La historia de Futuro

FUTURO: LA CASA DE LA ERA ESPACIAL

A finales de 1968 los asombrados televidentes de Finlandia vieron un anuncio en donde aparecía el típico bosque finlandés y, a lo lejos, lo que parecía ser un platillo volador con muchas portillas a todo su derredor. La visión era impresionante, pero no se trataba de una nave de otro mundo sino de un diseño que rompería con todos los moldes y arquetipos en la construcción de viviendas.

Dos años antes un viejo amigo de la escuela del arquitecto Matti Suuronen lo comisionó para diseñar una moderna cabina de esquí en Janakkala, en Finlandia central. Se requería de algo que pudiera fabricar, transportar e instalar fácilmente.

Suuronen pensó en una elipse construida de plástico reforzado. Las patas se construirían de acero y serían ajustables para poder erigirse en toda clase de terreno. Debido a este sistema, las cabinas se podrían instalar fácilmente en terrenos con pendientes elevadas. Las patas también permitirían que la nieve pudiera pasar entre ellas, incluso en las más fuertes tempestades.

El cuerpo de las cabinas se construiría de fibra de vidrio reforzada con poliéster. Su forma sería una elipse de unos cuatro metros de alto por ocho de diámetro, dando un volumen total de 140 metros cúbicos. Esa misma forma, la elipse, se repetiría en otras partes de la construcción, como en las ventanas, y los muebles. De hecho, los muebles se tuvieron que diseñar ex profeso pues los convencionales no cabían en esos espacios curvos.

Conforme avanzaba el proyecto, Suuronen se dio cuenta que más que una cabina de esquí, la construcción podría utilizarse como una casa del futuro. Futuro, ese fue su nombre ya que introducía varias características innovadoras: la forma de elipse, el uso del plástico como material de construcción, los acabados brillantes, el mobiliario empotrado, la facilidad de construcción y transporte. Se podían fabricar en serie. De hecho se fabricaron 20 casas Futuro utilizando los mismos moldes.

El prototipo estuvo terminado el 1 de abril de 1968 y a finales del año se presentó en la televisión finlandesa. Todo funcionaba apretando botones. La luz, el aire acondicionado, los aparatos eléctricos, la estufa. Incluso la puerta con los escalones que caían a un lado como en un aeroplano.

Se aprovechaban todos los espacios. Los asientos se convertían en camas, presionando un botón. Las lámparas estaban en los apoyabrazos. Futuro podía acomodar a ocho personas y se podían utilizar paneles deslizables para crear “cuartos temporales para huéspedes”.

Además de aire acondicionado contaba con una chimenea que, por su forma, calentaba rápidamente cada rincón de la casa. Futuro podía ser habitada en cualquier época del año. La superficie en el ecuador de la elipse era de unos 50 metros cuadrados, pero a nivel de piso era de 23 a 28 metros cuadrados. Esta vivienda de la era espacial pesaba 2,500 kilogramos sin muebles y hasta 4,000 de peso total.

“Futuro representa la forma moderna, cómoda y práctica de las casas. Futuro es la vivienda del futuro”, decía el folleto de Futuro, de finales de los años 60.

Pero Futuro era parte de un concepto. Suuronen diseñó una gran bóveda de plástico transparente, de ocho metros de diámetro, para la azotea de un silo de granos en Seinajoki. Luego se dedicó a crear la Casa de Finlandia, o CF, una gama de casas de plástico que incluían, además de Futuro, la vivienda Venturo, un quiosco, y dos diferentes estaciones de gasolina. Estos edificios de plástico harían de Matti Suuronen un diseñador internacionalmente conocido.

TRANSPORTANDO EL FUTURO

Una de las características que se le había pedido al diseño de Suuronen, la movilidad, sería la parte más atractiva de Futuro, pues podía ser transportado fácilmente de un lugar a otro por helicóptero. La Fuerza Aérea Sueca compró un Futuro para usarlo como oficina. El “plato volador” fue transportado por un helicóptero de Estocolmo a Solna. En los Estados Unidos se creía que una vez que terminara la guerra de Vietnam, habría un montón de helicópteros disponibles para hacer estos transportes.

Otro Futuro fue transportado en la cubierta superior de un barco sobre el río Támesis. Formó parte de la feria flotante de Finlandia, en Londres, en 1968. La princesa Margaret fue una de las miles de personas que visitó la exposición. En el verano de 1969, durante todo un mes los grandes almacenes Stockmann pusieron en exhibición un Futuro dentro de sus instalaciones. Según un informe de prensa, más de 50,000 personas visitaron la vivienda futurista.

Pronto muchos diarios y revistas por todo el mundo comenzaron a publicar artículos sobre Futuro. The New York Times publicó un informe sobre la casa de plástico en 1969. En 1970, el Playboy publicó un artículo sobre Futuro titulado “Portable Playhouse”. La revista finlandesa Apu publicó en 1968 una historia sobre Futuro titulada “Matti munaa maisemaa” (Matti atornilla el paisaje). Pero, como casi siempre ocurre, Suuronen no fue profeta en su tierra: su trabajo tuvo mejor aceptación fuera de Finlandia.

Se construyeron 20 Futuros y casi todos ellos fueron para exportación. Sólo el primero que salió de producción fue comprado por el actor finlandés Matti Kuusla, para usarlo como casa de veraneo en Puulavesi, donde todavía se le puede ver hoy. Se conocen otros dos Futuros en Finlandia, uno todavía se usa como casa de verano, el otro nunca fue armado.

Había un cuarto Futuro que pertenecía a la unión de estudiantes de la universidad de Turku, pero fue vendido a alguien en Estonia. En ese mismo país hay otro Futuro amarillo sobre la carretera de Parnu. A mitad de los noventa era utilizado como “platillo volador de Santa Claus”.

Suecia compró tres Futuros para usarlos como estaciones de observación para su Fuerza Aérea. Un cuarto, del que hablamos más arriba, se destinó para usarlo como oficina.

En Alemania había dos: uno propiedad del artista conceptual alemán, Charles Wilp, que fue visitado por varias personalidades como Andy Warhol, Christo (que lo envolvió, como era su costumbre), los príncipes de Kuwait y Hugh Hefner. El segundo se usaba como casa club de la juventud en Stuttgart.

Holanda exhibe un Futuro en el museo central de Utrecht, y una fábrica de plásticos de Yorkshire utiliza uno como oficina.

La agencia de viajes de la juventud soviética, Sputnik, planeaba llenar una cuesta de esquí de Futuros para servir como cabinas de esquí, pero el plan no cristalizó debido a la carencia de fondos. No obstante hay dos Futuros en el Mar Negro (Dombai y Sotsi), que eran usados como cabinas de vacaciones.

Un Futuro fue llevado a Estambul.

Finalmente los Estados Unidos cuenta con la mayor colección de Futuros: en Florida, Philadelphia, y en las montañas cerca de San Diego, California, que son utilizados como casas de campo; y otro en New Jersey que se utiliza como banco dentro de un centro comercial.

Además de estos se han hecho otras reproducciones que no salieron de la fábrica de Finlandia. Se vendieron licencias para fabricar Futuros en más de 25 países, incluyendo Estados Unidos, Japón, Inglaterra, Australia, Nueva Zelanda, Israel, y Líbano. Los moldes para hacer Futuros todavía existen.

EL FRACASO DE FUTURO

Futuro reflejaba el optimismo de la cultura pop y la era de los viajes espaciales a finales de los sesenta y principios de los setenta. Su diseño sigue siendo completamente contemporáneo. El New York Museum of Modern Art compró fotografías de Futuro para sus colecciones sobre arquitectura moderna. El diseño de Futuro fue estudiado en la universidad de Yokohama, para ver si podía soportar terremotos y huracanes. Los resultados fueron muy buenos pero solamente dos Futuros se vendieron en Japón.

¿Por qué no tuvo éxito en su comercialización? Mucha gente pensó que la casa de plástico parecida a un plato volador era demasiado moderna para una vivienda. Pero uno de sus principales problemas fue su precio de venta. También jugó en su contra la inexperiencia de los finlandeses en exportación de sus productos. A esto hay que añadir la crisis del petróleo de 1973, que disparó el precio de los plásticos. Esto puso fin al sueño de Suuronen.

Treinta años después de que se construyó el primer Futuro el museo finlandés de arquitectura organizó una pequeña exposición para conmemorar el acontecimiento. Ese mismo año Mika Taanila terminó su documental, Futuro – Tulevaisuuden olotila (Futuro: una nueva estancia para el mañana), al que le seguiría el libro Futuro: Tomorrow’s House from Yesterday, escrito por Marko Home y Mika Taanila (editorial Desura). El libro, conteniendo un DVD, rastrea la historia olvidada de este diseño finlandés y muestra la historia detallada de Futuro. En el DVD se reproduce la película de 29 minutos, producida por Lasse Saarinen, de KINOTAR Oy, con el apoyo de The Finnish Film Foundation, YLE TV 1. Además se muestran otros 45 minutos de películas caseras de dueños y admiradores de Futuro. La película de Mika Taanila se ha presentado en más de cincuenta festivales internacionales de cine y se ha transmitido en varias estaciones de televisión.

Futuro se presentó en la bienal de Estambul en noviembre de 2001 y en una exposición en Ámsterdam en el otoño 2001. Un modelo a escala de Futuro fue visto en la exhibición de Les Années Pop llevada a cabo en el centro Pompidou en París, a finales del verano de 2001. El Futuro de la colección del museo central en Utrecht fue transportado por último a la exposición Visiones y realidad, llevada a cabo en el museo de arte contemporáneo en Louisiana, Dinamarca, de septiembre de 2000 a enero de 2001.

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