Lester Rosas: Contacto en Puerto Rico (4)

Lester Rosas: Contacto en Puerto Rico (4)

Lester Rosas estaba profundamente involucrado en el tema de los ovnis, llegando a conocer casos como el del «Misterio de Scoriton» y Arthur Bryant (la reencarnación de George Adamski)

PARTE 3

Conocí a Al-Deena, una chica de Saturno

La noche del viernes, 16 de febrero de 1968, estaba paseando alrededor de las 6:00 P. M., cuando repentinamente sentí un impulso de ir a las cercanías del restaurante Howard Johnson. Por alguna razón me sentí atraído por una esquina apartada.

Momentos después de que había ordenado un sándwich de queso a la parrilla y un vaso de jugo de naranja, una mujer joven llegó a mi mesa y se sentó. Ella parecía alta»¦ más o menos de unos cinco pies siete pulgadas»¦ y vestía el uniforme de una azafata de Pan Am. Parecía de unos veinte años y su complexión era rosada y blanca. Su cabello negro colgaba en ondas hasta sus hombros, y sus ojos eran verde olivo, muy parecidos a los míos. Comencé por estrecharle la mano pero después que pude hacer eso, ella presionó su palma ligeramente contra la mía, ¡de la misma forma que había aprendido por primera vez con Laan-Deeka!

Fue cuando me di cuenta de esa extraña sensación que había estado teniendo desde que me senté, y que se había hecho cada vez más fuerte. Era la misma clase de sensación que había tenido justo antes de que me reuniera con Laan-Deeka y Sharanna, de Venus, un año antes, y de que me hubieran dado un paseo en su nave espacial. ¡Ahora me preguntaba si esta chica era una de ellos!

Entonces, con una voz suave y clara, habló: «Sí, hermano, soy del planeta que tu llamas Saturno. Me puedes llamar Al-Deena, como medio de identificación para tus escritos, aunque nuestro concepto de nombres es diferente a los suyos».

Su habla tenía un ligero acento oriental que pudo haber sido debido a su planeta de origen. Incluso pensando que toda nuestra conversación fue en español, tenía la impresión de que ella podía hablar inglés fluido.

Entonces ella ordenó una comida ligera, explicándome que ella no comía carne ni productos cárnicos.

«Lester», continuó, «veo que estas vacilante en tu misión, como la delineó Laan-Deeka y Sharanna, nuestros hermanos venusinos. Sabemos que has sido ridiculizado por tus compañeros de clase en la Universidad porque tu fotografía platillo y el avistamiento fueron impresos en los periódicos, y que esto te ha afectado negativamente. Has pensado erróneamente que eras el único en tu país que se ha reunido con nosotros, «˜en carne»™, como dicen ustedes. Pero la verdad es que nosotros también hemos contactado con otras personas en tu zona». (Recientemente tuve verificación de esto cuando un amigo me dijo que él se había reunido con un venusino a finales de marzo y, debido al impacto de esa experiencia, él formó una organización Platillo Volador que ahora está creciendo constantemente. Él es Carlos Ochoa, del 651 de la calle Casimiro Figueroa, Avenida Ponce de León, Santurce, Puerto Rico, 00907)

Al-Deena sugirió que uniera mis esfuerzos con los de mis amigos, para darle más fuerza para avanzar el mensaje de la Gente del Espacio. Desde entonces he estado haciendo esto.

Ella continuó diciendo que había una gran oposición a los contactados por fuerzas que siempre han tratado de parar que se disperse la iluminación. Estas fuerzas (frecuentemente llamadas Fuerzas oscuras, o Grupo de Silencio, etc.) toman muchas formas para hacer su trabajo de suprimir la verdad. Ellas incluyen extraterrestres que están avanzados científicamente pero no espiritualmente. Son responsables de mensajes apocalípticos que debían a las personas y tienden a frustrar la efectividad del Movimiento Platillo Volador.

«Estas fuerzas ahora son más fuertes que nunca», dijo la chica saturnina, «y ahora ellas están activas aquí en tu isla de Puerto Rico».

ArthurBryantElla me dijo que también eran responsables de las muertes del famoso investigador y autor de libros platillo, M. K. Jessup, y también de Arthur Bryant, quien se había reunido con los venusinos en Inglaterra. La muerte de Jessup fue fácil de falsificar como un suicidio, dijo.

Aunque Al-Deena me habló con serenidad y tranquilidad sobre estas cosas, sus ojos claros chispeaban revelando la misma alegría de la vida que había visto en los ojos de Laan-Deeka y Sharanna. Parecía provenir de un profundo entendimiento dentro de ellos.

En un momento Al-Deena tomó un pañuelo de su bolso. Noté que tenía una rosa bordada de color rosa en medio de ella, y toda ella parecía emanar alguna clase de radiación.

Deseaba mucho ese pañuelo como evidencia de contacto con ella, y finalmente reuní el coraje de pedírselo.

Al-Deena dijo muy amablemente, «No, Lester, pero cuando seas más maduro (todavía no cumplo los 21) y a su debido tiempo, tendrás una «˜prueba»™ amplia de la verdad de tus experiencias. Ahora tú estas siendo probado constantemente».

Sé que todavía tengo que pasar la prueba más grande: no usar mis experiencias para beneficio personal, sino sólo para iluminar a otros.

Entre otras cosas, Al-Deena me dijo que eventualmente me reuniría con el piloto venusino Orthon, sobre el que escribió el contactado George Adamski en sus ahora famosos libros. ¡Realmente iba a mirar hacia adelante por esa experiencia!

Ella también me dijo una palabra secreta que podría, en el futuro, ser usada además del saludo palma-a-palma, en caso de que algún bromista tratara de engañarme.

«Querido hermano», prosiguió, «la Gente del Espacio amistosa radia un sentimiento inconfundible de bienestar y buena voluntad. Así que si alguien te dice que es de otro planeta y tú no sientes esa buena voluntad radiando de él, ¡no tienes nada más que hacer con él! ¡Aléjate de él inmediatamente! Nosotros te ayudaremos». Podía ver que ella estaba preocupada por todos nosotros quienes podíamos tener esta experiencia.

Entonces ella se levantó y dijo que debía dejarme. Sus ojos destellaron cuando preguntó, «¿Por qué sus mujeres insisten en vestir tacones altos? Nosotras las mujeres de otros mundos tenemos piernas saludables»¦ y también bonitas»¦ porque sólo usamos zapatillas de tacón bajo. ¡Mis pies me están matando!»

Nos reímos, «˜chocamos»™ las manos y nos dijimos adiós»¦ y entonces se retiró.

Fui a casa a pensar sobre esta nueva experiencia. Pero pronto las presiones de mi trabajo escolar me dejaron poco tiempo para cualquier otra cosa que enfrentarme a mis responsabilidades en el mundo.

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