Estigmas: cómo hacerlo
6 de noviembre de 2007
Kentaro Mori
Fragmento del documental Estigmas, de la serie de National Geographic «¿Es real?«. Aquí, los escépticos italianos Massimo Polidoro y Luigi Garlaschelli demuestran lo fácil que es fingir estigmas. Primero, Garlaschelli muestra cómo dos sustancias químicas incoloras aplicadas por separado en las palmas de las manos pueden, al entrar en contacto, transformarse repentinamente en «sangre». O al menos en una mancha roja que parece sangre. Aún más sencillo es aplicar sosa cáustica en la piel. Después de uno o dos días, aparecerán marcas idénticas a las de muchas personas supuestamente estigmatizadas.
Garlaschelli y Polidoro demuestran algo que ninguna persona estigmatizada ha hecho jamás: un estigma real y sangriento que emerge de la palma de su mano frente a las cámaras. Para producir el efecto, la solución es la más obvia: simplemente cortarse la palma de la mano. Lo curioso, sin embargo, es que no es necesario hacer cortes profundos.
Como señalan, estas demostraciones no prueban que todos los estigmatizados produjeran sus heridas de esta manera. Sin embargo, demuestran que es posible reproducirlas a la perfección, sin dejar rastro. Y como añade Joe Nickell, la propia Iglesia ha descubierto a varios estigmatizados fingiendo heridas. Quienes no fueron descubiertos se convirtieron en santos. Un libro publicado recientemente sostiene que el Padre Pío, canonizado en 2002, adquirió ácido carbólico para sus marcas, entre otras pruebas de fraude. Siempre cubría sus estigmas con guantes, y tras su muerte se descubrió que no tenía heridas en la palma de la mano. Un milagro, por supuesto.
[vía DA]