Sociedad Mutualista

Sociedad Mutualista

Publicado en Perspectivas el 07/02/2005

Autor: Héctor Chavarría Liu

Chavarria1“Ellos están en todas partes, no los vemos pero nos vigilan y su lenguaje es de números, no de palabras”. Martín Diaz

Vera historia de los bolcanes de la Nueva España. 2ª. Edición, 1847

A las víctimas del “Führer arielito”. Y, a Luis Ruiz Noguez, quien inició el juego, quizá sin saberlo.

Había sido un día muy duro, un muy mal día, un día de la chingada se podría decir y uno se quedaría corto. Uno de esos días que uno desearía que se acabaran pronto, pero que parecen alargarse hasta el infinito o el infierno. Una mierda de día. La suma de todos los días malos.

Día de cierre de edición y para acabar de joder, lunes: el equivalente a la madre de todas las mierdas.

Y, con der klein führer arielito aullando en busca de a quien fastidiar mejor, o sea lanzando a los cuatro vientos su incompetencia, y claro, acusando a los demás de ella, como suelen hacer todos los pendejos de este mundo y tal vez de otros.

Y se extravió una página de publicidad, lo cual era muy grave, luego el arielito en uno de sus arranques sacudió con demasiada fuerza (no es que fuera fuerte, sino que las pastas variadas que se tomaba a cada rato en el baño lo hacían sentirse fuerte), un buen número de páginas que Gilberto el Gil (nuestro sufrido formador) le había llevado… En aquellos tiempos y en aquella editorial las galeras se pegaban con cera… así que el arielito mandó a volar todas las correcciones de una jornada. Por supuesto, según él la culpa fue del Gil, la cera, las páginas, el calor, que era lunes, que había llovido el domingo, del avión que pasó, en ese orden… no de sus sacudidas.

Luego le dijo al Gil hasta de qué se iba a morir y lo amenazó con las peores torturas del infierno, si no corregía el error suyo de las correcciones que había hecho caer. Y todo debería estar listo para ayer.

Luego me llamó a mí, a falta de otra persona a quien molestar. Y no se tomó sus pastas calmantes las cuales lo harían parecer más o menos humano, sino que se quedó con los aceleradores puestos. Eso fue muy malo porque yo, la verdad, a esas alturas del partido no estaba muy de humor para aguantar sus cotidianas crisis drogadictas.

Ya es malo tener que hacer una revista monotemática, con periodicidad asesina, colaboradores chafa, talleres de la chin… para además tener que soportar a un jefe con tendencias gay frustradas, atiborrado de tóxicos, al cual seguramente su vieja no dio de comer ese día; luego de soportar las habituales idioteces que suelen escribir una serie de improvisados inútiles para una revista que habla de extraterrestres, OVNIS y esas cosas idiotas que fascinan a quienes no tienen nada mejor que hacer.

El “pequeño Hitler” estaba obviamente de malas, su grito cuasi histérico así lo indicaba, no fue necesario que usara el interfono, se le oía desde muy lejos, debía haberse dedicado a la ópera… Eso, el grito, no presagiaba nada bueno y, ya desde que me encaminé a su oficina, estaba comenzando a encabronarme…

***

El asunto comenzó dos meses antes, cuando lo que menos podía haber imaginado era que estando metido en los asuntos de lo insólito, pudiera encontrarme con lo insólito fuera de la palabra escrita, el atole con el dedo y la invención de historias sobre los ET.

No es cinismo, uno necesita ganarse la vida de alguna manera, ¿no? Y esas revistuchas venden bastante bien, unos años más tarde el negocio serían los videos y los programas de televisión y radio por internet.

Total en aquellos ayeres, yo estaba terminando tranquilamente mi día, con el pequeño führer muy lejos de vacaciones, en una especie de océano de silencio beatífico, con las idioteces habituales corriendo con suavidad, sin necesidad de gritos destemplados y demenciales. Yo ya me iba a mi casa, estaba en paz conmigo mismo… entonces la idiotita que fungía como mi secretaria recibió una llamada y en vez de argumentar que yo ya me había ido a Júpiter, a Saturno o a la chin… le contestó al orate en turno que iba a preguntarme si estaba.

Así pues, tuve que aceptar la llamada, deseando tener a mano un kukri gurka para usarlo con la nena/Einstein, al estilo del Jonathan Harker, aunque ella –obvio–, salió corriendo, pues ya había terminado su turno, y me dejó con el loco.

Contesté con fastidio, esperando que el tipo me espetara la acostumbrada cantidad de locuras; apenas la semana pasada había platicado con el embajador plenipotenciario de Júpiter, quien insistía en mostrarme sus cartas credenciales, en vista de lo cual lo mandé a la Secretaría de Relaciones Exteriores, la cual imaginé era el sitio que le correspondía.

El loco en turno comenzó con lo habitual, tenía un secreto que confesar. Le urgía sobremanera ver a alguien relacionado con el periodismo insólito porque lo que sabía era demasiado para él y necesitaba compartirlo. Le contesté lo de rutina, que estaba llamando al sitio adecuado y con las únicas personas capaces de ayudarlo. Luego de soltar algo así como un suspiro de alivio, comenzó por explicarme que era ingeniero y físico matemático y que el secreto era un descubrimiento que había hecho, quizá por accidente.

¿Podría ver lo que había encontrado? Le dije que claro que sí, si deseaba pasar por la editorial, yo tendría mucho gusto en ver todo aquello. Me respondió que había un problema: no deseaba ir a la editorial, no quería ser visto en un sitio así, entonces tendría que verlo en otro sitio.

No me quedó muy claro de a qué se refería cuando dijo un sitio así, y cabía la sospecha de que fuera algo peyorativo o simplemente ofensivo, pensé en mandarlo al FBI, o sea al Fray Bernardino Intitute, ahí por Tlalpan… apenas unas semanas antes me había llamado otro bien dañado, solicitándome le dijera donde se vendía la tela para los trajes espaciales, el angelito iba a viajar con ellos y quería que su esposa le hiciera un traje adecuado… Le expliqué al iluso que los gringos estaban subastando sus trajes espaciales del Proyecto Apolo y que podía hablar a la embajada para averiguar dónde y cuánto, y luego le di el número de teléfono de un güey, agente de la CIA que me caía bastante mal, advirtiéndole que le llamara por la madrugada, que era cuando atendía…

Estaba pensando seriamente mandar al loco con alguno de los tarados que se suponía nos hacían investigaciones, ya le había mandado a varios, también por la madrugada a una ladilla apellidada Ortiz de la Huerta y no hubiera estado mal hacer lo mismo con aquel… Pero en eso se puso a hablar como físico matemático, lo que me hizo pensar que ahí podía haber una historia, aparte de la clínica.

Chavarría-NoguezQuedamos de vernos en el Sanborn’s de San Ángel el siguiente sábado por la mañana, en el bar, of course. Sin otra cosa pendiente me largué a mi casa y con mis labores habituales casi me olvidé de la cita. Cuando lo recordé era ya el sábado y casi la hora de ver a X. Salí corriendo y fui a sentarme en la mesa del bar que había convenido, vestido de negro para una más fácil identificación… El señor X sería el que me buscaría a mí. Comencé a pensar que igual alguien me había visto la cara y ahora se estaría riendo mucho.

Entonces llegó, era moreno, delgado, del tipo nervioso, también vestía de negro y usaba lentes oscuros mientras se presentaba simplemente como Luis y mostraba una especie de tic que le hacía mirar recelosamente por encima de su hombro. Todo un caso, un personaje digno de una tira cómica con elementos de MIB.

Pero era evidente que sabía de lo que hablaba, mientras se tomaba un agua mineral y miraba sobre su hombro (había pedido sentarse de frente a la entrada), me soltó una verdadera cátedra sobre física y altas matemáticas. Lo demás, la historia que me contó, era en verdad delirante.

Refirió que había descubierto aquello por un verdadero accidente mientras exploraba una serie de intrincadas posibilidades matemáticas relacionadas con planos, tiempos, direcciones, todo un rollo teórico. Dijo que había decidido hablar conmigo porque yo había mencionado en un artículo mis antiguos estudios de matemáticas, en relación con un charlatán que pretendía tener la solución al teorema de Fermat, por inspiración ET… Según Luis le había agradado mi aproximación escéptica al asunto y por eso había hecho la llamada, ahora yo sería su confidente y quien compartiría el secreto.

Cuando salí de ahí me sentía mareado y no había sido por el alcohol, sólo me había tomado ocho cubas.

Llevaba conmigo, garrapateadas en un cuadernillo de reportero, tres ecuaciones y una integral, habían sido dispuestas de tal manera que pudieran ser recitadas en una especie de melodía demencial, cuyo ritmo pegajoso en extremo, estaba (tarareado por Luis) en mi grabadora… Si el tal físico matemático era un loco (y tenía bastantes elementos para pensarlo), era el más original que había encontrado: debía dedicarse a la ciencia ficción.

Según él aquellas fórmulas abrían puertas a otras realidades: las ecuaciones usadas de manera adecuada podrían mostrar, dejar entrar parcialmente o dejar entrar por completo a los que llamaba “ELLOS”. El cuarto elemento era una como vacuna o un sello. Dependiendo de cómo se usara permitiría ser más o menos inmune a lo que estaba al otro lado o de plano arrojarlo de regreso, hasta una nueva invocación. Todo el rollo era como un cuento de brujas, pero con elementos del Eichpiel, o sea el H. P. L., de ahí por el 66 College St. en Providence, Rhode Island, USA.

Con una sonrisa entre perversa y divertida, el Luis me invitó a probar por mí mismo las fórmulas para que viera que no era cuento… con la advertencia de que tal cosa podría ser bastante peligrosa si no se tenía cuidado.

Para hacer posible el funcionamiento era necesario librar al cuerpo de toxinas todo lo más posible, llevar una dieta vegetariana rigurosa, no fumar ni consumir alcohol… Aquello empezaba a parecer muy aburrido. Él, el Luis, llevaba meses sobreviviendo con agua purificada, germinados y recetas de la revista “Natura”… Era abominable, nauseabundo.

Por supuesto, a pesar de lo que me había comentado, yo no estaba dispuesto a semejante penitencia: estaba seguro de que no ocurriría algo… pero si llegara a ocurrir podría ser… me había mostrado una fotografía Polaroid más bien borrosa de lo que estaba más allá del umbral y la verdad, la neta: aún siendo (como estaba seguro era) un vil truco, no era nada agradable, lo que insinuaba la imagen producía náuseas.

Decidí olvidar el asunto y lo conseguí por más o menos tres semanas.

Luego se produjo la llamada.

Luis me llamó a mi casa. Al parecer el portento mental que era mi secre le había dado mi número privado y… ya el mal no tenía remedio, pensé mientras miraba una de mis katanas pensando golosamente en el cuello de la secretonta, el cual sostenía el más bello ejemplo de coprolitocéfalo en la historia del fenómeno clínico humano.

El Luis se oía excitado, aunque ésa no era la palabra exacta: más bien asustado, angustiado… y no estaba fingiendo.

Necesitaba verme, con carácter de urgente.

Chavarría-Noguez2Así pues conduje hasta el apartado café de 24 horas donde me citó. Nunca se había visto como un anuncio de ejemplar humano saludable, pero entonces era una ruina física. Aunque su mente no sólo parecía estar más brillante sino sobre excitada. Como introducción me espetó que llevaba sin dormir más de una semana., bebiendo mares de café y tomando toda clase de psicotrópicos que hubieran hecho feliz al “pequeño führer”.

Me explicó simple y llanamente que había metido la pata: ELLOS lo habían descubierto, lo estaban cazando. Si se dormía, si bajaba la guardia, lo atraparían sin remisión, la integral ya no podría servirle contra las fuerzas terribles que había desencadenado.

Ahora bien, él deseaba que yo me hiciera cargo de sus notas, de su trabajo, porque no tenía alguien más en quien confiar: había diseñado una defensa desesperada, pero no estaba seguro de que pudiera funcionar para algo… y ya estaba al límite de su resistencia, se dormiría y ELLOS llegarían… Lo que hacían con sus víctimas cuando las atrapaban convertía al marqués D.A.F. de Sade en un niño de teta… aquellas cosas tenían hambre sexual y de la otra… por períodos indescriptibles.

Bastante repugnante el rollo.

Me entregó una serie de cuadernos, hojas mecanografiadas y casetes… todo estaba ahí… si él no sobrevivía al intento de librarse de ELLOS, debería averiguar por mí mismo lo que había tras el umbral, pero si tenía dudas al respecto, temores acerca de mi fortaleza, debía destruir todo aquello: por el bien de la humanidad.

Sus palabras ya comenzaban a parecer diálogo de telenovela.

Antes de soltar el llanto, el Luis se multiplicó por cero, salió corriendo del café sin averiguar si me había hecho llorar o no, y me dejó todo el material, un buen de dudas acerca del rollo y la cuenta de los cafés.

Imaginé que cuando se le pasara el pasón me volvería a llamar para pedirme sus notas y todo lo demás. Pero no lo hizo.

Luego en los noticiarios me enteré de que lo andaban buscando luego de que apareció su auto abandonado ahí por los rumbos del Ajusco. Lo buscaron en vano, era como si se lo hubiera tragado la tierra… o alguna otra cosa. Decidí emplear sus fórmulas para salir de dudas de una vez, así que hice dieta vegetariana, dejé de fumar y de beber por una semana. Luego, aprovechando que estaría solo un par de días en mi casa, hice todos los preparativos que prescribían las notas del Luis y me lancé a la prueba, con la casi seguridad de que todo sería en balde y yo podría estar tranquilo otra vez.

No debí hacerlo, pero una vez regado el tepache ya no había marcha atrás.

El Luis –pobrecillo–, tenía toda la razón del mundo, aquello era muy feo, era peor que feo o cualquier cosa que, por horrible que fuera, uno pudiera imaginar…

Me vi cara a cara con ELLOS. Y la verdad no se los desearía a nadie. Eran indescriptibles, hambrientos, concupiscentes, depravados, degenerados, pederastas y cosas peores: la esencia más pura del mal total y de lo peor que cualquiera pudiera imaginarse… Los puse sólo en visión y me “vacuné” con la integral… Sólo abrí una ventana para ver, pero cuando la cerré el mundo ya no era el mismo. Y, en el corto tiempo que los tuve a la vista, me propusieron ayudarlos. Querían que fuera su cuate, que les echara la mano y a cambio obtendría conocimientos, poder… todas esas cosas que los humanos siempre ambicionamos y más, mucho más.

Me estaban proponiendo una sociedad mutualista… una asociación de beneficios mutuos… pero podía ser un canto de sirena y no me gustaban ni el canto ni la sirena.

Me quedé más quieto que un poste: no hay que creer en pactos, porque luego le juegan chueco a uno… Guardé todo donde nadie lo encontrara, excepto yo. Pero no olvidé ni las fórmulas ni la integral.

***

El arielito estaba buscando uno de sus zapatos bajo el escritorio cuando entré a su oficina (se los quitaba y luego no los hallaba), y antes de encontrarlo me espetó entre espumajos de furia lo malo, pésimo que era mi editorial. Me acusó de la baja en las ventas de la revista, de la escasez de casos OVNI en los últimos diez años y me exigió que le dijera dónde estaba su zapato… Antes de que pudiera contestar algo, continuó con su monólogo, subiendo y subiendo el tono, regresó con lo del editorial al cual yo no le veía error, pero él sí: muchos, montones, gravísimos. Y no había posibilidad de réplica, las cosas eran tenían que ser como él decía.

Argumenté que la casuística ovni era escasa porque los casos eran en su mayoría falsos, que sólo inventando nosotros algunos podríamos hacer crecer el número… Antes de que terminara mi exposición ya estaba gritando hasta enronquecer en serio. Fue entonces cuando me mentó la madre.

No es que yo tenga complejo de Edipo… pero, ¿qué culpa tenía mi mamá?, la neta…

Me terminé de emputar y ahora sí… sin siquiera pensarlo recité las fórmulas del Luis y cuando aquello entró, la integral de volada, o de lo contrario…

La verdad no quise ver, porque podía tener pesadillas: entre los gritos de aquel y otros sonidos, se oyó como un lengüetazo de satisfacción. Hubo un remolino de aire succionado y cuando abrí los ojos, el arielito no estaba… tiempo después apareció uno de sus zapatos debajo de un archivero.

Salí de la oficina cerrando la puerta con cuidado para no perturbar el silencio.

En la súbita paz que descendió sobre la editorial pude consolar al Gil para que arreglara las correcciones, volví a subir y ordené mi escritorio con calma, torné a escribir el editorial de marras, porque de verdad era muy malo, reconsideré lo de la sociedad mutualista, desde nuevos ángulos y mientras trataba de imaginarme como se la estaría pasando el arielito con ELLOS, comencé a escribir una lista de personas…

– – –

ENTRE REALIDAD Y FICCIÓN

Hay relatos que nacen de los actos más cotidianos y éste es uno. Muchas de las cosas que se incluyen son ciertas: en especial mi primer encuentro con mi buen amigo Luis Ruiz Noguez (socio fundador como yo de SOMIE), quien lo que en realidad quería era que se le publicaran en “Contactos Extraterrestres” (mi revista de OVNIS) algunas colaboraciones con seudónimo. Los casos de contactados, agentes secretos y algunos colaboradores, también son reales, otras cosas prefiero que se imaginen su grado de realidad.

“Sociedad mutualista” fue también un intento de quitarle algo de solemnidad a los Mitos Mexicanos, con unos toques de humor negro… yo mismo había creado los mitos, digamos un tanto solemnes, en homenaje a Howard Phillips Lovecraft (Eichpiel) en el ya lejano año de 1975, pero éste fue el primer relato con humor en ellos.

El cuento fue publicado en el periódico “El Día”, poco después de la desaparición de “Contactos” y luego en la revista de Federico Schaffler… Ésta es su tercera publicación.

La cuarta publicación apareció en el blog Perspectivas que publicábamos Diego Zuñiga, Kentaro Mori y el que escribe: https://web.archive.org/web/20080514063610/http://perspectivas.com.mx/cl/sociedad_mutualista.htm

Lo volvemos a publicar en este 20 aniversario del blog Marcianitos Verdes, como una especie de Ucronías Para-Normales.

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