Época de cambio de paisaje

IMPACTO AMBIENTAL

Época de cambio de paisaje[1]

Juan José Morales

Estamos ya en la temporada de sequía. Es la época en que el paisaje del norte de la península cambia porque buena parte, la gran mayoría o la casi totalidad de los árboles de la selva pierden su follaje. Y esto se observa incluso en los ejemplares de ornato de parques y camellones en las áreas urbanas.

Alguna gente se pregunta por qué ocurre esto en plena primavera. Y es que usualmente «”por influencia de los patrones culturales norteamericanos»” la caída de las hojas y los árboles desnudos se asocian con el otoño y el invierno, cosa que efectivamente sucede en las altas latitudes. En esas tierras, ese fenómeno constituye una adaptación de los árboles para evitar las consecuencias del intenso frío, que marchitaría las hojas, y de la escasez de luz solar durante el período invernal, que no les permitiría contar con energía lumínica suficiente para mantener en buen nivel sus procesos vitales.

clip_image001Así se ve el campo en el norte «”y especialmente en el noroeste»” de la península durante la temporada de sequía. Los árboles se desprenden de su follaje para evitar que a través de las hojas se pierda la valiosa agua por evaporación y transpiración, y la vegetación parece muerta. Pero en realidad mantiene en un nivel reducido sus procesos vitales, a la espera de la siguiente temporada de lluvias.

Pero por nuestros rumbos, en tierras del Mayab, donde los inviernos son bastante benignos «”no en balde aves y seres humanos migran hacia acá en esa época»”, no hay frío ni oscuridad que deban superarse. Por eso durante el otoño y el invierno no tenemos ese cambio en el paisaje causado por la caída de las hojas. Y a la llegada de la primavera las temperaturas se elevan, a veces a tal punto que el calor resulta molesto, y hay luz solar de sobra. Los árboles, entonces, deberían tener más follaje. Pero ocurre lo contrario.

La explicación estriba en la falta de agua, que es indispensable para las plantas. Al haber poca disponible, deben aprovecharla al máximo, evitando que se pierda por evaporación y transpiración a través de las hojas. Por eso, a lo largo de la evolución, los árboles de nuestras selvas más norteñas, sobre todo las del noroeste de la península «”y en general los de todos aquellos lugares del mundo donde hay un régimen de lluvias similar»” desarrollaron esta adaptación a los cambios estacionales. Es decir, se desprenden de las hojas para evitar que a través de ellas se pierda la valiosa agua.

Pero los árboles no mueren, pese a que durante cuatro, cinco y hasta seis meses prácticamente no reciben agua, o la reciben en muy reducida cantidad. La selva sigue siendo tupida. En cambio, en otras regiones del mundo, como las sabanas de África «”donde también se alternan un período de lluvias con una larga temporada de sequía»”, hay sólo árboles dispersos, de unas pocas especies excepcionalmente resistentes a la falta de agua.

La clave de esa supervivencia de los árboles de nuestra selva está «”como ya hemos comentado alguna vez en esta columna»” en el subsuelo: en el sascab o sahcab, como se llama en maya a esa arena gruesa blanca o amarillenta de carbonato de calcio, de granos gruesos, que forma grandes acumulaciones a unos metros bajo la capa superficial de chaltún o roca maciza.

El sascab actúa como una especie de esponja que almacena agua, y las profundas raíces de los árboles extraen de ella suficiente agua para mantener su actividad vital en medida suficiente para sobrevivir sin mayores problemas hasta que llegan las siguientes lluvias. Y gracias a él, la selva puede resistir los rigores de la sequía.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 18 de abril de 2013

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