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¿Misterio marciano solucionado?

Por Alan Boyle

Los resultados recientemente publicados sugieren una solución al misterio de los árboles marcianos «“aquellas manchas oscuras, en la fotografía aérea del planeta rojo que algunos han comparado a ventiladores o a bosques. Incluso Arthur C. Clarke, el autor de «2001: Una odisea del espacio» y otras obras clásicas de la ciencia-ficción, se ha preguntado si las aparentes ramificaciones de «árboles banianos» de Marte representan muestras de actividad biológica.

Pero ahora los investigadores proponen que las manchas son de origen geológico: Dicen que las marcas se dejan cada primavera cuando gas y arena oscura salen retumbando a través de grietas en el hielo. «Si alguna vez pudiera ir a Marte, desearía observar esto,» dijo Phil Christensen, uno de los autores de la de la investigación, de la Universidad del Estado de Arizona, que aparece en el número del jueves de la revista Nature.

Lea más en http://cosmiclog.msnbc.msn.com/archive/2006/08/16/2090.aspx o consulte la revista Nature.

Me pregunto si ahora el asesor científico de Jimmy Mouse, Gordolfo Garrido, aclarará que no se trataba de «Bosques noruegos de Marte», sino de un fenómeno de emisión de gases y polvo. Lo dudo.

Anomalos: La primera revista paranormal cristiana

ANOMALOS:
Biblical Studies in the Paranormal

· INTRODUCING ANOMALOS MAGAZINE: Thomas Horn spells out the rationale behind Anomalos Magazine and introduces the writers and staff.

· RETURN OF THE GENESIS 6 GIANTS: Does shocking evidence exist that the Nephilim are about to return? Researcher Stephen Quayle says yes!

· WHY SHOULD CHRISTIANS CARE ABOUT UFOLOGY?: Michael Heiser, Ph.D., discusses how ufology can open important worldview questions and theological issues.

· SET PHASERS ON STUN: Nita Horn reveals how she came to believe in UFOs.

· NOW THIS IS VINDICATION: Extraordinary discoveries in archeology and in physics are uncovered by scientist Stan Deyo.

· A WATCH IN THE NIGHT: Rumors of full UFO disclosure and the implications for globalization are sweeping the internet. Cryptoarchaeologist David Flynn investigates.

· FATIMA, THE HARBINGER OF DECEPTION: What could bestselling author Lynn Marzulli have up his sleeve now? You won’t believe your eyes.

· CHRISTIANS AND NUDITY: Jim Wilhelmson takes a hard look at a new phenomenon and discovers it might not be all that new after all.

http://www.raidersnewsupdate.com/anomalos.htm

Las mareas rojas y luminiscentes

MAREA ROJA

Por siglos nadie pudo explicarla satisfactoriamente. Los antiguos griegos la atribuían a la furia de Neptuno. En la Edad media se hablaba de una «purgación» de los lechos marinos. Algunos naturalistas estimaban que era el resultado de influencias lunares. Otros hablaban de silenciosas erupciones volcánicas, y no faltó el químico despistado que tratara de resolver el enigma con base en confusas explicaciones sobre sustancias químicas venenosas producidas bajo el efecto del fuego central en las entrañas del planeta.

La marea roja es un raro fenómeno que da un tinte sanguinolento a las aguas, en las que comienzan a flotar incontables peces muertos, que luego las olas arrojan a la playa. Del mar emanan vapores invisibles que causan escozor en los ojos y la nariz. Al inhalarlos, arde la garganta, la respiración se vuelve difícil, se sufre accesos de tos y, en ocasiones, la piel comienza a irritarse.

También conocida como Hemotalasia (de las palabras de origen griego hemos, hematos, sangre; y thalasos, mar), debido a que las aguas adoptan un tinte rojizo. En México se le conoce como Agua amarga o Agují. Ese mismo nombre se utiliza en Cuba, además de Tingui. En Perú es el Aguaje; Huirihue o Virigüe en Chile; El Turbio, en Venezuela; Purga do mar, en España (Galicia); Eau Rouges, en Francia; l»™acqua rossa, en Italia; red tides o red waters, en Inglaterra; Akashisho, en Japón»¦

Es el resultado de la multiplicación desorbitada de minúsculos habitantes de las aguas. Se trata, principalmente, de microalgas y otros microorganismos del fitoplancton, entre los que podemos mencionar a los dinoflagelados. En 1957 se descubrió que uno de los causantes era el Gymnodium brevis, que mide apenas de dos a tres milésimas de milímetro, pero que es capaz de reproducirse en cantidades prodigiosas, a tal grado que puede llegar a hacer espesa el agua: como si fuera sangre.

Es un dinoflagelado que posee finísimos apéndices, los cuales le sirven como órganos de locomoción. No es un animal ya que contiene elementos clorofílicos como los de las plantas. Tampoco es un vegetal, puesto que tiene una movilidad típica de los miembros del reino animal. Es más bien un organismo de transición entre lo vegetal y lo animal; aunque algunos científicos prefieren considerarlo como un alga microscópica.

Uno de sus pigmentos clorofílicos, la xantofila, ocasiona la peculiar coloración de las aguas. La xantofila es la que en otoño da a las hojas de los árboles, de las altas latitudes, sus característicos colores anaranjados, amarillos y rojizos. En el caso de los dinoflagelados, cuando su concentración en el agua es muy elevada, le imparten un tono pardo, amarillento, rojizo y aún rojo intenso.

Normalmente el número de estos diminutos organismos en un litro de agua marina es muy pequeño; del orden de unas docenas, o si acaso centenares de ejemplares por litro. Hasta mil se considera una concentración baja, que no implica ningún riesgo para los demás organismos. Pero cuando alcanza cifras del orden de 100,000 o más; la situación se torna peligrosa. Al llegar a cuarto de millón por litro, el agua adquiere el color típico de los mares de sangre y comienza la mortandad de peces y otros animales. Mueren de asfixia porque los dinoflagelados, con su intensa actividad biológica, consumen grandes cantidades de oxígeno y empobrecen las aguas. Mueren también envenenados ya que los dinoflagelados producen ciertas toxinas que afectan al sistema nervioso y desquician la actividad de músculos y membranas.

A ese aumento exagerado en la población de estos microorganismos se le conoce como florecimiento, floraciones algales o «bloom». Ocurre principalmente en la superficie del agua, y su espesor va de pocos centímetros hasta unos 100 metros. Por lo común, el fenómeno abarca extensiones reducidas, de unas cuantas hectáreas, o a lo sumo, de unos kilómetros cuadrados.

Existen otros microorganismos, como las algas unicelulares o coloniales, las diatomeas, protozoos ciliados e incluso algunas larvas de invertebrados que imparten otras tonalidades al agua. Los colores pueden ser: amarillo, anaranjado, azul, café, marrón, pardo, rosa, verde. Esas tonalidades se deben a los distintos pigmentos que poseen esos organismos.

En el caso de aguas dulces son las algas azules o cianofíceas, las verdes o clorofíceas y las flageladas, como las euglenas y también las diatomeas las que producen diferentes coloraciones. Para que estos microorganismos se puedan desarrollar es necesario que no exista mucha corriente. Son entonces los lagos, lagunas y charcas permanentes los hogares de estos microorganismos.

En Argentina la diatomea Asterionella japonica produce una coloración marrón, llamada «yodo», que es utilizada como bronceador. No todas las floraciones son peligrosas para el ser humano, pero algunas pueden llegar a ser letales.

La marea roja aparece con frecuencia en varias partes del mundo y la mortandad ha llamado la atención en la costa del sureste de la India, suroeste de África, sur de California, Florida, Perú, sureste de Asia, Indonesia, Polinesia y Japón.

HEMOTALASIA EN EL MAR ROJO

El naturalista inglés Charles Darwin tuvo oportunidad de ver en dos ocasiones este fenómeno. La primera en 1835 en Concepción al Norte de Chile, y meses más tarde al Sur de Valparaíso. En su diario de viaje (1839) escribió que el agua «rebullía de pequeños organismos, que se movían en todas direcciones y a menudo estallaban…». Estos microorganismos fueron identificados como Mesodinium rubrum.

Pero tal vez la primera descripción de una marea roja se encuentre en la Biblia. En Éxodo 7:20 a 7:21 se dice:

«Y todo el agua que estaba en el Nilo se convirtió en sangre. Y los peces que estaban el Nilo murieron, y el Nilo se tornó contaminado, tal que los egipcios no podían beber el agua del Nilo».

Según algunos autores, el Mar Rojo recibió ese nombre por que las hemotalasias son muy frecuentes en sus aguas.

Es hasta la primera mitad del siglo XX cuando se comienza a estudiar la hemotalasia. Myrtle Elizabeth Johnson y Harry Snook escribieron el primer libro sobre los animales de las costas en 1927 y en él hacen una breve referencia a las mareas rojas, que en esos días se les llamaba «aguas rojas»:

«Cuando aparece una gran cantidad de ciertos dinoflagelados a menudo vemos parches de «agua roja» en el día y exhibiciones luminosas que las acompañan durante la noche. Muchos animales marinos son capaces de producir luz pero estos protozoarios son la causa de la fosforescencia difusa vista frecuentemente en los rompeolas durante el verano y a comienzos de otoño. Esta luminiscencia es con frecuencia espectacular y hermosa cuando se le ve en una noche oscura. Los peces en el agua brillan con una luz azul verde cuando nadan en los alrededores, y la estela de un barco se convierte en un largo rastro de luz tenue. La resaca se ilumina brillantemente y si uno camina sobre la arena mojada, repentinamente aparecen y desaparecen puntos chispeantes de luz a varios pies a la redonda. Sacudiendo un poco de agua en una botella, se pueden producir repentinos destellos brillantes, porque los animales brillan de manera intensa momentáneamente cuando son agitados en vez de emitir una luz continua. Mientras que muchas especies de dinoflagelados son luminosas cuando son estimuladas, los más importantes en esta costa son Gonyaulax polyedra Stein y Prorocentrum micans Ehrenberg. Los dinoflagelados se llaman así porque generalmente están provistos de dos flagelos, o diminutos «látigos», que usan en su locomoción. Algunas clases de dinoflagelados producen una coloración verde amarillenta en el agua que, como agua roja, por la noche emite luz cuando se le molesta. Las consecuencias de brotes extensos de agua roja son el decaimiento de un inconcebible número de cuerpos microscópicos arrojados sobre la playa, causando olores muy ofensivos y envenenando el agua lo suficiente como para matar a animales como pepinos de mar, cangrejos, e incluso peces, con el resultado que sus cuerpos cubren las playas e incrementa la peste».

Ahora se sabe que las floraciones se deben a diversos factores, como la temperatura, salinidad, pH, luminosidad, corrientes oceánicas e, incluso, la contaminación debida al ser humano. En la literatura científica se le conoce como Florecimientos Algales Nocivos (FAN).

Aparentemente, esas mismas toxinas arrastradas por el viento causan las bien conocidas reacciones de irritación nasal y farínguea, accesos espasmódicos de tos, erupciones cutáneas y dificultades respiratorias que bien conocen quienes han estado en las proximidades de un área severamente afectada por la marea roja. Las sustancias despedidas por los dinoflagelados también parecen actuar químicamente sobre ciertos metales.

Por lo común el fenómeno abarca extensiones reducidas, de unas cantas hectáreas o a lo sumo de unos kilómetros cuadrados. Estos episodios aislados son los que por lo general se presentan en las costas del Golfo de México, particularmente en las proximidades de la Florida y en la península de Yucatán, Tabasco y Veracruz.

BIOLUMINISCENCIA

Pero existe una particularidad aún más extraordinaria de las hemotalasias: pueden emitir luz.

El enigma de los «Mares de fuego» presentó un misterio para los pescadores y marinos durante siglos. Es un resplandor que se ve en la estela de las embarcaciones cuando navegan por aguas tropicales. Ya desde el tiempo de los griegos se conocían espeluznantes relatos sobre regiones en las que las aguas chisporroteaban y llameaban amenazando con reducir a cenizas la madera del casco de la embarcación.

El supuesto fuego no es producto de la combustión de ningún material sino la luminiscencia debida a la presencia de una gran cantidad de dinoflagelados que emiten luz cuando son molestados.

Estos organismos, que deben su nombre a que se impulsan moviendo una larga y delgada cola en forma de látigo o flagelo, miden sólo unas cinco centésimas de milímetro. Se les puede encontrar en muchos lugares de los mares tropicales. Son organismos unicelulares que se desarrollan en las bahías cerradas y en las estaciones favorables logran proporcionar una coloración al agua misma y producen suficiente luz para dar al agua un aspecto realmente fantasmal, como si se encendiera.

Diversos ufólogos apuntaban a la posible existencia de bases submarinas de ovnis. Morris Karl Jessup, Harold T. Wilkins, Antonio Ribera e incluso Charles Hoy Fort hablaban de misteriosas ruedas luminosas que se habían visto flotando en el mar. Está el caso del buque de guerra británico Vulture, que el 15 de mayo de 1879 cuando navegaba por el golfo Pérsico, cuya tripulación observó unas «enormes ruedas giratorias» que emitían pulsaciones luminosas. El capitán escribió en el libro de bitácora:

«Estas ondas luminosas iban desde la superficie hasta gran profundidad bajo el agua».

Los marinos vieron por lo menos dos de estas ruedas luminosas, una hacia el Este que giraba en una dirección, y otra hacia el Oeste, que lo hacia en dirección contraria. El Vulture pasó sobre una de estas ruedas. Poco antes del anochecer la tripulación había observado zonas recubiertas con una sustancia flotante descrita como «fresa de aspecto oleoso».

Fort menciona que en el mes de mayo de 1880 la tripulación del buque de vapor inglés Patna, nuevamente en el golfo Pérsico, vio otra enorme rueda luminosa giratoria, cuyos radios parecían rozar el barco y medían unos 200 a 300 metros.

En 1960, el 8 de enero, otro buque británico, el Corinthio, que había partido de Londres con destino a Wellington, encontró una misteriosa sustancia flotando sobre el mar. Su color era como el de la miel y su consistencia viscosa. Era como una seda que se rompía en trozos al ser tocada por la hélice. La sustancia cubría todo el horizonte alrededor de la embarcación. El suceso ocurrió a unas 880 millas de la isla Pitcairn.

Y no eran exageraciones ni cuentos de marinos. En efecto, los dinoflagelados pertenecen al phylum llamado Pyrrophyta, que significa «planta de fuego» y coloquialmente se les conoce como «linternas vivientes» del mar. Estos microorganismos emiten luz en la oscuridad.

En América hay cinco bahías famosas por sus «fuegos»: tres en Puerto Rico, una en Jamaica y una en las Bahamas. Una de las más espectaculares es la de Bahía Oyster, cerca de Falmouth, en la costa norte de Jamaica; otra está al Sur de Puerto Rico, en Bahía Fosforescente, cercana al puertecillo pesquero de La Parguera. Las dos bahías están habitadas por los dinoflagelados Pyrodinium bahamense, que en español podría traducirse como «fuego giratorio de las Bahamas». Su concentración es inmensa: unos 185,000 en cada litro de agua.

Los dinoflagelados de esta especie tienen como peculiaridad el que solamente emiten luz de noche. No importa cuánto se agite el agua durante el día, en las horas diurnas no emitirán luz. Pero por la noche basta la más leve excitación para que produzcan sus característicos destellos. Mediante algunos experimentos se comprobó que el Pyrodinium bahamense sólo se «enciende» durante las horas correspondientes a la noche, aunque se le mantenga en la oscuridad total todo el tiempo. Con esto queda demostrado que los dinoflagelados tienen una especie de reloj biológico que les indica cuándo es de día y cuando de noche.

El investigador mexicano Javier Corro escribía hace algunos años:

«La Bahía Fosforescente de Puerto Rico funciona como una trampa natural que retiene a los dinoflagelados y favorece su multiplicación. Es bastante pequeña «“mide unos 800 metros en su parte más ancha- y su estrecha boca permite sólo una reducida comunicación con el mar. Esta rodeada de espesos manglares que aportan a las aguas de la bahía una gran masa de nutrientes, formando un verdadero caldo de cultivo en el cual prosperan los microorganismos.

«Además, el clima de la región es relativamente seco. Los vientos cargados de humedad que llegan desde el Noreste son atajados por una alta barrera montañosa antes de llegar a la zona de La Parguera, y en la bahía caen sólo unos 750 milímetros de lluvia al año contra 2,500 en las montañas próximas. Con tan escasa lluvia hay poco aporte de agua dulce a la bahía, lo que hace que las condiciones físicas y químicas del agua se mantengan casi constantes a lo largo de todo el año. Estas condiciones estables hacen que la concentración de dinoflagelados permanezca también casi sin variación.

«Desafortunadamente, las bahías de fuego corren el peligro de convertirse sólo en recuerdo. La de Nassau, en las Bahamas, perdió su brillo cuando su boca fue ensanchada artificialmente para permitir el paso de embarcaciones mayores. Al mejorar la comunicación con el mar, el lugar dejó de ser estanque natural para los dinoflagelados y el fenómeno nunca volvió a ocurrir. De las tres en Puerto Rico, dos ya han sido seriamente afectadas por la contaminación del agua y otros factores negativos que provocaron mortandad masiva de los microorganismos luminiscentes, y ya sólo conservan una parte de su luminosidad. La única que puede considerarse relativamente a salvo es la Bahía Fosforescente. Pero los científicos le dan poca vida. Temen que pronto corra la misma suerte de las demás».

Existen varias especies con esta propiedad bioluminiscente, pero el género contiene muchas especies bioluminescentes tales como G. Catenata, G. Digitale, G. Hyalina, G. polygramma, G. sphaeroidea, y G. spinifera. Unos pocos dinoflagelados en un frasco con de agua de mar pueden funcionar como una linterna. Esta fosforescencia se llama bioluminiscencia, que es luz producida en un organismo por medio de una reacción química. Los dinoflagelados son las únicas algas conocidas que tienen esta excentricidad especial.

En las costas del Pacífico el culpable es el Gonyaulax polyhedra, un dinoflagelado luminoso, que tiende a agruparse en círculos de algunas centenas de metros de diámetro, y que bien podría explicar algunos avistamientos de OSNIS fosforescentes.

La luz es de un color azul verde, cayendo en el espectro de luz entre las longitudes de onda de 474 y 476. En el Gonyaulax los destellos son rojos de entre 630 y 690.

El mecanismo de emisión de luz comprende dos etapas, una física y la otra química

La primera parte es puramente física. La membrana vacuolar se hiperpolariza manteniendo un voltaje más negativo con respecto a su entorno. Luego ese potencial expulsa los iones de hidrógeno de unas bolsillas externas de la membrana vacuolar, en las que se encuentra una enzima llamada luciferaza. Esta acción reduce el pH. En estas condiciones ácidas, la luciferina se suelta de su proteína y se activa. La luciferaza cataliza la oxidación de la luciferina, dando por resultado una luz y un producto intermedio llamado oxyluciferina. Se debe proporcionar energía en la forma de ATP para regenerar la luciferina.

La bioluminiscencia de los dinoflagelados se produce en la noche. Es un fenómeno cíclico, un reloj biológico perteneciente a los llamados ritmos circadianos. Ese reloj se puede alterar artificialmente. Se puede «entrenar» a los dinoflagelados para que emitan su luz a diferentes horas del día.

Se piensa que ese ritmo circadiano es una adaptación evolutiva que permite a los dinoflagelados anticipar la salida del Sol y migrar en una columna de agua para subir a la superficie tan pronto como la luz esté disponible para comenzar a la fotosíntesis.

Pero los dinoflagelados no siempre brillan. La bioluminiscencia de los dinoflagelados se puede producir por tres causas:

Estimulación mecánica. Fuerzas de corte o cisalladura, tales como las causadas por el movimiento del agua, de la estela de un barco, de un pez nadando o de una ola que se rompe, deforman la membrana de la célula de los dinoflagelados, lo que produce un destello corto de aproximadamente 1/100 un segundo de fotones 10^8.

Estímulo químico. La reducción del pH de su medio externo agregando ácido puede hacer que algunos dinoflagelados brillen intensa y continuamente.

Estímulo de la temperatura. Algunas especies de dinoflagelados, tal como G. polyhedra, pueden brillar intensamente si baja la temperatura.

El brillo lo utilizan como una especie de alarma sobre la posible presencia de predadores potenciales. Al encenderse, los dinoflagelados señalan la posición de su supuesto atacante. Los microorganismos se ponen en movimiento; la luz puede asustar al depredador y los más pequeños, incluso, pueden quedar tostados.

Los dinoflagelados luminosos han dado lugar a varios reportes sobre sus características, el más antiguo que conozco es este reporte aparecido en una revista mexicana de 1836:

«El autor de la relación de un Viaje a Siam y a la Conchinchina (Mr. Finlayson) explica así la causa de este magnífico y singular espectáculo que presentan los mares de la India, durante la noche: «˜En muchos golfos, y singularmente en la rada de la Isla del Príncipe de Gales, los cuerpos que producen esta fosforescencia se encuentran en tanta abundancia, que se puede distinguir fácilmente un navío a la distancia de algunas leguas. La luz que resulta no es menos viva que la de un hacha, y parece saltar del seno de las olas surcadas por el timón, o batidas por los remos. Durante el día hemos notado que las olas eran de un color verduzco, semejante al de la capa vegetal que se ve comúnmente en la superficie de los estanques o ciénagas; y habiendo recogido una gran cantidad de esta agua, nos aseguramos de que el color que la distingue de día, y la claridad fosfórica con que brilla de noche, eran debidos a la presencia de la misma sustancia. Las causas de este fenómeno luminoso, varían en diversos puntos del Océano. Sabemos que el pez de mar cuando está muerto, comunica a la olas una claridad del mismo género, y nos hemos certificado de ello arrojando a la mar un pez que matamos. Se distribuye este hecho al desove, así como a la putrefacción de las materias animales. En la experiencia que hemos practicado, observamos que la claridad de que se trata, provenía del movimiento impreso a un montón inmenso de moléculas viscosas, del grueso de una cabeza de alfiler. Tomada el agua n el hueco de la mano, se les veía moverse con una extrema rapidez, por espacio de uno o dos segundos, y cuando volvían a entrar en su estado de inercia, no daban ya ninguna luz»™»[1].

En el 2005 se logró captar esa luminosidad desde el espacio exterior mediante fotografías con satélites artificiales.

La marea roja y la marea fosforescente han generado muchos mitos. Mitos que comenzamos a desentrañar en este nuevo milenio.

REFERENCIAS

Anónimo, La marea roja: efecto natural del ecosistema marino, Información Científica y Tecnológica, Vol. I, No. 5, págs. 5-8, México, septiembre 15 de 1979.

Corro Javier, Fosforescencia de la mar, Información Científica y Tecnológica, Vol. 6, No. 97, pág. 53, México, octubre de 1984.

McElroy D. William & Saliger H. Howard, Biological «luminescence», Scientific American, Vol. 207, No. 6, págs. 76-89, diciembre de 1962.

Morales Juan José, Mitos y leyendas del mar, Editorial Posada, Colección OMNIA, México, 1984.

Shimizu Y., Dinoflagelate toxins, en Paul J. Schever (editor), Marine Natural products: Chemical and Biological Perspectives, Vol I., págs. 1-42, Academic Press, New York, 1978.

Página en Internet, http://www.mbari.org/staff/conn/botany/dinos/alimon/biolumin.htm

Gymnodium brevis

Gonyaulax polyhedra

Gonyaulax polyhedra

Gonyaulax polyhedra

Gonyaulax polyhedra

Gonyaulax polyhedra de día

Gonyaulax polyhedra de noche

Gonyaulax polyhedra de día

Gonyaulax polyhedra de noche

Marea roja

Marea roja en Corea del Sur

Marea roja en La Joya, California

Marea roja en Hong Kong

«Laguna de sangre» en Valle de Santiago

Dibujos de «círculos de fuego» vistos por los marinos del siglo XIX

Ondularía

Marea fosforescente en playas brasileñas

Marea fosforescente vista desde el espacio


[1] El Mosaico Mexicano, Tomo I, No. 6, México, 15 de diciembre de 1836.

Una pareidolia muy atractiva

Montañas parecidas a senos

Unas montañas en China parecen un par de senos.

Las montañas, localizadas 12 kilómetros al Norte de del pueblo de Zhenfeng en la provincia de Guizhou, son conocidas localmente como las dobles montañas seno.

Las montañas se usan como lugar de labor por la comunidad.

Los vecinos llegan a pie a las montañas durante las bodas creyendo que les traerá buena suerte.

http://www.ananova.com/news/story/sm_1949977.html

El país de las 7 luminarias (Final)

EL «ENIGMA» DE LAS VERDURAS GIGANTES

Valle de Santiago, a cuatro horas del Distrito federal, en el Estado de Guanajuato, se hizo famoso en todo el mundo por sus verduras gigantes. A mediados de los setenta un sencillo campesino, José Carmen García Martínez logró cosechar acelgas, nabos, lechugas y otras verduras, de enormes dimensiones, en un tamaño realmente gigantesco.

Este extraño suceso puso a Valle de Santiago en la mira de muchos personajes públicos relacionados o interesados en los fenómenos insólitos. Las televisoras de diversos países se dieron cita en la milpa de Don Carmen. Así la hija de Jack Palance transmitió uno de los reportajes de ¡Aunque usted no lo crea! (Ripley). Lo mismo hizo Virginia Sendel Lemetre para el programa México Mágico de Televisa. También llegó la señora Carmen Romano de López Portillo, quien llevó al mago Uri Geller para que éste detectara las «extrañas» emanaciones del lugar.

Valle de Santiago no ha dejado de ser noticia e imán para los ufólogos. Entre sus visitantes se pueden contar Don Pedro Ferriz Santacruz, Salvador Freixedo, Juan José Benítez, Jiménez del Oso, Sixto Paz y otros.

José Carmen García logró obtener cosechas de acelgas del tamaño de una persona (de 1.50 a 1.85 metros), coliflores (repollos) de 43 kilogramos, cebollas de proporciones similares a las de la cabeza de un niño, rábanos de 20 kilos, coles que apenas podían cargarse entre cuatro personas, nabos y lechugas de enormes dimensiones»¦

Los fenómenos, no obstante ser realmente sorprendentes, no hubieran pasado de ser una curiosidad botánica, de no ser por la aparición de Oscar Arredondo Ramírez. Este singular personaje, delegado de turismo de Valle de Santiago, es un fotógrafo profesional que tiene su estudio y local de trabajo, Fotografía México, en la calle de Juárez, casi en la plaza central de Valle de Santiago. El estudio de fotografía de Arredondo es una auténtica galería de lo insólito. Todas las paredes y vitrinas están tapizadas de fotografías fantásticas. Ahí se mezclan, marco con marco, las fotos de los ufólogos con las de monstruos antediluvianos, verduras gigantes, rostros de Cristo y ovnis.

LAS VERDURAS GIGANTES

Arredondo aconsejó a José Carmen para que dijera que la «fórmula secreta» provenía de las enseñanzas de seres extraterrestres que le visitaron tiempo atrás. Según Arredondo el método para «fabricar» esas verduras se basaba en procesos astrológicos dictados por seres extraterrestres. Las verduras crecen de ese tamaño porque, mediante la astrología, se escoge el día y hora más adecuados para sembrar la semilla. El lugar de siembra se determina mediante un péndulo. A cada semilla se le saca una especie de carta astral para poder determinar las mejores condiciones para su siembra. De esa manera tenemos que una acelga podría ser de signo Aries, mientras que un nabo sería Acuario o una cebolla podría ser Piscis. ¿Ridículo? ¡Sí! Y sin embargo mucha gente creyó esas tonterías.

¿Cuáles eran las intenciones de Arredondo? Además de aportar una «prueba» de la realidad del fenómeno OVNI (tema que es una obsesión para el fotógrafo), podría atraer la atención de las autoridades hacia su ciudad (y su persona), y crear un polo de desarrollo agrícola para generar una mayor derrama económica en la zona. Por esa razón, Oscar logró establecer contacto con personajes tan importantes como el mismo Secretario de Agricultura y Recursos Hidráulicos, el Ingeniero Francisco Merino Rábago, con quien se reunieron el 20 de septiembre de 1977 en las oficinas de la propia Secretaría. En ese lugar Oscar planteó lo siguiente:

«Imagínese Valle de Santiago con los cráteres de las Luminarias infestados de verduras y frutas gigantes; creo que el problema del hambre sería menor. Pero si digo cómo hacer verduras gigantes, el rico se volverá más rico».

En dicha reunión Oscar y Carmen García ofrecieron entregar la fórmula a cambio de que se cumplieran dos condiciones: La creación de un parque nacional en la ciudad de Valle de Santiago y la construcción en el sitio de una escuela de agricultura, precisamente en el interior del cráter llamado La Joya de las Flores.

Arredondo propuso llevar a cabo un experimento entre los técnicos de la Secretaría y los campesinos vallenses[1]. Ambos sembrarían diversas hortalizas en un terreno neutral de Tangasneque, cerca de Tampico, Tamaulipas. El experimento se hizo en 1977. Se dividió el campo en dos parcelas iguales, de aproximadamente 20 hectáreas cada uno. Unos, los ingenieros agrónomos sembraron las hortalizas utilizando técnicas convencionales y usando abonos, de acuerdo con los métodos aprendidos en la Universidad de Chapingo. Los otros, los campesinos, «pared con pared» (según las propias palabras de Arredondo), utilizaron sus propios procedimientos, «según su secreto saber y entender». Ambos grupos se vigilaban mutuamente.

En abril de 1978 llegó el momento de la cosecha. Los campesinos obtuvieron 5 a 8 toneladas por hectárea; mientras que los agrónomos rebasaron fácilmente las 100 (107 para ser exactos).

Al saber los resultados Merino corrió al fotógrafo y no quiso saber más de él.

Pero Oscar cuenta la historia de manera diferente. Para él quienes resultaron vencedores fueron ellos, mientras que los derrotados fueron los ingenieros. Pero si eso hubiese sido verdad dudo mucho que Merino Rábago hubiera dejado ir la oportunidad de convertirse en el salvador de la patria (y tal vez del mundo), al mostrar urbi et orbi las bondades de un nuevo método de cosecha que eliminaría de raíz los problemas de alimentación de la Tierra. El Secretario de Agricultura se olvidó del asunto porque, además de obtener una cosecha infinitamente más pobre, los frutos que se conseguían por el método astrológico-rabdomante-extraterrestre eran casi pura agua. En efecto, el gran volumen se conseguía por la gran acumulación de agua en los tubérculos, de tal manera que una enorme col de 45 kilogramos tenía el mismo valor nutritivo que una col normal. Alguien que se alimentara de esas verduras moriría de hambre (aunque no de sed).

VERDURAS GIGANTES EN OTRAS PARTES DEL MUNDO

¿Cuál era el argumento de Arredondo para explicar el rechazo del gobierno mexicano a sus métodos? Según él todo se debía a la envidia de «unos cuantos mediocres ingenierillos» mezquinos y celosos. Y ese argumento tan pueril lo siguen creyendo los seguidores de los temas ocultos, como Benítez, quien escribió al respecto:

«Sinceramente, de no haberlo visto con mis propios ojos, difícilmente lo hubiera aceptado».

La realidad es que Benítez nunca vio las verduras gigantes más que en fotografías. A su llegada, en 1989, ya se habían dejado de cosechar.

Las fotografías que vende Oscar en su negocio, como subvenir, muestran verduras gigantes y más. Hay algunas fotos en las que se pueden ver claveles de tamaño descomunal. Pero recordemos que Oscar es fotógrafo. Las fotografías de los claveles, entre otras, son un truco fotográfico. Estas fotos muestran un racimo de claveles que dan la apariencia de ser una única flor gigante, al compararla con una flor original. Varias de sus otras fotografías de hortalizas gigantes también han sido trucadas.

Por otra parte, las verduras pueden crecer hasta dimensiones asombrosas sin la ayuda de la astrología. Eso no es nada extraordinario ni de «otro mundo». En diversos lugares del planeta se encuentran ejemplos similares. En Jerusalén, por ejemplo, se dan limones de 8 kilogramos. En Estados Unidos se obtienen coles de 38 kilos, y en Inglaterra se llevan a cabo concursos de hortalizas gigantes. En el poblado de Spalding, en Lincolnshire, se han logrado calabazas de 209 kilogramos, rábanos de 5.5 kilos, coles de 53 kilos y remolachas de 18 kilos. En Yorkshire se otorgan premios de hasta mil libras esterlinas en estos concursos. Los ejemplares que se han llevado el dinero han sido unas cebollas de 7 kilos y calabazas de 187 kilogramos.

Sin ir tan lejos, en nuestro propio país hay otro lugar en donde se cultivan ejemplares similares. En el rancho Ojo de Agua, en el municipio mexiquense de Chapa de Mota, a 113 kilómetros del D.F., las calabazas llegan a tener el tamaño de una sandía, las coles pesan entre 5 y 10 kilos, las acelgas son de más de un metro de largo y las cebollas son de dos kilos.

Este rancho es administrado por la Asociación Eubiótica Vida Sana de México A. C. y fue fundado por Bergit Flore Grass, una química alemana de 53 años. En el cultivo de estas hortalizas no se usan formulas secretas ni fertilizantes mágicos, sólo composta (un triturado de desechos orgánicos, principalmente sobras de comida), para enriquecer la tierra, y abundante agua.

EL CHAC: EL NESSIE MEXICANO

Y es precisamente el agua la que da origen a otro de los supuestos misterios de Valle de Santiago. Se trata de otra leyenda que ha hecho correr Oscar Arredondo: la existencia en el cráter lago La Alberca de un monstruo antediluviano parecido al del Loch Ness.

Según Arredondo La Alberca no tiene fondo. Dice que está habitada por un poderoso animal de seis metros de longitud y cabeza similar a la de un becerro. Se trata, según la descripción, de un plesiosauro. El fotógrafo afirma que durante siglos las leyendas sobre el monstruo han pasado de padres a hijos. Yo he entrevistado a varios ancianos de la localidad y nadie hace referencia al monstruo.

El que sí se creyó lo del monstruo fue el Jinete de Troya: Benítez. Pero no sólo eso, también se creyó que en aquel lugar los aztecas celebraban sacrificios rituales de doncellas para aplacar la ira de Chac[2]. El ufólogo español se lo creyó todo y, junto con el doctor Jiménez del Oso grabó una de esas ceremonias. La película puede ser efectiva para el público español promedio, que no sabe que el lugar no fue habitado por los aztecas, y que desconoce que nunca se celebraron sacrificios humanos en esos volcanes. El público de Benítez y Del Oso fue engañado deliberadamente, pues se hizo vestir ropajes indígenas a algunos actores circunstanciales para que representaran ceremonias apócrifas. Benítez escribió en sus libros:

«Y hasta tal punto es así que cada mes de septiembre, desde hace siglos o milenios, los hombres y mujeres de la región ascienden en sagrada peregrinación hasta lo alto de la boca del cráter, ofrendando al monstruo los primeros frutos de la tierra y suplicando su protección y benevolencia».

Pero ¿verdaderamente existe un animal prehistórico en el cráter La Alberca? El cráter tiene un diámetro de tan solo 700 metros, y no es tan profundo, por lo que su volumen de agua es relativamente pequeño. Este no es problema para los creadores de mitos. Según ellos los animales se escabullen a través de ciertos pasadizos que conectan a todos los volcanes de la región. De acuerdo con lo que menciona el ufólogo español:

«Entre 15 y 20 metros se perciben unas fuertes corrientes «“de Oeste a Este- que ponen de manifiesto la existencia de uno o varios canales subterráneos que pudieran poner en comunicación la laguna de Chan con el resto de los volcanes».

Según él, se han hecho experiencias de arrojar troncos en el lago de Rincón de Parangueo, y al poco se les ha visto emerger en la superficie de La Alberca. Esto explicaría porqué no se ha podido atrapar al monstruo, puesto que el misterioso animal se desplaza de uno a otro cráter.

La verdad es otra. No existe comunicación entre los cráteres. Las aguas de Rincón de Parangueo son alcalinas, mientras que las de La Alberca son sulfurosas. Si hubiera una interconexión entre los cráteres, ambos embalses de agua tendrían las mismas propiedades químicas.

Las aguas de Rincón de Parangueo son tan saladas que los cuerpos flotan fácilmente. Sería difícil que un tronco se hundiera para luego reaparecer en otro cráter.

Además, un animal de 6 metros de largo, no podría vivir en esas aguas, ya que no existen otras especies para sustentarlo[3]. Mucho menos podría vivir toda una familia, necesaria para perpetuar la especie desde tiempos prehistóricos.

Por otra parte. Supongamos que la familia de Chac estuviera compuesta por veinte ejemplares. Pongamos, además, que poseen una gran capacidad torácica y que sólo necesitan salir a la superficie cada dos horas, para respirar. Esto nos da un total de 240 salidas al día. Yo me he pasado varios días, con sus noches, de guardia en el cráter y nunca tuve la suerte de ver al animal. Igual destino han tenido los habitantes de Valle de Santiago. Los reportes de Chac son escasos y en todos están relacionados Arredondo y sus amigos.

EL «MAR MUERTO» DEL BAJÍO MEXICANO

Hemos dicho que las aguas de Rincón de Parangueo son en extremo alcalinas. En 1976 se realizó el primer análisis conocido de esta agua. Los resultados se muestran en este reporte:

Secretaría de Recursos Hidráulicos. Unidades de Riego para el Desarrollo Rural.

Fecha de muestreo: 2 de junio de 1976.

Sitio del muestreo: Rincón de Parangueo, Valle de Santiago, Guanajuato.

Ing Albino Hernández

No. Lab.

627

pH

9.3

Conductividad eléctrica en micromhos/cm

15,000

Ca++ meq/litro

16.59

Mg++ meq/litro

3.16

Na+ meq/litro

126.50

K+ meq/litro

1.28

Suma de cationes meq/litro

147.53

CO3= meq/litro

26.20

HCO3 meq/litro

42.80

Cloruros p.p.m.

2,878.54

SO4= meq/litro

2.00

Suma de aniones meq/litro

152.20

Salinidad efectiva meq/litro

81.00

Salinidad potencial meq/litro

82.20

Relación de adsorción de Sodio RAS

40.00

Na2CO3 residual meq/litro

49.25

Porciento de Sodio posible PSP

156.17

 

Conductividad eléctrica:

Fuera de clasificación

Celaya, Gto. 16 de junio 1976

 

TLQ. Ma. Guadalupe Almanza Núñez

Encargado de Laboratorio

Un plesiosauro no podría vivir en este medio. Tal vez en La Alberca. Oscar mandó hacer «un retrato hablado del Chac» (una pintura), en donde se ve un monstruo muy semejante al de Loch Ness, nadando en el cráter de La Alberca.

La Alberca es un sitio ideal para practicar la natación y el buceo. Pero las cosas están cambiando, el cráter se está secando. En medio del lago comienzan a aparecer pequeños islotes. La profundidad actual es de poco menos de 25 metros. Al secarse, morirá la Alberca, y con ella también morirá el mito del Chac.

AZTLÁN ERA UNA ANTIGUA BASE DE EXTRATERRESTRES

Otro más de los mitos diseminados por Arredondo es que el Cerro de Culiacán, en el Estado de Guanajuato, es una base extraterrestre.

«Los ancianos de esta localidad «“informa Arredondo-, han transmitido relatos orales que señalan que el Cerro de Culiacán era un volcán que al apagarse quedó tan hueco como un cono de papel invertido, en donde vivía gente y, además, contenía un gran lago.

«La boca de este volcán, adentro del cerro, conduce a una enorme ciudad habitada aproximadamente 16 kilómetros de profundidad. Esas construcciones son tan grandes que desembocan al mar abierto.

«Por dentro tiene forma de una esfera, mas quiero aclarar que si cualquier científico interesado entrase, sólo llegaría al centro del cerro donde se encuentra la pirámide que se señala en el mapa.

«Extraños acontecimientos que suceden en las faldas del cerro, en donde se ven, se oyen fenómenos inexplicables y se dice que hasta se ha visto gente que aparece y desaparece rápidamente».

Según Arredondo las tradiciones decían que de ahí provenían la sabiduría, salía el sol y la gente recibía iluminación de los dioses o cósmica. Todo esto es una extraña mezcla de una mala lectura de la obra de Paul Kirchoff, uno de los primeros investigadores de las culturas precolombinas. Arredondo afirma que el Cerro de Culiacán es el mismísimo Chicomostoc, y que la laguna de Yuriria, al lado del cerro, era la mítica Aztlán. Pero dejemos que sea el mismo Oscar quien nos cuente su versión.

«En el libro de Historia Tolteca-Chichimeca, de Paul Kirchoff, se analiza un códice náhuatl, cuyo original está en Francia, que relata las migraciones chichimecas de Chicomostoc. La portada de dicho libro presenta la reproducción de un antiguo grabado en donde claramente se aprecian las «7 cuevas» y las siete razas que las habitan en Mesoamérica, en donde un día fue sede de las siete culturas, de las siete razas, era la llamada montaña de los siete misterios y se afirma que era la mítica torre de Babel. Al centro de la misma se puede ver a un par de ancianos con un fuego al centro, que según la leyenda representaba a la tierra y la sabiduría, pero a la cual sólo podían entrar los iniciados».

Esta gráfica es muy similar, según Oscar, a un mapa plasmado en una piedra encontrada en el Cerro de Culiacán, en cuyo hallazgo se mezcla lo casual y lo místico, ya que asegura Arredondo, un campesino[4] caminaba por las laderas del cerro, cuando se le apareció un ser, que le informó sobre el mundo paralelo que existe dentro del volcán.

«Dijo ser sobreviviente de las siete esplendorosas razas que en un pasado remoto dieron conocimiento al mundo y se siguieron manifestando después a través de diversos actos.

«En dicha roca existe una serie de líneas y curvas que comparándolas con el dibujo del libro citado se puede apreciar con claridad la semejanza existente, incluso se pueden ver hasta los guías que semejan los pies que conducían a la entrada de Chicomostoc».

Entre los que han estudiado el mapa para entrar a la base extraterrestre se encuentra Salvador Freixedo, quien no tuvo éxito. Corrió con mejor suerte Sixto Paz, quien visitó el lugar en 1994 y dijo haber descubierto la entrada al cerro en donde se dice existe una supercivilización.

La verdad es que el mencionado mapa nada tiene que ver con los códices antiguos, ni con los extraterrestres. Se trata de una piedra grabada con una navaja por el mismo Uriel, quien afirma ser un híbrido entre los humanos y los extraterrestres. A este respecto se han tejido varias otras leyendas. Algunos periodistas allegados a Oscar afirmaban que los ovnis bajaban todos los días a las 2:30 a.m. en un lugar cercano a Valle de Santiago. El sitio era muy particular ya que estaba habitado por niños híbridos. Estos reporteros aseguraban que mantenían contacto con dichos niños. Al pedirles que nos llevaran al lugar, cambiaron su versión. Ahora los ovnis bajaban entre las 12:00 y las 2:00[5]; ellos nunca los habían visto, pero «la gente decía»; tampoco conocían a los niños híbridos, y mucho menos nos podían acompañar al lugar.

En cuanto a los ovnis, una de las pocas «pruebas» presentadas es una fotografía, obviamente trucada, sacada por el mismo Oscar Arredondo, en donde se puede ver un grupo de patos dentro de La Alberca, y a su derecha un plato volador dibujado sobre el papel fotográfico. Esas son las portentosas naves intergalácticas que penetran el cerro de Culiacán, hacia el interior de la tierra hueca. Pruebas tan «contundentes» nos hacen recordar aquella frase que decía que la hipótesis de la tierra hueca había nacido en una cabeza hueca.

REFERENCIAS

Aguirre Alejandrina, Las súper verduras de Chapa de Mota, Contenido, No. 377, México, noviembre de 1994, página 77.

Andrade Martínez Jorge, ¿Encuentros cercanos del tercer tipo en Valle?, El Sol de Salamanca, domingo 24 de julio de 1994.

Andrade Martínez Jorge, El señor cura Francisco Bombella Ayala revisó en forma minuciosa la figura del ropero. Sacerdotes se reunirán, El Sol de Irapuato, jueves 1 de octubre de 1992.

Andrade Martínez Jorge, Para Oscar Arredondo propietario del ropero es un misterio; su casa abierta al público, El Sol de Salamanca, miércoles 30 de septiembre de 1992.

Andrade Martínez Jorge, Viejo ropero hacer creer a la población católica que es un milagro; otros piensan que es charlatanería, El Sol De Salamanca, miércoles 30 de septiembre de 1992.

Anónimo, ¡Extraterrestres en Guanajuato!, ¡Cuestión Policíaca!, No 106, México, 3 al 9 de noviembre de 1992, páginas 2-3 y 30.

Anónimo, ¡Fotografían a un extraterrestre!, ¡Cuestión Policíaca!, No. 104, México, 20 al 26 de octubre de 1992, páginas 2-3.

Anónimo, ¿Predijo «La Joyita» el terremoto de Japón?, El Sol de Salamanca, miércoles 18 de enero de 1995.

Anónimo, Afirman que vive una supercivilización, El Centro, Valle de Santiago, miércoles 6 de julio de 1994.

Anónimo, Analiza el clero el rostro divino, El Sol de Irapuato, jueves 1 de octubre de 1992.

Anónimo, Aparece la imagen de Jesucristo, Día Siete, Valle de Santiago, lunes 12 de octubre de 1992.

Anónimo, Asegura a una investigadora haber hablado con un extraterrestre, ¡Cuestión Policíaca!, No. 109, México, 24 al 30 de noviembre de 1992, páginas 2-3.

Anónimo, Aún agonizando La Alberca ofrece una belleza que estaba oculta bajo el agua, El Centro, Valle de Santiago, miércoles 6 de julio de 1994.

Anónimo, El rostro de Jesús se apareció en un ropero, El Sol de Salamanca, miércoles 30 de septiembre de 1992.

Anónimo, Opinan investigadores sobre el extraterrestre, ¡Cuestión Policíaca!, No. 110, México, 1 al 7 de diciembre de 1992, página 26.

Anónimo, Se sumergió en la laguna y desapareció el extraterrestre, ¡Cuestión Policíaca!, No. 107, México, 10 al 16 de noviembre de 1992, paginas 2-3.

Benítez Juan José, El valle de las luminarias, Espacio Tiempo, España, abril de 1991, páginas 52-59.

Benítez Juan José, Mis enigmas favoritos, Plaza & Janes, Barcelona, 1993.

Kirchoff Paul, Historia Tolteca Chichimeca, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 1974.

Pulido Arroyo Jesús y Aguilar Marcial, «La Tierra se está saliendo de su eje», me dijo el extraterrestre, ¡Cuestión Policíaca!, No. 110, México, 1 al 7 de diciembre de 1992, páginas 24-26.

Sendel Lemetre Virginia, México Mágico, Editorial Diana, México, 1990.

Jack Palance.

Verduras gigantes en valle de Santiago.

Concursos de verduras gigantes.

Fotografías trucadas de verduras gigantes que aparecieron en un calendario canadiense entre de 1909 y 1923.

Chicomostoc.

Don Pedro Ferriz y Oscar Arredondo.

Un OVNI dentro del volcán La Alberca.

Otro ovni en La Alberca. Esta vez se trata de un reflejo de la lente (lensflare).

Uno de los testigos que afirma haber visto que un diminuto extraterrestre alzó una vaca con sus manos, «para verle las ubres».

Las fotografías del extraterrestre de Valle de Santiago. En la última se supone que la leve sombra que aparece en medio del lago es el extraterrestre en el momento de introducirse al agua.

Fotografías de control con uno de los niños que trabajan en el cráter.


[1] En otra versión, el mismo Arredondo dice que fue el propio Secretario de Agricultura quien les pidió hacer el experimento. Ellos aceptaron el desafío siempre y cuando la zona en donde se cultivara fuera cerrada herméticamente a las miradas curiosas. Oscar acostumbra ir cambiando sus versiones. Al pasar el tiempo, se le olvidan sus mentiras y las reinventa sobre la marcha.

[2] Nombre con el que fue bautizado por Arredondo. Recientemente se le ha cambiado el nombre a Chan.

[3] Sólo hay pequeños charales que serían una botana muy escasa para tamaño dinosaurio.

[4] Se trata de Uriel, un contactado, gran amigo de Oscar.

[5] En cuestión de pseudociencias siempre es mejor ser ambiguo.