El misterio de las centellas (2)

Cornualles Peter y Caroline, joven pareja de trabajadores del Servicio Postal en el poblado de Cornualles, en la Gran Bretaña, restauraban desde temprano la vieja oficina. Empezaba a caer la tarde nub­lada y calurosa cuando Caroline se acercó a la ventana. Un intenso resplandor le hizo salir del edificio a curiosear. Su asombro no tuvo límites al mirar un objeto redondo, como una gran pe­lota de aproximadamente dos metros de diámetro, de colores luminosos verde y rojo, con un halo brillante en su entorno. A voces llamó a Peter; temblando de miedo, uno junto al otro ­-según declararon más tarde-, vieron que aquella enorme pelota luminosa flotaba a baja altura ante un establo situado frente a la oficina. De pronto, siempre flotando, se dirigió zigzagueand­o al campo de al lado y se detuvo como a un metro y medio del lugar donde se encontraba la pareja.

Peter y Caroline casi no podían mo­verse. Aterrados, llamaron a gritos a los vecinos, que acudieron presurosos. Se reu­nieron un total de 30 personas, quienes pudieron admirar la esfera luminosa en medio del campo donde estaba detenida y donde permaneció varias horas. Nadie se atrevió a acercarse. De repente, sin emitir el menor sonido, se elevó verticalmente a gran velocidad hasta perderse de vista.

Momentos después de haber desaparecido el bri­llante objeto, tanto Peter como Caroline comen­zaron a sentir un extraño malestar, acompañado de náuseas, vómito, fuerte dolor de cabeza y de estómago, debilidad y cansancio infinitos, por lo cual debieron ser hospitalizados. Los médicos que les atendieron comprobaron que presentaban los mismos síntomas de las víctimas de la radiación. Se pidió ayuda médica a Londres y equipo especiali­zado. Transcurrieron diez días y cuando todo estaba dispuesto para iniciar el tratamiento, los síntomas desaparecieron en forma súbita en los dos pacientes. El dictamen médico determinó que la pareja se había acercado demasiado al objeto luminoso por largo tiempo y resultó afectada por las radiacio­nes que emitía. Además, las personas que contem­plaron el extraño artefacto a distancia, no presentaron ningún síntoma.

El fenómeno de la esfera luminosa no fue el único espectáculo para Caroline y Peter. Al día siguiente por la tarde, en el mismo lugar donde permaneció por largo tiempo la bola luminosa, aparecieron cuatro esferas semejantes a aquélla; ahí se mantuvieron durante dos horas. Al cabo de ese tiempo se elevaron en línea recta a gran velocidad, hasta desaparecer.

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