El dilema de Gösta Johansson podría planteársele, por supuesto, a cualquier investigador de casos de contactados. Y entonces se convierte en un verdadero problema moral. Supongamos que se obtiene una prueba personal al cien por cien de que se está produciendo un contacto real con algún tipo de visitantes. Si se trata de un contacto benévolo, usted no desea revelar detalles que puedan perjudicar o complicar el contacto. Si el contacto es destructivo, acudir a la policía no es una opción. ¿Quién le creería? Supongo que éste es el dilema al que se enfrentan los pequeños grupos especializados dentro de la comunidad de inteligencia que son conscientes de la situación e intentan manejarla encubiertamente lo mejor que pueden.
Parece que el ufólogo estadounidense Carol Honey se enfrentó a este dilema, tras su relación con George Adamski. Según reveló en su Science Publications Newsletter. Fue contactado por los propios visitantes y llegó a darse cuenta de la profundidad y complicaciones del enigma y de los problemas de comunicarlo al público. En una carta de 1968 a Edith Nicolaisen, fundadora de la editorial sueca Parthenon, Honey escribió: “George Adamski se salió del rayo antes de morir y muchas de las declaraciones que hizo han destruido mucho de lo bueno que hizo anteriormente. Sólo puedo respaldar la información de sus tres primeros libros y la mayor parte de ella no puedo respaldarla con pruebas físicas. Yo mismo he tenido experiencias personales que me han demostrado muchas cosas, pero no las pondré a disposición de un público escéptico”. (Carta, 10 de febrero de 1968).
Carol Honey 1928 – 2007
https://marcianitosverdes.haaan.com/2023/07/dnde-estn-los-detectives-de-ovnis/