Píos invasores de terrenos urbanos

ESCRUTINIO

Píos invasores de terrenos urbanos[1]

Juan José Morales

Marcial Maciel, ese pederasta, bígamo, falsificador de documentos, etc., que navegaba con bandera de hombre santo y estuvo a punto de llegar a los altares, es ya sólo un recuerdo. Pero el monstruo económico-político que creó al amparo de la religión, la congregación de los Legionarios de Cristo, sigue haciendo de las suyas, y —entre otras cosas— en Cancún continúa apropiándose de valiosos terrenos urbanos, incluso de parques situados en el corazón de la ciudad, que, con la complicidad de acaudalados hombres de negocios y ciertas autoridades gubernamentales, intenta robar a los vecinos.

clip_image001Este es el templo edificado ilegalmente por los Legionarios de Cristo en pleno parque de la Supermanzana 30 de Cancún, en una superficie de cuatro mil metros cuadrados de la cual se adueñaron pese a las protestas de los vecinos, a quienes acusan de enemigos de la religión por oponerse al despojo.

Uno de esos escandalosos despojos es el del parque de la Supermanzana 30, en el centro de la ciudad. Ese espacio —supuestamente destinado al esparcimiento y la recreación de quienes compraron sus viviendas en la zona— fue invadido desde hace años por los curas de la Legión, que levantaron una capilla, la fueron ampliando mediante diversas triquiñuelas, reduciendo cada vez más los espacios verdes y el área donde los niños podían jugar, y ahora transformaron en una iglesia hecha y derecha, a la vez que cercaron el entorno, apropiándose de cuatro mil metros cuadrados. Todo ello en flagrante violación al Reglamente de Construcción del Municipio de Benito Juárez, a pesar de las quejas y las protestas de los vecinos, al amparo de una ilegal licencia de construcción expedida por el director de Desarrollo Urbano, Humberto Aguilera, y con la complicidad de la síndico municipal, Guadalupe Leal Uc, quien con increíble descaro respondió a los vecinos que negociaran con el rico empresario hotelero Fernando García Zalvidea, testaferro de los legionarios y dirigente de su apéndice Regnum Christi, porque él, dijo, fue quien tramitó la licencia de construcción y —textual— “el que paga manda”.

Lo que no precisó la síndico es a quién le pagó García Zalvidea y por qué concepto hizo el pago. Si a ella o a algún otro funcionario público, y si fue un soborno, gratificación o generoso donativo.

Para tener una idea de la magnitud de las violaciones a leyes y reglamentos, basta decir que las obras del templo incluyen —en pleno parque, repetimos— un edificio de dos pisos para oficinas, una vivienda —la llamada casa cural, donde vivirán el párroco y su servidumbre— y un cementerio en forma de negocio de criptas funerarias para depositar cenizas humanas, de esas de 30 centímetros por lado, dispuestas en largas filas y altas columnas para apretujar cientos en un reducido espacio, y se alquilan a modo de condominios para difuntos mediante un pago inicial de hasta 20 mil o 30 mil pesos y una cuota mensual por derecho de uso.

La construcción viola además diversas normas de construcción y carece de estacionamiento, con lo cual cuando haya actos religiosos los vecinos sufrirán en mayor medida el tormento —que ya padecen— de ver las calles congestionadas y los accesos a sus cocheras bloqueados. Ello sin contar el estruendo de los altavoces con que los curas obligan a toda la gente de los alrededores a escuchar rezos y sermones.

Sobra decir que el obispo de la prelatura Cancún-Chetumal, Pedro Pablo Elizondo, es el principal impulsor de este despojo de bienes públicos y de este atropello a los moradores de la zona, a quienes además ha intentado difamar asegurando que ya les dio dinero para que se callen pero no lo hacen. Por ello los vecinos le han exigido una disculpa pública y que se retracte de sus palabras. Sobra también decir que no lo ha hecho.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 3 de septiembre de 2013

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