Whack-a-Loeb: la última ronda…

Whack-a-Loeb: la última ronda…

12 de marzo de 2022

BRYAN SENTES

The Debrief ha inaugurado una nueva serie de artículos, “Nuestro Vecindario Cósmico”, y ha dado la primera palabra a Avi Loeb (a quien The Debrief parece haber dado carta blanca hace un tiempo…). No sé si esta nueva serie será escrita exclusivamente por Loeb, pero su última contribución me deja inclinado, si no impulsado por un sentido del deber de mantener la cordura especulativa (y mucho menos la mía…), a participar en un juego de Whack-a-Loeb: Lo que el Dr. Loeb publique en The Debrief lo aplastaré (siempre que tenga paciencia: la vida es tan larga…).

Esta misiva se titula “Comunicándose con extraterrestres”. Después de un gambito introductorio lamentablemente ingenuo, sobre cómo “la guerra en Ucrania ilustra lo difícil que es para los terrícolas comunicarse entre sí incluso cuando comparten el mismo planeta y los mismos dispositivos de comunicación”, Loeb, al estilo característico de SETI, considera las posibilidades que la comunicación entre terrícolas y extraterrestres podría ocurrir por medio de un artefacto tecnológico de quizás una civilización muerta hace mucho tiempo o alguna señal electromagnética. Respecto a esa primera posibilidad, la favorita de Loeb, especula

Una forma más avanzada de un encuentro indirecto con un mensajero involucra un sistema de IA que es lo suficientemente inteligente para actuar de manera autónoma según el modelo de sus fabricantes. Dado que los algoritmos de IA serán capaces de abordar los desafíos de comunicación entre las culturas humanas en el Multiverso, lo mismo podría ocurrir en el Universo real. En ese caso, deberíamos poder comunicarnos a gusto con una forma suficientemente avanzada de astronautas de IA, porque sabrían cómo mapear el contenido que desean transmitir a nuestros idiomas.

Es la esperanza de Loeb que este “encuentro con la IA extraterrestre sea un momento de enseñanza para la humanidad y conduzca a un futuro más próspero para todos nosotros”.

Como era de esperar, hay una serie de problemas con las especulaciones de Loeb, muchas de las cuales encuentran eco en su artículo anterior de Medium, “Sé amable con los invitados extraterrestres”, al que respondí aquí. En este artículo anterior, Loeb parecía pasar por alto que comunicarse con una forma de vida extraterrestre o un artefacto de la misma es, al menos, una forma de comunicación entre especies. Asimismo, en esta, su última incursión en el tema, sobreestima (como de costumbre) el potencial de la IA (“Los algoritmos de IA serán capaces de abordar los desafíos de comunicación entre las culturas humanas en el [Metaverso]”) y subestima los desafíos de la comunicación entre especies (“deberíamos poder comunicarnos a gusto con una forma suficientemente avanzada de astronautas de IA, porque ellos sabrían cómo mapear el contenido que desean transmitir a nuestros idiomas”).

No dudo de la capacidad para una traducción de IA relativamente funcional, pero tal “traducción” solo puede ocurrir cuando las partes se comunican en estereotipos, lo que los teóricos literarios denominaron hace mucho tiempo “lo ya escrito” de la ineludible “intertextualidad” del discurso. Es decir, el software de traducción no interpreta ni comprende lo que los interlocutores realmente dicen, sino que se basa en un vasto banco de datos de lo ya escrito para encontrar la equivalencia más probable para cualquier cadena dada. La falta de sentido de este procedimiento puede, como consecuencia directa de cómo funciona, dar lugar a errores de traducción ridículos.

La raíz de este problema ya fue planteada a finales del siglo XVIII y principios del XIX por el fundador de la hermenéutica moderna, Friedrich Schleiermacher, quien observó que el lenguaje podía caracterizarse al menos de dos maneras diferentes, la gramatical y la técnica. Por lo primero, se refería a las reglas impersonales que aseguran la posibilidad de que cualquier enunciado lingüístico esté bien formado y, por lo tanto, no sea absurdo en primer lugar, precisamente las reglas que la lingüística puede cuantificar y los programadores explotan para desarrollar software de traducción y producción de texto o habla. Sin embargo, también hay un aspecto creativo en el habla, lo “técnico”, que excede lo ya escrito, siendo novedoso, y que asegura la posibilidad de comprender un enunciado novedoso, si no cualquier enunciado en general (ya que un hablante siempre debe hacer una conjetura educada no solo sobre exactamente qué palabras se pronuncian, sino también sobre cómo podrían ser intencionadas). Como el filósofo contemporáneo Robert Brandom lo expresa con tanta elocuencia: “Lo que importa sobre nosotros moralmente, y por lo tanto, en última instancia, políticamente es… la capacidad de cada uno de nosotros como criaturas discursivas de decir cosas que nadie más ha dicho nunca, cosas además que nunca se habrían dicho si no las dijéramos nosotros. Es nuestra capacidad de transformar los vocabularios en los que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser”. Los “vocabularios” (los “ya dichos”) que cualquier acto de habla creativo excederá y transformará, por la misma razón, trascenderán la capacidad de la IA de traducción. El desafío de tal uso creativo del lenguaje es especialmente agudo en el caso del tono, por ejemplo, la ironía, que opera precisamente en un espacio compartido por lo gramatical y lo técnico, es decir, una y la misma expresión se usa para significar su opuesto. En este caso, el modelo semiótico del lenguaje-como-pura-sintaxis (el aspecto “gramatical” de Schleiermacher) encuentra un límite, como Paul de Man tan famosamente demostró en el capítulo inicial de su Allegories of Reading (1979).

Si una IA lingüística, por su propia naturaleza, choca con los límites impuestos por la naturaleza misma del lenguaje, ¿cuánto más una IA producida por otra especie (como si la idea misma no fuera problemática…)? Es decir, al menos el software de traducción desarrollado por un programador terrestre solo necesita “traducir” entre idiomas humanos, pero el problema de la traducción entre especies, como esbocé en mi publicación anterior sobre la “xenia xenófoba” de Loeb, es mucho más difícil (a pesar de las afirmaciones de Diana Pasulka sobre la investigación de Iya Whiteley). Tengo la impresión de que Loeb no reconoce los verdaderos desafíos a esta idea debido a cómo parece concebir el lenguaje, escribir, como lo hace, confiando en que sus “astronautas de IA” imaginarios podrían “comunicarse con facilidad… porque sabrían cómo mapear el contenido que desean transmitir a nuestros idiomas”. Muchas suposiciones están incluidas en esta afirmación demasiado informal. ¿Se da el caso de que una lengua “mapea un contenido”, por ejemplo? Podría decirse que no, tal idea perteneciente a la concepción del lenguaje anterior al advenimiento de la ciencia del lenguaje, la filología, a mediados del siglo XVIII. Además, sin poseer ya un conocimiento de un lenguaje humano, ¿Cómo encontraría esa IA las equivalencias de lo que deseaba transmitir? Loeb parece pensar que las lenguas naturales son sistemas de o para una representación más o menos problemática, cuando en realidad las lenguas están íntimamente ligadas a su uso pragmático en lo que el filósofo Ludwig Wittgenstein denominó célebremente “formas de vida”. Por esta razón, una vez comentó: “Si un león pudiera hablar, no seríamos capaces de entenderlo”, una afirmación más aplicable a un organismo extraterrestre, y mucho menos a su artefacto. Todo esto supone, por supuesto, que el astronauta de IA de Loeb busca al Homo sapiens en lugar de a alguna otra especie de organismo que encuentre en la Tierra…

No hay poca ironía en la apertura de su artículo de Loeb diciéndole a su lector que “recientemente fue invitado a asistir a una discusión interdisciplinaria con lingüistas y filósofos, coordinada por la Iniciativa Interfacultad Mente, Cerebro y Comportamiento de la Universidad de Harvard [que] girará en torno al desafío de comunicar con extraterrestres como se muestra en la película La llegada”. Voy a suponer que la trama de la película sigue en sus líneas principales las del cuento en el que se basa. Lo que es revelador es que la película no se trata de comunicarse con extraterrestres. El escenario de ciencia ficción, tan convincente como es (imaginablemente por eso se adopta para orientar la discusión a la que Loeb ha sido invitado a asistir) es un recurso literario para presentar el tema de la trama, que es amor fati: el lenguaje de los extraterrestres permite a la protagonista saber de antemano que la hija que dará a luz morirá en la infancia; sin embargo, con pleno conocimiento del dolor que soportará, la protagonista elige afirmar este destino. Además, que un tema importante es también el del lenguaje, el relato cumple con un imperativo (pos)moderno para la ficción, que sea reflexivo, es decir, que presente y pruebe su propia materialidad. De una manera muy importante, tomar la historia al pie de la letra es malinterpretarla por completo, un doloroso error para aquellos que aspiran a comprender y comunicarse con un Otro completamente extraño.

https://skunkworksblog.com/2022/03/12/whack-a-loeb-the-latest-round/

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