Por primera vez en la historia, un artículo científico revisado por pares sobre un caso ovni es aceptado en ‘Progress in Aerospace Sciences’
El estudio se publicó en la revista de ingeniería aeroespacial más leída del mundo. El artículo reexamina un caso olvidado de 1966 y fue coescrito por el Dr. Jacques Vallée, Luc Dini y Geoffrey Mestchersky.
24/08/2025
Por primera vez en la historia de la ufología, un caso ovni se ha sometido a un riguroso proceso de revisión por pares y ha sido aceptado por la prestigiosa revista Progress in Aerospace Sciences. La noticia fue compartida recientemente con el público por el reconocido científico y ufólogo Dr. Jacques Vallée durante su aparición en The Good Trouble Show.
Aunque el artículo se publicó en junio de este año, la noticia ha recibido poca atención tanto en la comunidad académica como en la ufológica, a pesar de su gran importancia. El estudio rescata un episodio que permaneció oculto durante casi 50 años: una observación registrada en 1966 y analizada originalmente en el controvertido Informe Condon, un documento que, durante décadas, se utilizó como base para desacreditar los ovnis.
Ahora, revisado por Vallée en colaboración con Luc Dini y Geoffrey Mestchersky, el caso adquiere nueva relevancia y desafía interpretaciones de larga data, abriendo la puerta para una investigación científica seria de fenómenos aéreos no identificados en revistas de alto impacto.
Haynesville, Luisiana – 30 de diciembre de 1966
En la noche del 30 de diciembre de 1966, el profesor de física atómica Louie A. Galloway, de 31 años, viajaba con su esposa, la Sra. Galloway, de 28 años, y sus dos hijos, de cinco y siete años, por la carretera estadounidense 79, en dirección norte a través de una zona boscosa cerca de Haynesville, Luisiana.
El cielo estaba muy nublado, con niebla y llovizna ligera, y el techo de nubes alcanzaba unos 90 metros. No se observaron rayos.
Mientras conducían, la esposa de Galloway le llamó la atención sobre un resplandor rojizo-anaranjado que aparecía entre los árboles y por encima de ellos, adelante y a la izquierda. Ambos observaron la luz, que parecía provenir de una fuente bajo las copas de los árboles, visible como una semiesfera luminosa a través de la niebla y la lluvia. Pulsaba regularmente, pasando del rojo apagado al naranja brillante en intervalos de unos dos segundos.
Al llegar al punto de la carretera aparentemente más cercano al origen, la luz se volvió repentinamente blanca y brillante. El destello borró los faros del coche, iluminó el paisaje y proyectó sombras en los árboles, obligando al conductor a protegerse los ojos y despertando a los niños.
Tras unos cuatro segundos, la luz se atenuó y volvió a su anterior estado pulsante rojizo-anaranjado. El profesor detuvo el coche, comprobó la dirección de la fuente (que estaba detrás de ellos) y continuó conduciendo. No se percibió ningún sonido ni otros efectos, solo la luz.
Posteriormente, Galloway calculó la distancia a la fuente y comparó la luminosidad con la de los faros del coche. A partir de esto, calculó una potencia luminosa extremadamente alta, inicialmente cercana a los 800 megavatios.
El profesor Louie A. Galloway reportó el caso a la Base Aérea Barksdale, y el episodio llegó tanto al Proyecto de la Universidad de Colorado como al Proyecto Libro Azul de la Fuerza Aérea de EE. UU. Diez semanas después, una inspección de la zona no reveló ninguna explicación para la luz.
Significativamente, el incidente estuvo entre los casos que quedaron clasificados como “no identificados” en el informe final del Dr. Edward Condon a la Academia Nacional de Ciencias en 1969.
El caso fue registrado en NICAP y en el Informe Condon aparece como Caso 10.
Dr. Louie A. Galloway, testigo principal del caso. Falleció el 29 de diciembre de 2017, a los 81 años, en Houston, Texas.
Continuación – Investigaciones y evidencia física
El Estudio Condon dedicó casi cuatro páginas a un análisis detallado del caso Haynesville, incluyendo referencias a fotografías infrarrojas y datos meteorológicos completos. A pesar de estos esfuerzos, el equipo original no pudo identificar de inmediato la ubicación exacta del suceso. No obstante, con la ayuda del testigo principal, se recopilaron registros exhaustivos de la zona.
El 28 de febrero de 1967, el mayor Donald R. Ryan, oficial investigador de la Fuerza Aérea de los EE. UU., informó sus hallazgos a la División de Tecnología Extranjera en Wright-Patterson, destacando la importancia del incidente.
Análisis de seguimiento tras el informe Condon
El Estudio de Colorado, publicado en 1968, no proporcionó información adicional sobre el caso. Sin embargo, investigaciones posteriores revelaron nuevos detalles. Solo cuando el profesor Louie A. Galloway, acompañado por su colega, el profesor John Williams, regresó al lugar para una búsqueda más exhaustiva, se localizó el claro. Allí, se pudieron inspeccionar cuidadosamente los árboles expuestos.
El testigo principal también presentó un mapa más detallado de la zona, mostrando el trazado de un ferrocarril en desuso, así como la ubicación del primer y último punto de observación del faro.
Condiciones físicas en el sitio
La ubicación exacta del fenómeno fue un claro de aproximadamente nueve metros de diámetro, marcado por un oscurecimiento de la corteza del árbol hacia el centro. El examen indicó que el efecto se debió a una exposición intensa a la luz del objeto, y no a una fuente de calor convencional.
Curiosamente, ni el informe original ni el Estudio de Colorado especificaron qué especies de árboles se vieron afectadas por la radiación. Solo se sabe que la zona está cubierta de vegetación típica de Luisiana.
Estimaciones de energía e impactos asociados
Los cálculos energéticos iniciales realizados en el momento del Estudio Condon determinaron que la producción estimada del objeto sería extraordinaria: entre 500 y 1400 megavatios, comparable a la producción de una pequeña central nuclear moderna.
Los eventos de alta energía son comunes en los reportes de ovnis/FANI. Estos sucesos se asocian frecuentemente con efectos fisiológicos en los testigos, incluyendo daños al sistema nervioso central, la piel y los ojos, así como afecciones a largo plazo que a veces requieren hospitalización y, en casos excepcionales, pueden ser fatales. Desde un punto de vista físico, la manifestación más común es la energía luminosa, que en algunos incidentes incluso ha activado los fotorreceptores del alumbrado público en pueblos y aldeas cercanas.
Recuperación de muestras
Tras la publicación del Informe Condon en 1968, el profesor Galloway regresó al lugar con sus colegas para una búsqueda más sistemática. En esta ocasión, se encontraron pruebas materiales de exposición a la radiación: fragmentos de corteza de árbol presentaban claros signos de quemaduras luminosas.
Las muestras se compararon con madera recolectada en zonas protegidas de la fuente de radiación. Los resultados mostraron diferencias visibles entre ambos materiales, lo que refuerza la hipótesis de que el fenómeno de Haynesville se originó en una fuente de energía anómala de alta intensidad.
En el artículo «Estimaciones de los valores de energía radiativa en observaciones a nivel del suelo de un fenómeno aéreo no identificado: Nuevos datos físicos», los investigadores Jacques Vallée, Luc Dini y Geoffrey Mestchersky detallan cómo el objeto causó quemaduras en la corteza de los árboles cercanos y emitió una luz tan intensa que eclipsó los faros de los automóviles. Las estimaciones iniciales sugieren que la energía radiada por el fenómeno, aunque inferior a las estimaciones del Proyecto Condon (500 a 1400 megavatios), podría haber sido comparable a la de una pequeña central nuclear, de entre 500 y 900 MW.
Los fragmentos de corteza recolectados en el yacimiento se analizaron mediante espectrometría gamma, revelando la presencia de radionucleidos naturales y cesio-137. Este descubrimiento plantea interrogantes sobre el origen de la energía radiada, ya que la radiación no pudo explicarse mediante pruebas nucleares ni fuentes conocidas en aquel momento. El estudio descartó la posible contaminación procedente de centrales nucleares o de la lluvia radiactiva global, concluyendo que la presencia de cesio-137 en los fragmentos es un hallazgo intrigante que requiere mayor investigación.
Para comprender cómo interactuó la energía del fenómeno con el entorno, los investigadores desarrollaron modelos unidimensionales de difusión térmica que simulan la propagación del calor en la corteza de los árboles. Las simulaciones indican que la temperatura superficial de los árboles podría haber aumentado de 20 °C a más de 760 °C en cuestión de segundos, carbonizando parcialmente la corteza a una profundidad similar a la de las muestras recuperadas.
El estudio también presenta diferentes hipótesis sobre la radiación: isótropa, que irradia en todas direcciones, o direccional, similar a un haz de luz enfocado. Según el modelo, la energía radiada estimada podría superar los 11 millones de vatios en determinadas condiciones.
Los autores subrayan que los incidentes de alta energía no son únicos: otras observaciones en Estados Unidos y Francia han registrado fenómenos luminosos intensos capaces de activar sensores de luz en pueblos y ciudades, lo que demuestra que fenómenos aéreos no identificados pueden producir efectos físicos mensurables.
Dada la complejidad del fenómeno, los investigadores sugieren realizar más investigaciones utilizando técnicas modernas, como simulaciones de laboratorio con fuentes de luz de alta intensidad, muestreo sistemático de diferentes especies arbóreas y modelado térmico 2D y 3D para evaluar la distribución de energía. El objetivo es refinar las estimaciones de energía, comprender las interacciones ambientales e identificar las características del emisor de luz.
Este trabajo representa un hito en la investigación científica de objetos voladores no identificados, combinando evidencia física histórica con análisis modernos, reforzando que estudios rigurosos pueden generar datos concretos sobre fenómenos previamente tratados sólo como informes anecdóticos.
A continuación, vea al Dr. Vallée discutiendo el caso en The Good Trouble Show.