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EL Monstruo del Loch Ness. (Fotografías Rines)

EL MONSTRUO DEL LOCH NESS: LAS FOTOGRAFÍAS RINES

FOTOGRAFIAS RINES (1972)

El 29 de octubre de 1972 la Oficina de Investigación de los Fenómenos del Lago Ness (Loch Ness Phenomena Investigation Bureau o LNPIB) envió a cada uno de sus miembros una comunicación confidencial que decía así:

«La noche del 7 al 8 de agosto el equipo de investigación de la Acade­mia de Ciencia Aplicada y el LNPIB, dirigido por el Dr. Robert Rines, esta­ba operando en la Bahía de Urquhart con una cámara submarina y un sonar. El sonar (modelo Raytheon Explorer 111) estaba emplazado en el barco de inves­tigaci6n del LNPIB, el Narwhal, anclado aproximadamente a 50 metros de la costa cerca de Temple Pier, en tanto que la cámara estroboscópica submarina estaba suspendida debajo del crucero Nan, contratado para participar en es­ta serie de experiencias con la ayuda del comandante Bodie, de Knokie Lodge. Nan estaba anclado a unos 100 metros de la costa, y a unos 40, mar adentro, del Narwhal. El transductor (transmisor de sonar) estaba alineado de modo que todo objeto u objetos que pudiesen entrar en el campo de la cámara fue­sen detectados por el sonar. Durante la noche fueron registrados varios ob­jetos de gran tamaño, cuyas señales quedaron impresas en el gráfico del so­nar y felizmente, como se supo luego, fueron también fotografiados.

«Antes de que pudieran verse las fotografías; la Compañía Raytheon pu­blicó la siguiente declaración: «Se ha determinado por los registros obtenidos a las 0105, las 0117 y 0157 la presencia de un animal o animales cuya longitud es de 6 a 10 metros, de acuerdo con la respuesta obtenida de los ecos. El registro muestra también una prolongada respuesta de ecos que co­mienza a las 0143 horas, cuando el objeto se alejaba del transductor. Los ecos muestran una protuberancia de unos 3 metros, que aparece bruscamente y dura menos de un minuto, y que en apariencia esta relacionada con la res­puesta prolongada que hemos citado, se mueve a la misma velocidad y parece­ría ser un apéndice del objeto anterior que sólo produjo ecos por un breve período de tiempo».

«En el mismo momento mencionado arriba se obtuvieron fotos de un gran apéndice. A bordo del Narwhal se encontraban entonces los miembros del LNPIB: Peter Davies, Hilary Ross y David Wiseman. Poco después de que aparecieran las pequeñas señales prolongadas; se encendió sobre la superficie del agua un poderoso reflector de cuarzo-iodo, dirigido en la misma orientación que el haz de sonar. Cuando la luz se encendía, el objeto se acercaba al trans­ductor; cuando se apagaba, se alejaba, y esto ocurrió varias veces».

Robert H. Rines, abogado norteamericano de patentes, graduado del MIT, que en 1962 fundó la Academy of Applied Science, que no tiene ninguna relación con ninguna universidad o instituto de investigación, y que patrocina investigaciones de fenómenos «curiosos» (por llamarlos de alguna manera), como el bigfoot, el monstruo del Loch Ness, etc.

Los restantes miembros de la «Academia» (con base en Concord, New Hampshire) son: el doctor Harold E. Edgerton, profesor de ingeniería eléctrica del Instituto Tecnológico de Massachusetts e inventor de la fotografía estroboscópica; Marty Klein, coinventor de la fotografía estroboscópica; John Lothrop, ingeniero que diseñó las cá­maras de 16 mm que utilizó la «Academia»; Duane Marshall, que diseñó el equipo electrónico; Ike Blonder, que proporcionó los aparatos hidrofónicos y Charlie Wyckoff, que inventó un nuevo procedimiento para forzar la velocidad de una película de 16 mm desde 400 ASA a 25,000, con lo que se puede filmar en la oscuridad obteniendo resultados positivos.

Desde su fundación la «Academia» patrocinó algunas expediciones en busca del mítico Nessie. Sus expediciones de 1970 y 1971 no dieron resultado alguno.

Rines, en colaboración con el LNPIB, había instalado una cámara subma­rina conjuntamente con un dispositivo de sonar, de manera que un objeto en movimiento accionara cámara y fuente de iluminación estroboscópica para fo­tografiarlo cada 15 segundos, mientras éste estuviera en su campo de acción.

La profundidad del lago en la zona en la que se encontraban los barcos es como de 195 metros y el sonar iba sumergido a unos 33 metros[1].

A la 1:05 el operador del sonar, Hilary Ross, observó algo en su pantalla. El mismo eco, y otro similar apareció a las 1:17 y luego a la 1:43.

Se estimó su velocidad en unos 6 nudos. A la 1:48, la cámara entró en acción, pero sólo fotografió agua. Treinta segundos más tarde captó un objeto borroso en el extremo izquierdo. Quince segundos después se captó algo semejante a un apéndice en forma de rombo, cuya medida, obtenida por medios ópticos, es de 3 a 4 metros de longitud por 0.60 a 1.20 metros de anchura. Quince segundos después apareció una estructura semejante a una cola de 2.50 metros de longitud. La última fotografía, tomada quince segundos más tarde, mues­tra nuevamente el agua tranquila. La carga de la película de 16 mm fue ex­traída poco después, enviada a Estados Unidos y revelada en los laborato­rios de la compañía Eastman Kodak.

Los cuadros resultaron demasiado borrosos, confusos y difíciles de in­terpretar por la suciedad de las aguas del Loch. El objeto fotografiado se encontraba a no más de 4.5 metros de distancia (alcance máximo de la cámara). Para mejorar las fotografías se las envió al Jet Propulsion Laboratory, de Pasadena, California, para someterlas al mismo proceso de mejora digital que las fotos enviadas de Marte por los Vikingos I y II.

Después de haber sido procesadas por computadora se logró apreciar claramente la aleta en forma de rombo. «No parece propia de un mamífero -declaró H. Lyman del New England Aquarium-. La forma general y la de la aleta en particular no concuerdan con nada actualmente conocido».

Por su parte, Sir Peter Scott, director del Fondo Mundial de Preserva­ción de la Vida Silvestre y fundador del LNPIB dijo:

«La mayoría de la gente pensaba hasta ahora que los que creíamos que allí había algo éramos unos lunáticos. Estoy convencido de que las fotogra­fías muestran a los animales que dieron origen a la leyenda del lago Ness.

«Lo más importante que se ve, es la aleta del animal que encuentro muy con­vincente. No hay ballena o delfín conocidos que tengan aletas de esa forma. Pero hay aletas de la misma forma general en los registros fósiles de reptiles prehistóricos».

Sobre la base de esa fotografía, Scott propuso el nombre de «Nessiteras rhombopteryx», cuyo significado es: «El monstruo (o el ser maravilloso) del lago Ness con aleta en forma de rombo». Esto permitiría a Nessie agregarse a un registro de las especies británicas oficialmente protegidas. Sin embargo, los periódicos de Londres señalaron pronto que el nombre era un juego de palabras, un anagrama, que escondía la frase «Monster hoax by Sir Peter S.» (monstruo falsificado por Sir Peter S.) El doctor Rines, por su parte, dijo que si se juega un poco más con las letras se tiene, «Yes, both pix are monsters R.» (Sí, ambas fotos son monstruos. R(ines)).

La imagen adyacente muestra la interpretación de Scott.

Otro aspecto interesante de las aseveraciones de Scott es el relacionado con una posible población de monstruos en el Loch Ness: «Deben quedar muy pocos -dijo-, entre 20 y 50, aferrándose con todo a la amenaza de la ex tinción».

EL REPORTE RAZDAN KIELAR

Al mismo tiempo que daba a conocer las fotografías, Sir Peter Scott anuncio una reunión de investigadores en Edimburgo para discutir el proble­ma. Pero antes de que se produjera esta reunión, empezaron a surgir los pronunciamientos en contra de las supuestas evidencias presentadas por el gru­po de Robert Rines. Las críticas más importantes provinieron de cinco cien­tíficos del Museo Británico de Historia Natural. Ellos eran los zoólogos J. C. Sheals, G. B. Corbet y H. Greenwood; el paleontólogo H. W. Ball; y el encargado de fósiles y reptiles A. J. Charig. Después de examinar detalladamente las fotografías, estos destacados hombres de ciencia declararon: «Ninguna de estas fotos presenta suficiente información para establecer la existencia, mucho menos la identidad, de un animal viviente de gran tamaño en el Loch Ness».

Los miembros del LNPIB no consideraron estas declaraciones y siguieron con su congreso en Edimburgo. En esa reunión, Charlie Wyckoff y Alan Gilles­pie sugirieron que la «aleta» medía 1.8-2.4 metros en contra de los 3-4 me­tros calculados originalmente.

Luego, con el mismo equipo de cámara e iluminación estroboscópica se obtuvo la foto de una anguila a una distancia de 6 metros. El tamaño más corriente de las anguilas del lago Ness es de 46 centímetros de longitud. Con estos datos, y basándose en el grado y carácter de la iluminación, Wyckoff estimó la distancia de la fotografía de la aleta como 7.5 metros. Comparan­do esto con las otras fotografías permitió a Wyckoff obtener las siguientes dimensiones: 2.25 metros para el cuello y de 7 a 10 metros de longitud para el animal completo.

Todo esto sonaba muy interesante, pero algo no encajaba. Rines y Wyckoff dijeron haber tomado la foto de una anguila a una distancia de 6 metros. Con esto calcularon una distancia de 7.5 metros hasta la aleta. Pero el mismo Rines había dicho que el alcance máximo de su cámara era de 4.5 metros. ¿Cómo era esto posible? En algún momento Rines había mentido.

Once años después dos ingenieros eléctricos americanos aportarían nuevos datos a este caso. En 1983 Rikki Razdan y Alan Kielar colocaron un arreglo de 144 aparatos de sonar cubriendo un área de 900 metros cuadrados, y nueve arpo­nes modificados para tomar biopsias. Fue el llamado Proyecto Iscan. Razdan y Kielar eran dos fanáticos convencidos de la existencia del «monstruo del Loch Ness». Razdan había decla­rado: «De los reportes que he visto someramente y de las fotografías, cree­mos que verdaderamente existe algo en el lago Ness. Y francamente creemos que es un monstruo».

Tratando de demostrar la existencia de ese monstruo, los dos ingenie­ros habían partido a Inglaterra llevando todo ese equipo sofisticado. Cual­quier objeto de más de tres metros de longitud haría sonar una alarma y el objeto seria rastreado hasta poder dispararle con los arpones.

Después de seis semanas de rastreo continuo (día y noche) no pudieron obtener trazo alguno de ningún monstruo. Para aprovechar el viaje, revisa­ron los datos disponibles de otras expediciones, principalmente la de Rines, y encontraron que había mu­chos errores. En algunos casos se trataba simplemente de burbujas o de ra­mas de árbol flotando, peces, nutrias, etc. También descubrieron reportes con errores matemáticos con los trazos obtenidos con el sonar. Los objetos que habían sido reportados con movi­miento propio eran estacionarios; un cuidadoso estudio mostró que los equi­pos de sonar eran los que se movían llevados por las corrientes.

También analizaron las fotografías de Rines. Descubrieron que las imá­genes en el sonar de Rines se parecían mucho a aquellas obtenidas por las ondas producidas por un bote. Esto les hizo sospechar de las fotografías. Solicitaron información y copias de las fotos procesadas a Alan Gillespie del Jet Propulsion Laboratory. Gillespie fue el técnico que había hecho el realce por computadora de las fotos de Rines. Para su asombro las imágenes eran muy distintas a las mostradas por Rines. Las mejoras producidas por JPL son imágenes con mucho grano. Parece que las fotos fueron retocadas después de ser devueltas a Rines. Una foto sin retocar fue reproducida en la revista Discover (septiembre de 1984) junto a las imágenes de la «aleta» retocada de Rines.

Gillespie dijo: «Las fotos publicadas por Rines se ven bastante sospe­chosas alrededor de los márgenes». Charlie Wyckoff, jefe fotográfico de Rines fue más especifico: «Después que el JLP terminó con las fotografías, éstas fueron retocadas. Rines es el único que conoce quien las retocó y en que medida fueron retocadas».

El documento original básicamente se ve como una foto de un montón de burbujas o de sedimentos en el agua. Luego, esta primera imagen fue realzada por la computadora del Jet Propulsion Laboratories de la NASA en Pasadena, y finalmente el realce fue mejorado artísticamente, al parece, por el equipo de la Academia de Ciencias Aplicadas (es decir, fue retocado), con lo que al final se obtuvo la foto de la aleta. Sólo hay que mirarla de cerca para ver las marcas del pincel a lo largo de los filos.

Cuando los redactores de la revista Discover intentaron ponerse en contacto con Rines para que aclarara esto, el director de la Academia de Ciencia Aplicada huyó a Escocia, «aparentemente persiguiendo su fantasía»[2].

Cuando Anthony Geoffrey Harmsworth estaba montando la Loch Ness Monster Exhibition en 1980, le pidió algunas fotos al doctor Rines. Estas son las fotos enviadas por el doctor. Es claramente evidente que tienen diferentes colores.

En una tensa reunión en el Official Loch Ness Exhibition Centre entre el Dr Rines, Adrian Shine y Anthony Geoffrey Harmsworth, Adrian le preguntó acerca de la secuencia de acontecimientos en relación con las imágenes de la aleta. El Dr Rines admitió que la imagen pudo haber sido retocada por algún editor de la revista y la versión retocada regresó a la Academia.

La manipulación de las fotos fue sugerida por Binns en 1984, y confirmada por Adrian Shine y Dick Raynor.

Debido a que la aleta parece tener una costilla rígida que se extiende a lo largo de la línea media, es diferente de las de la mayoría de los otros vertebrados acuáticos. A menudo se pasa por alto el extraordinario tamaño de las «aletas»: cada uno se estimó en alrededor de 2 m de largo.

Finalmente, una de las fotografías de Rines se parece mucho a la cabe­za de un monstruo artificial que fue construido para filmar la película «La vida privada de Sherlock Holmes» y que se hundió en el lago durante su fil­mación. Ambas tienen dos cuernos (como los de los caracoles de jardín), los cuales nunca han sido reportados en anteriores avistamientos.

FOTOGRAFIAS RINES (1975)

Después de los sucesos de 1972 (y antes que se conociera el reporte de Razdan-Kielar) la Academia de Ciencias de Nueva York donó 75 mil dó1ares para financiar la nueva expedición de Rines. El equipo era semejante al em­pleado en 1972, aunque ahora podían tomar unas 8,000 fotos a colores con quince segundos de intervalo. Se modificó la fuente de iluminación y su al­cance útil aumentó a 6-7.5 metros. Se contó, asimismo, con otro conjunto cámara-fuente luminosa.

Esta imagen muestra a Rines bajando equipo de la embarcación de apoyo Hunter.

La cámara secundaria tomó varias fotografías, pero carecía de registro simultáneo de sonar. La mayoría de las tomas incluyen objetos animados, tal como la parte inferior de la embarcación de Rines que se supuso era parte del cuerpo, que incluía el cuello o la cola de Nessie. La foto fue tomada el 20 de junio de ese año.

La foto apareció en la primera página del New York Times (8 de abril de 1976). Un informe de Martin Klein y Harold E. Edgerton apareció en Technology Review (marzo – abril de 1976).

En realidad las fotografías son equivalentes a un test de Rorschard, y según como las vea cada uno esa será la identificación: una pareidolia. Ninguna de las películas expuestas por ellos mostró algo más que nubes de limo que Rines suponía habían sido removidos por los grandes animales no identificados que habían causado el sonar se accionara.

Al mismo tiempo que se tomaron esas fotografías se obtuvieron registros con una ecosonda Raytheon, durante una expedición conjunta entre el LNI y la Academia de Ciencias Aplicadas. Los resultados son analizados a detalle por A. G. Harmsworth quien encuentra que todos son resultados erróneos debidos a la manipulación de los datos; un mal diseño de experimentos; fallas en los equipos; mala instalación de los equipos (un transductor fabricado para ser operado verticalmente se colocó horizontalmente); los equipos no estaban fijos e inclusive se tomaron fotografías del fondo del barco.

Lo importante aquí es mencionar que al mismo tiempo que la expedición de Rines, se habían orga­nizado otras cuatro expediciones más. Lo curioso es que sólo la expedición de Rines obtuvo resultados concordantes con la hipótesis de la existencia de un extraño animal en el Loch Ness.

Las expediciones eran las siguientes: la National Geographic Society de Washington, al mando del doctor Robert Ballard; la del New York Times; la de la Compañia Nacional de Radiodifusión (National Broadcasting Company) y un grupo técnico japonés.

El doctor Robert Ballard, que dirigía la expedición de la Sociedad Geográfica Nacional, era un prestigiado oceanógrafo. Le acompañaban en la expedición William S. Ellis, Emory Kristof y David Doubilet. Llevaban equipo similar, aunque no tan completo, al de Rines. A su favor contaban con un me­jor yate, el Corsair, y con mejores y más ingeniosos recursos para atraer a la bestia. Simularon los sonidos producidos por los peces al huir de algún perseguidor (método infalible para atraer predadores marinos como tiburones y barracudas); se utilizaron cientos de peces como cebos; se rociaron dis­tintas zonas con sangre y extracto de peces; etc. No obstante, después de dos meses de espera, no se obtuvo nada.

Dos de las imágenes obtenidas fueron descritas como el cuerpo y el cuello y la cabeza de una gárgola de un gran animal desconocido.

En 1987, durante la Operación Deepscan, con la ayuda de Dick Raynor, el Loch Ness Project se propuso encontrar la cabeza de gárgola. Se bajó una cámara de vídeo a un tocón de árbol y esta es una de las fotografías. Eventualmente el tocón se recuperó y se llegó a la conclusión que era el mismo objeto tomado como la cabeza de gárgola.

Aquí mostramos una de las imágenes del video por lo que el parecido no es exacto, pero es lo suficientemente cercano para demostrar el punto más allá de la duda razonable.

Los miembros de todas las expediciones regresaron a sus respectivos países convencidos de que todo era una leyenda.

Pero la leyenda había sido filmada y a una cámara de cine no se le po­día engañar tan fácilmente como a una cámara fotográfica. ¿O si? Eso lo ve­remos en otro capítulo.

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[1] Torres Lorenza, Detectaron a «Nessie» por medio de sonar, DUDA, (494), 2-3, 17 de diciembre de 1981.

[2] Anonimo, The (retouched) Loch Ness monster, Discover, 2, (9), 6, septiembre de 1984.

El monstruo del Loch Ness. (Fotografías Searle)

EL MONSTRUO DE LOCH NESS: FOTOGRAFÍAS SEARLE

FOTOGRAFIAS SEARLE

Durante cinco años no se obtuvo fotografía alguna de Nessie. (En realidad hasta el momento no se ha obtenido ninguna foto auténtica de ningún animal desconocido llamado Nessie). Esta situación iba a cambiar con la llega­da a Dores, en 1969, de Eric Frank Searle, un exmilitar (capitán del ejército), comerciante londinense y un aventurero al estilo colonial. Acostumbraba que lo vieran acompañado de hermosas y jóvenes «cazadoras de monstruos»

Searle nació en Staines, Middlesex el 18 de marzo de 1921. Se unió al ejército a los 14 años, luego de salir de la secundaria. Estuvo destacado en operaciones en varios países e incluso perteneció a las S.A.S. durante un tiempo. Perdió la pierna izquierda en una misión en Palestina. En 1957 leyó el libro de Constante Whyte, More than a Legend, que es, quizás, el libro más influyente sobre el monstruo del Loch Ness que se haya escrito, y que inspiró por completo la era moderna de investigación de monstruos de los sesenta a los ochenta. Quedó fascinado y se propuso algún día ir a investigar. En 1969 renunció a su trabajo como vendedor de abarrotes en Londres y se fue al Loch Ness para hacer sus propias investigaciones viviendo en una tienda, con sus gatos, al lado de la playa cerca de Dores. Ahí vivió durante tres años. Luego se mudó al campo detrás de Boleskine House (el antiguo hogar de Aleister Crowley, que luego fuera comprado en 1970 por Jimmy Page del Led Zeppelín, admirador del mago). Searle finalmente se estableció en Lower Foyers en un trailer. Se mantenía con su pensión del ejército. Nunca se casó. Sufrió un ataque en 1998 que le dejó el lado derecho paralizado y confinado a una silla de ruedas. Murió en Fleetwood, Lancashire el 26 de marzo del 2005

Aunque obtuvo su primera fotografía el 27 de julio de 1972, ya antes había observado, en diversas ocasiones al «monstruo». Searle afirmó haber estado vigilando el lago durante unas 20,000 horas hasta que obtuvo su primera fotografía, cerca de Balachladoich Farm. El 27 de julio, como a las 14:30, observó la presencia de dos protube­rancias que se desplazaban lentamente de derecha a izquierda a una distan­cia de unos tres metros. La foto fue publicada el 1 de septiembre de ese año en el Daily Mail de Londres. Searle se convirtió en celebridad y fue aceptado en la comunidad de cazadores de monstruos. La foto muestra, en realidad, un fragmento de árbol flotando en la superficie del lago.

En agosto del mismo año obtuvo otra foto utilizando un teleobjetivo de 200 mm. Para octubre del mismo año obtuvo otras fotos de un gran objeto con dos supuestas gibas que rompía la superficie del lago. Según Searle, la más pequeña corresponde a la cabeza de Nessie, el cual supuestamente fue capta­do con las fauces abiertas. Sin embargo, los investigadores que han visto las seis fotos no han podido apreciar este detalle. Para colmo no es posi­ble apreciar ningún cambio en toda la secuencia.

En noviembre obtuvo otras tres fotos, mientras navegaba cerca del cas­tillo de Aldourie. Las fotos fueron publicadas en el Daily Mirror. Dos de ellas muestran dos gibas separadas en medio de las olas y espuma, y en la tercera se ven las dos gibas unidas al cuello.

Searle obtuvo a principios de 1973 otras cinco fotos de lo que ya iba siendo costumbre: dos gibas y un cuello. Las fotos al igual que la historia fueron publicadas en The High Land Ness.

En 1974 y 1975 tomó varias fotos más hasta casi completar las treinta. Produjo más de veinte fotos durante los setenta. Obtuvo más fotografías de Nessie que nadie más en la historia. La foto más extraordinaria fue una en la que aparecía Nessie y un ovni en la misma secuencia. Nunca dejó analizar los negativos de sus fotos y mostró un afán desmedido de lucro con su material gráfico. Con estos datos no es difícil llegar a una conclusión.

Colocó letreros alrededor de su trailer que decían The Frank Searle Loch Ness Investigation y cobraba a los turistas para visitar su exhibición, que consistía en recortes de periódico sobre él y sus fotos.

Era el cazador de monstruos más perseguido por los medios. Apareció varias veces en la televisión, a pesar de que sus fotos parecían mostrar tan sólo un tronco en el agua. Luego Searle comenzó a fotografiar a Nessie con más regularidad y la gente se comenzó a dar cuenta que sólo se trataba de trucos. Su popularidad decayó rápidamente.

Escribió un libro sobre sus investigaciones y fotos: Nessie: Seven Years in Search of the Monster, publicado en 1976.

Para mantenerse con compañía durante las largas y frías noches invernales, Searle acostumbraba poner anuncios en donde solicitaba «Girls Fridays» para que se unieran a la búsqueda.

En febrero de 1977 una admiradora belga, Lieve Peten, se le unió como su «asistente cazadora de monstruos» para ayudarle a organizar y publicar sus materiales. Searle conoció a Lieve durante unas vacaciones de verano. Luego, Searle le pidió su ayuda como asistente ya que, dijo, los turistas le robaban mucho de su tiempo para investigar al monstruo y necesitaba de una persona que hablara varios idiomas. Lieve trabajó con Searle de febrero de 1977 a marzo de 1979 Peten dejó Loch Ness en 1979, pero continuó apoyando a Searle hasta 1983. Con este apoyo Searle pudo publicar un boletín cuatrimestral de abril de 1977 a diciembre de 1983.

El escritor Nicholas Witchell fue uno de los que más contribuyeron al descrédito de Searle al criticar sus fotos en su libro The Loch Ness Story, publicado en 1975. Lo mismo hicieron Roy Mackal (The Monsters of Loch Ness, 1976), quien escribió que las fotos «no tienen ninguna conexión con grandes animales en el Loch»; Roland Binns (The Loch Ness Mystery Solved, 1983) quien dijo que las fotos «son partes de troncos flotantes»; Henry Bauer (The Enigma of Loch Ness, 1986), quien publicó diecinueve de las fotos de Searle en su capítulo «Hoaxes and Frauds»; Michael Newton (Enciclopedia of Cryptozoology, 2005) quien encontró que algunas de las fotos eran recortes de ilustraciones de dinosaurios de tarjetas postales pegadas en las fotos de Searle.

Adrian Shine, del Loch Ness Project lo criticó abiertamente convirtiéndose en el principal enemigo de Searle. El segundo libro del cazador de monstruos era un libelo dirigido a su rival.

En 1983 Shine y los miembros del LNP fueron atacados con una bomba molotov lanzada por un misterioso asaltante. Nadie salió herido pero las investigaciones que duraron dos años llevaron a sospechar de Searle. En 1985 Searle dejó abruptamente el Loch Ness y nada se supo de él durante 20 años. Algunos pensaban que había muerto.

Su excéntrica conducta inspiró el personaje de la película Loch Ness de 1995, en la que Keith Allen interpreta a un investigador de monstruos fieramente territorial. Andrew Tullis realizó un documental, The Man Who Captured Nessie, transmitido en el 2006 por Channel 4.

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El monstruo del Loch Ness. (La evidencia fotográfica 2)

EL MONSTRUO DE LOCH NESS: LA EVIDENCIA FOTOGRÁFICA 2

FOTO STUART

El 14 de julio de 1951 Lachlan Stuart, empleado de la Comisión Forestal, tomó una fotografía que muestra tres «jorobas» elevándose sobre la superficie del lago. Más de veinte años después Ricky Gardiner, miembro del Loch Ness Project, visitó el lugar en donde fue tomada la fotografía y se dio cuenta que el sitio es un lugar con aguas muy poco profundas, lo que significaría que el monstruo debería ser extremadamente plano y con jorobas.

Un investigador local, Richard Frere, que murió en 1999, vio cuando Stuart preparó su «monstruo de Loch Ness» para hacer su fraude fotográfico. Frere dijo que Stuart utilizó tres pacas de heno cubiertas con lona.

FOTO MACNAB

La fotografía MacNab fue tomada el 29 de julio de 1955, pero fue publicada tres años más tarde.

Peter A. MacNab, a la sazón gerente de un banco, regresaba de una reunión en compañía de su hijo manejando por el camino del general Wade. De pronto, en las antes tranquilas aguas, vio algo semejante a un gran bote volcado, dejando tras de sí una larga estela. A su hijo no le fue dado presenciar los hechos porque su atención la había dedicado plenamente en aquel momento al motor de su vehículo (¿?). Tampoco se inmutó cuando su padre salió disparado, cámara en mano, fuera del automóvil, rumbo al lago. MacNab había tomado su cámara, una Exakta 127 de objetivo reflex único, y con gran prisa cambió la lente normal de su cámara por un teleobjetivo de 150 mm. Ajustó el diafragma y el obturador a f8 y 1/100 segundos, respectivamente.

MacNab declaró que era «algo grande, ondulante, que discurrió de izquierda a derecha a una velocidad aproximada de 8-13 nudos». Logró tomar la fotografía antes de que el objeto se sumergiera de nuevo.

Guardó la foto durante tres años y no fue sino hasta que en 1958 el Weekly Scotsman publicó la foto de H. L. Cockrell (ver más adelante) que decidió dar la suya a la publicidad. Su foto apareció en el mismo diario la semana siguiente.

No contento con esto, se puso en contacto con otros investigadores mandándoles copias de su relato y su foto; actitud que resulta contraria a su manera original de pensar, esquivando toda publicidad.

En la fotografía aparece un objeto en las aguas junto al castillo de Urquhart. Esta torre mide, desde su punto más alto hasta el suelo, 21 metros, lo que proporciona una escala perfecta para calcular las dimensiones del objeto en el agua, las cuales resultan de esta manera gigantescas: ¡casi 17 metros de longitud!

Las sorpresas no quedaron ahí. Muchos años después de haber sido tomada la foto, Roy P. MacKal solicitó ver el negativo original. Encontró que el positivo obtenido con él difería notablemente de la versión anteriormente publicada.

«La comparación revela varias irregularidades «“escribe MacKal-. La primera versión muestra la presencia de una densa formación de arbolado en primer plano a la izquierda abajo y gran parte de la playa próxima, detalles ausentes de la versión MacNab. Ello resulta en extremo curioso, dado que ciertamente es imposible que una copia contenga más de lo que hubiera en el negativo de origen. A modo de explicación, MacNab ha dicho que si bien no recuerda ahora exactamente las circunstancias del caso, cree que tomó una segunda instantánea con una cámara Brownie de foco fijo, y que es posible que el documento publicado en el Weekly Scotsman corresponda al negativo de ésta última. Aunque la razón ofrecida no es imposible, resulta extraño que un fotógrafo equipado con una cámara de calidad provista de un teleobjetivo de gran alcance decidiera recurrir a una sencilla Brownie para una segunda toma de un objeto tan fuera de lo común y a distancia tan considerable.

«Con todo, surgen nuevos problemas, además del que se refiere a la afirmación hecha en 1961 por MacNab en el sentido de que accionó el disparador justo «en el instante en que aquella criatura se hundía». El intervalo de tiempo transcurrido en tanto se procede a cambiar una cámara por otra para una segunda instantánea debiera ser por lo menos dos segundos y, probablemente, más. MaNab describió el objeto como «de una velocidad de 8-13 nudos». Por consiguiente, en superficie se habría desplazado unos nueve metros durante ese tiempo y, por tanto, la parte frontal de su giba principal debiera aparecer más adelante. Sin embargo, ambas versiones muestran al objeto a igual distancia de la torre, hecho que indica que la exposición respectiva tuvo lugar en un instante único en el tiempo.

En efecto, ¡la posición del monstruo, en relación con el castillo, es idéntica en ambas imágenes!

«Otras características en relación con el tiempo son, asimismo, apreciables en la escena natural. Varias zonas claras a lo largo de la orilla correspondiente al plano próximo de la torre están formadas por las olas que rompen suavemente contra la playa de guijarros, imagen «“huelga decirlo- en constante cambio. El objeto móvil es descrito como «ondulante», movimiento que habría de determinar una cambiante sucesión de gibas, amén de estelas a ellas asociadas. Pero todas esas características se revelan idénticas en ambas versiones de la fotografía, circunstancia que nuevamente indica una exposición en instante único.

«La comparación de la alineación de la torre con respecto a ciertos detalles de la orilla opuesta revela que ambas versiones de la fotografía corresponden a una posición única de la cámara, a unos 270 metros de distancia de la torre».

MacKal no se atreve a mencionar lo que es evidente: un fraude fotográfico. Hay otros detalles que apuntan en esta dirección. En la foto «original», la reflexión de la parte superior de la torre ha desaparecido así como el árbol de la izquierda y parte de la playa al lado del castillo, la criatura que es notablemente (léase: sospechosamente) oscura comparada con los demás objetos oscuros de la foto.

Mackal se dio cuenta de otro factor «curioso»: el hecho de que aunque la torre Castillo de Urquhart es vertical, su reflejo se inclina a la derecha en la imagen. Cualquier artista y cualquier persona que tenga incluso un rudimentario conocimiento de física, sabe que un reflejo siempre está verticalmente por debajo del objeto que se refleja. Algo, por lo tanto, ha causado que toda la imagen se vea distorsionada.

Hay una manera de provocar esta distorsión y es tomar un original impreso y volverlo a fotografiar sin tomar el cuidado de colocarlo paralelo y en el mismo plano que el objetivo.

Parece que MacNab fotografió una embarcación. Esta imagen fue fotografiada nuevamente para eliminar la embarcación y mejorar la estela para producir la imagen del monstruo.

No sabemos si así se hizo el fraude pero lo que tenemos en concreto es más imagen en la impresión que la que existía en el negativo. Esto lleva a concluir que el «negativo» ha sido creado volviendo a fotografiar la fotografía impresa. En otras palabras, es evidente que la imagen ha sido falsificada.

LA FOTO COCKRELL

Esta es la foto que indujo a MacNab a publicar la suya. Fue tomada la madrugada del 9 de octubre de 1958 por H. L. Cockrell, criador de truchas profesional.

Cockrell había escrito una serie de artículos sobre el lago Ness para el Weekly Scotsman. En 1958 decidió obtener una foto del «monstruo» para su periódico. Armado de un kayak y de un ingenioso dispositivo consistente en una cámara estanca con un flash sujeto a su propia cabeza y disparado con la boca, se lanzaba todas las noches a las aguas del lago.

La tercera noche de espera fue la de la suerte. Un poco antes del amanecer, Cockrell notó algo extraño a su izquierda, como a unos cincuenta metros de distancia. Sea lo que fuere parecía tener un curso convergente hacia él. En la oscuridad de la noche creyó distinguir que se trataba de algo parecido a una cabeza larga y aplanada, justo sobre la superficie, y como un metro atrás, una estela delgada dejada por algo oscuro y voluminoso.

No esperó más y tomó dos fotografías. Luego, un súbito y breve viento racheado lo distrajo de su actividad. Pasada la racha, se aproximó al objeto y descubrió un leño de 1.2 metros de longitud por 2.5 centímetros de grosor.

La foto muestra un leño en forma de cabeza «grande y aplanada».

LA FOTO O’CONNOR

En mayo de 1960, Peter O’Connor acampaba en la costa norte, cerca de Inverfarigaig, junto con varios hombres armados con escopetas, arpones, ri­fles submarinos, y bombas. Sus intenciones eran atrapar al «monstruo» vivo o muerto.

La noche del 27 de mayo se despertó por la necesidad de orinar. Se levantó y se alejó unos cien metros del campamento. Estando en lo suyo, no­tó la presencia del «monstruo del lago Ness» en un promontorio deslizándose rápidamente.

Cono era lógico, O’Connor no llevaba arma alguna pues acababa de des­pertar. Lo que si resulta extraño era que portaba una cámara fotográfica. Si sus intenciones eran atrapar al «monstruo» lo más lógico hubiera sido que cargara un arma y no una cámara.

De acuerdo con Dinsdale, O’Connor se introdujo en el lago hasta que las aguas le llegaron a la cintura, y en esa posición tomó una fotografía con flash, después de lo cual gritó a sus compañeros del campamento, antes de tomar una segunda placa sin iluminación.

Al parecer, fue capaz de llegar muy cerca del animal por su capacitación como Royal Marine Command, y por eso podía caminar por el agua sin hacer ruido. Estimó la distancia del animal en unos 22 ó 23 metros y afirmó que te­nía una cabeza como de cabra y un gran cuello que no dejaba de agitar. La cabeza mediría unos 25 centímetros de longitud, en tanto que el cuello te­nía un diámetro de unos 20 y sobresalía del agua un metro aproximadamente. Su piel era lisa, de color gris negro. El cuerpo era ovoidal.

La foto presenta a Nessie desde un ángulo nunca antes captado. Se ve la parte posterior del cuerpo seguido de lo que podría ser el cuello y la cabeza de la criatura.

La verdad es que la foto muestra una total falta de escenario, el fon­do de la foto es totalmente oscuro y a la hora en que se afirma fue tomada, 6:30 de la mañana, ya debería existir alguna claridad.

Maurice Burton informó en el New Scientist que cuando fue al sitio en que O»™Connor tomó su fotografía, encontró tres bolsas de polietileno, un anillo de piedras unidas con cuerda, y un palo que parecía exactamente como la presunta cabeza del monstruo. Burton cree que todo es un fraude. Encuentra numerosas discrepancias e inconsistencias en el relato y fotografía de O’Connor. Por ejemplo, la ilu­minación de la imagen sugiere que fue tomada con un flash que iluminaba desde una altura de unos cua­tro metros sobre la superficie del agua, en contra del medio metro que habría desde las aguas hasta el ojo de O’Connor si este hubiera tomado la foto con el agua a la cintura, como anteriormente había declarado.

Por otra parte, la intensidad y ángulo de iluminación son incompati­bles con una presunta distancia cámara-objeto de 22-23 metros, así como con el tipo de película utilizados. La cámara era una Brownie Flash 20, con diafragma a f14 y el obturador a l/50; la película, Ilford H. P. 3; el flash, un Philips Photoflux P. F. 5.

O’Connor a menudo ha sido considerado como un testigo sospechoso, ya que, en 1959, afirmó que iba a dirigir una expedición de 60 personas – armados con arpones, armas, canoas con ametralladoras, bombas y un machete – para matar a la criatura.

Todos los datos inducen a pensar en un fraude elaborado por el propio O’Connor.

LA FOTO BURTON

Esta fotografía fue tomada el 22 de junio de 1960 por Jane Burton mientras se encontraba a la orilla del lago junto con Maurice Burton (el famoso investigador de los fenómenos del lago Ness).

A poco menos de un ki1ómetro de donde se encontraban observaron una serie de ondulaciones que dejaban una estela en dirección a ellos. Después de avanzar un trecho, las ondulaciones cambiaron de dirección y un pequeño ob­jeto oscuro afloró a la derecha de ellas. El objeto surgió y desapareció en varias ocasiones. De pronto apareció otro objeto similar, aunque un poco más grande (el primero era de unos 30 centímetros y el segundo de 60). Su velocidad fue estimada en unos 9.5 nudos.

Después de analizar las fotografías, Burton concluyó que se trataba de un par de nutrias pescando.

Después de la foto de Burton fueron tomadas las siguientes:

7 de agosto de 1960, por R. H. Lowrie desde el barco Finola.

21 de mayo de 1964, por Peter Hodge.

20 de agosto de 1964, por Patrick J. Sanderman.

16 de julio de 1967, por Peter Dobbie.

Todas ellas son consideradas «no concluyentes» por Roy P. Mackal.

Y de 1967 saltamos hasta 1972 cuando fueron obtenidas las primeras»¦

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El monstruo del Loch Ness. (La foto del cirujano)

EL MONSTRUO DE LOCH NESS: LA FOTO DEL CIRUJANO

Esta es quizá la más conocida de todas las fotos del lago Ness. El 19 de abril de 1934 un ginecólogo de Londres, el coronel Robert Kenneth Wilson, F. R. C. S. regresaba a su hogar después de un largo recorrido vacacional por el norte de Escocia. Detuvo su coche frente a la costa norte del Loch Ness y advirtió una turbulencia en el agua. Logró tomar varias fotos con una cámara de placas (8 X 11) provista de teleobjetivo.

Wilson vivía en Harley Street, donde tenía su clínica. Más tarde serviría como coronel de artillería en la Segunda Guerra Mundial.

Según reza su informe, Wilson y un amigo desconocido se habían dirigido al Loch Ness con la intención de pasar unas cortas vacaciones y de examinar al propio tiempo una porción de terreno cerca de Inverness que habían arrendado para futuras empresas cinegéticas. En consecuencia, pidió prestada una cámara de 3 ¼ X 4 ¼ pulgadas con teleobjetivo para obtener algunas fotografías de sus potenciales presas.

Después de haber conducido toda la noche, se detuvo a las siete y media de la mañana en la nueva carretera, cinco kilómetros más allá de Invermoriston en dirección a Inverness, en un lugar que estimó a unos sesenta metros por encima del lago.

En este punto el relato se vuelve confuso. Roy P. MacKal[1] dice que:

«»¦ descendió del coche, traspuso una pequeña cerca y avanzó en dirección al lago, ladera abajo. A unos 250 metros a la orilla reparó por primera vez en cierta alteración de las aguas. Al ver surgir la cabeza de un animal por encima de la superficie, volvió a su coche en busca de la cámara, y prosiguió su avance ladera abajo para gozar de mejor vista».

En ningún momento se menciona al compañero desconocido, que por otra parte (y de estar en el coche) le habría ahorrado a Wilson el trabajo de subir por la cámara.

En una carta publicada por Alan Landsburg[2], Wilson afirmaba:

«Observé una gran conmoción en la superficie, a cierta distancia de la orilla, tal vez a unos 200 o 300 metros de ella. Me quedé mirando acaso durante un minuto más o menos, y vi que algo rompía la superficie. Mi amigo gritó: ¡Dios mío! ¡Es el monstruo!

«Cogí la cámara y luego, descendiendo, avancé por el ribazo unos cincuenta metros, hasta donde se encontraba mi amigo. Enfoqué la cámara sobre algo que se movía a través del agua. No podía decir qué era aquello porque estaba demasiado ocupado en manejar la cámara a mi modo de aficionado».

En esta descripción el amigo se encuentra abajo, cerca del lago, mientras que Wilson está arriba, dentro del coche o cerca de él. Es decir, observó la alteración de las aguas desde la carretera y no cerca de la orilla como da a entender la versión de MacKal. En su carta Wilson nos informa que bajó con la cámara y no tuvo que subir por ella.

El doctor Wilson tomó cuatro fotografías unos dos minutos antes de que el objeto se hundiera y desapareciera. La imagen resultante mostraba el delgado cuello como de una serpiente que emergía del Loch. Esta foto se ha convertido en el icono de Nessie.

Wilson se dirigió a Inverness, donde un farmacéutico, George Morrison, reveló inmediatamente las placas. Dos estaban totalmente veladas. La tercera es la famosa «Foto del cirujano», como se le llegó a conocer.

Wilson vendió esta fotografía al Daily Mail de Londres, que la publicó el 21 de abril. Pero se negó rotundamente a contar a los editores los detalles de su aventura, el lugar del encuentro, así como a evaluar el tamaño de aquella cosa. El doctor estaba convencido de que el objeto que había fotografiado era un ser viviente, situado a no más de 200 metros; pero había estado tan atareado con su cámara que no podía describirlo con detalle. Afirmaba haber fotografiado sencillamente «un objeto que se movía en las aguas del Loch Ness. Soy incapaz de describir lo que vi».

Durante décadas, esta foto fue considerada como la mejor prueba jamás obtenida de la existencia de un monstruo marino en el Loch. Wilson se negó a que su nombre se asociara a la fotografía. Por lo tanto, vino a ser conocido simplemente como «La foto del cirujano».

CONJETURAS

Pero los lectores se preguntarán ¿qué pasó con la cuarta fotografía? Originalmente Wilson declaró sólo haber tomado una placa. La historia de las cuatro placas apareció veintitrés años más tarde. De acuerdo con Constance White, George Morrison, el farmacéutico que había revelado la placa, declaró haber conservado el negativo de la «foto del cirujano», además de una copia del negativo de otra placa (¿?). Las fotos figuran en la portada del libro de Constance Whyte de 1957[3].

Se dice que esta foto fue tomada el 10 de junio por un turista no identificado y fue publicada al siguiente día por el Scottish Daily Express, sin proporcionar el nombre del turista ni detalle alguno sobre la misma. Sólo se dijo que fue tomada cerca de Fort Augustus.

Pero en realidad la nueva foto fue tomada, junto con otras dos que salieron veladas, inmediatamente después que la tercera, y que muestra al monstruo sumergiéndose. También parece mostrar la superficie del lago entero encogiéndose, pues todas las olas se han reducido. O bien el señor Wilson retrocedió un poco, o bien cambio de lente. Esto nunca lo sabremos pues Wilson nunca lo aclaró ni dio las facilidades necesarias para localizar y entrevistar al misterioso acompañante que de ser cierta su existencia podría haber aclarado muchas dudas (o descubierto de una vez por todas el fraude).

Wilson abandonó Inglaterra y se fue a Australia, donde falleció en 1969. Nunca refutó las declaraciones de Morrison respecto a la existencia de otras fotografías y siempre esquivó a los reporteros.

Como en el caso de la foto Gray, no fue poco el revuelo causado por la «foto del cirujano». Fue presentada en la Linné Society de Londres, en donde se dijo que podría tratarse de un somormujo u otra ave acuática.

El doctor W. T. Calman del Museo Británico, se negó de nuevo a hacer conjeturas sobre lo que mostraba la foto. Otros dijeron que aquel objeto era un árbol o la punta de la cola de una nutria marina, o el cuerpo de un colimbo, de un cormorán o de cualquier otra ave en el momento de bucear en el agua.

En Nueva York, el doctor Roy Chapman Andrews, del Museo Americano de Historia Natural, ofreció otra explicación:

«La fotografía mostraba lo que yo pensé, el lomo de una orca. El lomo de este cetáceo tiene un metro ochenta de altura y es curvo. Podría confundirse con un hermoso cuello de serpiente marina. Sin duda, la ballena logró introducirse por la angosta reja del lago procedente del mar abierto».

En 1961 Tim Dinsdale dedicó un capítulo entero de su libro[4] al análisis de esta fotografía:

«Mirando la foto a medio metro de distancia, hay dos clases de ondas en la superficie. Las líneas paralelas de las ondas creadas por el viento»¦ y un gran círculo de ondas concéntricas causadas por la perturbación central, el pescuezo. A primera vista esto es todo lo que puede verse, pero mirando de nuevo es posible distinguir un segundo círculo de ondas causadas por algún disturbio en la parte trasera del pescuezo».

A este respecto MacKal apunta:

«Considero poco convincente su argumento en el sentido de que estas ondulaciones, a unos 4 o 4.5 metros por detrás del cuello, son causadas por el movimiento de otra porción del mismo animal. Burton señala correctamente que, de hecho, son dos más las formaciones de ondas concéntricas que se aprecian a la izquierda de la original, de dimensiones aproximadas 20.3 X 25.4 centímetros. La copia inicialmente publicada representa solamente un cuadro de unos 3.8 X 3.8 centímetros, tomado de la positiva de dimensiones anteriormente descritas, y, está claro, no revela esas cuatro formaciones anulares apuntadas.

«Esta fotografía única es con mucho la más famosa y la que más ha contribuido a reforzar la hipótesis popular del plesosaurio. Todos los estudiosos de los fenómenos del Loch Ness, a excepción de Maurice Burton, han aceptado esta imagen como prueba fehaciente y descriptiva de la región capitoyugular de un gran animal del Loch Ness. Burton rechaza esta teoría y estima que lo reflejado no es otra cosa que el apéndice caudal de una nutria en trance de sumergirse. Concuerdo con Burton en el sentido de que las fotos tomadas por el cirujano londinense no corresponden a grandes animales del Loch Ness, pero rechazo su idea de la nutria».

En 1984 Stewart Campbell analizó la foto en un artículo en el British Journal of Photography. Su conclusión era que el objeto en el agua sólo podría haber tenido de dos o tres pies de largo, como máximo, y que probablemente era una nutria marina o un pájaro. Sugirió que era probable que Wilson supiera que este era el caso.

Durante muchos años, esta imagen fue considerada como una de las mejores pruebas de la existencia de Nessie. No fue hasta 1994 que se conoció la verdad.

La foto casi siempre se publica recortada para que el monstruo parezca enorme, mientras que el original sin recortar muestra el otro extremo del lago y el diminuto monstruo en el centro.

Los análisis de la original sin recortar han generado aún más dudas. En 1993 los productores del documental de Discovery sobre Loch Ness hicieron un análisis de la imagen sin recortar y encontraron un objeto blanco evidente en todas las versiones de la foto, lo que implica que estaba en el negativo. «Parece ser la fuente de ondas en el agua, casi como si el objeto fuera remolcado por algo».

Ese mismo año dos miembros de la Oficina de Investigación de los Fenómenos del Lago Ness (Loch Ness Phenomena Investigation Bureau o LNPIB), David Martin y Alastair Boyd, escucharon que el hijo de Marmaduke «Duke» A. Wetherell (el famoso cazador que había falsificado las huellas de Nessie con una pata de bebé hipopótamo), Ian Wetherell, había denunciado que su padre había falsificado uno de las fotografías de «Nessie».

Luego que muriera Ian Wetherell, los dos hombres localizaron al hermanastro de Ian, Christian Spurling. Spurling, un escultor que en ese entonces tenía 90 años, admitió que su padrastro «Duke» Wetherell le pidió construir un falso monstruo que tuviera la forma de serpiente convincente. La construcción se hizo con la madera y se colocó sobre las torres de un submarino de estaño de juguete. El cuello, que algunos estimaban por la fotografía que debía de ser de más de tres pies de alto (alrededor de 1 metro), medía 8 pulgadas (20 centímetros).

Ian Marmaduke compró el material para la falsificación. El modelo fue luego llevado al Loch Ness, fotografiado en una apacible bahía y luego lo hundieron para ocultar la evidencia.

La foto sin revelar fue entregada al agente de seguros Maurice Chambers, quien le pidió a su amigo, el cirujano Robert Kenneth Wilson, que enviara a revelar las imágenes y luego las vendiera al Daily Mail.

Duke Wetherell elaboró el plan para vengarse del periódico Daily Mail, que lo había ridiculizado públicamente, dejándolo como un tonto. Él decidió vengarse mediante la creación de una buena imagen fraudulenta. «Nosotros les proporcionaremos su monstruo», le dijo a su hijo.

Con el fin de añadir credibilidad se planeó que debía ser un ciudadano intachable quien presentara las fotos. Chambers sugirió a su amigo Wilson: ¡el Cirujano!

La foto fue tomada por Ian. El grupo no estaba preparado para la publicidad generada por la foto y decidió no admitir el fraude. La historia permaneció desconocida durante más de sesenta años. Nunca nadie sospechó que se trataba de un submarino de juguete.

David Martin y Alistair Boyd descubrieron que la pata que utilizó Wheterell para falsificar las «huellas de Nessie» no era usada como porta paraguas sino como cenicero. Toda la historia la describen en su libro NESSIE – The Surgeon’s Photograph.

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[1] MacKal P. Roy, El monstruo del lago Ness, Editorial Bruguera, S. A., Barcelona, 1979.

[2] Landsburg Alan, En busca de mitos y monstruos, Editorial Plaza & Janes, S. A., Colección Horizonte, No. 14, Barcelona, 1983.

[3] Whyte Constance, More than a legend, Hamish Hamilton, Londres, 1957.

[4] Dinsdale Timothy, Loch Ness monster, Routledge & Kegan Paul, Londres, 1961.

El Monstruo del Loch Ness. (La evidencia foográfica 1)

EL MONSTRUO DEL LOCH NESS: LA EVIDENCIA FOTOGRÁFICA 1

No siempre resulta cierto aquel aforismo que dice que «una imagen vale más que mil palabras». En el caso de las fotografías de ovnis, fantasmas y monstruos, por ejemplo, estas «pruebas» presentan numerosas dudas e interrogantes. A este respecto los ufólogos argentinos Guillermo Roncoroni y Gustavo Álvarez[1] dicen lo siguiente:

«En realidad, la prueba fotográfica es la más incierta y endeble de las evidencias con que cuentan el investigador y el analista científico para dilucidar la problemática del fenómeno ovni.

«Es bien sabido que cualquier persona, con los adecuados conocimientos de la técnica fotográfica y los equipos apropiados, puede amañar una placa fotográfica y así confundir, y hasta llegar a engañar, al analista más experimentado.».

Lo mismo que se dice para el fenómeno ovni es aplicable a los monstruos, y en especial a las fotografías del Monstruo del Loch Ness. Los documentos gráficos al final nada prueban acerca de la realidad de Nessie.

El estudio del material fotográfico es algo complicado; hay que someter el material al escrutinio de, por lo menos, dos expertos independientes que examinen las imágenes, y preferiblemente el negativo, en busca de señales de engaño o manipulación. De descubrirse la trampa, ahí termina todo para la fotografía y el fotógrafo; de no poderse demostrar el engaño, no cabe concluir necesariamente que éste no existe.

También se puede decir que «las fotografías no mienten». En efecto, los que mienten son los seres humanos, en este caso particular, los fotógrafos.

Tomando en cuenta estas aclaraciones, veamos las «pruebas» fotográficas.

FOTO GRAY

La primera fotografía publicada del monstruo del Loch Ness fue tomada por Hugh Gray un domingo de noviembre de 1933. Apareció en el Daily Record and Mail de Glasgow, el 6 de diciembre de ese año.

Aquel domingo 12 de noviembre Gray hacía su habitual paseo dominical después de salir de la iglesia, por las cercanías de su casa en la playa de Foyers. Procedió a lo largo de una senda de la parte nororiental que bordeaba un acantilado de unos diez metros de altura producido por los sedimentos del río a lo largo de los años. Mientras contemplaba las aguas, repentinamente vio que la quietud de éstas se rompía. Ante sus ojos, como a unos noventa metros de la orilla, aparecieron un dorso redondeado y una cola.

Gray había descrito la superficie calma y lisa como un espejo y perfectamente iluminada por la luz del Sol. De pronto vio: «un objeto de considerables dimensiones, haciendo una salpicar el agua sobre la superficie» del Loch.

No surgió nada que hubiera podido identificarse con una cabeza. El animal se movió de manera muy agitada y levantó gran cantidad de agua. El objeto permaneció en su campo de visión durante varios minutos, después de lo cual se hundió en las aguas. Afortunadamente él tenía su cámara con él, así que empezó a sacar fotos. Gray tomó cinco fotos. Debido a la rociada que levantaba, Gray no creyó que sus instantáneas pudieran revelar mucho. Sólo una de las imágenes mostraba algo.

Lo que Gray nunca supo explicar «“y se sentía incómodo y molesto cuando se le preguntaba- era la extraordinaria «coincidencia» de que ese día portara una cámara (tipo y lente, sospechosamente, no fueron especificados).

Gray había vivido siempre en Foyers, pueblo sito en la ribera oriental del lago, y fue durante mucho tiempo (desde 1916) un empleado en la British Aluminium Company de Foyers. Más adelante dijo: «Temía las burlas que todos los trabajadores y compañeros lanzarían sobre mí». Así que dejó el rollo en un cajón en donde permaneció hasta el 1 de diciembre.

En esa fecha, el hermano de Gray llevó la película a Inverness con el fin de revelarla. Sólo una de las cinco tomas resultó buena. Mostraba un cuerpo que dejaba una estela.

La mayoría de los investigadores presentan a Gray como una persona formal cuyo único interés era saber qué había fotografiado. Esa imagen está lejos de la verdad. Lo primero que hizo Gray al ver sus fotos fue vender los derechos sobre la imagen y su historia al Daily Record and Mail.

Según Constance Whyte[2], el negativo fue examinado en las oficinas del periódico por M. C. Howard de la casa Kodak, C. L. Clarke de la revista Kodak, y por dos personas más. Nadie detectó defecto alguno en el negativo.

Constance Whyte era la esposa del superintendente del Canal de Caledonia, que lleva las aguas del Mar del Norte al lago Ness, y de éste al Océano Atlántico, y conocía perfectamente a su vecino Hugh Gray. ¿Qué podía decir de él?

La serie de detalles sospechosos y oscuros no terminaba ahí. Gray estimó inicialmente una longitud del objeto observado como de unos doce metros; más tarde, después de los análisis fotográficos, afirmó: «No puedo dar una idea definida sobre sus dimensiones, salvo en cuanto a que eran notables», añadiendo que la criatura poseía una piel oscura de color grisáceo, brillante y lisa. Dijo también que el objeto sobresalía casi un metro por encima de la superficie de las aguas.

Afortunado mortal, Gray observó al «monstruo» por lo menos otras cinco veces más (hasta 1955), mientras que la mayoría de los vecinos del lago nunca han tenido oportunidad de ver a tan extraordinario animal.

El profesor Graham Kerr, de la Universidad de Glasgow, definió la fotografía como «poco convincente». J. R. Norman, del Museo Británico de Historia Natural, declaró: «A mí no me parece que sea la imagen de ningún ser vivo. Mi opinión personal es que muestra el tronco podrido de un árbol que sube a la superficie del lago debido a los gases generados dentro de él por la descomposición de sus células». W. T. Calman, también del Museo Británico, informó que él no podía creer en ningún monstruo hasta no examinar un espécimen.

La foto apareció en el libro de Gould[3] y está retocada para dar la impresión de espuma. Aunque en 1968 F. W. Holiday la describió como «la fotografía más detallada obtenida hasta el presente»[4], en la página 23 de su libro Gould se refiere a los «vagos contornos del original».

En efecto, la foto es tan mala que puede ser cualquier cosa. Algunos han sugerido que se parece a una imagen distorsionada de un perro (quizás del propio Gray) llevando un palo en su boca, nadando en el agua. A. G. Harmsworth dice:

«Me gusta pensar que el Sr Gray realmente fotografió su perro Labrador dorado nadando hacia la cámara, llevando una vara en su boca. No soy un artista, pero he tratado de mostrar a lo que me refiero a continuación. La confusión se debe a que las cámaras de caja tienen una exposición demasiado lenta para un objeto en movimiento».

La siguiente fotografía en orden cronológico sería la de Robert Kenneth Wilson, conocida como la fotografía del cirujano, pero por su importancia le dedicaremos un capitulo completo.

LAS FOTOS DE 1934

1934 fue un año pródigo en cuanto al número de fotografías obtenidas. Además de las fotos de Wilson, se tomaron las siguientes:

El 13 de julio, los miembros de la Expedición de Sir Edward Mountain obtuvieron 21 fotografías. Sir Edward había colocado a veinte vigilantes alrededor del lago, equipados con binoculares y cámaras fotográficas[5].

Sin embargo, de las 21 tomas, sólo 5 tienen la calidad suficiente como para ser tomadas en cuenta, de acuerdo con Constance Whyte. De estas cinco, Maurice Burton[6] descubrió que tres eran efectos de olas, la cuarta era la estela de una embarcación que acababa de pasar, y la quinta podía ser una especie de giba o joroba rodeada de espuma, aunque no era concluyente debido a la distancia a la que fue tomada (unos 130 metros).

En la famosa «expedición» de Sir Edward Mountain se decidió pagar dos libras esterlinas por semana a los trabajadores desempleados para que se sentaran al lado del lago con cámaras. Además, se les ofreció una bonificación de 10.5 libras por cada imagen obtenida del monstruo de Loch Ness. Lógicamente los resultados fueron tan impresionantes: nunca antes ni después se pudieron obtener tantas fotos en tan corto espacio de tiempo.

El 24 de agosto de 1934, F. C. Adams (según unos) o el doctor James Lee (según Nicholas Witchell[7]), tomó una foto de un objeto oscuro entre una masa de espuma y que al parecer había sido proyectado fuera del agua desde sus profundidades.

La fotografía fue publicada por el Daily Mail el 25 de agosto. Su aspecto es el de un tronco o una rama que hubiera sido arrancada de las profundidades. Otros mencionan que se parece al apéndice de un gran animal marino. Lamentablemente Loch Ness no es un medio marino.

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[1] Roncoroni Guillermo & Álvarez Gustavo, Los ovni y la evidencia fotográfica, Cielosur Editora S. A. C. I., Colección Cuarta Dimensión, No. 5, Buenos Aires, 1978.

[2] Whyte Constance, More than a legend, Hamish Hamilton, Londres, 1957.

[3] Gould T. Rupert, The Loch Ness monster and others, Geoffrey Bles, Londres, 1934.

[4] Holiday F. W., The great Orm of Loch Ness, Faber & Faber, Ltd., Londres, 1968.

[5] Edwards Frank, Strange than science, Bantam Books, Inc., New York, (reimpresión) 1968.

[6] Burton Maurice, The elusive monster, Rupert Hart David, Ltd., Londres, 1961.

[7] Witchell Nicholas, The Loch Ness story, Penguin Books, Baltimore, 1975.