EPN y el chacal de Tlatelolco

ESCRUTINIO

EPN y el chacal de Tlatelolco[1]

Juan José Morales

Hace un par de meses, el 14 de marzo, comentábamos en este espacio que el hecho de que Enrique Peña Nieto hubiera declarado que el ex presidente Adolfo López Mateos le sirve de inspiración, era una muestra de su talante dominante, autoritario, arbitrario y represivo, pues aquel mandatario se distinguió por haber llenado las cárceles de presos políticos, entre ellos el líder ferrocarrilero Demetrio Vallejo y el pintor David Alfaro Siqueiros, y por la manera como reprimió movimientos obreros, sociales y campesinos.

Pues bien, el propio Peña Nieto se encargó de confirmar esa apreciación cuando en su visita a la Universidad Iberoamericana dijo textualmente acerca de la violenta represión que en mayo de 2006, durante su mandato como gobernador del estado de México, sufrieron los habitantes del pueblo de Atenco: “Antes de concluir, aunque ya lo había hecho, voy a responder los cuestionamientos sobre el tema de Atenco, hecho que ustedes conocieron y que, sin duda, dejó muy en claro la firme determinación de hacer respetar los derechos de la población del Estado de México; tomé la decisión de emplear el uso (sic) de la fuerza pública para restablecer el orden y la paz. Reitero, reitero, fue una acción determinada que asumo personalmente, para el restablecimiento del orden y la paz. En el legítimo derecho que tiene el Estado mexicano de hacer uso de la fuerza pública, como además debo decirlo, fue validado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación”.

clip_image002Esta —decía el mensaje que la acompañaba— es una foto inédita de la forma en que salió Peña Nieto de la Universidad Iberoamericana después de su encuentro con los estudiantes.

Independientemente de la poca claridad en el lenguaje, al leer lo anterior me pareció estar leyendo aquella parte del informe presidencial de 1969 de Gustavo Díaz Ordaz en que al referirse a la matanza del 2 de octubre, decía enfáticamente, desatando por cierto una atronadora ovación de los dóciles secretarios de Estado, senadores y diputados del PRI que lo escuchaban: “Asumo íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica, política e histórica por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado”.

La represión de Atenco, como se recordará, dejó dos muertos, numerosos heridos, más de 200 detenidos, 26 mujeres violadas y una docena de personas procesadas y sentenciadas a monstruosas penas de hasta 112 años de prisión.

Todo ello —golpizas, muertes, heridas, violaciones, encarcelamiento, etc.— se hizo, según EPN, “para restablecer el orden y la paz” y en uso del “legítimo derecho que tiene el Estado mexicano de hacer uso de la fuerza pública”, y —agregó— “fue validado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación”.

Nada más falso. Lo que la Corte dictaminó fue exactamente lo contrario. Leamos lo que se dice oficialmente acerca del caso Atenco en la biblioteca virtual de la SCJN:

“La Suprema Corte de Justicia de la Nación investigó estos hechos y en febrero de 2009 determinó que hubo graves violaciones a los derechos humanos, de las cuales eran responsables mandos medios y bajos policíacos. El 30 de junio de 2010, el máximo tribunal amparó a 12 quejosos relacionados con los hechos, quienes estaban acusados por el delito de secuestro equiparado, y ordenó su inmediata liberación. La Suprema Corte llegó a la conclusión de que en los procesos penales llevados a cabo en contra de los quejosos se otorgó valor probatorio a pruebas ilícitas y que se les acusó de delitos que no habían cometido.”

Como se ve, es mentira que la Suprema Corte haya respaldado la represión ordenada por Peña Nieto en Atenco. Al contrario, la condenó, y al decretar la liberación de los presos señaló que se les había encarcelado y sentenciado “como una forma maquilladamente institucional de criminalizar la protesta social, como una forma de castigar el ser oposición”.

De modo, pues, que Peña Nieto, partidario de la mano dura, también parece tener como guía y fuente de inspiración a Gustavo Díaz Ordaz, El Chacal de Tlatelolco, como algunos le llaman.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 16 de mayo de 2012. Reproducción autorizada por juan José Morales.

Un pensamiento en “EPN y el chacal de Tlatelolco”

  1. Pues aquí en España, con un Franco que era fascista o falangista, despues marinero y al final nada (un «poco» autoritario dicen sus incondicionales), hubo muchos que lo pasaron muy mal. Todavía estan enterrados en fosas comunes y al unico juez que intentó darles cristiana sepultura se le echaron encima.
    Me parece que Mejico y España tienen parecidos problemas…

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