J. G. P. F. Era un círculo quemado pero más grande. El diámetro era como de 6 metros, y el otro era más pequeño, como de unos 4 metros. Uno dentro del otro.

El anillo estaba quemado. Era como de 10 centímetros de grosor y de profundo como 5 centímetros, como si algo pesado se hubiera posado.

El círculo estaba en medio de tres arbolitos, y las hojas estaban quemadas. Yo no se de esto pero al parecer ¡bajó algo ahí! De ahí en adelante yo no supe qué pasó.

O. G. ¿La del Campo 5 de mayo pudo ser un carro?

J. G. P. F. Quién sabe.

O. G. ¿Cuál fue su conclusión?

J. G. P. F. Ninguna. No nos interesa eso.

O. G. Fueron. Vieron que estaba quemado y… ¿Qué fue lo que hicieron?

J. G. P. F. Pues nada.

O. G. ¿Pasaron el reporte?

J. G. P. F. No. Mira. Te voy a decir una cosa. Uno no puede asegurar una cosa que no hemos visto bien. Únicamente te puedo decir que vimos eso. Hasta ahí. Era un círculo con otro más pequeño adentro.

O. G. ¿Emitieron algún juicio sobre esto?

J. G. P. F. Nada más lo vimos. Mucha gente lo vio.

O. G. ¿Porqué fueron?

J. G. P. F. A mí me pasaron la información. Una llamada telefónica, y fuimos. Ves que la curiosidad te lleva.

Pudo haber sido el ranchero. Es lo único que puedo decir.

PSICOSIS DE MASAS

En medio de todo este alboroto ocurrió lo que habría de esperar en un pueblo que, de la noche a la mañana, se ha convertido en el lugar elegido por los ovnis.

Rápidamente se dan cita en el campo de fútbol cientos de curiosos para observar las huellas del aterrizaje y esperar todas las noches, mirando a las estrellas a cualquier luz que se mueve de manera «anormal» y gritar que se trata de un ovni, el cual es fotografiado por numerosas cámaras.

El mito crece rápidamente, así lo testimonia el relato de la profesora Azuara.

«Tengo un primo que fue al Edén un día que estaba lloviendo y al pararse en el círculo se llenó de lodo. Cuando llegó a su casa, en la noche, se quitó el lodo de los zapatos y éste se veía fosforescente.

«También cuando yo fui al lugar sentí una cosa muy rara en mi organismo. Incluso le dije a una compañera que no iba conmigo y que no era muy sugestionable, pero sentía una cosa muy rara dentro de mi organismo.

«El lunes en la mañana me dieron nauseas. No se si es porque ahí había radiactividad, pero fue algo que yo percibí, pero sentí una sensación muy rara».

Así las cosas, y con todo tipo de historias corriendo de boca en boca, no sólo se hablaba de huellas fosforescentes, sino que se afirmó que la misma NASA (al parece siempre pendiente de los ovnis), había hecho acto de presencia debido a que «“mediante operaciones secretas- intentaba recuperar el ovni[7].

La profesora Azuara también nos informa que una persona que cuidaba un invernadero situado en los alrededores vio «algo» pero le dio mucho miedo y huyó del lugar. Al parecer, se trataba de una gran luz que iluminaba el terreno como si fuera de día. Esta persona tenía una grabadora que sufrió interferencias.

«La gente ya está amañada, parece que les dijeron que no dijeran nada. Muchas personas recogen piedras del Edén. Dicen que tenían grumos como si hubieran sido sometidas a altas temperaturas.

«Dicen que hubo un aparato pero que se lo llevaron. Otros dicen que desapareció y que a la gente le prohibieron que hablara; sin embargo, una persona dice que un sobrino suyo, que era soldado, entró a un lugar donde tenían el aparato[8]. Que tenían un ovni lleno de cables[9]«.

FINALMENTE ¿QUÉ PASÓ EN POZA RICA?

Desgraciadamente, quien esto escribe sólo pudo acudir al lugar de los hechos unos cuatro meses después de la observación. Para ese entonces ya no era visible ninguna de las huellas, por lo que sólo pude observarlas a través de fotografías.

La forma y estructura del círculo aparecido en el campo de fútbol (primera huella) es muy similar a la que produciría un Anillo de Hadas. Dada la no relación entre esta huella y el avistamiento, es muy probable que la respuesta se encuentre en este territorio.

La segunda huella, aparecida tres días después del avistamiento, presentaba características totalmente distintas. En este caso se trataba de un círculo quemado, de forma muy irregular. Es muy probable que algún bromista, aprovechando la euforia de ovnis, hubiera hecho su propia huella rociando gasolina o algún combustible en el pasto.

Si estas hipótesis son ciertas, ya que al parecer no hay relación entre las huellas y el avistamiento, ¿qué fue lo que observaron los niños y la maestra la mañana del 22 de mayo?

Dos observaciones hechas por la maestra Azuara y la maestra Lira parecen darnos la posible respuesta a este cuestionamiento. En primer lugar el hecho de que se trataba de un día muy soleado y claro, y en segundo lugar la manera en que se escribe lo visto, como un objeto plano, una lámina o un espejo, descripción que coincide ampliamente con los dibujos de los niños.

Al observar desde la escuela el lugar donde supuestamente apareció el ovni, encontramos que en ese sitio existe una pequeña casucha de adobe con un techo de lámina inclinado. La respuesta parece clara. El techo de lámina, probablemente movido por el viento, reflejó la luz del sol, y ese era el ovni que veían desde la escuela. Quizá ciertas condiciones climatológicas especiales provocaron un fenómeno de refracción, una capa de aire caliente que dio mayor espectacularidad al avistamiento. Finalmente, el progresivo avance del sol en la bóveda celeste provocó que el fenómeno cesara («se apagó para no volverse a ver»), al cambiar el ángulo de incidencia de la luz solar sobre el techo de la casucha.

Hemos manejado anteriormente la posibilidad de que la huella aparecida en el rancho El Edén fuera fruto de una broma. ¿Quién pudo haber sido el responsable?

Uno de los elementos principales es que la persona que lo haya hecho debe tener acceso fácil y directo al lugar, ya que no es tan fácil meterse en una propiedad privada y hacer una huella ovni quemando el pasto.

Entre los vecinos del lugar, es ya legendaria la fama del hijo del dueño del rancho, dadas sus bromas. ¿Esta aquí el responsable?, no lo sabemos y por lo mismo no lo podemos asegurar, pero la posibilidad queda abierta.

CONCLUSIÓN

Quizá a ciertas personas pueda parecer que he abusado de los datos al tratar de buscar una explicación que a primera vista pudiera parecer forzada, pero me parece que es más probable que se haya dado todo este conjunto de circunstancias y coincidencias, a que un ser de otro planeta haya venido a dejar una huella tan sólo para ver la cara de asombro de los pobladores de una pequeña ciudad donde lo único que vuela son los cercano y famosos «voladores de Papantla», estos sí, completamente identificados.

REFERENCIAS

Pérez Peralta Felipe, ¡Aterrizó un ovni en Parcela 14!, El Norte, Poza Rica, 23 de mayo de 1992.

Levario Jorge, Nuevo avistamiento de un ovni en Santa Águeda; Expectación, El Norte, Poza Rica, 28 de mayo de 1992.

Romano Rivera Fernando y Calvo Miguel Ángel, Investigadores examinan el área posible de avistamiento de un ovni en Parcela 14, El Norte, Poza Rica, 25 de mayo de 1992.

Anónimo, ¡Aterrizó un ovni en Poza Rica, Veracruz!, Semanario de lo Insólito, No. 55, México, noviembre de 1992, págs. 16-17.


[1] Este artículo fue publicado originalmente en García Óscar, El ovni de Poza Rica. De círculos, ovnis e imaginación, Perspectivas Ufológicas, No. 1, México, diciembre de 1993, págs. 26-32.[2] Es decir, el mismo día en que apareció la nota en El Norte. Nota de LRN.[3] ¿Nombres? Nota LRN.

[4] ¿Nombre del radioaficionado? Nota LRN

[5] ¡Nombres! ¡Nombres! Nota LRN.

[6] Se supone que la huella estaba en el cerro, sólo accesible a través de un camino de terracería, ¡cómo logró llegar un pesado trailer hasta el lugar? ¿Cómo no se dieron cuenta de la maniobra los vecinos, como el señor Hernández? Nota LRN.

[7] ¿Pues qué no ya se lo habían llevado los técnicos de PEMEX? Nota de LRN.

[8] Seguramente el Área 52, base aún más secreta que el Área 51. Tan secreta que nadie sabe su ubicación, aunque una tía del amigo de mi vecino dice que conoció al abuelo del soldado y le aseguró que la base estaba en Poza Rica. Nota LRN

[9] Seguramente estaba en la Unidad de Cuidados Intensivos. No era para menos después del batacazo que se dio. Nota LRN.