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6. Los fragmentos de un platillo volador (que, según la Inteligencia de la Fuerza Aérea, eran roca metálica común en la costa oeste) que, según se informó, había sufrido una avería sobre la isla Maury, en Washington, revelaron tras su análisis que no se trataba de roca, sino de un material fabricado por el hombre, y que contenían cantidades inexplicables de calcio que no se vaporizó a 2500 grados, y titanio —metal considerado el único adecuado para naves espaciales—, en una combinación inusual. En este caso, la Fuerza Aérea afirmó que los participantes habían confesado que se trataba de un engaño; sin embargo, FATE recibió una enérgica negación al respecto, calificándola de «mentira descarada».
18. Un B-25 procedente del campo de Hamilton se estrelló en Kelso, Washington, transportando una gran caja con fragmentos recolectados en Tacoma, Washington; sin embargo, ninguno de los fragmentos se encontró entre los restos del accidente o, por alguna razón, se negó su presencia.
19. El piloto del B-25 era miembro de la Agencia Central de Inteligencia, la rama más alta del Servicio Secreto de los Estados Unidos, que no rinde cuentas ante nadie excepto ante funcionarios de muy alto rango, lo que demuestra la importancia de la investigación sobre los platillos voladores…
Palmer Raymond, Space Ships, Flying Saucers and Clean Noses, Fate, Vol. 3 No. 3, may 1950. pp. 51-52.