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Naves nodrizas de polietileno

NAVES NODRIZAS DE POLIETILENO

Inglaterra esta siendo invadida. En los últimos meses se han reportado docenas de casos de avistamientos de «naves nodrizas» y luces en el cielo. ¿Finalmente se hará contacto con los marcianitos verdes? Me temo que no, a menos que sean de plástico, pues sus naves están construidas de polietileno, el mismo material de las bolsas de supermercado o de la basura.

En efecto el más reciente flap de globovnis se debe al lanzamiento de pequeños globos de aire caliente durante diversos tipos de celebraciones. En este blog hemos dado seguimiento a esta oleada ovni aquí, aquí, aquí, allá, allá, allá, acá, acá, acá, por aquí, más acá, acullá, y por acá, y también aquí, y si pasan por este lado también verán estas linternas.

Claro que estos globovnis no son transportados por las «naves nodrizas» de las que hablamos arriba, simplemente porque esas «naves nodrizas» son artilugios fabricados con polietileno: globos de aire caliente.

Estos avistamientos no son recientes, tienen casi cuarenta años. Los primeros se reportaron a finales de los setenta en Europa.

Uno de los avistamientos más impresionantes, porque el testigo fue un piloto de la Fuerza Aérea Italiana y además se obtuvieron 82 fotos del ovni, ocurrió el 18 de junio de 1979.

Aquel día, a las 11:30 el Mariscal piloto Giancarlo Cecconi, adscrito al grupo 14 de la 2º Tropa de Cazabombarderos de Reconocimiento de la Aeronáutica Militar, con base en el aeropuerto de Treviso Sant»™Angelo, regresaba a su base después de haber completado una misión de reconocimiento fotográfico sobre Appennino Ligure volando un cazabombardero de reconocimiento G-91R. Repentinamente en el cielo del aeropuerto de Treviso S. Angelo observa la presencia de un blanco desconocido. El centro de radar de Istrana (Treviso) registra la presencia del intruso y pregunta a Cecconi si tiene suficiente combustible para hacer una maniobra de aproximación. Cecconi confirma la maniobra. El avión cuenta con cuatro cámaras y Cecconi se acerca a una distancia de unos 70-80 metros del objeto a una velocidad de unos 450-500 Km/h (300 nudos).

Desde tierra el personal sigue la escena con binoculares y por radio le advierte a Cecconi que el objeto emite una extraña «tonalidad azulada»; pero el piloto no nota esa tonalidad.

Cecconi hace varias pasadas para tomar las fotografías. Toma un total de 82 fotos del objeto que parece una «cisterna di carburante» (tanque de combustible) de color negro opaco de unos 8 metros de largo por dos metros de diámetro. Cecconi observa una especie de cúpula de color blanco o claro, pero no transparente.

En un momento determinado de la torre de control le indican que el objeto se ha desvanecido de las pantallas, entre una pasada y otra del radar.

Después de pocos segundos, de la torre de control confirman que los que estaban siguiendo el objeto con binoculares no pudieron verlo más: el objeto ha desaparecido inexplicablemente en el espacio en poco tiempo. En efecto, ya ni el piloto lo puede localizar.

Los ufólogos Antonio Chiumiento y Mauricio Caruso fueron los primeros en conocer el caso. Chiumiento logró entrevistar a Cecconi a finales de 1979, pero se le pidió discreción. En 1983 Cecconi dejó el servicio de Aeronáutica y Chiumiento reactivó la encuesta y afinó los detalles, pero el ex-piloto le volvió a solicitar discreción. El 10 de julio de 1984 el Ministerio de la Defensa declaró oficialmente que todos los datos relacionados al fenómeno ovni podrían ser consultados por los estudiosos civiles. El 24 de agosto Chiumiento solicitó copias de las fotos y un informe oficial sobre el caso. El 2 de noviembre recibió la respuesta. La carta afirmaba: «El objeto en cuestión fue fotografiado con las cámaras de abordo e inequívocamente fue identificado por el personal de fotointerpretación como un globo de forma cilíndrica, fabricado con bolsas de plástico negro».

Varios periódicos publicaron la noticia, como La Tribuna de Treviso. El Gazzettino publicó un artículo intitulado «L»™UFO visto a Treviso era soltando una mongolfiera», con las declaraciones de un tal Luigi Milan, profesor de educación técnica de Azzano Decimo (PN), quien afirmaba ser el constructor del globo que fuera lanzado el primero de junio. Además se publica una foto del aparato, pero no se parece nada al objeto observado.

La revista Epoca del 19 de abril de 1985 publica el artículo «UFO rapporto segreto» con tres fotografías de la serie de Cecconi. Finalmente Chiumiento en respuesta a este artículo informa en Stampa Sera que las fotos que le mostró Cecconi eran mucho más interesantes que las publicadas por Epoca. A partir de entonces comenzó a aparecer en varios programas de televisión asegurando que el objeto era un no identificado.

Los ufólogos críticos del Centro Italiano Studi Ufologici (CISU) lograron conseguir otra fotografía de la serie de Cecconi y no cabe duda que se trata de un globo del tipo UFO-Solar. Este era un juguete que se comenzó a vender en Italia a finales de los setenta. Costaba 2,000 liras y era acompañado por una revista.

Estaba construido de plástico negro. Al ser negro absorbía el calor y calentaba el aire en su interior (40-50ºC) haciéndolo más ligero que el aire circundante del exterior (15-20ºC, disminuyendo 1.6ºC por cada mil metros de altura). Como se puede suponer, el vuelo de este globo era totalmente incontrolable y estaba sujeto a los caprichos del viento. Eso provocó varios incidentes de navegación e incluso algunas «colisiones» con aviones, por lo que su venta fue prohibida en 1985.

La desaparición del ovni de las pantallas del radar y visualmente se explica fácilmente. Al ir subiendo va disminuyendo la presión, el globo se infla más y llega el momento en que explota, con lo cual «desaparece» casi instantáneamente.

EL CASO DE OLYMPIC AIRWAYS

En la vecina Suiza el UFO Solar era vendido por la empresa VEDIA de Génova, y también causó un extraño incidente ovni.

El jueves 15 de agosto de 1985 a las 16:05 un avión griego de Olympic Airways (vuelo OA 132) con 61 pasajeros a bordo tuvo un encuentro muy cercano con un objeto que fue descrito como un misil. El avión (un Boing 727), con Christos Stamulis como piloto, estaba en camino de Zürich-Kloten a Atenas. Había salido con una hora de retraso debido a las maniobras aéreas militares en el área del St. Gottard. El tráfico aéreo civil fue detenido por algunos minutos.

Cuando estaba justo pasando la frontera Suizo-Italiana, a las 16:05, vio un objeto desconocido en el cielo. Stamulis se comunicó con la torre de control de Milan-Linate e informó: «Nuestro avión se ha cruzado con un objeto desconocido. El ingenio es de color marrón oscuro o negro y mide unos diez metros de largo; venía del sureste y cruzó la ruta del Boing, a 70 o 100 metros de distancia, al noroeste de Milan».

Los operadores de radar de los aeropuertos suizos e italianos no pudieron detectar el objeto. El Boing se encontraba a 8,000 metros en la ruta aérea «Ãmbar 14». Stamulis dijo que parecía un proyectil sin alas y que pasó de izquierda a derecha por debajo del avión. Los pasajeros a bordo no se dieron cuenta del incidente.

Según su dirección de vuelo, el proyectil debió haber venido del lado italiano de la frontera. Las autoridades italianas negaron conocer de cualquier prueba militar. El misil, no se captó, según se informa, en el radar militar y ni de Italia ni de la OTAN.

Algunos se preguntaron si había sido un misil o proyectil militar suizo el que habían visto los pilotos del Olympic Airways. Pero los portavoces del gobierno dijeron que los ejercicios eran solo con unidades del ejército y que no se utilizaron misiles. El sistema militar suizo tenía tres cohetes en ese entonces: Bloodhound, Rapier y Sidewinder, y ninguno de ellos correspondía a la descripción del piloto.

Según el Giornale del popolo (Lugano) del 17 de agosto el objeto fue observado por dos testigos del cantón de Tessin. El señor y la señora T. lo vieron en Breganzona. Según la señora C. T. el objeto tenía la forma de «una gran bolsa de basura» de color negro; tardó un cuarto de hora para pasar de la región de Agno al Monte Generoso en donde desapareció. Un oficial de la armada suiza también observó un «objeto luminoso» en la misma región. Hubo otros testigos en Lugano.

El lunes 19 de agosto el señor y la señora G. de Pregassona (Tessin) decidieron visitar el Giornale del popolo para informar que el 15 de agosto lanzaron un globo UFO Solar durante la fiesta de cumpleaños de su hija de 5.

El Corriere Della Sera del 22 de agosto amplíaba la información. El señor G. ingeniero civil declaró: «El 15 de agosto estando de vacaciones con mi esposa Rita y mi hija Sara, de 5 años, sobre el Monte Pianezzo, en el cantón de Tessin, a unos 850 metros de altura. A las 13:30, para alegrar a la pequeña, inflé y lancé el globo al cielo, que se elevó en pocos minutos a unos 2,000 metros del Monte Bar y luego se dirigió en dirección del Monte Generoso a la frontera italiana».

La teoría de un globo fue negada por Stamulis: «Eso era un dispositivo militar, de eso estoy seguro. Era un cohete balístico». Un operador de radar indicó que los objetos de ése tamaño pequeño, viajando a la gran velocidad, no se podrían captar en el radar civil.

Los casos de Treviso (1979) y Tessin (1985) no serían los únicos. Bruno Mancusi menciona otros tres: 1 de noviembre de 1981 sobre el cielo de Marsella; 17 de septiembre de 1981 un objeto observado sobre el cielo de St Pierre Réunion durante 3 minutos; 10 de junio de 1985 el piloto de un Air Gabon aproximándose al aeropuerto de Niza vio un objeto en forma de puro. A estos podemos agregar la serie de fotos de una «nave nodriza» tomadas en Venecia, Italia en 1979

Manuel Borraz Aymerich dice que estas salchichas voladoras comenzaron a popularizarse en los ochentas.

En Francia se comenzó a vender en julio de 1981. Era una bolsa de polietileno de 5 micras de grosor. El tamaño del globo era de 3 metros de largo por 7 centímetros de diámetro. Actualmente lo venden las compañías Opitec, Explore! y la Sociedad suiza de energía solar SSES. Cuestan entre 4.95 euros (el Solar Air Shuttle) a 17.95 euros (Solar Air Shuttle XXXXL). El primero mide un metro de largo por 30 centímetros de diámetro; el segundo es de 17 metros de longitud por 70 centímetros de diámetro. Pueden alcanzar los 10,000 metros de altura.

A mediados de los ochenta se comenzó a vender en Inglaterra, Alemania y América del Sur.

En Medellín Colombia Alejandro Uribe organiza las alucinantes «fiestas del globo solar» que también han producido reportes de ovni. Recientemente un piloto declaró haberse cruzado con una de las ballenas hinchables soltadas por Alejandro.

En esta página de Internet se nos informa que: «En 1998, lanzó un globo solar de 5 m de diámetro fabricado con bolsas de basura de polietileno negro. Uno de estos globos, con una parte aluminizada incluso fue confundido con un ovni y causó un gran estupor en la población».

Seguro que estos «globovnis nodrizas» son los causantes de otros avistamientos ovni reportados en la literatura, y también es cierto que seguirán produciendo confusiones y más material para Marcianitos verdes.

REFERENCIAS

Caváis Renzo, Non giochiamo troppo con gli UFO Solaro, UFO Revista Di Informazione Ufologica, No. 17, Italia, febbraio 1996, Págs. 26- 27.

Guerrini Remo, UFO raporto segreto, Epoca, Italia, 19 aprile 1985.

Mancusi Bruno, Le cas italo-suisse du 15 aout 1985, Ovni Présence, No. 36, Francia, janvier, 1987, Págs. 3-7.

Orlandi Marco, Visto, intercettato, fotografato, UFO Revista Di Informazione Ufologica, No. 17, Italia, febbraio 1996, Págs. 21- 27.

Petto Leopoldo, L»™UFO visto a Treviso era soltando una mongolfiera, Gazzettino, Italia, 12 novembre 1984.

Svahn Clas & Liljegren Anders, Close Encounters With Unknown Missiles, artículo en internet, http://www.ufo.se/english/articles/afumiss.html

Walter Werner, (traducciones de Il Giornale y La Republica), CENAP-Report, No. 115, Alemania, 17 august 1985.

¿Trascavo precolombino?

LA RETROEXCAVADORA DE PANAMÁ

De 1920 a 1952 el Museo Peabody de la Universidad de Harvard realizó una serie de excavaciones cerca del pueblo de Penonomé, al Suroeste de Panamá. Se desenterraron varias piezas de cerámica, algunas urnas funerarias y pequeños adornos y ornamentos funerarios de oro como escudos, pendientes, brazaletes y collares.

En 1940 el doctor J. Alden Mason encontró una singular pieza perteneciente a la cultura Coclé, al igual que las demás. Se trataba de un medallón de oro de unos 11 centímetros de longitud, con una piedra verde.

Coclé es el nombre de la provincia panameña. Sus antiguos habitantes eran los Ngöbe o Guaymis, los antecesores directos de los cholos y vecinos de los Bugle. En 1575, el oidor, Alonso Criado de Castilla, en su informe de la Audiencia de Panamá, refiere la existencia de un pueblo de indios libres con algo mas de 100 almas, dedicado a la cría de ganados y al cultivo del maíz, llamado Pueblo Nuevo de los Reyes del Chirú, localizado a tres leguas de Natá, es decir, situado aproximadamente en el área cercana al sitio actual de Antón.

Actualmente la pieza se encuentra en exhibición en The University Museum of Archeology and Anthropology de la Universidad de Pennsylvania.

Fue ahí en donde la vio Ivan T. Sanderson, el famoso ufólogo y criptozoólogo americano. Para Sanderson se trataba de una retroexcavadora o de una draga mecánica. El ufólogo decía que las garras del animal se parecían más a unas ruedas; los dientes de su hocico serían las «muelas» de la draga mecánica; en la parte posterior tendría dos ruedas dentadas que servirían para elevar el «cucharón».

El lomo del animal, según Sanderson, es la cubierta del motor. A ambos lados se pueden ver dos faros, y otros dos en los ojos del animal.

La interpretación del ufólogo saca de contexto lo pieza y se olvida de todo el entorno religioso, social, geográfico, ecológico y económico de los coclés. Esto no era nuevo para Sanderson. Ya antes había propuesto que los peces alados pertenecientes a la colección de Museo de Oro de Bogotá eran nada menos que aviones a reacción.

A primera vista la figura del medallón parece una mezcla entre caimán y jaguar, pero según los arqueólogos es la representación de un jaguar que sostiene una serpiente estilizada en su hocico.

Aunque actualmente se encuentran en peligro de extinción (hoy sólo se les encuentra en el Parque Nacional Darien), los jaguares (Pantera onca), ocelotes (Leopardus pardales) y pumas (Puma concolor) de Panamá, eran muy abundantes en aquellas selvas. Los Ngöbe y Bugle les temían y los consideraban dentro del panteón de sus dioses. No es raro, pues, que existan diversas representaciones de estos animales en dijes, brazaletes, medallones y otras piezas de artesanías.

La cultura Coclé, que engloba a Ngöbes, Bugles, Cholos y Guaymis, se caracteriza en la forma singular y estilizada de sus piezas de oro.

Se han encontrado representaciones de diversos animales como los puercos de monte (Tayassu pecari), saínos (Pecari tajacu), tapir (Tapirus bairdii), conejos pintados (Agouti paca), ñeques (Dasyprocta punctata), venado corzo (Mazama americana), oso caballo (Myrmecophaga tridactyla), diversos tipos de ranas, peces y aves. Todas las figuras tienen el sello característico de la cultura coclé.

Lo que nunca se ha encontrado son partes de retroexcavadoras o dragas mecánicas. Ni siquiera restos de las posibles obras que se debieron haber construido con esos aparatos (el canal de Panamá se construyó miles años después de que fuera moldeado el medallón).

La interpretación de esta pieza ornamental como la representación de un objeto tecnológico es otra más de las metidas de pata de los astroarqueólogos que buscan en los cielos las respuestas que se encuentran en la tierra.

Terror en Hunucmá

La historia continúa

Durante algunas semanas le estuve dando vueltas en la cabeza a la idea de meterle un gol a la revista Reporte Ovni. No deseaba hacer algo tan simple como el reporte de un falso avistamiento o enviar unas fotografías trucadas, pues sabía que Chita Rodríguez, la directora, las publica todas.

El plagio del cuento de Héctor Chavarría me dio una idea: enviaría una continuación lo más delirante posible. Quería burlarme de Chita y poner en evidencia su escasa cultura (aquí quería escribir «ufológica», pero dejémoslo así). Para eso adopté la historia de Joao Prestes Filho aparecida en diversas revistas de ovnis (Flying Saucers Review, Lumières dans la Nuit, Stendek, etc.), la firmé con mi nombre y se la envié a la editorial.

Óscar García comentó que la ufóloga se daría cuenta del engaño y que no publicaría la historia. Para su sorpresa y mi alegría, la Rodríguez sí publicó el cuento. Nuestros lectores nunca podrán imaginar la escena: prácticamente nos revolcamos de risa. Nos divertimos más que enanos de circo o marcianitos vedes haciendo cropcircles.

La estulticia ufológica no había alcanzado niveles tan elevados como con Chita. No reconoció el caso Da Silva (porque seguramente no lo conoce, a pesar de ser uno de los máximos exponentes de la ufología mexicana). Tampoco identificó las pistas que le dejé, como utilizar mi nombre o el de Zuckerman (miembro de la Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica, SOMIE, con quien una vez debatió frente a las cámaras de la televisión) como el cazador de nazis, que por otra parte, Chita confundió con un nazi (¡!) Demostró más inteligencia uno de sus lectores quien comprendió la nacionalidad del protagonista.

Con el asunto Hunucmá logré mis objetivos. No se trataba de demostrar la credulidad, falta de cultura y sentido común de Chita «“puesto que eso lo daba como un hecho-, sino de tener un rato de sana diversión a sus costillas.

La carta con el cuento de extraterrestres (o hadas) que se tragó Chita es la siguiente:

Muy señores nuestros:

Mi nombre es Luis Ruiz, soy originario del estado de Yucatán. Viejo aficionado a los ovnis desde hace muchos años, específicamente desde que ocurrieron los sucesos que a continuación voy a relatarles.

No me gusta ser la burla de nadie por eso he guardado silencio durante tanto tiempo. Además, sé que mi afición por los ovnis puede resultar sospechosa y hacer pensar a los incrédulos que estoy inventando esta historia.

Durante muchos años busqué cuanto libro o revista se publicara sobre ovnis. Contactos Extraterrestres publicó mucho sobre el tema y así lo hizo también la escritora Eugenia González, pero nadie mencionó lo ocurrido en Hunucmá, mi pueblo natal.

Por lo tanto, comprenderá mi enorme agitación al leer el artículo «Aquel ovni disparó un rayo sobre mi padre» (Ver Reporte Ovni No. 16) Poco a poco, al ir leyendo, se agitaba más mi corazón.

Reconozco que yo no sabía lo que les había pasado a los Brullen y ahora me explico muchas cosas, luego de los relatos que describen en el artículo: ellos abandonaron precipitadamente el pueblo y nunca más los volví a ver.

Era una familia hosca o tímida que nunca entabló relaciones con nadie.

Yo pensaba que era una especie rediscriminación racial, pero el tiempo me ha mostrado cuáles fueron sus razones.

De ellos sólo recuerdo la imponente figura del señor Peter y los hermosos ojos azules de una de sus hijas, Agneta.

Los sucesos ocurridos en la finca de los Brullen tienen una extraña relación con la historia que les voy a contar.

Algunos meses después de que partieron los alemanes (o tal vez semanas, mi memoria no es tan buena), llegó al pueblo otro extranjero preguntando por ellos. Nadie le dio informes sobre su paradero, por la sencilla razón de que no lo sabían. Además, David Zuckerman, que así se llamaba el tipo, era pedante, altanero y grosero.

Recuerdo que se hospedó en una choza que le alquiló la señora Roselina Muna. Durante algunos días estuvo preguntando por el pueblo y algunos dicen que se metió a escondidas en la casa que ocupaban los Brullen.

En aquel entonces Hunucmá era un pequeño pueblo que no disponía aún de luz eléctrica ni de teléfono. Era una zona constituida por viejas casitas y una iglesia.

Toda la vida de este pueblo se reducía a una lenta sucesión de los quehaceres domésticos. Una excepción se produjo sin embargo por las noches, unas extrañas luces evolucionaban por el cielo describiendo trayectorias irregulares, dando lugar a opiniones divergentes durante las charlas de los vecinos. Algunos decían que se trataba de chaneques.

Uno de esos días, Zuckerman había estado rondando por el pueblo y seguramente había estado en la casa de los Brullen. Hacia las 19 horas, con una niebla tenue y uniforme, puesto que el estado de la atmósfera no era borrascoso sino sereno y por lo tanto poco propicio a la formación de relámpagos»¦ la señora Muna escuchó que David regresaba a su choza.

Una hora después Zuckerman, aterrorizado, irrumpió en mi casa, explicando con voz entrecortada que cuando intentaba abrir la puerta de su casita, recibió del exterior un silencioso rayo de luz, habiendo logrado protegerse los ojos y la cabeza con la mano.

Aturdido cayó al suelo durante breves instantes, sin perder el conocimiento»¦ Se levantó con movimientos aparentemente normales, y se dirigió al centro del pueblo en busca de socorro.

Mi padre era doctor y en ese entonces tenía su consultorio a un costado del hotel Miralmar en el puerto de Progreso, a unos 91 kilómetros de Hunucmá. Zuckerman lo sabía y por eso llegó corriendo a mi casa. Recuerdo que vestía una camisa de manga corta, pantalones arremangados, sin sombrero ni zapatos.

Los cabellos, la cabeza, los ojos al igual que las partes protegidas por la ropa no presentaban ninguna traza de quemaduras ni anomalía alguna. Sus ojos estaban dilatados por el espanto y su voz sonaba excitada.

Pero, poco después, la escena se tornó horripilante: la carne de Zuckerman comenzó a hacerse visible, como si hubiera estado expuesta a muchas horas en agua hirviendo. Empezó a desgajarse de los huesos cayendo trozos de su mandíbula, pecho, brazo, manos, dedos, piernas y pies. Algunos pedazos de carne quedaron colgando de los tendones, luego todo se desmoronó de forma imprevisible: los dientes y los huesos estaban al descubierto totalmente descarnados.

Zuckerman rehusó enérgicamente el agua y los analgésicos que le ofreció mi padre y en ningún momento pareció sufrir dolores. Su nariz y sus orejas se desprendieron, deslizándose a lo largo de su cuerpo hasta el suelo.

Los ojos estaban desorbitados por el terror. Las palabras brotaban deformadas de una boca que se descomponía, eran sonidos ininteligibles.

En medio de la confusión general, lo que quedaban del cuerpo casi descompuesto de David Zuckerman fue colocado en una carreta para trasladarlo al hospital más cercano en Mérida.

Seis horas después del ataque de la luz, un cadáver retornaba a Hunucmá: Zuckerman había muerto en el transcurso del viaje, antes de haber llegado al hospital. Hasta sus últimos momentos, de su boca sólo salían unos sonidos guturales.

Mi padre no quiso meterse en problemas y firmó el certificado de defunción para que rápidamente fuera enterrado en las afueras del pueblo, en donde, aún hoy se encuentran sus restos.

Como era extranjero nadie preguntó por él, y la policía de Mérida nunca hizo averiguaciones (tal vez nunca se enteró). Con posterioridad, todavía fueron observadas las luces que evolucionaban caprichosamente por el cielo nocturno de Hunucmá.

Vuelvo a repetir que no me gusta que se burlen de mí, ni que digan que estoy mintiendo. Creo que sería muy importante para la solución del fenómeno ovni, que se diera seguimiento a este caso. Tal vez sería bueno exhumar el cuerpo y hacerle la autopsia, pero eso sólo lo podrán conseguir gentes como ustedes. A nosotros, ciudadanos comunes y corrientes, no nos harían caso.

En el momento en que hayan pruebas más sólidas sobre este asunto me presentaré a firmar cualquier declaración que juzguen conveniente.

Atentamente

Luis Ruiz N.

Esta carta fue publicada en el número 21 de Reporte Ovni, páginas 18 y 19, bajo el título Terror en Hunucmá. Testimonio de un lector.

Nota: Chita Rodríguez es el apodo «cariñoso» con el que conocíamos a la directora de Reporte Ovni.

Artículo publicado en Perspectivas Ufológicas, No. 3, septiembre 1994, Págs. 71-72.

Ovnis, ficción y nazis en Hunucmá

¿Falta de imaginación, plagio o ignorancia?

Héctor Chavarría

Los caminos de la ovnilogía son enigmáticos, en especial cuando ésta se toma como un medio para hacer dinero.

En muchas ocasiones he tenido la oportunidad de decir en público que los contactados utilizan para sus embustes el material de la ciencia ficción, pues son incapaces de crear algo original. Sabía que ocurría, pero no me imaginé que usaran la obra de un escéptico y no sólo eso, que reprodujeran en una revista parte de un cuento de ciencia ficción como verdadero, firmándolo con el nombre del protagonista.

Soy escritor de ciencia ficción y el cuento es mío. Fue publicado mutilado, sin mi autorización, por la revista Reporte Ovni, No. 16, página 3. Eso se llama plagio.

Ignoro cómo llegó a manos de estos señores y cuál fue su intención al publicar el material literario de un ufólogo escéptico, como si fuera real»¦ Lo que es evidente es su «profesionalismo» y el «rigor» que aplican para investigar aquello que publican. Es a todas luces notorio que tal material es un tratamiento de ficción que, entre otras cosas incluye la fecha 28 de diciembre (día de los inocentes) y el nombre de Peter von Brullen, personaje creado por mí y publicado como historieta, hace años, en Revista de revistas del periódico Excélsior. El nombre no es, por otra parte, más que una broma hecha a mi buen amigo el doctor Pedro Brull, también escéptico.

Si esto ocurre de manera tan descarada con un cuento que había sido enviado (en copias) a varios editores y publicado en una revista virtual de CF, cabe preguntarse lo que harán los compañeritos de Reporte Ovni en el futuro, si es que no lo han hecho ya, con la obra literaria (con tema ET) de otros de mis colegas de AMCyF (Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía). En el presente momento no he decidido si demandar o no a la revista de marras por plagio, lo estoy pensando, porque lo menos que deben hacer de acuerdo con la ley, es colocar una nota grandota en su pasquín, explicando cómo hicieron la maniobra y aclarando de manera muy visible, que el autor del cuento El Incidente, o sea yo, no tiene ninguna relación con su revista ni deseos de que plagien su obra. Aclaración necesaria porque el cuento completo está publicado en otros lados con mi nombre y no deseo que se me relacione con charlatanes. Tengo una reputación que cuidar.

El cuento completo se incluye a continuación y sólo me resta sugerirle a la señora Chita Rodríguez que si va a «fusilarse» algo para su revista, por lo menos se fije si es o no de alguien escéptico, dado el acendrado «cariño» que siempre nos ha demostrado, colocándonos todos los adjetivos que un creyente puede imaginar. Sabía que ella creía todo, que usaba (sin autorización de Editorial Posada) el material de la revista Contactos Extraterrestres (con derechos vigentes), pero poner ciencia ficción como real, usando el trabajo de un escéptico»¦ bueno, prefiero no calificarlo.

El Incidente

Por Héctor Chavarría

«Â¡Iä Panchebé! No existe el tiempo. A través de las puertas, «˜ellos»™ pueden cambiarlo a voluntad».

Martín Díaz

Soy agente del ministerio público y como tal he visto de todo, desde asesinatos hasta accidentes, pasando por suicidios. Pero éste fue uno de los más extraños en mi carrera.

El cuerpo yacía sobre la cama con un disparo en el corazón»¦ sé que ésta no es la manera más adecuada para suicidarse pues hay mucha posibilidad de fallar, y lo aclaro porque aquello no era lo único raro.

La bala había salido de una automática Walter P 38 de los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, conservada con extremo cuidado, casi diría con amor. Esto último no era tan inusual, hay todavía muchas de esas regadas por todo el mundo. Lo extraño era el rostro del muerto.

Tenía una expresión del más abyecto terror. Sé lo que dirán, el médico forense dijo lo mismo: los cadáveres nunca tienen expresión de terror»¦

No tienen expresión, punto.

Pero éste la tenía. ¿Imposible verdad? Al morir los músculos faciales se relajan siempre. Pero éste tenía expresión de terror.

Entre sus cosas hallamos la copia de una carta»¦

México, D.F. 13 de julio, 1993.

Estimada señora:

La presente tiene como objeto comentarle un caso extraño del cual fue protagonista mi padre en el ya lejano año de 1963 (cuando yo contaba con 13 años).

En aquel entonces mi padre vivía conmigo y dos hermanas, mi madre y su hermana cerca del poblado de Hunucmá, en el estado de Yucatán. Mi padre vino a México vía Argentina a principios de la década de los 50, cuando yo era muy pequeño»¦ las razones que le impulsaron a dejar su natal Alemania serían largas de contar, pero quizás sea suficiente decir que temía algún tipo de represalia por parte de los vencedores de la guerra, y especialmente de los grupos de tendencias sionistas que él sabía muy bien que pululaban por todo el mundo en busca de los que llamaban «criminales de guerra».

La razón de todo esto era que mi padre participó en la guerra como oficial SS (con el grado de Obergruppenführer) y, pienso que con esto es suficiente»¦

Mi padre se llamó (murió en 1980 y está enterrado en Hunucmá) Peter von Brullen. Algún día quizá podamos cumplir su último deseo de ser llevado a Manchen para reposar al lado de sus camaradas SS.

Aquel año de 1963 se caracterizó por ser de intensas lluvias en Yucatán y los hechos que narraré tuvieron lugar la noche del 28 al 29 de diciembre»¦ el asunto se inició cerca de las 10 de la noche cuando nuestros perros (ocho doberman) comenzaron a mostrarse inquietos sin causa aparente. Nuestra casa se encontraba fuera de los límites del pueblo y era una pequeña finca, los perros, así como la doble alambrada que la protegía, eran para evitar visitas indeseadas. Karla, mi tía, fue la primera en advertir que algo inusual parecía estar ocurriendo y dio aviso a mi padre. Él dispuso que nuestra madre y las niñas se encerraran y junto con mi tía se quedó a esperar lo que pudiera ocurrir. Para entonces los perros parecían haberse vuelto locos.

Ignoro porqué mi padre permitió que yo me quedara. Él tenía algunas ideas extrañas acerca de la educación de los jóvenes y varias veces le escuché decir que a los 13 años ya se era hombre, de acuerdo a las viejas tradiciones germánicas. Él estaba orgulloso de haber iniciado muy joven su entrenamiento en las Hitlerjügend»¦

Apagaron todas las luces y nos quedamos en la sala. Hasta entonces mi padre se asomó por una de las ventanas. Yo miré por encima de su hombro. La noche estaba muy silenciosa y oscura. Quizá demasiado silenciosa pues incluso los perros ya habían dejado de ladrar y se limitaban a caminar nerviosos entre la doble alambrada y los alrededores de la casa. Tuve la impresión de que tenían miedo por algo extraño, eso me asustó pues no hay animal más fiero que un doberman»¦ no le teme a nada y son capaces de atacar cualquier cosa. Además, los nuestros estaban entrenados y eran ocho.

Casi en ese mismo instante comenzamos a notar una luminosidad tenue que se colaba a través de las ventanas. Era una luz como la de la Luna. Pero no había Luna. Mi padre se apartó de la ventana y tomó del armario una escopeta de dos cañones, la misma que usaba para ir de casería. Estoy seguro que bajo sus ropas también guardaba su arma favorita: la automática Walter que le acompañó durante toda la guerra y por la cual sentía un especial afecto.

La luz se hizo más intensa y los perros dejaron de estar en silencio. Eso fue porque comenzaron a gemir de manera lastimera, como jamás imaginé que pudieran hacerlo. Mi padre dijo algo a mi tía, algo que no pude entender pues ni era alemán ni español»¦ ni siquiera parecía maya. De esto estoy seguro y, amartilló ambos cañones de la escopeta. La luz tomó un tono violeta y entonces, a través de la ventana, lo vimos.

Era enorme, circular y brillante, iluminado con esa luz como de Luna blanca pero con los bordes delimitados por un resplandor violeta que parecía pulsar. Mi padre volvió a musitar algo que no entendí y mi tía quedó como en trance. El objeto permaneció, no sé por cuanto tiempo, inmóvil frente a nosotros, bastante más alto que el árbol de cedro que estaba a un lado del jardín de mi madre. Luego, inició un movimiento de vaivén. Los perros volvieron a quedar en silencio.

El objeto se elevó un tanto y luego, la luz violeta se debilitó. Se movió hacia un lado y luego hacia el otro. Luego se lanzó hacia arriba y desapareció.

Pero el asunto no terminó ahí.

Esperamos un rato en la oscuridad y el silencio y luego mi padre anunció su intención de salir. Yo me opuse, pero cuando él tomaba una decisión volvía a ser un oficial SS. Pero no pudo salir, pues cuando abrió la puerta fue como si alguien disparara un flash fotográfico y el objeto volvió a estar ahí, posiblemente más cerca que antes. Mi padre cerró la puerta violentamente y mi tía gritó como nunca, ni antes ni después la oí gritar. Permanecimos quietos en la sala un buen rato»¦ largo porque el reloj dio las 12 campanadas y luego mi padre volvió a salir. Se repitió lo que ya había pasado antes con la diferencia de que ahora mi padre disparó los dos cañones de la escopeta y claramente se escuchó una especie de zumbido agudo. Mi padre recargó la escopeta y los tres nos quedamos nuevamente quietos.

A través de la ventana vimos encenderse y apagarse el objeto varias veces y al final, casi ala una de la madrugada, se plantó frente a la ventana y se alejó. Claramente lo vimos descender atrás de un grupo de árboles chaparros típicos de Yucatán. La luz quedó ahí un rato y luego se apagó. Nos quedamos adentro sin saber qué hacer y yo me dormí a ratos, como en sueños recuerdo a mi padre tranquilizando a mi madre y a mis hermanas.

Al día siguiente salimos (todo se ve diferente de día) y encontramos que tres de los doberman estaban muertos, posiblemente de miedo porque no tenían heridas; tres más faltaban, en su desesperación rompieron la cerca y huyeron. Nunca los volvimos a ver. Los dos restantes estaban aterrados y jamás volvieron a ser los mismos.

Fuimos al sitio donde vimos bajar el objeto y sólo encontramos huellas de vegetación quebrada y rota, como si algo pesado se hubiera asentado ahí. Mi padre tomó varias fotos del sitio con una cámara Leica de 35 mm., pero que yo sepa jamás se las mostró a nadie y nunca comentó el asunto.

Han pasado casi 30 años de esto y es la primera vez que lo cuento fuera del círculo familiar. No sé si la gente de Hunucmá vio algo y nosotros teníamos poco trato con ellos, era gente muy ignorante, pero si vieron algo seguramente quedan ahí algunos que lo recuerdan; no es fácil olvidar algo así. Hay varias cosas que me inquietan y me llevan a narrar esto desde que leí el libro Los Nazis y los Ovni, especialmente me inquieta el que mi padre hablara de una manera que no pude entender»¦ sobre todo después de leer en el libro acerca de los posibles nexos entre «ellos» y los alemanes de aquella época. Otra cosa: los perros que faltaban, ¿huyeron o e los llevaron los tripulantes de aquella cosa? ¿Venían ellos por el antiguo oficial de la SS? No lo sé, pero aquellas palabras guturales e ininteligibles de mi padre parece que aún las escucho en sueños.

Mi tía murió hace algunos años en Alemania y mi madre vive con sus familiares en Hamburgo»¦ ella nunca quiso hablar de esto y al parecer vio muy poco. Si en algo sirve este testimonio pera la investigación, aquí está.

Atentamente

Adolph von Brullen

Seguramente el tipo era un loco, los platos voladores son tonterías, los extraterrestres «visitantes» sólo existen en la imaginación de algunos comentaristas de TV y vendedores de videos que padecemos actualmente, una tontería y un negocio lucrativo.

Sin embargo había algunas cosas que no he mencionado: una cámara fotográfica Leica tan antigua o más que la pistola, una Minox de los años 60, un montón de fotografías de hierba aplastada y ramas rotas, que el suicida rompió en varios pedazos (antes de morir, claro) los restos de negativos fotográficos en un cenicero, fotografías viejas de un tipo muy parecido a él, con uniforme de las SS»¦ o algo así, de esos que usaban los nazis. Era obvio que el suicida vivió por lo menos las dos últimas semanas entre la suciedad y el descuido: platos sucios, latas de comida abiertas con el contenido a medio consumir y montones de papeles garabateados en alemán, y en otra lengua que aún no se ha descifrado.

En suma, un caos. El tipo debía tener problemas serios, la casa apestaba y las cañerías del baño estaban tapadas.

Encontramos en el patio tres perros doberman hambrientos y verdaderamente fieros. La policía tuvo que matar a uno de ellos, los otros dos se los llevaron, ignoro a dónde. Los perros tenían entre el pelo pedazos de hierbas y flores, curioso porque en el patio aquel no había flores»¦ lo más extraño fue el comentario de uno de los tipos del laboratorio acerca de las flores una especie que sólo se da en el sureste del país, nunca en el centro. Todo eso puede parecer raro y de hecho lo es, pero a mí una sola cosa me sigue inquietado:

La expresión de terror en la cara del suicida.

Este artículo fue publicado en Perspectivas Ufológicas, No. 3, septiembre 1994, Págs. 68-70.

Egresados de la escuela de Marla

En otro sitio comentamos que a nuestro parecer María del Socorro Pérez Farfán, mejor conocida como Marla, es la contactada más importante que ha tenido México

Las actividades de Marla salieron a la publicidad en 1968 en el programa de Manolo Fábregas. Ahí dijo que los extraterrestres llegaron a la Tierra hace cuarenta mil años y se establecieron en el continente de Lemuria. De ahí pasaron a la Atlántida y desde entonces se encuentran monitoreando todas las actividades humanas.

En los ochenta Marla tuvo que salir del país, unos dicen que acusada de intrusismo, otros que se fue a España a diseminar las enseñanzas de nuestros hermanos extraterrestres. Actualmente parece que vive en Guadalajara, México y es directora del Instituto Kardem de Medicina Integral en Jalisco.

Muchos de los delirios de Marla y sus pupilos provenían de los primeros contactados mexicanos de las décadas de los cincuenta y sesenta. Como por ejemplo la «gran pantalla» que mencionó Sergey en su viaje a la Luna y que él llamó «pantalla de cristales «U»» fue descrita por Armando Zubarán Remírez (Remírez) justo en 1968. Es más, el nombre del extraterrestre es prácticamente el mismo, «capitán Yum» en el caso de Zubarán, y «capitán Yumm» con Sergey.

Otros discípulos de Marla hicieron escuela en Sudamérica.

Adriana Turner, una cantante de ópera que asistía a los cursos de Marla, comenzó a contactar telepáticamente con los maestros del cosmos. Adriana es más conocida en Colombia, país en el que radicó por varios años. Su nombre de guerra era Karen y comenzó a formar grupos de contacto en aquel país sudamericano. Pronto llamó la atención de la prensa y le hicieron varios reportajes, como en El País (21 de diciembre de 1973).

Se dice que en una de sus conferencias estuvieron presentes varios «maestros venusinos». Karen decía que son «seres exactamente iguales a nosotros, que vienen de sus planetas y conviven con los humanos pasando en forma desapercibida».

Ramkar es su maestro guía: «De no haber sido por él me hubiera vuelto loca».

Lo que nos interesa de esta contactada es que, al parecer, fue la que enseñó a Enrique Castillo Rincón el arte de contactar con seres extraterrestres. Karen dice que en Colombia, antes de irse para Argentina, dejó tres nuevos contactos y 80 grupos trabajando. No menciona el nombre de aquellos tres contactos, pero es fácil ver que entre ellos seguramente se encontraba Castillo Rincón. El contactado la menciona entre los miembros de su grupo inicial de contacto, justo al lado de él: Richard Deeb, Paulina Deeb, Marjorie Hollman, María Teresa Paladino, Graciela Torres (Chela), Alfonso Blanco (Poncho), Cosme Mejía, Heberto Cediel, Rafael Contreras, Pedro Ávila, Gloria Ávila, Alba Ávila, Alcides Camelo, Víctor Rodríguez, Fernando Márquez, Jorge Eduardo Silva, Adriana Turner (Karen) y Enrique Castillo.

El contacto de Castillo se dio, según cuenta éste en su libro, el 3 de noviembre de 1973. Pero a diferencia de Karen, Castillo Rincón no contactó con marcianos ni venusinos sino con seres de las Pléyades.

Desconozco las andanzas de Karen en Argentina. No sé si mantuvo relaciones con los hermanos Jorge A. Duclout y Napy Duclout, aquellos primeros contactados argentinos que serían la fuente de inspiración de José Carlos Paz García, fundador del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias (IPRI) y padre de los famosos Sixto José Paz Wells y Carlos Paz Wells, pero sería interesante seguir esa línea de investigación y las posibles conexiones entre el grupo de los Duclout, el de Marla y Karen, el de Castillo y los Paz, para completar esta parte de la historia de la ufología y el contactismo latinoamericanos.

REFERENCIAS

Castillo Rincón Enrique, Ovnis, gran alborada humana: La historia verdadera de un contactado, Blue Dolphin Publishing, Nevada, 1995.

Duclout A. Jorge & Duclout Napy, Origen, estructura y destino de los platos voladores, América Técnica y Editorial Jorge A. Duclout, Buenos Aires, 1956.

Zubarán Remírez Armando, Mensaje de otros mundos vía naves del espacio, Editorial Orión, México, 1968.