Parece una nave de ciencia ficción, pero es una fábrica de mundos. Así es el disco “Flying Saucer” donde los astrónomos han localizado las zonas heladas que inician la formación planetaria
A simple vista parece un objeto salido de una película de ovnis. En realidad, es uno de los mejores laboratorios naturales para entender cómo nacen los planetas. Un equipo internacional ha conseguido algo inédito: mapear en tres dimensiones las capas químicas de este disco y señalar exactamente dónde la materia empieza a congelarse.
Publicado el 6 de enero de 2026
Por Martín Nicolás Parolari
Hay objetos en el universo que parecen diseñados por un artista de ciencia ficción. El disco protoplanetario apodado “Flying Saucer” es uno de ellos. Una franja oscura en el centro, dos lóbulos luminosos a los lados y una simetría tan perfecta que cuesta creer que sea real. Pero lo es. Y, además, acaba de revelar algo crucial: dónde se congela la materia que da origen a los planetas.
Un disco visto de perfil que funciona como una tomografía cósmica
La mayoría de los discos protoplanetarios se observan con cierta inclinación. Eso complica separar qué ocurre en cada “capa” del sistema. El Flying Saucer, en cambio, está casi perfectamente de canto. Para los astrónomos, eso es oro puro.
Es como mirar un pastel por el costado en lugar de desde arriba. Se distinguen las capas. La altura. La estructura. La química. Y eso es exactamente lo que ha aprovechado un equipo internacional liderado por la astrónoma húngara Ágnes Kóspál, del Instituto Konkoly (HUN-REN), usando el sistema de antenas ALMA en Chile.
Un mapa químico en 3D del lugar donde se fabrican los planetas
El equipo no se limitó a fotografiar el disco. Cartografió más de una docena de moléculas que contienen hidrógeno, carbono, oxígeno, nitrógeno y azufre. Y no solo dónde están, sino a qué altura y a qué distancia de la estrella.
El resultado es, literalmente, un mapa químico tridimensional. Una tomografía del gas y el polvo que rodean a una estrella joven en la región de formación estelar de Rho Ophiuchi.
En algunas capas profundas, las temperaturas descienden hasta unos 20 kelvin. Eso son –253 °C. Frío extremo. Y ese detalle es clave.
Las “zonas de hielo” donde todo cambia
© Digitized Sky Survey 2/NASA/ESA.
En esos rangos de temperatura, muchas moléculas dejan de estar en estado gaseoso y se congelan sobre los granos de polvo. Es lo que se conoce como líneas de nieve o zonas heladas. Y son fundamentales.
¿Por qué? Porque cuando los granos se recubren de hielo, se vuelven más pegajosos. Chocan, se adhieren, crecen. Es el primer paso para pasar de polvo microscópico a agregados mayores… y de ahí, con tiempo, a planetesimales y planetas.
En otras palabras: ahí empieza la construcción de mundos.
Deuterio, capas profundas y química que encaja con la teoría
El mapa también muestra algo que los modelos predecían, pero que hasta ahora costaba observar: una mayor concentración de moléculas con deuterio (hidrógeno pesado) en las capas más frías y profundas.
Es una confirmación elegante de que la química del disco no es caótica, sino estratificada, organizada por temperatura, radiación y densidad. La teoría encaja. Y cuando teoría y observación se alinean, en astronomía, es una fiesta.
Por qué esto importa más allá de este disco
El Flying Saucer es especial por su geometría, sí. Pero lo que se aprende aquí sirve para interpretar muchos otros discos que no tenemos la suerte de ver tan de perfil.
Hasta ahora, cuando se hablaba de “zonas de formación planetaria”, se hacía en gran parte por inferencia. Modelos. Simulaciones. Suposiciones razonables.
Ahora hay datos directos. Capas. Alturas. Temperaturas. Química real.
Una ventana lateral a la cocina del cosmos
Los discos protoplanetarios siempre se describen como “cunas de planetas”. Pero el Flying Saucer es algo más preciso: es una ventana lateral a la cocina donde se están preparando.
No vemos el plato terminado. Vemos los ingredientes. Las capas. El frío. El proceso. Y eso, en astronomía, es lo más parecido a espiar la receta del universo. Porque, al final, cada planeta empieza así: polvo, gas… y un poco de hielo en el lugar justo.