Una nueva versión de la magnetoterapia

QUE NO LE DIGAN, QUE NO LE CUENTEN

Una nueva versión de la magnetoterapia[1]

Juan José Morales

Ciertamente, se necesita ser muy crédulo para pensar que se puede perder peso colgándose unos imancitos de los lóbulos de las orejas a modo de aretes, que es posible curarse el insomnio cubriéndose los ojos con un antifaz imantado o aliviarse de la indigestión poniendo en el asiento del automóvil un cojín similar —para que los efluvios magnéticos le penetren por el orificio que las buenas costumbres impiden mencionar por su nombre—, que para acabar con los dolores de la artritis no hay nada mejor que enfundarse una rodillera magnética, que el peligro de un infarto cardíaco se conjura con un chaleco cargado de imanes, que se puede eliminar las “llantas” de grasa fajándose un cinturón del mismo tipo, que si se introducen en el calzado una plantillas magnéticas se llenará uno de energía y mejorará su estado general de salud, o que el funcionamiento del cerebro será comparable al de Einstein si se usa una boina “magnetoestimulante”.

clip_image002Este es el pomposamente llamado lazo vitalizador acudigitomagnético. Fue patentado en España, pero no sería raro que pronto empiece a venderse en México.

Pero, por desgracia, lo que en este mundo sobra son ingenuos y crédulos, y ellos constituyen un vasto mercado para tratamientos y productos “biomagnéticos” del más variado tipo, con los cuales los charlatanes prometen curar, aliviar o prevenir prácticamente todas las enfermedades habidas y por haber, ya sea infecciosas, degenerativas, mentales, crónicas, agudas, etc.

Y la imaginación de los charlatanes no tiene límites cuando de timar gente se trata. Acabo de toparme, por ejemplo, con la patente de cierto invento que no se limita a ofrecer los prodigiosos cuanto inexistentes beneficios de la llamada magnetoterapia, sino que además, como beneficio adicional y por el mismo precio, promete las maravillas de otro timo: la digitopuntura.

Se trata de un “lazo vitalizador acudigitomagnético cuya finalidad consiste en proporcionar un efecto beneficioso para la salud y revitalizador del organismo humano mediante dos campos de acción simultáneos, correspondiendo uno de ellos al efecto magnetoterapéutico del lazo, y el otro al efecto de digitopuntura por presión del mismo.

El tal lazo vitalizador no es otra cosa que una especie de cinta de cuero con imanes y unas pequeñas protuberancias. Se coloca “alrededor de la cabeza del usuario, de manera que los elementos magnetizados queden sobre la frente de dicho usuario, y con las protuberancias de estos elementos en contacto con la piel de la frente”. Eso es todo. “Con ello —prosigue el embaucador que lo patentó— el usuario obtiene un doble y simultáneo beneficio; por una parte recibe el campo magnético de los elementos magnetizados que efectúan una magnetoterapia, y por otra parte recibe un masaje de acupresión o digitopuntura sobre los puntos que coinciden con las protuberancias de dichos elementos, lográndose en ambos casos efectos vitalizadores sobre el organismo humano.”

De más está decir que no existe ningún estudio científico concluyente que demuestre los portentosos efectos sobre el organismo que se atribuyen a la magnetoterapia o la acupuntura. Pero, como decíamos, incautos sobran en este mundo, y estafadores que se aprovechan de ellos, también forman legión.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 30 de junio de 2016

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