Relámpagos globulares en la comodidad de su laboratorio

Relámpagos globulares en la comodidad de su laboratorio

15 de enero de 2006

Kentaro Mori

balllightningA la derecha, Eli Jerby y Vladimir Dikhtyar con el rayo globular creado en su laboratorio de la Universidad de Tel Aviv. El sistema creado por ambos concentra la potencia de una microonda de 600 vatios en un espacio de apenas un centímetro cúbico, inyectada a través de una punta en un sustrato sólido de vidrio, silicio, germanio, aluminio y otras cerámicas. Esto, sin mucha sorpresa, genera un punto fundido. Lo interesante ocurre cuando se retira la punta del sustrato, llevándose consigo el material fundido, que cae en forma de goteo que -sorpresa- se convierte en una bola de fuego de tres centímetros que dura unos milisegundos. Los videos de la página de los investigadores son mucho más ilustrativos.

El artículo se ha publicado en la revista Physical Review LetterFireball ejection from a molten hot-spot to air by localized microwaves, en PDF. Para todo lo que siempre quiso saber sobre los rayos globulares, y más, lea Centellas o Rayos en Bola, en Perspectivas.

https://web.archive.org/web/20160722034949/http://www.ceticismoaberto.com/ufologia/691/relmpagos-globulares-no-conforto-de-seu-laboratrio

La fotografía Kirk

La fotografía Kirk

Algo que apareció como una lente oscura al revelar el negativo, lo cual puede ser interesante ya que la persona que manejó la cámara, Robert W. Kirk, afirma que el objeto en cuestión era “transparente como el cristal” y parecía tener veinte pies de diámetro. Dado que se desconocía la distancia al objeto, la estimación del tamaño era sólo una suposición muy aproximada.

Según el historiador de ovnis, Loren E. Gross[1], la descripción le recuerda al caso de Terranova del 10 de julio de 1947 y a las palabras de J. E. Woodruff utilizadas para describir su ovni: “Una rueda translúcida parecida a un disco”.

Del caso de Woodruff nos ocupamos en nuestra serie sobre la Fotografía Harmon Field[2] y aparece en el documento Air Intelligence Report No. 100-203-79, December 10, 1948. En el Apéndice C “Informes seleccionados de incidentes de objetos voladores” se informa que el Sr John E. Woodruff, un mecánico de Pan-American Airways fue el primero en observar el fenómeno. A nosotros nos parece que el avistamiento de Woodruff se asemeja más al del avistamiento del aeropuerto de O´Hare el cual se debió, con toda seguridad, a una nube fallstreak[3]

imageLa fotografía del señor Kirk aparece en la página 176 del libro de Kenneth Arnold y Raymond Palmer, The Coming of the Saucers[4], con el siguiente pie de foto:

Robert W. Kirk, del 7939 de South Justine St., Chicago 20, Illinois, tomó la fotografía de la derecha cerca de Chicago. Apareció bajo en el cielo, y parecía transparente, como el cristal, pero apareció oscuro en la película. El objeto parecía tener aproximadamente seis metros de diámetro y se movía lentamente. Sin embargo, su distancia no podía ser determinada y por lo tanto su tamaño aparente no tiene sentido. Sin embargo, su forma oval es fácilmente evidente.


[1] Gross E. Loren, UFOS: A History. Vol. 1: July 1947 – December 1948, edición del autor, Freemont, California, 1980.

[2] https://marcianitosverdes.haaan.com/2019/09/la-fotografa-harmon-field-10/

[3] https://marcianitosverdes.haaan.com/2007/01/el-ovni-de-ohare-un-fenmeno-meteorolgico/

[4] Arnold Kenneth and Palmer Raymond, The Coming of the Saucers, edición privada, Boise, Idaho and Amherst, Wisconsin, 1952.

Así creamos monstruos

Así creamos monstruos

Ficha realizada por: Violeta Lila

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Título: Así creamos monstruos

Título Original: (Así creamos monstruos, 2021)

Autor: Ignacio Cabria

Editorial: Luciérnaga

Colección: Enigmas y conspiraciones

Copyright:

© del texto: Ignacio Cabria, 2021

© de las ilustraciones: Ignacio Cabria

© de la edición de las ilustraciones: Sofia Cabria Arinto

© de las fotos: Shutterstock

© de la ilustración de cubierta: Shutterstock / Mix os All Solutions, Blackspring ERSP y Arthur Balitskii

Diseño de la cubierta: Planeta arte & Diseño

Ilustraciones: B/N

Edición: 1ª Edición: Enero 2023

ISBN: 9788419164353

Tapa: Blanda

Etiquetas: mitos, ciencia, culturas, criptozoología, ensayo, paranormal, leyendas, libros ilustrados, literatura española, monstruos, sirenas, yeti, kraken, serpientes, tradiciones, Nessie, pulpos, chupacabras

Nº de páginas: 504

Argumento:

Se han contado muchas historias sobre monstruos como el yeti, el bigfoot, el chupacabras o el monstruo del lago Ness, que esa paraciencia llamada criptozoología considera animales reales. En muchos libros se han expuesto los argumentos a favor y en contra y las supuestas pruebas de su existencia. De lo que no cabe duda es de que esas y otras criaturas misteriosas se han convertido en leyendas de nuestro tiempo. Más allá de valorar las pruebas científicas, en este libro se hace una historia de los hechos que generaron esas leyendas, se observa la evolución de las creencias y se analiza el marco cultural en el que surgieron. Releyendo las crónicas antiguas, podemos entender de dónde partieron las narraciones de los marinos sobre el kraken, las sirenas y la gran serpiente marina. Revisando los mitos sobre las razas monstruosas, los gigantes, el hombre salvaje y el hombre-mono, vemos brotar la figura del monstruo homínido, como los yetis asiáticos o el sasquatch y el bigfoot americanos. Las leyendas contemporáneas nos hablan de visiones de criaturas como el perro negro, el felino fantasma y, cómo no, el monstruo millennial que es el chupacabras, nacido con la era de internet.

Opinión:

El ensayo que voy a reseñar lleva por título Así creamos monstruos, escrito por el autor patrio Ignacio Cabria.

Antes de pasar a mis palabras, debo resaltar tres cosas: La maravillosa portada, es de esas que simplemente viéndola ya compras el libro. Luego, el corto pero estupendo prólogo dejado por otro de nuestros grandes escritores: Javier Sierra. Y por último, os copio el índice de contenidos, para que sepáis sobre qué temas vais a leer.

Primera parte: Monstruos marinos y lacustres. Del Kraken y el pulpo gigante al Architeuthis. Los marinos que veían sirenas y tritones. La gran serpiente marina de ayer a hoy. El monstruo del lago Ness. Monstruos lacustres y dinosaurios revividos.

Segunda parte: El monstruo homínido. Gigantes, razas monstruosas, hombres salvajes y hombres-mono. El Yeti. Los otros “hombres de las nieves” y sus mitos. El Sasquatch y el Bigfoot. Ciencia, tradición y cultura del homínido anómalo.

Tercera parte: Animales fantasma, ilusiones colectivas o leyendas contemporáneas. Animales espectrales y mitos. Animales fuera de sitio y leyendas contemporáneas. El chupacabras, sabor latino. La criptozoología.

Bien, pasemos a la reseña. Mucho se ha debatido con el correr de los años, desde aficionados y pseudo investigadores hasta médicos y científicos, sobre la existencia de ciertos seres que popularmente son conocidos como críptidos. Vienen a ser o a representar ideas colectivas de momentos determinados, pero también señales de la inquietud de esos tiempos. En Así creamos monstruos disfrutaremos de un paseo general por las épocas y coyunturas históricas que dieron lugar a muchas leyendas que llegan hasta nuestros días.

El autor hace un estudio concienzudo de los fenómenos psíquicos, sociales y culturales de los elementos necesarios para fabricar el concepto de monstruo. ¿Qué hay en las personas que necesitamos de elaborar estas figuras repugnantes y aterradoras pero tan atractivas a la vez? ¿Será que nuestras mentes funcionan con un mecanismo de dicotomía, donde el morbo juega un papel central? Desde el cine y la literatura, que han sabido denunciar como ninguna otra disciplina los temores de una época, pasando por los espectáculos de los freaks de ferias, la fascinación por estas criaturas siempre ha tocado una fibra íntima en innumerables personas a lo largo y ancho del mundo.

El otro gran elemento que no puede faltar es el halo de misterio que los rodea: ¿qué ha sido eso que entrevió alguien por el rabillo del ojo, en un lago? ¿Cómo es posible que tanta gente de diferentes culturas y lugares afirmen haber visto al mismo monstruo en un bosque o montaña? Bien podríamos inferir que la serpiente marina proviene del antiguo miedo atávico a las profundidades, que el Yeti o sasquatch es el residuo de un pasado espantoso, es un homínido que sigue caminando erguido hasta nuestros días… Con la irrupción de internet, los avistamientos de este tipo de criaturas, como por ejemplo, el Chupacabras, han estado a la orden del día, y nuestro autor nos llevará a un recorrido muy divertido y gratificante por cada una de estas razas de seres extraños.

Dentro de un lenguaje sencillo pero de auténtico erudito, acompaña su narración con pequeñas ilustraciones y fotografías en blanco y negro (para mí, tal vez le falten algunas más, hubiera quedado un libro de diez). Sobre la increíble lectura leída, deciros que no importa lo mucho que la ciencia pruebe la falsedad de los críptidos, la gente sigue creyendo porque encuentra un sentido en esto. Se supone que sean evasivos, si se los capturara y expusiera en un zoo dejarían de ser monstruos.

Ignacio Cabria viene a llenar un espacio que seguía vacío en España, el de realizar un ensayo que contemple el propósito de los monstruos en función de un arquetipo cultural, que trasciende épocas y lugares. Por ejemplo, el Kraken era el monstruo marino por antonomasia y fue creado y recreado durante siglos, con autores tan importantes como William Hope Hodgson o China Miéville, que han escrito relatos y novelas basadas en la figura de esta bestia marina que se decía que era tan gigantesca que podía hundir barcos de gran porte.

El monstruo del lago Ness es otro clásico de la criptozoología marina y siempre se pensó en identificarlo con un dinosaurio que, gracias a ciertas condiciones climáticas, habría sobrevivido hasta nuestros días en las heladas aguas del lago escocés… La realidad es que, en este caso puntual, su existencia ha quedado muy en duda debido a múltiples engaños y fraudes fotográficos. Lo que por supuesto no ha impedido que se siga facturando con filmaciones, libros y todo tipo de merchandising.

En cuanto al Yeti, hablamos aquí de una criatura que sería un término medio entre el homínido de las cavernas y el ser humano actual. Sería un cruce entre simio y hombre con mucho pelaje y gran altura, y que sobrevivieron en pequeños grupos de población en las colinas perdidas del Himalaya. Otra variante es el Migoi, que huele a retrete sucio y suele acercarse a las poblaciones durante las tormentas de nieve en busca de calor y alimento.

¿Productos de mentes afiebradas o realidades ocultas que salen de vez en cuando a la luz? La verdad está ahí afuera, estimado lector.

El libro cierra con un epílogo y una bibliografía seleccionada.

Le pongo muy buena puntuación.

Violeta Lila

https://anikaentrelibros.com/asi-creamos-monstruos

¿Los Bigfooting llevan un siglo de retraso? El ejemplo de la extremidad de caimán de Stacy Brown

¿Los Bigfooting llevan un siglo de retraso? El ejemplo de la extremidad de caimán de Stacy Brown

12/13/2015

Andy White

Como escribí ayer, esperaba que mi próximo post fuera sobre las estimaciones del tamaño corporal de Gigantopithecus. Me está llevando más tiempo de lo que esperaba rastrear parte de la información que quiero para ese, así que estará en espera por un tiempo. Estoy intentando encontrar una fuente de métricas brutas para dientes individuales de Gigantopithecus (creo que puede haber algunas en este nuevo paper de Zhang et al., pero no he podido acceder a la información suplementaria desde fuera del campus) y me gustaría echar un vistazo al libro de Russell Ciochon et al. (1990) Other Origins (que tendré que conseguir en papel a través de la biblioteca, a la vieja usanza).

Me interesa el Gigantopithecus tanto por curiosidad profesional como porque es uno de esos temas (como el de los Nephilim) que se sitúa muy bien en la intersección entre ciencia/pseudociencia. Eso es lo que lo hace interesante para escribir en un blog: es un área legítima de la investigación científica que importa a los “marginales”.

No hay duda de que el mayor atractivo marginal de Gigantopithecus se encuentra entre los entusiastas de Bigfoot, algunos de los cuales sostienen que Sasquatch y el simio gigante son la misma cosa. No estoy muy metido en el fenómeno de Bigfoot, pero cuando hablas de Gigantopithecus en Internet atraes la atención de los seguidores de Bigfoot. Así que estoy aprendiendo un poco sobre cómo funciona ese mundo.

(Aparte: en mi opinión, los fans de Bigfoot son los hooligans del fútbol del mundo marginal. Si quieres ver algunas muestras ridículas de ataques racistas, sexistas, homófobos, escatológicos, inmaduros y ad hominem, ve y lee algunos de los comentarios en foros de Bigfoot como éste. Me discuten allí cuando escribo algo relacionado con Bigfoot. Menudo halago. Ni siquiera puedo decir quién es quién o qué es exactamente lo que intentan decir… en fin, pasando a otra cosa).

Hojeando uno de los foros de Bigfoot, me topé con esta historia sobre un posible brazo de “simio zorrillo” que está siendo investigado por Stacy Brown, Jr. Al parecer, Brown se ha autoproclamado el el mejor investigador del Bigfoot del planeta, así que deberíamos tomarnos en serio sus afirmaciones, ¿no? Los enlaces de la noticia ya no están activos, así que reproduciré una cita y una imagen que, al parecer, proceden del anuncio original de Stacy Brown (puedes obtener la misma información en este video):

8093944Supuesto “brazo de primate” reportado por Stacy Brown, Jr. Es de un caimán.

“Recibimos un brazo de primate no humano esta mañana. Funcionarios de la FWC descartaron oso y humano por la composición de los huesos. Qué tipo de brazo de primate es no lo sabemos todavía. Aquí hay una fotografía del brazo. Estamos en conversaciones ahora con la gente para probar las muestras que enviamos. Tenemos esperanzas de que sea el brazo de un simio zorrillo”.

Eso fue el 1 de septiembre de 2014. Una semana después, más o menos, se dio el veredicto: extremidad de caimán.

Caso cerrado, ¿verdad?

Error.

Unas semanas más tarde, Robert Lindsay informó de que la historia de la “pata de caimán” era en realidad una invención diseñada para encubrir el descubrimiento y la venta de un esqueleto parcial posiblemente legítimo de un Bigfoot. Lindsay alega que

“Una hora después de tomar posesión del brazo, Brown recibió una llamada telefónica de un entusiasta de Bigfoot muy rico de Ohio. Quería involucrarse. Brown dijo que no. El hombre le preguntó cuánto le costaría renunciar a ese brazo. Brown citó una cifra muy alta – ahora puedo revelar que esa cifra era de 500,000 dólares. El hombre picó, por increíble que parezca. La venta se hizo inmediatamente e, increíblemente, los 500,000 dólares se transfirieron a la cuenta de Stacy, y el brazo llegó al correo sin más”.

Lindsay continúa diciendo que Brown luego fue y compró un brazo de caimán de un taxidermista y “comenzó a publicar historias falsas sobre cómo iban a probar el brazo a pesar de que ni siquiera tenían ya posesión de él”. Mientras que el verdadero brazo de Bigfoot estaba en un camión de correos, alega Lindsay, Stacy Brown estaba cubriendo sus huellas y contando su dinero.

La razón por la que relato esta historia no es porque me importe mucho ninguna de estas tonterías, sino porque la historia tiene muchos de los elementos de los relatos de descubrimientos de esqueletos “gigantes” de finales del siglo XIX y principios del XX. Observe estas cuatro similitudes:

Apelación a la autoridad: En primer lugar, se apela a una autoridad para establecer la credibilidad del hallazgo. ¿Cómo sabemos que estamos ante algo fuera de lo común? Porque lo dice un funcionario de la FWC (Florida Fish and Wildlife Conservation Commission) o del FWS. Curiosamente, Lindsay también apeló a la autoridad para reforzar su contra-acusación de conspiración:

“Conozco a alguien que vio el brazo con pelo y que estaba allí cuando el FWS tomó esa decisión. Para creer la demencial historia de Stacy Brown, tenemos que creer que un biólogo del FWS es tan estúpido que no puede distinguir un brazo de reptil de uno de mamífero”.

Bueno… Dudo que “estúpido” sea realmente la cuestión. Yo no esperaría que todos los empleados de un servicio de gestión de la fauna salvaje tuvieran suficientes conocimientos de anatomía comparada para identificar correctamente un conjunto de huesos de extremidades aisladas. Hay numerosos ejemplos documentados de profesionales de la medicina y la anatomía que cometieron errores en el pasado, identificando huesos de animales como mastodontes, salamandras, y tortugas como los de humanos gigantes. Y sé por anécdotas que los profesionales médicos de hoy en día no tienen un gran historial de ser capaces de diferenciar huesos humanos y animales aislados unos de otros (y no hay razón para esperar eso de ellos – no es parte de su trabajo o de su formación). De todos modos, la persona del FWC/FWS que se encontraba en el lugar no era “estúpida”, sino que estaba en lo cierto: los huesos no eran de humano ni de oso.

1594755Imagen de un esqueleto de caimán de un sitio web de taxidermia.

Sacar conclusiones precipitadas: En segundo lugar, parece que para Brown era importante, por la razón que fuera, anunciar el “hallazgo” antes de realizar siquiera una investigación básica. Mi suposición es que la persona de la FWC/FWS fue llamada al lugar para descartar la posibilidad de que los huesos fueran humanos (y, por tanto, no fueran competencia de las fuerzas del orden). En mi opinión, si se pasa de una conclusión del FWC/FWS sobre el terreno de “no humano” a “anunciemos al mundo que PODEMOS tener un brazo de Bigfoot”, se están saltando unos cuantos pasos que podrían haber dado ustedes mismos para evitar algo de vergüenza. No soy experto en huesos de reptiles, pero me parece que la pregunta “¿es de un caimán?” sería natural, dado que estás en Florida. Si buscas en Google “esqueleto de caimán” te salen unos dibujos y fotos bastante buenos (aquí está la fuente de la imagen de taxidermia). No es tan difícil ver el parecido con el caimán, ni discernir que la extremidad tiene unas proporciones muy diferentes a las del brazo de cualquier primate.

Entonces, ¿cuál es el apuro? Como en muchos relatos antiguos de “gigantes”, el sensacionalismo de la afirmación se hace notar alto y claro. Anunciar que se ha encontrado algo que resultó ser parte de un caimán no llama mucho la atención. Anunciar que has encontrado algo que PODRÍA ser Bigfoot sí llama la atención. Así que si la atención es lo que quieres, tiene sentido seguir adelante y anunciar tu “descubrimiento” antes de que tenga tiempo de someterse a cualquier escrutinio. La búsqueda de la frase “Stacy Brown brazo de simio zorrillo” arroja miles de resultados. Supongo que la mayoría de ellas se refieren a la historia del “descubrimiento” y no a la de “lo siento, es sólo un caimán”.

Detalles contradictorios y confusos: Algunas de las historias/anuncios sobre el brazo dicen que lo encontró Stacy Brown. Otros dicen que lo encontró otra persona y que se lo comunicó al equipo de Stacy Brown, que fue a investigar. Ninguna de las historias que he visto proporciona muchos detalles adicionales sobre el “descubrimiento”, lo que debería ser una señal de alarma para cualquiera que esté prestando atención. Cuando faltan incluso los detalles básicos y lo que hay no concuerda, la historia tiene problemas desde el principio. Sin embargo, al igual que en los relatos de “gigantes”, la ausencia o incoherencia de los detalles no parece molestar a quienes sólo quieren que la historia sea cierta (por ejemplo, la escultura de fémur de 47” de Joe Taylor, el relato de un “testigo ocular” de un esqueleto gigante de Nueva York).

Conspiración para ocultar pruebas. Quienes estén familiarizados con el hilo de conspiración que se teje a través de la gigantología encontrarán inmediatamente familiar el componente de “pruebas robadas por un misterioso forastero” de esta historia. Una vez que la evidencia es barrida, nunca sabremos realmente lo que pasó, ¿verdad? Así que todavía hay una posibilidad de que la historia podría ser verdad, ¿no? Hacer desaparecer las pruebas en realidad ayuda a los que les gusta contar historias que podrían ser falsificadas por esas pruebas: si la extremidad del caimán siguiera ahí fuera, sería mucho más difícil insistir en que era el brazo de un Bigfoot. Pero decir que lo compró un millonario de Ohio hace que parezca más probable que fuera legítimo (¿por qué si no iba a pagar medio millón de dólares por él?) y explica por qué ya no se puede ver. Eso es muy conveniente, al igual que la conspiración Smithsonian-evolucionista para ocultar todos los esqueletos gigantes.

La historia de la extremidad de caimán de Stacy Brown me hace preguntarme si estamos en medio de una “moda” de Pie Grande que, en retrospectiva, se parecerá mucho a la moda de los gigantes que alcanzó su apogeo a finales del siglo XIX. Creo que muchos de los ingredientes fundamentales están ahí: interés público, falta de perspicacia científica básica sobre las pruebas reales, motivaciones lucrativas, bulos y teorías conspirativas. Sin embargo, está claro que no estamos en el siglo XIX en lo que respecta a nuestra infraestructura de comunicación. Internet es un difusor más rápido y democrático que los medios impresos tradicionales, y cabría esperar que esas diferencias tuvieran efectos significativos en las pautas y procesos de difusión, persistencia y creación y transmisión de errores de la información. Creo que el auge de Internet probablemente subyace (y puede que incluso explique en parte) el actual resurgimiento de la moda de los gigantes. Quizá pueda decirse lo mismo de Bigfoot. Quizá lo descubra algún día. No hay prisa: dudo que ni los gigantes ni Bigfoot vayan a desaparecer pronto.

https://www.andywhiteanthropology.com/blog/is-bigfooting-a-century-behind-giants-the-example-of-stacy-browns-alligator-limb

Pie Grande, pilas de huesos e índices de utilidad de las partes del cuerpo de Binford

Pie Grande, pilas de huesos e índices de utilidad de las partes del cuerpo de Binford

6/25/2016

Andy White

Una conversación en curso en una vieja entrada del blog sobre el cráneo de Humboldt de alguna manera me llevó a esta historia sobre la afirmación de Mitchell Townsend de que las pilas de huesos de animales roídos en las montañas Cascade proporcionan evidencia física definitiva de la existencia de Bigfoot. Tuve destellos de “papel blanco de espada romana” al leer este párrafo:

“La información de Townsend se publicará en un trabajo de investigación, y desafía a la comunidad científica a desacreditar su información. Dijo que el proyecto de cuatro años ayudó a resolver el misterio porque el enfoque se basó en pruebas forenses. La información utilizada también se basaba en gran medida en pruebas comparativas de los mejores científicos del mundo”.

Justo cuando me acomodaba para esperar el artículo, me alegré al descubrir que había leído mal la fecha de publicación del artículo: era de mayo de 2015 y no de mayo de 2016. El artículo (“Using Biotic Taphonomy Signature Analysis and Neoichnology Profiling to determine the identity of the carnivore taxa responsible for the deposition and mechanical mastication of three independent prey bone assemblages in the Mount St. Helen’s ecosystem of the Cascade mountain range”, de Aaron Mills, Gerald Mills y M. N. Townsend) salió el pasado junio y está disponible aquí. No parece que el artículo haya suscitado mucho debate, lo que me parece curioso dada la cantidad de detalles que contiene. No sé si la falta de atención significa que la comunidad Bigfoot simplemente no lo compró (?) o simplemente no lo leyó: el documento tiene 94 páginas y está densamente lleno de jerga.

A mí me intrigaba, así que me puse a leerlo.

El artículo describe tres “pilas de huesos” localizadas y documentadas por los autores en la zona del Monte Santa Helena en 2013 y 2014. Los autores atribuyen la formación de estos conjuntos óseos a Bigfoot, argumentando que (1) los montones de huesos no podrían haber sido creados por ningún otro carnívoro conocido en la zona y (2) los huesos conservan evidencia de consumo por una criatura con dientes muy grandes pero muy parecidos a los humanos. He aquí una cita de la “narración del descubrimiento” de Townsend sobre la primera pila de huesos (pág. 6):

“… Realicé un examen físico del contenido del yacimiento y descubrí al menos dos conjuntos de restos de ciervo, basándome en los cráneos de ciervo encontrados en las proximidades del conjunto principal de huesos. Los cráneos tenían la nariz aplastada por lo que parecía un traumatismo por objeto contundente y habían sido colocados con la misma orientación hacia abajo. Esto me pareció extraño a primera vista. Lo que realmente me llamó la atención fue una pila de huesos junto a un pequeño tronco. Mi primera impresión fue que algo o alguien se había sentado a consumir estos animales y simplemente había dejado caer los huesos entre sus piernas al acabar con ellos. Lo confirmé observando detenidamente la pila y anoté algunas observaciones muy interesantes. Los huesos parecían ser en su mayoría costillas que mostraban marcas de dientes y manipulación mecánica en diversos grados. Al parecer, algunas zonas habían sido mordidas y habían dejado impresiones dentales perceptibles. Estas impresiones dentales parecían mensurablemente diferentes de las otras especies conocidas que habitan este ecosistema”.

Townsend reitera más adelante (pág. 7) su visión del comportamiento que creó el registro que estaba observando:

“¿Qué especie animal residente mataría ciervos con un golpe contundente en la cabeza, los colocaría en la misma orientación direccional, se comería los animales y dejaría caer los huesos en un montón? ¿Cómo es que los carroñeros evitaban este lugar a pesar de que algunos de los huesos aún tenían carne adherida? Éstas eran sólo algunas de las preguntas que ahora se agolpaban en mis pensamientos”.

5551705_origImagen de las “pilas de huesos” de las que hablan Mills et al. como prueba de la presencia de Bigfoot (del artículo al que se hace referencia en el texto).

Lo primero que me llamó la atención de los conjuntos descritos por los autores es la representación de partes del cuerpo: cabezas, pies, costillas y espinas dorsales (con algunos otros huesos también presentes). Los “lugares de la matanza” no incluyen todas las partes de los animales, ni siquiera trozos aleatorios de los mismos. He aquí una lista de lo que los autores dicen haber recogido:

Pila de huesos nº 1 (BP1): 4 costillas, 8 huesos de la parte inferior del pie, 2 huesos de la muñeca/tobillo, un hueso del dedo del pie y 2 pezuñas parciales de ciervo de cola negra (se observó un “conjunto parcial de hombro” pero no se recogió, y había dos cráneos dañados);

– Pila de huesos nº 2 (EK#1): 4 costillas, 1 vértebra y 4 huesos de la parte inferior de la pierna de un alce (en el relato del hallazgo, los autores informan de que también se observó el cráneo en la zona general, pero “lo extraño fue que no encontramos huesos de la pierna en la zona, como si se los hubieran llevado después”);

– Pila de huesos nº 3 (EK#2): “La parte inferior de la columna vertebral, algunas costillas y una pata trasera se encontraban en este lugar entre mechones de pelo de alce” (pág. 30).

Los estudiantes de arqueología antropológica ya habrán adivinado a dónde quiero llegar por el título de la entrada: los montones de huesos descritos por los autores parecen ser ejemplos de conjuntos de “baja utilidad”, compuestos por los restos óseos de aquellas partes de los animales que contienen relativamente poca carne. Todos los cazadores saben que las distintas partes de un animal grande tienen distintos “valores” en cuanto a su contenido en proteínas y grasa. En el caso de los cérvidos como el ciervo y el alce, las partes del animal de mayor valor (las que tienen mayor concentración de tejido comestible en relación con el hueso) son las extremidades superiores. Las cabezas, los pies, las extremidades inferiores, las costillas y la columna vertebral -los tipos de huesos descritos en las pilas óseas- contienen relativamente menos carne por unidad de volumen (y, por tanto, de peso). Cuando los cazadores-recolectores a pie (es decir, a falta de todoterrenos, motos de nieve, camionetas y otras tecnologías de transporte mecanizado utilizadas por muchos cazadores deportivos) deben elegir qué partes del animal transportar de vuelta al campamento después de una muerte, generalmente (y lógicamente) eligen las piezas de mayor utilidad. Como expectativa teórica general, descuartizarán al animal y transportarán preferentemente las extremidades superiores al campamento, dejando atrás las patas, la cabeza, la columna vertebral, etc. Por lo tanto, en general podemos esperar que los sitios de matanza/carnicería tengan altas proporciones de piezas de baja utilidad, mientras que los sitios de campamento/consumo tendrán altas proporciones de piezas de alta utilidad.

8678861_origUn ejemplo de la utilidad de las partes del cuerpo de los cérvidos. Si hay que elegir qué partes del animal transportar y comer, serán las extremidades superiores.

Lewis Binford, un auténtico gigante de la arqueología de finales del siglo XX, fue uno de los pioneros en el uso de índices de utilidad de las partes del cuerpo como ayuda para comprender las relaciones entre los comportamientos humanos de caza y carroñeo y los conjuntos óseos resultantes. Basándose en parte en datos etnoarqueológicos recogidos entre los nunamiut (he aquí una descripción informal de ese trabajo), Binford se opuso a principios de la década de 1980 a la interpretación predominante de las acumulaciones de huesos de carnicería del Paleolítico inferior (es decir, de 1.8 millones de años de antigüedad) como producto del comportamiento cazador humano, cuestionando enérgicamente la idea de que la caza mayor fuera un componente clave de la evolución humana temprana. Binford observó que en los inventarios óseos publicados de yacimientos como FLK-Zinj, en la garganta de Olduvai, predominaban las cabezas y los huesos de las extremidades inferiores, lo que sugiere que los homínidos sólo tuvieron acceso a los cadáveres cuando ya no quedaban partes de “gran utilidad”. Si los humanos habían cazado a los animales (y por tanto habían tenido acceso a los cadáveres antes que los leones, las hienas y los buitres), ¿dónde estaban todos los huesos de las extremidades que habrían sido transportados junto con los cortes de carne escogidos?

La contribución de Binford fue el principio, y no el final, del “debate entre caza y carroñeo”, que continúa hasta nuestros días (por ejemplo, aquí hay un artículo de acceso abierto de 2013). Ha sido increíblemente productivo en términos de desarrollo de nueva teoría y nuevas líneas de evidencia, y es uno de los mejores ejemplos de los ciclos inductivo-deductivo que conozco en la ciencia arqueológica. Sin escribir un libro sobre los vericuetos de la historia del debate y el punto en el que se encuentra ahora (para lo que no estaría cualificado), me limitaré a decir que me parece que un modelo de caza humana primitiva encaja mejor con las múltiples líneas de pruebas directas e indirectas que tenemos ante nosotros que un modelo de carroñeo pasivo. No todo el mundo estará de acuerdo con esta afirmación, por supuesto.

Pero volviendo a “Bigfoot”: ¿qué podría decirnos la composición de los conjuntos dominados por cabeza-pie-costilla-espina dorsal de las pilas óseas sobre los comportamientos que produjeron esos conjuntos? La ausencia de las partes más útiles me sugiere que alguien o algo se llevó las partes más carnosas. No sé mucho sobre lo que hacen los osos o los pumas con un ciervo muerto, pero dudo que lo desmiembren selectivamente y se lleven sólo las partes buenas. Eso me suena a comportamiento humano. La visión de Townsend de Bigfoot sentado en la rama de un árbol y masticando los extremos de las costillas (de baja utilidad) en el lugar de la matanza no tiene mucho sentido intuitivo si las extremidades (de alta utilidad) fueron el premio de la matanza. Los entusiastas del Bigfoot que aceptan estas pruebas, ¿argumentarían que las criaturas emplean estrategias de alimentación esencialmente humanas, transportando selectivamente partes de sus presas a una base para compartirlas con amigos y parientes? Y si los grupos de Bigfoot cazan por separado pero luego llevan partes de sus presas a algún lugar central para compartirlas (como implicaría la eliminación de las partes de mayor utilidad), ¿dónde están las densas concentraciones de huesos que producirían esos comportamientos? Por lo general, este tipo de lugares reocupados y reutilizados son mucho más fáciles de localizar que los lugares donde se producen, utilizan y abandonan las presas en periodos de tiempo muy cortos. Si podemos encontrar este tipo de yacimientos de “lugares centrales” en África desde hace 1.8 millones de años, ¿cómo es que no conocemos ninguno en las montañas Cascade? ¿Tres sitios de matanza sin huesos de gran utilidad pero ningún sitio donde se consuman las “partes buenas”? ¿Es Bigfoot realmente tan ordenado?

¿Y el comportamiento de apilamiento? Los autores (pág. 67) citan a un especialista en osos y pumas del Departamento de Pesca y Vida Silvestre del Estado de Washington (Richard Beausoleil) que dice lo siguiente:

“Para mí, los huesos parecen haber sido colocados allí por un humano (lugar de caza, lugar de cebo ilegal). Se buscaron muchas especies para explicar esto, pero en mi experiencia con carnívoros, ésta está probablemente ligada al Homo sapiens”.

De nuevo, no soy experto en osos y pumas, así que parece razonable dar cierto peso a la opinión de alguien que sí lo es. Para mí es lógico que una persona que intentara utilizar partes de un cadáver para atraer carnívoros utilizara colecciones de partes de escasa utilidad (cabezas, patas, espinas dorsales) para hacer el trabajo en lugar de cortes de carne de primera calidad. La presencia de partes de al menos dos ciervos diferentes (basándose en la presencia de dos cabezas de ciervo) en el primer yacimiento descrito por Townsend me sugiere que las partes de ciervo fueron transportadas al yacimiento en lugar de ser matadas allí. Tal vez las costillas fueron transportadas en una bolsa y arrojadas a un montón por quien estuviera preparando el cebo, si es que eso fue lo que ocurrió. Tal vez los cráneos fueron dañados a propósito en un intento de aumentar el olor de los cerebros podridos – diablos, no lo sé.

¿Y qué hay de las marcas de dientes reportadas? Esta es una parte del informe que aún no he considerado en detalle. Me sorprendería descubrir que las marcas de dientes no pudieran atribuirse razonablemente a carnívoros no humanos (quizá de más de un tipo). Pero me reservaré los comentarios al respecto hasta que lea detenidamente su análisis.

En resumen, se nos dice que los montones de huesos son el resultado de hechos aislados: un Bigfoot que mata a un ciervo (o dos), se sienta y deposita las costillas en un montón, una tras otra mientras come. Pero es fácil imaginar una hipótesis alternativa (el uso selectivo de partes sobrantes, de escasa utilidad, en montones de cebo para la caza ilegal) que también parece explicar muchos de los hechos presentados por los autores. Si esas hipótesis alternativas se concretaran, sería posible desarrollar expectativas de prueba críticas que pudieran falsar una u otra. No creo que se nos dé suficiente información para juzgar en qué momento de la secuencia de carnicería y deposición se masticaron los huesos: ¿antes de ser “apilados”? ¿después? ¿Las mordeduras se produjeron alrededor del momento de la muerte o más tarde? ¿Hay marcas de corte en alguno de los huesos que demuestren que se utilizaron herramientas para desarticular los cadáveres? ¿Hay marcas de mordiscos en algún hueso que no esté en la “pila”? Como muestra el “relato del descubrimiento” que he citado antes, la suposición de que la matanza, el mordisco y el apilamiento se produjeron casi al mismo tiempo parece haber estado arraigada en el pensamiento de Townsend sobre estos yacimientos desde el momento del descubrimiento. Descartar esa suposición y considerar la formación de los yacimientos como un conjunto de preguntas analíticas (que, hay que admitir, puede que no sea posible abordar satisfactoriamente con la información que reportan) puede dar como resultado una respuesta más simple que “Bigfoot”.

Tengo curiosidad por saber por qué la comunidad Bigfoot no parece entusiasmarse con este trabajo. ¿Alguien quiere opinar?

https://www.andywhiteanthropology.com/blog/bigfoot-bone-stacks-and-binfords-body-part-utility-indices