Ojo con la histeria antivacunación

IMPACTO AMBIENTAL

Ojo con la histeria antivacunación[1]

Juan José Morales

Muy lamentable es la muerte de dos bebés a quienes se aplicaron vacunas contra la hepatitis B en la comunidad rural de La Pimienta, municipio de Simojovel en Chiapas. Pero más lamentable sería que este suceso sea explotado por quienes aseguran que la vacunación es inútil o peligrosa, y se desate una ola de histeria o desconfianza por parte de los padres, llevándolos a rehusar que se vacune a sus hijos.

clip_image001Quienes se oponen a las vacunas llegan a extremos risibles, como —según se ve en este cartel— afirmar que su aplicación es parte de una conjura mundial para acabar con México, Canadá y Estados Unidos, diezmar a la raza humana y hundir al mundo en una nueva guerra mundial.

Evidentemente, este es un caso aislado, como lo demuestra el hecho de que se limitara a ese aislado caserío y no ocurriera nada similar en otros lugares del país; ni siquiera en el propio Chiapas. No hay que olvidar que cada año, decenas de millones de niños en todo el mundo —de los cuales cientos de miles en México— reciben esa vacuna, que viene aplicándose desde hace muchos años. Si representara algún grave peligro por sí misma, ocurrirían muertes y reacciones violentas en muchos otros niños, pero no es así. No hay, por tanto, ninguna razón para relacionar los fallecimientos —ni las fiebres y demás síntomas que experimentaron otros 29 pequeñines vacunados en la misma clínica— con las vacunas como tales. Las primeras indagatorias, en efecto, parecen indicar que hubo un problema de contaminación bacteriana, presumiblemente por un inadecuado manejo de la vacuna o algún otro factor, la cual ocasionó una violenta infección a los niños.

Aquí conviene precisar que —cosa que mucha gente ignora— la versión de que las vacunas son peligrosas surgió de un escandaloso fraude científico. Allá por 1998 un cierto Dr. Andrew Wakefield publicó en la afamada revista médica británica The Lancet un artículo sobre una investigación suya que supuestamente demostraba que 12 niños con autismo lo sufrían como consecuencia de habérseles aplicado la vacuna viral triple contra el sarampión, la rubéola y la parotiditis o paperas. El asunto parecía muy serio y convincente, pero en ningún estudio posterior se llegó a los mismos resultados, y empezaron a surgir sospechas sobre una manipulación de los datos. Finalmente, tras una larga y paciente investigación impulsada por un periodista, Brian Deer, en 2008 se comprobó fehacientemente que Wakefield había adulterado los datos usados en su investigación, El artículo fue retirado de The Lancet y a Wakefield se le prohibió seguir ejerciendo la medicina.

Pero para entonces ya habían transcurrido diez años durante los cuales estuvo circulando la versión sobre la peligrosidad de las vacunas. Como provenía de una fuente seria y confiable, mucha gente le dio crédito, y al descubrirse el engaño, ocurrió algo curioso: los naturistas y partidarios de las llamadas medicinas alternativas, reaccionaron diciendo que Wakefield era víctima de una conspiración montada por los malévolos fabricantes de vacunas, que era una especie de héroe que se había atrevido a desafiar a la poderosa industria farmacéutica y por eso se le impedía seguir ejerciendo la medicina.

No importaba que ninguna otra investigación hubiera llevado a resultados similares, ni que, por lo contrario, en todos los casos se comprobara la inocuidad de las vacunas. Siguió diciéndose que Wakefield, y sólo él, tenía la razón y era el único poseedor de la verdad y que los estudios que lo contradicen y demostraron que había adulterado los datos eran parte de la conspiración de la poderosa industria farmacéutica.

Por desgracia, hay gente que cree todo esto, sin detenerse a pensar en lo absurdo de suponer que, salvo Wakefield y unos cuantos médicos, todos los demás en el mundo entero son cómplices de las transnacionales farmacéuticas y atentan contra la salud de la población infantil —incluso sus propios hijos— al aplicarles vacunas peligrosas.

Lo peor de todo es que la oposición a las vacunas se está convirtiendo en moda, como el naturismo, el vegetarianismo, el yoga, la llamada meditación trascendental o las doctrinas esotéricas. Entre mucha gente se considera “nice” y signo de distinción no vacunar a sus hijos, con lo cual sólo se abre la puerta para el retorno de enfermedades que ya han sido erradicadas precisamente gracias a la vacunación.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. viernes 15 de mayo de 2015

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