Los niños salvajes (19)

GENIE

En la ciudad más rica del planeta, Los Angeles, California, ocurrió uno de los casos más extraños de abuso infantil. En 1958 nació una niña a la que se le conoce con el seudónimo de Geanne o Genie (al parecer su nombre verdadero era Susan M. Willey). A los veinte meses de edad, el padre Clark Wiley, se dio cuenta de cierto atraso en su conducta y por eso decidió encerrarla en un cuarto, aislada del mundo exterior. La ataba con correas a una silla alta. La mantenía desnuda, sin hablarle, en una casa virtualmente silenciosa en los suburbios de California. Cuando hacía algo que molestaba al padre, éste le pegaba, le gruñía y le ladraba. Nunca utilizó la comunicación verbal. Como resultado, la niña nunca habló, solo emitía ruidos y gruñidos cuando le molestaba algo.

Ningún vecino se dio cuenta de su existencia. Las cosas continuaron así hasta 1970 en que la madre, Irene, decidió escapar con la niña, llevándola a rastras pues su estado no era muy bueno y no podía caminar correctamente. Apenas podía mantener una posición erguida. Solo andaba arrastrando los pies.

El caso conmovió a la sociedad americana. El padre fue condenado a prisión (terminó suicidándose de un tiro en la cabeza). La madre desapareció una vez que dejó a Genie en una oficina de bienestar social de Los Ángeles, llevándose al hijo mayor, John.

La niña fue internada en un hospital infantil para su rehabilitación. Fue estudiada por distintos especialistas, lingüistas, sicólogos y sociólogos, que intentaron integrarla y desarrollar sus capacidades. Inicialmente hizo un buen progreso, aceptó los vestidos, pero el proceso de aprendizaje del lenguaje fue poco exitoso. No consiguió hablar mejor que un niño de 3 o 4 años. Su vocabulario consistía de no más de 100 palabras sueltas, y sólo lograba hilvanar algunas frases sencillas. Nunca aprendió a hablar correctamente. Se comunicaba por medios no verbales: expresión corporal y algunos signos.

Unos doctores del hospital en el que estaba la adoptaron y Genie comenzó a vivir con ellos. Genie se masturbaba constantemente y en cualquier lugar, sin importarle si había o no gente a su alrededor, y se negaba rotundamente a dejar de hacerlo. Los padres adoptivos no podían soportarlo. El proceso se repitió varias veces. Luego de permanecer en muchos “hogares”, Genie tuvo que ser recluida en una institución para enfermos mentales.

El escritor Russ Rymer escribió un libro sobre el caso, basado en un artículo suyo para el New Yorker. Rymer dice que durante siete años experimentaron con la niña tratando de probar sus teorías, en lugar de darle terapia de apoyo que pudo haberle permitido superar los horrores del confinamiento de su niñez. Al final llegaron a la conclusión de que su retraso fue la consecuencia de no haber sufrido una socialización como el resto de los seres humanos y los tratos recibidos. Ese trato tan cruel que haría realidad el experimento planteado durante la Ilustración de aislar a un niño para comprobar la teoría de que el estado más puro del ser humano es el del “noble salvaje”. En ese sentido la sociedad en la que vive, sus influencias violentas, la agresividad, la mentira, etc. lo va degradando.

Pero parece que el resultado de ese “experimento” indica todo lo contrario. Los niños salvajes no son el ejemplo de una humanidad no corrupta. No son como pizarrones en blanco en los que se puede escribir y formar un ente social. El ser humano no se hace social, nace social y es el lenguaje lo que nos convierte en seres conscientes de nosotros mismos. Los seres humanos nos necesitamos para encontrar en el otro nuestra humanidad. Los niños salvajes encontrados después de la etapa de aprendizaje del lenguaje es casi seguro que no se puedan “recuperar” para la “civilización” como “gente normal”.

La vida de Genie fue llevada a la pantalla en la película independiente Mockingbird Don’n Sing.

ABUSO INFANTIL

Genie no fue la primera niña confinada (y desdichadamente tampoco será la última). 1897 se descubrió una niña de 7 años, Charlotte Deconinck, que fue encadenada desde su nacimiento a una mesa en el sótano de su casa, por su madre, una aldeana de Ghent, Bélgica.

Charlotte no sabía hablar. La historia es relatada por Carine Steverlynck en su libro Kleine Martelaars. Een historische document over misbruikte, kindermishandelinge, incest en prostitutie (Pequeños mártires. Un recuento histórico del abuso de niños, negligencia, incesto y prostitución).

En Estados Unidos, tan sólo unos 20 años antes de que se encontrara a Genie, se dieron dos casos de niños confinados.

El primero ocurrió en 1938 en Ohio. Se trataba de una niña llamada Isabelle que fue encarcelada junto con su madre sordomuda, por el abuelo de Isabelle. Entre madre e hija se estableció un código de comunicación gestual.

Cuando fueron rescatadas, Isabelle mostraba temor por los extraños y reaccionaba violentamente frente a los hombres. Los doctores comenzaron un “programa de entrenamiento” para educarla. Isabelle hizo grandes avances. En tan solo dos meses logró comenzar a vocalizar y a armar frases cortas. Nueve meses después había aprendido a leer y escribir. A los 16 meses poseía un vocabulario de entre 1,500 y 2,000 palabras.

A los ocho años y medio había alcanzado un nivel similar al de los niños de su edad. En tan sólo dos años había aprendido lo que a un niño normal le toma 6 años.

En ese mismo año encontraron a Anna, una niña de cinco años que vivía en Pennsylvania. Era hija de una mujer de 26 años, disminuida mentalmente que vivía con su padre. La niña comenzó a tener los mismos síntomas que su madre y fue llevada a varias instituciones para tratamiento. Inexplicablemente, luego de seis meses de tratamiento, fue encerrada en el ático en donde sólo se le proporcionaba leche para mantenerla viva.

Anna fue rescatada y luego de cuatro años de cuidados aprendió a caminar y hablar. Murió el 6 de agosto de 1942, a la edad de 10 años.

Las hermanas inglesas Louise y Mary fueron atadas a la cama desde su nacimiento. Su madre era una mujer con microcefalia y mentalmente retardada. Ambas niñas mostraban tendencias autísticas.

Louise tenía 3 años 6 meses, y Mary 2 años 4 meses, cuando fueron rescatadas por las autoridades a principios de 1973. No hablaban y parecía que tampoco eran capaces de oír.

Una niña que nació alrededor de 1960, llamada Kitty estuvo confinada durante siete meses junto con su abuela y una tía retardada en los pantanos de la Florida. Cuando cumplió 4 años, su abuela la llevó a California, en donde vivía su madre, y la dejó fuera de su casa.

La madre la dejó en adopción con una familia de ascendencia sueca. La niña aprendió hablar sueco.

En 1975 volvió a ver a su madre biológica. Ella le contó que quedó embarazada a los 15 años. Por ese entonces su padre contaba con 30 años. La madre tenía cierto retardo por lo que la dejó a cargo de su abuelo. Pero cuando Kitty tenía unos 6 meses de edad, su padre la raptó y la llevó a vivir con su amante en turno. La niña vivió con varias de las amantes de su padre, hasta que éste decidió enviarla con su madre, la abuela de Kitty, a la Florida. Allí fue confinada durante siete meses. De esa manera Kitty perdió por primera vez contacto con su madre, que fue internada en una institución mental durante cinco meses.

Pronto la abuela se dio cuenta que no podía hacerse cargo de la niña y de su hija retardada, por lo que decidió regresar a Kitty con su madre.

Para ese entonces la madre había tenido otros dos niños y pensó que era peligroso que vivieran con Kitty, por eso la dio en adopción a un matrimonio sueco que andaban en sus cincuentas.

Sus padres adoptivos regresaron a Suecia en donde Kitty se casó a los 20 años y tuvo dos hijos (niño y niña). Cinco años después abandonó a su esposo dejando a su hija, también retardada, a su cargo.

En el 2002 vivía sola en Suecia con un perro y 15 gatos

HISTORIAS DESGARRADORAS

Lucien Malson menciona a Yves Cheneau, un niño de 7 años que fue confinado en el ático por su madrastra. Ahí paso 18 meses hasta que en 1963 fue descubierto por un tío quien dio aviso a la policía.

Según el reportero Didier Leroux, quien visitó a Yves en un hospital de Nantes, el niño había olvidado cómo hablar.

Los gemelos Andrei Koluchova y Vanya Koluchova fueron encontrados en 1972, cuando tenían 12 años, encerrados por su madrastra en el ático.

Su madre murió poco después de que ellos nacieron. Los niños fueron recogidos por la asistencia social quien se hizo cargo de ellos durante un año. Luego los dejaron con una tía materna por otros seis meses.

El padre se casó y se los llevó a vivir con él. La madrastra decidió encerrarlos durante los siguientes cinco años y medio. Acostumbraba pegarles aprovechando la ausencia del padre que tardaba días fuera de la casa debido al trabajo.

Cuando los rescataron, descubrieron que presentaban retraso mental, problemas con el habla y enanismo por la mala alimentación. Los niños fueron adoptados por una mujer que los sacó adelante mediante programas de rehabilitación física y mental. Llegaron a convertirse en especialistas en electrónica. Ambos están casados y tienen hijos.

Cuando nació Adán, en 1973, fue abandonado por su madre. Pasó los primeros 16 meses de su vida en un reformatorio de niñas, en un cuarto sin ventanas, sin juguetes y sin compañeros de juego. Las autoridades colombianas no supieron hacerse cargo del niño.

La historia de la “Niña pollo de Portugal” no es muy diferente, pero de ella nos ocuparemos más adelante

Andrew Ward, el más famoso especialista de niños salvajes, recibió una carta en la que le informaban del caso de una niña a la que dieron el nombre de Madonna. Se trataba de una niña con Desórdenes de Personalidad Múltiple, tal vez generado por el consumo de alcohol de su madre y los traumas a los que fue sometida desde temprana edad. Se especuló que la madre era una consumidora de alcohol y de drogas cuando estaba embarazada.

Madonna y su medio hermano, Martín (también un pseudónimo), 1 año más grande, fueron vendidos a cambio de drogas a un traficante de 20 años y su amante de mediana edad. Estos, a su vez, la vendieron con propósitos sexuales.

Los trabajadores sociales encontraron a Maddona a la edad de 6 o 7 años en un pueblo rural. Estaba en pésimas condiciones: desnutrida, con algunos huesos rotos y problemas oculares.

La niña señaló que estuvo confinada en diversas etapas de su corta vida en lugares como cajuelas de automóvil, sótanos, ático e incluso un horno.

Presentaba once personalidades perfectamente desarrolladas. Muchas de ellas tenían un lenguaje de infante, pero otras abordaban temas de carácter netamente sexual. A diferencia de otros niños salvajes, sólo permanecía muda cuando entraba por primera vez en contacto con alguna persona. Luego, al conocerla, se convertía en una hábil conversadora, como si tratara de acaparar toda la atención.

Con la misma intención, Madonna se ofrecía sexualmente a cualquiera, hombre o mujer, niños o ancianos. Fue diagnosticada como predadora sexual e ingresada a una institución mental de alta seguridad, debido a su propensión por escaparse. Actualmente madonna es adulta y está en la prisión.

Dominique era una niña canadiense que fue encontrada en confinamiento en 1982, a la edad de 5 años. La encerraron en el sótano bajo el calentador. No tuvo ningún contacto con el mundo exterior de no ser por las ocasionales visitas de su madre y de un gato.

Fue rescatada por el doctor Aimée Leduc de Laval University, que la sometió a un programa de educación. Al igual que Isabelle, Dominique tuvo grandes progresos, que son relatados en el libro de Leduc: L’histoire d’apprentissage d’une enfant “sauvage”.

Continuará…

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