Falsificando un accidente de platillo volador

Falsificando un accidente de platillo volador

22 de marzo 2013

Nick Redfern

La novela de ciencia ficción de Bernard Newman de 1948, The Flying Saucer, fue la primera historia larga de ficción del mundo en tratar el tema emotivo de los platillos volantes estrellados. Autor prolífico, Newman escribió más de cien libros sobre temas como espionaje de la vida real, la política global y temas de actualidad. Sin embargo, tal vez lo más notable de todo fue su incursión en el extraño mundo de los ovnis estrellados.

TheFlyingSaucerThe Flying Saucer

El libro fue publicado tan sólo 11 meses después de la supuesta recuperación de los militares de EE.UU. de un platillo volante en el rancho Foster, Condado de Lincoln, Nuevo México en julio de 1947 – el asunto de Roswell, por supuesto. The Flying Saucer cuenta la historia de un grupo de élite de científicos que deciden organizar en secreto una serie de falsos accidentes de ovnis, con el expreso propósito de tratar de unir al mundo contra un enemigo mortal alienígena que, en realidad, no existe.

The Flying Saucer comienza con una serie de accidentes de ovnis en todo el mundo (involucrando distintos vehículos terrestres construidos netamente para esta tarea específica): el primero en Inglaterra, el segundo en Nuevo México, y el tercero en Rusia. Los sitios del accidente son elegidos cuidadosamente por los científicos e involucran a las tres grandes potencias que surgieron de la carnicería de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el trabajo de los científicos recién está comenzando.

No contento con la creación de sus falsos accidentes de ovnis, el equipo lleva las cosas un paso más allá y construye un cuerpo falso alienígena que se pulverizan en uno de los accidentes y que luego lo presentan a la comunidad científica del mundo como prueba del origen extraterrestre de las criaturas que pilotean las naves supuestamente sobrenaturales.

Como resultado de estos eventos y con notable rapidez, las muchas y variadas diferencias entre los gobiernos de la Tierra se disuelven bajo la amenaza «marciana» y el capítulo final del libro de Newman ve resueltos apresuradamente prácticamente todos los problemas de política internacional.

Como señala el investigador Philip Taylor, Newman era un personaje decididamente interesante de hecho: «En su autobiografía Speaking From Memory (Newman) describe cómo a partir de 1919 lo emplearon aparentemente en un trabajo poco exigente del Civil Service en el Ministry of Works. De alguna manera, parecía capaz de tomar unas vacaciones muy largas y, por esos días, extremadamente aventureras, incluyendo largas estancias en Europa del Este y Rusia. Sus destinos invariablemente parecían incluir áreas de interés político particular: por ejemplo, varias vacaciones extendidas a Alemania en la década de 1930″

Taylor también observa que Newman afirmaba haber preparado un informe en el sitio de cohetes alemán en Peenemunde, en 1938, que envió al Foreign Office británico. Y añadiendo aún más misterio a la historia es un artículo publicado en el New York Times en 1945 describe Newman por haber pasado la mayor parte de la Primera Guerra Mundial actuando como agente doble en el Servicio de Inteligencia alemán.

Mientras que Newman realmente dominaba el alemán, la idea de un «niño-espía» entonces de dieciocho años de edad que operaba dentro de las fuerzas alemanas e influía en los altos directivos extiende la credulidad a su línea más fina, afirma Taylor, quien agregó que: «un addendum al obituario de Newman en el Times (en 1968) contiene una referencia al presunto episodio que lo relega al ámbito de la ficción».

Esto puede muy bien ser el caso, sin embargo, es notable que aquí tengamos, aunque en un formato de ciencia ficción, un proyecto altamente secreto que utiliza el escenario del ovni accidentado como una tapadera para otros fines. Parece poco probable que Bernard Newman pudo haber estado operando en el continente europeo como un «agente doble» en la inteligencia alemana. Y, sin embargo, los rumores siempre presentes de que Newman tenía estrechos vínculos con el Gobierno británico no deben ser ignorados.

Sin embargo, de una cosa podemos estar seguros: menos de un año después de los acontecimientos de Roswell, un autor que tenía conexiones oficiales numerosas y de alto nivel y que había escrito extensamente sobre temas de espionaje, escribió una novela de ciencia ficción que específicamente vinculaba al mundo de los ovnis estrellados, autopsias extraterrestres falsificadas y falsas historias de platillos voladores promovidos por los funcionarios militares.

¿Significa todo esto que Newman tuvo conocimiento de información privilegiada sobre cómo y por qué, una verdadero programa de guerra psicológica a lo largo de estas líneas puede haber existido en el mundo de los secretos oficiales en la década de 1940? ¿Alguien «en el interior» llegó a una idea brillante para un evento falso de un ovni estrellado como un medio para determinar cómo el público y las naciones extranjeras podrían reaccionar a la noticia tan sorprendente?

Si es así, ¿qué podría decirnos acerca de Roswell, una caja llena de una multitud de historias en conflicto y desinformación, y que se produjo apenas 11 meses antes de que se publicara The Flying Saucer de Bernard Newman?

http://mysteriousuniverse.org/2013/03/faking-a-flying-saucer-crash/

La coca, maldita, bendita y proscrita

La coca, maldita, bendita y proscrita[1]

Juan José Morales

No sé «”eso deben decidirlo los expertos»” si el consumo de cocaína debe ser legal como lo es desde hace mucho el de tabaco y alcohol y comienza a serlo el de la mariguana. Pero lo que sí sé es que esa droga no siempre ha sido satanizada, y que en tiempos muy recientes incluso se le consideraba benéfica, se recomendaba su uso para proteger la salud y mejorar la condición física y mental y se le podía encontrar en los botiquines de monarcas, presidentes y altos jerarcas religiosos. Pero vamos por partes.

Como los lectores seguramente saben, la cocaína es un alcaloide contenido en las hojas de cierto arbusto originario de la región andina que por nombre científico lleva el de Erythroxylon coca, en la lengua quechua se conoce como kuka y en español como coca. Desde tiempo inmemorial los habitantes de la región han acostumbrado masticar las hojas, mezcladas con ceniza y cal, para absorber la cocaína a través de las mucosas, pues esa sustancia reduce la fatiga, calma el hambre y provoca cierta sensación de calma y bienestar, aunque consumida de esa manera no provoca alucinaciones ni grandes alteraciones de los sentidos.

clip_image002Debo confesar que he consumido coca… en forma de la infusión o mate que se muestra en la ilustración, muy común y popular en la región andina. La bebí a orillas del lago Titicaca, a 3 800 metros de altitud, para reponerme del malestar ocasionado por el soroche o mal de montaña.

Actualmente, en cualquier pueblo o camino de los Andes puede verse a hombres y mujeres con la inconfundible protuberancia que forma en la mejilla el pequeño amasijo de hojas de coca que mantienen en la boca. El acullico, como se le llama en la lengua aymará.

La masticación de hojas de coca es una práctica ancestral que data de los tiempos prehispánicos y no tiene nada qué ver con la inhalación de cocaína en polvo para absorberla a través de las mucosas de la nariz como hacen los drogadictos. En aquellos tiempos, sin embargo, la masticación de hojas de coca tenía carácter ritual. Su uso habitual estaba restringido a ciertos estratos sociales elevados de la antigua sociedad inca y el común de la gente sólo la empleaba en ciertas ceremonias.

MALDITA Y BENDITA

Tras la conquista, la Iglesia prohibió tajantemente esa práctica por considerar que «los indígenas la usan para fines maléficos, como la adoración o invocación a Satanás» y que era «parte de sus idolatrías, ceremonias y hechicerías y fingen que trayéndola en la boca les da más fuerza, y vigor para el trabajo, según afirman los experimentados es ilusión y Demonio.»

Esa fue la época en que la coca estuvo maldita. Pero pronto comenzó a aflojarse la prohibición y la coca no sólo fue tolerada, sino que se alentó su consumo. La Santa Iglesia se olvidó de Satanás, la idolatría y la hechicería porque los encomenderos españoles descubrieron que al emplearla como estimulante, los indígenas podían soportar «”aunque a la postre murieran pronto»” el hambre, la sed y el brutal cansancio de las largas e inhumanas jornadas en los socavones de las minas a cuatro mil metros de altitud.

Pasaron los siglos, hasta que en 1859 el químico alemán Albert Niemann logró aislar la cocaína de las hojas de coca y posteriormente sintetizarla. Y casi de inmediato comenzó lo que podría llamarse la época de la cocaína bendita.

En 1863, un químico y empresario italiano, Angelo Mariani, inventó un vino al que bautizó Vin Mariani, a base de extracto de hojas de coca y alcohol etílico, mezcla que resulta un poderoso estimulante ya que combina y multiplica los efectos separados del alcohol y la cocaína.

clip_image001El Vin Mariani prácticamente recibió la bendición papal cuando Su Santidad León XIII autorizó que se usara su efigie para anunciarlo.

El éxito fue inmediato y arrollador. Artistas e intelectuales, sobre todo escritores como Henrik Ibsen, Émile Zolá, Julio Verne, Alexander Dumas y Sir Arthur Conan Doyle, lo tomaban con entusiasmo. Incluso se dice que Robert Louis Stephenson escribió su famosa obra El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde en el curso de una borrachera de seis días con el brebaje.

Popular entre la tropa, el Vin Mariani lo era también entre la nobleza. La reina Victoria de la Gran Bretaña, el rey Jorge de Grecia, Alfonso XIII de España y el Sha de Persia, entre otros monarcas, acostumbraban echarse sus buenas dosis de Vin Mariani entre pecho y espalda, lo mismo que sus contrapartes republicanos de Estados Unidos, los presidentes William McKinley y Ulysses S. Grant. Y al escultor francés Auguste Bartholdi, creador de la Estatua de la Libertad, se atribuye haber dicho que si hubiera tomado el famoso vino, la habría hecho de varios cientos de metros de altura.

Es más: el papa León XIII no sólo era un entusiasta consumidor del Vin Mariani, sino que lo recomendaba e incluso casi podría decirse que le otorgó la bendición papal, pues permitió que su efigie apareciera en un cartel publicitario y premió a su inventor con una medalla de oro.

ANTECESOR DEL VIAGRA

A la gran popularidad del Vin Mariani contribuyó mucho la afirmación «”cierta o no»” de que era un magnífico vigorizante de los órganos sexuales, cosa que naturalmente el Santo Padre no mencionaba al recomendar su consumo.

clip_image001[5]Un sugestivo anuncio del Vin Mariani, con mensaje subliminal acerca de una de las propiedades que se le atribuían: el de multiplicar la potencia sexual, aunque de esto nunca habló el Santo Padre al recomendar su consumo.

La versión norteamericana del Vin Mariani fue la Coca Cola, inicialmente un vino de coca inventado por el farmacéutico John Pemberton a fines del siglo XIX. Primero la presentó como medicamento, pero luego «”con motivo de la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas»” cambió la fórmula para sustituir el vino por jarabe de azúcar y empezó a venderla como refresco. La anunciaba como una «bebida intelectual», estimulante y vigorizante, que «ofrece las virtudes de la coca sin los vicios del alcohol». Y vaya que era vigorizante. Se dice que cada botella contenía el equivalente a una línea de cocaína. Fue sólo hasta 1903 cuando «”debido a las advertencias sobre los peligros de esa sustancia»” se dejó de incluir cocaína en la Coca Cola.

Pero en aquella época la cocaína e incluso la morfina, se utilizaban profusamente en remedios contra el dolor de muelas y otras afecciones. Cierto medicamento contra el catarro y la llamada fiebre del heno, por ejemplo, contenía 99.9% de cocaína pura. En las tiendas de Sears en Estados Unidos se anunciaba allá por 1900 un vino peruano de coca que «refresca el cuerpo y la mente.» Y en 1916, durante la Primera Guerra Mundial, los famosos almacenes Harrod»™s de Londres ofrecían en su sección de regalos, para enviar a «los amigos que se hallan en el frente», estuches con cocaína, morfina, jeringas y agujas hipodérmicas.

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En una época, en cualquier farmacia se vendían libremente medicamentos a base de opio, morfina y cocaína, como estas gotas para aliviar el dolor de muelas que, según sugiere el anuncio, podían administrarse incluso a niños.

Y no sólo se usaba la cocaína como medicamento, sino también con fines recreativos. Sigmund Freud la recomendaba y la usaba regularmente, como lo hacían también otros personajes célebres. De hecho, aspirar cocaína o tomarla en elíxires y tónicos fue muy popular durante toda la segunda mitad del siglo XIX. Fue sólo hasta 1922 cuando se le declaró ilegal en Estados Unidos y la moda de consumirla sólo se mantuvo clandestinamente entre las clases altas.

LA DROGA PROSCRITA

En las alturas de los Andes, sin embargo, no desaparecieron el hambre y la miseria. Por ello ahí la gente seguía masticando las hojas de esta planta que, como ha escrito alguien, «sacia a los hambrientos, da fuerzas nuevas a quienes están fatigados o agotados y hace olvidar sus miserias a los desdichados». Al gobierno de Washington, aquello le tenía enteramente sin cuidado. Pero cuando la cocaína se abarató y su consumo dejó de ser privilegio de los ricos y famosos para generalizarse entre los obreros y empleados, hubo preocupación en Washington por la posibilidad de que ello afectara la vida económica. Se quiso entonces solucionar el problema de la manera que parecía más fácil: obligando a los gobiernos de los países sudamericanos a erradicar el cultivo de la planta.

No tomó en cuenta la situación económica, social y política de los cocaleros, los cultivadores de coca; mucho menos las tradiciones, cultura, costumbres y formas de vida de la población, y las consecuencias están a la vista: al convertirse la cocaína en droga proscrita, se desató una cadena de interminables conflictos sociales y políticos, que para México significó caer en un baño de sangre, con decenas de miles de muertos y desaparecidos, gracias a gobiernos que actúan como gendarmes de Estados Unidos para tratar de evitar que llegue a ese país la droga que consumen ávidamente los adictos norteamericanos.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx


[1] Publicado en la revista Gaceta del Pensamiento, de Quintana Roo. Núm. 19. Ene-Feb de 2013.

El misterio de las centellas (809)

El misterio de las centellas (809)

Realmente no por dónde empezar, pero, he visto algunas cosas locas en mi vida, el 4 de julio en casa de mi tía en Brookville, Indiana, aproximadamente en 1985, nuestra familia se reúne cada año para lanzar fuegos artificiales, pero la madre naturaleza envió los suyos propios que hicieron un lío en nuestras cabezas. Sucedió tan rápido que no importa si estabas viendo cosas o si estabas loco. Pero después otros miembros de la familia vieron exactamente lo mismo. Estábamos todos, (todos los que pensamos que lo habíamos visto) reunidos en la sala de estar que mi tío Lloyd había construido sobre su remolque. El cielo comenzó a actuar como que iba a haber una tormenta, por lo que casi todos nos metimos. Y a los pocos segundos esta bola de energía naranja flotaba derecho hacia mí y algunos otros miembros de mi familia. Era como si hubiese salido de ninguna parte a través de una pared, como si fuera un núcleo de un átomo girando, pero mucho más grande. Todos los que lo vimos dijimos, «¿Qué diablos fue eso?» Sucedió tan rápido que no estábamos seguros de qué demonios estaba pasando. Pero después de unos segundos, el trueno más estrepitoso retumbo en la casa y asustó a todos en la fiesta, Y eso no es ninguna broma. Es como acabas de ver eso, pero si no lo viste, todo el mundo pensaría que sólo estabas borracho o algo así, pero eso es mentira, porque yo lo vi y no estoy loco.

Esta no es la única historia. Mi abuela me dijo que cuando estaba embarazada de mi padre vio una enorme bola de fuego. Voló por la puerta de su casa por el pasillo y volvió de la misma manera que entró, y se detuvo justo en frente de ella, y (sé que suena loco) pero ella me dijo que vio una imagen de mi padre en la esfera de luz antes de su nacimiento. Esta mujer no tiene motivos para mentir sobre ninguna cosa. Ella es la persona más justa. ¡Esto no es cuento!

Channing Johnson

Cincinnati, OH USA