Los legionarios como voraces invasores

ESCRUTINIO

Los legionarios como voraces invasores[1]

Juan José Morales

No es muy común, en México, que un obispo sea acusado penalmente, aunque «”hasta donde recordamos»” en tiempos recientes existe el antecedente del ya jubilado obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda «”popularmente conocido como Millonésimo Cepeda y Capellán del PRI por su insultante vida de lujos y sus ligas con políticos priístas»”, que está sujeto a proceso por fraude y manejo de recursos de procedencia ilícita y por pretender adueñarse de una valiosa colección de obras de arte.

Ahora, otro obispo ha sido objeto de una acusación penal: el de la prelatura Cancún-Chetumal de los Legionarios de Cristo, Pedro Pablo Elizondo. La querella fue entablada por un grupo de vecinos de la céntrica Supermanzana 30 de la ciudad de Cancún, hartos de la prepotencia con que el prelado y los sacerdotes que encabeza han ido invadiendo y destruyendo el parque de esa zona para construir un templo y otros edificios destinados a oficinas y negocios, que no cesan de ampliarse.

clip_image001A la derecha, el obispo Elizondo en una reunión presidida por el gobernador de Quintana Roo (izquierda). Parece que el trato preferencial y los privilegios que le dispensan las autoridades «”y que no dan a ningún otro dirigente religioso»” han hecho creer al prelado que tiene licencia para violar las leyes.

La denuncia, presentada ante el agente del Ministerio Público, señala al obispo y a otras personas como presuntos responsables de los delitos de despojo de un bien común y contra el desarrollo urbano, ambos tipificados en el código penal del estado. Como cómplices de tales violaciones a la ley, por comisión o por omisión, se menciona en la demanda a Humberto Aguilera Ruiz y Carlos García Carrión, funcionarios del ayuntamiento que acaba de terminar sus funciones, por haber autorizado las obras pese a su manifiesta ilegalidad. Posteriormente, al demostrar plenamente los vecinos que se estaba violando la ley, tampoco ordenaron su demolición sino que se limitaron a una clausura más simbólica que efectiva, dejándolas tal cual se hallaban.

Por otro lado, un grupo de residentes del fraccionamiento Villas del Caribe, en la Supermanzana 200, han pedido amparo ante los tribunales para lograr que se detenga la destrucción del parque de la zona, que también ha sido invadido por el obispo y sus curas, quienes han derribado árboles y levantado un templo, despojando a los vecinos «”especialmente los niños y jóvenes»” de una extensa área de esparcimiento, descanso y deporte.

Lo más grave de todo esto, es que no se trata de acciones aisladas, sino de toda una bien planeada campaña de los párrocos manejados por el obispo, para adueñarse de parques, camellones y demás terrenos de propiedad pública por todos los rumbos de la ciudad. Son, como hemos señalado, ya al menos 13 los parques en que han cometido tales tropelías. Para ello, cuentan con la complicidad del Instituto de Fomento a la Vivienda del gobierno de Quintana Roo, que les entrega «órdenes de ocupación», con las cuales «”aunque carecen de todo valor legal puesto que no se puede autorizar a un particular que ocupe un terreno que no es de su propiedad sino de la comunidad»” se amparan para cometer el despojo.

El pretexto que utiliza el Infovir para justificar la ilegal entrega de los parques y demás espacios públicos al clero, es que el obispo se ha comprometido a darles mantenimiento. La realidad, empero, es que lo único que hacen los curas es dedicarse a derribar árboles, arrasar la vegetación, cercar el terreno, levantar edificios y utilizar los espacios públicos para estacionamiento y otros fines. Tal es el caso del parque de la Supermanzana 30, donde después de apropiarse de gran parte del mismo para construir un templo, oficinas y viviendas, talaron varios árboles y destruyeron las aceras a fin de contar con espacio para estacionamiento de esos edificios.

Todo esto ha provocado la natural irritación, no sólo de los vecinos afectados sino de amplios sectores sociales. Y para intentar acallar las protestas, los curas las califican de «ataques a la Iglesia» y en cada misa tachan de enemigos de Dios, malhechores, herejes, adoradores de Luzbel y otros calificativos por el estilo a quienes se oponen a este robo de la propiedad pública.

Por ello, y muy justificadamente, los vecinos de la Supermanzana 30 que han sido objeto de este hostigamiento desde el púlpito, responsabilizan de antemano al clero por cualquier agresión que pudieran sufrir ellos y sus familias.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 1 de octubre de 2013

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