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Cáncer y bicarbonato

CÁNCER Y BICARBONATO[1]

 

Mario Méndez Acosta

candidaUna tendencia muy común en la formación de las creencias y consejas populares, en el ámbito de la salud y la enfermedad, reside en concluir que existe una conspiración en la medicina científica para ocultar la existencia de remedios y explicaciones maravillosas sobre curas eficaces hasta para las más graves enfermedades.

Así, se afirmaba que, a principios del siglo XX, existía una o varias curas para la tuberculosis, pero la medicina institucionalizada u ortodoxa las ocultaba para ganar mucho dinero explotando a los pacientes, a pesar de que, supuestamente, bastaba un tratamiento naturista muy sencillo, aunque riguroso, para curar la tuberculosis.

Lo cierto es que todos los pacientes que los naturistas afirmaban haber curado, acababan muriendo al poco tiempo, de alguna enfermedad sólo curable mediante antibióticos.

Ahora ha resurgido una curiosa conseja en el sentido de que existe una explicación muy sencilla y una cura muy accesible para el cáncer de todo tipo. Se afirma así que el mal es resultado de la presencia del hongo infeccioso Candida albicans, el cual ocasiona un desequilibrio en los niveles de acidez en el organismo.

TullioSimonciniEsta afirmación hace caso omiso al hecho de que no existe un solo tipo de cáncer, sino muchas manifestaciones de este mal que se presenta por causas muy diversas. El promotor principal de esta idea es un médico italiano llamado Tullio Simoncini, quien llegó a la conclusión de que bastaba consumir dosis masivas de bicarbonato de sodio para evitar el cáncer, y que este hecho es ocultado por el «establecimiento médico»; es decir, el aparato administrativo y empresarial dedicado a la salud, para explotar a los enfermos en todos los sistemas públicos de salud. Por cierto, en México, este peligroso charlatán ha sido promovido por Jaime Maussán.

Simoncini se autocalifica como especialista en diabetes y enfermedades metabólicas, pero en 2003, su licencia para practicar medicina fue revocada por el gobierno italiano y, en 2006, las autoridades italianas lo condenaron por homicidio y fraude, lo que no le ha impedido seguir estafando a muchos pacientes tanto en su país como en Holanda.1

Simoncini administra el bicarbonato de sodio oralmente o inyectado con catéteres intraarteriales directamente al tumor mismo, tratamiento que, según afirma, reduce y elimina los tumores en la mitad de sus pacientes. Por supuesto, no ha ofrecido pruebas de ello y nunca ha publicado datos que respalden su dicho en ninguna revista médica.

En octubre de 2007 se levantaron cargos contra una clínica de medicina preventiva especializada en medicinas alternativas en la ciudad de Bilthoven, Holanda; la causa: Sylvia Trachsler, una paciente de 58 años de edad, con cáncer de mama, tratada en esa clínica, posteriormente, fue ingresada en el departamento de emergencias del Centro Médico de la Universidad Libre de Ámsterdam, donde falleció a los pocos días «“el 8 de octubre de ese año»“. El médico que ahí la trató se negó a firmar el certificado de defunción, por considerar que no murió a causa de la enfermedad, sino por causas no naturales.

SylviaTrachslerOcurre que Simoncini la había tratado en esa clínica médica alternativa con inyecciones e infusiones de bicarbonato de sodio; ante los resultados, por supuesto, la dirección de la clínica negó haber tenido algo que ver con eso, pero, gracias a dos reporteros tenaces del periódico holandés De Volkskrant, se logró descubrir qué había pasado. El Ministerio Público y la Inspección de Cuidado de la Salud de Holanda abrieron una investigación del caso,2 y concluyeron que la administración de bicarbonato de sodio a pacientes de cáncer es peligrosa.3


[1] Publicado originalmente como: Méndez Acosta Mario, Cáncer y bicarbonato, Ciencia y Desarrollo, Vol. , No. , México, mayo-junio 2012. Págs. .

Carta al príncipe

CARTA AL PRÍNCIPE[1]

Mario Méndez Acosta

En un discurso pronunciado el 17 de mayo del 2000, en la conferencia Relth, sobre el ambiente, el príncipe Carlos de Inglaterra, seguidor ferviente de la astrología, la homeopatía y otras disciplinas alternativas, y enemigo de la clonación y de los cultivos genéticamente modificados, se lanzó de manera frontal en contra de la ciencia moderna y señaló: «Â¡Fuera las manos científicos!, la manipulación de la naturaleza es una ofensa contra Dios y será castigada!» La reacción de la comunidad científica fue inmediata y, entre otros, el biólogo británico Richard Dawkins «“proponente, entre otras ideas, de la hipótesis del gen egoísta»“ le dirigió la respetuosa carta, siguiente, respondiendo a sus críticas.

Su alteza Real:

Su discurso en la Conferencia Reith me entristeció. Tengo gran simpatía por sus metas, y una admiración por su sinceridad. Pero su hostilidad contra la ciencia no va a servir a dichos objetivos y su respaldo a una serie de mal elegidas y mutuamente contradictorias opciones le hará perder el respeto que creo usted merece. Me olvido de quién fue el que señaló una vez: «Claro que debemos tener nuestra mente abierta, pero no tanto que dejemos que nuestros cerebros se nos derramen». Veamos algunas de las visiones filosóficas que usted parece preferir al razonamiento científico. Primero está la intención, «la sabiduría del corazón que murmura como una brisa a través de las hojas». Desdichadamente, todo depende de la intuición de qué persona elija usted. En los objetivos, aunque no en los medios, sus intuiciones y las mías coinciden, y comparto de corazón su objetivo de mantener una administración a largo plazo de nuestro planeta, con todo y su compleja y diversa biosfera. Pero, ¿qué hay de sabiduría incisiva del negro corazón de Saddam Hussein?, ¿cuál fue el precio del viento wagneriano que murmuraba a través del torcido follaje de la mente de Hitler? El descuartizador de Yorkshire oía voces religiosas en su cabeza, que le impulsaban a asesinar. ¿Cómo decidimos cuáles voces internas e intuitivas escuchar y cuáles no?

Dawkins señala a continuación que sólo el método científico permite tomar esa decisión y prosigue:

Por otro lado, Señor, creo que usted tiene una noción exagerada de la naturalidad y de la agricultura «tradicional» u «orgánica». La agricultura nunca ha sido natural. Nuestra especie empezó a alejarse del estilo de vida del cazador recolector hace apenas unos diez mil años, plazo muy breve para ser medido en la escala evolutiva. El trigo, aunque sea integral, no es un alimento natural para el Homo Sapiens. Y tampoco lo es la leche, excepto para los niños. Casi todos nuestros alimentos han sido genéticamente modificados, mediante la selección natural «“aunque no por mutación artificial»“, pero el resultado es el mismo. Un grano de trigo es una semilla de pasto modificada genéticamente, lo mismo que un perro pequinés es un lobo genéticamente modificado. ¿Jugar a ser Dios? ¡Hemos jugado a ser Dios durante siglos!

Las multitudes gigantescas y anónimas entre las que vivimos empezaron la revolución agrícola, y sin la agricultura sólo sobreviviría una pequeña fracción de la actual población humana. Nuestra elevada población es un artefacto agrícola (tecnológico y médico), y esto es más antinatural que los métodos de control natal que condena el Papa por ser antinaturales. Aunque no nos guste, estamos ligados íntimamente con la agricultura y la agricultura, toda la agricultura, es antinatural. Dimos ese paso hace diez mil años.

¿Significa lo anterior que no podemos elegir entre los diversos tipos de agricultura en lo que se refiere a mantener el bienestar del planeta? Claro que no significa eso. Hay sistemas mucho más dañinos que otros, pero no tiene sentido apelar a «lo natural» o al «instinto» para tomar decisiones. Hay que estudiar la evidencia, ponderada y razonada científicamente. El arrasamiento y la quema de selvas (que por coincidencia es el sistema agrícola más cercano a lo «tradicional») destruyen nuestros bosques más antiguos. El sobrepastoreo (también ampliamente practicado por culturas «tradicionales») erosiona el suelo y convierte las praderas fértiles en desiertos. Yéndonos a nuestra propia tribu moderna, el monocultivo, alimentado por fertilizantes en polvo y venenos contra plagas, es muy malo para el futuro, y el uso indiscriminado de antibióticos para hacer crecer y engordar al ganado es algo peor.

Dawkins señala que existen riesgos claros en la manipulación genética que no son tomados en cuenta por quienes se oponen a la misma, pero los peligros que señalan quienes están en contra de toda acción de este tipo no se han materializado, ni lo harán, ya que son manifestaciones de un profundo desconocimiento sobre lo que pretende la manipulación transgénica. No hará daño su consumo al ser humano, pero sí puede propiciar la aparición de cepas de plagas mucho más resistentes en el futuro.

Y el científico prosigue:

Pero aun si la agricultura pudiera ser natural y fuera posible establecer una relación instintiva con la naturaleza, ¿es en realidad la naturaleza un buen modelo a seguir? Esto hay que pensarlo con cuidado. Efectivamente en un sentido, los economistas están en equilibrio armónico, y algunas de sus especies se hacen mutuamente dependientes, y esta es una de las razones por las que resulta criminal la acción de las empresas depredadoras, que destruyen la selva lluviosa tropical.

La naturaleza no favorece la planeación a largo plazo, sino que propicia la ganancia a corto plazo. Los madereros, los balleneros y otros buscadores de ganancias rápidas, que derrochan el futuro en beneficio de la codicia actual, hacen sólo lo que las criaturas salvajes han hecho a lo largo de tres mil millones de años.

El cerebro del ser humano es el primer fruto de la evolución que puede ver a largo plazo y tomar provisiones; planear un camino que lo aleje de la extinción y lo lleve a nuevas alturas distantes. La planeación a largo plazo y la posibilidad de administrar del planeta son algo nuevo en el mismo, existen sólo en los cerebros de las persona El futuro es un nuevo invento en la evolución, que resulta algo precioso… y frágil. Debemos usar todo nuestro arsenal científico para protegerlo. Puede ser paradójico, pero si queremos sustentar al planeta en el futuro, lo primero que tenemos que hacer es dejar de pedirle consejos a la naturaleza, una gran especuladora darwiniana a corto plazo.

Claro que lo anterior suena deprimente, pero no hay ley alguna que diga que la verdad debe ser optimista, y de nada sirve matar al mensajero «“la ciencia»“. No tiene sentido preferir una visión alternativa del mundo sólo porque se considera más cómoda; de todas formas, la ciencia no es todo pesimismo, ni es un ente sabelotodo arrogante. Cualquier científico que merezca ese nombre se adherirá a la cita de Sócrates: «La sabiduría es la conciencia de que

uno no sabe».

Lo que me entristece. Señor, es lo mucho que usted se estaría perdiendo al darle la espalda a la ciencia. Yo he tratado de escribir sobre la maravilla poética de la ciencia pero ¿podría tomarme la libertad de recomendarle un libro de otro autor? Se llama El mundo y sus demonios escrito por el llorado Carl Sagan, y me permito llamarle la atención sobre su subtítulo: «La ciencia como una vela en la oscuridad».

El príncipe Carlos no ha respondido a la masiva de su leal súbdito, Richard Dawkins, biólogo evolucionista y profesor de la cátedra Charles Simonyl para el entendimiento de la ciencia en la Universidad de Oxford.

Referencias

El discurso del Príncipe se puede encontrar en esta dirección:

http://news.bbc.com.uk/hi/english/static/events/reith_2000/lecture6.stm

La carta de Dawkins puede encontrarse en la siguiente dirección:

http://digerati.edge.org/3rd_culture/prince/prince_index.html


[1] Publicado originalmente como Méndez Acosta Mario, Carta al príncipe, Ciencia y Desarrollo, Vol. XXVII, No. 158, México, Mayo/Junio 2001. Págs. 94-95.

Sherlok Holmes: detective de consulta

Pionero de la criminología

SHERLOK HOLMES: DETECTIVE DE CONSULTA[1]

Por Mauricio-José Schwarz

Sherlock Holmes, es de los poquísimos personajes literarios de los que se puede hablar sin acudir a su creador. Así, pues, dejemos la realidad a un lado y dediquemos otras páginas a Conan Doyle. Este es el mundo de la ficción, donde Sherlock Holmes vivió.

PRIMEROS AÑOS

William Sherlock Scott Holmes nació el viernes 6 de enero de 1854 en la granja de Mycroft, North Riding, Yorkshire, segundo de los hijos de la familia. Hay pocos datos de sus padres, pero el mismo Holmes nos dice que su abuela fue hermana del pintor francés Emile Jean Horace Vernet. Tuvo la influencia de su excéntrico hermano mayor, Mycroft, a quien le atribuía poderes de observación y deducción muy superiores a los propios. Mycroft prácticamente nunca salió de la casa paterna, en tanto que Sherlock alcanzó enorme popularidad gracias no sólo a sus habilidades, sino a su un tanto descuidado pero apasionado biógrafo. John H. Watson, al parecer oculto tras el seudónimo de un tal Arthur Conan Doyle.

Luego de una niñez tranquila en el campo, estudió en Oxford o Cambridge (algunos afirman que estuvo en ambas universidades) y entonces tuvo la primera oportunidad de aplicar en la práctica su pasatiempo de la observación y la deducción. En 1874, invitado a pasar unos días de vacaciones a casa de su condiscípulo Víctor Trevor, se vio involucrado en un problema que Watson relataría más tarde como «El Gloria Scott». Fue entonces que el padre de Víctor le indicó que su línea en la vida era ser detective.

Para 1877 estaba en Londres, ya como detective, viviendo en Montague Street, a la vuelta del Museo Británico. En sus horas libres estudiaba todas las ciencias que le pudieran ayudar en su profesión, lo cual fue frecuentemente confundido por sus condiscípulos con falta de sistema. Pero sus conocimientos diversos fueron requisitos sin los cuales jamás habría logrado la fama y el reconocimiento universales.

De sus dos primeros casos en la calle Montague no hay registro, pero sí de «El ritual de los Musgrave», el tercero, publicado años después por Watson. Fue, según el propio Holmes, su primer paso al reconocimiento que obtuvo después. Posteriormente, hubo casos como el de los asesinatos de Tarleton, el del mercadeo de vinos Vamberry, la aventura de la vieja mujer rusa, la muleta de aluminio y el de Ricoletti pata de palo y su abominable esposa. Desafortunadamente los detalles de estos casos se perdieron.

LLEGA WATSON

La extraña figura del doctor en medicina, John H. Watson, aparece en 1878, cuando se graduó de la Universidad de Londres. Poco se sabe de su pasado. El hecho es que se especializó en cirugía militar en Netley y fue asignado al 5° Regimiento de Fusileros de Northumberland, estacionado en la India, como cirujano asistente.

Sin embargo, debido al estallido de la guerra afgana su regimiento fue movilizado y Watson hubo de seguirlo desde Bombay hasta Candahar. Cambiando al regimiento de los Berskshires, fue herido en el hombro en la famosa batalla de Maiwand. La herida se complicó con una fiebre entérica durante su convalecencia en Peshawar y por ello fue enviado vuelta a Inglaterra con un permiso nueve meses. Nadie -menos el pro Watson- informa a qué se debió que jamás se reincorporara al ejército.

En enero de 1881 Holmes se encontraba trabajando en el hospital de Saint Bartholornew»™s, asombrando a sus conocidos. Por ejemplo, golpeaba cadáveres para ver si se podían causar moretones después de la muerte, trabajó con venenos y ácidos, buscó una forma de identificar sin lugar a dudas si una mancha es o no de sangre. Le comentó a su compañero de trabajo, el joven Stamford, su necesidad de habitaciones a precio razonable, ya que su profesión de detective aún no era muy rentable. Esa misma tarde, en el bar Criterion, Stamford halló a Watson, quien expresó el mismo deseo. Luego de prevenir al convaleciente médico sobre las excentricidades de Holmes, lo llevó a presentarlos, de modo que pudieran rentar habitaciones compartidas, vale la pena mencionar que en el momento de conocer a su futuro biógrafo, Holmes acababa de descubrir un agente químico que precipitaba sólo la hemoglobina, prueba fehaciente de la presencia de sangre en una muestra.

Los dos jóvenes (Holmes de 27 años y Watson de unos 26 pese a que se le suele imaginar mayor) congeniaron y se instalaron en el 221 B de la calle Baker. Esto, según Watson, quien quizá buscó ocultar el verdadero domicilio del Gran Sabueso, pues en esos años la calle Baker sólo llegaba al número 85.

Hasta el 4 de marzo Watson descubrió el oficio de Holmes y se vio involucrado en el caso que posteriormente llamó Un estudio en escarlata, primer intento de relatar las aventuras y peculiares métodos de quien llegaría a ser su inseparable compañero.

LAS AVENTURAS DEL SEÑOR HOLMES

En cuatro relatos largos novelados y 56 piezas breves. Watson se dedica a internarnos en la vida y la asombrosa mente de este padre de la criminología cuyo nombre hoy llevan aulas y laboratorios -como el de la mismísima Scotland Yard-. Su fascinante sistema incluía unos pocos elementos ordenados: observación de los hechos, apoyo en los conocimientos científicos, sentido común y una cierta dosis de teatralidad. Lo que parecía asombroso a ojos no entrenados era de una simpleza casi aburridora para Holmes, gracias a su sistema. Como él mismo solía decir: «Cuando se han desechado lo imposible, lo que quede, por improbable que parezca, es la verdad». Estaba convencido de que «toda la vida es una gran cadena cuya naturaleza se puede conocer siempre que se nos muestre uno solo de sus eslabones».

En 1891, todo parecía indicar que Holmes había muerto en las cataratas de Reichenbach, luchando contra su archienemigo, el zar del crimen inglés, profesor Moriarty. Pero, después de un retiro espiritual en el Tíbet, Holmes volvió en 1894. Su trabajo de ese año, constante y delicado, le hizo recibir la Legión de Honor de Francia, pese a que tiempo antes había rechazado ser nombrado caballero del reino.

Hacia principios de siglo se retiró a su granja, a cinco millas de Eastbourne, dedicado a la filosofía y a la apicultura, donde elaboró su extraordinario Manual práctico de apicultura, con algunas observaciones sobre la segregación de la reina. Afectado por el reumatismo, permaneció alejado y sólo hizo una última aparición en «Su última caravana», en 1914, resolviendo un caso de espionaje. Ya con 60 años a cuestas y, según Watson, adornado con una barba «de candado», mantenía sin embargo incólumes sus poderes de observación y deducción. Se supone que murió finalmente de muerte natural en 1930, tres años después de que Watson publicara su última colección de aventuras.

EL HOLMESIANISMO

Pero si Holmes murió, cosa que algunos expertos dudan, no así su recuerdo. Desde 1934 (el 5 de junio para ser precisos) existen organizaciones dedicadas «a mantener fresca la memoria del Maestro de los Detectives». Los «Irregulares de Baker Street», de Nueva York, que se formaron esa fecha en el restaurante Chris Cella y la Sociedad Sherlock Holmes de Londres, que empezó reuniéndose esa noche en el restaurante Canuto de Baker Street y actualmente sesiona en Simpson»™s in-the-strand, restaurante que Holmes visitó dos veces durante la aventura de «El cliente ilustre».

Según el libro Guinnes de Records Mundiales, 61 actores han interpretado a Holmes en 175 películas desde 1900. Hay más de 20 obras teatrales sobre él (incluyendo una comedia musical) y una enorme bibliografía. De setenta aventuras que Watson afirma haber pasado con Holmes, sólo registró sesenta, y con graves errores cronológicos y de diversas índoles, por ello existen tres intentos de cronología de las aventuras, un glosario, un manual, dos enciclopedias, dos iconografías y hasta una heráldica holmesianas, sin contar la biografía de Holmes por Williarn Baring-Gould y una biografía de Watson.

Las sesenta aventuras originales (pese a que un hijo de Conan Doyle intentó seguir la serie y hay innumerables pastiches, parodias e imitaciones) son conocidas por los holmesianos como «El canon», y se le sigue estudiando con toda seriedad, en busca de más secretos de la vida y obra del eterno Sherlock Holmes.


[1] Publicado originalmente en Revista de Revistas No. 3967, México, 7 de febrero de 1986. Págs. 32-33.

¡Nos cae encima el Skylab!

¡NOS CAE ENCIMA EL SKYLAB![1]

Por Mauricio-José Shwarz

skylabUna vez pasados los momentos da gloria de la conquista de la Luna, los norteamericanos se lanzaron de lleno a un nuevo proyecto: el del laboratorio espacial. Motivados en su amor propio por el avance de los soviéticos en el terreno de las estaciones orbitales, se apresuraron a poner en órbita el Skylab, una estación, que no ha tenido el éxito esperado.

LA PRIMERA TRIPULACION

El 14 de mayo de 1973 partió de Cabo Kennedy un cohete del tipo Saturno V, conduciendo un novedoso laboratorio espacial. El Skylab mide 40 metros de longitud, pesa unas 85 toneladas y su costo (aparte del lanzamiento) fue de 60 millones de dólares. Ya habiendo sido puesto en órbita, el Skylab desplegó sus dos enormes paneles solares, los que habrían de proporcionar energía a todos sus sistemas. Sin embargo, el panel izquierdo de la nave (vista desde arriba) se desprendió del cuerpo principal, accionando por esta razón, apenas a la mitad de su capacidad.

Once días después, el 25 de mayo, una tripulación formada por Charles Conrad, Joseph Kerwin y Paul Weitz, despegó en una cápsula tipo Apolo para reunirse con el Skylab. Los astronautas lograron llevar al cabo una serie de experimentos biomédicos y algunos análisis sobre los recursos naturales de nuestro planeta, pese aun a la falta de energía eléctrica. Esta primera tripulación efectuó su regreso a la Tierra el 22 de junio siguiente.

La pérdida del panel solar del Skylab fue apenas el principio de los muchos problemas que habrían de rodear la historia (aún inconclusa) de este magnífico laboratorio orbital.

LAS DOS TRIPULACIONES SUBSECUENTES

La segunda misión que se realizó en la estación la formaron los astronautas Allan Bean, Owen Garriott y Jack Lousma, quienes también fueron lanzados en una cápsula Apolo desde Cabo Kennedy, el 28 de julio de 1973. En su navegar de la Tierra hacia el laboratorio espacial, los tres tripulantes tuvieron serios problemas al empezar a sufrir fallas en los pequeños reactores que sirven para maniobrar la cápsula. Estos mini cohetes sirven para dirigir las naves espaciales, y sólo requieren de un empuje mínimo para corregir su curso, pues no están sujetos a los problemas atmosféricos de fricción.

Al hacer crisis el problema, Cabo Kennedy inició el urgente adiestramiento de otra misión a fin de rescatar a los tres hombres. Volvía a aparecer el fantasma de los «siete mártires del espacio» sobre Cabo Kennedy. Sin embargo, los problemas se solucionaron y los astronautas llegaron al Skylab. Una vez allí, colocaron nuevos paneles solares, aunque improvisados, para compensar la pérdida de energía, y cambiaron los giróscopos de la nave. Quizá fue este cambio de giróscopos (realizado casi de emergencia, los cuales distan mucho de ser ideales desde el punto de vista de ingeniería de precisión, los que han planteado la amenaza del Skylab.

Esta segunda tripulación retornó a la tierra el 25 de septiembre y reportó que el laboratorio del cielo estaba en condiciones de albergar una nueva tripulación. Esta tercera misión estuvo integrada por Gerald P. Carr, Edward G. Gibson y William R. Pague y partió el 16 de noviembre de 1973 para volver el 8 de febrero de 1974, en lo que fue, en aquella época, todo un record de permanencia en el espacio. Los astronautas en esta ocasión, dirigieron sus esfuerzos al espacio exterior, analizando el origen del universo.

Al partir ellos, el Skylab ha que- dado abandonado, y según parece para siempre.

¡SE CAE! ¡SE CAE!

En 1978 se volvió a hablar del Skylab.

Pero las noticias ahora no eran tan atractivas como aquélla en que se informaba que la araña que se había llevado al laboratorio se encontraba perfectamente adaptada a la falta de peso y construía su tela con regocijo.

Las noticias eran que el Skylab estaba cayéndose.

Desde que fue abandonado en 1974, el gigantesco aparato había perdido 25 kilómetros de altura, y cualquiera que pudiese sumar dos y dos con eficiencia podía darse cuenta de que tarde o temprano se vendría abajo.

Después se supo lo que ello significaría. Diariamente entran a la atmósfera terrestre satélites antiguos y diversas formas de chatarra espacial. Sin embargo, al reingresar tienden a desintegrarse casi completamente debido a sus características de peso, densidad, etcétera, aunque de cuando en cuando ciertos fragmentos llegan a suelo firme. La mayoría de estos satélites pueden ser maniobrados de tal suerte que caigan en el mar o en zonas despobladas. Pero esto no ocurrirá con el Skylab.

En noviembre de 1978 se realizó un último esfuerzo por maniobrar el gigantesco laboratorio a una órbita segura. El día 25 en la mañana, el centro espacial Johnson, de Houston, Texas, envió la señal… y fracasó.

EL SPACE SHUTTLE, ESPERANZA FALLIDA

Los primeros cálculos realizados por la NASA indicaban que el Skylab reingresaría a la atmósfera terrestre hacia fines de 1979 o principios de 1980. La esperanza recayó en el famoso «taxi espacial» o space shuttle, la nave reutilizable que recientemente han desarrollado los laboratorios Rockwell para la NASA. Calculándose que la primera de estas naves, el Enterprise (llamado así en honor a la nave de la serie de TV Viaje a las estrellas) podría realizar su primer viaje espacial en septiembre de este año, se propuso que su primera misión fuese reunirse con el Skylab y fijar le un pequeño cohete que lo llevase de nuevo a una orbita segura.

Pero la esperanza pronto murió. El Enterprise, siendo en realidad la primera verdadera nave espacial jamás creada, ha tropezado con inevitables contratiempos y dificultades menores que han pospuesto definitivamente su primer vuelo orbital hasta principios de 1980.

Entretanto, el Skylab sigue cayendo. Un cable procedente de Washington informó al mundo que el 15 de diciembre, el presidente de los Estados Unidos, James Carter, había tomado la decisión de abandonar todo intento de rescate.

«NO PASA NADA, DEJENLO CAER»

La decisión dejó estupefactos a quienes se enteraron de las brevísimas notas que los diarios dedicaron a la mortal noticia. La decisión presidencial fue mantenida en secreto durante cuatro días y se justificó con la simple afirmación de que hay muy pocas probabilidades de mantener al Skylab en órbita. Para ese momento, el enorme laboratorio estaba en órbita a una altura de 370 kilómetros.

Los técnicos de la NASA se apresuraron a afirmar que las probabilidades de que los restos del aparato dañaran vidas o propiedades eran mínimas. Los escandalosos, que nunca faltan, afirmaron que la caída de un aparato de 85 toneladas causaría un daño mayor que el de la explosión de Tunguska. Ambos exageraban. La mayor parte del Skylab sí se desintegrará en las capas superiores de la atmósfera, limitándose a brindar un espectáculo visual extraordinario. Pero los propios científicos de la NASA tuvieron que admitir que unos 400 o 500 fragmentos del Skylab, con un peso total de 20 a 25 toneladas, llegarán a tierra. Entre ellas, habrá dos piezas con un peso de… ¡dos toneladas cada una!

Estas 25 toneladas de basura cósmica podrían caer en cualquier parte de Estados Unidos hasta Sudamérica, Europa, África, Australia, Nueva Zelanda o, con suerte, en algún océano de los comprendidos entre los 50 grados de latitud norte y sur. La «huella» del Skylab sería una faja de unos 150 kilómetros de ancho y 6,500 kilómetros de largo. Si esto no es una catástrofe, no sabemos qué lo sea.

Discretamente, entretanto, la NASA ofreció suministrar ayuda médica y de cualquier otra naturaleza en caso de que se necesite aunque insiste en que no hará falta.

LEGISLACION Y ACUERDOS SOBRE EL ESPACIO ORGULLO Y PREJUICIO

Apenas dos años antes de que Neil Armstrong pisara la Luna, se aprobó en la ONU un acuerdo a través del cual se determinaba que el espacio exterior no podía ser reclamado por ningún país, y que todo lo que en él se hiciera sería considerado como una realización en nombre de la Humanidad, independientemente del país que lo hubiese logrado. Este acuerdo impidió, de algún modo, que Estados Unidos o la Unión Soviética reclamaran para sí nuestro satélite.

Esta internacionalización del espacio debe ser un hecho y no quedar exclusivamente en el papel.

Dentro del concierto de grillos que se inició a raíz del problema del Skylab, la única solución coherente fue rechazada sin siquiera plantearla claramente. El único que ha hablado a favor de esta solución lo ha sido el escritor de ciencia ficción Ben Bova, autor de libros especializados, precisamente sobre la legislación del espacio exterior.

En un artículo que sin duda ha sido una bomba, Ben Bova afirmó que la única solución es… pedir ayuda a los soviéticos. Bajo .el título de Orgullo y prejuicio en el espacio. Bova afirmó en la revista Omni que los adelantos logrados por los soviéticos en el terreno de las operaciones orbitales, con sus numerosos laboratorios Salyut, los capacitan para acercarse al Skylab y ponerle el cohete que salvaría a la Tierra de la posible destrucción de muchos bienes y vidas. Quizá nadie más pueda hacer nada.

Extraña posición ésta para un norteamericano, pero única solución posible y racional. Bova dice, simplemente: «dejamos nuestros prejuicios y pedimos ayuda a los rusos… o empezamos a cavar refugios».

LOS QU E ESTAMOS BAJO LA AMENAZA HEMOS DE TOMAR LA PALABRA

Quienes estamos en la zona de peligro de la «bomba Skylab» no intervenimos directamente en el conflicto EU-URSS. En última instancia no debe importarnos si los prejuicios o la guerra fría se han intensificado o han disminuido, Sobre nuestras cabezas pende la amenaza de 25 toneladas de basura que pueden golpearnos… y hacerlo fuertemente. Si en realidad el espacio es para beneficio de toda la humanidad, también toda ella debe preocuparse por los peligros que de él se desprendan. Necesitamos hacer saber a las potencias interesadas que no es posible pedirnos que nos sentemos tranquilamente a esperar, en una gigantesca ruleta rusa, a ver si no nos pega un «giróscopo» perdido o una «palanca» viajando a trescientos kilómetros por hora.

Si la única esperanza para evitar la tragedia lo es la tecnología rusa, nosotros, las potenciales víctimas, debemos hacernos oír y pedir a norteamericanos y soviéticos que enfrenten el reto con una verdadera conciencia de colaboración en bien de la humanidad.

Incluso es imposible predecir lo que puede ocurrir después de la caída del Skylab, sobre todo si hay muertes. Si este aparato llega a caer, los culpables seremos todos. Y los prejuicios habrán ganado otra batalla contra la humanidad.


[1] Publicado originalmente en Contactos Extraterrestres No. 57, México, 7 de marzo de 1979. Págs. 18-20 y 46.

También se premia la imaginación

TAMBIEN SE PREMIA LA IMAGINACION[1]

Por Mauricio-José Schwarz

Editores y autores de ciencia ficción celebran cada año una rumbosa fiesta en la que los fanáticos del género tienen la oportunidad de codearse con los más famosos escritores de novelas, cuentos y guiones de cine de los Estados Unidos y de otras partes del mundo.

Iguanacon36Este año y en el mismo ambiente, se celebró la 36a. entrega de los premios «Hugo» (el equivalente en ciencia ficción a un Oscar del cine), en la ciudad de Phoenix, Arizona, y CONTACTOS estuvo ahí.

El 30 de agosto de este año, Phoenix, pequeña ciudad situada en medio del desierto de Arizona, despertó para enfrentarse con un extraño y aterrador espectáculo. Más de cinco mil seres invadían sus otrora silenciosas calles, arribando como atraídos por una fuerza irresistible. Entre ellos, docenas de extraterrestres de muy variados colores, un extenso surtido de héroes espaciales (incluidos algunos tripulantes de la famosa nave «Enterprise» cuyo comandante será James Kirk algún día), y varios individuos venidos del futuro quizá a través de complicadas máquinas del tiempo, a más de muchos hombres y mujeres de todas las edades y colores que, aparentemente, eran iguales a cualquier otro ser humano.

La diferencia entre los habitantes de Phoenix y sus ruidosos invasores la constituyó un solo detalle: éstos eran, todos, amantes de la ciencia ficción. Y el motivo de la invasión lo fue la 36a. Convención Mundial de Ciencia Ficción, en esta ocasión bautizada como «Iguanacon» (la convención de la Iguana), por alguna razón que jamás logré desentrañar.

HISTORIA DE LAS CONVENCIONES

La primera convención mundial de ciencia ficción se llevó a cabo en Nueva York, en 1939, con una asistencia de menos de 200 personas. Sin embargo, su éxito llevó a varios entusiastas aficionados, autores y editores a seguir adelante. La convención se empezó a llevar a cabo anualmente, aunque con las lógicas interrupciones a causa de la Segunda Guerra. Uno de los puntos sobresalientes de aquélla primera convención lo fue la presentación de la película Metrópolis, genial obra de Fritz Lang considerada pionera del cine de ciencia ficción, el cual años después nos daría 2001 y Naranja Mecánica; también alguien se lanzó muy pronto a formar la Sociedad Mundial de Ciencia Ficción, de la cual es socio todo aquél que sea miembro de la Convención que se esté preparando en el momento.

Así, las convenciones empezaron a crecer. Una marca, al parecer insuperable, se alcanzó en 1974, cuando asistieron 4,435 personas a la Convención de Washington, «Discon 2». Pronto habríamos de descubrir que esa marca se rompió precisamente en «Iguanacon».

EL PREMIO «HUGO»

HugoGernsbackOtra de las actividades importantes en las convenciones lo es el asistir al despegue de un número indeterminado de plateados cohetes interestelares. Se trata de los premios «Hugo», instituidos en 1953 y que, con excepción de 1954, se han venido entregando en todas las convenciones. El nombre del trofeo es un merecido homenaje a Hugo Gernsback, el hombre que fundó la primera revista literaria de ciencia ficción, Amazing, en 1926. Todos los miembros de la Sociedad Mundial tienen derecho a votar por correo unos tres meses antes de la convención y las categorías actuales incluyen: mejor cuento corto, mejor novela, mejor dibujante, mejor presentación dramática, etc. Este año se votaron en total 10 categorías diferentes.

UNA FIESTA DE LA FANTASIA

Y así las convenciones llegaron a la edad adulta. Si bien se llevan a cabo generalmente en Estados Unidos, ya han salido del país seis veces. Ha habido dos en Canadá, dos en Londres, una en Heidelberg, Alemania, y una en Austria. Durante las convenciones hay innumerables mesas redondas, seminarios; conferencias y diálogos; películas prácticamente veinticuatro horas diarias, conciertos de rock, exposición de artes plásticas, un salón que nos recuerda a la Lagunilla y en el cual se puede conseguir desde un libro usado en 30 centavos de dólar hasta un original de Frank Kelly Freas en 2,000 dólares. (¿No conocen a Kelly Freas? Entonces de seguro nunca miran las firmas en discos y libros. Ha ilustrado prácticamente de todo.) También hay una mascarada, la entrega de los «Hugos» y un banquete.

IGUANACON

Desde hace aproximadamente un año decidí asistir a «Iguanacon», desde entonces la pregunta que con más frecuencia he escuchado es: «¿A qué vas?». Ahora ha cambiado un poco por: «¿A qué fuiste?»

En realidad, no tengo respuesta para quienes creen que la ciencia ficción aún tiene algo que ver con los monitos del periódico dominical o con recientes películas de aventuras que son muy bonitos cuentos de hadas… nada más. Tampoco puedo responder a quien consideré que la ciencia ficción es literatura de evasión o bien, producción literaria de baja calidad. Para los demás, debo decir que el sólo hecho de poder conseguir libros que nunca llegaron a México, ver films despreciados en nuestro país (no sólo de ciencia ficción, está el caso de El fantasma del paraíso, comedia musical de rock), hablar con los autores y escucharlos opinar sobre el mundo real, es suficiente motivo para ir al desierto en verano.

Hugo1968«Iquanacon» duró del 30 de agosto al 4 de septiembre. Durante esos seis días, todos los asistentes vivimos la ciencia ficción, cada quien a su manera. Los hubo como un héroe de la resistencia térmica que se pasó dos días dando vueltas por el hotel disfrazado como Darth Vader (el archivillano de La Guerra. de las Galaxias). Otros, verdaderos animales nocturnos, se reunían a las doce de la noche en el «lobby» a cantar baladas… de ciencia ficción. Esas sesiones de canto tendían a durar hasta las nueve de la mañana.

INVITADOS DE HONOR Y… CIENCIA FICCION MEXICANA

Cada convención tiene su invitado de honor, y en «Iguanacon» lo fue Harlan Ellison. Si el nombre no les suena como escritor de ciencia ficción, tal vez recuerden su nombre como autor de algún libreto de la famosa serie Viaje a las Estrellas (Star Trek).

Entre los autores existe un gran interés por todo lo relacionado con México, en especial, claro, la situación de la ciencia ficción. Nos asombró el comprobar que muchos de ellos saben hablar muy buen español. La sección de ciencia ficción de Contactos Extraterrestres fue objeto de un caluroso aplauso por parte de escritores, entre los que destaca Gordon R. Dickson, cuya obra, Al estilo extraterrestre, reseñamos en nuestro número 41.

Entre todas las sorpresas, la más interesante fue el descubrimiento de una colonia de escritores de ciencia ficción en San Miguel de Allende (sí, en Guanajuato), donde temporal o permanentemente residen varios autores, entre ellos el ocasionalmente traducido al español Mack Reynolds.

FrederikPohlUno de los datos más curiosos es que ni Ray Bradbury ni Isaac Asimov, quizá los dos autores más populares, asistieron a la convención debido a que… ¡ambos odian volar! Así, su desagrado por los aviones se suma a la gran distancia que separa a Nueva York de Phoenix, y no fueron. Pero de los nombres más conocidos en nuestro país, estuvieron: Jack Williamson (La legión del espacio), Robert Silverberg (Alas nocturnas y El hombre en el laberinto), Frederik Pohl (Los mercaderes del espacio) y Norman Spinrad (Incordie a Jack Barron).

 

LOS GANADORES

Los «Hugos» más importantes fueron para: mejor novela, Gateway de Frederik Pohl; mejor «novella» (novela corta de extensión intermedia entre la novela y la noveleta). Stardance, de los canadienses Spider y Jeannie Robinson; mejor noveleta, Eyes of amber, de Joan D. Vinge y mejor cuento corto, Jefty is five, de Harlan Ellison. Como es tristemente obvio, ninguna de estas obras ha sido aún traducida al español, puesto que todas fueron publicadas durante 1977. De hecho, la más reciente novela ganadora de un Hugo que se ha traducido a nuestro idioma es Cita con Rama, de Arthur C. Clarke (autor de 2001: odisea del espacio) y que fue publicada en 1974.

Durante «Iguanacon» también se votó la sede para la convención de 1980, ganando la ciudad de Boston. Para 1981 ya se ha propuesto como sede Denver y Seattle; para 1982, Nueva Orleans; para 1983, Melbourne, Australia, y para 1984, Londres. (Lo cual me soluciona mis vacaciones durante varios años.)

LO QUE NOS PREPARA EL CINE

Durante «Iquanacon» también pudimos enterarnos que cada una de las compañías cinematográficas más importantes prepara cuando menos una cinta de ciencia ficción.

Ojalá y pronto podamos tener en México las cintas más próximas a estrenarse: Meteor (Meteoro), Aliens (Extraterrestres) y The Body Snatchers (Los Asaltantes de Cuerpos).

 

GatewayY ahora que me doy cuenta, en la lista de las futuras convenciones falta 1979. En 1979, la 37a. Convención Mundial de Ciencia Ficción, bautizada «Seacon», se llevará a cabo en Brighton, Inglaterra, del 23 al 27 de agosto. Los invitados de Honor serán Brian Aldiss (La estrella imposible) y Fritz Leiber (Un fantasma recorre Texas). Sin tratar de hacer un comercial, puesto que el comité organizador es una asociación que no percibe dividendos (vaya, ni sueldo), sino tratando que los aficionados mexicanos interesados puedan acercarse a la ciencia ficción, damos la dirección al final de este artículo. Existen, por cierto, dos tipos de membresía: de apoyo y asistente. Los miembros de apoyo tienen los mismos derechos que los asistentes, pero a mitad de precio (incluyendo voto de los «Hugos» y la recepción de los reportes).

Interesados dirigirse a: Seacon «˜79, 14 Henrietta Street, London WC2E 8QJ, England.

Phoenix, Arizona septiembre de 1978.


[1] Publicado originalmente en Contactos Extraterrestres No. 47, México 16 de octubre de 1978. Págs. 42-45 y 49.