Erase una vez en ovnilandia. La gran invasión marciana

EraseUnaVezEnOvnilandiaERASE UNA VEZ EN OVNILANDIA

TOMO I: La gran invasión marciana

Sergio Sánchez Rodríguez

Ediciones del Mono Dorado, Chile, noviembre 2016

184 páginas, 14×21 cm, prólogo de Diego Zúñiga Contreras, con dos apéndices, muchas notas de pie de página, bibliografía, sumario y una gran belleza literaria. 10,000 pesos chilenos.

Sergio Sánchez Rodríguez es un abogado y profesor universitario chileno. Junto a Diego Zúñiga Contreras dirigió una de las mejores revistas de ufología que se hayan editado en Latinoamérica La Nave de los locos. Ambos también son los autores de dos de los mejores libros que se hayan escrito en español sobre este tema: Noticias de Marte: Como los ovnis invadieron la prensa chilena[1], de Diego; y Pasaporte a OVNIlandia: lecturas de ufología crítica[2], de Sergio.

Ahora Sergio regresa con EL libro de ufología escrito en Chile, como bien lo ha definido Diego.

Se trata de una obra, un libro, estructurada en varios tomos. El presente, La gran invasión marciana, es el primero de ellos. El segundo, de acuerdo con lo que nos dice Sergio “estará dedicado principalmente (aunque no en exclusiva) a las ideas paraufológicas y al folklore”. Este aparecerá en el 2017. El tercero lo dedicará “a la hipótesis psico-social, a los escépticos y a los conspiranoicos pro- ET y roswellianos”. Su aparición será en el 2018.

El nuevo impulso de Sergio no queda ahí. Me dice que luego de esto retomará el libro sobre los contactados que dejo inconcluso.

Entonces tendremos mucho por leer.

Confieso que La gran invasión marciana lo terminé de leer en un solo sábado y ya quería continuar con los tomos 2 y 3. Por cierto, el título me sonaba a cierta obra de la ufología francesa. Sergio nos aclara:

“El título de este primer volumen, La gran invasión marciana, alude a una etapa frenética de los esfuerzos por elucidar la naturaleza del problema OVNI en clave de ‘hipótesis extraterrestre’”.

Leer el libro de Sergio fue como volver a empezar mis primeras lecturas en ufología, solo que en un viaje relámpago y teniendo como guía a un erudito. Fue como volver a empezar, repito, no desde la forma cutre, demodé, sesgada, en que lo leí por primera vez con Keyhoe, Keel, Hynek, Vallée, o Ribera, sino desde el punto de vista ventajoso que da la experiencia y los años. Y Sergio lo sabía muy bien puesto que en el principio advierte al lector “…que tome esta crónica de hipótesis, especulaciones y teorías como una forma de mirar su propio reflejo en el fondo de esta ya antigua fuente de los deseos”.

Sobre todo que Sergio nos presenta una historia de la ufología desde lo que él llama la “singularidad francesa”, es decir, nos muestra la historia de la ufología francesa, esa desconocida (por lo menos para mí).

“Por supuesto, la “singularidad francesa” aparece asociada más bien a la ufología vanguardista de los setenta, propia de una atmósfera muy distinta del “etismo fuerte” que sobrevendría en décadas posteriores, éste más belicoso pero, también, intelectualmente mucho más anémico. En fin: a cada época sus ovnis (y su ufología)”.

Y es que la ufología “ese conjunto de cosas que hacen y dicen los ufólogos”, como bien la define Sergio, tuvo sus puntos más brillantes en esa “singularidad francesa”. Me estoy refiriendo en particular a la llamada Hipótesis Psicosocial, en donde se aleja de toda la magufería y pseudociencia en el que está inmerso el tema de los ovnis.

Para el autor la ovnilogía francesa fue la más propositiva desde cualquier ángulo que se le quiera apreciar. Y para demostrarlo, como un experto guía de turistas, o como un curador de museos, nos lleva a través de los trabajos de Louis Pauwels y Jacques Bergier y su “Realismo fantástico”, su “Retorno de los brujos” y su “Planète”. Vemos desfilar nombres como Aimé Michel, Michel Carrouges, René Fouéré, Jacques Vallée, Pierre Guérin, René Hardy y muchos otros ufólogos franceses. Están presentes los marcianos de la oleada francesa de 1954, las ortotenias de Michel, los “astronautas antiguos” de Robert Charroux (a quien años después plagiaría von Däniken), la paraufología de Vallée y la Hipótesis Psicosocial.

Sánchez nos dice que “de hecho, el libro es ‘pluralista’, pues es una historia de las teorías en la ufología francesa. Está dedicado a todos los ufólogos, creyentes y escépticos, consecuentes y renegados, apocalípticos e ‘integrados’… Todos encontrarán su lugar en ese libro”.

Pero el libro de Sergio va más allá de ser un déjà vu, no es un refrito de esos libros que marcaron la historia de la ufología (y mi niñez y juventud). Es una crónica, una visión holística de las ideas ufológicas francesas. Por eso ese sentimiento de aventura, de maravilla, del descubrimiento de un nuevo mundo, de un mundo en donde todo es posible, de un mundo conocido por pocos iniciados, de un mundo que no entendíamos porque pasaba indiferente para el resto de la humanidad. Los ovnis lo eran todo, ahí estaban las respuestas a todas nuestras preguntas pasadas y futuras. Si el hombre de la calle no se quería dar por enterado, peor para él.

Pero los años pasaron (ese punto de vista ventajoso al que nos referíamos unos párrafos más atrás) y ahora toda esa parafernalia, toda esta mitología ovni es del dominio público. Si el hombre de la calle se dio por enterado, peor para él.

Sergio sabe que su obra despertará estas reacciones. Sabe tensar las cuerdas adecuadas. Nos recuerda que “…los ufólogos son como los jesuitas, los políticos y los mujeriegos, que nunca se retiran”. Aunque me apresuro a insertar una aclaración: yo no soy ufólogo, pero si un interesado en la ufología que nunca me he retirado.

“Y es que estas líneas buscan ser una especie de revulsivo, de estímulo para los desencantados, a fin de que vuelvan a mirar el camino al que otrora dedicaron tantos desvelos. No pretendo quitarles el desencanto; me doy por satisfecho si este libro (a lo largo de los volúmenes que lo conforman) los mueve a hacer – una vez más – una retrospectiva de lo que pensaron a lo largo de su participación en la saga ovnística. Por si ven cosas nuevas; nunca se sabe”.

 

“No se me escapa que el ‘saber’ marginal que es la ufología, tiene todos los visos de una ovnimancia, llena de ejercicios de prestidigitación para entusiastas e incautos. Basta mencionar la sensación de ‘eterno retorno’ que se experimenta en los congresos ufológicos. Ya sabemos la jaculatoria esencial: ‘el Universo es inmenso; ergo, no estamos solos. Por eso, ¡¡ellos están aquí!!’ Peticiones de principio y saltos lógicos injustificables como ése, son el alimento espiritual de la mayoría de los asistentes. Los extraterrestres como religión. Los escépticos como infieles. Fin del debate. Y ya sabemos quiénes conforman la casta sacerdotal”.

El retorno a Ovnilandia

Sergio no toma partido. Este no es un libro del todo escéptico. No critica, no desbarata, no “debunkea” la ufología. Se limita a presentar las ideas, de una forma clara, de acuerdo a como fueron apareciendo. Todo dentro de su contexto social, político e histórico. Es el lector el que, de alguna forma, interpreta esta historia, estos hechos.

“Hago esta “declaración de principios” con el objeto de que el lector entienda cuál es mi talante al acometer este trabajo: volver a examinar determinados aspectos del mundo ufológico, confrontar la cuestión ardua de las “teorías”, intentando determinar si ellas todavía siguen teniendo algo interesante que decirnos. Este libro asume como objetivo repensar a ese mundo particular que es Ovnilandia, con toda la perspectiva que supuestamente da el paso del tiempo”.

Y aunque para los legos, los neófitos en ufología francesa, como un servidor, nos parece que toda ella está contenida en esta obra, Sergio nos aclara: “Este libro (que consta de más de un volumen) no pretende abarcar toda la ufología teórica francesa”. ¿Pero es que hay más? Por lo menos a mí me gustaría conocerlo todo.

No hay duda que para Sergio Sánchez escribir este libro fue un ejercicio de nostalgia. También él recorrió aquel camino a los orígenes, a su infancia, a su juventud, en el que la ufología, el mundo de “ovnilandia”, como dice él, le causaba un gran asombro: aquel mundo maravilloso, mágico, de alguna forma alejado de los cuentos de hadas de la niñez, pero inmerso en el mundo de magonia. Ya no creíamos en Cenicienta, en Blancanieves o en El mago de Oz. Ahora estábamos atrapados en cosas más burdas y cutres como Pascagoula, Los Hermanos del Espacio y Mothman.

“Ahora bien, ¿por qué este libro (y el anterior que escribí) aluden a algo llamado ‘Ovnilandia’? ¿Me estoy burlando, acaso? ¿He asumido un tono peyorativo, que suma al desdén un poco de suficiencia? Por cierto, hablar de Ovnilandia implica un grado de sarcasmo escéptico; sería una hipocresía mayor negarlo. Pero, al momento de escribir estas líneas, lo que prima realmente para mí es un dejo de añoranza, una especie de llamado a las fuertes emociones de otra época… Ovnilandia no es solamente el espacio caótico e intelectualmente anémico de hoy, con sus charlatanes y sus creyentes militantes (no se crea que el marbete de ‘militantes’ sólo cabe con algunos escépticos): es también un conjunto de sueños, aspiraciones y posibilidades que se entrelazaron con lo mejor de nuestras vidas, con aquello que – ingenuidades aparte – merece ser reivindicado”.

“Ovnilandia es también, mal que me pese, una morada espiritual. Es mi país, mi comarca. Es la maravillosa etapa de una búsqueda desinteresada de conocimiento, de un auténtico deseo de enfrentarse a los misterios del mundo y de resolverlos. Es por ello que jamás renegaré de mi implicación profunda en esa gran aventura, así fuera sólo un espejismo. En el brevísimo tramo de tiempo que es una vida, la plausibilidad de una quimera no es una cuestión de primer orden. Lo que más importa es la belleza del viaje”.

Las claves de La gran invasión marciana

Llegados a este punto me gustaría seleccionar algunos pasajes de La gran invasión marciana para que el lector tenga una mejor visión de esta obra y se apresure a comprarla.

Iniciemos por un caso de confusión ocurrido durante la oleada francesa de 1954. Hace algunos años comencé a escribir una nota sobre el caso de Sinceny, para publicarla en Marcianitos Verdes. Sin embargo nunca la terminé y quedó archivada. Lo que no sabía, y ahora Sergio me aclara, es que el psiquiatra francés Dr. George Heuyer se hubiera ocupado del mismo, advirtiendo sobre el inconveniente de los temores irracionales:

“‘Un cazador dispara sobre su vecino tomándolo por un invasor interplanetario. Ahora, me he sorprendido admitiendo ante mis alumnos el no haber previsto la enfermedad mental envuelta en las nuevas apariciones. Dos días después, entraba en el servicio médico un joven de 15 años, que deliraba sobre los platillos voladores y los marcianos. Él les había visto, les dibujaba, los representaba con plastilina: el marciano destructor era un monstruo escalofriante que lanzaba rayos verdes desde los ojos y el pecho”.

 

“El ejemplo que da Heuyer puede haber tenido una base real. En su enciclopedia ufológica, John Spencer (1992: 64) cita un caso al que llama ‘Equivocación en Sinceny’, acontecido en octubre de 1954, en plena oleada francesa. Un vecino de Sinceny le disparó a otro, afortunadamente sin suerte. Como dice Spencer, ‘su puntería no era mejor que su sentido común’. La explicación que da el casi homicida es desopilante: ‘Vi una extraña silueta moviéndose a la luz de dos linternas, y pensé que era un marciano que estaba arreglando su platillo volador. Fui a buscar mi pistola y disparé’”.

En Marcianitos Verdes me ocupé del caso del aterrizaje de cinco “platos voladores” en Inglaterra[3], en 1967, pero desconocía un caso similar que ocurrió en Francia, en 1981:

“Como sea, para no pocos investigadores, el libro de Rose C. había dejado la credibilidad de VERONICA en entredicho. Canuti (2011: 61) sostiene que la entidad recibió un duro golpe en 1981, cuando efectivos militares y estudiantes de la Escuela Aeronáutica de Provence, quisieron pasar un buen rato burlándose de Gouiran y los suyos. Al efecto, prepararon un platillo volante metálico, con todo cariño para los ufólogos. A ver qué pasaba. VERONICA picó lastimosamente el anzuelo y puso en alerta roja a sus corresponsales, a la prensa y al GEPAN (la entidad oficial dedicada a los ovnis), mientras los bromistas se desternillaban de risa. Después del incidente, VERONICA quedó tan desacreditada que podemos decir que este paso en falso marcó su triste ocaso. Vamos, que a usted también podría sucederle…”

En cuanto a la ortotenia de Aimé Michel, Sergio nos explica

“Pese a haber obtenido carta de ciudadanía en el registro mental de los ufólogos, como la prueba de que las apariciones OVNI obedecían a un patrón inteligente (y aparentemente extrahumano), la ortotenia no superó la crítica a que fue sometida durante los sesenta (Jacques Vallée las descarto, pero de un modo muy poco enfático)”.

Y continúa más adelante en el libro

“Lo que diré a continuación no constituye ni un juicio laudatorio ni crítico, sino puramente descriptivo: el Vallée íntimo está muy lejos de responder a la idea del científico racionalista en faena de abordaje cartesiano de la realidad. Vallée es, en no despreciable medida, un hombre muy imaginativo y poético. De hecho, su autobiografía – Science interdite (Ciencia prohibida) – lo muestra con claridad en tales facetas”[4].

“Vallée no es un científico soñador; él es un soñador que se ha vuelto científico. Y esto no es trivial en el desarrollo de su larga singladura ufológica…”

“…Por ejemplo, las ortotenias de Aimé Michel son analizadas extensivamente y las conclusiones, aunque no sean presentadas de modo muy claro, son desalentadoras: el azar ha jugado un importante papel en las alineaciones. Tampoco cabe descartar las objeciones de Donald Menzel, quien afirma que algunos puntos ortoténicos se sustentan en observaciones de fenómenos totalmente explicables”.

Ese “soñador que se ha vuelto científico” en muchos casos ha llegado al extremo de ser pseudocientífico. Recientemente tuve una discusión con un amigo ufólogo y le decía justamente eso, que desde mi punto de vista Vallée era un psudocientífico. Y por eso me queda claro porqué fue “poco enfático” en descartar las ortotenias. Vallée está enamorado de los ovnis, de lo oculto, de lo paranormal y si sólo señaló de pasada los errores de la ortotenia me parece que fue simplemente para quitarle un poco de sustento a la hipótesis extraterrestre y darle paso libre a su “hipótesis” del sistema de control y su Magonia magufa.

El Dr. Menzel, por otro lado, desbarató la ortotenia punto por punto, de manera matemática y desde el punto de vista de la estadística. Y lo más interesante es que lo hizo desde esa “Catedral de la ufología” que era la revista inglesa Flying Saucer Review. Y los ufólogos no se dieron por enterados, o no quisieron o no entendieron las matemáticas de Menzel.

Otro magufo, aunque también científico, fue el Dr. James McDonald, del que se han tejido muchos mitos debido a su muerte “extraña”. Sergio se ocupa de este punto:

“La vida de McDonald tuvo un final triste y turbulento. En medio de graves problemas familiares, intentó suicidarse de un tiro, el 9 de abril de 1971. Empero, la bala no le dio muerte y le dejó parcialmente ciego. Poco después, desesperado, volvió a atentar contra su vida, esta vez con éxito. Y bien, ignorando lo obvio, muchos aficionados a las conspiraciones sugirieron que había sido eliminado por la CIA, el Servicio Secreto o los ‘hombres de negro’. Lo que no se entiende, pues McDonald no sabía más sobre los OVNIs que los principales ufólogos de la escena estadounidense. Fue Jacques Vallée, en una carta dirigida al ufólogo español Vicente-Juan Ballester Olmos, quien tuvo que meter paños fríos sobre el tema y poner a raya a los paranoicos:

 

“Dos semanas después (del primer intento) tomó un taxi, se hizo llevar a su casa en busca de su pistola, luego pidió al chofer que lo llevase al desierto y allí se quitó la vida. Esto es terriblemente triste y sin duda desencadenará innúmeras especulaciones. Jim era un hombre muy enérgico pero de ideas relativamente estrechas en muchos aspectos. No le gustaba que le llevasen la contraria (…) y nunca hizo gala de aquel sentido del humor y de aquella capacidad de colaborar con los demás que son indispensables cuando se aborda un problema como el fenómeno OVNI. Creo que todos estos problemas contribuyeron a su desesperación cuando sus problemas familiares se agravaron’ (cit. por Ribera, 1974: 407-408)”.

Y ya que hablamos de Don Antonio Ribera, uno de los pocos ufólogos a quienes les tengo un profundo aprecio, coincido con la apreciación de Sergio sobre la obra de Ribera:

“Eso sí, cabe aclarar que los míos son reproches afectuosos a Antonio Ribera, de quien soy un más que evidente deudor. En nuestros años juveniles, conocíamos lo que se publicaba en la Flying Saucer Review, por ejemplo, gracias a los libros de Ribera. Lo mismo ocurría con la traducción de textos importantes de la ufología clásica (como Pasaporte a Magonia, de Jacques Vallée). En gran medida, Ribera fue para nosotros un maestro, un mentor ufológico de la primera hora, aunque después abandonáramos totalmente su ideario. Y fuimos afortunados: la generación más joven debió iniciarse con los libros de J. J. Benítez, lo que ha demostrado ser una enorme desventaja a largo plazo. Es sabido que el autor de Caballo de Troya representó una verdadera involución intelectual y ética en la ufología española de los años ochenta y noventa. Así lo manifesté en el homenaje dedicado a Ribera en octubre de 2004, en el Centro Catalán de Santiago de Chile (organizado por Raúl Núñez y Roderick Bowen), destacando la gran distancia entre ambos ufólogos hispanos. Y también lo conversé en tales términos con el periodista español Josep Mª Ibáñez, biógrafo de Ribera (vid. El delfín y la estrella: vida de Antonio Ribera, Barcelona, 1995), presente en aquel memorable encuentro”.

También está el tema del “testigo puro y no contaminado”. Cliche que desde hace muchos años, incluso antes de Internet, no me lo he tragado. La ufología perdió su inocencia desde el momento de su nacimiento. Los platos voladores le deben mucho (¿todo?) a la ciencia ficción de los años que la antecedieron. Realmente hubo muy pocos “testigos puros”.

“Hasta mediados de la década de los noventa, los investigadores aún podían hablar de testigos con escasos grados de ‘contaminación ufológica’, lo que los volvía más fiables, menos propensos a fantasear según las autopistas de la información disponible. Si ya con el cincuentenario acervo de películas, historietas, libros, revistas, programas radiales y televisivos, la tesis de la contaminación mínima sólo resultaba convincente para los ufólogos, con la masificación de Internet ya nadie puede sostenerla sin ruborizarse. Desde hace quince años hemos estado asistiendo al fin total y absoluto de la inocencia. La Red ha sido decisiva en un grado que todavía estamos mensurando. Todos los elementos básicos de la creencia en los OVNIs, desde las ‘oleadas’ a las abducciones, hogaño son del más extenso dominio público. La ufología y sus temas constituyen, en realidad, una parte importante de la cultura popular; siempre ha sido así, por cierto, pero es difícil que haya existido algo que se asemeje a la situación actual. Ahora bien, lo anterior trae una serie de consecuencias, que podemos resumir en una paradoja: es la disolución del mito ‘tradicional’ de los OVNIs lo que asegura su supervivencia”.

En este momento me parece que la supervivencia de los ovnis está en “…el ciberespacio (que es el lugar al que los OVNIs parecen especialmente condenados)…”

Una nota final con la que coincido completamente con Sergio: “Mientras haya ufólogos, habrá OVNIs”.

SUMARIO

Prólogo

1.- INVITACIÓN AL VIAJE

¿Nada nuevo?

Cómo sobrevivir en tiempos de escasez

El mito de Sísifo, la ufología y el absurdo

Agnosticismo ufológico y objetivo del libro

2.- LOS “SOUCOUPES VOLANTES”, ¿ARTEFACTOS DE OTROS MUNDOS?

Los comienzos de la ufología francesa

La ufología francesa en los cincuenta: entre la maravilla, la esperanza y la impaciencia

La recepción de las producciones extranjeras

Un alto en el camino: marcianos

Entran en escena los escépticos

Las repercusiones de la oleada de 1954: cómo digerir relatos cada vez más extraños

La fiebre de los platillos volantes: ¿un “contagio psicológico” en gran escala?

Tomándose a los platillos en serio: Plantier y el asunto de “la propulsión”

3.- EL “REALISMO FANTÁSTICO” Y LO “FORTEANO”

Pauwels, Bergier y los brujos (I): aldabonazos en plena madrugada

Pauwels, Bergier y los brujos (II): Planète y la edad de oro del realismo fantástico

Los brujos en el banquillo: la reacción racionalista

Los brujos no se dan por enterados: el redescubrimiento de “lo forteano” y sus efectos

4.- LA “SINGULARIDAD FRANCESA” (I): UNA UFOLOGÍA CLÁSICA MUY PARTICULAR

Introducción

PRIMERA SECCIÓN: SOBRE ALGUNAS ORGANIZACIONES UFOLÓGICAS (Y SOBRE SU POSTERIOR DERIVA).

Un hito clave en el crecimiento de la ufología francesa: Lumières dans la nuit

Nace el GEPA: las convicciones de René Fouéré

El general Chassin se incorpora a la ufología

Otras figuras importantes en la formación y desarrollo de la ufología francesa

“Verónica decide morir”

SEGUNDA SECCIÓN: BREVE ANTOLOGÍA DEL PENSAMIENTO UFOLÓGICO FRANCÉS EN LOS AÑOS SESENTA (O SURGIDO EN ESA DÉCADA).

Michel Carrouges: cuando los extraterrestres eran, antes que cualquier otra cosa, “marcianos”

Aimé Michel, ufólogo clásico: en busca de la pauta invisible

Un santo del desierto

Un gnóstico de nuevo cuño

El pensamiento ufológico de Aimé Michel (I): de los humanoides a las ortotenias

El pensamiento ufológico de Aimé Michel (II): el desafío intelectual de un posible contacto con una inteligencia extraterrestre

Más allá de los platillos volantes

El último viaje

5.- LA CUESTIÓN DE LOS “ANTIGUOS ASTRONAUTAS” Y SU INFLUENCIA

Antes de Von Däniken: Robert Charroux y el ascenso de la astroarqueología en Francia

Para una genealogía de los “antiguos astronautas”: nuestra hipótesis trunca

Consolidación e hibridación

Los dioses parecen estar regresando en masa

Esos viejos tiempos en perspectiva

A modo de colofón: invirtiendo una imagen

6.- LA SINGULARIDAD FRANCESA (II): LA CRECIENTE COMPLEJIDAD DE LA HIPÓTESIS EXTRATERRESTRE (1965-1977)

PRIMERA SECCIÓN: EL VIRAJE HACIA “LO EXTRAÑO” EN LOS AÑOS SESENTA

Dos casos con “ovninautas”, a ambos lados del Atlántico

El primer Jacques Vallée: un testigo de la gran invasión marciana

Aspectos generales

El caminante solitario

Los platillos volantes como encrucijada

Enfrentándose al misterio dentro del misterio: a vueltas con los humanoides y los aterrizajes

SEGUNDA SECCIÓN: SOBRE LA HIPÓTESIS EXTRATERRESTRE EN LOS AÑOS SETENTA

El irresistible ascenso de los platillos volantes

El “principio de banalidad”

René Hardy: una HET en dos tiempos

Pierre Guérin: el postulado de “extrañeza” y una paradójica defensa de la HET

Los aterrizajes: en el límite de la ufología ortodoxa

A propósito de la “nave aérea” de 1896-1897

La “hermenéutica ufológica” de Guérin y la HET tradicional. En torno al caso de Gary Wilcox

El “sueño inducido”: una paraufología que se ignora

Concluyendo

DOS APÉNDICES PARA UFÓLOGOS

Apéndice I: El enigma de la serpiente alada (La abducción de Herbert Schirmer)

Apéndice II: De regreso en Ovnilandia. Breves especulaciones sobre el presente y, ante todo, sobre el futuro de la ufología

BIBLIOGRAFÍA


[1] Zuñiga Contreras Diego, Noticias de Marte: Como los ovnis invadieron la prensa chilena, Lulu, 2013. 199 páginas.

[2] Sánchez Rodríguez Sergio, Pasaporte a OVNIlandia: lecturas de ufología crítica, Emegé Ediciones, Santiago de Chile, 1999.

[3] http://marcianitosverdes.haaan.com/2008/12/el-da-que-aterrizaron-platos-voladores-en-inglaterra/

http://marcianitosverdes.haaan.com/2012/01/el-da-que-aterrizaron-los-platillos-voladores-en-inglaterra-1a-parte/

http://marcianitosverdes.haaan.com/2012/02/el-da-que-aterrizaron-los-platillos-voladores-en-inglaterra-final/

http://marcianitosverdes.haaan.com/2014/03/en-1967-cinco-platillos-voladores-aterrizaron-en-somerset-y-en-todo-el-sur-de-inglaterra/

[4] De lo contrario, los dos volúmenes de Science interdite serían mamotretos infumables y no los textos apasionantes (y brillantemente escritos) que efectivamente son. (Nota de Sergio Sánchez)

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