No hay huracán que resista una tanda de oraciones

QUE NO LE DIGAN, QUE NO LE CUENTEN

No hay huracán que resista una tanda de oraciones[1]

Juan José Morales

Como sabe casi cualquiera, un huracán, aún de pequeño tamaño, es tan poderoso «”equivalente a la explosión de miles de bombas atómicas»” que no se puede disolver o tan siquiera modificarlo. Pero Enrique Peña Nieto ya descubrió la manera de hacerlo: a golpes de oración y asestándole un garrotazo de pensamientos positivos lo bastante fuerte para dejarlo turulato.

clip_image002La bruja Ana Méndez Ferrel, competidora (¿o ayudante?) de Peña Nieto en eso de conjurar ciclones. A propósito de las risibles afirmaciones presidenciales de que con la puritita fuerza del pensamiento se puede hasta acabar con un huracán, alguien se preguntó cómo no le ha sucedido nada pese a lo que los mexicanos pensamos de él.

El lunes pasado, en su discurso ante los participantes en la XIII Cumbre de Negocios en Guadalajara, dijo EPN muy seriamente a propósito del huracán Patricia: «Cerramos filas generando una gran energía positiva. Hubo, para quienes son creyentes, cadenas de oración, rezos, llamados; yo creo que en buena medida el tener un saldo blanco ante el impacto de este huracán se debe en mucho a la fe del pueblo de México, a tener fe en sí mismo y a haberse unido todos para convocar a esta fuerza que en mucho evitó este desastre».

Si los científicos tienen alguna explicación más racional de por qué Patricia se debilitó tan rápidamente, allá ellos. Pero no hay que tomarlos en serio. «Se han dado muchas (explicaciones) «”añadió Peña Nieto»”, que si la orografía, si la velocidad si la altura» pero según él, la clave de nuestra salvación estuvo en la rezadera y la poderosísima descarga de energía positiva que los mexicanos, unidos en su pensamiento cual si fueran un solo hombre, le propinaron a Patricia.

Tenemos así a un presidente situado en el mismo nivel intelectual de superstición, charlatanería y creencias mágicas que cierta adivinadora, pitonisa y vidente de nombre Ana Méndez Ferrel, residente en Miami, quien se autotitula bruja y profeta y afirma haber puesto en su lugar al huracán también con una buena dosis de oraciones, aunque en este caso el mérito por la hazaña se lo arroga ella solita, sin compartirlo con nadie. En el video que hizo circular se le ve gesticulando y diciendo, con una sintaxis bastante deplorable: «Padre, en el nombre poderoso de Jesús, nos paramos como autoridad profética, en el nombre poderoso de Jesús, y le ordenamos al huracán Patricia, si bien no estamos parados en México nuestro corazón está en México y yo tomo autoridad porque tengo autoridad sobre huracanes y le ordeno al huracán Patricia que en este momento pierda su fuerza. Yo ordeno que en este momento que toda palabra de destrucción, se viene abajo, se deshace, se desmenuza, y este huracán pierde toda su fuerza desde la raíz. Te seco, te ordeno que te deshagas en el nombre poderoso de Jesús y no causarás los daños que son planeados».

Así, pues, que no le digan, que no le cuenten. Eso de que Patricia se degradó porque chocó con la Sierra Madre Occidental como ha sucedido con tantos otros, es sólo un invento de los meteorólogos. La verdad, la única verdad, según Peña Nieto «”que ahora ha demostrado ser experto en ocultismo y ciencias paranormales»” es que los mexicanos nos lo acabamos con una madriza de energía positiva,

Tal como van las cosas, con un presidente cuyos conocimientos y mentalidad son comparables a los de cualquier bruja, corremos peligro de que un día de estos Peña Nieto ordene la desaparición del Sistema Nacional de Protección Civil y el Centro Nacional de Prevención de Desastres, y en lugar de los expertos que laboran en esas instituciones, contrate equipos de curas, predicadores, hechiceros, adivinadores, rezadoras y otros personajes por el estilo, para conjurar terremotos, erupciones volcánicas, maremotos, huracanes, sequías, granizadas y demás desastres materiales mediante cadenas de oración «”que ahora se facilitan gracias a la Internet y la televisión»” y concentraciones de pensamientos positivos para neutralizar los fenómenos naturales con la invencible fuerza de la fe.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 29 de octubre de 2015

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