Los ovnis boludos (y 2)

BOMBARDEADOS POR LAS ESFERAS

El 17 de agosto de 1967 se encontró un objeto cúbico, a 90 kilómetros de Kutum, Sudan. El cubo pesaba unas tres toneladas. No tenía marcas de identificación. Difícilmente se cortaron algunos trozos de muestra. Se tomaron fotografías. (Caso 54)

Una esfera parecida a la de Xochilapa cayó en Arabia Saudita en septiembre de 1967. También era de 24 pulgadas de diámetro. (Caso 55)

El objeto que se menciona en el informe Condon, encontrado en una granja de Arkansas el 3 de noviembre de 1967 y que resultó ser una esfera fabricada por la Universal Metal Spinning Company de Alburquerque, Nuevo Mexico, por el Physical Science Laboratory de la New Mexico State University en Las Cruces. (Caso 56)

En Colombia, el 22 de febrero de 1968, después de tres fuertes explosiones, se encontró un fragmento de metal de 39 pulgadas por 118 de largo y de unos 57.5 kilogramos de peso, muy cerca del poblado de Orocue. Se mencionó otro objeto en forma de disco. Los restos fueron enviados a Bogota. El agregado militar de los Estados Unidos los identificó como parte de un satélite americano[1]. (Caso 57 y 58)

Una punta cónica o triangular, de 0.3 por 1.2 metros, pesando 10 a 15 kilogramos; un disco de metal de 10 a 12 centímetros de diámetro; una pieza oval; y otro objeto del que no se dio mayor información sobre su forma, cayeron en Gandaki, Nepal el 25 de marzo de 1968. La Embajada Americana en Katmandú, en un mensaje secreto fechado el 23 de julio, alertó al 1127th USAF Field Activities Group, para que recuperaran los objetos. Se les relaciona con el Project Moon Dust. (Casos 59 a 62)

Otra más, de características similares a la de Arkansas, cayó en Mudgee, Australia, en abril de 1968. De treinta kilos de peso y 24 pulgadas de diámetro. (Caso 63)

Un caso Colombiano, ocurrido el 29 de agosto de 1968. La esfera, que fue encontrada al Este de Colombia, en Villavicencio, medía 28 pulgadas de diámetro y tenía 20 kilos de peso. Tenía vestigios de antenas. Fue trasladada a Bogotá[2]. (Caso 64)

Alaska tuvo su encuentro en septiembre de 1968. El objeto se encontró cerca del pueblo de Nome. Esta vez la esfera medía 38 centímetros y pesaba 14.5 kilogramos. (Caso 65)

En ese mismo mes, el 21 de septiembre de 1968, según un cable de la agencia UP, publicado por el diario La Razón[3], una pequeña esfera metálica con cuatro antenas había caído en Venezuela. Medía tan solo 9 centímetros de diámetro y se aseveró que tenía letras del alfabeto cirílico (ruso) grabadas en su superficie. Este aparato era muy similar al recogido en Irlanda tan sólo unos días después. (Caso 66)

El 2 de octubre de 1968 cayó en Irlanda una esfera incandescente provista de cuatro varillas metálicas. El Ejército Irlandés recogió el objeto y declaró que se trataba de parte de un satélite artificial. (Caso 67)

También en el hemisferio Norte, pero esta vez en Conway, Arkansas, Estados Unidos, el 21 de enero de 1969 cayó una esfera que fue encontrada por el señor Richard Cummings. El objeto pesaba unos 15 kilogramos. (Caso 68)

En junio de 1969 cayeron algunas piezas de otra nave espacial sobre un carguero japonés. El buque se encontraba en el Pacífico, muy cerca de las costas de la Unión Soviética. Se habla de otra esfera que cayó en julio de 1969, sobre una nave alemana que cruzaba el Atlántico, y que se supone que eran fragmentos de la primera etapa de un Saturno, usado para lanzar el Apollo II. (Caso 69 y 70)

También en el Norte, el 11 de septiembre de 1969, Henning Höglund, Erik Hemmingsson y otros leñadores de Stugun, cerca del pueblo de Ostersound, en el condado de Jämtland, Suecia, encontraron otra esfera. Esta era de 38 cm de diámetro y 13.8 kilogramos de peso. (Caso 71)

La esfera había hecho un hoyo al caer. El hueco estaba lleno de agua. Fue llevada a la policía y de ahí turnada a los militares. Mostraba evidentes signos de haber estado sometida a las altas temperaturas, estaba chamuscada y, en algunas partes, se veía ligeramente azul.

La prensa publicó una entrevista con el doctor Tage O. Eriksson, quien dijo:

“No hay duda que se trata de un producto soviético. La “bola espacial” estaba llena de gases que probablemente estabilizarían el satélite o las cámaras”.

Encontré dos casos más en 1969, pero desconozco la fecha exacta. Estos casos son:

El trozo analizado por la ufóloga brasileña Irene Granchi. Se dice que fue metido dentro de un horno y que no se fundió (no se especifica la temperatura alcanzada). Si fue un horno casero no es extraño este resultado; si fue en una mufla, la cosa ya es diferente. (Caso 72)

El globo metálico descubierto en Reeding, en los Estados Unidos. El análisis del mismo arrojó los siguientes resultados: cobre 76,6%, estaño 18,4% y vestigios de plata, cromo, silicio y hierro. (Caso 73)

En el pueblo de Marie Galante, en la Martinica, en diciembre de 1969 cayó un cilindro de 39 pulgadas de diámetro. (Caso 74)

Para cerrar la década, veamos

ALGUNOS CASOS MEXICANOS

El siguiente caso ocurrió ese mismo año, sólo que en el estado de Chiapas. Fue el ufólogo Luis Andrés Jaspersen quien dio la noticia en el número 7 de la revista Insólito. Según él, el 14 de agosto de 1969, a las 19:00, se escuchó una fuerte explosión en la ciudad de Comitán, al mismo tiempo que se veía un objeto pequeñito, resplandeciente, que cayó del cielo envuelto en llamas y dejando un cráter de tierra quemada de cuatro metros de diámetro.

El lugar del impacto fue a unos 60 kilómetros al Noroeste de Comitán, en unos terrenos ejidales. Los dueños del predio observaron una pequeña esfera que emitía una especie de humo a través de una tobera, y un agudo siseo. Parecía que iba a explotar. Creyendo que era una bomba avisaron a las autoridades locales. Se envió un destacamento militar y se acordonó la zona. Los soldados de inmediato se dieron cuenta que no era ningún artefacto explosivo y trataron de abrir la esfera utilizando martillos y destornilladores. Como estas herramientas eran muy precarias se decidió trasladarlo al cuartel militar en Comitán, para que de ahí fuese enviada a la ciudad de México para su estudio. El objeto no tenía ninguna identificación.

Según Jaspersen, los funcionarios de la NASA y la USAF se interesaron en el asunto. Andreas Kusulas, de la Comisión de Energía Nuclear Mexicana[4] decidió enviar la esfera a los Estados Unidos en calidad de préstamo. Al parecer Jorge Reicher Brower, uno de los fundadores del CIFEEEAC (Centro de Investigación de los Fenómenos Extraterrestres, Espaciales y Extraordinarios Asociación Civil) obtuvo una muestra del propio Kusulas, misma que luego entregaría a Jaspersen. (Caso 75)

Pedro Murguía Mora escribió en la revista argentina Akasha que algo “parecido a un platillo volador se estrelló en las montañas aledañas a Parral, Chihuahua. Pero de esto sólo se cuenta como única evidencia el relato de los testigos”. Murguía tal vez se refiera al suceso que, supuestamente ocurrió el mismo día a miles de kilómetros de Comitán, en la famosa Zona del Silencio. A 70 kilómetros de Ceballos, Durango, cayó otra esfera estrellándose contra una piedra y haciendo una abolladura de 20 centímetros de diámetro en la cara opuesta de la tobera. El objeto, que pesaba unos 25 kilogramos, también fue enviado a la ciudad de México. Jaspersen cuenta que:

“… mandé analizar el fragmento por mi cuenta, utilizando un espectrógrafo de absorción atómica[5].

“En ese análisis me ayudaron dos buenos amigos. Ambos catedráticos en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, (en físico-química)…

“A esos desinteresados científicos les envío desde aquí mi más profundo agradecimiento y estima, lamentando no poder citar sus nombres[6].

“Estos análisis determinaron que los mini-OVNIs estaban constituidos de Vanadio al 92%, Titanio al 6% y Aluminio al 2% (cuantitativamente), mientras que cualitativamente resultaron 100% puros todos los componentes[7]”.

Si en su primer artículo sobre el tema Jaspersen no da el nombre de sus “científicos”, trece años después menciona a un tal Dr. Gustavo del Castillo, pero de la Universidad de Arizona[8]. En este nuevo artículo vuelve a mencionar los porcentajes del análisis químico, quedando esta vez con Vanadio y Titanio (92% y 6% respectivamente), pero no menciona el Aluminio y sí el Silicio (1%)[9]. Termina diciendo lo siguiente:

“Hubo un uno por ciento que se gasificó y no pudo ser identificado[10]”.

En el nuevo artículo de Jaspersen, que aparece en un número de la revista Contacto OVNI, junto con la primera versión de este artículo, vuelve a mencionar al Dr. Castillo, del que da su segundo apellido, Gama, pero ahora perteneciente al laboratorio Química del Potosí[11]. En esta ocasión el análisis es de:

“Vanadio 100% puro al 92% de abundancia; Titanio 100% al 6% de abundancia; y sílice 100% puro al 1% de abundancia. Hubo un 1% que se gasificó rápidamente y que el aparato no pudo identificar[12]”.

Jaspersen nos informa, además, que en el interior de la esfera había una malla, “que resultó ser Silex 100% puro al 100% de abundancia[13].

LOS ANÁLISIS

En 1992, en uno de los programas de Nino Canun (¿Y usted qué opina?), Jaspersen me proporcionó una muestra de este material para su análisis. En esa ocasión dijo que se trataba de Titanio puro, “un metal sumamente duro”[14].

Los análisis que mandé hacer a tres diferentes lugares (la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma Metropolitana y Altzairu), demuestran que se trata de una aleación de aluminio[15].

Desafortunadamente yo no tengo la dirección de Jaspersen por lo que no le pude comunicar los resultados.

La muestra fue enviada, repito, a tres organismos independientes y con analistas que están interesados en los OVNIs, es decir, que no son escépticos. Se les dijo que eran probables restos de OVNIs, pero nada más. Sus resultados coinciden en que se trata de una aleación de aluminio. Entre los elementos aleantes se encontró Zinc con 5.6%; Magnesio, 2.5%; Cobre, 1.6%; y Cromo 0.3%. El resto es aluminio, Hierro y Silicio. Su resistencia a la compresión fue de 72,000 libras por pulgada cuadrada; a la tensión, 83,000 libras por pulgada cuadrada. Pose una dureza Brinell de 150, y una gravedad específica de 2.8. Se funde a los 637°C.

La pequeña muestra que me dio Jaspersen era de extremada dureza y no presentaba signos de corrosión. El aluminio y el titanio presentan esta última característica. Pero es el titanio el que tiene una mayor dureza. Los resultados de los análisis fueron una gran sorpresa para mí. Yo pensé que íbamos a encontrar una aleación de titanio, pero no era así. Dudo mucho que una esfera de un depósito de combustible para cohetes se fabrique de una aleación de aluminio, pero los resultados son los resultados[16].

En las microfotografías se observa una estructura de la fase alfa de aluminio-hierro-silicio. Probablemente se trate de una aleación conocida como 7075. (Caso 76)

EN LA ZONA DEL SILENCIO

Según el ufólogo argentino Héctor Anganuzzi, en Carlos Casares, Buenos Aires y en Santa Fe, se encontró un aparato compuesto por una batería y equipo de transmisores, y “válvulas y cables o circuitos eléctricos”, a principios de 1970. Fue examinado por el ingeniero electrónico Otto de la Sota y el técnico electricista Ricardo Bonnet. En los dos sitios los objetos tenían una forma similar. (Casos 77 y 78)

El 7 de febrero de 1970 en Piamonte, Santa Fe, República Argentina, Aeronáutica Militar recogió dos cuerpos pequeños, metálicos, de sólo 30 cm. y una especie de válvula y cable. No se si este caso sea el mismo que se dice ocurrió en Piamonte, Italia, en 1979. (Casos 79 a 81). Ver más adelante. (Caso 107)

Venezuela inicia la década con un caso ocurrido en mayo. El 2 de mayo de 1970 se descubrió otro objeto “extraño”, según los testigos. Algunos suponen que se trataba de un globo de experimentación[17]. (Caso 82)

También en ese año, Colombia presenta un caso ocurrido en junio de 1970. Se encontró en su territorio una esfera de metal de 36 pulgadas de diámetro. (Caso 83)

Un mes después (julio de 1970), se halló una esfera cerca de Lai, en el Chad. El 1 de agosto de 1970 el Ministro del Interior del Chad se comunicó con la Embajada de los Estados Unidos para informar que después de tres explosiones y un incendio que duró unos cinco días, se había recuperado una esfera de metal de 18 pulgadas de diámetro y 20 a 25 libras de peso. (Caso 84)

Luego de estos acontecimientos ocurriría un suceso que dio mucho que hablar a los ufólogos mexicanos y españoles.

A las 03:15 de la madrugada del día sábado 11 de julio de 1970, fue disparado desde Green River, Utah, Estados Unidos, un cohete de investigación espacial del tipo Athena. Una hora después de su lanzamiento, los científicos que estaban vigilando su trayectoria le perdieron el rastro. El cohete estaba programado para caer una hora más tarde en la Base de la Fuerza Aérea de White Sands, Nuevo México. Sin embargo no fue así, El cohete jamás llegó. Se había perdido contacto con él y parecía imposible localizarlo. Los científicos, después de haber hecho numerosas operaciones y estudios, calcularon y llegaron a la conclusión de que el aparato debía haber sufrido una alteración en su curso y por lo mismo debería haber caído en las cercanías de Ceballos, en la Zona del Silencio, en territorio mexicano. Era vital encontrar el aparato pues en su interior, en específico en el cono, había una cápsula de cobalto 57 altamente radiactivo, que proporcionaba energía a las pequeñas computadoras y al resto de los instrumentos técnicos.

No sólo falló el sistema que controlaba su rumbo (el giroscopio), sino que, además, los paracaídas no se abrieron, lo cual era lo normal en estos primeros intentos y experiencias de la NASA.

Era necesario pedir permiso al gobierno de México para internarse y buscar el cohete con avionetas y helicópteros. A las 5 de la mañana del día siguiente (12 de julio), la Secretaría de la Defensa Nacional, en el Distrito Federal, recibió una llamada telefónica desde los Estados Unidos.

El Gobierno mexicano aceptó que fuera enviado un equipo de rescate siempre y cuando se cumplieran con los siguientes requisitos: el equipo y militares americanos quedarían bajo las órdenes de algún general mexicano; no deberían utilizar uniformes ni vehículos militares; y deberían esperar hasta que el personal mexicano se instalara, antes de cruzar la frontera.

Poco más de 24 horas después de recibirse la llamada, miembros de la Policía Rural de Ceballos y militares comandados desde México D.F., iniciaron la búsqueda del cono. Al día siguiente, 14 de julio, llegó en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) el General Rangel Medina, que se instaló en Ceballos para controlar a los técnicos norteamericanos que participaban en el rastreo. Pero para la búsqueda del cohete, también fue necesario contratar a cientos de ejidatarios y vecinos de la región, aprovechando sus conocimientos de la zona.

El accidente había sido observado por un campesino de San Ignacio, Chihuahua, Antonio Muñoz, quien informó haber visto una bola de fuego que cayó del cielo en un lugar cercano. Desgraciadamente en esos días cayó un tremendo aguacero que obligó a suspender las maniobras de rescate.

El 15 del mismo mes llega al sitio personal calificado del Instituto Nacional de Energía Nuclear (INEN). Por fin, el 16 de julio se permite la llegada a Ceballos de los primeros técnicos yanquis, entre los que se encontraba el jefe del programa Athena, Werner von Braun. La visita de von Braun no pasó inadvertida para los ufólogos, quienes especularon sobre su presencia. En realidad esa presencia tenía una explicación que veremos más adelante.

En conjunto con el Gobierno de México, personal militar de los Estados Unidos emprendió la búsqueda del objeto, a la vez que alertaba a los habitantes de los posibles lugares de impacto, y del peligro que podría representar la cápsula de cobalto.

Durante dieciocho días se buscó infructuosamente el cono estrellado, a pesar de que en la operación participaban cientos de hombres.

Técnicos americanos, todos ellos al mando de un coronel yanqui y del capitán e ingeniero mexicano Carlos Bustamante, rastrearon el terreno durante 24 días, con cerca de 150 jornaleros. Se fotografió la zona con película infrarroja y foto-topogramétrica aérea, según informes de los pilotos Edward Schultz y John Kleland, del Beech B-50 N.702-B, que realizó la operación.

EL ENCUENTRO CON EL ATENÍA

Finalmente el domingo 2 de agosto es localizado desde el aire el cráter abierto por la caída del cohete Athena, en una planicie cercana al rancho de San Ignacio, sobre el cerro de San Ignacio (26° 43’ 30’’ latitud Norte, 103° 44’ 30’’ longitud Oeste). Dentro del cráter del montículo se localizaron los restos del cohete.

Durante días se trabajó con el precario equipo que se permitió pasar la frontera. Los científicos analizaban cada acción del terreno con contadores Geiger-Müller tratando de localizar las zonas contaminadas. De esa manera pasó más de un mes. El terreno, la arena y las rocas contaminadas llenaron 20 tambores, contabilizando un total de 10 toneladas. Como no se había permitido el paso de vehículos militares, y en la localidad no había camiones de transporte, y aunque los hubiera el peso impediría el avance en una zona de arena, los americanos tuvieron que iniciar la construcción de unas vías de ferrocarril desde San Ignacio hasta Ceballos. Estos trabajos se iniciaron el 17 de agosto y se concluyeron hasta el 30 de septiembre.

Los trabajos se suspendieron con motivo de las fiestas nacionales de Independencia (15 y 16 de septiembre).

El 30 de septiembre se conminó a los americanos para que se marcharan, enviándoles un comunicado que a la letra dice:

“Se les concede un plazo de setenta y dos horas a los señores norteamericanos para retirarse de Ceballos y la Zona del Silencio, y trasladarse de inmediato al Puente Internacional”.

Según la leyenda ufológica, los americanos se llevaron cientos de toneladas de arena. Aquellas diez toneladas se habían multiplicado como por arte de magia:

“Lo único que hicieron los norteamericanos después de recuperar la “nariz” o cono del cohete, fue llevarse en barricas fuertes cantidades de arena contaminada por el artefacto, que fueron transportados por ferrocarril.

“En el transcurso de los diez días siguientes cargaron y se llevaron ochenta furgones con toneladas de tierra y rocas”.

Aunque el asunto de las toneladas de arena era una exageración, sin embargo, los ufólogos no estaban equivocados del todo. Los americanos efectivamente tenían interés por esos terrenos. Al parecer querían instalar una base de rastreo de misiles y de cohetes espaciales. De hecho se sabe que hubo pláticas, conversaciones y negociaciones con el Gobierno Mexicano a ese respecto, sin que se llegara a un acuerdo.

Entre los miembros de la comisión de negociaciones americana estaban el profesor Oscar Valles, de la United States Information Service (USIS), del Consulado Americano en Chihuahua, y el señor Jorge M. Flores, Jefe del Servicio de Información del Consulado Americano en Chihuahua, y el mismo von Braun.

De hecho, el periódico de Coahuila, El Siglo de Torreón, en su edición del 4 de marzo[18], informó sobre las gestiones que estaba haciendo von Braun con el gobierno mexicano para instalar una base en Ceballos:

“Si las gestiones no fructifican y no se obtiene el permiso del Gobierno Mexicano para instalar cerca de Ceballos la estación espacial, entonces tendrán que ponerla en el suelo norteamericano, en el lugar más cercano posible a la zona de los meteoritos o sea en El Paso, Texas. Esa estación de observación, por los fenómenos señalados, es importantísima para la NASA, y por ello Ceballos tiene una gran estrella en el mapa donde están señalados los trabajos urgentes a realizar por ese organismo”.

En realidad se trataba de una estación de rastreo, como lo explicó el ingeniero Harry de la Peña en una conferencia:

“La región de Ceballos, Durango, está marcada con una gran estrella en los mapas de la NASA. Para los científicos espaciales norteamericanos tiene tanta importancia que actualmente ese organismo gestiona ante el gobierno de México la construcción en ese lugar de una estación de observación, que comprendería: radar, computadoras electrónicas, telescopio óptico, radiotelescopio y sus respectivos edificios”.

Las pláticas no tuvieron éxito pues el presidente Luis Echeverría Álvarez se negó rotundamente a que en México existieran bases de los norteamericanos. (Caso 85)

UN CASO DE OTRO MUNDO

En agosto de 1970 unos cazadores de Belem, Brasil, encontraron una esfera que pesaba unos 15 kilogramos y medía unas 16 pulgadas de diámetro. Estaba muy caliente después de impactarse con la Tierra. Los testigos dijeron que minutos después de haber caído del cielo aún producía un sonido parecido al de una tetera de agua hirviendo. Probablemente pertenecía al Cosmos 316, de la Unión Soviética. (Caso 86)

En Dakota del Norte, Estados Unidos, cayeron tres esferas en abril de 1971. (Casos 87 a 89)

Otra esfera “misteriosa” apareció en Yugoslavia el 16 de octubre de 1971. (Caso 90)

En Francia se recogió un cilindro pequeño que “parecía de plomo”, en ¿enero? de 1972. (Caso 91)

La esfera encontrada en Conway, Arkansas, por el señor Richard Cummings.

Wernher von Braun

El ingeniero mexicano Harry de la Peña, descubridor la Zona del Silencio.

A la derecha, diversas tomas de la esfera que cayó en Comitán, Chiapas, en agosto de 1969. Al parecer, las fotografías fueron tomadas por militares. En ese entonces la guerrilla estaba muy activa en diversos lugares de la República Mexicana. Cualquier asunto “fuera de lo normal” era rápidamente intervenido por las autoridades militares.

En las fotografías, obtenidas por Jorge Reicher Brower, se puede ver que los militares manipulan y acomodan las esferas para que sean fotografiadas. Por lo menos son dos las esferas que aparecen en las fotografías.

Una de las claras diferencias que nos hacen sospechar que son varias las esferas fotografiadas en los patios militares es el enorme hueco que aparece en la esfera de la fotografía. Las fotografías de la página anterios no muestran esta característica.

La parte interna muestra, al fondo, el inicio de una especie de conducto (también visible en las fotografías de la página anterior, por su parte externa). El metal alcanzó altas temperaturas que lo hicieron fundirse.

Fotografía que nos da una idea del tamaño de los fragmentos. Podemos observar el tejido del material ignífugo que se encontró junto con la esfera.

En esta microfotografía, con ampliación de 200 X, se observa una estructura de la fase alfa de aluminio-hierro-silicio. La probeta fue atacada con ácido fluorhídrico al 5% durante 15 segundos, para eliminar la presencia de silicio.

La segunda microfotografía, amplificación de 200 X, se observa una estructura de aluminio-silicio. La probeta también fue atacada con ácido fluorhídrico al 5%, durante 15 segundos. Los resultados de los análisis concluyeron que era una aleación de aluminio, conteniendo una matriz de aluminio-silicio, con zonas de silicio-calcio y algunas trazas de la fase alfa de aluminio-hierro-silicio.Microfotografía con una amplificación de 100 X, se observa una estructura de aluminio con una pureza del 99%, según los análisis que se le practicaron.


>[1] Cable de AFP fechado en Bogotá el 23 de febrero de 1968.

[2] Cables de las agencias ANSA (fechado en Villavicencio, 29 de agosto de 1968); y AFP (fechado en Bogotá el 30 de agosto de 1968)

[3] Cable de UP fechado en Caracas, Venezuela, 22 de septiembre de 1968, La Razón, Argentina.

[4] En ese entonces había un Instituto de Energía Nuclear, pero no una Comisión de Energía Nuclear Mexicana.

[5] En otro artículo, y refiriéndose al mismo asunto, Jaspersen dice que el espectrógrafo de absorción atómica también es conocido como espectrógrafo de masas. Este es un error. Al mismo tiempo estas técnicas casi no se utilizan en el análisis de metales y aleaciones.

[6] No veo la razón para no citar los nombres de esos “científicos”. Al contrario, y tal como da a entender Jaspersen, sus científicos no tenían objeción en ser identificados. El proporcionar nombres, fuentes y referencias no solo ayuda en las investigaciones sino que le da un respaldo a cualquier historia, evitando que sea tomada como una mera fábula.

[7] Esta es una de las mayores estupideces que cometen muchos ufólogos. Muestran un análisis químico en el que se reporta una aleación de diversos metales, pero dicen al mismo tiempo que esos metales son puros.

[8] San Luis Potosí está a miles de kilómetros de Arizona. O bien Jaspersen está mintiendo en torno a los supuestos análisis, o en realidad se hicieron dos análisis de las muestras.

[9] Existe una aleación que contempla a estos tres elementos. Se le conoce como (Ti-6AL-4V) y esta constituida principalmente por Titanio, un 6% de Aluminio, un 4% de Vanadio, un máximo de 0.25% de Fierro, un máximo de 0.08% de carbono, un máximo de 0.0125% de Hidrógeno y un máximo de 0.05% de Nitrógeno. Esta aleación tiene una gravedad específica de 4.46 y un punto de fusión de 3,000°F (1,649°C). Se utiliza principalmente en la construcción de tanques para combustible de satélites artificiales, debido a su alta resistencia a la corrosión y a la temperatura. La composición reportada en el segundo artículo de Jaspersen muestra un 1% de Silicio. La presencia de este elemento puede proporcionar fragilidad a la aleación, por lo que regularmente se trata de mantenerlo a niveles bajos (trazas). Hay que hacer notar un tremendo error del que no se ha dado cuenta Luis Andrés: aquí ha ocurrido una transmutación alquímica en la que el aluminio se ha transmutado en silicio, lo que resulta altamente sospechoso y hace dudar de la veracidad de la historia.

[10] Esta es una tontería. Los análisis se debieron hacer en función de lo que se tenía. Ese era el 100%. Si es que algo se gasificó, ese gas no estaba presente en la muestra analizada, por lo que no puede formar parte del 100%. Además, ¿cómo podemos asegurar que lo gasificado constituía el 1%? ¿por qué no el 2%, el 50% o el porcentaje que se nos antoje? Si suponemos que lo que quería decir Jaspersen es que el 1% “desapareció” (gasificándose), el restante 99% que quedó en la muestra, sin gasificar, constituiría el 100% de ella y en base a ese residuo se debió haber hecho el análisis. Aún si pensáramos de otra manera, es decir, que Jaspersen se refiere a que el 1% de la muestra eran gases, de todos modos los análisis debieron identificarlos. Ningún científico daría de esta manera sus resultados. Este es otro punto sospechoso en torno al supuesto análisis de las muestras.

[11] Efectivamente existió un doctor en física llamado Gustavo del Castillo y Gama. Fue el fundador, en 1956, de la Escuela de Física, hoy Facultad de Ciencias, de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Graduado en ingeniería química, viajó a los Estados Unidos (Universidad de Purdue, Lafayette, Indiana) para obtener el doctorado en Física en radiaciones ionizantes. Siguiendo sus estudios e inquietudes, regresa a México a fundar la Escuela antes citada y a iniciar los proyectos de lanzamiento de cohetes, con el fin de estudiar la radiación en la alta atmósfera. También trabajó para el Instituto Mexicano del Petróleo. Hasta el momento no he encontrado referencias que indiquen que desarrolló su carrera de ingeniero químico. No se si realmente trabajó para la supuesta Química del Potosí. Tampoco he encontrado referencias de la existencia de esta compañía. El Doctor Gustavo del Castillo y Gama era el científico potosino de mayor renombre en el Estado. Una hipótesis sería que, Jaspersen, apurado porque diera el nombre del científico que hizo los análisis, proporcionara el nombre de la máxima luminaria de la ciencia potosina en esa época.

[12] Esto, como ya decíamos en la nota 16, es una tontería. Es como afirmar que la sal está constituida de Sodio 100% puro al 50% de abundancia y Cloro 100% puro al 50% de abundancia, y así ad infinitum todas las sustancias están constituidas por sus elementos 100% puros, lo que no es del todo cierto, ni del todo falso, aunque sí es una perogrullada. De hecho el hablar de una sustancia q.p. (químicamente pura) son palabras mayores. Una aleación no es pura, ya que esta constituida por una “mezcla” de metales. Apuesto a que los metales que constituyen la aleación de la que estamos hablando no son q.p.

[13] ¿Silex? ¿Sabe Jaspersen lo que es el silex? Se trata de una variedad criptocristalina de cuarzo, también llamada pedernal, de color gris pardo, amarillento o negro; translúcido en los bordes. Fue empleado por el hombre prehistórico para la fabricación de sus armas o como piedra de chispa. Si lo que quiso decir fue Silicio, también está en un error. Las fotografías muestran una carpeta o “petatillo” de un material parecido al asbesto, que es un silicato doble de calcio y de magnesio (es decir, una mezcla que no es 100% pura). Este material se utilizaba como retardante al fuego, actualmente está en desuso debido a sus propiedades cancerígenas.

[14] Aquí volvió a ocurrir otra transmutación. Esta vez el Vanadio y el aluminio y/o Silicio se transformaron en Titanio puro. Como hemos dicho, el Titanio presenta una gran resistencia a la corrosión. La muestra que me entregó Jaspersen no presentaba corrosión. Sin embargo, si vemos las fotos de la esfera que cayó en Ceballos, nos daremos cuenta que está cubierta por varias costras de herrumbre. Definitivamente no se trataba de los mismos materiales. Tal vez Jaspersen me dio una muestra que no pertenece a la esfera sin saberlo él; ya que fue la misma que le entregó Jorge Reicher Brower. Si vemos las fotos nos daremos cuenta que el pedazo de Jaspersen no pertenece a ninguna parte de la esfera (su curvatura, forma, color, etcétera, son completamente diferentes).

[15] El aluminio tiene una “alta resistencia a la corrosión” debido a que se oxida muy fácilmente. Esta aparente contradicción se explica de la siguiente manera: el aluminio se transforma rápidamente en óxido de aluminio, que es el material un tanto opaco que vemos en todos nuestros utensilios de cocina. Este óxido de aluminio no cambia de color ni de densidad (no se esponja) como el óxido de hierro. La capa de óxido de aluminio externa protege de la oxidación al aluminio metálico de la parte interna. Si rayamos un utensilio de aluminio veremos aparecer el color metálico y brillante del aluminio sin oxidar.

[16] Cavilando sobre este problema me he puesto a pensar si no hubo una confusión en las muestras. Una de las muestras proporcionadas a Altzairu, pertenecían al caso del camión que transportaba asbesto, y que fue quemado con un rayo láser por los chaneques (pequeños duendes del Sureste mexicano), según la leyenda ufológica. Esos camiones tienen en la parte trasera un piso de madera consolidado con unas tiras de una aleación de aluminio. Los restos que conseguí del camión quemado, según yo, eran de aluminio. ¿Pudo haber ocurrido un traslape de muestras? ¿Pudo Javier Rosales, uno de los ingenieros metalurgistas que coordinaba los análisis en las tres instituciones, confundir las muestras?

[17] Cable de la agencia EFE, fechado en Caracas el 2 de mayo de 1970.

[18] Es decir, mucho antes del incidente del Athena.

3 pensamientos en “Los ovnis boludos (y 2)”

  1. Tuve por fortuna conocer al Dr. Gustavo del Castillo y Gama, fue un gran amigo mio, mi mentor y como un segundo padre. Lo conoci bastante bien, y en muchos momentos que comparti con el en su hogar y en su laboratorio quimico, nunca menciono nada de Jaspersen. Era un Cientifico de Primera y nunca se presto para basiladas ni perdidas de tiempo.

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