Alimentos orgánicos v.s. inorgánicos

IMPACTO AMBIENTAL

Alimentos orgánicos v.s. inorgánicos[1]

Juan José Morales

Los partidarios de “lo natural” insisten en que los llamados alimentos orgánicos —o sea aquellos que se cultivan sin el uso de fertilizantes sintéticos, insecticidas ni herbicidas— son más sanos y nutritivos que los obtenidos en campos agrícolas donde se emplean tales productos o mediante la cría en granjas tecnificadas de animales a los cuales se suministran alimentos industrializados. Quienes así piensan proponen que para salvaguardar la salud humana, se vuelva a los viejos métodos agrícolas a base de abonos naturales, como el estiércol de ganado, y no se utilicen plaguicidas químicos ni sustancias para el control de malezas.

clip_image002Pero, de acuerdo con una amplia revisión de las investigaciones sobre el particular, entre los alimentos orgánicos y los convencionales no hay más diferencia que el precio, que puede llegar a ser del doble o más en el caso de los orgánicos. Así lo señala Mario Méndez Acosta en un artículo publicado en el número noviembre-diciembre de 2012 de la revista Ciencia y Desarrollo, del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Méndez se refiere a un metaanálisis —o sea un estudio en el cual se analizan y valoran los resultados de un gran número de estudios previos sobre el tema— realizado por un grupo de investigadores norteamericanos encabezados por la Dra. Dena Bravata. En esa extensa revisión, señala el artículo de Ciencia y Desarrollo, “no se encontró evidencia convincente de que los alimentos denominados orgánicos sean más nutritivos u ofrezcan menos riesgos para la salud que los convencionales”. Su única ventaja parece ser que contienen menos pesticidas, pero la diferencia no es significativa en relación con la cantidad de tales sustancias en los productos agrícolas alimenticios no orgánicos. “De hecho —subraya Méndez— se determinó que en ambos tipos de alimentos los niveles de pesticidas están dentro de los límites de seguridad establecidos en Estados Unidos”.

Señala también el artículo que resulta impráctico y antieconómico volver a los antiguos métodos de cultivo y cría de animales, pues de hacerse tal cosa disminuiría la producción de alimentos.

En efecto, las cosechas y la producción de huevos y carne de res, cerdo y aves, han podido elevarse sustancialmente durante el último medio siglo gracias precisamente al uso de fertilizantes sintéticos, herbicidas para el control de malezas, insecticidas para la eliminación de plagas y la alimentación de animales de granja con productos industrializados y su manejo en condiciones confinadas. Si se abandonaran esos procedimientos, la producción sencillamente se desplomaría y no tendríamos alimentos suficientes para los siete mil millones de seres humanos que actualmente pueblan la Tierra.

Por otro lado, subraya el autor del artículo, los alimentos orgánicos pueden ofrecer algunos riesgos para los consumidores, debido precisamente a la forma en que se producen, con fertilizantes que pueden contener bacterias, o dejando a los animales de granja alimentarse en el terreno mismo. “Así por ejemplo —dice el artículo—, mediante investigaciones efectuadas en granjas de pollos orgánicos en Holanda, Dinamarca y Austria, se detectó: a) altos porcentajes de infección por parásitos, debido a la presencia de Campylobacter y de Salmonella en la totalidad de la población; mientras que esa contaminación sólo se encontró en un tercio de las aves no orgánicas. Del mismo modo, los puercos orgánicos muestran mayores niveles de neumonías que los de criaderos industrializados”.

Desde luego, si a pesar de todo lo anterior hay quienes prefieren alimentos orgánicos, tienen pleno derecho a hacerlo. Incluso, resulta conveniente que exista ese mercado especializado, ya que permite elevar los ingresos de los campesinos productores de tales alimentos. Pero de ninguna manera puede decirse que consumir alimentos no orgánicos sea nocivo.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 15 de julio de 2013

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