El cáncer y la cadena del gorgojo

ESCRUTINIO

El cáncer y la cadena del gorgojo[1]

Juan José Morales

La penúltima falsa cura contra el cáncer de que oí hablar, fue el caldo de zopilote. La última, sin embargo, no me pareció tan nauseabunda. Hace unos días, a través de un sitio de Internet llamado La Cadena del Gorgojo, me enteré de que para acabar con ese temible mal basta tragar cada día unas cuantas docenas de ciertos escarabajos, vivitos y coleando.

Coleoterapia se ha bautizado a esta supuesta terapia. No por lo de coleando, sino porque a los escarabajos se les conoce científicamente como coleópteros.

clip_image001Ejemplares del supuesto gorgojo anticanceroso Palembus dermestoides, un escarabajo de la familia de los tenebriónidos. Los cacahuates sobre los cuales se encuentran alimentándose, permiten apreciar mejor su pequeño tamaño: cinco milímetros.

No cualquier escarabajo, sin embargo, puede acabar con las células cancerosas. De las 750 mil o más especies de tales insectos registrados hasta la fecha, la única que logra tal maravilla es el Palembus dermestoides, al cual popularmente se llama gorgojo. ¿Y cómo se logra la curación? Facilísimo. Sólo hay que tomárselo en cierta secuencia llamada «pirámide 1-70-1»: uno el primer día, dos el segundo, tres el tercero, y así ir aumentando uno diariamente, hasta llegar a 70, para de ahí disminuir la dosis a la inversa «”uno menos cada día»”, hasta concluir el «tratamiento». Si al cabo de esos 140 días y 4 900 bichos ingeridos no se ha logrado la curación, hay que repetir las cosas, y así cuantas veces sea necesario, sin perder la paciencia ni la fe.

Pero, atención: aunque resulte desagradable hacerlo, los gorgojos se deben tragar vivos, no muertos ni «”mucho menos»” machacados, licuados o mezclados con leche, miel o algún otro alimento. Que lleguen vivos al estómago es indispensable para que, al morir ahí, en su agonía liberen cierta sustancia proteica llamada coleotoxina, la cual tiene una «impresionante capacidad de incentivar el sistema inmunológico y es éste que mediante la generación de defensas hace que el mismo organismo busque su recuperación». Tan poderosa es la sustancia de marras, que al tocar las células de un tumor canceroso, literalmente las fulmina.

Todo lo anterior lo afirma «”o, para ser precisos, lo inventó, porque nunca lo ha demostrado»” un misionero argentino de nombre Rubén Dieminger, quien al menos es lo bastante sincero «”o cínico si se prefiere decir así»” para aceptar que la coleoterapia no tiene ningún fundamento científico, y que su teoría «no esta demostrada», pero tranquilamente pide que se hagan investigaciones para demostrar que sí funciona. Que las hagan otros, porque «”admite»” él no tiene «ninguna formación en salud para avalar la investigación científica de los gorgojos», lo cual no obsta para tratar de fundamentarla diciendo que esta supuesta terapia anticancerosa «ha sido aplicada con éxito en miles de casos, sin contraindicaciones conocidas». Ni tampoco «”podríamos agregar»” con efecto curativo alguno conocido, pues aunque habla de «miles de casos», no menciona en concreto uno solo. Para no ir más lejos: la tal coleotoxina, la proteína que aniquila las células cancerosas, no existe más que en la imaginación de ese buen señor.

Ahora bien: ¿dónde pueden conseguirse los tales gorgojitos? No se venden. Se regalan. Para ello existe la «cadena del gorgojo», a través de la cual personas dadivosas que crían los bichillos en cuestión los ofrecen sin costo alguno a quien los desee, para que a su vez establezcan su propio criadero y sigan propagándolos.

Todo ello «”independientemente de los gravísimos peligros que implica andar enviando a otros lugares y países insectos que pueden convertirse en plagas agrícolas»” se antoja de una gran generosidad. Incluso, Dieminger subraya que «la principal característica de este tratamiento es que es gratuito».

Sí, efectivamente hay quienes regalan los gorgojos. Pero no el pío misionero. Él se dedica a vender un libro «”16 dólares el ejemplar»” en el cual explica en detalle su charlatanesca teoría, cómo criar los animalejos, cómo tragárselos sin vomitar, contra qué enfermedades son efectivos, y cómo aplicar los falsos tratamientos que en realidad no curan nada. Ahí, en la venta del libro, está el negocio de los gorgojos. La generosidad corre por cuenta de otros.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 17 de enero de 2013.

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