20 años de Marcianitos Verdes
Manuel Borraz
He oído que Marcianitos Verdes cumple ahora veinte años de publicación ininterrumpida. Ya va siendo hora de que me pregunte: ¿por qué desayuno todos los días con Marcianitos Verdes? Es una rutina que no sabría decir cuándo empezó, aunque ahora sé que no puede tener más de veinte años.
Estreno el día hojeando —pantalleando— la prensa digital con las noticias del día y, a continuación, ingiero de un tirón la dosis diaria de Marcianitos Verdes. Una combinación de casos, noticias y análisis presididos por una «visión crítica de la ufología, la criptología, la parapsicología y otras no ciencias». ¿Qué diantres pretendo digiriendo este combinado, entre tostada y tostada?
Hablando en general, ¿a quién se supone que puede interesar esa lectura? La gran mayoría de los entusiastas de los temas paranormales son alérgicos a una «visión crítica», pero admito que algunos podrían verse atraídos por esa ración diaria de noticias evocadoras del misterio. En mi caso, ¿me queda algún vestigio de fe en que alguno de esos delirios pueda convertirse en una «sí ciencia»? La extraordinaria noticia vendría reflejada en las páginas —pantallas— de Marcianitos Verdes, no me cabe duda. Pero en mis bolsillos no encuentro fe.
Así pues, he acabado preguntándome: ¿esta rutina matinal no será una forma de alegrarme el día? ¿Acaso no acabó riéndome de lo que leo en más de una ocasión? Confieso que sí, pero no lo suficiente como para crear adicción.
Tostada, las noticias del día, tostada, Marcianitos Verdes, tostada… Quizás ahí haya una pista. Las noticias del día, las auténticas, suelen ser terriblemente indigestas, sobre todo en ayunas. ¿Será que las otras noticias, las noticias de ese mundo verde paralelo, me ayudan a evadirme, aunque sea por unos minutos, del mundo real? Tiene sentido, pero tampoco me parece que sea la verdadera explicación.
Tras mucha introspección creo haber hallado el motivo más profundo. Marcianitos Verdes ha terminado convirtiéndose en un bálsamo existencial. Mientras todo cambia a nuestro alrededor a pasos agigantados sin que podamos evitarlo, las crónicas de lo extraordinario de Marcianitos Verdes son un oasis de cotidianidad, donde no dejan de pasar cosas, pero nada cambia. Un territorio que acaba resultando familiar e incluso entrañable, donde conviven misterios perecederos —de esos que son flor de un día—, misterios por resolver que ya nunca podrán resolverse y, por supuesto, misterios ya resueltos que se resisten a abandonar el escenario.
Ahí fuera es noticia el hallazgo de restos del homínido más antiguo conocido. En Marcianitos Verdes nos enteramos de que Bigfoot sigue sin dar la cara.
Es noticia el logro de un interfaz cerebro-ordenador que permite la comunicación de personas con parálisis. Las aplicaciones prácticas de la psicoquinesia y la percepción extrasensorial ni están ni se las espera.
Obtienen la primera imagen de un agujero negro y es compatible con las predicciones teóricas. En Marcianitos Verdes, las fotos de los ovnis más «genuinos» siguen mostrando simples lucecitas y objetos desenfocados.
Cada día nos sorprenden nuevas aplicaciones de la inteligencia artificial que potencian nuestras capacidades. Ahora es la IA la que recrea las observaciones de ovnis, pero sus ilustraciones siguen mostrando las fantasiosas imágenes de platillos volantes de siempre.
Padecemos una sobredosis mediática de revelaciones escandalosas y filtraciones de información reservada. Pero —como nos recuerda Marcianitos Verdes— la «Disclosure» ufológica definitiva sigue siendo, como siempre, «inminente».
La actualidad política internacional rezuma distopía por los cuatro costados. Pero los hermanos del Cosmos, una vez más, no vienen a nuestro rescate. Una muestra más de previsible normalidad.
Sí, eso es. Marcianitos Verdes es un bálsamo existencial.
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En ocasiones, Marcianitos Verdes se ha referido al concepto de objeto paranormal permanente (OPP) y ha señalado que aún no se ha descubierto ninguno. Lo extraño del caso es que existen rumores de que podríamos tener uno delante de nuestras narices. El propio blog Marcianitos Verdes podría ser un OPP. Y no hablamos del contenido, sino del continente. «Observen el tiempo», se ha llegado a decir, apuntando a su armazón temporal, supuestamente extraordinario. Veamos que puede haber de cierto en ello, con la perspectiva de los veinte años de vida transcurridos.
La gráfica adjunta despliega ante nuestros ojos esa trayectoria de veinte años, ciertamente increíble. En efecto, la prueba de un ingrediente paranormal podría estar incrustada en el blog, en la extrema regularidad de su estructura temporal. Comprobamos su perfecta sincronía con el calendario terrestre, sincronía que se mantiene imperturbable durante lustros. Sorprendentemente, el ritmo mensual de publicaciones mimetiza la duración de los meses, registrando mínimos en los meses de febrero. Otra característica desconcertante: esos mínimos no son tan acusados cuando se trata de años bisiestos. Los blogs que hemos podido estudiar hasta ahora —creados y mantenidos por humanos— suelen tener tasas de publicación mensual muy inferiores y muy cambiantes con el tiempo, hasta el punto de incluir periodos de inactividad total. No cabe duda de que Marcianitos Verdes es otra cosa.
La versión oficial pretende que el blog es obra de un tal Noguez. Aparentemente, se trataría de un miembro fundador de la Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica (SOMIE) y habría sido co-editor de la revista Perspectivas Ufológicas. Aunque lo (des)conozco desde hace años, no puedo aportar información fiable sobre su persona. Es decir, lo conozco por algún intercambio de mensajes por correo electrónico o por haber coincidido en algún foro virtual, siempre con un océano por medio. También he visto algunas fotos suyas, de fiabilidad desconocida. Me resulta difícil dar credibilidad a unas supuestas fotos de alguien que habría dedicado una decena de libros a fotos de tipos que no existen (se le atribuye la colección de libros «Extraterrestres ante las cámaras«).
En consecuencia, no puedo descartar que el responsable del blog sea, en realidad, un colectivo clandestino. Naturalmente, debería contar con decenas de miembros para poder acometer la tarea. No obstante, hay un detalle que pone en entredicho esta posibilidad. Si se tratara de un colectivo humano, hace tiempo que se habrían producido desavenencias, escisiones, ramificaciones y, veinte años después, ya existirían los blogs Marcianitos Colorados, Marcianitos Azules, Marcianitos Amarillos…
Todo lo anterior lleva a sospechar que lo más probable es que detrás de Marcianitos Verdes haya una inteligencia no humana. Extraterrestre, quizá. Comprendo, pues, los rumores que apuntan a un posible OPP. Pero no los comparto. Algo no cuadra en este escenario. Recordemos por qué se descartó que las pirámides de Egipto fueran construidas por extraterrestres —o con su asistencia—, desechándose la idea de que fueran objetos paranormales permanentes.
La pirámide egipcia más antigua que se conoce es la de Ap Said Dhaun, hoy en ruinas. Según ha podido averiguarse, se trató de una pirámide invertida, que colapsó antes de ser terminada. A partir de entonces, los egipcios adoptaron un modelo distinto, más estable, con la cara cuadrada del monumento apoyada en tierra, y lo fueron perfeccionando durante siglos. Esto denota un proceso de prueba y error, de aprendizaje, que revela su naturaleza humana. Las pirámides fueron hechas, obviamente, por el hombre.
Ruinas de la pirámide invertida de Ap Said Dhaun y reconstrucción hipotética de su aspecto original, antes del colapso.
Y es justo esto lo que encontramos en la gráfica de la que hablábamos antes. Son evidentes los primeros pasos balbuceantes del blog —parte izquierda de la gráfica—hasta, prácticamente, agosto de 2010. Después, alcanzó la velocidad de crucero de cinco publicaciones diarias. ¡Larga vida a Marcianitos Verdes!