Tláloc, Quetzalcóatl y la Virgen de la Candelaria

ESCRUTINIO

Tláloc, Quetzalcóatl y la Virgen de la Candelaria[1]

Juan José Morales

Hoy, 2 de febrero, es la tradicional fiesta mexicana del Día de la Candelaria. Como se sabe, en esta fecha la o las personas que al comer la rosca de Reyes el 6 de enero encontraron en su rebanada una figurilla del niño Jesús, deben ofrecer a quienes estuvieron reunidos en aquella ocasión, un convivio a base de tamales y atole o chocolate.

La tradición también exige «levantar y vestir al niño». Es decir, retirar la pequeña figura del niño Jesús del pesebre en que ha estado desde la Navidad, ponerle ropajes apropiados «”en los mercados y viviendas de los barrios populares hay lugares especializados que se anuncian con el letrero «Se visten niños Dios»»”, llevar la figura a una iglesia, y luego conservarla en un lugar destacado del hogar el resto del año.

clip_image001Niños dios en un mercado de la ciudad de México. En esos lugares se puede llevar la figura para ser vestida o adquirir una ya completamente ataviada. La tradición manda llevar al niño a un templo, ya con sus elegantes ropajes, para oír misa y posteriormente colocarlo en un nicho en lugar destacado en el hogar hasta la siguiente Navidad, cuando volverá a ponerse en el nacimiento.

A primera vista, pues, se trata de una celebración de origen católico. Y según la versión oficial de la Iglesia Católica, de esta manera se conmemora la presentación de Jesús en el templo conforme a los rituales de aquel entonces, los cuales estipulaban que toda mujer debía purificarse durante cuarenta días después de haber dado a luz y vencido ese plazo, llevar al templo a su hijo, acompañada de su esposo y con un animal «”paloma, cordero o algún otro»” como ofrenda.

Pero en realidad este es un caso más del sincretismo religioso mediante el cual, en los primeros tiempos de la época colonial, los curas que venían con los conquistadores acomodaron hábilmente ceremonias, santos, creencias y mitos católicos a los de los indígenas, a fin de que en esa forma aceptaran la nueva religión. Tales fueron los casos, que ya hemos mencionado, de la Virgen de Guadalupe, a la que se identificó con la diosa Tonantzin, y de los días de Todos los Santos, que se sobrepusieron a las fiestas indígenas de los días de muertos.

¿Por qué tamales y atole? ¿Por qué el Día de la Candelaria, una virgen totalmente ajena a los mexicanos? (es la patrona de las islas Canarias, en España).

Pues porque los frailes conquistadores descubrieron que el 2 de febrero coincidía con el primer día del año azteca, una fecha dedicada a rendir culto a Tláloc, Chalchiuhtlicue y Quetzalcóatl, importantes dioses del panteón indígena. Esa fecha tenía también un carácter especial, puesto que marcaba el inicio de la temporada agrícola, y los nativos acostumbraban celebrar ceremonias para pedir a sus dioses lluvias abundantes y buenas cosechas. Como parte de la festividad, se comían tamales y atole, alimentos ambos preparados con maíz, que era «”sigue siendo»” el cultivo más importante de los pueblos indígenas.

Los curas hicieron sus cuentas, vieron que casualmente el 2 de febrero se cumplían 40 días después del 24 de diciembre, fecha en que algún papa decidió que había nacido Cristo (en los primeros siglos del cristianismo se manejaban fechas muy variadas) y decidieron que la coincidencia podía aprovecharse para convertir la fiesta prehispánica en una celebración católica. Así se inició ese juego de simulaciones en que los indígenas mantuvieron sus ritos ancestrales fingiendo que eran en honor de Jesús, y los curas fingían creerles. Lo importante era que aceptaran «”así fuera de boca para afuera»” la nueva religión.

No es casual que originalmente esta fiesta mexicana estuviera limitada a la región central del país «”la zona de la cultura náhuatl»” y sólo en tiempos recientes se haya extendido a otras regiones del país debido a las mejores vías de comunicación y la influencia de los medios de información. No es casual tampoco que en muchos lugares de México el 2 de febrero los campesinos lleven a los templos católicos, para ser bendecidas, mazorcas de maíz cuyos granos usarán como semilla en la siembra que está por iniciarse.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 2 de febrero de 2016

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