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Ovnis en México. Década de los 50 (7)

LA PRESENTACIÓN

«El presidente me invitó gentilmente a hablar».

«-Señor presidente, antes de empezar la exposición que voy a hacerle, le ruego tenga la bondad de observar este objeto».

«Así empecé, ciñéndome a las instrucciones de Mohel, quien me había dicho que primero presentara la prueba y continuara después con la explicación».

Para Ruiz Cortínez no debió ser «nada del otro mundo». O mejor dicho, nada nuevo. El, como sabemos, ya tenía en sus manos varios platillos voladores y sus técnicos y científicos ya estaban trabajando en la producción en masa de ese tipo de vehículos para apuntalar el poder político del PRI. Sin embargo»¦

«Lo tomó delicadamente y lo observó un rato con atención».

«Era un adorno de mesa de metal con una gran flor de cristal. Estaba imantada y tenía la peculiaridad que al pasar los dedos por los pétalos y extender la mano hacia un objeto de metal, éste se acercaba hasta la mano»[1].

«Lo estuvo observando algunos momentos mientras pasaba la yema de los dedos por el cristal finamente tallado y luego, mirándome:

«-Está tallada con arte exquisito y me sorprende que en proporción a su tamaño, casi no tenga peso».

«-¿Quiere tener la amabilidad de extender la mano hacia algún objeto de metal distante?»

«Con aire intrigado estiró el brazo hacia un pisapapel que estaba sobre una mesita cercana. El pisapapel, un ánguila[2] de bronce, se levantó suavemente y fue a posarse cerca de la mano del presidente».

«Puso éste tal cara de asombro, que no pude reprimir una sonrisa».

«-Pero es extraordinario; ¿qué significa esto señora?»

«-¿Conoce Ud., esta clase de cristal? ¿Qué impresión le causa?»

«-En verdad no, señora. Ya le manifesté mi extrañeza acerca de su poco peso en comparación a su tamaño. ¿Puedo hacer otra prueba?»

«-Las que Ud. Guste, con cualquier clase de metal».

«Esta vez miró detenidamente un pesado jarrón de cobre que estaba colocado en un tibor. Al igual que el pisapapel, el jarrón se levantó suavemente y fue a posarse sobre el escritorio»[3].

«El presidente no articuló palabra. Rozó el borde del jarrón con los dedos como para convencerse. Su perplejidad era evidente».

«Si desea volverlos a su lugar, puede hacerlo señor. Basta que extienda la mano y formule mentalmente el lugar donde desea colocarlo».

«Lo hizo así y ambos objetos volvieron a colocarse en su sitio anterior».

«No disimulaba ya su asombro y agitando las manos con nerviosidad».

«-Señora, quiere tener la bondad de explicarme»¦»

«El momento había llegado. Le enseñé el tubo de oricalco que contenía el Mensaje y le dije:»

«-Antes de empezar señor presidente, ruego a Ud. Concederme siquiera una hora. Lo que tengo que exponerle es muy extenso».

«Pensó unos instantes y luego como sugestionado, dio órdenes por un interphone[4]. Sentí una suave presión en el brazo y comprendí que mis amigos me estaban ayudando».

«-Señor presidente: lo que voy a tener el honor de exponerle es de una trascendencia tal que linda con lo fantástico. Lo inverosímil es la nota dominante; le ruego prestarme toda su atención por absurda que pueda parecerle mi narración».

«Le hice una amplia exposición de mi viaje; de la característica mental de los venusinos, de las enseñanzas que me impartieron, de sus normas de vida, de sus conceptos sobre la vida evolucionante, de sus deseos de ayudar a la humanidad terrestre, terminando por entregarle el Mensaje del Gran Patriarca».

¡POR FIN! EL MENSAJE

Sobre advertencia no hay engaño. Bien les dije que se saltaran al apartado «Platos Voladores al final de la década». Pero si ya llegaron hasta aquí, ahora tendrán su recompensa: sabrán el contenido del Mensaje.

«En honor a la verdad, el presidente me escuchó con profunda atención sin interrumpirme a pesar del intenso asombro que se reflejaba en su semblante en algunos de los pasajes de mi exposición. Al recibir el tubo de oricalco, como impulsado por una fuerza extraña se levantó y me hizo una profunda reverencia. Sin volver a sentarse y con mano temblorosa, sacó el pergamino, lo desenrolló y lo leyó repetidas veces».

«Con voz quebrada por la emoción, así me dijo:»

«-Señora permítame manifestarle que mi sorpresa no tiene límites. Le ruego creerme que ni por un solo instante he dudado de la veracidad de sus palabras, pero me siento algo aturdido; le suplico darme tiempo para poner en orden mis ideas»¦»

«Sonrió y con galanura: -todavía no tengo la admirable disciplina de su mente».

«Estaba como galvanizado; trataba de dominarse, pero era muy difícil para él».

«-Continuó: -de todo esto tenemos que hablar extensamente; usted comprenderá señora, que un mensaje de tal importancia, tengo que estudiarlo cuidadosamente y presentarlo a mi gabinete. No encuentro palabras para agradecerle el honor con que ha querido favorecerme, eligiéndome a mí, en vez de llevarlo a otro país»¦»

«Hablamos largo rato todavía; me expuso rápidamente un plan de acción, sin embargo había que proceder con suma cautela. El secreto más absoluto debía de envolver todo cuanto se refiriera al asunto. Me rogó de acudir en cualquier momento fuera necesaria mi presencia. Le aseguré que estaba a su completa disposición. Todo se había encarrilado con tanta felicidad, que me parecía soñar».

«No se me ocultaba «como» había sido posible eso; la suave presión del brazalete, me hablaba en lenguaje especial. Salí de palacio radiante de alegría. Mis amigos queridos podían estar satisfechos».

«Era ya noche y Venus brillaba esplendorosa. Le sonreí con todo el corazón».

¿Y el Mensaje? ¿Qué decía el Mensaje? ¡No pueden hacerme esto! Después de haber leído casi 150 páginas de basura ufológica escrita por contactados, Nirvana me escamotea el famoso Mensaje. ¡Alguien tiene que pagar por esto! Mi venganza caerá en todos los que hayan llegado hasta aquí, soportando la misma lectura que yo tuve que soportar hace algunos años. ¡Je, je, je!

Pero hay una parte final de esta historia. Resulta que actualmente en Venus se escucha el sonido del mariachi y la comida ya es sazonada con chile. Por lo menos es lo que se desprende del relato de Nirvana. Dos mexicanos fueron a vivir a Venus. Que conste que los hijos de Cuauhtemoc fuimos los primeros en llegar allá.

«Cierto día en una de las reuniones, el presidente me dijo:»

«-Señora, usted que sigue paso a paso nuestra labor para el futuro, conoce perfectamente los obstáculos que tenemos que vencer. Para allanarnos siquiera una parte, hemos decidido que dos de mis ayudantes, los mismos que dejo a su elección, vayan a Venus. De esta manera nos será más fácil poder demostrar que no se trata de un cuento fantástico. ¿Quiere comunicarse con Mohel y ver si es posible hacerlo?»

«La presión del brazalete, me demostró que ellos estaban viendo y escuchando. Le contesté al presidente que vería el modo de obtenerlo. Ya a solas, me puse en comunicación directa con ellos, como Mohel me había enseñado a hacerlo y la respuesta fue que accedían».

«Siguieron nuevas instrucciones acerca de las dos personas que deberían de emprender el viaje. Era indispensable que se sometieran previamente a una dieta especial para ir preparando su cuerpo físico».

«No tardaron en comunicarme que muy en breve vendrían por mí y por los otros dos. Mi felicidad fue inmensa. Largo rato estuve en la ventana contemplando el dulce resplandor de Venus que con sus parpadeos luminosos me acariciaban».

PLATOS VOLADORES AL FINAL DE LA DÉCADA

Pasarían algunos años para tener más reportes de OVNIs en México. La oleada mundial de 1954 pasaría sin pena ni gloria para México. No conozco ningún caso mexicano que se haya dado en esas fechas.

En 1956 el italiano naturalizado mexicano, Narciso Genovese haría su viaje a Marte (12 de octubre de 1956)[5]. Al parecer, pero sin confirmar, Genovese también había asistido a las pláticas de Adamski en la Colonia Condesa. ¿Ahí se le ocurrió lo del viaje a Marte? Genovese, posteriormente, se dedicaría a escribir ciencia ficción[6].

A las 11:30 del 14 de septiembre de 1956, el ingeniero R. J. Portis (¿Ortiz?) y tres personas más, de Ciudad Juárez, Chihuahua, vieron 6 grupos de esferas luminosas en formaciones que variaban de la forma de un arco invertido a una Y. El avistamiento duró hasta las 13:20[7].

A principios de 1957 se vio un «cigarro volador» en la ciudad de Poza Rica, Veracruz[8].

El ufólogo mexicano Alfonso Salazar Mendoza, quien también es mecánico de aviación, menciona en su libro[9] que el maestro mecánico Carlos Aragón Hernández, de Mexicana de Aviación, observó «un objeto que irradiaba gran luminosidad». Los sucesos ocurrieron el 28 de julio de 1957 muy cerca del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Doce personas en total observaron el objeto a las 23:00. Entre ellas se encontraban los vigilantes y policías de los talleres de mantenimiento de la citada compañía aérea.

El relato lo hizo Aragón muchos años después del acontecimiento. La fecha y hora no se olvidaron debido a que, al día siguiente, ocurrió uno de los peores terremotos que haya sufrido la Ciudad de México.

Cinco meses después, un avión DC-3 de Aerolíneas Mexicanas, que volaba de San Luis Potosí a la Ciudad de México, se cruzó en el camino de un plato volador[10]. Era el 10 de diciembre de 1957, entre las 20:45 y 21:15. Los pilotos del avión recién habían verificado que habían pasado la ciudad de León y se dirigían a la ciudad de Querétaro, cuando vieron («a su derecha») un objeto que se encontraba suspendido. El avión, matrícula XA-SUW[11], se encontraba a unos 4,000 metros de altura.

Los tripulantes del avión, el capitán Gilberto Castillo del Valle, el primer oficial Víctor Manuel Mora y la azafata Estela Cruz, informaron que el objeto tenía una especie de antenas a su derredor, y tenía un color azul «como el de la soldadura autógena». Dijeron que se encontraba a unos 130 kilómetros y tenía un diámetro de 200 metros[12].

Los pasajeros pudieron observar el fenómeno gracias a que la azafata les informó del mismo[13].

Al día siguiente el director de la compañía, Lic Rubén Ruiz Alcántara, citó en sus oficinas a la tripulación para que dieran un informe del mismo. El capitán Castillo dijo que el objeto, antes de perderse de vista, se elevó unos 10,000 metros en un lapso de 4 segundos.

En ese mismo mes se dio el único caso mexicano que fue recogido en el Libro Azul (Caso 5545 de Libro azul). El 13 de diciembre de 1957 R. C. Cano, vecino de la Colonia Anáhuac, en la Ciudad de México, vio 14 o 15 discos brillantes volando en formación como si fueran una pila de monedas. Luego cambiaron a una formación en V. El avistamiento duró 20 minutos[14].

Luego, el 25 de marzo de 1958 Roberto Osorno Orozco, un astrónomo aficionado, tomaría una fotografía de uno de estos objetos en la Ciudad de México[15]. La noticia la dio a conocer el periódico La Prensa del 21 de abril de 1958, pero no tengo la referencia.

En la fotografía se puede observar un objeto de forma alargada cruzando los cielos de la ciudad. Osorno Orozco tenía un observatorio improvisado en su granja. Osorno comenzó su afición en 1943 cuando construyó su primer telescopio. Llegó a construir cuatro de estos aparatos, el mayor de ellos de 700 diámetros. Con un telescopio refractor de 0.15 milímetros de abertura, Osorno dijo haber observado una explosión en Marte, que se dijo, también fue observada por un astrónomo aficionado del Japón. Sus experiencias en esta rama de la ciencia las plasmó en el libro El Universo del aficionado.

El astrónomo aficionado dijo que tomó la foto del objeto cuando éste se encontraba en una «ascensión recta 4 horas; declinación sur 18 grados 15 minutos, es decir, cuando los rayos del Sol iluminaban la parte occidental del objeto».

Utilizó un buscador telescópico (con un aumento de 60 diámetros) fabricado por él mismo. La hora del avistamiento: seis de la tarde.

Varios vecinos de Osorno fueron quienes le informaron del objeto. Permaneció inmóvil durante algunos minutos. Luego, rotando de forma vertiginosa, desapareció de la vista.

Osorno era un «repeater». Años antes había visto, utilizando un catalejo, dos objetos en forma de huso con una luz central cintilante.

Luego vio una esfera de luz azul que giraba rápidamente. La esfera se elevó durante unos tres minutos y luego desapareció.

Luego de un mes Osorno dio a la publicidad su fotografía. Dijo que «quería convencerse de que el testimonio era tratado con espíritu de seriedad».

Tantos avistamientos de naves atípicas para la casuística mexicana (cilindros o naves nodriza en el más puro estilo adamskiano), acostumbrada a los platos voladores o discos; la tardanza en reportar su avistamiento y su foto; la mención de «explosiones en Marte» y su afición por la astronomía, nos hacen pensar si acaso Osorno trabajaba en las faldas del Observatorio de Tonantzintla vendiendo Hot Dogs (o por lo menos tacos al pastor, que son más mexicanos y mucho más nutritivos).

Soy un necio, un negativista, un debunker sin remedio, pero para mí, la fotografía de Osorno es un «fraude adamskiano».

Y con este avistamiento se cierra la casuística mexicana de la década de los cincuenta. Al menos es lo que tengo en mis archivos.

COLOFON

¿Qué podemos sacar en conclusión? Sin considerar la oleada de marzo de 1950 que, muy probablemente se debió al avistamiento de globos meteorológicos, tenemos casos fraudulentos de OVNIs estrellados; visitas de contactados que generan la aparición de los primeros libros sobre platillos voladores escritos en México y de los primeros imitadores del contactado (Villanueva y Genovese). ¿Globos? ¿Luces de los terremotos? ¿Venus? ¿Nubes «Pile d»™assiettes» o «pilas de discos»? ¿Fotos fraudulentas? ¿Los casos restantes se pueden explicar mediante estas hipótesis? No lo sabemos. Lo que sí es cierto es que esos casos proporcionan muy poca información y que, por lo tanto, es necesario continuar la investigación.

Continuará…


[1] Me pregunto si ese efecto se daba en cualquier tipo de metal (ferroso o no ferroso, es decir, magnético o no magnético). A mí me hubiera convencido que el efecto se produjera en metales como el Aluminio o el Zinc, que no son magnéticos. LRN

[2] Así esta escrito en el original. LRN

[3] Hablé antes de tiempo. ¡El maldito aparato trabaja con metales no magnéticos! Incluso lo hace mejor que el dedo de «Mi marciano favorito» o la nariz de Samantha. Pero, ¿cómo demonios hacen los venusinos que una fuerza de tipo magnética (proporcional a las cargas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia) se controle de tal manera que el «dedo» del presidente no haya sido fracturado al entrar en contacto, y chocar (que así debió haber sido el efecto) con el jarrón?

[4] Ahora me explico porqué Ruiz Cortínez no pudo evitar una de las devaluaciones más espantosas que sufrió el peso mexicano. Estaba ocupado hablando de «marcianitos» con una contactada. Perdón, eran venusinos.

[5] Genovese Narciso, Yo he estado en Marte, Editorial Latinoamericana, México, 1958.

[6] Genovese Narciso, La nueva aurora, B. Costa Amic Editor, México, 1958

[7] Archivos del NICAP.

[8] Mondragón Cantón Rubén, Un extraño OVNI fue fotografiado en 1958, La Prensa, 25 de septiembre de 1965.

[9] Guzmán Rojas Carlos Alberto & Salazar Mendoza Alfonso, Los OVNIs y la aviación mexicana, Grupo Editorial Tomo, México, 2001.

[10] Anónimo, ¿?, La Prensa, 11 de diciembre de 1957.

[11] El Magazine de Novedades del 11 de diciembre de 1957 menciona que la matrícula era XA-FUW.

[12] Ignoro la forma en que hicieron esos cálculos, de un objeto desconocido, en la noche. Pero esto demuestra la pericia de los pilotos mexicanos.

[13] Lorenzen Coral & Lorenzen Jim, UFO Whole Store, Signet, 1969.

[14] Archivos del NICAP.

[15] Mondragón Cantón Rubén, Un extraño OVNI fue fotografiado en 1958, La Prensa, 25 de septiembre de 1965.

Ovnis en México. Década de los 50 (6)

PLATILLOS VALODORES EN MÉXICO

Recapitulando tenemos que un artículo publicado por Keyhoe en enero de 1950 dispara una oleada de informes platillos volantes en los Estados Unidos. Esto, a su vez, genera una avalancha de reportes sobre platos voladores en México (y en otras partes del mundo como España, Francia, Inglaterra, Argentina…). Además, los periodistas alemanes se inspirarían en ello para hacer una broma del día de inocentes. Todo ello sería reciclado en un oscuro semanario americano para generar uno de los casos OVNI-Crash más conocidos (obviamente después del de Roswell).

Pero los Platos Voladores seguirían cayendo en el territorio mexicano. Varios ufólogos afirman que en el verano de 1951 (algunos autores dicen que fue en junio) otro OVNI se estrelló en la Ciudad de México. No se si aquí estén mezcladas dos leyendas ufológicas: la de Ray Dimmick (de 1950) y la del supuesto OVNI que se estrelló en un valle de la Sierra Madre, del que hablamos en otro artículo[1].

Luego, en 1953, según Robert Spencer Carr, se estrellaría otro OVNI en la costa Este de México, no lejos de la frontera con los Estados Unidos.

La oleada de 1950 generaría un mayor interés en uno de los mejores comunicadores mexicanos, Don Pedro Ferriz Santacruz. Don Pedro se convertiría en el ufólogo mexicano más conocido por aquellos años. En el año de 1951, y durante 10 meses, Don Pedro Ferriz transmite su programa «Un Mundo Nos Vigila» en XHTV Canal 4.

A pesar de la presencia de los OVNIs en la televisión, no se incrementarían los reportes OVNI en México. La razón, probablemente se deba a que la televisión aún no era un medio tan difundido en los hogares mexicanos.

No conozco casos de OVNIs en México hasta 1952. El 12 de agosto de ese año, el capitán aviador César López de Lara vio un plato volador sobre el Cerro Blanco (San Andrés Tuxtla, Veracruz), según consta en los archivos del CIFEEEAC (Centro de Investigaciones de Fenómenos Extraterrestres, Espaciales y Extraordinarios, Asociación Civil), recopilados por Ramiro Garza, director del mismo, y quien posteriormente sería alto ejecutivo de Televisa Radio[2].

Nada ocurriría en el mundo de los OVNIs mexicanos hasta el 18 de agosto de 1953, en que hace su aparición Salvador Villanueva, (el Adamski mexicano).

El 22 de octubre, según el periódico El Mercurio[3], de Chile, un plato volador de unos 10 metros de diámetro se cruzó, a gran velocidad, en la trayectoria de un avión que regresaba de Acapulco, Guerrero a la Ciudad de México. Varios de los pasajeros vieron el objeto. La noticia, probablemente, apareció en el Excelsior, pero no tengo la referencia mexicana.

Carlos Alberto Guzmán Rojas[4] reporta el caso de un ciudadano inglés, de nombre John Norman, que residía en Mil Cumbres, Michoacán, en la década del cincuenta. En octubre de 1954, mientras pescaba, observó un disco volador que voló por encima de él a unos 300 metros de altura. El disco era de color amarillo brillante.

ADAMSKI EN MÉXICO

Adamski visitaría México en diversas ocasiones. Su primera visita fue en 1954. Iba a dictar una conferencia en los salones de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, que su presidente, Lic. Emilio Portes Gil, ya había autorizado. Pero la conferencia fue cancelada.

La sede se cambió a un lugar más ad-hoc: el Teatro de los Insurgentes. El público abarrotó las localidades. Fue ahí en donde Adamski conseguiría sus primeros adeptos mexicanos: su amiga María Cristina V. de Rueda, el Lic. Héctor Enrique Espinosa y Cossio, el Lic. Ismael Diego Pérez, Pedro Ferríz, el padre Joaquín Cardoso S. J., el ingeniero Roberto Kenny, etcétera. También fue ahí en donde se concertaron los convenios para publicar sus libros.

En 1955 Ismael Diego Pérez publica la traducción de Aterrizaje de Platillos Voladores de Desmond Leslie y George Adamski[5].

Todas sus obras, incluyendo su novela de ciencia ficción, que luego transformaría en Inside the space ships[6] (el Cristo de su novela se transformaría en el Orthon de su contacto) fueron traducidas al español por la señora Rueda.

Año tras año, Adamski regresaría a México a dictar conferencias en la casa de María Cristina, en la Colonia Condesa, a las que llegaron a asistir los ya antes mencionados, así como Pedro Ferriz, y algunos miembros de lo que después sería el CIFEEEAC[7].

En su segunda visita a México, en diciembre de 1955, con motivo de la presentación de su libro en castellano, Adamski diría ante sus fanáticos seguidores:

«Deseo asentar algo que me interesa por encima de todo: Tengo 64 años, lo que es prácticamente ya toda una vida, y me precio de ser considerado en mi país, como un hombre honrado y de buena fe que ha merecido por eso, el respeto de sus vecinos y de quienes lo conocen; por lo tanto creo tener legítimo derecho a cuidar ese aspecto de mi vida que constituye mi única riqueza: mi crédito de hombre honrado y de buena fe. No he venido a México, como no he hecho viaje alguno, con intención de proselitismo; respeto aquí, señores y señoras, lo que he dicho siempre. No intento convencer a nadie. Comprendo y respeto profundamente el que mis charlas desprendan sentimientos de escepticismo y de duda».

No soy el único ni soy el primero que ha visto platillos voladores, naves que surcan el espacio; ni soy el único, ni soy el primero que los ha visto aterrizar o posados en tierra, y principalmente, señoras y señores, ni soy el primero, ni mucho menos el único, que ha tenido oportunidad de ver, de conocer, de cambiar signos inteligibles con los seres semejantes a nosotros que ocupan estas naves del espacio».

«El señor Desmond Leslie, as y héroe de la aviación militar inglesa durante la guerra, ha escrito documentadamente las observaciones más interesantes. Quizá interese a esta distinguida audiencia saber que el señor Desmond Leslie, es sobrino cercano y persona que goza de toda confianza de su tío, el Primer Ministro Winston Churchill. Pues bien, el señor Desmond Leslie afirma algo que parece increíble e imposible: el haber observado fotografías oficiales británicas, altamente confidenciales, tomadas en ocasión de explosiones atómicas o nucleares, que en varias de ellas, captadas por cámaras distintas, aparecía claramente, en dos ocasiones diferentes, la figura formada de un platillo volador, observando los hongos atómicos, precisamente en medio de ellos, es decir, lo que consideramos físicamente imposible para ningún metal o producto conocido en la Tierra»[8].

Adamski, ¿Hombre honrado y de buena fe? ¡Seguro!

LA PRIMERA CONTACTADA «MEXICANA»

Dejemos a Adamski con sus sueños y la visión de su propia imagen «limpia y pura». Regresemos a los platos voladores mexicanos de los cincuenta.

La visita de Adamski había calado en los círculos teosóficos mexicanos. Ismael Diego Pérez, además de traducir y publicar el libro del contactado mexicano, en ese mismo año (1955) publicó el primer libro de platos voladores escrito por un mexicano[9]. Pero no sería el único asistente a las pláticas de Adamski que publicaría sobre el tema. Héctor Enrique Espinosa y Cossio haría lo mismo[10]. Y un autor que, bajo el pseudónimo de William Jones, escribiría otro libro, probablemente en 1957[11]. Samael Aum Weor, un teósofo nacido en Colombia y naturalizado mexicano escribió un librito[12]. Aunque la que aquí nos interesa es una contactada, la primera que se dio en tierras mexicanas. Este personaje es prácticamente desconocido en la ufología mundial. Incluso en México no se conoce su obra. El ufólogo y parapsicólogo mexicano Carlos Ortiz de la Huerta no hace mención de este caso[13].

Nirvana I. Maghella Paschero era el nombre (¿o pseudónimo?) de esta contactada. Por el nombre uno sospecharía, obviamente, que no había nacido en México. Ella nos confirma lo anterior al leer su obra[14].

Esta mujer era una de las asiduas visitantes a la casa de la señora Rueda. Ahí se enteró de la próxima aparición del libro de Adamski al español:

«Un día Toñito me anunció que estaba próximo a aparecer un libro escrito por un astrónomo cuya traducción al español se estaba efectuando y que había suscitado controversias y críticas, tanto de parte de las autoridades competentes como del público. Esperé con gran impaciencia hasta el momento en que Toñito lo puso en mis manos con aire triunfante».

Nirvana no tardaría en emular al americano y pronto establecería contacto con varios venusinos: Mohel, Yunia, Altis, Xaniel«¦ Incluso llegaría a viajar a Venus. Se desconoce la fecha del viaje, pues Nirvana se olvida de dar este dato tan importante, pero si consideramos varios puntos: que el libro de Adamski se publicó a finales de 1955; que ella dijo haber regresado a la Tierra un día de otoño; y que su libro se publicó en febrero de 1957. Entonces su viaje a Venus debió haber tomado lugar el segundo semestre de 1956.

Pero ¿cuál era el mensaje de los venusinos? Nirvana prometía, desde el título de su libro, algunas primicias. Nuestros «hermanos del cosmos» le habían pedido que llevara su mensaje al mismísimo presidente de los Estados Unidos Mexicanos, que en ese entonces era Adolfo Ruiz Cortínez:

«Por eso te rogamos llevar nuestro Mensaje, al presidente de la nación en que vives y que sabemos no es tu patria por nacimiento. Nuestro Mensaje está escrito en nuestro lenguaje y en el tuyo. Luego de entregárselo le explicarás cuáles son nuestros propósitos y lo que nosotros fraternalmente les ofrecemos y podemos hacer por ellos. Seguiremos todos tus pasos por medio de nuestro Kirilyon[15] y en los momentos que tengas alguna dificultad, te transmitiremos nuestra sugerencia. Bastará que oprimas levemente este brazalete que voy a colocar en tu brazo y que es un receptor-transmisor, que nos pondrá rápidamente en comunicación contigo».

Así pues, Nirvana regresaría a la Tierra con la encomienda de una gran misión: entregar el Mensaje de nuestros «hermanos venusinos», al presidente de México.

Pero como no a todos nos interesan estos detalles, debemos hacer una advertencia. Para aquellos a quienes hastían los cuentos de contactados pueden saltarse estos párrafos hasta el apartado «Platos Voladores al final de la década». Los demás pónganse cómodos, que continuamos con nuestro relato (¡chúpense esa que voy por la otra!). Habrá algunas sorpresas.

EL REGRESO

«El regreso fue también muy emocionante aunque con detalles muy distintos a los de mi inolvidable viaje de ida. Mohel que se había constituido desde mucho tiempo en mi Maestro y Guía, me iba explicando y enseñando todo lo que debería de hacer y de decir al llegar el momento de encontrarme frente al jefe de la nación a quien iba a entregar el mensaje. No se omitió ninguna posibilidad ni ningún punto referente a la incredulidad que podría despertar una narración como la que tenía que exponer, así como las inevitables desconfianzas y recelos que se despertarían al proponer una alianza con seres de un planeta desconocido, con poderes y conocimientos vastísimos y de cuya existencia sólo podía dar fe yo misma».

«Para dar mayor fuerza de veracidad a mi exposición, traía conmigo algunos objetos y herramientas, para mostrar con ellos, los metales desconocidos en la Tierra, de que estaban hechos y la utilidad práctica de los mismos. Entre los regalos traía un reloj de mesa hecho según modelo de los terrestres, por lo que respecta a su apariencia, pero en realidad un reloj sin cuerda, compuesto de dos agujas imantadas que seguían el movimiento de la Tierra con precisión asombrosa. Ese reloj estaba tallado en un trozo de amatista y las lancetas y números eran de cristal».

«Un detalle que me conmovió hondamente fue cuando Mohel me entregó un cofrecillo. Al abrirlo, vi que estaba lleno de joyas de oro».

«¦

«Traía también un tubo de oricalco conteniendo un pergamino hecho con la fibra de los troncos de los rosales, que desprendía un aroma delicioso[16]. Allí estaba escrito en lenguaje venusino y traducido a nuestro idioma, el Mensaje de nuestros incomparables hermanos de Venus».

Nuestra contactada se convertía en la envidia de Betty Hill y del mismísimo Antonio Villas Boas. Ella, sin ninguna dificultad, había regresado a la Tierra con objetos procedentes de otros confines del Universo. ¡Ella tenía la prueba de su visita a Venus!

Pero, ¿cuál era ese mensaje? Bueno, Nirvana, por lo menos en ese capítulo (XVII) no dice nada al respecto. Tenemos que remontarnos al capítulo XIX en donde nos cuenta:

«De acuerdo con Toñito quien estaba ansioso de colaborar conmigo en el cumplimiento de mi misión y que me prestó su inapreciable ayuda, fuimos a ver a un amigo suyo, persona muy prominente en los ambientes de palacio, para rogarle nos facilitara una entrevista con el presidente. Dicho amigo accedió de muy buen grado y puedo decir que fue gracias a su interés, que pude evitar las antesalas interminables y realizar la deseada entrevista con el primer magistrado».

«Era este un hombre de estatura mediana, delgado y de gran cultura. Me recibió con una sencillez encantadora. A pesar de la confianza que sentía sabiendo que mis amigos me estaban viendo y escuchando a través del Kirilyon y de las instrucciones que Mohel me había impartido, mi nerviosidad era muy grande. Nada tenía que improvisar porque Mohel me había trazado las pautas, pues había podido suceder que abandonada a mis propias fuerzas, se me embrollara la exposición. Según las instrucciones recibidas, llevé conmigo un objeto de metal y cristal, como prueba palpable y tangible de la existencia de cuanto iba a exponer al presidente. También lleve el tubo de oricalco que contenía el pergamino con el Mensaje en ambos lenguajes, del Gran Patriarca de Venus».

Continuará…


[1] Ruiz Noguez Luis, La «oleada» de 1950 en México, sin publicar.

[2] Ramiro Garza es el padre de Mariana Garza, una de las vocalistas del extinto grupo Timbiriche.

[3] Nota de Pedro Petrowish aparecida en UFO Chile, mencionando como fuente El Mercurio del 23 de octubre de 1954.

[4] Guzmán Rojas Carlos Alberto & Salazar Mendoza Alfonso, Los OVNIs y la aviación mexicana, Grupo Editorial Tomo, México, 2001.

[5] Leslie Desmond & Adamski George, Aterrizaje de Platillos Voladores, Editorial Indo-Hispana, México, D.F. 1955.

[6] Adamski George, Inside the space ships, Abelard-Schuman, New York, 1955.

[7] Ruiz Noguez Luis, Adamski: Cantata a dos voces o Adamski contrapunteado, Edición especial No. 4 de Contacto OVNI, México, 1996.

[8] Citado en Espinosa y Cossio Héctor Enrique, Enigma interplanetario, Editora Ibero Mexicana S. de R. L., México, 1956.

[9] Diego Pérez Ismael, ¿Son los platillos voladores una realidad?, Imprenta Didot S. de R. L., México, 1955.

[10] Espinosa y Cossio Héctor Enrique, Enigma interplanetario, Editora Ibero Mexicana S. de R. L., México, 1956.

[11] Jones William, Platillos Voladores. Realidad y fantasía, Libro Mex editores S. de R. L., México, (¿1957?)

[12] Aum Weor Samael, Naves cósmicas, edición del autor, México, 1957.

[13] Ortiz de la Huerta Carlos, Contactos Extraterrestres en México, Editorial Posada, México, 1976.

[14] Maghella Paschero I. Nirvana, El mensaje de los platos voladores, edición de la autora, México, febrero de 1957.

[15] Una especie de televisión venusina. Nota de LRN.

[16] Pregunta de LRN para los entendidos en estos temas ¿un papel hecho de tal manera podría desprender el aroma que se indica?

Ovnis en México. Década de los 50 (5)

INTERPLANETARY INTELLIGENCE REPORT

Así estaban las cosas hasta ese momento. Teníamos dos cuentos o fraudes totalmente independientes. Uno supuestamente había ocurrido en México, mientras que el otro se ubicaba en Arizona.

Quince años después, en el volumen 1, número 4 de la revista Interplanetary Intelligence Report, órgano del grupo ufológico The Interplanetary Intelligence of Unidentified Flying Objects (IIUFO), de Oklahoma City, fundado en 1957, apareció nuevamente la fotografía mezclándola con la historia de Dimmick. Esta es la razón por la cual todo mundo cree que la fotografía fue tomada en México.

El IIUFO y su revista los dirigía Hayden C. Hewes[1]. Se publicaron un total de 9 números bimestralmente, desde mayo de 1965 hasta septiembre de 1966. En el último número (9) se anunció el cambio de nombre de la revista a International UFO Report, y la unión al consejo editorial de Robert Stiff y Chris Cooper. No se llegó a publicar ninguna revista con ese título. Hubo cambios y reestructuración, lo que llevó a renombrar la organización como The International UFO Bureau (IU-FOB). En enero de 1968 comenzaron a publicar una nueva revista, UFO Analysis Report, que desaparecería en junio de 1969, después de publicar nueve números.

La historia de la fotografía, tal y como la conocemos hoy día, fue tomada de ese boletín ufológico por diversos autores, entre ellos podemos mencionar a Antonio Ribera[2]. Otros, como el argentino Emilio Álvarez Ojea[3] y el italiano Gianni Lucarini[4], habían tomado como fuente a Keyhoe. Por cierto, Lucarini afirmó que en el platillo volador se habían encontrado dos extraterrestres, uno fue hallado muerto y el otro, el de la fotografía, vivió aún unos días.

LA METAMORFOSIS DE UN MITO

La historia se fue modificando con el paso de los años. En lo que todo el mundo estaba de acuerdo era en que la foto había sido tomada en México, así lo afirmaban escritores como Roy Stemman[5], Charles Bowen[6] y Robert Rickard y Richard Kelly[7]. Sin embargo, añadían que el extraterrestre había sido enviado no a los Estados Unidos, sino a Alemania, para ser examinado. Creo que esta versión tiene su origen en otra famosa foto de extraterrestres muy similar a ésta y de la que hablaré más adelante.

No obstante, nadie parecía haberse dado cuenta que los cuatro personajes que aparecen en la fotografía, sin contar al «extraterrestre», no tienen las facciones ni las características raciales de los mexicanos. Ese era un claro indicio de que la foto no había sido tomada en México.

La misma foto sufrió varias alteraciones. En las primeras investigaciones aparece un «extraterrestre» delgado, plateado, con botas y una especie de calzoncillo que le cubre sus órganos sexuales, y una capa al estilo de Superman. El las fotos más recientes, principalmente en las publicadas por Salvador Freixedo[8] aparece con un gran pene. Obviamente esa no era obra del ex-sacerdote, que lo que menos le interesa es escandalizar para vender sus libros.

Según el conspiranóico de Freixedo, eso se debe a que las autoridades le añadieron dicho apéndice para que «todo el mundo lo tomara a broma y hasta muchas almas pudibundas ni se atrevieran a mirarla».

En realidad sólo en las obras de Freixedo he visto ese «apéndice», lo que me hace sospechar que él fue quien modificó la foto, lo que concuerda con su estilo sensacionalista.

El mismo Freixedo comete otro error con esta fotografía. El antiguo sacerdote metido a ufólogo escribió:

«El primer atisbo que se tuvo sobre esto, aunque inmediatamente fue sepultado bajo montañas de desprestigio, fue nada menos que hacia el año de 1940, en Colonia, Alemania. Allí fue donde apareció por primera vez la famosa foto del hombrecito llevado de la mano por dos individuos que parecen agentes del FBI o de la GESTAPO. Tras ellos dos mujeres miran a la criatura con cara de asombro. La foto recorrió el mundo, que para aquellas fechas no había oído todavía nada de extraterrestres ni de otros planetas habitados».

Como ya hemos visto más arriba, la foto no tiene su origen en Alemania ni fue publicada originalmente en 1940.

Lo más reciente que hemos sabido de la fotografía es que la revista británica The Unexplained afirmó que había sido tomada en Ciudad Netzahualcóyotl, al poniente de la Ciudad de México.

En 1982, la desaparecida Contactos Extraterrestres publicó un comentario de Joseph Allen Hynek[9]:

«Esta foto es un fraude que ha estado presente durante años. Tenemos entendido que se originó en Alemania, y que el supuesto piloto del OVNI estrellado era en realidad un mono al que se le había rasurado el pelo».

Hynek estaba en lo cierto en lo referente a lo del mono. En realidad esta explicación ya la había dado en su momento Keyhoe y la había retomado Ribera.

Se trataba, en efecto, de un mono Rhesus afeitado, vestido con un «traje espacial» (gorro, capa, calzones y botas) y pintado de color aluminio. Lo que me sorprende es que el padre de la ufología, el experto máximo en OVNIs no conociera los trabajos de su compatriota Keyhoe y siguiera afirmando que la foto era original de Alemania. Bueno, en realidad no me sorprende mucho ya que Hynek era bastante menso.

Por su parte, Timothy Green Beckley, editor de UFO Review, declaró:

«La fotografía fue trucada en Alemania y tenía como objeto el ser una pura broma. Pero pronto mucha gente la empezó a tomar en serio, incluyendo al FBI, que sólo hasta hace poco la reportó como falsa. Había sido mandada al gobierno como un documento que probaba el hecho de que los alienígenas están entre nosotros».

Otras investigaciones reportan el caso de Ray Dimmick y la foto del «marcianito» como fraudes; algo que ya se sabía desde la década de los cincuenta[10][11].

LA CONEXIÓN ALEMANA

En realidad el siguiente caso poco tiene que ver con la ufología mexicana. La única razón de traerlo a colación en estas páginas es la constante mención del origen alemán de la foto del «marcianito».

El 22 de mayo de 1950 un informador desconocido entregó una curiosa fotografía al agente John Quinn, de la oficina territorial del FBI, en Nueva Orleáns, afirmando que había la comprado a otro individuo por la suma de un dólar, y que «la ponía en manos del gobierno», porque representaba «a un hombre de Marte en estados Unidos».

Se trataba de un evidente truco fotográfico y para los agentes del FBI no les fue difícil investigar que su origen había sido una revista publicada en Weisbaden, Alemania.

En la fotografía puede apreciarse un curioso ser «extraterrestre», de un solo pie en forma de pedestal y cubierto con una especie de máscara antigás. El «hombrecito», de aproximadamente 1.10 metros de altura, estaba flanqueado por dos policías militares. Uno de ellos le toma la mano (una mano palmeada), mientras que el otro sostiene un recipiente conectado, a través de un tubo, con la máscara antigás. Se supone que era un superviviente alienígena de un accidente OVNI.

No se pudo determinar las identidades de los soldados retratados, ni la localización de la base militar, donde se pretende fue tomada la fotografía.

La foto no se dio a conocer entre los medios ufológicos americanos sino hasta treinta años después, en 1979, cuando Barry Greenwood, del Citizen Against UFO Secrecy (Ciudadanos Contra el secreto de los OVNIs), CAUS, aprovechando el Freedom of Information Act (Acta de Libertad de Información), FOIA, solicitó copia de este documento al FBI. Fue así como, tiempo después, el grupo ufológico UFO Information Network (UFOIN) obtuvo esta prueba de la «visita de seres alienígenas a la Tierra», que luego sería publicada por William L. Moore en el libro del cual sería coautor junto con Charles Berlitz[12].

No sabemos si el FBI sólo proporcionó una copia fotostática, o si Moore, al darse cuenta del evidente truco fotográfico trató de engañar a sus lectores publicando una fotocopia del documento para maquillar un poco las manipulaciones del laboratorio fotográfico.

SE DESCUBRE EL FRAUDE

Doce años más tarde, la revista italiana de ocultismo Il Giornale dei Misteri, en su número de octubre de 1991, publicaba la explicación del caso. Se trataba de una fotografía publicada originalmente en el rotativo Weisbadener Tagblatt, el 1 de abril de 1950. La fotografía ilustraba un artículo del periodista Wilhelm Sprunkel que reseñaba cómo un plato volador había sobrevolado la ciudad de Weisbaden, y de la forma en que había sido capturado el piloto de esa «nave espacial», por los soldados norteamericanos estacionados ahí en aquella época.

El extraterrestre había sido trasladado al Hotel Neroberg, de la misma ciudad, y mantenido ahí durante dos días, siendo sometido a diversos análisis e interrogatorios.

El artículo venía acompañado por dos fotografías. En la primera aparecía el platillo volador sobrevolando la torre de la catedral de Weisbaden. La segunda mostraba al «marcianito».

Los oficiales norteamericanos acantonados en Weisbaden tomaron con escepticismo la historia. Dos días después comprobarían que habían tenido razón.

La edición del 3 de abril del Weisbadener Tagblatt aclaraba a sus lectores que todo había sido una broma del día de los inocentes, que en los países sajones se celebra el 1 de abril (April fool»™s day).

La foto del platillo volador sobre la catedral no era sino el reflejo de la luz de una fuente sobre un cristal, y el alienígena era el producto de un cuidadoso fotomontaje en el que un niño, que aparecía originalmente en la foto, fue retocado y convertido en extraterrestre de un solo pie.

Al parecer la idea de la broma había tenido su origen en las declaraciones de Ray Dimmick sobre el supuesto platillo volador que se había estrellado en las inmediaciones de la Ciudad de México.

Pero, si los alemanes se habían basado en un reporte originado en los Estados Unidos, los norteamericanos les regresaron la pelota plagiando la idea del reportaje, tan sólo dos meses después. En la versión americana los sucesos habían ocurrido en Arizona y también se publicaban dos fotografías: la del platillo volador (esta vez sobre el desierto, en lugar de sobrevolar una catedral), y la del «marcianito» (custodiado por agentes del servicio secreto, en lugar de policías militares).

Sin embargo, los ufólogos crédulos, como siempre, habían llegado tarde a la fiesta. La explicación a este caso ya se conocía desde 1981. En aquel entonces James E Oberg, asesor de la NASA y miembro del Committee for the Scientific Investigations of Claims of the Paranormal (Comité para la Investigación Científica de los Reclamos de lo Paranormal), CSICOP, estaba preparando la publicación de uno de sus libros[13], cuando contactó con Klaus Webner, quien había descubierto que todo había sido un fraude del periódico alemán. Se trataba de la foto del hijo del fotógrafo Peter Scheffler, quien había llevado al niño a la Base Norteamericana de Weisbaden para fotografiarlo con los policías militares y luego hacer el fotomontaje del «extraterrestre».

El extraño aparato conectado a la máscara antigás del «extraterrestre» no era más que el depósito extra de combustible que se coloca en la parte trasera de los jeeps. Existe otra fotografía de esa misma secuencia en la que aparece el vehículo militar y que demuestra lo anterior.

En definitiva, la foto del «marcianito» de Weisbaden no era más que una broma perpetrada el día de los inocentes.

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[1] Este personaje estaría involucrado en otro caso de OVNI-Crash. En la década de los noventa intentó obtener permiso para inhumar, o mejor dicho, para desenterrar al «extraterrestre» de Aurora.

[2] Ribera Antonio, Platillos voladores en Iberoamérica y España, Plaza & Janes, Barcelona, 1968.

[3] Álvarez Ojea Emilio, Confirmado, llegaron los OVNIs. Los platos voladores existen, Lasserre Editores, Buenos Aires, 1978.

[4] Lucarini Gianni, Los extraterrestres existen, Editorial ATE, Barcelona, 1976.

[5] Stemman Roy, Visitantes extraterrestres, Editorial Noguer, Barcelona, 1976.

[6] Bowen Charles, Platillos volantes ¿De dónde proceden?, en «Humanoides«, Editorial Debate, Madrid, 1986.

[7] Rickard Robert & Kelly Richard, Photographs of the unknown, New English Library, London, 1980.

[8] Freixedo Salvador, La amenaza extraterrestre, Editorial Posada, México, 1991.

[9] Anónimo, La verdad sobre la foto del ovninauta achicharrado, Contactos Extraterrestres, No. 139, 28 de abril de 1982.

[10] Clark Jerome, A catalog of early crash claims, International UFO Reporter, Jul-Aug, 1993.

[11] Randle D. Kevin, A history of UFO crashes, Avon Books, New York, 1995.

[12] Berlitz Charles & Moore L. William, The Roswell Incident, Berkley Books, New York, 1988.

[13] Oberg E. James, UFOs & Outer space mysteries. A sympathetic skeptic»™s report, Donning, Norfolk Va. Beach, 1982.

Ovnis en México. Década de los 50 (4)

LA HISTORIA DE LOS OVNIS EN MÉXICO. DÉCADA DEL 50

La historia de los platillos voladores en México, en la década de los cincuenta, se puede dividir en 6 grandes compartimentos. El primero en tiempo, y en espacio ocupado en la literatura ufológica, es el caso del platillo estrellado en la Ciudad de México en 1950[1]. Luego tenemos las historias de platillos estrellados en el territorio mexicano[2]; el caso de la «Mosca Dorada y la Lunave» estudiado por el ufólogo mexicano Héctor A. Escobar Sotomayor[3]; la oleada de marzo de 1950[4][5]; la visita Adamski a México y los diversos casos (esporádicos) que se dieron a lo largo de esos años.

En este trabajo nos ocuparemos del OVNI-Crash de 1950, la influencia de Adamski en la ufología mexicana y de los casos de avistamiento que se dieron en territorio mexicano por esos años.

En el mes de marzo de 1950, en la prensa americana y mexicana, aparecieron docenas de artículos sobre los, en ese entonces tan de moda, platillos volantes. Periódicos como Denver Post, Los Angeles Times, Los Angeles Examiner, Chicago Daily Times, Los Angeles News, Las Vegas Daily Optic, Los Angeles Daily News, The New York Times, Los Angeles Herald Express. The Washington herald, The Mirror, Novedades, Excelsior, La Prensa, El Nacional, El Universal, Ultimas Noticias, El Mercurio, publicaron durante todo el mes noticias referentes a esas apariciones. Es decir, el tema de los platillos volantes se vendía como pan caliente.

Quizá el detonador de estos reportes periodísticos haya sido la aparición del famoso artículo del Mayor Donald E. Keyhoe en True Magazine[6], en enero de ese año en el que lanza por vez primera la hipótesis extraterrestre para explicar esos avistamientos. Pronto los periódicos de los Estados Unidos hicieron eco de la nueva moda. La influencia de la prensa americana llegó, obviamente, más allá de sus fronteras. En México tuvo gran incidencia, probablemente debida a la confluencia en tiempo de avistamientos de globos meteorológicos lanzados en esas fechas. Las noticias del otro lado del Bravo influyeron en que los mexicanos buscaran en el cielo los famosos objetos que se habían visto en Estados Unidos. Al ver en el cielo los globos (o Venus) pensaron, sin dudarlo, que se trataba de los famosos platillos voladores.

Durante esta oleada periodística el Denver Post publicó, el 9 de marzo, una de las notas más alucinantes: Yank claims he saw wrecked flying disk[7], a la que siguieron varios otros artículos en éste y otros periódicos.

El artículo decía que el gerente de ventas de la Apache Powder Co., el golfista amateur, Ray L. Dimmick, había visto caer un platillo volador en la Ciudad de México. Entre los restos se encontraba el cuerpo de un humanoide de unos 64 cm de alto, de gran cabeza y cuerpo pequeño. El supuesto extraterrestre había muerto por el impacto. El platillo tenía unos 14 metros de diámetro y era impulsado con dos motores. Estaba construido de aluminio.

Las autoridades militares mexicanas acordonaron el área y recuperaron los restos[8].

Luego Dimmick dijo que en realidad no había visto el platillo. Afirmó que la historia se la habían contado dos de sus socios. Lo único que sí había visto era una tira de metal, de 1.8 metros de longitud por 20 cm de ancho y 2 cm de grosor[9].

El Denver Post[10] publicó la retractación de Dimmick junto con la historia de una curiosa conferencia de la Universidad de Denver, Colorado[11][12]. Un extraño personaje, del cual no se dio el nombre, habló durante 45 minutos ante un grupo de estudiantes. La plática había sido promovida por el profesor Francis F. Borman a fin de que sus estudiantes desarrollaran la habilidad de diferenciar la información de naturaleza científica, de aquella que no lo era[13].

Entre lo más sobresaliente de la conferencia fue la declaración de que en la primavera de 1948 habían sido capturados tres platillos voladores, en cuyo interior se habían encontrado sin vida, 34 seres que los tripulaban. El más pequeño de dichos seres medía 80 cm de estatura, y el mayor aproximadamente un metro[14].

El rector de la Universidad, Albert C. Jacobs, y el vicepresidente, Alfred C. Nelson, estaban un tanto disgustados con el profesor de astronomía, Borman, por no haberse tomado la molestia de, por lo menos, apuntar el nombre y la dirección de su invitado[15]. De no ser porque durante la charla se tomaron algunas fotografías, que fueron publicadas por el Post, nunca se hubiera conocido la identidad del conferenciante. Barron Beshoar, uno de los gerentes de Time-Life Incorporated, lo identificó como Silas Mason Newton, identidad que fue corroborada por Bill Berry, uno de los estudiantes presentes en la conferencia, quien dijo que le había servido de caddy en un torneo de golf en Lakewood[16].

Silas M. Newton era el presidente de la Newton Oil Company, una compañía dedicada a prospectar los lugares más idóneos para encontrar petróleo. Sus métodos eran bastante heterodoxos: utilizaba radiestesia.

Newton tenía cierta fama ya que había sido campeón de golf del Estado de Colorado en 1942. Él sería el artífice de uno de los más famosos y duraderos fraudes ufológicos sobre OVNIs estrellados de que se tenga noticia.

El caso de la conferencia de Newton acaparó los periódicos de aquella época[17].

LA HISTORIA DE RAY DIMMICK

Regresando al caso de Dimmick. El también golfista amateur dijo que los restos del platillo estrellado fueron enviados a una base militar secreta cercana a la Ciudad de México. La única base que conozco (que no es secreta), que está cercana a la Ciudad de México es el Campo Militar Número 1. En aquel entonces estaba fuera de la ciudad, pero hoy está dentro del área metropolitana.

Las autoridades mexicanas habían acordonado el área para poder recuperar el platillo. Dimmick afirmó que algunos militares norteamericanos habían visto el objeto, «pero por razones de seguridad militar se ha mantenido en secreto todo el asunto».

En Washington, D.C., los militares de más alto rango de la Fuerza Aérea, aseguraron no saber nada del asunto y declararon:

«Si algún militar norteamericano vio el objeto, tendrá que hacer un reporte»[18].

Al día siguiente Dimmick dio otra versión. En realidad él no había visto el platillo; dos de sus socios en el negocio de los explosivos y la pólvora, uno de ellos de México y el otro de Ecuador, habían sido los testigos. Dimmick nunca dio los nombres de sus amigos y socios. Éstos le habrían entregado una banda metálica proveniente del platillo, de 1.80 m de largo por 20 cm de ancho y 2 cm de grosor. El metal se parecía al aluminio, pero en realidad, según Dimmick, se trataba de un material desconocido en la Tierra.

«Creo que el gobierno ha adoptado una posición clara «“declaró Dimmick-, pero si no quiere discutir este problema por razones de seguridad, ¿por qué simplemente dice que no es cierto?»[19].

Años después Raymond E. Fowler (Official UFO Magazine, April, 1976), dijo haber localizado a un antiguo empleado de la inteligencia naval de los Estados Unidos, que aseguraba haber sido enviado a México para investigar la historia de Dimmick. Según Fowler, su testigo anónimo, le aseguró que había visto personalmente los restos del platillo e, incluso, había estado presente cuando los militares mexicanos subieron los despojos del humanoide a un camión.

Según los periódicos norteamericanos, el general brigadier Antonio Cárdenas Rodríguez[20], Director de Aeronáutica Militar, la antecesora de la Fuerza Aérea Mexicana, negó tener conocimiento del caso y afirmó que, ajustándose a la «Política del buen vecino», informaría sobre las observaciones que pudieran realizar los pilotos mexicanos. En realidad, como todo buen ufólogo sabe, esa es una de las mentiras típicas del cover up mundial. La Fuerza Aérea Mexicana se quedó con el platillo y mediante ingeniería inversa está desarrollando aviones supersónicos invisibles al radar (lástima que los gringos ya se les adelantaron).

Por su parte, el Dr. Gerard P. Kuiper, profesor de astronomía en la Universidad de Chicago, comentó, burlándose, que aunque el piloto caído en México era un hombrecito, era probable que los pilotos de las naves espaciales pudieran ser pequeños insectos o plantas inteligentes, ya que en su opinión, es lo único que podía vivir en Marte.

LOS REPORTES DESDE MÉXICO

Mientras tanto en México se tenía la primera oleada de platos voladores[21], y las noticias que llegaban a los Estados Unidos eran las siguientes:

El 2 de marzo dos estudiantes de astronomía, Luis Munch y Lauro Herrera, jugando con la cámara del telescopio del Observatorio Astronómico Nacional de Tonantzintla, en Puebla, dejaron abierto el obturador. Cuando se revelaron las placas apareció una raya luminosa, el trazo de un bólido. La fotografía fue publicada en el periódico Excelsior, y el reporte del suceso (y, al parecer, también la foto) fue reproducido en True Magazine. El doctor Luis Enrique Erro explicó que el objeto era un aerolito de 23 kilómetros de diámetro que pasó entre las órbitas de la Luna y la Tierra.

¿Un aerolito, el planeta Venus? La falta de más datos nos impide inclinarnos hacia una u otra explicación (en realidad creemos que era, indudablemente, una nave extraterrestre). Para el redactor de Los Angeles Times, el objeto parecía una lámpara de escenario[22].

El 9 de marzo, es decir, el mismo día en que Dimmick aseguró haber visto el platillo estrellado, el periódico El Nacional, órgano oficial de información del gobierno mexicano, informó que un científico de este país, creía que los platillos voladores provenían de Marte. La nota fue reproducida en Los Angeles Times[23].

Esa misma semana el periódico Excelsior publicaba una serie de artículos sobre la locura que se había apoderado de los mexicanos con los platillos[24].

El 14 de marzo cientos de personas dijeron haber visto volar cuatro platillos sobre la Ciudad de México[25] y otros más vieron un OVNI en Monterrey[26][27]. Dos americanos, de Colorado, que se encontraban en viaje de negocios, también pudieron observar el platillo[28]. Las noticias también se dieron en los periódicos americanos[29]. El NICAP recogió datos de este avistamiento.

Sin embargo, ningún medio de información mexicano se ocupó de la historia del platillo estrellado en plena Ciudad de México. Y nadie lo hizo porque esa era una mentira que ni siquiera el mismo Frank Scully se creyó[30].

Llegados a este punto, algunos lectores se preguntarán, ¿en qué momento aparece la famosa fotografía del «marcianito»? Dimmick nunca mencionó la existencia de tal documento.

LA HISTORIA DEL TALK OF THE TIMES

Tres meses después, a finales de junio de 1950, surgió otra noticia, calificada por oficiales de la Fuerza Aérea americana como la más descabellada de todas las de platillos volantes. El pequeño semanario Talk of the Times publicaba dos fotografías como prueba de la existencia de los platillos voladores. Se decía que habían sido tomadas en Arizona. La primera mostraba un enorme disco volante muy inclinado. El pie de foto decía:

«Tocado por bombas cohete, el disco explotó produciendo una lluvia de chispas y alrededor de 20 cápsulas plateadas cayeron a tierra de su interior».

La otra fotografía era la más interesante e impactante. Mostraba un pequeño ser de cerca de un metro de estatura y brillantes vestiduras. El «marcianito» era sostenido por dos hombres de impermeable que, indudablemente tenían una facha de agentes del gobierno. Detrás de estos personajes se podía ver a dos jovencitas que parecían perplejas y aterradas. El segundo pie de grabado decía:

«Al romperse una de las cápsulas, fue capturado el primer marciano. El testigo ocular McKennerich, de Phoenix, agente de la policía secreta, informa lo siguiente: «˜La importancia del momento me tenía asombrado. Por primera vez veía a un ser de otro mundo. Al mismo tiempo me sorprendía la desesperación del «hombre de aluminio». Su cuerpo estaba cubierto por una brillante hoja de este metal»™. El Observatorio de Phoenix estima que esta tela metálica puede servir de protección contra los rayos cósmicos».

Pronto los periodistas trataron de localizar al tal McKennerich, con resultados infructuosos, mientras que en el Observatorio de Phoenix informaron no saber nada del asunto.

La historia olía a fraude y ni siquiera era original. Se había plagiado lo de las cápsulas de las revistas y comics de Superman. Ninguno de los ufólogos de aquella época, incluyendo al mayor Donald E Keyhoe, se creyó la historia[31].

ContinuarỦ


[1] Ruiz Noguez Luis, El OVNI que se estrelló en la Ciudad de México en 1950, Informe Especial Autopsia Extraterrestre, Contacto OVNI. México, noviembre 1995.

[2] Ruiz Noguez Luis, OVNIs estrellados en México, Mina Editores, México, 1996, Págs. 39-41.

[3] Escobar Sotomayor Héctor, 500 años de OVNIs en México I, Editorial Mina, México, 1995.

[4] Escobar Sotomayor Héctor, La oleada de 1950, Perspectivas Ufológicas, Año 2, No. 6, Pág. 15-22, México, septiembre de 1995.

[5] Ruiz Noguez Luis, La «oleada» de 1950 en México, sin publicar.

[6] Keyhoe E. Donald, Flying saucers are real, True Magazine, January, 1950.

[7] Anonymous, Yank claims he saw wrecked flying disk, Denver Post, March 9, 1950.

[8] Anonymous, 23-in pilot reported killed in «Saucer» crash, Los Angeles Examiner, March 10, 1950.

[9] Anonymous, Is your saucer view dim or Dimmick»™s?, Denver Post, March 10, 1950.

[10] Anonymous, D.U. students impressed by talk of flying disks and little men, Denver Post, March 10, 1950.

[11] Anonymous, «Disk» reports Start jitters, Chicago Daily Times, March 10, 1950.

[12] Severson Thor, Saucy saucer sauce. Shades of H. G. Wells and Jules Verne, Denver Post, March 12, 1950.

[13] Severson Thor, D.U. Professor places no value on saucer lecturer by Mister X, Denver Post, March 16, 1950.

[14] Anonymous, Saucer-talk middleman quiz target, Denver Post, March 12, 1950.

[15] Anonymous, Disk talk moves D.U. to screen lecturers, Denver Post, March 16, 1950.

[16] Severson Thor, Students identify saucer speaker, Denver Post, March 17, 1950.

[17] Anonymous, The University gets a deserved spanking, Denver Post, March 17, 1950.

[18] Anonymous, 23-in pilot reported killed in «Saucer» crash, Los Angeles Examiner, March 10, 1950.

[19] Anonymous, Is your saucer view dim or Dimmick»™s?, Denver Post, March 10, 1950.

[20] Como Comandante de la F.A.E.M. (Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana) participó en la reconquista total de las Islas Filipinas, en la toma de Formosa y en el asalto final a Japón. Después de su exitoso retorno, fue nombrado Director de Aeronáutica Militar.

[21] Escobar Sotomayor Héctor, La oleada de 1950, Perspectivas Ufológicas, Año 2, No. 6, Pág. 15-22, México, septiembre de 1995.

[22] Anonymous, Mexico sees flying saucers or something, Los Angeles Times, March 12, 1950.

[23] Anonymous, Scientist says saucers carry mars visitors, Los Angeles Times, March 10, 1950.

[24] Anónimo, Más reportes de platos voladores, Excelsior, México, 11 de marzo de 1950.

[25] Anónimo, Platos voladores, Novedades, México, 14 de marzo de 1950.

[26] Anónimo, Platos voladores en el Norte de la República, Novedades, México, 12 de marzo de 1950.

[27] Anónimo, Platillos volantes en la frontera, Excelsior, México, 12 de marzo de 1950.

[28] Anonymous, Experts sight tour «saucers» over Mexico City, Los Angeles News, March 14, 1950.

[29] Anonymous, Experts sight tour «saucers» over Mexico City, Los Angeles Daily News, March 14, 1950.

[30] Scully Frank, Behind the flying saucers, Henry Holt and Company, Inc., New York, 1950.

[31] Keyhoe E Donald, Platos voladores de otros mundos, Populibros La Prensa, México, 1955.

Este artículo fue publicado originalmente como

Ruiz Noguez Luis, México década del 50, Cuadernos de Ufología, No. 30, 3ª Epoca, Santander, España, 2004. Pags. 82-116.

Ovnis en México. Década de los 50 (3)

¿MÁS GLOBOS?

En Iguala, Guerrero, el 16 de marzo se vieron tres objetos; uno de ellos permaneció inmóvil, durante dos horas, en el cenit; los otros dos efectuaban evoluciones concéntricas.

Los profesores de una escuela local, Gregorio González, Roque Román y el ingeniero José Luis Domínguez, sacaron a los alumnos de los salones para que pudieran observar el fenómeno.

El objeto estático era tan incandescente que semejaba una rodela de magnesio. Fueron muchos los testigos, entre los que se encuentran los regidores del ayuntamiento, Florencio Villalobos y Andrés Mendiola, y los pilotos aviadores Emilio Pérez, Teófilo Molina, y Murillo.

Uno de los objetos se perdió hacia el Sureste.

El 17 de marzo, a las 13:00 horas apareció en Zitácuaro, Michoacán, un objeto luminoso que flotaba a gran altura en el cielo. Visto a través de teodolito parecía un gigantesco hongo metálico[1].

En San José Purúa, a unos 15 kilómetros de Zitácuaro, la señorita Belén H. C., tomó una fotografía del fenómeno. La fotografía nunca fue publicada. Al parecer mostraba un globo meteorológico. Los periódicos informaban:

«Zitácuaro Michoacán. Ayer a las 13:00 hizo su aparición un extraño objeto luminoso que flotaba a gran altura en el espacio y que fue visto por medio de un teodolito. Semejaba un gigantesco hongo metálico. El objeto fue fotografiado por Belen H. C, en San José Purúa».

Lo mismo ocurrió en el Estado de Guerrero, en algún lugar no indicado de la costa. La descripción de «trompos» u «hongos metálicos» nos remite a la imagen de globos sonda.

En la ciudad de México, Luis Struck, el fotógrafo que había captado las imágenes de los platillos del 12 de marzo, aseguraba que se trataban de verdaderos platillos. Al medio día del 17 de marzo, varios testigos en el centro de la capital vieron un objeto brillante en el cielo. Pronto se supo que se trataba del planeta Venus.

Otros, entre los que se encontraba Struck vieron nuevos objetos. La descripción que apareció en los periódicos es la siguiente:

«Visto a través de un poderoso aparato se le aprecia la figura de un globo común de aire caliente, por la existencia, real o aparente, de gajos o cuerdas que descienden de la parte esférica superior a la parte alargada hasta formar cauda en la parte inferior».

«No se trata de ninguna manera de un globo o sonda, que son completamente esféricos y en todo semejantes a los llenos de hidrógeno usados para ascensiones, ya que en vez de canastilla llevan una pequeña cajita con los aparatos registradores y de radio»[2].

Un objeto de color aluminio que giraba sobre Ciudad del Carmen, Campeche, fue visto por espacio de tres minutos a medio día del 18 de marzo. Tenía forma de «copa» y estaba a unos 1,000 metros de altura. Se alejó al Sureste[3].

Se vio otro «trompo luminoso» a unos 8,000 metros de altura, en Toluca, estado de México, entre las 11:00 y las 13:00 horas del 18 de marzo[4].

El teniente coronel de la Fuerza Aérea Mexicana, Téllez Salas, subjefe del Estado mayor, dijo que la FAM no tenía noticias de los platívolos.

«El alto mando está al pendiente de todos los adelantos y descubrimientos que se logran en materia de aviación pero hasta la fecha no he tenido noticias serias de los platívolos.

«Los aviones militares, a pesar de que continuamente están volando, no han visto todavía ninguno de esos aparatos».

Fue hasta el 21 de marzo que las autoridades militares, en voz del general Gilberto R. Limón, Secretario de la Defensa Nacional, declararon que:

«No hay platos voladores sobre el cielo de México. Incluso yo he hecho algunas observaciones con algunos aparatos científicos, tratando de localizar los platos voladores, pero sólo he visto a Venus»[5].

Con esa declaración se interrumpiría abruptamente los reportes de platos voladores. No he encontrado más referencias en los periódicos, y los nuevos casos se darían hasta 1952, si exceptuamos el, supuesto, plato volador «estrellado» en Apizaco, Tlaxcala, y el fraude con el que intentó renacer la oleada el periódico La Prensa, y que se conoció con el nombre de:

«LA LUNAVE Y LA MOSCA DORADA».

La mejor descripción de este fraude la proporciona Héctor Escobar[6][7], quien es el mayor experto en las oleadas mexicanas. Esto fue lo que escribió en el número 6 de Perspectivas Ufológicas:

«Luego de la gran cantidad de informes correspondientes al mes de marzo, los platos voladores desaparecen y no vuelven a entrar en escena sino hasta el mes de agosto, como producto de una broma lanzada por el periódico La Prensa: «Las Lunaves». Afortunadamente para el público y desafortunadamente para La Prensa, los demás periódicos no siguieron el juego y el asunto pronto dejó de tener interés».

«La historia de las Lunaves se inicia con una serie de noticias publicadas por La Prensa haciendo referencia a una supuesta explosión detectada en la Luna a principios de agosto. -¿Una guerra nuclear en la Luna?-. La cosa es que el mismo periódico informó que el 7 y el 8 de agosto se observaron en la Ciudad de México unos objetos que emitían señales luminosas. La Prensa llegó incluso a publicar una fotografía de la Lunave, sin proporcionar el nombre del autor de la misma (evidentemente un truco). Días después, el 12 de agosto se informa que una Lunave cruzó el cielo del Distrito Federal a gran velocidad; se dice, además, que a través de las ventanas, se pudo ver al tripulante vestido de color dorado y con el cuerpo envuelto por una caja de vidrio. Finalmente, el 15 de agosto a las 21:00 se informa que una Lunave aterrizó en el lecho del lago de Texcoco y que vecinos de los alrededores vieron bajar al tripulante de la misma, el cual describen como grande, brillante, hermoso y con alas. El ser vestía de color dorado y tenía el cuerpo en una caja de vidrio, se alejó a gran velocidad y la Lunave desapareció».

La historia recuerda el famoso caso de H. G. Wells y su Guerra de los Mundos, que pondría en «escena» Orson Welles.

En la fotografía de la Lunave (nave de la Luna) se puede ver parte de la Alameda Central (la avenida Juárez) de la Ciudad de México. También se publicó un dibujo de la «Mosca Dorada».

Si descontamos este caso, evidentemente fraudulento, la oleada mexicana de 1950 se limita a los primeros 20 días del mes de marzo, poco más o menos. Son 50 casos sin repetir (60 casos según Héctor Escobar). La oleada mexicana del 50, ¿Se debió todo a una psicosis producida por globos sonda? De ser así, ¿de qué tipo de globos se trataba? ¿Acaso se probaron en México los globos Skyhook? ¿Se tuvieron más observaciones el resto de la década de los cincuenta?

Este, como dijimos, es sólo un trabajo preliminar. Las siguientes etapas de esta investigación serán:

Nueva revisión de los periódicos capitalinos de la época.

Revisión de las revistas semanales o mensuales, del tipo Siempre, Plural, Revista de Revistas y otras similares.

Revisión de periódicos del interior del país.

Re-encuesta de los casos más relevantes.

Entrevistas a los miembros de la FAM.

Como se ve, el trabajo apenas comienza.

Deuda de agradecimiento

Este trabajo no hubiese sido posible sin la investigación hemerográfica que realizó mi amigo Héctor Escobar en sus días de juventud. Desde aquí mi reconocimiento a esa labor titánica.

Continuará…


[1] Anónimo, Platos voladores sobre Michoacán, La Prensa, México, 18 de marzo de 1950.

[2] Anónimo, Fue visto con telescopios en esta capital, Ultimas Noticias, México, 18 de marzo de 1950.

[3] Anónimo, ¿?, Excelsior, México, 19 de marzo de 1950.

[4] Anónimo, ¿?, Excelsior, México, 19 de marzo de 1950.

[5] Anónimo, La Defensa niega que haya platos voladores, Ultimas Noticias, México, 22 de marzo de 1950.

[6] Escobar Sotomayor Héctor, La oleada de 1950, Perspectivas Ufológicas, Año 2, No. 6, pag. 15-22, México, septiembre de 1995.

[7] Escobar Sotomayor Héctor, Los fraudes OVNI en México, Perspectivas Ufológicas, Año 1, No. 2, México, abril de 1994, pags. 20-26.